12. ¿Sé perder? ¡Desde luego que no!

Templo de Aries

Mu se despertó puntual como todos los días. Se incorporó sobre la cama y levantó los brazos intentando ahuyentar el increíble ataque de deseo que tuvo de volver a acostarse. Por lo general siempre se ponía de pie como un resorte, pero ese día, era un día de esos. De aquellos en los que te apetece no salir de tu cama que continuar con la vida.

Era, simplemente, pereza.

Miró a su lado derecho, dónde tranquilos y muy calienticos, Saga y Yue dormitaban como si nada, profundos en un pesado sueño. Mu sonrió divertido recordando que en un inicio y puntualmente Saga, había dicho que el gato debía dormir fuera de la habitación, pero fue el mismo Saga que una noche entró con el felino en brazos, con la excusa de que el pequeño minino estaba muriendo de frío.

Y así fue como Yue terminó ocupando un lugar en la cama de Mu y en los brazos de Saga, porque el pequeño rufián solía dormir en los brazos del gemelo. El griego lo único que tenía que hacer era estirar el brazo sobre el colchón y el gato se acostaba buscando el calor del geminiano.

Un rápido vistazo y una foto divirtieron al lemuriano quien salió de la habitación a buscar algo para desayunar. No pasó mucho tiempo cuando Saga llegó con él.

—¿Por qué enviaste una foto de mí a todo el grupo del Santuario? —interrogó el gemelo entrando a la cocina.

—Es increíble que el internet nunca funciona, pero envío una foto tuya durmiendo con Yue y llega el mensaje sin ningún problema. —Sonrió

—Eres muy molesto.

—Ay, todos tienen derecho a ver lo bien que te llevas con Yue.

—Señor Mu, ya me voy —interrumpió Kiki—. Buenos días, señor Saga.

—Buenos días, Kiki —contestó géminis observando al muchacho—. ¿A dónde vas tan arreglado?

El muchacho se sonrojó bajando la mirada.

—Voy al pueblo, nada más —respondió con una sonrisa para luego perderse entre los pasillos.

—¿Qué sucede con él? —le preguntó Saga a Mu con mucha curiosidad.

—Creo que está enamorado —contestó enternecido—. Hay una niña del pueblo que a él le gusta mucho. Lo he escuchado practicar diálogos para acercarse a ella.

—Ay, que tierno. Nuestro nene está creciendo. Yo me acuerdo de que a esa edad... —Dio un rápido repaso en su cabeza y prefirió callar.

—A esa edad ya habías usurpado el trono patriarcal —bromeó Mu.

—Que gracioso. Pero hablando seriamente, deberíamos ayudarle, ¿no?

Mu levantó la vista y con mucha seriedad sostuvo la mirada de Saga, quien sonrió con inocencia.

—No te vas a involucrar en las cosas de Kiki, Saga de Géminis, o tendrás problemas conmigo.

—¿Me amenazas? —Saga intentó verse superior, pero Mu ganó esa batalla—. Está bien, no voy a hacer nada —dijo caminando hasta la salida.

—¿A dónde vas? —preguntó no muy convencido de las palabras de su pareja.

—Tengo que ir a comprar unas cosas al pueblo —explicó marchando relajado seguido de cerca por Mu.

—¿Casualmente tienes que comprar cosas en el pueblo hoy? ¿Precisamente hoy?

—Eh... sí, ¿cuál es el problema? Desde ayer tenía planeado esto. ¿Bueno?

—¿Y por qué vas para el otro lado? —Mu no estaba convencido

—Debo ir a mi templo por algo de dinero.

—Y si tenías planeado desde ayer ir de compras hoy al pueblo, ¿por qué no tenías todo listo?

—Oye yo no vivo contigo. —Se hizo el ofendido—. Debo ir a mi templo por algunas cosas para iniciar mi día. Y si sigues hostigándome esta relación no irá a ninguna parte.

—Te lo digo una sola vez: no te metas en las cosas de Kiki.

—Bueno —aceptó bajando los brazos derrotado.

Universidad Nacional y Kapodistrian de Atenas.

Saori corrió por todo el campus cuando logró visualizar a Shun sentado en un muro leyendo un libro del Ciclo de Crebs, animada llegó en un par de pasos con el bronceado y sin saludar se sentó a su lado para hablar con rapidez.

—Tengo el regalo perfecto para ti y Naomi.

Shun apartó ligeramente la vista de su libro, sin embargo, no detuvo a Saori quien muy entusiasmada continuó hablando:

—Ya van a cumplir un año, y sé lo mucho que la quieres, así que me pareció apropiado darles un regalo...

—¿Por qué no se lo das a otra persona? —interrumpió, ella perdió el ímpetu—. Naomi y yo... —suspiró— terminamos hace más de una semana.

—¿Es una puta broma? —Saori se puso muy roja ante la declaración—. ¿Me estás tomando del pelo, Shun?

—Jamás te había escuchado hablar así. —Shun sonrió divertido, pero ante la cara furiosa de su amiga prefirió dar más información—. No te estoy tomando del pelo, ella y yo decidimos no seguir adelante con esta relación.

—¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Están haciendo las cosas muy difíciles.

—Estoy un poco confundido. —Shun cerró el libro para observar a Saori quien ante la pregunta olvidó que estaba molesta—. ¿Quién está haciendo las cosas difíciles? ¿De qué estás hablando?

—De nada —dudó—. Yo... yo... Simplemente, apoyaba tu relación con ella.

—Bueno ya no tienes que hacerlo —expuso con amargura.

—Pero... ¿Hay forma de solucionar todo? —Saori miró esperanzada en lo que Shun negaba con la cabeza—. ¿Cómo qué no? ¿Qué hiciste o que hizo ella para que todo acabara?

—Le propuse matrimonio.

Saori dejó salir un largo suspiro.

—¿Dijo que no?

—Dijo que no, y dijo... dijimos muchas cosas. Nosotros no estamos destinados a estar juntos. Son cosas que pasan, Saori. No todas las relaciones funcionan como uno lo espera.

—¿La amas?

—Mucho.

—¿Entonces que pasó? Shun. Si hay la mínima posibilidad de arreglar las cosas con ella no la desaproveches

—¿No crees que las personas solemos confundir el amor con la necesidad de cariño? ¿Qué a veces lo necesitamos tanto que nos aferramos a la primera persona que nos ofrece afecto y confundimos el sentimiento de seguridad con estar enamorados?

—¿Dices que no amabas a Naomi?

—Yo sí, tal vez ella no a mí y hasta ahora lo entiendo. Tal vez ella nunca se había sentido amada realmente y por eso se aferró a mí sin estar enamorada.

—Te has tomado el tiempo para estas ideas tan facilistas.

—¿Me llamas facilista? —preguntó mirándola a los ojos.

—Simplemente, no te tomas la molestia de solucionar las cosas y te escondes detrás de suposiciones.

—¿Saori, y si tal vez era yo el que estaba equivocado? ¿Y si tal vez era yo el que no estaba enamorado?

—Shun…

Andrómeda revisó su reloj para luego ponerse en pie:

—Se me hace tarde, linda —sostuvo, Saori quiso decir algo, pero antes de eso, Shun le dio un cálido beso en la frente—. Gracias por preocuparte por mí. Se me hace tarde. Nos hablamos después.

Saori se quedó inmóvil viendo a Shun alejarse y caminar despreocupado, aquello no era nada bueno.

Blizz

Mu entró al pequeño café suspirando por los últimos eventos, aunque también quería apoyar a Kiki no sabía cómo hacerlo y el que Saga quisiera ayudar tan poco pintaba de ser algo bueno.

—Toma asiento con nosotros, Mu —le ofreció Milo sentado en una mesa junto a Aioros.

—¿Cómo están? —saludó el lemuriano.

—Aioros, lleva diez minutos leyendo el menú.

—No me decido —se defendió el mayor—. Todo es muy rico acá.

—Shaina amenazó con sacarnos si no pedíamos nada. ¿Puedes creerlo Mu? Y dice amarme.

—Pienso que ella no se caracteriza por ser muy paciente —habló Mu—. Deberías tener una copia del menú, Aioros, para que cuando llegues aquí ya sepas qué pedir.

—Que buena idea. —Sagitario buscó entre sus bolsillos—. Dejé mi celular en el templo. Préstame el tuyo Milo.

—Ten. —Ofreció en lo que Aioros tomaba una foto para luego quedarse entretenido en el celular de Milo—. ¿Qué haces? —preguntó ante la demora del otro y al no recibir respuesta se elevó sobre la mesa para descubrir que el arquero estaba viendo su galería de fotografías—. ¡Oye! —Milo le arrebató el aparato—. Hay fotos privadas ahí.

—¿Qué tipo de fotos? —interrogó Aioros con mucha curiosidad—. ¿De Shaina desnuda?

—Tal vez.

—¡Quiero verlas! —Aioros intentó hacerse del celular nuevamente, pero no lo consiguió.

—¡Claro que no, idiota!

—¿Sabes Milo, que esos celulares tienen una opción para bloquear las fotos que no quieres que otros vean? —Mu le miró divertido, en lo que Escorpio observaba el aparato.

—¿En serio? —inquirió el peliazul—. ¿Cómo sabes eso?

—Pues... Porque sí —titubeó Mu.

—Oh, ya sé. —Aioros sonrió con picardía—. Tienes fotos de Saga desnudo en tu celular, ¿verdad Mu?

—Y si así fuera, ¿qué? ¿También quieres ver las fotos de Saga?

—Tal vez —contestó Sagitario indiferente.

—¿Por qué? —preguntó Milo realmente asombrado.

—Para comparar —contestó Aioros como si no fuera la gran cosa.

—¿Comparar qué? —Esta vez fue Mu quien interrogó al castaño, pero el otro solo se alzó de hombros. Ante el gesto los tres dejaron salir una gran carcajada—. ¿Quieres golpearlo tú?

—No —contestó Milo—. No quiero dañarlo más de lo que ya está.

—¿Van a pedir algo o no? —Shaina se paró cerca con las manos en la cintura—. Porque ahí está la puerta. Necesito la mesa para los clientes de verdad.

—Ya vamos, ya vamos amor —dijo Milo intentando dejar de reír—. La culpa es de Aioros.

La Cobra no dijo nada dando media vuelta caminó hasta la barra justo en el momento en que Saga y Kanon entraban al café.

—Aioros, Shaina nos sacará a patadas —alegó Mu.

—Ustedes son muy malos conmigo, eso me pone triste como un coco. —El arquero se encogió de hombros.

—¿Cómo un coco? Eso no tiene sentido —refutó Aries.

—Para mí sí tiene sentido —apoyó Milo—. Es como estar vacío por dentro y completamente aislado, nada entra nada sale. Sí te puedes sentir triste como un coco.

—Pero el coco no está vacío. —Hizo ver Mu—. Tiene… agua por dentro.

—Esa agua, son las lágrimas del coco —expuso Aioros.

—Ya no volveré a ver un coco de la misma manera. —Se acongojó Mu.

El grupo de Milo dejó escapar una nueva y estruendosa carcajada, en lo que Kanon los miraba por encima del hombro.

—¿Y a esos que les pasó? —preguntó el exgeneral—. ¿Se los comió un payaso y les quedó el pimpón adentro?

—Ay, Kanon —Shaina sonrió divertida—. Llevan rato ahí sentados y no piden nada. Espero que ustedes si vengan a comprar algo o también se irán como pronto lo harán ellos.

—Pero cuánta agresividad, ofiucos —señaló Saga—. Igual el café no está muy lleno. Creo que tienen menos clientes que antes.

—Así es —contestó la amazona—. Nuestra única clientela fiel, son los del Santuario, los demás, vienen de vez en cuando.

—Yo creo que deberíamos hacer una inauguración. —Tomó la palabra Kanon y con entusiasmo agregó—: ¡Ya sé! Zodiaco debería cantar, ofrecer algo de música en vivo sería bueno para el negocio.

—Me parece una buena idea —aceptó la chica—. Habría que hablar con Seika. Ella vendrá más tarde.

—Perfecto. —Kanon sonrió triunfante—. ¿Quieres un chocolate con galletas? —le preguntó a su hermano.

—Sí me encantaría.

—Bueno, préstame dinero porque no tengo.

Saga rodó los ojos molesto.

—¿Qué haces con el dinero, Kanon?

—Me lo mecateé en cositas —contestó haciendo reír a Saga.

—Deja de ver la Vendedora de Rosas.

Grecia

Ivonne salió con algunas carpetas del hospital, estaba distraída observando los nombres en los documentos cuando un hombre se le acercó ligeramente, tan delicado fue el caballero que ella respingó al notar su presencia.

—Oh, discúlpame, no quise asustarte, linda —dijo el hombre.

—Fuiste muy sigiloso —apuntó ella recuperándose—. ¿Cómo estás, Minos?

—Muy bien, preciosa. ¿Estás enferma? ¿No confías en los médicos del Santuario? He escuchado que son muy buenos, sin embargo...

—No tenemos laboratorio en el Santuario, algunas máquinas no funcionan adecuadamente en el lugar. Ya sabes, el cosmos y todo eso. Vine a recoger algunos resultados de mis pacientes.

—Qué mujer más entregada a su trabajo. Maravillosa sin duda.

—Gracias.

—¿Quieres ir a tomar un café? —Minos sonrió pícaramente haciendo sonrojar a la doctora—. ¿Sí?

—No, pero muchas gracias por la invitación.

—Entiendo. Es por tu novio, Géminis. ¿Cierto?

—No necesariamente, pero prefiero evitar problemas, no solo con él, sino con todo el Santuario en general, teniendo en cuenta que tú...

—Oye, estamos en tiempos de paz. —Minos se alzó de manos—. Pero te entiendo. Y mejor te dejo seguir tu camino. Oh, espera —llamó antes de marchar—. ¿Te gusta la ópera?

—Sí —contestó sin saber por qué fue tan efusiva.

—Tengo dos entradas para la ópera esta noche —explicó sacando un par de boletos de su chaqueta—. No tengo con quien ir, y no quiero que se pierdan. Tal vez tú y Géminis puedan ir.

—No puedo aceptarlas —se excusó levantando las manos para no recibir el obsequio.

—Por favor, no conozco a nadie con buenos gustos que acepte las entradas. Tú podrías aprovecharlas.

—¿A tu novia no le gusta la ópera? —inquirió, una forma de obtener más información del juez y así descubrir realmente sus intenciones.

—No estoy saliendo con nadie en este momento. Mi forma de ser no es del agrado de muchos, no soy muy bueno en las relaciones, pero es que a veces no tengo tiempo debido al papeleo en el Inframundo.

—Un hombre muy entregado a su trabajo, también —comentó divertida.

—Gajes del oficio, tengo mayor rango, por lo tanto, tengo más trabajo y los subordinados no siempre hacen bien las cosas.

—Que complejo —sonrió.

—Bien dicen por ahí: qué si quieres que algo quede bien, hazlo tú mismo —acotó sonriente—. Y si estás rodeado de idiotas es mejor no depender de nadie. Ya sabes, para ser idiota no se necesita tener mucho talento.

—Algo me dice que eres un jefe arrogante y negrero —señaló—. Pobre de tus súbditos.

—Sí, podría ser —dijo rascándose la cabeza—. Pero aun así soy increíblemente fabuloso.

Ivonne sonrió divertida.

—Debe ser un poco abrumador trabajar contigo —expuso ella.

—Puedes venir a trabajar conmigo cuando quieras, así sacarás tus propias conclusiones.

—Creo que prefiero pasar.

—Es una verdadera lástima, una mujer hermosa como tú iluminaria el Inframundo. No ves a muchas bellas damas en el lugar, y yo tengo un corazón muy grande para compartir, no se puede desperdiciar así.

Ivonne observó al juez por un largo rato, como si él fuera de esos hombres que merece ser compartido con todo el mundo, como un bocado para los demás, y sonrió ante sus pensamientos alocados.

—Que gran tragedia, estoy segura de que encontrarás con quien compartir tu gran corazón.

—Seguramente sí, aunque a veces es difícil encontrar a alguien realmente interesante. —Guiñó un ojo en lo que Ivonne sonreía nuevamente—. Pero volviendo a lo importante. ¿Quieres las entradas?

La griega miró los boletos, para luego suspirar con rapidez.

—Sí —aceptó, para luego despedirse y continuar con su camino.

Rodorio

Después de una ligera merienda Saga y Kanon caminaban por el pueblo comprando algunas cosas. Discutían porque el segundo no llevaba suficiente dinero y fue el mayor quien tuvo que correr con todos los gastos.

—No entiendo que haces con el dinero —refutó el mayor de los gemelos—. ¿En qué lo gastas? ¿Acaso en esos clubes para caballeros?

—Claro que no. —Se defendió—. Soy un hombre comprometido y eso pasó una sola vez. Lo que pasa es que me gusta comer. Si no comiera tanto tendría más dinero

—Ya decía yo que te veía más rellenito, hermano. —Saga empujó su dedo índice en el abdomen de Kanon.

—Oye, no hagas eso.

Saga rio divertido para luego jalar a su gemelo ocultándose tras una casa.

—¿De quién nos escondemos? —preguntó Kanon mirando de lado a lado.

—Mira allá, es Kiki.

—¿Qué pasa con el mini borreguito? ¿Y cómo por qué lo espiamos?

Saga lo pensó un momento antes de hablar:

—Verás, creo que Kiki está enamorado, y bueno, quiero saber quién es la chica. Él salió esta mañana muy temprano y se veía nervioso.

—Sí, pero tal vez solo está meditando.

—¿En medio del pueblo? —Saga rodó los ojos—. Te apuesto lo que sea a que está esperando a alguien. Oh, mira, mira.

En medio de la plaza, Kiki observó a un grupo de chicas caminar hacia él, Saga y Kanon vieron como las niñas saludaban al pequeño lemuriano, pero solo una le dedicó una bella sonrisa misma que Kiki devolvió sonrojado.

—Creo que es ella —dijo Saga dándole un par de palmadas a su hermano en el pecho—. Ella, la chica de blusa celeste. Es ella.

—Sí, ya sé. —Kanon se alejó de su gemelo para evitar ser agredido ante el entusiasmo de este—. ¿Y qué? Parece que Kiki ni se la ha declarado.

—Exactamente, ese es el problema. Pienso que Kiki necesita ayuda.

—¿De nosotros?

—Hola, ¿qué hacen? —dijo una voz en tono tétrico haciendo brincar a los gemelos.

—Aioros —expresó Saga—. ¿Qué haces aquí?

—¿Yo? Ustedes son los que están detrás de una pared espiando a quien sabe quién. —observó el castaño—. ¿Espían a Mu o Ivonne, par de celosos dementes?

—Espiamos a Kiki —explicó Saga—. Le gusta una chica, pero no se le ha declarado y pensamos que podíamos ayudarlo.

—¿Nosotros? —Aioros se vio tan escéptico como Kanon, pero su expresión cambió con rapidez—. Bueno. ¿Qué proponen?

—No sé —contestó el mayor de los gemelos.

—¡Ya sé! —Aioros dio un golpe con su puño sobre la palma de su mano—. Kiki debería salir con otra chica.

Kanon y Saga se quedaron consternados.

—¿Con otra chica? —inquirió Kanon—. ¿De qué serviría eso?

—La ciencia lo dice —acotó el arquero—: Cuando te ven ocupado, ahí si te quieren. Y si la chica ve que Kiki está con alguien más, lo va a desear.

—¿La ciencia lo dice? —Saga se rascó la cabeza—. ¿Dónde carajos leíste eso?

—Él no lee —recalcó Kanon.

—¿Dónde viste eso? —preguntó nuevamente Saga.

—¡Y si leo! —Aioros cruzó los brazos molesto—. Y lo leí por ahí, ya no me acuerdo.

—Está bien —dijo Saga—. Digamos que tengas razón. ¿Qué te hace pensar que Kiki va a salir con otra niña? No se le puede declarar a la que le gusta. Para mí, que él no es muy hábil con el sexo opuesto, así que otra joven no es la solución.

—Simplemente, necesitamos una chica que colabore con la causa —se explicó Sagitario—. Ya sabes: una fachada.

—¿Y cómo haríamos eso? —Kanon no se veía convencido, sabía que en algún momento tenía que golpear a Aioros, pero no quería atrofiar más a Sagitario.

—Preguntando —contestó el castaño con obviedad—. Hay que ir con una niña y preguntarle si quiere salir con un apuesto y agradable santo de Athena. Y ya. Cualquiera quiere eso y más aquí en Rodorio. Es más —continuó mirando un punto fijo en lo que los hermanos intentaban procesar la información—, allá hay un grupo de chicas, iré con ellas y les preguntaré.

—¡No, no! —brincaron los gemelos deteniendo a su compañero de armas.

—¿Qué les pasa?

—¿Acaso estás loco? —Hizo ver Saga—. ¿Quieres ir a la cárcel?

—No, ¿por qué?

—La idea de otra chica queda descartada —corroboró Kanon.

—Pero...

—¡Pero nada! —dijeron los gemelos en unísono haciendo el mismo gesto de disgusto.

—Ustedes me odian.

Saga observó por un momento a su compañero para después darle un abrazo.

—Lo lamento tanto, Aioros —dijo con voz fingida—. No volviste a ser el mismo después de que te culpé injustamente de traición. Afrodita, Máscarita y Shura, dañaron irreparablemente tu mente.

—Ay, suéltame. No me traten como un niño especial.

—Pero si eres espacial, Aioros —acotó Kanon—. Digo, especial.

—¡Cierren el pico, santos repetidos!

—Mejor vamos a hablar con Kiki. —Saga no esperó una aprobación y con paso largo llegó con el chico—. Hola.

—Señor Saga. ¿Necesita algo?

—Quería hablar contigo —dijo sentándose al lado del muchacho quien tragó saliva al ver a Kanon y Aioros acercándose a ellos—. Te gusta esa niña, ¿no? —señaló con disimulo

Kiki quiso contestar, pero cambió de opinión.

—Vamos, puedes confiar en nosotros. —Kanon puso su mejor sonrisa.

—No necesito su ayuda —respondió el chico incómodo—. Gracias.

—Te podemos ayudar. Dinos —comentó Aioros, Kiki resopló.

—De acuerdo. —Saga se acomodó mejor en su puesto—. ¿Sabes que le gusta? A la chica, ¿sabes que le gusta?

—Le gustan los centauros —contestó con timidez el lemuriano.

—¡Excelente! —dijo Aioros con amplia sonrisa—. Yo soy un centauro, así que puedo ser de ayuda. —Guiñó el ojo con picardía.

—Voy a llamar a la policía y te voy a entregar —amenazó Saga al arquero quien no entendió el reclamo—. Tengo una idea, ¿si te apetece escucharla? —Kiki aceptó—. De acuerdo, puedes sentarte aquí y leer un libro de centauros cerca de ella. Te aseguro que ella vendrá a hablarte.

—¿Está seguro, señor Saga?

—Es una probabilidad.

—Vamos a buscar ese libro —dijo efusivamente Aioros caminando hacia el Santuario.

Templo de Aries

Mu observó a un interesante grupo adentrarse en su casa: Kiki se veía apenado, Aioros y Kanon sonreían como santurrones, mientras Saga evadía la mirada del Santo de Aries.

—¿Qué pasa? —Quiso saber Mu, Saga los había delatado a todos—. ¿Qué pasa?

—Ve por el libro —le dijo el mayor de los gemelos a Kiki quien hizo como se le indicó.

—¿Saga? —La voz de Mu sonó muy firme—. ¿Qué te dije?

—Sé lo que me dijiste. —Saga buscó una salida rápida—. Pero él necesitaba nuestra ayuda. Y tenemos un plan que puede funcionar.

—Un momento. —Mu se sobó las cienes—. ¿Me están diciendo, que un hombre que dudó de su sexualidad por mucho tiempo, otro hombre que gusta de ir a los "clubes para caballeros" y… Aioros, van a aconsejar a Kiki sobre relaciones románticas?

—Me ofendes Mu —Kanon resopló—. Eso pasó una sola vez.

—¿Creen que este sirva? —preguntó Kiki acercándose con timidez al grupo en lo que mostraba un pequeño libro.

—Ese es perfecto —contestó Saga ignorando la fría mirada de su pareja sobre sí—. Vamos al pueblo otra vez.

—¿Saga? —Ante el tono molesto del Ariano, todos salieron a grandes pasos del primer templo dejando al gemelo mayor enfrentándose a la ira de Mu.

—Oye, sé que estás molesto. Pero te prometo que todo estará bien.

—¿Por qué te involucras? No quiero que Kiki...

—Entiendo, pero todo estará bien. Él aceptó la ayuda y esto le importa mucho. Ven con nosotros.

Mu suspiró arduo y profundo.

—De acuerdo, pero si todo esto sale mal, te culparé a ti y solamente a ti.

Saga sonrió triunfante y todos se encaminaron hasta el pueblo donde un inocente Kiki se sentó en la fuente a leer su libro siendo vigilado muy de cerca por los santos mayores.

—¿Creen que esto funcione? Aún insisto que mi idea era mejor.

—¿Cuál era tu idea, Aioros? —preguntó Mu.

—No quieres saberlo —aconsejó Kanon.

—Miren, miren. —Saga nuevamente palmeó a su hermano entusiasmado.

—¡No hagas eso! —Se defendió el menor de los gemelos.

—Ella se acercó a hablar con Kiki —dijo Saga—. ¿Ven?

—¿De qué estarán hablando? —interrogó Aioros—. ¿Alguien sabe?

—¡Ay, perdón! —Kanon observó al arquero indignado—. Olvidé ponerle el micrófono a Kiki para que tú pudieras escuchar todo.

—¿Eso es sarcasmo? Porque me pareció sarcasmo —acotó Aioros, pero ninguno le hizo caso.

—Bueno están hablando —comentó Mu—. Ella le está preguntando por el libro —explicó en lo que los otros celebraban ligeramente—. Están hablando de los centauros.

—¿Cómo sabes? ¿Lees las mentes?

—Aioros —llamó Kanon—. Por si no sabías, Mu lee las mentes.

—Sí —contestó el lemuriano sin dejar de ver la escena—. Pero en este instante estoy leyendo sus labios, la mente de Kiki es un caos en este momento.

—¿Sabes leer los labios? —A riesgo de parecer idiota nuevamente, Aioros preguntó, pero en esta ocasión no fue el único que se sorprendió.

—¿No lo sabían? —interrogó Mu.

—¡No! —contestaron los otros tres.

—Aprendimos con Shaka, nos pareció necesario para las batallas.

—Eso no importa ahora —dijo Saga—. Es el momento para que Kiki la invite a salir. ¿Crees que lo haga?

—Se ve y se percibe nervioso —corroboró Mu.

—Digámosle que ya es hora. Que la invite —sugirió Aioros, siendo apoyado por el resto.

—De acuerdo, yo le digo —ordenó Mu antes de que el pobre Kiki recibiera una cantidad de voces en su cabeza. Por un momento todos se quedaron en completo silencio—. Le dijo que sí. —anunció finalmente Mu en lo que todos celebraban—. De acuerdo, aquí ya no tenemos que hacer nada más. Nos vamos.

—Pero...

—Pero nada, Aioros nos vamos.

—Mu tiene razón —apoyó Saga—. Nuestro trabajo aquí ya está hecho, lo demás depende de Kiki.

Los otros dos bajaron la cabeza como niños regañados, no obstante, hicieron como se les pidió.

Templo principal

—Shion —Saori entró en el lugar con cara de pocos amigos—. Naomi y Shun terminaron su relación hace una semana. ¿Lo sabías?

—No lo sabía mi señora. Cielos, esto no es bueno.

—Claro que no. —Saori apretó los puños molesta en lo que caminaba hasta el trono, pero no se sentó—. Están complicando todo. ¿Qué vamos a hacer?

—¿Qué tal si los enviamos a una misión juntos? Para que hagan las paces.

La diosa contempló el lugar analizando si esa opción era adecuada y no pudo evitar pensar en Shun, y en lo incómodo que sería para este obligarlo a estar un rato a solas al lado de la mujer que lo hirió.

—No me parece adecuado —dijo esta vez dejándose caer en el trono—. Puede que se reconcilien, como puede que hagamos que se terminen odiando hasta el punto de no poder verse.

—Tiene razón, esto es más complejo de lo que habíamos imaginado.

—¿Qué vamos a hacer Shion?

—Esperar y suplicar porque todo salga bien. Con suerte, las cosas entre ellos se solucionarán por si solas.

—Que los dioses de todo el mundo te oigan.

Saori suspiró, no estaba segura de querer ser optimista con esa relación, no, después de lo que Shun le dijo: ¿Y si ninguno estuvo realmente enamorado? Se pasó las manos por el cabello. ¿Y si había más de una relación así, como la de Shun y Naomi?

Templo de Aries

—¿No piensan irse de mi casa? —Alegó Mu parado en el marco de la puerta de la cama, dónde Kanon y Aioros jugaban Left Four Dead

—Están esperando a que llegue Kiki —explicó Saga con unas frituras en su mano entrando a la sala—. Para saber cómo le fue.

—¡Largo de mi templo!

—No seas envidioso, borrego mediano.

Mu levantó una ceja por las palabras de Aioros.

—Ya sabes, Kiki es el mini borrego, Shion el borrego grande, tú, eres el mediano. —Aioros volvió su vista a la pantalla en lo que Aries rodaba los ojos y Saga sonreía divertido.

—Esto es tu culpa —señaló Mu al gemelo mayor para luego girar sobre sus talones y caminar hasta la salida del templo donde Ivonne llegaba—. Hola.

—Jamás me voy a acostumbrar a esto —dijo ella—. ¿Cómo sabías que estaba aquí?

—Todas las personas tienen cosmos. Algunos les llaman: energías, aura, pero en conclusión es la esencia que define a cada ser humano y la tuya, aunque muy pequeña la conocemos a la perfección.

—Impresionante —aplaudió.

—¿Buscas a Kanon?

—Sí, debe estar en su templo.

—Está aquí de hecho —apuntó él.

—Sí claro, si yo supiera percibir el cosmos, me hubiera dado cuenta de eso —contestó ella haciendo reír a Mu—. Lo bueno, es que me evito un buen tramo de camino. ¿Le puedes decir que lo necesito? No entro porque tengo muchas cosas que hacer.

—De acuerdo, ya lo llamo.

—Te lo agradezco mucho, Mu.

Ivonne se quedó en la entrada del primer templo observando los detalles del lugar, no siempre se detenía a apreciar la hermosa estructura del Santuario. Llevaba tanto tiempo allí, que algunas cosas dejaban de ser interesantes, y poco o nada, veía su alrededor a consciencia.

—Hola, mi amor. —Un entusiasmado Kanon salió al encuentro de la chica—. Pensé que estabas trabajando.

—Así es, no tengo mucho tiempo —explicó ella de afán—. Tengo entradas para la ópera, es esta noche. Vamos, ¿sí?

—¿Ópera? —Kanon hizo un gesto de desagrado—. ¿Ópera? No, ve con alguna de tus amigas.

—Pero quería ir contigo.

—¿Pero ópera? Vamos al bar de Claus. —El exgeneral intentó abrazar a la doctora, pero esta se echó hacia atrás.

—Pero tengo entradas para la ópera. ¿Por qué todos tus planes tienen que ser en el bar de Claus, en Blizz o alguno de los tres restaurantes del pueblo? Y si te desvías un poquito es porque fuimos al mismo cinema de la ciudad.

—Son buenos planes —dijo con inocencia—. ¿Pero ópera? No me gusta, ve con alguna de las chicas. ¿Sí? Ve con alguien más.

—Eso haré —expresó molesta marchándose del lugar.

Kanon hizo un ligero gesto inocente y volvió con su grupo.

—¿Qué paso con Ivonne? —preguntó Mu quien ya se había unido al videojuego.

—Se fue —explicó Kanon—. Está trabajando, venía a invitarme a la ópera. Quedamos que iría con alguien más.

—¿No quisiste ir con tu novia a la ópera? —interrogó Saga sin apartar los ojos de la pantalla y pulsando los botones del mando.

—No me gusta la ópera.

—No tiene nada de malo hacer algo diferente —continuó Mu—. Si a ella le gusta la ópera, debiste acompañarla.

—Pero para estar haciendo mala cara allá, es mejor que ella vaya con alguien que le guste.

—¿Y si ese alguien pudiese estarse quedando con tu novia? —comentó Aioros maliciosamente.

—Ira con alguna de las chicas —mencionó Kanon no dándole mucha importancia.

—No lo sé —dijo Aioros concentrado en el juego—. A mí no me gusta la ópera, pero por estar al lado de ese bomboncito, soporto lo que sea.

—¿Sabes que estás hablando de mi novia?

—¿Y sabes que es un bomboncito? —expresó el arquero—. Yo no la dejo sola.

—No hables de ella como si fuera un objeto —refutó Mu—. Simplemente, debiste... deberías ir con ella, son actividades que le gustan a ella, si ella va a las tuyas, lo mínimo que deberías hacer es ir a las de ella.

—Es verdad hermano —habló Saga—. Hace un mes que fuimos al parque de diversiones tampoco quisiste ir con ella, de no haber sido por Aioros, a más de uno le hubiera tocado subir a las atracciones solo.

—Oh, sí. —apuntó Sagitario—. Todos nos turnamos para no dejar a Ivonne sola.

—Pues que sacrificio —dijo socarronamente Kanon—. Se supone que ustedes son sus amigos, es lo mínimo que deberían hacer. No me gustan los parques de diversiones y ustedes fueron los que insistieron. Además, ella tenía a Naomi y Shaina, y estoy seguro de que en esta ocasión una de ellas la acompañara a la ópera. Dejen de molestar. Ahora silencio que llegó Kiki.

Y así era, cuando todos sintieron el cosmos del más joven pausaron el videojuego y salieron a su encuentro.

—¿Cómo te fue? —Saga fue el primero en hablar, Kiki miró asombrado al grupo.

—Bien —contestó el chico, pero las miradas insistentes de los adultos lo obligaron a continuar—: Fuimos por helado, hablamos de varias cosas y quedamos de vernos mañana.

—¡Sí! —celebraron los mayores haciendo reír a Kiki.

—Gracias.

—¿Necesitas algún consejo, borreguito? Yo sé mucho de niñas.

—Te entregaré a la policía Aioros. —Insistió Saga.

—¿Por qué? —Sagitario seguía sin entender.

—Kiki no necesita consejos —dijo Mu pasando un brazo por los hombros del pelirrojo—. Mucho menos de ti, Aioros.

—No entiendo por qué nadie confía en mí.

—Eres... abruptamente peligroso. —Apuntó Kanon.

Alrededores del Santuario

Ivonne caminaba con rapidez por los engorrosos caminos del Santuario, estaba enojada con Kanon y su insistencia en terminar en los mismos planes de siempre, si no era una cerveza donde Claus, era un café en Blizz o un almuerzo en el pueblo, cualquier otra cosa no valía la pena; cada vez que ella proponía o la invitaban a una actividad diferente tenía que decir que no o ir sola (a riesgo de ser mal tercio), y todo porque el gemelo nunca gustaba de hacer algo distinto y si lo hacía, se podía pasar la mitad del tiempo con mala cara y la otra mitad suplicando y afanando a todos para irse.

Era insufrible y molesto y ahora ella se cuestionaba el haberle dicho que la acompañara a la ópera, era claro que el gemelo no se movería del lugar para ir un sitio tan aburrido como según él consideraba. Decidió no darle más vueltas al asunto y caminó firmemente buscando a Naomi quien era la única amiga que en ese momento estaba soltera y que de seguro querría esparcir su mente un rato olvidando a Shun. Que, aunque lo que ella le comentó fue un mutuo acuerdo entre ambos, no dejaba de ser evidente para todas que Antlia estaba muy triste por la ruptura.

—Naomi —llamó apenas la vio, la pelirroja detuvo su andar para dirigirse hacia ella—. ¿Cómo estás?

—Bien —contestó con un tono amargado desde su rompimiento con Shun todas insistían en hacerle la misma pregunta todo el tiempo, pero en esta ocasión Ivonne pronuncio aquellas palabras solo por inercia.

—¿Quieres ir a la ópera conmigo?

La expresión de Naomi cambió notoriamente.

—La ópera, me encanta la ópera… desde luego que sí. ¿Cuándo?

—Esta noche —contestó Ivonne con alegría en lo que Naomi bajaba la cabeza.

—Esta noche no puedo, tengo guardia —dijo, Ivonne hizo un gesto al reparar en ese detalle que por andar pensando en Kanon había olvidado—. Me hubieras dicho antes habría arreglado con alguno de mis compañeros, pero a esta ahora ya es imposible y prefiero no comprometerme.

—Las entradas me las regalaron hoy —expuso bajando los hombros—. Tranquila, no importa… supongo que le podré dar los boletos a Lina o Linda para que vayan con sus parejas.

—Pero tú quieres ir, ¿no?

—Me gustaría, pero…

—He de suponer que Kanon no quiere ir —acotó en lo que Ivonne afirmaba—. ¿Por qué no vas con alguien más? Alguna de las chicas…

—Todas deben estar ocupadas —interrumpió consternada—. Mi única opción eras tú.

—Bueno, a Shun le gusta la ópera —observó—. Lo curioso es que nunca fuimos —sonrió irónicamente—. Pero a él le encanta y te aseguro que es una buena compañía.

—Lo sé, he tenido la oportunidad de conocer a Shun ahora que está estudiando medicina… he sido como su mentora —agregó con orgullo—. Creo que lo buscaré y le preguntaré. Pero seguramente tendré que regalar las entradas.

—También puedes ir sola, no tiene nada de malo.

—Lo sé, antes de congeniar tanto con ustedes y de salir con Kanon, hacía todo sola. Pero, no tengo muchos deseos de ir a la ópera sola. —Ambas sonrieron—. Lo irónico de todo, es que la persona que me regaló los boletos lo hizo porque tampoco tenía con quien ir.

—¿Y por qué no vas con esa persona?

Ivonne se encogió de hombros antes de contestar:

—Porque no sería prudente… se trata de Minos.

—¿Y qué tiene de malo? —Ante la pregunta de Naomi, Ivonne no supo si ella estaba bromeando o hablaba en serio—. Te puedo asegurar que Minos es todo un caballero. Sé que puede aparentar ser algún tipo de maleante, pero nada más alejado de la realidad, y no hará ninguna cosa que te incomode o moleste.

—Pero es un enemigo del Santuario, ¿no? ¿No sería alguna especie de traición?

—Primero, eso nos concierne solamente a nosotros los guerreros. Segundo, tú eres una civil, que podría estar en peligro con el enemigo sí, pero que de ponerte en riesgo él estaría violando directamente los tratados de paz. Y no porque seas del Santuario, sino por el simple hecho de ser un civil que no tiene compromiso en las normas y reglamentos de los dioses.

—No sé si a Kanon le guste la idea. Supongo que no.

—Bueno, sé que de cierta manera que aún no comprendes, te gusta Minos, pero sé que eres una mujer con demasiada integridad y muy propia, Si Kanon no valora y no ha conocido esas cualidades tuyas es su problema. Además, él fue el que se negó a ir contigo. Así que ahora que se aguante.

Ivonne sonrió divertida, las palabras de Naomi eran sinceras.

—Buscaré a Shun —dijo después de unos segundos—. Sí él dice que no, puede que llame a Minos.

—Eso —contestó la otra—. Pero no dejes de hacer algo que te gusta solo porque tu querido novio no quiere acompañarte. Y… que pena que me meta. Pero si Kanon continua así, creo que no vale la pena hacer sacrificios por él, ya que él no es capaz de hacer sacrificios por ti. No porque ahora estén juntos significa que tú no te puedas ir.

—Sí, creo que podríamos estar teniendo problemas, porque sinceramente ya me estoy hartando. Pero ahora no quiero hablar de eso. Iré a buscar a Shun, ¿sabes donde está? —preguntó para luego cerrar los ojos al ser consciente de sus palabras.

—No lo sé —contestó Naomi con cortesía para alivio de Ivonne—. Pero estoy segura de que no debe estar en el Santuario, Llámalo, por los temas de la universidad él anda muy pendiente de su celular.

—Gracias, Naomi. Hablamos luego.

Blizz

Unos minutos después y luego de que Ivonne durara por todo el camino intentando que su teléfono cogiera señal no fue hasta que se alejó del Santuario que logró hacer que su celular funcionara, por lo que después de enviarle un mensaje a Shun y que este le dijera que iba hacia Blizz, ella llegó al pequeño café para esperar al bronceado. No pasó mucho tiempo y Andrómeda se le unió con un agradable gesto, mientras ella esperaba en la barra.

—Hola, ¿cómo estás? —le preguntó el chico en lo que le hacía una señal a Seiya para que le sirviera un té.

—Bien, Shun. Gracias por venir.

—Tenía que pasar un momento. ¿En qué te puedo ayudar?

—¿Te gustaría ir conmigo a la ópera esta noche?

—¿Esta noche? —Ivonne afirmó con entusiasmo—. Me encantaría, pero no puedo. Tengo un parcial a las ocho. Es virtual y es molesto. Lo siento. Puedes decirle a Naomi —Shun guardó silenció por un par de segundos—. Aunque creo que ella tiene guardia hoy, ¿cierto?

—Cierto. No te preocupes. Iré con alguien más.

—¿Segura?

—Sí. Quería ir con un amigo de confianza, pero ya qué.

—¿Y luego la persona con la que vas no es de confianza? —preguntó pícaramente.

—No lo sé.

—Bueno, si sientes desconfianza al lado de esta persona, no deberías ir con él. ¿Te sientes insegura con esta persona?

—En realidad no, es Kanon quien me preocupa —sostuvo colocando sus manos sobre la madera.

—¿Quién es? —Quiso saber en lo que Seiya le entregaba una taza de té—. Gracias

Ante el gesto el castaño sonrió y continuó atendiendo las otras mesas.

—Es Minos —contestó ella cuando Pegaso estuvo lo suficientemente lejos.

—No conozco bien a Minos, así que no podría opinar al respecto sobre él. Lo que conozco de él es lo que vivimos en la batalla del inframundo y eran tiempos y situaciones diferentes. Pero si tú dices estar bien a su lado, es porque así es. Ahora si a Kanon no le gusta es su problema. ¿Por qué no va Kanon contigo?

—Porque a él no le gusta la ópera —contestó intentando imitar al gemelo.

—Bueno —Shun suspiró y sonrió con ternura—, eso me parece que ya es problema de Kanon. En realidad, no pienso que las personas sean completamente buenas o malas, los espectros tienen su lado amable, lo he visto un poco con Violet, digo, ella quiere mucho a Dean y una persona que no es capaz de sentir ternura por un niño, es alguien realmente cruel. Si Violet puede demostrar ser alguien gentil, pienso que sus compañeros no deben ser muy diferentes. Aunque siempre me juzgan por ver el lado bueno de las cosas, no creo estar equivocado. Por lo tanto, yo, no veo ningún problema con que seas amiga de Minos y si tú no desconfías de él no hay razón por que temer.

—Gracias —expresó con más tranquilidad.

Olimpo

Athena caminó alterada por los iluminados pasillos llenos de flores y hermosa e impresionante arquitectura, últimamente la sala de reunión de los dioses era bastante concurrida y como no, si allí todos se encontraban para dar hipótesis y hacer nuevas apuestas. La diosa no llevaba buenas noticias, de seguro más de uno se iría para atrás al saber que una de las parejas del Santuario había fracasado y aunque por Shun y Naomi no muchos habían apostado, si era la pareja favorita de los que tenían plena fe en ellos y que juraban contra todo pronóstico que ellos dos serían los padres del cuarto guardián.

La diosa de la sabiduría se aventuró a la sala donde un puñado de dioses charlaba amenamente, sus ojos se posaron en la gran pizarra donde el nombre de cada deidad relucía dejando su voto por su pareja predilecta. Athena revisó completamente el tablero en lo que su rostro se desdibujaba debido a un gesto de molestia y asombro.

—¡Hermes! —gritó en lo que el aludido daba un paso hacia atrás y los demás se observaban entre sí ante la mirada penetrante de la diosa de la guerra—. ¿Qué significa esto?

—¿Qué? —preguntó el aludido con inocencia mirando la pizarra como si nada malo estuviera pasando.

—La semana pasada —habló la diosa en tono sarcástico— estabas muy convencido que Naomi y Shun serían los padres del cuarto guardián. Ahora, cambias tu voto.

—Solo me pareció que hay más posibilidades que el santo de Tauro y su esposa tengan a ese bebé, son una pareja muy sólida.

—Algo me dice que sabes más de lo que parece. ¿Acaso has estado yendo a mi Santuario a espiarnos?

—Desde luego que no —contestó girando la cabeza para otro lado.

—Mientes.

—Si hubiera ido, alguno de tus santos habría reparado en mí. ¿No lo crees? —indicó con sarcasmo sabiendo muy bien que la diosa debía tener cuidado con sus palabras o de lo contrario la haría quedar muy mal sobre como manejaba la protección en su Santuario.

—Entonces enviaste a un espía.

—Jamás —se defendió—. Ya te dije, cambié de opinión. No entiendo tu molestia. Podemos cambiar nuestra apuesta si lo vemos necesario, solo debemos pagar una pequeña multa y ya.

—Que casualidad que hayas decidido cambiar de pareja cuando precisamente la relación entre Shun y Naomi se acabó.

—¡No puede ser! —bramó la diosa del amor que de por sí había apostado por todas las parejas existentes, no por querer ganar, sino porque confiaba que cualquiera de esas parejas podía ser la elegida—. Athena, ellos tienen que volver, hacen una bella pareja, ellos se aman.

—Lo sé, simplemente las cosas no funcionaron entre ellos.

—¿Y qué tal si ellos son los padres de ese bebé, Athena? —preguntó maliciosamente Hermes.

—No puedo obligarlos a estar juntos.

—No puedes darle la espalda tampoco, hija. —Zeus se acercó con imponencia mientras Hermes sonreía divertido y Athena rodaba los ojos—. Ellos…

—Sí, ya sé. Haré lo que pueda, pero no los obligaré a nada, ¿queda claro?

—Primero Virgo y ahora su sucesor Andrómeda. Ya casi se cumple el primer año y aún no sabemos nada del cuarto guardián. Athena. —Zeus la observó con intensidad—. Estas situaciones nos ponen en peligro a todos. Conoces las consecuencias, no las ignores.

Athena cruzó los brazos afligida, ella tenía muy claro lo que pasaría en el caso que el cuarto guardián no naciera, lo sabía y no permitiría que nada malo pasase, Zeus no tenía por qué recordárselo, pero había algo que no estaba claro, algo que parecía estar ocultando alguien del Olimpo, por ahora, Hermes era su opción más segura, ¿por qué el dios había cambiado de decisión tan repentinamente? Los olimpos parecían estar más involucrados en el Santuario de lo que ella pensaba.

Cabañas Personal de Salud

El cielo estaba muy negro y las estrellas brillaban con intensidad. Kanon marchaba saboreando una manzana hasta llegar a la puerta de Ivonne, al llegar levantó los brazos con pereza y con firmeza se dispuso a golpear la madera deteniéndose a mitad de camino al notar la puerta abrirse dejando ver a la hermosa doctora engalanada en un impresionante vestido negro con un escote pronunciado, su cabellera estaba peinada hacia atrás y su maquillaje enmarcaba sus brillantes ojos. Al santo casi se le cae la barbilla al suelo al ver a la deslumbrante mujer.

—Oh, estás preciosa. ¿A dónde vas?

—A la ópera —contestó ella saliendo para cerrar la puerta y emprender el camino.

—Pensé que no irías —dijo marchando tras ella—. ¿Con quién iras? ¿Naomi o Shaina?

—Con Minos —contestó sin importancia logrando que el santo parara en seco, ella no se detuvo.

—¿Acabas de decir Minos? —preguntó acortando la distancia, sin embargo, ella no se giró y con un movimiento de cabeza contestó afirmativamente—. ¿Te vas a ir con Minos?

—Sí hombre —contestó mirando el camino para apoyar el pie y no caer debido a sus zapatos de tacón.

—¿Cómo que vas con Minos? —La voz de Kanon se escuchó molesta y autoritaria lo que hizo que Ivonne lo encarara.

—Como no tenía con quien ir, me pareció buena idea ir con él, finalmente las entradas eran suyas. A él le gusta la ópera y no vio ningún problema en ir conmigo.

—Claro. ¿No has pensado que podría hacerte daño?

—¿Puede hacerlo? —interrogó no muy convencida—. Hasta donde sé, el hacerme daño estaría violando los tratados de paz que existen entre Hades, Athena y Poseidón. ¿No? —Kanon apretó los puños y los labios, pero no contestó—. Eso responde mi pregunta.

—¡No puedes irte con él!

—¿Por qué?

Kanon no supo contestar, aun cuando la mirada desafiante de Ivonne se clavó con fiereza en la suya, el gemelo se vio superado y por primera vez no encontró las palabras suficientes y válidas que le ayudaran a convencer a su novia que todo eso era un error.

—Ay, Kanon. Mi amor. Estaré bien, gracias por preocuparte por mí. Nos vemos mañana, que tengas una linda noche.

Templo de Aries

Mu estaba sentado a la entrada de su casa haciendo algunas figuras de origami cuando un molesto Kanon subió refunfuñando por las escaleras, el lemuriano no pudo evitar sonreír al ver el gran parecido que había entre los gemelos.

—Haces los mismos gestos de Saga cuando está de malgenio. ¿Qué pasó?

—No pasó nada —contestó el gemelo siguiendo su camino, Mu prefirió no insistir—. Ivonne se fue con Minos —continuó mirando al ariano esperando que este lo apoyara—. Se fue con Minos a la ópera. ¿Te parece correcto?

—¿Crees que esté en peligro? —Fue lo único que se le ocurrió preguntar, no veía otra razón del enojo—. Eso violaría los tratados de paz e iniciaría una nueva guerra, no creo que nadie quiera eso, ni siquiera Hades.

—¿Estás prestando atención a lo que estoy diciendo? —Kanon se veía más grande, aun cuando Mu permanecía sentado—. Ella se fue con Minos.

—¿Cuál es el problema? —preguntó esta vez poniéndose de pie para mirar al gemelo a la cara—. Hasta donde sé, los espectros ya no son una amenaza, Ivonne puede ser amiga de Minos si lo desea y si ella no le teme es porque no hay peligro.

—Ay, Mu. Definitivamente, eres ingenuo, Saga tiene razón —acotó, Aries le miró molesto—. Por favor, Mu, es obvio que las intenciones de Minos no son buenas.

—¿Crees que ella se irá con él o qué? Porque por alguna razón que todavía no entiendo, ella te ama.

—No es eso Mu. —Kanon se cruzó de brazos—. La única razón por la que Minos pretende a Ivonne es porque se quiere burlar de mí. Si pasa algo entre ellos, Grifo lo usará en mi contra para demostrar que es mejor que yo. Él quiere utilizar a mi novia con la única intención de perjudicarme a mí y parecer que es mejor que yo en todo sentido. A él no le interesa ella, solo le interesa ganarme y molestarme.

—Cielos —Mu rodó los ojos—. Ustedes dos tiene muchos problemas aún —expuso en lo que Kanon resoplaba—. Saga es un celoso y tiene miedo de que yo me pueda ir, según sus palabras: con alguien mejor que él, pero lo que en realidad no quiere es perder ante alguien al que él considera inferior y tú eres un egocéntrico que se cree que la única razón por la que alguien se acercaría a tu novia es porque quiere perjudicarte a ti directamente. Los dos son unos desgraciados megalómanos que intentan hacernos ver a nosotros como los villanos.

—Ay, Mu esas son palabras muy fuertes —dijo pareciendo indignado.

—Amiguito —Mu sonrió divertido ante la mueca molesta del otro—. Ivonne es una mujer hermosa y si tú no quisiste ir a la ópera con ella, alguien más iba a ir. No pensabas que ella se iba a quedar cruzada de brazos y dejaría de hacer algo que le gusta solo por ti. Si de verdad valoras la relación que tienes con ella, es mejor que empieces a revisarte con criterio, el problema aquí no es Minos, eres tú. Te esforzaste mucho por estar con Ivonne, y ahora que la tienes piensas que ella estará ahí para siempre. No te equivoques Kanon y deja de echarle la culpa a los demás.

—¿Sabes qué? —apuntó con el dedo.

—¿Qué? —contestó Mu en el mismo tono.

—Nada. Me voy.

Grecia

La noche transcurrió tranquilamente, el evento en la ópera fue exquisito, Ivonne y Minos pasaron un rato agradable viendo el espectáculo y ahora caminaban por las calles oscuras de la ciudad.

—¿Quieres ir por un trago? —preguntó él con amabilidad.

—Me gustaría, pero perderé el último ferri para ir hasta el pueblo. Tengo muchas cosas que hacer mañana y Kanon…

—Kanon se molestará —completó el juez divertido en lo que ella torcía la boca.

—Mejor vuelvo a casa.

—Sí, es mejor no buscar problemas con los santos de Géminis.

Minos no insistió, su intensión no era molestar a Ivonne y aunque no tenía simpatía por Kanon, tampoco quería incomodar al santo sin que eso significara una serie de desacuerdos que en cualquier momento se podían convertir en un auténtico dolor de cabeza que bien podría estar llevando a romper los tratados de paz. Ya estaba muy viejo para buscar problemas, por lo que se decidió por acompañar a la muchacha hasta el muelle donde con demasiada amabilidad la despidió luego de que ella insistiera que no era necesario acompañarla hasta el otro lado.

Cuando Ivonne se despidió de Minos no pude evitar que su cabeza empezara a pensar en miles de diálogos que no terminarían en una buena charla con Kanon, el gemelo estaba molesto, pero razones no tenía, ella no estaba haciendo nada malo, simplemente la situación se presentó, le sirvió para conocer al juez descubriendo que las palabras de Naomi eran ciertas, porque como lo había prometido la amazona, el juez resultó ser un caballero en todo el sentido de la palabra, estuvo pendiente de ella durante el evento y en ningún momento y bajo ningún pretexto intentó sobrepasarse o fue atrevido, todo el tiempo se comportó como un lord demostrando que las apariencias en muchas ocasiones suelen ser engañosas.

Por esa noche no pensaría más en Kanon, ya lidiaría con él en la mañana, por ahora estaba cansada y lo único que quería era llegar a casa a descansar, pero en el Santuario nunca pasa lo que deseas, porque allí mismo en el muelle de Rodorio un afligido Kanon esperaba a Ivonne, ella no supo desde qué hora estaba él allí.

—Hola —le saludó.

—¿Cómo te fue? —preguntó escuetamente él.

—Bien, la pasé muy bien.

—Me alegra mucho. Te acompaño a casa.

El camino fue realmente incómodo, ninguno de los dos pronunciaba palabra, ella no sabía que decir, no encontraba palabras precisas que no atribuyeran al disgusto del gemelo y Kanon, no estaba seguro de como reaccionar sin que eso significara una pelea entre ambos.

—¿Minos, te trato bien? —habló, ya cuando llegaban a la cabaña de Ivonne.

—Muy bien, es todo un caballero. Deberías conocerlo mejor. —Kanon torció la boca para fijar su mirada en otro lado—. No tienes que hacerlo si no lo deseas. Simplemente, dejarías de pensar cosas que no son si te tomaras la molestia de conocerlo mejor.

—Te creo —dejó caer los brazos—. Si dices que es decente, te creo. ¿Qué te parece si mañana vamos a almorzar a la ciudad?

—No tienes que hacer algo que no quieras.

—Pero sí quiero.

—De acuerdo —acotó ella tranquila abriendo la puerta de su cabaña—. Hablamos mañana, estoy agotada.

—Sí, que descanses.

Kanon se dio media vuelta, le hubiera gustado haberse quedado con Ivonne esa noche, pero la situación entre ambos aún estaba muy tensa y si no quería discutir con ella por algo que realmente solo estaba pasando en la cabeza de él, era mejor marcharse y por esa noche pasarla a solas para pensar con claridad, mañana sería otro día.

Templo de Géminis

Kanon se levantó temprano dirigiéndose a la cocina, su hermano estaba de guardia la noche anterior por lo que no le sorprendió verlo a esa hora buscando algo de comer.

—Llegué a pensar que no estabas. —Fue el escueto saludo de Saga—. Creí que estabas con Ivonne. —El exgeneral refunfuñó—. ¿Qué te tiene tan molesto?

—Tuve una discusión con Ivonne —explicó en lo que se servía café—. Bueno, no la tuve. —Cerró los ojos por unos segundos antes de continuar—. Bueno en realidad no sé qué pasó.

—Intenta ordenar tus ideas —aconsejó el otro tomando asiento.

—Ivonne fue a la ópera con Minos.

—¿El Grifo? —Aunque era obvio, Saga quiso pensar que había alguien más en el mundo y cerca al Santuario que se llamará Minos.

—Sí, el Grifo —corroboró derrotado—. Ella se fue con él.

—¿Y pasó algo malo?

—No. No sé, ella dijo que él se comportó como un caballero.

—¿Entonces cuál es el problema? Tú no quisiste ir con ella y él sí. Deben de ser amigos, ¿no? Yo escaparía con Minos sin dudarlo. —Miró a su hermano con inocencia—. No le digas a Mu —ordenó con el dedo.

Kanon observó a su hermano con disgusto para luego dejar su taza de café sobre la mesa reproduciendo un ruido seco y fuerte.

—Mu y Sorrento son amigos —dijo maliciosamente—. No habría problema que ellos dos salieran juntos, ¿o sí Saga?

Ante la pregunta el mayor no supo realmente que contestar.

—Es diferente —se excusó con rapidez—. Sorrento quiere con Mu, no es una amistad, las intenciones de ese muñeco de torta no son buenas.

—Las intenciones de Minos tampoco. —Se cruzó de brazos.

—Pero estamos hablando de Minos, él no es mejor que tú e Ivonne no se dejará deslumbrar tan fácilmente. Minos es el chico rebelde que no tiene ningún reparo, el hombre con el que te diviertes, pero no le presentas a tus padres. Tú eres igual, pero tienes esperanza de rehabilitarte, y después de eso, ahí sí te llevan a conocer a la familia. —Finalizó con una sonrisa santurrona.

—Gracias por tu apreciación hermano. Yo lo único que digo es que, lo que Minos busca con mi novia, es molestarme a mí.

—¡Oh! Esto es más personal que dormir con tu novia. —Sonrió, Kanon volvió a refunfuñar.

—Contigo no es fácil hablar.

—¿Kanon, en verdad crees que Ivonne se dejara manipular de Minos? Seamos sinceros, no se deja manipular de ti, mucho menos de él.

—Yo no soy manipulador —bramó indignado para luego agregar tal vez por el disgusto—: ¿Sabes que dijo Mu de nosotros? Que éramos unos desgraciados megalómanos.

—No le digas esto a Mu, pero considero que la mayor parte del tiempo él tiene razón.

—Bueno, tal vez deberíamos dejar de ser tan competitivos, tenemos que entender que no siempre se gana.

—Tal vez.

—Tal vez.

—Me gusta ganar.

—A mí también.

Continuará

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Hola, gracias a todos los que continúan tan pendientes de la historia, debo confesar que la conversación del coco la saqué de Facebook en unos comentarios que hacían sobre: 'estar triste como un coco', me pareció muy divertida. No es exactamente igual, pero me sirvió de inspiración jejeje

8D: Oh, sí, Dean ya tiene un año, el tiempo pasa volando. Jajaja Violet le dio un poco de sabor a la fiesta, menos mal los invitados no se emborracharon mucho. Tienes razón jajaja reaccionaron más rápido buscando a Dean, que gestionando para salvar a Saori cuando está en peligro jejeje… pero como dijo Milo, no son muy buenos rastreando personas… Shun debió suponer que Naomi se podría estar echando para atrás, pero igual tenía que intentarlo.

Monse: Hola, bueno, Dita sabe que mientras haya quien cuide de sus bendis él no tiene por qué afanarse jajaja… y sí ese Sorrento es cosita seria jejeje y Shaka, jajaja es un amor… las felicitaciones a Dean llegaron sin ningún contratiempo. Muchas gracias por seguir tan pendiente.

Nos estamos leyendo.