13. Corazón Partido

Inframundo

Violet estaba en su habitación terminando de vestirse, por el momento tenía puesto un pantalón negro y un brasier de straple por lo que se disponía a ponerse un corcet sobre su dorso semidesnudo, pero antes de poder tomar la prenda la puerta de su cuarto se abrió abruptamente dejando ver los ojos naranjas del juez Minos.

—¿Qué demonios pasa contigo, maldito pervertido? —bramó ella intentando cubrir sus pechos.

—Lo siento, preciosa, perdiste tus derechos de privacidad cuando el señor Hades fue el último en enterarse de la ruptura de Naomi y el niño Andrómeda —explicó él entrando al cuarto y cerrando la puerta tras sí.

—¡Por Hades! Eso fue hace más de un mes, ¿vas a seguir molestando por eso? Prácticamente, me enteré yo antes que Camus, ¿qué querían que yo hiciera?

—Debes estar más pendiente, mi amor —sostuvo tomando asiento en la cama en lo que Violet lo fulminaba con la mirada—. Mira, si la diosa Athena no hubiera ido al Olimpo a contar esta novedad, jamás nos habríamos enterado de esa ruptura.

—Total —dijo ella tratando de ponerse el corcel para luego darle la espalda al juez, esperando a que éste le subiera la cremallera quien después de un largo vistazo sobre la figura de la chica hizo lo que se le pedía—, si el señor Hades, solo está interesado en Milo y Shaina, ¿qué le importan las otras parejas?

—Es importante, preciosa… además, él tiene en su mira, a otras parejas también.

—¿Cómo cuáles?

Minos observó los intensos ojos de la chica, para luego sonreír con inocencia, Violet no podía enterarse de que ella estaba entre la lista de favoritos del dios del inframundo.

—Otras parejas —comentó con rapidez—, cualquiera puede ser la indicada, tú sabes.

—Deja de mirar mis pechos —manifestó ella al notar la vista el juez en su busto—, ¿Naomi y Shun son parte de las parejas que el señor Hades tiene en su mira? Sería más fácil para mí, saber que parejas le interesan para enfocarme solamente en esas.

—Primero —Minos levantó un dedo para dar mayor claridad a sus palabras—; tienes unos lindos pechos. —Violet rodó los ojos y el juez no se molestó en elevar la mirada—. Segundo; el señor Hades, está muy interesado en todas las parejas del Santuario. Así que debes enfocarte en todas, mi amor. Lo de Antlia y Andrómeda, no fue una buena noticia para nuestro señor.

—No importa, tal vez ellos dos vuelvan a estar juntos.

—¿Tú sabes algo?

—No lo sé. Eso hacen las parejas, ¿no? Terminan y vuelven.

—Sí —resopló haciendo volar un mechón de cabello—. Todo bobo es de buenas. Y hablando de bobos con buena suerte, ¿cómo vas con Acuario?

Violet observó al juez escéptica y no muy convencida de la pregunta que le hacía.

—Él y yo somos amigos. Te lo dije hace tiempo, ¿recuerdas? A él le interesa la doctora Ana María.

—Oh, sí —contestó él apresurado, de no callarse revelaría el que Hades esperaba que el espectro y el santo de Acuario fueran los padres del cuarto guardián—. ¿Cómo va ese santo con la doctora?

—Bueno, eso no se concretará rápido —explicó ella caminando hasta el tocador para recoger su cabello en una coleta—. Camus no está seguro de iniciar una relación, creo que está… asustado.

—Típico.

—Tú no sabes nada —resopló ella, Minos pudo notar algo de amargura en sus palabras—. No entiendes por la situación que él está pasando. Así que no hables de lo que no sabes. —Violet se levantó con violencia y con largo paso intentó llegar hasta la puerta para marcharse.

—Lo siento. Pero más te vale, preciosa —expuso arrinconando a la chica contra la pared para observarla con intensa mirada—, no perder detalles de lo que sucede en ese asqueroso lugar llamado Santuario, no querrás que nuestro señor se moleste. Ni a él, ni a mí nos importaría acabar con este rostro tan bonito. —Finalizó rozando sus labios con los de Violet, quien se mantuvo en su lugar sin siquiera parpadear, lo que hizo que el juez sonriera con cinismo ante la valentía y osadía de la joven.

—Disculpe, mi señor Minos —escupió y no intentó apartarse del hombre, se mantuvo firme aun cuando los labios del juez estaban tan cerca de los suyos y su pecho era apretado por el torso del guerrero—. Le aseguro que no volveré a equivocarme de esa manera.

—Más te vale, pequeña niña —dijo Minos ahora acariciando los labios de la chica con la yema de su dedo índice—. La verdad disfruto mucho de tu bella presencia, no me hagas enojar.

—Estoy completamente aterrorizada —comentó cínicamente—. Pero no olvide que yo también sé defenderme. —Una daga fría en la entrepierna del juez lo hizo brincar, ella fue muy rápida con aquel objeto.

—¿Intentas amenazarme? —preguntó acorralándola más.

—¿Quieres perder tu hombría? —interrogó ella apretando la daga contra la ingle del hombre, en lo que ahora era ella quien rozaba sus labios con los de él.

—Eres muy valiente, muñeca —expuso finalmente liberando a la joven—, no pierdas tu ímpetu, es lo que más me agrada de ti.

—De todos los jefes del mundo, tenía que tocarme un maldito acosador. —Violet se dio media vuelta para caminar hasta la salida—. ¡Deja de mirar mi trasero!

—Tienes un trasero muy lindo —dijo él marchando tras ella.

Universidad Nacional y Kapodistrian de Atenas.

Shun caminaba por la facultad releyendo un libro, cuando uno de sus compañeros lo llamó fuertemente por su nombre, lo que hizo que el santo se detuviera a mitad de camino.

—Elián —saludó Andrómeda—. ¿Cómo te fue en el examen?

—Bien, Shun. Muchas gracias. De no haber sido por ti, hubiera estado perdido.

—Me alegra mucho.

—Quiero pagarte por el favor —dijo el chico abriendo su mochila.

—No es necesario —Shun habló con rapidez levantando las manos.

—Por favor, tú me explicaste todo muy bien. Jamás hubiera pasado ese examen. Me salvaste la vida, amigo. Así que. —Elián dio un rápido vistazo a su alrededor—. ¿Quieres algo de aquí? —interrogó dejando ver el contenido de su maleta.

—¡Oh! —Shun no esperaba aquello, la maleta de su compañero no traía precisamente libros—. No me interesa, pero gracias.

—Vamos amigo, a veces necesitamos un poco de ayuda. Un par de estas pastillas te mantendrán muy alerta.

—Estoy bien así, yo puedo solo.

—Yo no vendo esta mercancía económica. Tengo mucha clientela, aunque no lo creas —guiñó un ojo—, así que esto es un gran agradecimiento para ti, recíbelo sin tanto recelo.

—En serio Elián, estoy bien así. No tienes por qué agradecer.

—Sí, tú eres un niño bueno, ¿pero sabes qué? —dijo sacando un libro de su maleta mientras que con disimulo metía entre las páginas un par de filtros blancos—. Gracias por prestarme este libro.

—¿Eso era marihuana? —preguntó en voz baja recibiendo el texto en lo que el otro sonreía socarronamente—. No la quiero.

—Créeme, en algún momento la querrás, gracias por todo amigo —expuso alejándose del lugar.

—Señor Shun. —La voz del profesor Calix hizo que Andrómeda diera un ligero brinco.

—Sí.

—Señor Shun, es usted un excelente estudiante, sus calificaciones son las mejores, así que le recomiendo que se aleje de ciertas amistades —comentó en tono ácido—. El señor Elián, no es de mis alumnos favoritos, es un chico tramposo que considero no llegará muy lejos, aunque me he equivocado en otras ocasiones, pienso que esta no será la excepción. Pero tengo mucha fe en usted y en lo que puede llegar a lograr, señor Shun. No importa que tan duro esté el camino, usted debe aprender a viajar ligero y a no mirar atrás. No tiene nada de malo, señor Shun, ser un poco egoísta.

—Muchas gracias, profesor. Tendré muy presentes sus palabras.

—Me alegra mucho, señor Shun. Por favor no descuide sus asuntos, ni se afane por personas que solo serán obstáculos en su futuro.

Andrómeda sonrió con inocencia, intentando darle la razón a su maestro, pero no muy seguro de la amargura de esas palabras, por su parte Calix, observó al muchacho por un periodo corto, para luego girar sobre sus talones y continuar con su camino.

—Shun.

El chico volvió a brincar, ¿acaso era el día de asustar a Shun?

—Hola, Algol —saludó el joven—. ¿Te puedo ayudar en algo? ¿Le pasó algo a Saori?

—Ella está bien —dijo el plateado con voz tranquila—. Aunque creo que algo le pasa, la señorita ha estado todo el día sentada en la cafetería y no ha querido entrar a ninguna de sus clases. En realidad, estoy preocupado y en vista que yo no soy un amigo de ella, como sí lo eres tú, pensé…

—Claro, iré a hablar con ella. Gracias por avisarme.

Shun guardó el libro que sostenía en su mano en la maleta olvidando el contenido de este para luego dirigirse a la cafetería donde efectivamente Saori estaba sentada en una de las mesas más alejadas con la vista fija en ningún punto en particular.

—Hola —saludó él acercándose lentamente—. ¿Cómo estás?

—Bien —contestó ella, su voz era suave y algo ausente.

—Argol me dijo que no has entrado a ninguna de tus clases. ¿Te pasa algo malo?

—Perseo es un soplón —refutó girando entre sus manos su celular—. ¿Por qué tenía que decirte eso?

—Se preocupa por ti —contestó él sin darle mucha importancia y mirando fijamente a la diosa—. ¿Qué pasa? Me ocultas algo desde hace tiempo. Sabes que puedes contar conmigo —continuó colocando una mano sobre las manos de la chica—. Dime.

—Tengo muchos problemas. Pero hay uno en particular que me está provocando el día de hoy una fuerte jaqueca.

—¿Y qué es?

Saori dejó el celular sobre la mesa mientras se llevaba las manos al rostro para suspirar con fuerza.

—Julián —susurró con tanta claridad que Shun no tuvo que esforzarse para escuchar—. Él… hay muchas posibilidades de que me esté siendo infiel.

Shun quiso decir algo, pero las palabras se le fueron, quería decir que aquello no era posible, pero una parte de él le decía que Julián Solo, sería capaz de eso y mucho más, por lo que prefirió callar y esperar por más información.

—Hace tiempo —continuó Saori— estaba con Julián viendo una película, y le entró una llamada. Yo estaba en el ángulo perfecto para ver su celular, la llamada era de una tal Ibeth, llamada que él rechazó, la verdad no le di importancia, él estaba conmigo y supongo que no quería que nadie nos molestara, pero… él, luego hizo algo extraño y fue: entrar a su registro de llamadas y borrar deliberadamente la de Ibeth. Y me pregunté: ¿Por qué? No le di más vueltas al asunto y lo dejé pasar.

Saori infló sus cachetes para luego dejar escapar el aire contenido, su mirada se fijó primero en los grandes prados de la universidad e inmediatamente se posaron en los cálidos ojos de Shun que la animaban a continuar.

—Tiempo después, estábamos juntos nuevamente e Ibeth volvió a llamar, esta vez el celular estaba a plena vista y me tomé la molestia de preguntar, quien era ella. Él me contestó que Ibeth era una compañera de la universidad que está obsesionada con él, locamente enamorada y muchas cosas más, me dijo que ella no lo dejaba en paz.

—¿Le creíste?

—Una parte de mí sí lo hizo. Otra seguía dudando. Pero hace unos quince días, Ibeth me llamó.

—¿Ibeth te llamó? —Shun abrió ampliamente los ojos—. ¿A ti? ¿Directamente?

—Sí. Me dijo algo muy curioso. —Saori refunfuñó para luego agregar—: Ella me pidió encarecidamente dejar de hostigar a Julián. Sí, esa misma cara hice yo —continuó al ver el desconcierto en el rostro de Shun—. Resulta que Ibeth es "novia" de Julián desde hace tres meses, y el muy cretino le dijo a ella, que yo no dejaba de acosarlo después de que él al ver que esta relación no funcionaba decidió acabar. El cretino me pintó como la ex demente que lo acosa. ¿Puedes creerlo? Desde luego me vi en la obligación de explicarle a Ibeth que yo, sigo siendo la novia de ese imbécil, por lo que… decidimos atraparlo el día de hoy.

—¿Le van a poner una trampa?

—Sí —sostuvo con firmeza—. Él no hace nada más que mentirnos, así que lo vamos a desenmascarar el día de hoy. La verdad, estoy preocupada por como pueda resultar esto. Shun, yo no sé cómo voy a reaccionar.

—¿Qué quieres hacer realmente?

—Darle un golpe en las pelotas.

—Me encanta tu forma de pensar.

—No puedo creer que Julián sea tan cretino.

—¿Quieres que te acompañe? —Shun sonrió divertido.

—¿Lo harías? Serías de gran ayuda. No quiero hacer esto sola.

—En realidad quiero ver como le rompes las pelotas a Julián. —Saori soltó una pequeña carcajada—. Te hice reír. Te ves mucho más bella así. Gastarle energía a un hombre como Julián no vale la pena.

—Pero necesito verlo.

—Lo sé, e iré contigo.

—Gracias.

—¿Y cuál es el plan? —Andrómeda frotó sus manos de manera maliciosa.

—Ibeth lo citó esta noche en un restaurante exclusivo para parejas. Yo llegaré después.

—Perfecto.

—En realidad, el que tú me ayudes es fantástico. Al restaurante no me hubieran dejado entrar sin compañía.

—Creo que conozco ese restaurante —expuso con mirada pícara mientras Saori sonreía esperando escuchar más sobre ese lugar—. Al restaurante no vas únicamente a cenar, tienes un espacio íntimo donde aparte de comer puedes juguetear con tu pareja. La adrenalina de que alguien pueda verte o escucharte es interesante.

—¿Los demás pueden verte?

—No, de hecho, cada mesa está separada por cubículos, todo el lugar está diseñado para que no te puedan ver desde las otras mesas, pero si alguien se pasea por ahí puede verte sin problema. Y siempre hay algún mesero por ahí haciendo su trabajo, sin contar que, los separadores son algo delgados, por lo que si prestas bien atención puedes escuchar lo que hablan o hacen en la mesa que tengas al lado.

—Eso es… interesante. —Sostuvo entre confundida y excitada, pero su semblante cambió rápidamente—. Eso quiere decir que Julián sabe a qué va.

—Pienso que es el lugar perfecto para atrapar a un infiel.

—¿Conociste ese lugar por Naomi?

—Sí —contestó Shun divertido y en su rostro se dibujó una sensual sonrisa al recordar viejos e interesantes tiempos—. Sí —volvió a decir, esta vez en tono serio. Saori no pudo evitar reír en lo que negaba con la cabeza.

Alrededores del Santuario.

June caminaba tranquila haciendo un ligero recorrido cuando sus ojos se posaron en la magnífica figura de su novio. Shura, reía divertido a una prudente distancia esperando fascinado a que su linda y deslumbrante novia se le acercara. No la dejó hablar, apenas la tuvo cerca la tomó por la cintura plantándole un gran y sensual beso que por poco la hace desfallecer.

—¿Qué fue eso? —dijo ella sonrojada.

—Me gustas tanto —comentó él en lo que sus manos tocaban con insistencia el cuerpo de la chica.

—Espera, Shura —pidió ella tratando de alejarse, pero Shura la tenía cada vez más acorralada—. Shura, amor.

—Vamos, nadie nos verá.

—Oye en serio, basta. —La voz de June sonó autoritaria—. Luego tendremos tiempo para nosotros, pero no voy a hacer el amor aquí —señaló.

—Te prometo que seré rápido —acotó besando nuevamente a la chica.

—¡No, Shura! —La amazona se vio en la necesidad de levantar la voz. Capricornio la observó desilusionado—. No sé qué pasa contigo últimamente, pero este no es el lugar para demostrar nuestro amor.

—Pensé que sería buena idea salir un poco de la rutina —expresó, aunque su tono sonaba molesto, su semblante intentaba parecer tranquilo.

—Tal vez podamos ir a un hotel esta noche. ¿Te parece?

—Sí, estaré en mi templo. Que tengas un lindo día. —Se despidió dándole un pequeño beso a la joven, quien suspiró abrumada.

Shura caminó a grandes zancadas, estaba caliente, muy caliente. Ese día en particular se había despertado con muchas ganas y estas aumentaron al pasearse por el campo de entrenamiento de las amazonas, donde observó a Geist pelear con mucha alevosía, misma alevosía que lo hizo recordar como ella se arrojaba contra él en cada rincón del Santuario. El campo de entrenamiento había sido profanado por ellos en el pasado, en las frías noches, en medio de la nada ambos disfrutaron hasta el cansancio. Y es que, desde la llegada de la amazona de los abismos, Shura no había hecho otra cosa que recordar, y por eso cuando se topó con June, no pudo evitar querer hacer lo mismo que hacía con Geist, pues ese lugar donde andaba Camaleón era el favorito de los amantes de antaño.

June no era como Geist, jamás lo sería, él lo tenía muy claro y era esa inocencia y bondad que él tanto amaba de Camaleón, pero en ocasiones quería más, un poco más de brusquedad, de lujuria, de iniciativa. June era hermosa, pero sí él no empezaba con el jugueteo no pasaba nada, en ocasiones simplemente se acostaban uno al lado del otro, simplemente, a dormir. No iba a negar que la presencia de Geist lo abrumaba y de cierta manera jugaba suciamente en su contra. La amazona de los abismos seguía siendo bella y muy sexy, tenía esa mirada pervertida que cada cuanto dirigía únicamente a él, esa mirada que muchas veces lo llevó a perderse entre las piernas de la pelinegra.

¿Cuál era la intención de Geist? Seguramente molestarlo, eso era claro. Ella de alguna forma quería vengarse. Tenía claramente el corazón roto, él se encargó de destrozarlo hasta hacerlo añicos. Aun cuando él supo que ella estaba enamorada, siguió el juego omitiendo los sentimientos de Geist con la única intensión de disfrutar de ella cuando quisiera. La ignoró tan deliberadamente que ella al final dijo: 'no más', y se marchó, lejos, muy lejos, aun cuando eso significaba perder su título y reputación.

En el momento él no sintió el menor remordimiento. Se escudaba en haber dejado las cosas claras desde el principio y se pavoneaba diciendo que la culpa era únicamente de ella al haber mezclado sentimientos con el placer. Pero con el tiempo entendió que le había hecho daño a Geist, que ella no era una niña confundida que creía estar "enamorada". Que ella de verdad se había enamorado y que él hizo de ese primer amor un infierno, y le demostró cruelmente a Geist que el amor duele.

Intentó disculparse, vaya que sí lo hizo. Muchas veces buscó a la amazona para pedirle perdón, pero ella jamás le creyó. —Y tampoco tenía razones para creer ni una sola de sus palabras—. Pero había algo que Shura recordaba al pie de la letra. Geist le amenazó:

«Te vas a arrepentir Shura de Capricornio. Algún día pagarás cada una de mis lágrimas»

Él no se tomó esas palabras a la ligera, ese día ella se veía distinta, amenazante, peligrosa y despiadada. Shura, ese día no pudo evitar sentirse aterrado.

Divagando y recordando no notó en qué momento llegó hasta el templo de Capricornio donde al cruzar el umbral dejó caer los hombros y respiró a profundidad.

—¿Qué te tiene tan acongojado? —preguntó una voz femenina. Shura levantó la vista pare encontrarse con los ojos de Geist. Karma.

—¿Qué haces aquí? —Intentó que su voz no sonara ruda, en ocasiones al ver a la amazona se exacerbaba. No confiaba en ella.

—Estaba llevando un informe al Patriarca —contestó señalando hacia atrás—. Oye, no me mires como si fuera tu enemiga.

—Perdón.

—Tus disculpas siempre han sonado tan fingidas —expuso con sarcasmo, haciendo que Shura frunciera el ceño—. ¿Nadie te lo había dicho?

—Únicamente tú.

—Entonces no sueles disculparte muy seguido.

—¿Ya te vas?

—¿Pero por qué tanto recelo? En algún tiempo nos llevábamos muy bien. ¿Lo recuerdas? Yo recuerdo que lo hicimos un par de veces en esas escaleras. —Geist humedeció sus labios con lujuria en lo que la mente de Shura daba un rápido repaso. Esas escaleras no se escaparon de ellos—. ¿Acaso hubo algún lugar donde no tuvimos sexo?

—Sí, la estatua de Athena —contestó negando, pero no estaba molesto, más bien divertido al recordar aquella bizarra propuesta.

—Oh, sí. Dijiste que no.

—Claro que dije que no —respondió relajado—. Ibas muy lejos niña.

—Era una broma. —Acordó ella—. Jamás me hubiera atrevido a tanto. Es nuestra señora, le debemos respeto.

Shura sonrió divertido para luego observar a Geist y luego el templo.

—Nunca lo hicimos acá —acotó él. Una forma de mantener a Geist lejos.

—Sí, lo recuerdo. No querías que nadie supiera lo que había entre nosotros —dijo con algo de amargura—. Pero siempre me excito la idea de tener sexo en este lugar. Lo curioso es que nunca tuvimos nada en este templo, pero si a las afueras de él. Era muy ambigua tu forma de pensar. Cualquiera pudo vernos en esas escaleras.

Shura dio un rápido vistazo a las escalinatas. Recordaba con lujo de detalles esa tarde y lo candente que fue todo. Ella solo pasaba por ahí y él al verla la arrastró hacia un rincón apartado donde se desahogó satisfecho.

—¿Tu mente te traiciona? —preguntó ella acercándose al santo sin ningún recato—. Puedes decir lo que quieras, pero se nota que no me has olvidado.

—No te creas tan especial, Geist.

—No —dijo pasando su mano por el pecho del guerrero—, yo solo fui una molestia cuando te dije que te amaba. Cuando dije que quería algo más que una aventura ya no te serví.

—Sí lo dices de esa manera suena despiadado. Tú y yo nos estábamos divirtiendo, no entiendo…

—Cierra la boca. Tuviste miedo Shura de Capricornio. Cobarde. —Geist dio media vuelta dispuesta marcharse, pero no logró dar ni un solo paso, Shura la tomó por la muñeca haciéndola retroceder—. ¡Suéltame!

—No soy ningún cobarde —expuso, su mirada era intrigante, estaba molesto por las palabras de la chica, por su osadía y soberbia, pero, por otro lado, al tenerla tan cerca pudo saborear su perfume y sus labios carnosos se le hicieron provocativos—. Tú lo sabes. Sabes muy bien, que no soy así.

Ella sonrió ladinamente y Shura supo lo que esa sonrisa significaba. Siempre lo supo. Con brusquedad la atrajo hacia él y sin pedir permiso la besó con violencia. Geist no protestó y de la misma manera correspondió el beso, donde Capricornio la elevó para que ella enredara sus piernas en las caderas del guerrero. Pero él estaba incómodo, así que en un par de zancadas llegó contra una pared donde sin miramiento destrozó la blusa de la chica quien gruñó por lo bajo al sentir su ropa desgarrarse.

—Espera, espera. —Ella intentó alejarse, pero la boca de Shura estaba concentrada en su trabajo—. Espera —volvió a pedir ella entre jadeos—. Espera, no podemos hacerle esto a June —acotó sacando fuerza para alejar al hombre quien al escuchar el nombre de su novia recobró la consciencia.

—Tranquilos, no se preocupen por mí.

Ninguno de los dos había reparado en la presencia de la rubia. ¿En qué momento llegó? Se preguntó Shura soltando a Geist, la cual se deslizó por la pared.

—¿Puedo explicarlo? —comentó él rápidamente, mientras Geist fruncia el ceño y June cruzaba los brazos en lo que con la punta de su pie derecho generaba un insistente ruido.

—¿Qué vas a explicar? —preguntó la rubia.

—Sí, ¿qué? —La voz de Geist sonó bastante socarrona.

—Linda, por favor.

—No me toques —ordenó June al ver a su novio acercarse a ella—. Me habías dicho que no la conocías, y ahora te encuentro con ella en una posición que no te deja muy bien.

—June es mi culpa —comentó con rapidez Geist—. Por favor. No sé en qué estaba pensando.

—Tú ni me hables —respondió furiosa la otra—. Yo… quiero que ambos se mueran.

Camaleón se giró con brusquedad y con los ojos inundados de lágrimas marchó escaleras abajo.

—¡June! —llamarón los otros dos en unísono corriendo tras ella.

—Aléjate de mí, Shura —demandó la rubia, su rostro estaba enrojecido y aunque no paraba de llorar, nada le impedía dar una buena pelea con cualquiera de los dos—. Si te me acercas un milímetro más, voy a sacar fuerzas de donde no las tengo para asesinarte.

—Por favor, June —esta vez fue Geist quien habló—. Sí, nos equivocamos, somos un par de idiotas, pero…

—No intentes ser mi amiga, tú y yo hemos estado muy lejos de eso. Jamás te ha importado nadie más que tú misma. Si alguno de los dos intenta buscarme, si alguno de los dos se me acerca, no responderé por mis actos. Así que háganme un favor y mátense.

Tanto Geist como Shura se quedaron en su lugar, ninguno se atrevió a marchar tras la rubia. Capricornio se giró rápidamente hacia la amazona de los abismos, su mirada había cambiado drásticamente, ahora una furia adornaba sus ojos. Geist sonrió con cinismo, pensando en la retahíla que le iba a proliferar el santo. Ella no era la única culpable de lo que pasó, ambos estaban metidos en ese problema. Sí Shura quería buscar un culpable, lo mejor que podía hacer era mirarse al espejo.

—Lo hiciste a propósito.

—¡Vete al diablo! —contestó ella reteniéndole la mirada, pero Capricornio no dijo nada, sus fríos ojos se posaron en una persona que los observaba desde hace tiempo.

—Más te vale no volver aparecerte en mi camino —le dijo Shura a Geist quien hizo un gesto de indignación, el dorado volvió sobre sus pasos para alejarse de la guerrera.

—¿Era por él que no querías volver? —Geist dio un ligero brinco, a diferencia de Shura, ella no había reparado en la presencia del Dragón—. ¿Sí? —Ella quiso decir algo, pero las palabras no acudían—. No importa —continuó quitándose la camisa para ponerla sobre los hombros de la amazona, Geist recordó que su torso estaba descubierto y que su blusa destrozada descansaba en los pisos del templo de Capricornio—. ¿Estás bien? —Ella negó.

—Sé que no quieres hablarme Shiryu. —Aunque la voz del Dragón intentaba ser armoniosa, Geist reparó en que los ojos de este estaban inundados de auténtica rabia, jamás había visto a Shiryu así.

—Espero que puedas arreglar tus problemas pronto —dijo siguiendo con su camino y ni por un momento se atrevió a mirar atrás.

Grecia.

Shun conducía por las calles de la ciudad, a su lado Saori era un manojo de nervios, la pobre retorcía sus manos y apretaba los labios sin cesar.

—Basta —ordenó Shun—. Deja de hacer eso.

—Tengo muchos sentimientos encontrados. Siento rabia, tristeza. Estoy desilusionada y estoy molesta conmigo misma.

—¿Por qué estás molesta contigo? Nada de esto es tu culpa.

—Sí consideré lo del matrimonio con Julián —dijo finalmente—. Yo, no quería dañarlo… no quería… —Saori suspiró—. No quería hacerle a Julián lo que Naomi te hizo a ti.

Shun frenó con brusquedad, logrando que un conductor tras de ellos dejara salir un montón de improperios en lo que los rebasaba.

—Dijiste que de casarte lo harías estando enamorada y nunca llegaste a amar a Julián de esa manera. ¿Por qué Saori?

—Shun, no es tan difícil de entender. Por un lado, estaba la asfixia por parte de Shion y Zeus sobre mi legado como Athena y heredera Kido y por el otro —apretó los puños—, no me pareció justo desairar a un hombre que supuestamente me amaba. Pensé que tal vez podría vivir con eso, hacer lo que todos esperan de mí. Pero no puedo Shun. Estoy harta de siempre estar siendo señalada y de no poder mover ni un misero dedo porque siempre hay alguien observando lo que hago. No quería equivocarme más. Pero no soy perfecta.

—No, no eres perfecta. Podrás ser la reencarnación de Athena, pero sigues siendo humana, tan humana como cualquier otro. Deja de pensar en los demás —sonrió al recordar las palabras de su profesor ese día en la mañana—. No tiene nada de malo pensar solamente en ti de vez en cuando. ¿Sabes que te digo? ¡Que se vayan a la mierda todos! —Saori rio divertida—. Dilo.

—¡Que se vayan a la mierda todos! —bramó ella.

—¡Que se vayan a la mierda todos! —gritaron en unísono para luego carcajearse.

—¿Te sientes mejor? —preguntó él.

—Sí.

—Entonces vamos a romperle las pelotas a Julián.

Campo de entrenamiento

Narella estaba sentada en las gradas en compañía de Ángelo viendo el atardecer, la amazona descansaba sobre el pecho del guerrero cuando alcanzó a divisar a su compañera June pasar a grandes pasos rumbo a las mazmorras femeninas. La italiana se incorporó viendo marchar a su amiga, acto seguido se giró hacia su novio.

—Me tengo que ir —le dijo, para Cáncer no pasó desapercibido el comportamiento de la otra amazona, por lo que entendía la preocupación de su novia.

—Dale —apoyó—. Hablamos después. No te preocupes.

—Eres el mejor —comentó ella corriendo tras su compañera.

June fue bastante rápida, en un par de minutos ya se encontraba en la cabaña y cuando llegó a ésta se sintió confundida y mareada, sus manos temblaban muy rápido, su piel estaba fría y sentía que sudaba y no precisamente por calor. Estiró el brazo con dificultad hasta poder sostenerse del sillón, ya allí se dejó caer y hasta el momento no había sido consiente que tenía la cara empapada por las lágrimas. Sola, en la profundidad de su cabaña perdió toda fortaleza y se echó a llorar con mucha fuerza.

—June —Narella entró en la cabaña, al ver a su amiga envuelta en un mar de lágrimas, se arrojó hasta ella para intentar consolarla—. ¿Qué te pasó? Dime, ¿a quién hay que matar?

No hubo respuesta por parte de la rubia, por lo menos no de inmediato, Camaleón siguió llorando hasta que sintió que ya no había forma que su cuerpo pudiera fabricar una lágrima más. Estuvo por largo tiempo en completo silencio con Narella como compañía. La de Sextante esperó hasta el último segundo, hasta que por fin June se atrevió hablar.

—Descubrí —la voz de June se quebró, el nudo en su garganta no la dejaba hablar con fluidez—. Descubrí a Shura con Geist —soltó, Narella se quedó en silencio procesando la información—. Estaban en el templo de Capricornio. Se estaban besando y… —Las lágrimas volvieron a traicionarla.

—Oye, tranquila. ¿Tú crees que ella…?

—No —interrumpió abruptamente June—. Ella pudo ponérsele en cuatro, era obligación de él decir que no. Ella a mí no me debe nada, mi compromiso era con Shura. Él fue el que me traicionó. Shura me ha mentido desde el primer día. Yo solo he sido su muñeca de porcelana con la que él se divierte de vez en cuando.

—Sé que esto es muy difícil, pero no te desgastes por él.

—Lo odio. Y también odio a Geist. Yo no le he hecho nada malo a ella, ¿por qué ella…?

—Quisiera tener la respuesta —expuso abrazando una vez más a June—. Lo importante es que no vuelvas con él.

—¿Por qué volvería con él?

—Porque a veces no tenemos el suficiente coraje para decir que no. Porque a veces pensamos ingenuamente que el amor lo soluciona todo, y no solo eso, a veces le tenemos más miedo a la soledad que a aceptar la realidad. Nos equivocamos, todos los días y el volver con la persona que nos lastimó hace parte de esos errores. Solo trata de no caer en él.

—Mejor me voy a dormir, estoy muy cansada.

Templo de Géminis.

Kanon estaba preparando la cena en lo que los ojos de Ivonne lo seguían de aquí allá. La doctora aún no podía creer que un mes atrás, ambos estaban pasando por una situación tan tensa que la llevó a pensar en acabar aquella relación, pero Kanon era muy insistente, ella lo sabía más que nadie, era fiel testigo de lo terco que podía llegar a ser el gemelo, por lo que no le sorprendió que el santo tuviera un cambio muy drástico, aún no era perfecto, él todavía tenía sus fallas, pero bueno, nadie es perfecto en el mundo. Kanon no lo era, claro que no, pero hacía lo que podía. Igual estaba ese miedo, ese miedo que no se apartaba tan fácilmente: ¿Cuánto más iba a durar ese lado agradable de Kanon?

—Espero que lo disfrutes, mi diosa —dijo el exgeneral colocando un suculento plato delante de la griega.

—Oh, todo se ve muy delicioso —acotó ella para luego junto a su novio degustar de los alimentos.

Luego de una agradable cena, Ivonne levantó la mesa dejando los platos en el fregadero para después observar al exgeneral con malicia.

—Te has portado muy bien, Kanon —expuso, su tono era dulce y un tanto pícaro—. Te mereces un premio. —Ivonne caminó lenta y seductoramente hacia el santo, quien levantó ambas cejas esperando una exquisita recompensa—. Creo que esto te gustará —continuó ella metiéndose bajo la mesa para posicionarse entre las piernas del dorado.

—¿Oye, que haces? Sí, sigue —dijo al sentir como la mano de su novia se deslizaba entre su pantalón, lo que hizo la doctora después hizo gemir al guerrero. La boca de Ivonne estaba en el lugar preciso.

—Hola hermano —saludó Saga sin mirar a Kanon quien cambió rápidamente su expresión y se tensó en el lugar—. Huele delicioso —continuó—. Gracias por dejarme algo —expuso al ver el pequeño bocado que había quedado en las ollas—. ¿Algún problema? —Esta vez observó a su gemelo quien parecía muy serio, contrario a lo que hubiera esperado Kanon, Ivonne siguió en su trabajo aprovechando que el largo mantel la tenía completamente cubierta—. ¿Oye que te pasa?

—Nada —contestó el otro intentando que el tono de su voz no lo delatara—. Te prepararé algo ahora. Vete, te lo llevo después.

—¿Estás enfermo? —dijo Saga caminando hasta Kanon para mirarlo muy fijamente, el exgeneral hacía lo posible porque sus expresiones no lo dejaran en descubierto, Ivonne estaba haciendo un magnífico trabajo bajo la mesa—. Te ves raro. ¿Qué tienes?

—¿Quieres largarte? —Kanon apretó los dientes, pero ni su peor mirada hizo retroceder a Saga que como el curioso que era siguió en su lugar.

—No me iré hasta que no me digas que pasa —sonrió para luego sentarse en el comedor haciendo que los ojos de Kanon se abrieran de par en par. Un ruido bajo la mesa llamó la atención del mayor.

—¡Vete, Saga! —ordenó furioso antes de que el otro pudiera ver que había bajo la mesa. Después de unos segundos el mayor de los gemelos recopiló tanta información como pudo para entender lo que estaba pasando.

—Acaso —señaló bajo la mesa y en un susurro dijo el nombre de Ivonne, a lo que Kanon respondió firmemente que sí—. Me voy. Hablamos ahora. —Finalizó saliendo rápidamente de la cocina.

Cuando Kanon sintió a su hermano lo suficientemente lejos dejó escapar toda la presión en su interior, y en un gemido golpeó su cabeza con la mesa, acto seguido Ivonne salió con una divertida sonrisa.

—¿Te gustó mi amor?

—Si notaste que Saga estaba acá, ¿cierto?

—Obvio sí —contestó ella con malicia, en lo que Kanon suspiraba abrumado.

—Fue divertido, pero malo, muy malo.

Grecia.

Shun y Saori llegaron al restaurante donde la última descubriría a Julián, al entrar en el lugar fueron escoltados hasta una mesa vacía y si todo salía bien y la jugosa propina que la rencarnación de Athena le dio al mesero era suficiente, al heredero Solo lo ubicarían justo detrás de ella. No pasó mucho tiempo cuando Ibeth y Julián se presentaron en el sitio. Ambos iban tomados de las manos en lo que el peliazul insistía en buscar el cuello de la chica para besarla.

Pasaron por enfrente de la mesa de Saori y Shun, pero el millonario no notó su presencia, y sin importancia tomó asiento en el lugar indicado por el mesero.

—¿Me gusta venir mucho a este lugar? —Escuchó Saori a Julián.

—Lo sé amor, por eso quise que viniéramos —sostuvo Ibeth.

Saori suspiró molesta para luego tomar su teléfono y marcar el número de Julián, Shun sonrió por lo bajo y el efecto fue el que quería la reencarnación de la diosa. El joven Solo rechazó la llamada.

—¿Quién era? —escuchó la pregunta de Ibeth—. ¿Tu ex otra vez?

—Sí, es muy molesta —dijo Julián—. Siento lástima por ella. No entiendo por qué una mujer como ella puede humillarse, me molesta.

—Tal vez tú eres un cretino. —La voz de Ibeth sonó molesta.

—¿Cómo dices?

—Que eres un cretino, ¿estás sordo? —Julián se echó para atrás al ver la figura imponente de Saori delante de él.

—Linda —titubeó poniéndose de pie para luego posar sus ojos en Shun quien no podía parar de reír—. ¿Me estás engañando con ese imbécil?

—No intentes desviar la atención. —Saori se irguió más—. Sabes muy bien que estoy haciendo acá y porque Shun me está acompañando.

—Si como no.

—Eres tan cínico Julián —cuando Ibeth tomó la palabra el heredero no pudo evitar tragar saliva—. Me dijiste que ya no tenías nada con ella.

—Te dije —expuso Solo mirando a Saori—, que es una compañera de la universidad, está loca. Tuve que aceptar venir para qué dejará de molestarme.

—¡Ay, que cínico eres! —gritó la otra chica.

—Disculpen, pero debo pedirles a todos que se retiren —pidió un mesero, todas las miradas estaban fijas en ellos cuatro.

—No se preocupe yo ya me voy —dijo Saori dando un par de pasos hacia Julián, acto seguido le dio un fuerte rodillazo en la entrepierna del peliazul quien se puso morado y cayó sobre su asiento.

—Yo también me largo —apoyó Ibeth quien no esperó a que Julián se recuperara dándole un fuerte puño en la cara.

—¡En el rostro no! —bramó el joven Solo.

—Deberíamos ir por una cerveza —sugirió Ibeth.

—Apoyo la moción —expuso Saori.

—Yo invito —ofreció Shun en lo que los tres salían del lugar mientras Julián se retorcía del dolor.

—Señor, debo pedirle que se retire —acotó el mesero a Julián con una burlesca sonrisa.

Templo principal

Al otro día Saori se levantó más tranquila, apenas y había compartido con Shun e Ibeth un par de cervezas la noche anterior, pero todo lo sucedido le daba algo de paz a su mente y corazón. Ibeth era una mujer hermosa e inteligente, del tipo de Julián, por lo que no le sorprendió que el heredero se hubiera interesado en ella, pero a pesar de que ambas eran muy astutas terminaron siendo engatusadas por el mismo idiota.

Al final de la noche ambas prometieron no volver con Julián, acordaron ni siquiera hablarle en todas sus vidas. Saori estaba muy segura de que no lo haría, sí, debía verlo todo el tiempo, tanto la compañía de Julián como la de ella compartían varios proyectos juntos y de los dos dependían el futuro de las fundaciones, pero eso no significaba nada. El único acercamiento que tendría con el muchacho sería exclusivamente profesional.

Saori Kido sabía muy bien que era lo que quería al respecto de esa relación, cosa que no pudo ver en Ibeth, quien de las dos parecía más afectada y se notaba que sí estaba enamorada de Julián. Saori sintió pena por ella y esperaba que al final del día Ibeth no volviera a caer en las garras de Julián.

Dejando todos sus pensamientos atrás, Saori habló con Shion poniéndolo al tanto de su separación con el heredero Solo y sus motivos que la llevaron a terminar tan abruptamente su relación.

—Estoy muy consternado —expuso el Patriarca observando la tranquilidad de la chica—. Yo pensaba que el joven Julián era un muchacho decente.

—Supongo que yo no era lo suficiente para él —soltó levantando las manos para restarle importancia al asunto.

—Usted es todo lo que un hombre desea, que el joven Julián no haya querido valorar su relación es otra cosa.

—Yo solo espero que no sigas con la idea de que debo casarme con él.

—Mi señora, jamás le pediría eso. Mucho menos después de lo que él hizo. Es inmoral, ese hombre no merece ni la mitad de su atención.

—Gracias por comprender Shion —dijo Saori todavía más tranquila.

—Pero mi señora —el tono de voz del Patriarca hizo que Saori se tensara una vez más—. Eso no significa que usted deba o sea apropiado que inicie una nueva relación.

—Shion, apenas y sobreviví a una y tú crees que quiero otra. No, tengo asuntos más importantes que atender.

—Eso espero mi señora, usted es una mujer joven, es fácil volver a flaquear.

—Yo pienso Shion —señaló con el dedo índice al hombre—, que necesitas una novia.

—Desde luego que no. Estoy muy bien así.

—Solo piénsalo. ¿Hay alguien que te interese?

—¡Señorita! —Shion se sonrojó y negando con la cabeza salió del lugar en lo que Saori se echaba a reír a carcajadas.

Continuará

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Hola, gracias por seguir acá. Hoy, varios corazones rotos y próximamente más o tal vez no *risa malvada* sí, seguramente habrá más.

Monse: Sí, Ángelo tiene un segundo nombre jajaja, Gabriel, cuentan las voces. Y bueno, Kiki salió más inocente de lo que fueron todos estos muchachos a esa edad jejeje y con Aioros uno siempre se divierte, es tan bello que dan ganas de abrazarlo y matarlo al mismo tiempo. Muchas gracias por seguir tan pendiente, un abrazo.

8D: Saga se podría decir que solo es un chismoso entrometido jajaja, pero hay que darle crédito al muchacho y el que ayudó mucho a Kiki. Y bueno, Aioros es… espacial jajaja y mira nada más, hoy nuevas rupturas y algo de infidelidad, ¿qué tal? ¿Estuvo bien la tensión así entre las parejas o querías más? Jajaja y claro, no te preocupes, más adelante los que están solitos recibirán su consuelo como es merecido. Te prometo que habrá más caos. Gracias por tus comentarios. Un abrazo.

Muchas gracias como siempre a todos, a todos: los que siguen comentando en cada capítulo (mis motivadores) y todos esos lectores fantasmas que sé que esperan por la actualización. Un abrazo. Y nos estamos leyendo.