16. Una novia para Shion

Shion repasó por sexta vez el trono patriarcal. Estaba preocupado, pero no sabía cómo manejar la situación que en su cabecita se estaba formando.

Problemas.

Era todo lo que tenía que pensar. Un problema aquí y otro problema allá, y como si no fuera suficiente, la reencarnación de la diosa de la guerra le daba más problemas. ¿Dónde estaba Saori Kido en ese momento? Shion no lo sabía, la niña diosa tenía que haber llegado dos días antes, pero a la fecha no había señales de la chica.

Estaba bien, eso era seguro. Ella misma le había dicho que no tenía nada de qué preocuparse y que iba a tardar en regresar, pero él sabía que algo más estaba pasando, conocía a la chica, la conocía tan bien, que intuía y podía jurar que después de tanto, Saori, había descubierto algo que estuvo oculto en su interior por mucho tiempo.

—¿Qué pasa amigo? —dijo Dohko entrando a la sala, Shion lo miró por un momento para luego devolver la vista al trono—. ¿Está todo bien?

—No lo sé —contestó con voz cansada—. La señorita Athena aún no regresa.

—¿Crees que algo malo pasó? ¿No sé está comunicando contigo? ¿Deberíamos ir a buscarla?

—Tranquilo —pidió Shion, si Dohko enloquecía a él no le quedaba más alternativa que hacer lo mismo—. Ella está bien. Me dijo que tardaría en llegar.

—¿Por qué tu preocupación?

—Dohko. —Shion caminó hasta uno de los ventanales para observar lo lejano—. ¿Alguna vez te diste cuenta de que Saori Kido, está enamorada?

—Ella jamás estuvo enamorada de Julián —expuso dirigiéndose hacia su amigo—. Nunca entendí por qué ella estaba con él.

—Exacto. Ella nunca estuvo enamorada del joven Solo. Puede que lo haya querido, pero no fue más que un simple cariño y aprecio.

—Me siento confundido, Shion —dijo rascándose la nuca—. ¿Puedes ser más claro?

—¿Entonces nunca notaste que ella estuviera enamorada?

Dohko respiró profundo haciendo una mueca con la boca al entender la información. Cualquiera que hubiera estado bien atento, habría reparado en ello. Lo curioso es como había salido todo y como el par de enamorados en su momento no terminaron juntos.

—En realidad —se atrevió a decir el chino—, siempre pensé, que Saori Kido le tenía un gran afecto a Shun. Y no un cariño como el que le tiene a Seiya o los otros. No. Es algo distinto.

—Es amor —continuó Shion—. Simplemente, por cuestiones de la vida, ambos prefirieron ignorarlo.

—De acuerdo, ¿qué tiene que ver eso en este momento?

—Ella está con él —soltó sintiendo una repercusión en su cabeza al pronunciarlo en voz alta—. Están juntos, en este momento, y por eso no regresan.

—Crees que ellos dos… —Dohko hizo una señal con sus manos de una unión física.

—Sí. Y esto no es bueno. No es bueno para ella, para el Santuario y mucho menos para el futuro. Athena… no. Saori Kido estaría interfiriendo directamente con el nacimiento del cuarto guardián.

Dohko guardó silencio. El Pope tenía razón, pero, por otro lado, ¿cómo ir en contra del amor, y más de un amor tan grande como el de ellos? Esperaba que los chicos no hubieran llegado tan lejos.

Japón – Mansión Kido

Y mientras Shion era un manojo de nervios en el Santuario, Saori y Shun habían olvidado todas sus responsabilidades y ahora, disfrutaban de la compañía del otro como si en el mundo no existiera nadie más que ellos dos.

No conversaron del futuro, ni del pasado, ellos, simplemente, hicieron borrón y cuenta nueva, sin importar nada, ni lo bueno, ni lo malo, ni de qué pasó realmente y si aquello era más que algo casual o ese amor que pensaron los dos, no era más que de amigos. Pero nada de eso interesaba, ellos estaban en un idilio, y, mientras se besaban en la silla colgante del jardín, un joven pelirrojo apareció con una gran sonrisa.

—Hola —saludó el chico en lo que Saori y Shun se ponían rápidamente de pie completamente sonrojados.

—¡Kiki! —exclamaron en unísono.

—¿Qué estaban haciendo? —Aunque inoportuna la llegada del más joven parecía que no se había dado cuenta de nada.

—¿Qué haces acá, Kiki? —preguntó dulcemente Saori.

—El Maestro Shion, me envió a buscarlos. Se supone que usted se encontraba muy ocupada. —Continuó Kiki observando el lugar—. No parece muy ocupada. Con todo respeto.

Shun y Saori se miraron inquietos.

—No era necesario venir a buscarme —dijo la chica—. Yo tengo planeado volver esta tarde.

—El señor Shion —acotó el más joven—, dijo: que es imperativo que usted regrese al Santuario. Que no debe olvidar su misión y su lugar.

—Vamos, Saori. —Shun colocó con delicadeza su mano sobre la espalda de la griega—. Es hora de volver. Regresemos ya.

—Tienes razón.

Templo de Géminis

La estruendosa batería de Kanon sonaba cada día con más fuerza, con el tiempo el menor de los gemelos parecía más demente y la pobre batería era la que llevaba del bulto.

—Tienes que hacer algo, Saga. Esto no puede continuar así.

—Pero ¿qué quieres que haga, Mu? —Saga estaba parado en el marco de la puerta de la habitación de Kanon junto a Aries—. El tipo está demente.

—El tipo es tu hermano.

—Está bien —suspiró—. ¡Kanon, detente! —Aunque la voz de Saga fue potente el menor no se inmutó—. ¡Basta! —Esta vez en un rápido movimiento se hizo de las baquetas—. ¡Ya no más!

—Oye, eso es mío.

—Kanon —la voz de Mu fue muy suave logrando que el gemelo se tranquilizara un poco—. No puedes seguir así. Dime. ¿Cómo te ha ido con Ivonne?

—No le ha ido —contestó Saga, el exgeneral refunfuñó—. No ha buscado la forma de hablar con ella. No ha hecho nada para disculparse.

—¿Cómo pretendes arreglar las cosas con Ivonne si no hablas con ella?

Nuevamente el menor de los hermanos refunfuñó para luego cruzarse de brazos.

—Él no va a hablar con ella.

—Ella no quiere hablar conmigo —se defendió—. Así que para que molestarme y molestarla.

—Pero tratar de hablar con ella podría aclarar…

—No pierdas tu tiempo —interrumpió Saga—. Él no la va a buscar. Uno creería que es por orgullo, pero es simplemente cobardía.

—¡¿Me llamas cobarde?!

—¡Sí, eso hago!

Kanon observó a su hermano con desdén para luego agregar con gran cinismo:

—¿Me llamas cobarde a mí? ¿En serio? Si mal no recuerdo, fuiste tú el que se atravesó el pecho después de que estuviste manipulando el Santuario por 13 años. Yo, por ejemplo, decidí expiar mis pecados peleando y entregando mi fuerza y tenacidad a la diosa. Pero tú, preferiste morir antes de dar la cara… ah, pero soy yo el cobarde.

—¡Ay, te desprecio! —Saga apretó los puños con fuerza y en un violento movimiento se arrojó sobre su hermano quien cayó al suelo sin poder hacer nada.

—Ahí van otra vez —suspiró Mu, dándose la vuelta para marcharse.

Alrededores del Santuario

—Saori y Shun aún no vuelven —le dijo Hyoga a Seiya después de un duro entrenamiento—. ¿Será que pasó algo malo o hicieron algo malo?

—¿Shun y Saori haciendo algo malo? Estás hablando de los más responsables del grupo. Dudo mucho que Shun y Saori sepan hacer algo malo.

—Yo sí creo que están metidos en problemas. —Hyoga observó a Seiya de medio lado y con malicia agregó—: Creo que ellos la están pasando muy bien, pero cuando vuelvan les va a ir muy mal.

—¿A qué te refieres?

—Shun y Saori, siempre han estado enamorados. Me sorprende que no haya pasado nada entre ellos antes, y, esta ausencia me hace pensar que por fin decidieron darse la oportunidad.

—¿Saori y Shun, enamorados? —Seiya dio un rápido recorrido por su mente—. Ahora que lo dices… creo que tienes razón y eso explica muchas cosas. Shun tiene mucha suerte.

—¿Te parece? No creo que el Patriarca vea con buenos ojos esta relación. Algo me dice que nuestros amigos van a tener muchos problemas.

—Yo los apoyaré en lo que sea. Así tengamos que secuestrar a Saori para que ellos puedan estar juntos.

—También estoy dispuesto a ayudarles.

Hyoga y Seiya se observaron con complicidad, luego de un rato continuaron su recorrido.

Aeropuerto – Grecia

—Es una pena que tengas que irte tan pronto —le dijo Ikki a Shunrei quien respiró profundo e intentó sonreír—. Te extrañaré mucho.

—Lo sé, pero nos mantendremos en contacto —sonrió la chica para luego abrazar al santo.

—También es una pena que Shiryu y Dohko no hayan podido acompañarte.

—No importa, están muy ocupados —expuso aparentando que no le importaba. Dohko sí estaba ocupado, pero Shiryu, ella no supo que pasó con él—. Yo debo seguir mi camino, ¿no?

—Desde luego —contestó con una gran sonrisa—. No hay que mirar atrás —continuó levantando el rostro de Shunrei por el mentón—. Lo importante es que seas feliz y hagas lo que más te guste.

—Dime que vendrás a visitarme pronto. De seguro tendremos más tiempo.

—Me organizaré para hacerlo, te lo prometo.

Shunrei sonrió nuevamente, esta vez su gesto fue genuino.

—Por favor, despídeme de la señorita Saori. Es una lástima que no haya podido verla antes de irme.

Ikki aceptó con gusto la invitación y con un último abrazo se despidió de la chica quien caminó tranquilamente con su maleta adentrándose en el aeropuerto, por su parte el Fénix suspiró, lamentando que Shunrei se marchara, y aunque sabía que todo iba a estar bien, no dejaba de sentirse vacío con su ausencia. Ahora, su mente viajo a otra parte, justo para recordar la imagen de su pequeño hermano. ¿Dónde estaba Shun? Un presentimiento le advertía que Shun de seguro estaba metido en un gran problema.

Templo de Acuario

Dean estaba sentado en la sala viendo la televisión en lo que Camus preparaba el almuerzo, el pequeño estaba entretenido en el programa que veía que no prestó atención cuando unos suaves labios se posaron en su cachete izquierdo. Violet sonrió enternecida al observar al infante el cual ni siquiera levantó la vista para mirarla.

—Camus —llamó la chica al observar el programa que se transmitía, el aludido no tardó en llegar a la sala—. ¿Por qué dejas que Dean vea Happy Tree Friends?

—Es un programa infantil, ¿no? —respondió sin importancia, pero al ver el ceño fruncido de la joven, decidió prestar atención al programa y no pasó mucho tiempo para darse cuenta de su error—. ¡Cielos! ¿Acaso ese muñeco acaba de perder todo su rostro? —Dean se echó a reír, Camus por su parte observó a Violet—. Verá cosas peores aquí en el Santuario.

La joven se cruzó de brazos y sonrió divertida.

—Tu hijo es un maniaco. Se burla del mal ajeno.

—¿Eso me lo dice un espectro que vive en el infierno y está acostumbrado a ver almas arder? —Violet levantó una ceja indignada—. Lo iba a aprender en alguno momento de alguno de sus tíos, de seguro a los cinco años conocerá el monte Yomotsu como me pasó a mí. ¡Maldito Cáncer!... por lo menos ese programa es mejor que la tal Pepa Pig.

—En eso tienes razón, igual es tu hijo, tú decides como traumatizarlo. ¿Qué huele tan bien?

—Estoy preparando el almuerzo, invité a Ana María a almorzar y…

—¿Ana María viene? —Violet se llevó las manos a la cara—. Mejor me voy.

—No, quédate. Tengo suficiente comida para todos.

—Por favor, Camus. Es de imaginarse que quieres estar a solas con Ana María. Si quieres me llevo a Dean para que tengan una linda velada —guiñó el ojo—. ¿No hubiera sido mejor invitarla a cenar?

—No es una cita —enfatizó en tono molesto—. Simplemente, quiero tener un lindo gesto con ella, ya que, ella es tan gentil y amable con Dean. Quédate.

Violet dejó caer los hombros, pero antes de poder protestar Ana María llegó al lugar.

—Buenas tardes —saludó sonriente la doctora—. Me alegra mucho verte Violet.

—Gracias. Pero yo ya me iba.

—Quédate —repitió Camus.

—Por favor, no te vayas —pidió Ana María con gesto amable.

—De acuerdo —aceptó el espectro, en lo que Dean reía divertido.

—Que interesante programa —comentó la morena. Camus aprovechó para apagar el televisor.

—Estos padres modernos —acotó Violet divertida en lo que Acuario le echaba una mirada fulminante.

Luego de un gran almuerzo y de una charla muy amena, Cetus, con gran habilidad escapó del onceavo templo en compañía de Dean, dejando a Camus y Ana María solos, ambos, en ese momento lavaban los platos y charlaban con tranquilidad.

—Violet es una joven muy bonita —expresó Ana María recibiendo un vaso para luego secarlo y dejarlo en su lugar—. ¿Tú y ella?

—Simplemente somos amigos —contestó el francés, su tono era tranquilo, la doctora sonrió aliviada al no notar mentira en sus palabras.

—El almuerzo estuvo delicioso —continuó, estaba nerviosa y no sabía como acercarse al hombre.

—Me alegra que te haya gustado, quería hacer algo…

—¿Te gustaría salir conmigo esta noche? —habló con tanta rapidez que no fue consiente de lo que dijo—. Si quieres.

—Ana María, me pareces una mujer hermosa, además de inteligente. Pero, en este momento, no estoy interesado en salir con nadie. Quiero dedicarme a mis entrenamientos y a mi hijo, espero lo entiendas.

—Lo entiendo. Lo entiendo perfectamente —expresó intentando parecer tranquila, para luego volver su vista al vaso que sostenía—. Podemos ser amigos.

—Desde luego que sí.

Templo Principal

Después de una larga espera, Saori llegó a sus aposentos como si nada. Le dijo a Shun que continuara con su rutina en lo que ella hablaba con Shion para saber cuál era su urgencia. Saori sabía muy bien que era lo que apremiaba al Patriarca y Shun tenía la sospecha de que podía ser, sin embargo, ambos se hicieron de la vista gorda y al llegar siguieron con sus caminos.

—Señorita —la voz de Shion sonó con firmeza, pero la diosa fingió no darse cuenta—. ¿Por qué tardó tanto?

—Se me presentaron algunos asuntos que no tenía planeados. Es todo.

—Señorita. —Shion hizo gran énfasis en esa palabra y caminando por el recinto con las manos tras su espalda agregó—: No soy idiota. —Saori tragó saliva ahora la mirada del mayor estaba fija en ella—. No he vivido tantos años en vano, no hay ni una sola mentira que no conozca, a mí no me pueden engañar tan fácilmente. Sé muy bien el motivo de su retraso y estoy muy seguro de que Andrómeda es parte de esto.

—Shion…

—No —dijo levantando una mano con autoridad—. No necesita darme explicaciones de nada. Solo quiero la verdad. ¿Pasó algo entre usted y Shun?

Saori bajó la cabeza, hasta ahí le habían llegado las agallas, pensó en salirse con la suya, pero no lo consiguió, el maestro era más astuto de lo que ella llegó a imaginar.

—Sí —fue su escueta contestación. Shion la observó resignado.

—Usted lo quiere.

Y aunque no era una pregunta, Saori afirmó con un movimiento de cabeza. Shion respiró profundo acercándose a la joven para buscar sus ojos.

—Yo más que nadie deseo su felicidad mi señora. Por mí no hay problema que usted y el joven Andrómeda se frecuenten, créame. Entiendo que estamos en una época y en un mundo diferente y que usted no es igual a los demás recipientes que ha tenido la diosa de la guerra, aunque —sonrió—, en cada época el avatar se enamore de uno de sus santos, sé que usted hará lo posible por estar con quién ama. Pero… —A Shion le costó decir lo siguiente—: señorita, en este momento usted sabe que cualquiera de los santos dorados es prohibido. Si queremos —continuó colocando las manos sobre los hombros de la joven quien estaba a punto de estallar en llanto— que el cuarto guardián nazca, es indispensable que se aleje de Shun y que lo deje seguir su camino al lado de quién podría ser la madre de ese niño.

Saori se perdió por escasos segundos en los ojos del Patriarca, aunque había analizado esa posibilidad, simplemente, la ignoró, porque ella quería estar con Shun, ese era su deseo más grande y no lo notó hasta entonces. Pero su amor estaba ahí desde tiempo atrás siendo ignorado y temido.

Shion tenía razón, si Shun resultaba ser el hombre destinado para ser el padre legítimo del cuarto guardián, ella no podía hacer nada, y era un hecho por su linaje que Saori no podía ser la madre de ese niño. Athena se lo dijo en un sueño: Parte de ser el recipiente de la diosa de la guerra es no poder gestar un hijo.

Eres infértil Saori Kido.

Realmente eso no importaba, con su vida tan ocupada poco o nada había pensado en la posibilidad de ser madre. Pero no era solo eso, Shun y Saori no podían estar juntos, ella debía decir no.

La charla terminó tranquilamente, Shion agradeció que la chica no pusiera objeción, sin embargo, sabía que debía estar pendiente de la situación, por ahora, Saori aceptaba las cosas con sensatez, pero él no sabía si en un futuro la reencarnación de la diosa de la guerra iba a mantenerse al margen.

Saori por su parte y completamente resignada salió del recinto patriarcal para encerrarse en su habitación, no obstante, intentaba hacer uso de toda su fuerza para no echarse a llorar. En la oscuridad de su cuarto se sintió tan pequeña, frágil y sola y no pudo evitar recordar que en sus días más oscuros siempre estaba Shun brindándole un abrazo.

—¿Por qué tan seria? —preguntó Andrómeda quien muy hábilmente se había colado por la ventana. Saori sonrió entristecida—. ¿Se molestó Shion por nuestra tardanza? A mí aún no me llama.

—Y no lo hará. —Saori se puso de pie dándole la espalda al santo, no quería que él la viera tan afligida—. Tú no tienes la culpa de nada. Por eso no te llamará.

—¿Segura? Él debe sospechar algo —dijo sonrojado con las manos en los bolsillos—. ¿Tú le hablaste sobre nosotros? Supongo que no se lo tomó bien.

—No hay nosotros, Shun. —Saori hizo gala de su elegancia para mostrarse firme—. Lo que pasó en Japón, fue… un simple juego, pero no hay nosotros.

La fría mirada de la chica hizo por un momento que Shun dudara.

—¿Shion se opone? —Fue su única pregunta y razón para que Saori ahora estuviera tan distante—. Con todo lo que ha pasado, ¿aún es un tabú que tú estés con alguien?

—Shun —Saori le miró con soberbia—. Ese no es el asunto. Yo puedo estar con quién me plazca, pero no contigo. Entiende, entre nosotros dos no puede haber nada que valga la pena. Lo mejor y deberías pensarlo muy bien, es que vuelvas con Naomi.

—¿Qué está pasando? —Shun se sentía bastante confundido—. Sé, que no hablamos sobre esto en Japón. Pero es claro que sí hay algo entre nosotros. Siempre lo ha habido —suspiró y luego se sentó en la cama—. Cuando empecé a salir con Naomi, ella me preguntó que de quién estaba enamorado. Yo sabía que era de ti, pero me negaba a creer y amarrarme a ese sentimiento y durante mucho tiempo hice caso omiso al deseo de estar contigo. No me malentiendas —continuó acercándose a ella quien poco a poco perdía la batalla de mantener la templanza—, no salí con Naomi para olvidarte. Jamás lo hice. Yo, también la quise a ella, aún la quiero. Pero…

—Shun —susurró en súplica—, yo no siento lo mismo que tú. Lo siento. Si aún quieres a Naomi, ve con ella, estoy segura de que ella comprendió que perdió un hombre maravilloso y te aceptará de regreso. Eres el hombre perfecto, pero no eres el hombre perfecto para mí.

—¿Por qué? —preguntó con alevosía y por primera vez Saori vio a Shun enojado.

—Por favor. Es claro. No estás… a mi altura —le dolió decirlo—. Mi prestigio no me permite estar con alguien como tú. Ante la alta sociedad y el mundo en el que yo me muevo, no eres nadie. Apenas y eres un bastardo hijo de Misutmasa Kido.

Shun resopló molesto, pero no protestó, había algo escondido entre todas esas palabras pedantes que Saori de un momento a otro empezó a emplear con él.

—No sé qué está pasando —sostuvo caminando hasta la ventana—. Sé que me guardas un secreto desde hace tiempo. Espero que en algún momento puedas decirme la verdad. Por ahora no te molesto más, que tengas linda noche, Saori. Perdón… Señorita Athena.

Saori se quedó plantada frente a la ventana con el corazón en la mano viendo cómo Andrómeda desaparecía en la fría noche, las últimas palabras de Shun calaron en lo más profundo de su alma.

Cabañas Personal de Salud

Ivonne golpeó con fuerza el tocador mientras se miraba en el espejo, desesperada se levantó y caminó molesta hasta la puerta, pero a mitad de camino cambió de opinión. Malhumorada se dio media vuelta y se perdió en el baño durante veinte minutos, al salir notó con sorpresa que la situación afuera de su cabaña seguía siendo la misma.

—Ya no más —bramó desesperada y de un solo empujón la puerta quedó completamente abierta—. ¡Kanon! Llevas más de una hora ahí parado. ¿Qué quieres?

—Te diste cuenta —dijo algo avergonzado en lo que Ivonne se recargaba sobre el marco.

—¿Qué quieres? —volvió a preguntar y Kanon pudo notar que la doctora no estaba de buen humor para aguantarlo.

—Quiero hablar contigo, ¿puedo pasar?

Ivonne resopló derrotada y dejando caer los brazos, le dio paso al santo.

—Estoy muy cansada, Kanon, así que ve al grano.

Kanon se rascó la cabeza sin estar seguro por dónde empezar, practicó tanto su diálogo que al llegar allí lo había olvidado como un idiota.

—No me quiero casar —dijo finalmente, Ivonne no hizo el menor gesto y con un movimiento de su mano lo invitó a seguir—. Eso ya lo sabías. Te amo, te amo mucho, incluso se puede decir que te amo más de lo que amo a mi diosa. Pero no me quiero casar, esa es la verdad. En realidad, no creo en la figura del matrimonio. Sí, fui estúpido al hacerte esa propuesta sin ser consciente de lo que realmente quería, pero tuve miedo de perderte. No te considero mi propiedad, simplemente, eres tan buena para mí que siento que en algún momento despertaré y ya no estarás ahí. Y puede que no me quiera casar. Pero si quiero estar a tu lado y vivir contigo.

Ivonne observó por largo tiempo al gemelo, tanto fue su escrutinio que el santo se sintió vulnerable. Ella, no estaba buscando nada en particular, simplemente estaba tan asombrada que repasaba en su cabeza alguna otra ocasión en la que Kanon hubiera sido tan sincero como lo estaba siendo en ese momento. No hubo nada. Y no es que Kanon fuera un gran mentiroso, no, pero en sus palabras y en su actitud cínica siempre había algo de embuste.

Por primera vez Ivonne podía decir que Kanon de Géminis estaba siendo sincero completamente.

—¿Quieres vivir conmigo? —preguntó analizando rápidamente si había entendido mal las palabras del Santo.

—Sí —contestó él sin titubear.

—Bueno. —Ella miró a su alrededor—. A mí sí me gustaría vivir contigo.

Kanon quiso saltar de alegría, pero se contuvo, Ivonne se veía un poco seria.

—Pero me gusta estar acá. En estas cabañas… vivir en los templos y, además, con tu hermano…

—Viviremos aquí —dijo rápidamente, ya había contemplado la opción de que la doctora no quisiera vivir en un templo empolvado y además compartir el espacio con Saga.

—¿Seguro? Porque…

—Muy seguro. Nunca había estado tan seguro de algo. En el templo de Géminis existimos dos guardianes y yo puedo estar en él cuando me corresponda.

—No intentas huir de tu hermano, ¿cierto?

—En parte sí. Por otro lado, quiero esto contigo.

—Kanon, tienes que comprender que yo jamás te sería desleal, te conozco muy bien y aun así estoy contigo. Así que te pido que no vuelvas a dudar de mí y que el tema de lo de Minos no se vuelva a tocar. Yo confió en ti y espero tu confianza también. ¿De acuerdo?

—Sí —contestó entusiasmado—. Pero, tal vez, puedes bajarle un par de rayas a la amistad que tienes con él. No lo tolero. Por favor.

—Hecho.

—¿Entonces? ¿Estamos bien? —interrogó acercándose con sonrisa ladina. Ante la afirmación de la chica la atrapó en un acalorado beso.

Templo principal

Al siguiente día Dohko de libra caminó hasta la sala del Patriarca dónde un malhumorado Shion estaba sentado en el trono resoplando como si de un toro se tratase.

—He visto a la señorita Athena partir a la universidad —contó el chino—. Ella se veía… algo triste y distante. En verdad, parecía que había pasado la noche en vela y en completo llanto.

—Dohko —la voz de Shion sonó severa, el de Libra suspiró, su amigo era muy obstinado—. La señorita Athena, no debe ni puede estar con Andrómeda. ¿Es tan difícil entender eso?

—Pero tal vez...

—Dohko, ¿por qué no me entiendes? Sabes los peligros que se corren con esta relación. Además, no creo correcto que nuestra señora se lleve de una forma tan inapropiada con uno de sus Santos. Esto no es bueno para ella, ni como Diosa ni como la heredera Kido.

—¿Y cómo mujer? Shun es muy bueno para cualquier mujer.

—Pero no sé trata de la mujer —explicó poniéndose de pie y girando su mirada hacia la cortina que ocultaba la estatua de Athena—. Se trata del recipiente de la diosa de la guerra, un avatar que debió mantenerse virgen y que, además, como heredera Kido tiene una reputación que proteger. No es bien visto ante la alta sociedad que ella se relacione con uno de los hijos bastardos de Misutmasa.

—Alta suciedad querrás decir —resopló—. Además, no es la primera vez que un avatar de la diosa se enamora y pierde la virginidad con uno de sus Santos. Lo sabes muy bien.

—¿Y cómo terminó la primera vez que eso pasó?

—Bien, ahora todas las reencarnaciones de la diosa descienden de la primera mujer que se enamoró de un hombre.

Shion frunció el ceño, su amigo buscaba siempre el lado amable de las cosas.

—Te recuerdo que en aquella época hubo una violenta batalla por un niño que poseía la esencia de la diosa de la guerra. Muchos murieron. Sí, Athena fue astuta manteniendo a ese heredero vivo, pero por tal motivo cualquier rencarnación de la diosa debe mantenerse virgen y le es imposible concebir un hijo.

—Qué curioso —Dohko se llevó una mano a la barbilla mientras hacía un gesto divertido. Shion rodó los ojos al ver la expresión de su amigo—. La última descendiente de ese heredero es la señorita Saori. Hasta donde sabemos el linaje muere con ella.

—¿A dónde quieres llegar?

—Los actos de la diosa siempre han sido sabios. Ella no da un paso sin estar segura de que está hecho el suelo por el que pasa. Existe un rumor —continuó paseándose por la recámara mientras Shion lo seguía con la mirada—, de que ese heredero nació porque así lo quiso Athena, su misión en la vida era formar una familia y que de esta se mantuviera el linaje de la diosa de la guerra. Pero ahora con solo un descendiente vivo…

Dohko dejó las palabras en el aire, no necesitaba decir más, Shion sabía a dónde quería llegar el chino.

—Ninguna reencarnación puede concebir. Supongo que, en años venideros, el próximo recipiente nacerá de una mujer ordinaria.

—Ay, que fácil lo pones Shion. Cómo si los milagros no existieran.

—¡Cierra la boca, Dohko! Además, Shun, podría ser el destinado para ser el padre del cuarto guardián. La señorita Athena no encaja ni entra en esa ecuación.

—De acuerdo, de acuerdo. Cielos, necesitas salir más.

Shion observó a su amigo de años con disgusto y antes de alargar esa discusión sin sentido, el de libra prefirió marcharse.

Campos de entrenamiento

—Han notado que últimamente, Shion está insoportable —comentó Aioros a sus compañeros.

—Sí, amenazó mi vida si no volvía con Ivonne. Por lo menos, por ese lado y por ahora, ya no estoy en peligro.

—Soy tan dichoso —acotó Saga muy divertido y sonriendo como tonto, mientras Mu reía al verlo así—. Kanon se va de la casa. Nunca había estado más feliz.

—Aún no me voy. Así que no cantes victoria.

Ante la afirmación a Saga se le borró la sonrisa.

—Hermanito, ¿cuándo te vas? —preguntó el mayor con la mejor expresión que pudo poner.

—Pronto –contestó escuetamente, quería tener a Saga sufriendo un rato.

—Volviendo al tema —resopló Aioros—. Shion, está insoportable.

—Sin contar que después de que la señorita Athena llegó de Japón se puso más irritable.

Mu tenía razón. Shion estaba siendo más duro con las rutinas y todo el tiempo se le veía con el ceño fruncido.

—¿Será falta de novia? —Quiso saber Aioros.

—Ser padre no es fácil —comentó Aioria—. El maestro tiene tantas cosas en que pensar y nosotros somos como sus hijos. Y seamos sinceros, no le hacemos el trabajo sencillo.

—¿Y si le buscamos una novia? —preguntó Ángelo ignorando al león.

—Sería una buena idea —apoyó Aioros. Aioria intuyendo que eso no saldría bien prefirió marcharse del lugar—. Es un cobarde. En fin. ¿Cómo le conseguimos una novia a Shion?

—Una novia para Shion —meditó Saga—. Creo que sería algo… suicida.

—No perdemos nada con intentarlo —aclaró Kanon.

—Sí. Podemos perder la vida. —Máscara los miró fijamente—. Pero, podría ser muy divertido.

—De acuerdo, de acuerdo. Digamos que no es una idea tan mala. —Aioros celebró las palabras de Saga—. ¡Digamos! —recalcó en lo que Sagitario torcía la boca— Pero de hacerlo. ¿Dónde conseguiremos una novia para Shion?

—En una página de citas —comentó Mu distraído mientras todas las miradas caían sobre él—. ¿Qué? Hasta donde sé, existen muchas.

—Ah, sí. ¿Sabes mucho de eso? —Saga se cruzó de brazos esperando una respuesta.

—Solo lo sé —contestó, pero el mayor de los gemelos seguía con el mismo gesto de supuesta indignación—. ¡Ay, por favor! Todos saben que existen.

—Yo no —Aioros se puso de pie afligido—. ¿Por qué yo no lo sabía? Y dime Mu, ¿se consiguen lindas chicas en esas páginas?

—Sí, Mu. ¿Se consiguen?

—No sé, Saga —respondió con sarcasmo el lemuriano.

—Es una buena idea. —Kanon tomó la palabra—. Podemos entrar a alguna de esas páginas, creamos un perfil y le conseguimos una linda cita a Shion. Nosotros haremos el primer filtro. Así, la mejor llegará con nuestro querido Patriarca.

—No lo sé. Ahora que lo pienso si es algo suicida todo esto —indicó Mu.

—Oye, no perdemos nada con hacerlo —tranquilizó Saga—. Shion no tiene por qué enterarse. Si no encontramos a una buena mujer, eliminamos el perfil borrando toda evidencia y ya.

—¿Y si la encontramos? —preguntó Aries—. ¿Cómo le diremos que hicimos un perfil de él para concretarle una cita?

—Podemos decirle al maestro Dohko —aconsejó Ángelo—. Creo que podemos poner al viejito de nuestro lado y él sabe cómo hablarle al Patriarca.

—Esperen un momento —dijo Aioros—. ¿Estamos seguro de que lo del maestro Shion, son las chicas?

Ante la pregunta todos observaron a Mu.

—Yo qué sé —se defendió—. Nunca le conocí una novia… o un novio. Ahora que lo pienso, nunca lo he visto ligeramente interesado en alguien.

—Pero en quien se puede interesar —dijo Kanon—. Aquí, según él, solo hay trogloditas, y las chicas, él las ve como a sus hijas. No tiene muchas opciones y de aquí no es que salga mucho.

—Definitivamente, sí que necesita una novia. —Aioros los miró entusiasmado—. Vamos a buscar una novia para Shion.

Blizz

—De acuerdo, chicos, ya lo tengo —dijo Sagitario divertido en lo que miraba la pantalla de su laptop, los demás, se apresuraron a su mesa para verlo.

—¿Sexy o no? ¿En serio? —preguntó Mu—. ¿Es la página de citas más decente que encontraste, Aioros?

—No puedo creer que hayas puesto el perfil de Shion, en esa página —expresó Saga.

—Aún no. Apenas me registré y estaba terminando el perfil, inmediatamente le dé enviar, tendremos una cita para Shion. Miren la foto.

Cinco pares de ojos se clavaron en la pantalla para encontrarse con una foto del gran Patriarca, con su túnica de color negro, su cabellera verde desordenada y ojos soñadores, la fotografía era perfecta, excepto por el detalle de que se veía un tanto borrosa y envejecida.

—¿De dónde sacaste esa foto? —quiso saber Kanon—. Se ve muy joven.

—No es como si al maestro le gusten mucho las fotos. La tomé de la biblioteca.

—¿Acaso esa foto es de hace doscientos años? —Mu observó a Sagitario con recelo.

—No había más —contestó el arquero.

—Esa servirá, con todos esos filtros en las fotografías de hoy en día, pensarán que es algo de eso —tranquilizó Ángelo—. Quiero ver el perfil. —Cáncer empezó a leer en voz alta—: Mi nombre es Shion, un hombre que ha visto muchos amaneceres y vivido muchas experiencias…

—Buena forma de decirle anciano —anotó Kanon, en lo que el italiano continuaba.

Me gusta la fuerza y la tenacidad, disfruto de construir y reparar cosas, por lo que seré un gran aliado en tu hogar.

—¿Dices que reparar armaduras es como ser un contratista? —Mu se sintió contrariado.

—¿Puedo seguir? —interrogó Ángelo—. De acuerdo: Siempre he pensado que los niños son el futuro, por lo que procuro que crezcan sanamente y bajo un gran apoyo y cuidado.

—¿De quién carajos estás hablando, Aioros? —Kanon le dio un coscorrón al arquero—. ¿De cuándo acá a Shion le ha importado la integridad de los más jóvenes? Recuerdo cuando olvidó que Aioria estaba encerrado en el sótano.

—¿Tenemos sótano? —preguntó Saga.

—Fuiste tú el que olvidó a Aioria en las cuevas —aclaró Sagitario a Kanon.

—Oh, sí. Desde entonces no volvió a ser el mismo. Pero Shion sabía y no hizo nada.

—Cierren el pico —amenazó el italiano para continuar con la lectura—: Disfruto de leer, de largos paseos y de mantener todo en estricto orden…

—Una linda forma de decir que es un tirano —manifestó Saga.

Igualmente, disfruto de la tranquilidad de un hogar, del té de jazmín y de las noches llenas de estrellas. Pienso que lo más importante es la familia, que la unión hace la fuerza, creo en la justicia y en el amor, me considero un hombre apasionado y lleno de sueños y múltiples talentos.

—No está tan mal, Aioros, te felicito. —Saga palmeó la espalda del rubio.

—Excepto por la mala ortografía y la ausencia absoluta de comas. Sí, está bien.

—Olvidé poner que tiene un hijo que es un miserable pedante —enfatizó Sagitario a Mu.

—Shion no es mi padre —fue lo único que pudo contestar el lemuriano.

—De acuerdo. Ya lo arreglé un poco —dijo Ángelo—. Ahora enviar.

Todos guardaron silencio y sostuvieron el aire sin apartar la mirada del ordenador, no pasó mucho tiempo cuando la casilla donde había un gran sí, empezaba a subir con bastantes votos y varios mensajes empezaban a llegar al buzón.

—Esto fue más rápido de lo que pensé —expresó Sagitario—. Leamos algunos comentarios, aquí hay uno: Quisiera ser el sol para darte todo el día, mi amor… ¿Qué?

—¿En serio dice eso? —Kanon se acercó más para leer—. Cielos, estas señoritas no tienen escrúpulos; escuchen esto: Quisiera que fueras tornillo y yo tu tuerca para que me atornilles el fundillo y grite como puerca.

—Vaya, y dicen que nosotros los hombres somos descarados. —Saga negó avergonzado—. No obtendremos nada con esto.

—Debe haber alguna chica linda por ahí. —Mu quiso parecer optimista—: Aquí tienes la tuerca para ese tornillo —leyó—. Es parecido al de arriba solo que más conciso.

Quisiera ser vampira para que me claves tu espada. —Kanon meditó un rato—. Tienen mucha imaginación. Aquí hay otro: Quien fuera mono para encaramarse en ese palo. ¡Diablos, señorita!

—Esto no es bueno. Si Shion ve esto, de seguro nos asesina. —Saga les observó de uno en uno.

—No es para tanto hermano.

—¿Ah, no, Kanon? Mira lo que dice ese de ahí: Quisiera ser frijol para embarrarme en tu burrito.

—Sí están un poco rudas.

—Debe haber alguna buena. —Ángelo tomó el control de la situación desplazándose por toda la página en la cual no dejaban de llegar mensajes obscenos—. La tengo. Lean esta.

Hola Shion —Saga empezó a leer—, me llamo Adela, me alegra leer tu perfil y ver en tu fotografía que no eres un hombre desesperado. A mí también me gustan las largas caminatas y observar las estrellas, si tienes tiempo me encantaría charlar contigo un rato. Quedo atenta. Feliz tarde.

—Creo que ella es perfecta. Miren su foto. —Cáncer señaló la imagen donde una linda mujer de cabellos avellana y mirada profunda se encontraba—. No es muy joven, y tampoco es muy mayor. Es perfecta.

—Sí, ahora hay que encontrar la forma de que el maestro quiera charlar con ella. —Mu los observó a todos.

—Estoy seguro de que el maestro Dohko nos ayudará —sonrió Kanon.

Templo de Libra

Quien fuera ropa para estar encima de ti todo el día —leyó Dohko, mientras los otros sonreían con inocencia—. ¿Ustedes de verdad quieren que yo le lleve esto a Shion?

—Los comentarios obscenos no son lo importante, sino ella —explicó Sagitario—. Esta mujer está dispuesta a salir con el Patriarca.

—No lo sé, chicos. Parece peligroso —dijo Libra—. Estoy arriesgando todo en esta empresa.

—Por favor, maestro —dijo Ángelo—. Nosotros creemos que es buena idea que Shion se distraiga un rato, que salga, que conozca otras personas.

—No es por nada, pero pienso exactamente lo mismo. —Dohko suspiró profundo—. Mi amigo no puede seguir siendo un ermitaño. De acuerdo, iré con él. Pero cualquier cosa. Los culparé a ustedes de inmediato.

—¡De acuerdo! —contestaron en unísono.

Templo Principal

Shion estaba sentado en una pequeña mesa para el té leyendo y revisando completamente enrojecido lo que su compañero en una laptop le mostraba.

—¿Quién escribió todas estas cosas? No puedo creer que estén hablando de mí.

—Agradece que aquí no hay buena recepción y que los mensajes dejaron de llegar. —Dohko sonrió con inocencia en lo que Shion lo observaba indignado—. No es para tanto, solo son mujeres expresándose.

Quisiera ser tu calzón para sentir tu armazón —leyó en lo que Dohko subía los hombros—. Por favor, de ninguna manera saldré con alguna de estas mujeres, además, ¿quién autorizó esta payasada?

—Los chicos lo hicieron con buena intención.

—¿En serio? ¿Qué les hace pensar que necesito salir con alguien? Tengo muchas cosas que hacer aquí, porque todos son unos trogloditas y además…

—Vamos amigo —interrumpió—. ¿Desde hace cuanto que no sales con alguien? Dime… alguna vez fuiste joven, y de seguro te gustaba salir y conocer gente, no creo que la única mujer en toda tu vida haya sido Yuzuriha.

Shion carraspeó nervioso desviando su mirada para otro lado.

—Un momento —Dohko buscó los ojos de su amigo—. ¿La única mujer con la que has estado en toda tu vida, fue Yuzuriha? —Shion no contestó—. ¿No has estado con nadie más después de ella? ¿Shion?

—¿Qué? No es como si tuviera tiempo para esas cosas. Había muchas cosas que arreglar en el Santuario, muchas armaduras que reparar, una nueva generación de santos que entrenar, ¿en qué momento querías que saliera con alguien?

—Por eso lo vas a hacer ahora Shion. Vamos, ¿qué te detiene ahora de salir con alguien? El Santuario marcha perfectamente, no hay ninguna guerra cerca, las armaduras son reparadas por Mu y Kiki, y cada nueva generación de santos, tiene asignado su propio maestro. Ya no hay excusas Shion.

Shion se quedó inmóvil en su puesto, Dohko tenía razón, no había excusa alguna para salir de la rutina, por ahora lo único que impedía que su mente estuviera plenamente era el hecho de que aún no había señales del cuarto guardián, y el descubrimiento de los verdaderos sentimientos de la diosa, pero todo lo demás marchaba de maravilla. ¿Qué podría decir para qué Dohko y compañía dejarán de insistir? Nada, absolutamente nada. A decir verdad, nunca se había planteado la posibilidad de estar con alguien, ni siquiera aquel pensamiento pasó durante la época que compartió con Yuzuriha, su futuro era claro, y ese, era que al final del día, él iba a morir, porque ese es el destino de un Santo Athena, pensar en un hogar, en una familia, no era algo importante para un verdadero guerrero, pero el tiempo tomaba día a día tintes diferentes, ahora donde quiera que mirara, existían parejas felices, niños y la posibilidad de nuevos hogares. ¿Por qué él, no podía anhelar a eso? Estaba viejo, y estaba cansado. Aunque su cuerpo pareciera el de un hombre de 26 años, su mente y sus memorias eran antiquísimas.

¿Qué tanto podría ofrecer en una relación?

Observó a Dohko por un instante, el chino al igual que él había vivido durante muchos años, más de los que una persona pudiera comprender, pero por alguna razón, que Shion no lograba entender parecía que al de libra no le importaba ese ir y venir de los años. Dohko, contrario a él, vivía tranquilo, como si la vida no pesara, como si el tiempo no tuviera relevancia. Su compañero de antaño estaba tranquilo, disfrutaba del presente, incluso se daba el gusto de disfrutar al lado de una bella mujer.

Pero imaginarse con una novia no era sencillo, él, no era experto en relaciones amorosas, si tuviera una ligera idea de lo que era eso, no tendría tantos problemas en ese momento.

Dohko no estaba dispuesto a darse por vencido, su cara de inocencia y su sonrisa estúpida eran la señal irrefutable de que libra intentaría y sacaría todos los ases bajo la manga para convencerlo de ir a aquella cita. Nada de eso era bueno. Tampoco tenía mucho que perder, tal vez no era tan malo ir aquella cita, después, se encargaría de asesinar a todo el que estuvo detrás de ese horripilante plan.

Shion accedió, sin embargo, Dohko muy prudente prefirió no celebrar mucho su fácil triunfo.

Grecia.

El gran Patriarca del magnífico Santuario estaba sentado con ropas de civil en una pequeña mesa de un elegante restaurante. Se sentía incómodo, no solo porque creía que todo el mundo lo observaba, sino porque su atuendo no era lo que acostumbraba a usar. La larga túnica se había quedado en su recámara, mientras ahora lo acompañaba, un buso blanco y pantalón negro. No era su ropa, él no tenía ese tipo de atuendos, el conjunto que llevaba era gracias a Kanon, por Shion hubiera sido, habría ido aquella cita como siempre.

Difícilmente explicaría el porqué de su extraña vestimenta, en realidad, los tiempos habían cambiado, tanto que Shion estaba sorprendido. Fuera de las tierras del Santuario, el mundo era muy grande. Finalmente, y como un alivio a su propia ansiedad, llegó su cita. Una hermosa mujer con elegante vestido negro, escote disimulado e impresionante sonrisa.

—Hola, tú debes de ser Shion —dijo ella tomando asiento—. Por un momento pensé que me encontraría con alguien muy diferente al de la foto.

—¿Le parece correcto encontrarse con un hombre que conoció por internet? —interrogó, no tenía intención de parecer molesto o que su pregunta pareciera un regaño, pero estaba tan acostumbrado a los errores de los demás que le fue imposible disimular un tono hostil—. Digo, pude ser un asesino.

—¿Eres un asesino? —preguntó ella divertida, a Shion le pareció aquel interrogante tan estúpido, de ser un asesino, no se lo diría.

—Gracias por venir —dijo él después de un incómodo silencio, ella sonrió.

—No pienses que ando metida en esto de las citas por internet, la verdad, mi hija mayor fue quien me convenció de abrir un perfil y, aquí estoy.

—¿Tienes una hija? ¿Qué edad tiene?

—Tengo dos hijos. La mayor de 14 y el menor de 10. Son un torbellino, pero no imagino mi vida sin ellos.

—Entiendo, mis muchachos suelen darme muchos dolores de cabeza, les gusta estar metiéndose en problemas. No puedo dar la espalda ni un segundo, porque ya hicieron algo malo, son algo torpes, escurridizos, algunos manipuladores, otros un tanto idiotas, pero la vida no sería la misma sin ellos.

Adela sonrió interesada y algo contrariada.

—Hablas como si tuvieras un batallón en casa —comentó tomando un poco de vino que les llevó el mesero—. ¿Cuántos hijos tienes?

—Muchos —contestó, ni por un segundo se detuvo a pensar en sus palabras ni en lo locas que estas sonaban—. Doce de ellos son los que dan más problemas, desde muy pequeños eran un completo calvario, y que decir de los que llegaron después, Seiya, Shun, todos ellos, a veces, siento que son más problemáticos que los demás, las chicas, por el contrario, son más tranquilas, o tal vez saben hacer mejor las cosas que para mí pasan desapercibidas. Y ahora que algunos decidieron ser padres hay un poco más de desorden.

La mujer en frente de Shion no sabía que contestar a lo que escuchaba, el hombre en su mesa se veía muy joven, ella misma había pensado mucho en invitarlo a salir por ese motivo. Pero su perfil decía que tenía 34, apenas tres años menor que ella. No había problema con salir con un hombre un poco menor. No obstante, él, hablaba de numerosos hijos y además de nietos. Bueno, conocía algunas personas que a esa edad ya eran abuelos, pero había algo raro en toda esa historia.

—¿Dices que tienes más de doce hijos? —Adela le miró confundida—. ¿Ya eres abuelo? ¿Cuántos años tienen tus hijos? Claro si lo recuerdas —bromeó.

—Ya están grandes —respondió como si nada y dando un golpe en el aire—. Por ejemplo, los mayores y los que más problemas me dan ya están como en los 33, ya perdí la cuenta.

Aquella revelación fue la gota que derramó el vaso, Adela comprendió de forma aterradora, que ese hombre solo se burlaba de ella. No llevaban ni cinco minutos conversando y él decía cualquier tontería y, además, pensaba que ella era estúpida. O había un gran problema con aquel sujeto de espléndida belleza, como algún trastorno mental o simplemente gustaba bufarse de los demás.

—Ya decía yo que tanta belleza no podía ser real —expuso ella sacando un par de billetes de su bolso—. La próxima vez que quiera que alguien se burle de mí en mi cara se lo pediré a mis hijos, por lo menos ellos tienen más decencia, aunque yo no entienda nada de videojuegos o de tecnología. Gusto en conocerlo señor Shion —continuó poniéndose de pie—. Yo pago el vino. —Finalizó dejando el dinero sobre la mesa y marchándose a grandes zancadas.

—Pero… ¿Qué pasó? —se preguntó él completamente desconcertado sintiendo las miradas de todos en su persona—. ¿Qué hice?

La verdad ponerse a pensar en que había fallado estaba lejos de su lógica, por lo que con elegancia y algo avergonzado prefirió salir del lugar, antes de que lo creyeran loco o algo parecido. El camino fue largo, pero la brisa de la ciudad de Atenas era refrescante, bastó un par de manzanas para comprender lo estúpido que había sido. Ahora que analizaba con calma toda la charla, su charla, entendía que había actuado como un demente, que de seguro Adela se fue muy decepcionada y enojada. Definitivamente, las relaciones románticas no eran lo suyo. No importaba, al llegar al Santuario se desquitaría con alguno.

—Señor Shion, ¿cómo está?

El Patriarca no pudo evitar sonreír ante aquel saludo y se giró para ver a la hermosa chica de ojos impresionantes.

—Señorita Violet. No imaginé encontrarla por acá. No es un poco tarde…

—Para que una chica ande por ahí sola —completó ella divertida, Shion bajó la cabeza apenado.

—No quise sonar…

—No se preocupe. Se ve muy bien. ¿Viene de alguna cita?

Shion respiró profundo y luego de recordar todo con gran rapidez dejó caer los hombros desilusionado.

—Jamás había tenido una cita, y a la primera, fallo miserablemente.

—¿Tan mal estuvo?

—Horrible —comentó rascándose la punta de la nariz—. Ella apenas y probó el vino, y luego salió casi corriendo del restaurante.

—Pero ¿qué pudo haber hecho usted de mal para generar esa reacción? —Shion quiso contestar, pero antes de ello Violet continuó—: No, espere, debe tener hambre, ¿o me equivoco? —Él contestó con un movimiento afirmativo—. ¿Qué tal si vamos por una pizza y me cuenta todo?

—¿Una pizza? —preguntó maravillado—. Hace mucho tiempo que no como pizza. Que gran idea.

—Por acá, conozco el lugar perfecto.

—Después de usted —indicó con un gesto elegante invitando a Violet a caminar—. Primero la belleza antes que la edad.

—Vamos, no puede usted ser tan viejo.

—Claro que… —Shion se detuvo por un momento, pero ahí y con ella no había ningún problema, Violet, al igual que él era una guerrera, y no solo eso, era un espectro de Hades, así que si alguien comprendía sus palabras era ella—. Ya casi llego a los trecientos años —comentó sin más.

—Se ve muy bien, habría jurado que tenía 150, a lo mucho.

Ambos se echaron a reír, en compañía de Violet, Shion se sintió aliviado, incluso, por un instante olvidó todos los problemas del Santuario.

Continuará

.

.


Gracias, muchas gracias por seguir acá, si es que aún continúan jejeje… perdón por la demora. Pero ya me organicé lo suficiente, por lo que espero que las actualizaciones no tarden tanto en salir.

Muchas gracias a todos como siempre, no sé, si las mismas personas que venían desde la primera parte sigan por aquí, pero por ahora aquellas personas que han estado tan pendientes les quiero hacer un detalle que les estaré contando por interno, y eso te incluye a ti, smarty26, te contaré cuando llegues acá. A Monse y a 8D les comentaré más adelante por este medio (a menos que se abran una cuenta antes) por ahora los dejo. Espero leernos pronto.

8D: Que bueno que te gustó, de hecho, estuve pensando en ti cuando escribí el capítulo jajaja… oh, empiezan las apuestas aquí y allá, así que, apuesta anotada jejeje… y bueno, espero que este nuevo episodio haya sido de tu agrado, pues tal vez las cosas entre Anita y Camus marchen bien. Tal vez, jajaja el primo, hermano, perdido de Milo, estará por ahí rondando, a ver como le va con la cobra bella. Y bien, aquí pudiste ver como terminaron las cosas entre el chico peliverde y la pobre Saori y como le va a Shion también jajaja… gracias por la invitación, pero algo me dice que me tocaría tomar un largo viaje para ir por esas gomas borrachas.

Monse: Hola, sí. Esa Shunrei no aprovecha a ese papacito que es Ikki, pero no comas ansias. Y bueno, los espectros tienen su relevancia en este fic gracias a ustedes, en realidad no sabía que tenían tantos fans. Y pues, en cuanto a Hades, Shun y él no pasaron tanto tiempo juntos jajaja… gracias por tu comentario y tu apoyo, luego les cuento sobre el detalle que les quiero hacer;)

Bueno, nos estamos leyendo.