17. Aquí y allá
Grecia
—Creo que llevo todo lo que necesito —dijo Naomi con unas bolsas en la mano en lo que caminaba al lado de June—. ¿Quieres ir por una cerveza?
—¿No es un poco temprano para beber? —interrogó mirando la hora.
—Apenas y son las tres de la tarde, para mí, es la hora perfecta para una cerveza —continuó entrando al primer bar que vio—. Este lugar se ve agradable.
—Buenas tardes, señoritas —saludó un apuesto camarero desde la barra.
—¿Dónde nos sentamos? —Quiso saber June mirando el sitio, el cual tenía muchas mesas disponibles.
—¿Qué tal en la barra? —sugirió Naomi y sin esperar respuesta se acomodó en el lugar.
—Gracias por esperarme amiga —manifestó indignada.
—¿Qué desean tomar, señoritas? —inquirió el barban, un joven de tez blanca, alto y cabellos castaños.
—Dos cervezas por favor —pidió Naomi, el chico sirvió las bebidas en un instante.
—¿Son de por acá? —preguntó él.
—Vivimos en el pueblo de Rodorio —contestó Naomi en lo que June giraba la mirada al sentirse un poco ignorada—. ¿Lo conoces?
—No, pero he oído de él. Dicen que es un lugar hermoso. ¿Y a que se dedican?
—Se podría decir que somos… parte de la vigilancia del lugar —respondió la escocesa. El chico sonrió.
—¿Quieren escuchar alguna canción?
—No, yo no. —Naomi le dio un gran sorbo a su cerveza en lo que el joven se giraba hacia June.
—¿Y tú? —Camaleón no estuvo segura de que estuvieran hablando con ella—. ¿Quieres escuchar alguna canción?
—No, gracias.
—¿Cómo te llamas? —Nuevamente la rubia se quedó perpleja, analizando la situación y observando con prudencia si el muchacho de la barra hablaba con ella y no con Naomi.
—Me llamo June.
—¿Qué lindo nombre? —continuó él—. Yo me llamo Giles, gusto en conocerte. ¿Y tú como te llamas? —le preguntó a la pelirroja como recordando rápidamente que ella los acompañaba.
—Mi nombre es Naomi. Gracias por preguntar.
—¿Y tú estudias? —Giles le preguntó a June, quien observó a su amiga la cual la invitó a continuar con la charla.
—No, estoy un poco ocupada.
La charla entre Giles continuó amenamente, sin darse cuenta Camaleón después de un rato hablaba sin parar, y el chico la escuchaba maravillado, luego de un rato en el que lugar se fue llenando y Giles tuvo que prestar atención a los clientes, las dos amazonas decidieron que lo mejor era retirarse, no sin antes de dejarle el número telefónico al barban, quien se veía muy interesado en June.
—¿Lo llamarás? —preguntó Naomi cuando salieron del lugar, la rubia se sonrojó.
—No lo creo, es un chico guapo, pero…
—Pero ¿qué? Parece un chico decente.
—No sé si debería, ¿sabes qué? —continuó antes de que Antlia pudiera decir algo—. Sí él me llama, aceptaré una cita, pero yo no lo voy a llamar.
—De acuerdo. Me parece bien.
Mansión Solo
Saori estaba sentada en una enorme mesa en compañía de algunos accionistas que discutían nimiedades, ella no estaba concentrada en lo que decían y la única razón por la que estaba allí es porque necesitaba contar con el apoyo de Julián para llevar a cabo el plan de cambiar el viejo comité. Sus días no habían sido muy tranquilos, se la pasaba corriendo con temas de la fundación, del Santuario y a su vez no podía sacarse de la cabeza la enormidad de su relación con Shun, la cual, se había marchitado notoriamente.
De haber sido las cosas diferentes, en ese momento estaría hablando con Andrómeda, como amigos o como pareja, estaría con él en ese enorme y concurrido lugar, pero contrario a eso y como acto exagerado de Shion, Saori estaba en compañía de Santos que se tomaban muy bien su papel de guardianes: Saga y Mu, los cuales, se ubicaron en el salón de tal manera que parecían un par de escoltas privados. La heredera Kido, no estaba complacida, y no veía la hora de poder hablar con Julián para largarse del lugar.
Mu bostezó aburrido, las fiestas de los millonarios le parecían tan sencillas y llenas de protocolos que agobiaban, él podía soportar eso, pero igual estaba aburrido, y si él estaba en ese estado, no imaginaba como la estaba pasando Saga, al cual podía ver de vez en vez cuando la multitud disminuía un poco. Pero el tiempo pasaba y estar tan quieto era molesto, por lo que decidió darse una vuelta por el balcón, tomar un poco de aire y observar las estrellas.
—Que alegría verte —saludó Sorrento ingresando al balcón en lo que Mu lo miraba por encima del hombro.
—Hola —respondió sin ánimo.
—Parece que este tipo de eventos no es lo tuyo.
—Y no lo es —dijo acomodándose de medio lado para observar al general que ahora tenía las manos recargadas en el barandal—. Tú, por el contrario, debes estar muy acostumbrado a esto.
—Un poco, sí. Siempre acompaño al señor Julián. Lo tuyo son las estrellas, ¿no?
Sorrento sonrió con dulzura en lo que Mu clavaba su clara mirada en el firmamento.
—Sí —contestó el lemuriano sin apartar los ojos del cielo—. Me gusta observarlas y las noches así son maravillosas.
—¿Conoces todas las constelaciones? —preguntó acercándose al Santo quien lo miró confundido.
—Sí. Como todos.
—Me gustaría que me hablaras de las estrellas —pidió, Mu dio un paso hacia atrás al tener a Sorrento tan cerca.
—Claro, puedo hacerlo, ¿qué quieres saber?
Sorrento se mordió el labio inferior y sonrió con cinismo.
—¿Qué tienes ahí? —señaló la marina algo en el cabello de Mu. El Santo se llevó la mano instintivamente para limpiar lo que fuera que tenía—. Déjame ayudarte.
El general se acercó sin recato al lemuriano quien esperaba que Sorrento retirará de su cabello algo que él no podía ver, pero para su sorpresa lo que terminó recibiendo fue un fuerte beso en los labios.
—¿Qué diablos haces? —interrogó apartando a Sirena con un fuerte empujón.
—Disculpa no quise incomodarte —dijo, pero su mirada dictaba todo menos arrepentimiento.
—¿Por qué me besaste?
—Porque me gustas.
Mu refunfuñó por lo bajo, maldiciendo el que Saga tuviera razón.
—Sí sabes que tengo pareja, ¿cierto?
—¿Es algo serio? —Mu abrió ampliamente la boca, la pregunta era por demás estúpida—. Parece que sí lo es, pero Saga…
—Estoy con Saga y respeto a Saga, así que, te recomiendo mantener la distancia, porque si no te mata él, lo haré yo.
Aries se dio media vuelta para marcharse.
—Lo siento mucho, Mu. No quería incomodarte de verdad. Me gustas demasiado y pensé… en realidad ya no importa lo que yo piense, pero no me gustaría que te fueras enojado conmigo. Podemos ser amigos.
—Sí, como no.
—Vamos, haré lo que sea para resarcir el daño.
—¿Lo que sea? —Mu observó a Sorrento con malicia—. Resulta, que tú amigo, me acabas de hacer perder una apuesta. Durante mucho tiempo he discutido con Saga a causa tuya. Yo siempre te defendí y dije, infinidad de veces que eras un muchacho decente, y que solo me tomabas como un amigo. Ahora, tendré que verlo a la cara y decirle, muy a mi pesar que tenía razón, y no solo eso, debo darle 159 euros.
—Vaya, es bastante dinero. Lo lamento mucho.
—Pero yo no lo voy a pagar —continuó, el general lo observó confundido—. Yo cumplo mi palabra, pero yo no voy a pagar ese dinero, lo harás tú.
—¿Quieres que yo…?
—Sí, quiero que tú. A como yo lo veo, me la debes.
—Tienes razón. Te conseguiré el dinero —suspiró-. Ahora regresó con él.
—Tan pronto. —Mu sonrió divertido en lo que Sorrento salía del lugar bastante afligido y Saga entraba con los brazos cruzados.
—¿Algún problema? —preguntó Géminis a Aries cuando se hallaron solos.
—Nada —dijo Mu, su felicidad de cobrarle el beso al general se fue cuando vio los ojos triunfantes de Saga—. ¿Qué tanto escuchaste?
—Se podría decir que vi y escuché todo lo que pasó. Vi cuando él te besó, y estuve a milímetros de cometer un doble asesinato, pero me detuve al verte hacerlo a un lado y claro escuché como muy hábilmente le sacaste el dinero de la apuesta, lo cual me parece maravilloso y me hace pensar que elegí muy bien.
—¿No estás molesto?
—No, al final me gustó como salió todo. Y… ¡Yo tenía razón! ¡No tú! ¡Por primera vez, te gané! ¡Te gané!
—Ya basta.
—¡Te gané! ¡Te gané!
Mu meneó la cabeza negativamente, Saga por su parte continúo celebrando su victoria.
Campos de entrenamiento
Cómo todas las mañanas en el Santuario, el día comenzaba con rutinarios entrenamientos. Ahora, en medio de la arena Shaka le explicaba a Shun técnicas de combate por medio del simple arte de la acumulación del cosmos. Y aunque el más joven estaba logrando un gran avance había algo en su ser que perturbaba todo el ejercicio.
Andrómeda no estaba concentrado, y pareciendo haber recordado algo, estalló su energía manipulando el aire a su alrededor para luego destruir todas las murallas a su paso.
—Impresionante —dijo Aioros viendo toda la escena—. Es un chico muy fuerte.
—La fuerza no equivale a ser un gran guerrero —aclaró Shaka—. Shun puede hacer cosas mejores y a un menor costo. Esto que acabas de ver es solo un arrebato de frustración. Shun está yendo hacia atrás.
Aioros se rascó la cabeza desinteresado. Shaka podría decir lo que quisiera, pero no podía negar que Andrómeda podía tener un gran poder destructivo.
—¿Qué pasa? —preguntó Virgo viendo a Shun a los ojos—. ¿Te parece correcto todo el daño que hiciste? ¿Y qué tal si detrás de esas montañas hubiera existido un pueblo?
—Lo lamento —dijo acongojado el más joven—. No puedo canalizar toda la energía.
—Claro que si puedes. Habías avanzado mucho en los últimos días. Ahora parece que lo has olvidado todo. ¿Qué pasa?
Shun levantó la vista hacia los ojos azules de Shaka, intentó decir algo, pero las palabras se le escaparon y fueron reemplazadas por un furtivo suspiro.
—Lo lamento —volvió a decir, esta vez bajando la mirada.
—Vamos, dime. —Shaka colocó su mano sobre el hombro del muchacho, su voz era suave y bastante amable—. Puedes hablar conmigo.
—¿Te has preguntado alguna vez, por qué Saori no puede ser una mujer libre?
Shaka analizó la pregunta y con un gesto gentil sonrió entendiendo la premura del muchacho.
—Tal vez es muy difícil cambiar el chip —contestó el rubio—. Estamos tan acostumbrados a un estilo de vida que nos es difícil aceptar que todos somos diferentes, nos aferramos a lo que creemos correcto, simplemente porque así nos acondicionaron, por ello, cuando algo es distinto, cuando algo quiere salirse de la norma, nos escandalizamos, atacamos y amarramos a aquellos que simplemente, quieren ser felices, señalándolos cómo grandes pecadores o inmorales. El problema no es ella, ni tú. El problema es que siguen pensando que la opinión de los demás es importante. ¿Sabes que es lo peor de todo? Que las personas solo hablan hasta donde su inteligencia les permite.
—Dices que los que rodean a la señorita son ignorantes y carentes de entendimiento.
—Así es.
—¿Así esa persona sea el Patriarca?
—Sí. Bueno, ignorantes somos todos, lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas. Shion, por ejemplo, se quedó atado a un mundo arcaico que trata de disfrazar con ser conservador, delegando que él tiene la razón, y que, por ser así, el resto del mundo está equivocado. Pero no te afanes. Nuestra señora es astuta y fuerte.
Shun se quedó parado en su lugar, Shaka al finalizar sus palabras empezó a caminar hacia los templos dándole espacio a Andrómeda de analizar y contemplar aquellas palabras. Saori escondía un secreto, y era algo muy importante para que decidiera después de todo, darle la espalda a él, sí, ella parecía estar maniatada, pero era de esperarse que eso no sería así por mucho tiempo.
Templo de Géminis
—Bueno, ¿qué haremos con el dinero que tan hábilmente le robaste a Sorrento?
—Yo no le robé nada a nadie, Saga. —Mu sonrió divertido caminando al lado de Géminis hasta la cocina—. Él me lo debía.
—Fue un trato justo.
—La verdad hemos tenido mucha suerte esta semana —analizó Mu—. El maestro Shion, solo nos pidió borrar el perfil de la página de citas, y continuó su camino, y ahora, y sin mucho esfuerzo tenemos 159 euros para gastar.
—No entiendo que fue lo que pasó con Shion, según vimos en el perfil, el comentario que dejó su cita dio a entender que todo fue un desastre. Sin embargo, el Patriarca llegó con una sonrisa de oreja a oreja.
—Es mejor no preguntar mucho. A veces, lo prudente es aceptar los cambios repentinos del maestro sin chistar.
—Llegaron muy tarde ayer —dijo Kanon entrando en bata de baño—. Hoy necesito que me ayuden a llevar mis cosas a mi nuevo hogar.
—Pensé que ya te habías largado —resopló Saga.
—Pues pensaste mal, hermanito. Claro si a esos se le puede llamar pensar.
—Deberías… —Saga se detuvo a mitad de oración para contemplar a Kanon—. ¿Esa es mi bata?
—Sí.
—¿Por qué usas mis cosas?
—Si que eres egoísta hermano. Aquí está tu horrible bata —dijo quitándose la prenda en lo que se la arrojaba a Saga a la cabeza y se retiraba del lugar.
—Es un idiota —acotó el mayor de los gemelos reparando que Mu tenía fija su mirada en el camino por el que marchó Kanon—. ¿Qué es lo que tanto ves?
—Tu hermano y tú se parecen más de lo que pensé —contestó divertido en lo que Saga fruncia el ceño.
—Deja de mirar a mi hermano, es perturbador.
—Es tu hermano, ¿tú qué harás con él?
—No me hagas asesinarte, Mu de Aries —amenazó señalando con el dedo índice, el lemuriano no pudo evitar echarse a reír—. Terminemos de desayunar para sacar a Kanon rápido de Géminis antes de que se arrepienta.
Grecia
Milo caminaba en medio de la ciudad, buscaba un regalo para Shaina luego de que ella hablara durante horas sobre una linda blusa que había visto en un almacén. Escorpio tenía los detalles de la dichosa prenda, pero le faltaba lo más importante: el nombre de la tienda, y esperando que no hubiera muchos almacenes en la ciudad, se aventuró a buscar una blusa que nadie parecía conocer.
Una limosina blanca se aparcó muy cerca de él, Milo no prestó mucha importancia y continuó su camino.
—Espera Milo —dijo una voz femenina que sonaba afanada—. ¿Milo?
El de escorpio se giró sobre sus talones para contemplar a una impresionante mujer que descendía de la limosina. La joven, tenía un hermoso cabello castaño, brillante y ondulado, sus impresionantes y grandes ojos verdes le miraron con fascinación, mientras con paso bastante elegante danzaba hacía él.
El Santo observó ensimismado a la muchacha de delicados movimientos y elegante figura. Una mujer de carácter fuerte y porte de diosa.
—¿Jolene? —Milo abrió la boca sorprendido, hacía mucho tiempo que no veía aquella joven—. ¿Qué haces aquí?
—Estoy en un viaje de negocios —contestó la castaña—. No imaginé verte caminando por estas calles.
—Bueno, vivo por estos lares.
—La ciudad es muy grande y tú muy escurridizo, por lo que todo esto me parece una maravillosa coincidencia. Que alegría verte. Ahora que estoy acá —dijo acortando la distancia con el Santo—, porque no me muestras el lugar donde vives. Recuerdo que me hablaste mucho de él en Polonia.
—Claro, si tienes tiempo te llevaré en este mismo momento.
Templo de Leo
Aioria estaba a las entradas del quinto templo, en lo que levantaba los brazos e intentaba recuperar algo de fuerza, en ese momento Camus subía las escaleras tranquilamente, cuando la imagen del Santo de Leo llamó su atención.
—¿Noche difícil? —preguntó el francés.
—Anoche, Eryx tuvo algo de fiebre. Fue un poco difícil conciliar el sueño. Pensé que los primeros días serían más difíciles, pero pasa el tiempo y los cuidados de Eryx se intensifican.
—Y eso que aún no gatea —bromeó el otro—. Los niños tienen un instinto suicida, apenas aprenden a moverse por sí solos y ya quieren aventarse de todo lado.
—El oficio de ser padre no es sencillo. Prácticamente, tenemos que evitar que ellos no se maten. No imagino la adolescencia.
—Sobrevivirás, Aioria —dijo colocando su mano sobre el hombro del otro.
—Gracias al cielo solo es uno. Comprendo mucho a Afrodita, con dos bebes en casa. Cuidar de uno solo es engorroso, no me imagino con dos.
—Sé que, de tener otro hijo, también lo harás bien.
—¿Otro hijo? —Aioria casi gritó—. No, amigo mío, así estoy bien, a veces me pregunto: ¿En qué diablos estaba pensando? No me malentiendas, amo a mi hijo, pero a veces no sé qué hacer, ¿otro hijo? No podría con otro hijo.
Camus se echó a reír.
—No te burles del mal ajeno. Dime, ¿tú quieres un hermanito para Dean?
Ante la pregunta el francés cambió su semblante, mirando con seriedad al otro que sabía había dado en el clavo.
—Por lo menos yo no tengo por qué preocuparme de eso. Tú, por el contrario, tienes esposa y esas cosas llegan a pasar, yo, mantendré mis pantalones bien puestos.
—Tal vez yo debería hacer lo mismo.
Blizz
Seika estaba atendiendo algunas mesas, mientras Shaina servía un poco de té y se los entregaba a Seiya para llevarlos a los clientes, por su lado, Naomi entregaba algunos panecillos a un grupo de chicos que entraron buscando algunos bocadillos y después de una larga discusión tomaron una decisión, comiendo y saliendo del lugar.
—Ha estado muy movido el día hoy —acotó la italiana a Naomi quien dejaba algunos billetes en la caja registradora.
—Eso es bueno. Seika está muy contenta con todo esto. Me alegra mucho por ella.
—Buenas tardes —entró Milo al café en compañía de una despampanante mujer, para la Cobra la presencia de la joven que acompañaba al griego no pasó desapercibida. Inmediatamente, levantó una ceja—. ¿Cómo están? —continuó caminando hasta la barra en compañía de su amiga—. Les presento a Jolene. Jolene, ellas son Naomi, y mi hermosa novia, Shaina.
—Gusto en conocerte —comentó Antlia, la italiana por su parte hizo un gran esfuerzo por sonreír.
—El placer es todo mío, señoritas —dijo la castaña con gran elegancia—. Este lugar es muy hermoso. Milo me habló de él durante todo el camino. También, me habló de ti —se dirigió a la cobra—. Eres mucho más hermosa de lo que Milo comentó.
—Gracias.
—¿Desean tomar algo? —inquirió Naomi.
—Bueno, en realidad tengo un poco de afán —indicó Jolene mirando a Milo—. Hemos estado toda la tarde caminando.
—Oh, sí, se nos fue el tiempo. Te acompaño al puerto, pero compremos algo para llevar, ¿te parece?
El gesto delicado que utilizó Escorpio para hablarle a la joven hizo que a Shaina le recorriera un escalofrió. Jolene aceptó encantada, pidiendo un par de cafés que tomaron divertidos, ambos se despidieron con bastante entusiasmo y salieron de Blizz en un interesante intercambio de miradas. La Cobra, observó por largo rato la puerta del lugar; no sabía quién era la tal Jolene, pero por alguna extraña razón la odiaba, además, que podía jurar, que Milo de Escorpio, jamás había sido tan caballeroso con ella como lo estaba siendo con esa mujer que aparecía de la nada.
—Que despampanante, ¿no te parece? —preguntó Naomi. Despampanante era poco, aquella mujer era más que despampanante—. ¿Quién es ella?
—¿No escuchaste que Jolene? —Shaina usó un tono brusco y casi amenazante.
—¿Estás celosa? —inquirió buscando los ojos de su amiga—. Si el mismo Milo te presentó como su bellísima Novia, ¿por qué los celos?
—No me gusta esa mujer.
—¿La conoces?
—No, no la conozco —comentó molesta—. No tengo ni puñetera idea de quien es o de donde salió. Pero Milo parece tenerle mucho aprecio, y no recuerdo que me hubiese hablado de ella en algún momento. No entiendo por qué Milo tiene que ser así siempre con todas las mujeres del mundo.
—Parece ser solo una amiga.
—Es difícil que tú me entiendas.
Inframundo
Violet acomodaba algunas flechas sobre la mesa después de un largo entrenamiento, por un momento su mente la traicionó y le trajo el recuerdo de Shion y ella en la pizzería, no pudo evitar sonreír al recordar las anécdotas que el Patriarca del Santuario le contó, le habló de los chicos cuando eran más jóvenes, de una peculiar historia con golosinas y un ingrediente mágico, le habló sobre sus años como Santo, incluso le habló sobre Yuzuriha, ese amor imposible que él alguna vez tuvo.
Ella también se abrió con él, contándole cosas que nadie más sabía sobre su vida, como sus amores, lo que alguna vez fue su familia y amigos. Le comentó sobre sus sueños, sobre sus miedos, le confesó la verdadera razón del porqué de su presencia constante en el Santuario, a lo cual no hubo mucho escándalo porque Shion ya lo presentía, también hablaron de Camus y como el Patriarca pensaba que tal vez ellos dos pudieran ser los padres del cuarto guardián, siendo negado rotundamente por Violet y afirmando una y otra vez, que la relación entre el francés y ella era únicamente de amistad.
En realidad, había sido una noche encantadora y tranquila.
—Hola, amor —susurró una voz en su oído, ella estaba tan distraída que no lo escuchó llegar—. ¿Cómo va todo?
—Igual que siempre —respondió ella con frialdad organizando con más fuerza las flechas sobre la mesa, mientras Minos seguía detrás de ella con las manos en su cintura—. Uno creería que los idiotas se reproducen rápido, pero ya ves que no. ¿Quieres quitarme las manos de encima?
—¿Ese es todo tu informe? —comentó seductoramente para luego girar a la chica y subirla sobre la mesa—. Siento que estás perdiendo tu tiempo, mi amor. Dime que tienes algo más para mí.
—¿Qué tal si te demando por acoso? —expuso apretando al juez con las piernas—. ¿Te gustaría?
—¿A quién le va a importar?
—¿Qué tal a la señora Perséfone?
Al escuchar aquel nombre el Grifo rápidamente se apartó y no por la diosa, sino por Hades, al cual no le gustaría que uno de sus jueces estuviera entrometiéndose con una de las mujeres favoritas para ser la madre del cuarto guardián.
—Parece que si tienes algo de escrúpulos —dijo ella bajando de la mesa—. Vuelves a hacer algo como eso, y me veré en la obligación de hablar con la señora Perséfone, y no sé, tal vez, al señor Hades también le interese.
—Haz lo que quieras, muñeca. Solo mantenme bien informado, ¿quieres?
Templo de Escorpio
El día pasó demasiado rápido, Milo tuvo muchas cosas que hacer después de dejar a Jolene en el puerto. Entrenó y ayudó con la mudanza de Kanon, preguntándose en qué momento el menor de los gemelos había adquirido tantas cosas. Desde luego las peleas entre los hermanos de Géminis no se hicieron esperar, donde un molesto Mu, estuvo a punto de asesinarlos y Milo aprovechó para enemistar más a los gemelos. Aioros fue otro que colaboró con la causa y en algún momento de la tarde los tres se sentaron a ver como Saga y Kanon discutían sin cesar.
Pero la noche al fin había llegado, ahora buscaba un poco de calor en su templo, y repasando en su cabeza la cantidad de cosas que tenía que hacer al día siguiente, entre esas, salir a buscar la blusa de su novia, la cual olvidó comprar luego de encontrarse con Jolene.
—Hola, mi amor —saludó Shaina entrando a la octava casa, Milo se intrigó ante la efusividad de su novia.
—Preciosa, pensé que nos veríamos hasta mañana.
—Organicé todo para podernos ver hoy —comentó seductoramente y con un gran beso mordió el labio inferior del griego—. Traje la cena —susurró con felina voz en lo que caminaba hasta la cocina.
Milo no entendió el porqué de la actitud de su novia, y tampoco se detuvo a preguntar, cuando la Cobra estaba de buen humor, los encuentros eran maravillosos.
—¿Qué te parece si vamos a cine mañana? —preguntó ella, Escorpio quiso decir que no, pero la mirada profunda de su novia lo hizo aceptar. En otra ocasión buscaría aquella blusa.
Alrededores del Santuario
Geist daba su recorrido habitual, bostezando recordó como Shaina hábilmente la había convencido para cambiar de turno, y poder pasar esa noche con Milo y ahora que lo pensaba ella podría estar en su cabaña en compañía de Shiryu, pero la muy astuta Cobra en último momento la manipuló para hacer lo contrario. Pero si lo pensaba bien, el trato era justo, ella tendría la siguiente semana dos noches libres porque Shaina tomaría su lugar.
—Geist —llamó delicadamente Shura, la aludida miró por encima de su hombro y se preparó para lo peor poniéndose rápidamente en guardia—. No voy a hacerte daño.
—Tus miradas dicen otra cosa. Desde lo que pasó en tu templo, me ves como si fuera lo peor que te ha pasado en la vida.
—Y lo eres —dijo mirando al cielo en lo que Geist torcía la boca—. Perdona mi sinceridad, pero así es.
—No confundas sinceridad con arrogancia —expuso ella con los brazos cruzados—. Las personas enredan sinceridad con mala educación, creen que al decir lo que piensan están siendo sinceros y que eso los hace mejores personas, pero ser sincero no es pasar por encima de las ideas o pensamientos de otros. Eso no es ser sincero, eso es ser un pendejo.
—Eso es cierto —dijo caminando hasta ella—. No porque yo piense algo quiere decir que estoy en lo correcto y no puedo disfrazar mi enojo o mi disgusto llamándolo sinceridad.
—Bien, aprendes rápido —aclaró sin bajar la guardia. Shura tomó una gran bocanada de aire.
—Lo lamento, te hice daño, te lastimé y no sabes cómo me arrepiento de ello. —Se detuvo por un momento remojando sus labios, suspiró profundo y luego buscó nuevamente los ojos de Geist—. No ha sido fácil tenerte en mi vida. Tampoco has sido lo mejor de ella, debí comportarme desde el principio y no lo hice, debí tomar tus sentimientos en serio, pero pensé que solo eras una niña. Yo… de verdad me disculpo por todo el daño…
—Por primera vez tu disculpa no suena fingida —dijo ella con voz muy suave—. Siento que sí estás arrepentido.
—Lo estoy —continuó—. Quiero que me perdones.
—Yo te perdoné hace mucho tiempo —comentó con dulzura—. Es lo que algunas personas llamarían amor. Pero es ridículo amar a una persona que te hace daño. Pero así lo sentí en su momento, sentí amor, pero ahora que lo pienso, simplemente era dependencia. No se ama a quien te lastima. Pero tampoco puedo odiarte… el odio es un sentimiento muy puro para entregárselo a cualquiera. Ya hace tiempo que dejé de preocuparme por ti.
—Escucharte decir eso es bueno. Me alegra saber que después de todo, tú sola te diste cuenta de la realidad. Sin embargo, en lo que estabas confundida, yo me aproveché de eso y quisiera devolver el tiempo…
—Shura, tú no necesitas estar en paz conmigo. Necesitas estar en paz contigo mismo, no puedes seguir adelante porque no has hecho las paces con tus demonios. Aún hay monstruos que te atormentan y hasta que no te liberes de ellos no podrás seguir adelante. Yo te perdono. Pero no es mi perdón el que necesitas.
Shura se quedó parado en el mismo lugar durante un buen tiempo, Geist desapareció entre las sombras como un fantasma dejando en su corazón palabras afiladas que perpetraron en lo más profundo de su ser, tenía razón. No podía seguir escondiéndose de su pasado y de sus miedos.
Cabañas Femeninas
Shaina se levantó agotada, había pasado ya un mes desde la aparición de Jolene que resultaba ser una importante amiga de Milo, y una antigua amante. Escorpio nunca había hablado de ella, pero basto un par de miradas y palabras para saber que aquella mujer era más importante para el griego de lo que él aparentaba.
Jolene y Milo se habían conocido en Polonia cuatro años atrás en una misión, como era de esperarse no existió ninguna amenaza por lo que el Santo pasó el fin de semana conociendo el país y en compañía de Jolene disfrutó de las maravillosas tierras polacas. La mujer de hermosa cabellera de chocolate no era cualquier persona, tenía una basta fortuna y era presidenta y dueña de una gran compañía. Sus modales finos venían desde cuna, como toda una dama de alta alcurnia, era poliglota, además de tener algunos doctorados que acompañaban su título, era filántropa, líder de grandes fundaciones y en el año anterior fue declarada la mujer más hermosa.
Shaina no la soportaba, Milo hablaba de ella como si la tuviera hecha de oro, para la italiana no pasaba desapercibida la gran admiración que su novio tenía por Jolene, que parecía incluso más poderosa que la misma Saori Kido. Como era de esperarse, la bellísima y beata Jolene estaba en la ciudad por negocios, por lo que debía estar en algunas fiestas de la alta sociedad. Desde luego y como gesto bondadoso invitó a su amigo a un par de estos eventos, donde Shaina aceptó ir bajo el descontento de la admiración del griego. No pudo sentirse más que incomoda en medio de tanto rico hablando con elegancia y propiedad, en cambio, Milo se desenvolvía como pez en el agua.
La Cobra intentaba ser lo más tolerante posible, sonreía cuando ella estaba cerca, aceptaba las invitaciones y trataba siempre de poner su mejor cara y no discutir con Milo por el acercamiento entre Jolene y él. De igual forma buscaba la forma de no perder la batalla contra tan maravilloso adversario, cuando tenía la oportunidad aprovechaba para recordarle a Escorpio porque Shaina era la mejor de todas, como un oral en medio de una oscura sala de cine, un par de tocamientos indebidos bajo la mesa con la pierna en la zona más sensible del Santo. Todo eso funcionaba en gran parte, pero él seguía fascinado con Jolene.
Shaina no sabía qué hacer y con el paso del tiempo sentía que lo estaba perdiendo y que no soportaría por mucho tiempo las apariencias.
Claro que eso es lo que pensaba Shaina, porque a decir verdad no había ningunas apariencias. Todos los miembros del Santuario estaban hartos, hartos de las peleas que Escorpio y la Cobra sostenían las 24 horas del día los siete días a la semana, ya nadie recordaba cuando había sido la última vez que Milo y Shaina estaban de buen humor. Tenían sus momentos, muy pocos y esporádicos, pero siempre en alguna parte una discusión sin sentido iniciada por la italiana se cernía por todo el campamento.
Aquellos que conocían mejor a Shaina sabían cuál era su molestia, ella nunca lo dijo con nombre propio, pero para sus amigas, era evidente. La Cobra estaba enceguecida con Jolene, no podía aceptar que ella estuviera cerca de Milo, no podía resistir que Escorpio hablara de ella y cada día se hacía más irritante.
Shaina era consciente de su aversión por Jolene, odiaba todo lo que era esa mujer, su sonrisa, sus rizos perfectos, sus uñas siempre cuidadas, sus elegantes movimientos, su inteligencia, su armonía, la odiaba tanto que cada vez se imaginaba que Milo podría irse con ella, y como no, si ella era perfecta.
—Vas a tomarte el café —preguntó Geist por tercera vez viendo la taza fría de la Cobra atrapada entre sus largos dedos—. Está bien, tú la lavas después, ya me tengo que ir.
Shaina suspiró con pesadez, esperaba que su amiga le preguntara que la tenía de mal humor, y todo con el fin de hablar de Jolene, de lo mucho que le molestaba aquella mujer. Pero tanto Geist como las demás se habían cansado del tema y evitaban tener que escuchar a la Cobra proliferando contra una persona que a la hora de la verdad no le había hecho absolutamente nada.
Un golpe en la puerta la hizo ponerse de pie.
—Hola amor —saludó Milo depositando un largo y profundo beso en la mejilla de la peliverde—. Traje esto para ti —continuó mostrándole a la italiana una enorme caja. Shaina la abrió encontrándose con un precioso vestido de color rosa—. ¿Te gusta?
—Es… hermoso —comentó mirando la prenda de seda delicada—. ¿A qué se debe?
—Te lo envía Jolene —explicó en lo que Shaina apretaba la tela del vestido con ira—. Es su cumpleaños esta noche, y nos invitó ir a su fiesta.
—Como siempre tan generosa —completó mordazmente, Milo no fue consciente del tono sarcástico.
—Verdad que sí, vendré por ti a las siete.
—No iré, Milo, no te molestes —acotó arrojando el vestido al suelo—. Tú y tu perfecta muñeca de porcelana ya me tienen harta.
—¿Vas a empezar otra vez? —dijo pasándose las manos por el cabello para echarlo hacia atrás.
—Sí, voy a empezar otra vez. Milo, porque no me dices que te gusta ella y que quieres irte a su lado.
—Porque no es verdad.
—Sí lo es —sacudió las manos frustrada—. No sé qué me molesta más: que no puedas disimular lo mucho que te encanta, o que me creas idiota.
—Shaina, no quiero volver a discutir lo mismo. Jolene es solo una amiga.
—Una amiga que te hace bellos regalos, y que te lleva a todas partes. Si claro, solo una amiga.
—Pero tú siempre has estado ahí conmigo.
—Porque en el momento que te dé la oportunidad, sé que te irás con ella.
—¿Tan poca fe me tienes? ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí? Yo nunca…
—Milo, no quiero escucharte de nuevo. Solo vete. Vete.
Escorpio suspiró abrumado, con una última mirada caminó hasta la puerta y observó a su novia esperando que cambiara de parecer, pero esta, simplemente se encogió de hombros y en un rápido movimiento se hizo del vestido que descansaba en el suelo y se lo tiró a Milo en la cara.
—No necesito regalos de nadie —bramó encerrándose en su cuarto.
Templo de Acuario
—Esto es impresionante —dijo Hyoga mirando a su maestro quien parecía afligido—. Dean, no solo será el heredero de la armadura de Escorpio, sino que también, sabe manipular el hielo como usted.
—No es tan divertido, Hyoga —comentó el francés sobándose la cabeza—. Dean, aún es muy pequeño y no sabe manipular bien su cosmos.
—Pero congeló todo el piso de Acuario.
—Por eso es peligroso, Hyoga —enfatizó en lo que el rubio reía divertido.
—Me recuerda los viejos tiempos —comentó Shion entrando al onceavo templo—. A los dos años, Camus congeló todo el suelo de la sala principal, era de suponerse que tu hijo sería igual de bueno a ti.
—Sigue siendo peligroso —volvió a decir sin dejar de sobarse la cabeza.
—Un fuerte golpe.
—No lo esperábamos, maestro Shion —explicó Cisne—. Cuando entramos al templo, simplemente, nos fuimos de bruces. La señora Tessa aparte de estar un poco resfriada está completamente asustada.
—Desde luego, no siempre ves a un bebé congelando cosas con sus manos —acotó divertido Shion.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Violet, pero antes de recibir respuesta terminó resbalando y cayendo a los pies del Patriarca.
—¿Estás bien? —quiso saber el lemuriano, inclinándose para observar a la chica—. ¿Te hiciste daño?
—¡Qué tonta! —dijo divertida ella mirando al peliverde—. Creo que tendré que aprender a patinar.
—Sí, deberías hacerlo —sugirió el Patriarca ayudando a poner de pie a la chica—. Hagamos algo con esto —continuó elevando su cosmoenergia y haciendo que el hilo se evaporara bajo sus pies—. Mucho mejor.
—Gracias, maestro —expuso Camus.
—Debo continuar con mi recorrido —comunicó Shion para luego mirar a Violet—. ¿Segura que estás bien?
—Sí —contestó ella un poco nerviosa.
—Me retiro, ten cuidado con Dean, Camus.
—Sí señor.
—Yo también me voy —comentó Hyoga, seguía sin entender la relación del espectro con su maestro, pero lo mejor era no estar haciendo mal tercio—. Hablamos después.
—Acabo de descubrir algo realmente interesante —comentó Camus al encontrarse solo con Violet, la joven lo miró intrigada—. Te gusta Shion.
—¿Qué? Claro que no.
—Miéntete a ti misma si quieres —expresó buscando la mirada de la chica—. Pero no puedes engañar a mis ojos. Te gusta, de eso se trata. ¿Acaso tú y él…?
—No digas estupideces, Acuario. Shion y yo, somos amigos y es todo. ¿Cómo está Dean?
—¿Shion? —Camus hizo énfasis en el nombre del Patriarca—. ¿Ahora lo llamas Shion? Ya no: Señor Shion.
—Te voy a asesinar si continúas molestando.
—De un tiempo para acá los he visto muy amigables a ustedes dos. Él te llama Violet, y tú ahora le dices, Shion. Ay, el amor.
—¡Que no es eso, tarado! Simplemente, nos llevamos bien, es todo. Es la única persona con cerebro en todo este lugar. Aparte de Athena y también tengo mis dudas.
—Violet, Violet, Violet. —Camus caminó alrededor de la chica—. Te gusta Shion. Te gusta.
—Y si así fuera, ¿qué? ¿Te afecta en algo?
—¿Tienes algo con Shion? —preguntó acercándose hasta ella—. ¿Hace cuanto están juntos?
—No estamos juntos —contestó apartando al Santo de un empujón—. Cielos.
—¿No están juntos? Pero a ti te gusta —analizó, Violet rodó los ojos—. ¿Quieres que te ayude?
—Mira Camus —la voz de Cetus sonó demasiado seria para el gusto de Acuario que nunca le había escuchado emplear ese tono—. No existe, ni existirá nada entre el Patriarca y yo, no espero que lo entiendas, pero si te pido que no lo vuelvas a mencionar.
—Pero ¿Por qué? ¿Por qué no puede haber algo entre ustedes dos?
—Porque las relaciones entre Santos y Espectros nunca han funcionado —explicó desesperada—. Por lo general uno de los dos termina asesinando al otro, este tipo de amor está maldito.
—Pero…
—No Camus, por favor.
—Espera, espera… me molestas por no estar con Ana María y ahora tú, haces lo mismo con Shion. Te puedo asegurar que tú le gustas a él.
—¿En serio? —preguntó cambiando rápidamente de semblante—. Ay, no, Camus. Ya te dije que no volvieras a tocar el tema. ¿De acuerdo?
—¿Si salgo con Ana María Saldrás con Shion?
—No.
—Eres una mujer difícil de convencer.
Campos de Entrenamiento
—¿Qué pasó con Giles? —preguntó Naomi a June—. No fue hace un mes que lo conocimos. ¿Te has hablado con él?
—La verdad no —contestó la rubia apretando las vendas de sus brazos—. Tal vez no era de su agrado. No lo sé.
—¿Lo llamaste alguna vez?
—Quedamos en que él llamaría.
—No puedo creer que no te haya llamado, parecía interesado en ti.
—Solo fue un momento.
—Espera —pidió la escocesa antes de que su amiga se escapara—. ¿Cuándo sales llevas tu celular contigo?
—No, ¿para qué? Esa cosa y apenas sirve aquí y afuera, no es de mucha ayuda.
—June —la voz de Antlia sonó suplicante—. Giles pudo haberte llamado y tú ni enterada porque no sacas ese maldito aparato de tu cabaña.
—Ahora que lo pienso…
—Vamos —interrumpió—. Llevemos el celular a Blizz y miremos.
Blizz
—Vaya, creo que si llamó.
—¿Quién? —preguntó Marín observando a June quien estaba abstraída en su celular, mientras Naomi la miraba con desaprobación—. ¿Me escuchan?
—Hace un mes, June conoció a un apuesto muchacho —contó Antlia—, quien muy gentilmente dijo que la llamaría, pero la muy tonta, dejó todo este tiempo su celular guardado en una gaveta, pensando que ella no era del agrado de dicho muchacho.
—Bueno, llámalo, tal vez aún esté disponible —animó Águila.
—No sé, me da vergüenza —indicó la rubia.
—Ya sé —dijo Naomi—. Porque no lo buscas en el bar, él trabajaba allí. Dile que tu celular se dañó y que tuviste que viajar, y hasta ahora vuelves. Pero no te quedes ahí.
—¿Lo creen correcto?
—También puedes llamarlo y decirle la misma mentira —aconsejó Marín—: Que tuviste que viajar y dejaste el celular en casa con todos tus contactos. Así no pierdes el tiempo yendo hasta allá.
—Tú lo que quieres es que lo llamé en este momento para que puedas escuchar.
—¿Tan obvia fui?
—Vamos llámalo —empujó la escocesa. June se propuso hacer como le pedían.
—Está sonando —les indicó a las otras dos que esperaban ansiosas—. ¿Giles? Hola, ¿Cómo estás? Lamento mucho no haberte llamado antes… Sali de viaje y… bueno, no fue posible comunicarme contigo antes… y… bueno… ¿Cómo estás? ¿En serio? Claro, sí. Ahí estaré.
—¿Qué te dijo? —interrogó Marín entusiasmada en lo que June colgaba la llamada.
—Me dijo que, si nos podíamos ver hoy, me espera en el bar esta tarde.
—Irás, ¿cierto? —quiso saber Antlia.
—Bueno, le dije que sí, pero ahora que lo pienso.
—¡Irás! —soltaron en unísono las otras dos sin darle mucho tiempo a June de replicar.
Grecia
La noche era perfecta, Milo llegó vestido en un elegante traje azul oscuro, sus ojos miraron todo el salón y maravillado marchó por el iluminado recinto para encontrarse con Jolene. La polaca estaba realmente deslumbrante, vestida en un impresionante vestido blanco de escote profundo y abertura en la pierna derecha, todo su cabello estaba de medio lado, y sus labios carnosos saludaron con una sonrisa al griego.
—Gracias por venir —dijo ella besando al hombre en la mejilla—. ¿Y tu esplendida novia?
—No pudo venir —mintió algo entristecido—. Te envía saludos, y te desea un feliz cumpleaños.
—Es una pena que no haya podido venir, ella es tan hermosa que hubiera opacado a todas las mujeres presentes. ¿Qué le pasó?
—Estaba un poco indispuesta.
—¿Es eso, o no quería verme? —preguntó con bella sonrisa, para Jolene no era un secreto que Shaina no la quería—. Sé que no le caigo bien, pero nunca he querido herirla de ninguna forma.
—Lo sé, pero ella no…
—Si quieres puedes ir con ella. No te preocupes.
Milo lo pensó un rato, finalmente, él no estaba haciendo nada malo, y la persona delante de él era una amiga.
—No, me quedo aquí contigo.
—Que buena decisión, ven, te quiero presentar con algunos amigos.
La fiesta continuó sin ninguna eventualidad, Milo disfrutó de la noche conversando amenamente con Jolene, hubo mucho trago y comida, también estuvieron bailando hasta el punto de que la polaca se vio en la obligación de quitarse sus zapatos altos, al final del evento todos marcharon a sus respectivos hogares y Escorpio llevó a una embriagada Jolene por los pasillos del lujoso hotel donde ella se hospedaba. Aunque ella insistió en irse sola, el Santo no se lo permitió y siendo consiente que él también estaba en un estado de alcohol elevado se mantuvo estático y con toda su fuerza logró llegar con Jolene hasta la habitación.
—Deberías quedarte —dijo ella tratando de colocar la llave en la puerta, Milo tuvo que ayudarla—. Te ves muy mal.
—Estaré bien —comentó él en lo que Jolene al entrar cayó al suelo—. ¿Estás bien? —interrogó, la castaña no paraba de reír.
—Deberías quedarte —volvió a decir al tener a Milo cerca quien intentaba ayudarla a ponerse de pie—. Me sentiría mejor si te quedas, no podré dormir bien si te vas en el estado en el que estás.
—Estoy bien —recalcó, pero antes de poderse poner de pie también se cayó al lado de Jolene—. De acuerdo, no estoy bien —continuó acostado sobre el suelo, la joven lo imitó.
—Quédate —pidió girando su cabeza para verlo.
—De acuerdo —contestó él finalmente.
…..
June llegó al bar donde trabajaba Giles quien al verla la saludó con una gran sonrisa y un movimiento de su mano, luego en un par de pasos marchó hacia la barra donde el castaño le pidió esperar por un momento en lo que terminaba su turno. Estaba nerviosa y solo esperaba que la noche terminara pronto y no estropear todo.
Continuará
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A que no esperaban una actualización tan rápido jejeje pues aquí estoy.
Como nota importante o tal vez no tan importante, Jolene está inspirada en la canción del mismo nombre de Dolly Parton.
Monse: Hola, ¿Cómo vas? Sí, el pobre Patriarca se va a infartar un día de estos, y bueno, Shunin, nada, tendrá que superarlo jejeje. Gracias por tu comentario.
8D: Trataré de no perderme tanto, pero no prometo nada jajaja… Camus, bueno Camus, él tiene algunas cosas que superar, dale un poco de tiempo. Ay, sí, al pobre Shun le rompieron el corazón en mil pedazos y todo por las exageraciones de Shion, tampoco les iba tocar fácil al par de tortolos. Oh, aquí más de uno está a favor de Ikki y Shunrei, a ver que sale de todo esto. Efectivamente, los amigos están ahí para ayudar o para estropear más las cosas, y que mejor que esas paginas de citas tan guarras jajaja… y desde luego, me tomaré y comeré muchas gomas borrachas a tu salud (cuando tenga la oportunidad jajaja) gracias por tu comentario.
Nos estamos leyendo.
