18. Noche Azul
Narella se puso de pie abriendo las persianas de su habitación dejando entrar los brillantes rayos del sol, caminó hasta la salida y sonrió con picardía al notar que su compañera no había llegado en toda la noche y mientras se servía una taza de café pensaba en como iba a abordar a June apenas llegara, no pasó mucho tiempo cuando la de Sextante escuchó el ruido de la puerta que se cerraba con timidez.
—¡Aja! —salió de improvisto y June saltó asustada.
—¡Narella! ¿Por qué hiciste eso? Casi me matas del susto.
—Tú eres la que entra a hurtadillas a la casa. ¿Qué tal la noche, nena? —dijo socarronamente.
—No quiero hablar de eso —expuso intentando escaparse para perderse en su habitación.
—No señorita. —Narella la interceptó por el camino y trayéndola por el brazo la hizo sentar en el sofá—. Quiero saber todo —continuó acomodándose frente a la rubia.
—No es lo que te imaginas —explicó agotada—. En serio.
—Te escucho.
—De acuerdo. —June suspiró abrumada y con voz cansada empezó a contar su historia—: Primero, cuando llegué al bar donde trabaja Giles, tuve que esperar por dos horas a que él saliera, siendo que terminaba su turno antes, pero el lugar estaba tan atestado de gente que no le fue posible salir antes.
—Gajes del oficio.
—Sí. Cuando por fin salió me dijo que lo habían invitado a un ensayo de unos amigos. Me pidió ir con él. Así que atravesamos toda la ciudad, a pie, hasta el punto donde un grupo de niños…
—De nuestra edad —recordó Narella, June le dio la razón y continuó.
—Sí, nuestra edad. Pero con mente de niños de doce.
—Que brusca.
—En serio amiga. Las chicas usaban mucho maquillaje y se tomaban fotos frente al espejo del baño. Es más, se ubicaban de cierta forma y trataban de que se les viera el trasero que no tienen. —Narella se echó a reír—. Fue algo muy extraño para mí, y los muchachos pensaban que porque tenían una "banda de rock" eran los hombres más deseables de todo el planeta entero. En fin, después de soportar por dos horas un sonido ensordecedor, nos despedimos del grupo. Giles me invitó una cerveza, pero el camino se hizo tan largo que terminamos donde iniciamos…
—¿Volvieron al bar donde trabaja él?
—No, a un parque frente al bar. Me dijo al llegar: 'Sentémonos un rato'. Y yo como boba dije que sí. Así que estuvimos, cinco horas sentados en una banqueta hablando de Shura.
—¿Dijiste Shura? —Narella se acercó para estar segura de haber oído bien.
—Sí, eso dije. Giles intentó proponer varios temas, pero en todos, yo nombraba a Shura. Cosas como: 'Con Shura, hice esto' o 'Sí, con Shura fui a esto', 'con Shura vi esto'. Porque todo lo que Giles decía que había hecho, a mí me recordaba que yo había hecho algo similar con Shura. No sé como él soportó una charla donde el nombre de Shura aparecía cada cinco segundos.
—Porque quería dormir contigo —explicó divertida intuyendo como había terminado el final de esa historia.
—Seguramente. Y bueno, se hizo tan tarde que ya no me fue posible tomar un ferri de regreso, a lo que Giles me ofreció amablemente quedarme en su casa. Y desde luego dije que sí.
—Oh, sí. Y pasaste una noche llena de placer, supongo que después de eso, no repetiste el nombre de Shura.
—¿Me dejas terminar, tonta?
—Por favor sigue.
—Llegamos a su casa, que, por cierto, estaba muy lejos también, donde en algún momento llegué a pensar que el tipo era un psicópata o algo así —suspiró—. En fin, su casa era como de cuatro plantas y él vivía en el sótano.
—Vive con sus padres.
—No lo sé, estaba muy tarde y al entrar él puso una cantidad de cerrojos y luego estaba en su pequeño cuarto. Me dijo que me prestaría una sudadera para dormir, pero le dije que no, y luego me ofreció ver anime.
—¿Anime?
—Sí, esos dibujos.
—Sí —dijo Narella chasqueando la lengua—. Sé lo que son, pero supuse que te invitaría a ver algo más interesante. ¡Ya sé! Puso Hentai.
—¿Qué? ¡No tonta! —Narella rio más fuerte—. Que molesta eres. Puso Evangelion, que es casi lo mismo. —Ambas se echaron a reír—. En fin, nos acostamos a ver el programa y él se hizo detrás de mí abrazándome y pensando en que no me sentía muy dispuesta intenté hacerme la dormida. Funcionó por un rato y él apagó la televisión. Hizo un movimiento un poco fuerte por lo que no pude seguir fingiendo, pero no importa, me giré para quedar frente a frente.
—Dime que usaste preservativos.
—Nare, cierra la boca.
La pelirrosa se echó a reír nuevamente.
—Nos besamos —continuó—. Fue un beso… normal, no fue la gran cosa, simplemente un beso y ya, pero él empezó a tocarme, ya sabes. —Narella sonrió con picardía, pero June negó—. En fin, me dije: ¿Por que no? Por la diosa, me sentí como en mi primera vez, no estaba segura de nada. El hecho es que quise no verme tan novata, así que… metí mi mano en su pantalón…
—¡Sí! Bien, así se hace. ¿O no? —preguntó al ver la cara desilusionada de su compañera—. ¿Qué pasó?
—Mira. Yo no sé nada de penes… pero… el de Shura era… grande y él de este chico, algo escaso… —Finalizó con inocencia.
—¿Lo tiene chiquito? ¡Oh por dios! ¿Pero él ya estaba…?
—Sí. Estaba muy duro… pero ya te dije, no sé si era pequeño. Es muy pronto para decir eso. Pero a comparación con el de Shura, era muy pequeño.
—Bueno, el tamaño no importa —consoló—. Mi primer novio tenía tremendo armamento y nunca disfruté el sexo con él. Es más, a veces dolía. ¿De que sirve un gran miembro si no sabes qué hacer con él? ¿Tan mal fue el sexo?
—No hubo sexo —agregó cubriéndose el rostro—. Cuando descubrí ese pequeño artefacto, yo… saqué las manos de inmediato y… le dije que íbamos muy rápido.
—Pobre.
—Nos quedamos hablando un poco y me contó que su ex le fue infiel, terminaron, regresaron y ella volvió a engañarlo.
—Pobre.
—Yo me reí mucho. Mucho…
—¡June!
—No lo hice por eso, yo pensé que uno debe ser muy idiota para que te engañen dos veces. Y fue como mi vida y me pareció gracioso… pero creo que él no lo vio de esa manera, siento que él sintió que me estaba burlando de él. Después se quedó profundamente dormido y esta mañana fue muy difícil hacerlo despertar, finalmente me despedí y aquí estoy.
—Noche muy difícil. ¿Volverás a llamarlo?
—No. No después de todo lo que pasó. Es que ni siquiera logro entender a ese muchacho. Digo, hablé toda la noche de Shura y aun así intentó dormir conmigo. Creo que quiso aprovecharse de mi poca experiencia.
—Solo fue una mala salida, amiga. Conocerás a alguien más.
—Tienes razón —dijo poniéndose de pie—. Debo superar a Shura, y si en algún momento encuentro una persona, no quisiera que Shura se interpusiera. Por eso debo cambiar todo eso y dejar el pasado atrás. La bajeza de Shura me tomó por sorpresa, para lastimar tiene mucha destreza.
—¿Acaso le robaste las palabras a Andrea Echeverri?
—Ya decía yo que eso era de una canción —rio—. De todas formas, debo dejar todo esto atrás.
—Así se habla.
June caminó decidida hasta el baño dejando a Narella confundida.
Templo de Escorpio
Milo subía las escaleras hasta su templo completamente tranquilo, silbando una canción llevaba entre sus dedos la corbata dejando que el viento despeinara aún más su cabello. A la entrada de su casa se encontró una malhumorada Shaina que estaba sentada en el umbral, ignorando el ceño fruncido de la Cobra, el griego se decidió hablar:
—Hola mi amor —saludó levantando los brazos, la italiana se puso de pie, pero en vez de abrazar al Santo le propinó un fuerte puño en la cara que lo terminó derribando en el piso—. ¡Maldición! —Milo se sobó la zona afectada y escupió un poco de sangre—. Eso fue un gran golpe, ni siquiera lo vi venir. ¿Pero que demonios pasa contigo? —continuó poniéndose de pie—. ¿Qué pasa?
—¡No soy idiota, Milo de Escorpio!
—No, solo estás rayando en la locura.
—Eres un miserable maldito —escupió con las manos en la cintura—. No puedo creer que seas tan cínico.
—Oye, en serio no entiendo lo que está pasando.
—¡¿Me crees estúpida?! —Shaina gritó tan fuerte que las aves que estaban por ahí volaron espantadas.
—Jamás —comentó Milo en tono calmado e ignorando el dolor en su mejilla miró fijamente a la peliverde—. Jamás he pensado eso de ti.
—Eres un idiota —resopló ella caminando escaleras abajo.
—¿Acaso ya enloqueciste?
—¡Milo! —volvió a gritar—. Creo que es bastante claro que dormiste con ella. Y eres tan cretino que piensas que no me daría cuenta.
—Definitivamente, sí, enloqueciste.
—Bastardo.
Cabañas Femeninas
—¿Cómo te fue? —preguntó Geist a Naomi quien acababa de llegar a la cabaña después de su turno nocturno.
—Bien, nada raro. ¿Has notado que las guardias son muy aburridas?
—Ya no hay amenazas, así que todo aquí se ha hecho monótono.
—Tienes razón, pero mira que…
Naomi no pudo terminar de hablar, a la mitad de su frase la puerta de la cabaña se abrió con tanta violencia que terminó desprendiéndose de las bisagras.
—¡Shaina! —llamó Naomi al ver a su compañera—. Es la tercera puerta que reparamos este mes por culpa de tus arrebatos, nena. ¿No puedes entrar como una persona civilizada? —Por respuesta la escocesa recibió un portazo en las narices cuando la Cobra se encerró en su habitación—. Ella necesita ir a terapia de control de la ira —le dijo a Geist.
—Tuvo una mala noche —explicó la pelinegra—. No durmió nada, se la pasó todo el tiempo caminando de lado a lado en la sala.
—Esto no puede seguir así…
—Buenos días, señoritas —saludó Milo entrando en la cabaña para luego caminar hasta la habitación de Shaina.
—Yo no entraría ahí si fuera tú —sugirió Geist—. Es peligroso.
—Correré el riesgo —dijo él tumbando la puertezuela.
—Genial —expresó Naomi—. Otra puerta que tenemos que reparar.
—Mejor nos vamos antes de que empiecen a volar cosas. —Geist corrió hasta la salida seguida por Naomi.
—¿Qué demonios haces, Milo? —preguntó Shaina al ver al hombre.
—¿Qué pasa contigo? ¿Pareciera que no me conoces? —protestó, estaba tan enfadado que no le importaba haber cometido daño en propiedad ajena.
—Sí, sí te conozco —señaló la italiana—. ¡Te conozco tan bien, que sé que te revolcaste con Jolene!
—¡Pues no me conoces nada! —Milo no se percató que también estaba gritando—. Si me conocieras, sabrías muy bien que jamás te seria desleal. No hay mujer en el mundo a quien amé más que a ti. Jamás te fallaría.
—¿Y ya con eso crees que voy a saltar a tus brazos? —El Santo rodó los ojos y se cruzó de brazos—. Sé lo mucho que te gusta esa mujer. Sé que te morías de ganas por estar con ella y anoche se te hizo. ¿No? Es lo que querías, ahora piensas que voy a creer cualquier cosa que salga de tu boca.
—Parece que tuviste una noche bastante larga para torturarte e imaginar una cantidad de cosas. Pero escucha bien —explicó juntando los dedos índices con los pulgares de ambas manos—. No dormí con Jolene. Jolene es una amiga y ya.
—¡Pues no te creo!
Milo se relamió los labios enojado y luego giró la vista hacia otro lado para después clavar su mirada en la Cobra.
—Sé que no me crees —dijo con voz suave logrando que Shaina bajara un poco la guardia—. No importa lo que yo diga, tú tienes tu propia versión de los hechos, y nadie te hará cambiar de opinión.
—¿Entonces a que viniste? —retó nuevamente con las manos en la cintura.
—A acabar con todo esto —soltó, Shaina bajó los brazos—. Estoy harto, estoy harto de tu desconfianza, de tus peleas, de tus inseguridades. Estoy harto de intentar e intentar estar bien contigo, de siempre disculparme, de siempre ser el malo.
—Pues…
—No dirás nada esta vez. Esta vez voy a hablar yo. No he hecho otra cosa que buscar la manera de que seas feliz, pero a todo le encuentras un pero, hacerte feliz es difícil. Te amo. Los dioses saben lo mucho que te amo. —Milo suspiró pesadamente—. Esto no es solamente sobre Jolene. Te molestas por todo: porque hice, porque no hice y yo… ya no puedo más.
—Es que sí…
—Ya no puedo más Shaina. —La voz de Milo sonó tan autoritaria que la Cobra perdió el ímpetu—. Estas peleas venían desde antes y se intensificaron cuando apareció Jolene. Y todo eso me tiene harto. Cuando entiendas lo maravillosa que eres y lo imposible que es reemplazarte y dejar de amarte, hablamos. Por ahora, yo no seguiré corriendo tras de ti. Me rindo. Me rindo. Adiós, Shaina.
—Milo —Shaina susurró muy suave el nombre del Santo, si él la escuchó realmente no importaba porque ahora ya no estaba ahí. Ella no se atrevió a seguirlo y él no se giró para mirar atrás.
Campos de Entrenamiento
Luego de unas horas y después de que Naomi y Geist hubieran dejado de hablar de Milo y Shaina, preguntándose si había sido apropiado haber dejado a su amiga sola, decidieron entrenar un poco con los aprendices más jóvenes, quienes después de un rato se distrajeron con bastante algarabía viendo a una chica entrar en el campo. Los regaños de las amazonas no funcionaron, la imagen de la hermosa mujer que caminaba hasta ellas se llevó toda la atención.
—No puedo creerlo, ¿qué le hiciste a tu cabello? —preguntó Geist.
—¿Qué hiciste contigo, June? —inquirió Naomi. La rubia llevaba el cabello por encima de los hombros, maquillaje y su ropa estaba muy ajustada.
—¿No les gusta? —preguntó Camaleón.
—Estás muy hermosa —expresó Naomi—. Mucho, estoy a milímetros de arruinar mi amistad contigo.
—¡Naomi! —June se sonrojó.
—¿Acaso estás en plan de venganza? —preguntó Geist divertida.
—Solo quería cambiar un poco mi imagen —aclaró echando su cabello hacia atrás—. Ahora tardaré menos lavándome el pelo. Este corte me favorece.
—Te ves bien —corroboró la pelinegra en lo que las tres seguían con el entrenamiento.
Grecia
El día pasó con bastante rapidez, Jolene estaba en el aeropuerto en compañía de Milo quien no se veía de buen humor, sin embargo, todo el tiempo fue muy amable con la polaca que en ese momento le agradecía por la amistad.
—Espero que nos podamos volver a ver —dijo ella dándole un fuerte abrazo al griego—. Estos días han sido maravillosos.
—Lo sé. Gracias a ti también, me sacaste de la rutina.
—¿Todo está bien con Shaina? —quiso saber al ver al muchacho tan afligido—. ¿Sigue molesta contigo?
—Terminamos —respondió con rapidez.
—Pero… —Jolene se dio cuenta que en realidad no sabía que decir—. Yo…
—No te preocupes, tienes un largo viaje y muchas cosas de que preocuparte. Yo debo seguir mi vida también.
—Espero que las cosas entre Shaina y tú se solucionen. En serio me parece que son una hermosa pareja.
—Te contaré cualquier cosa.
Jolene se despidió con una gran sonrisa, Milo por su parte salió del aeropuerto y se sentó en una cafetería que tenía unas bellas sillas a la entrada. Allí se quedó mirando un árbol hasta que fue interrumpido por Camus.
—¿Qué pasa amigo? ¿Otra vez peleando con Shaina?
Escorpio no contestó, pero haciendo un gesto le dio entender al francés que por ahí iba la cosa.
—¿Qué están haciendo por acá? —le preguntó a Camus quien con cuidado colocó a Dean en una silla al lado de Milo.
—Dean entrará al jardín —explicó Acuario—. Estábamos comprando algunas cosas para sus clases.
—Linda logró convencerte —sonrió.
—Creo que en lo que pueda darle una vida normal a mi hijo, se la daré. Te ves más triste que cualquier otra pelea con ella, algo me dice que la discusión fue muy fuerte esta vez.
—Terminamos —acotó bajando la mirada.
—¿Ella te golpeó por eso? —preguntó al reparar en la mejilla roja de su amigo.
—Me golpeó porque piensa que dormí con Jolene.
—¿Y lo hiciste? —Ante la pregunta Milo observó a Camus indignado—. Perdón amigo, Jolene es una mujer impresionante, me sorprende que no lo hayas hecho.
—Pues no lo hice. Lo que siento por Jolene es simple admiración. Y sí, me quedé en su habitación anoche, pero dormí en el sofá mientras ella descansaba en la recámara. Jolene es una dama, no se hubiera entrometido en nuestra relación. Yo amo a Shaina, jamás…
—Lo sé, lo sé… pero las peleas con Shaina… pensé que tal vez eso te había llevado a hacerlo… y ustedes siempre discuten, incluso antes de Jolene siempre discutían.
—Sí, por eso decidí acabar con todo.
—¿Tú acabaste con todo? —preguntó muy sorprendido—. Pensé que ella… bueno ya no importa.
—¡Helado!
—¿Quieres un helado, pequeño? —Milo tomó a Dean entres sus brazos.
—Sí.
—Vamos por un helado entonces.
—¡Que sea un helado pequeño! —alcanzó a gritar Camus al ver a Milo marchar con el niño.
Cabañas Femeninas
—Estoy muy agotada —dijo Naomi entrando a la casa para luego arrojarse en el sofá—. Y ahora toca reparar esa puerta.
—Lo siento mucho, linda —comentó Shaina quien tenía los ojos enrojecidos—. Por mi causa no pudiste descansar luego de tu guardia. Yo reparo la puerta. Descansa.
—Amiga, ¿estás bien? —Naomi se sentó para observar a la Cobra quien sonrió sin ánimo.
—Sí. Sí, no es nada —contestó.
—Parece que has estado llorando —dijo buscando la mirada de su amiga—. ¿Milo y tú…?
—Terminamos… es definitivo —comentó con rapidez antes de que Naomi pudiera refutar—. Él terminó todo de hecho. Y es lo mejor… yo… no puedo sacarme de la cabeza que él pasó la noche con ella. Él puede jurarlo y jurarlo, pero no le creo.
—¿De verdad lo crees? ¿De verdad piensas que él te fue infiel? Sé sincera.
—No lo sé —contestó dejando escapar una lagrima—. Yo ya no sé nada, es que él y ella… —Se dejó caer en el sofá.
—No hay nada más peligroso que la imaginación de una mujer —dijo abrazando a la Cobra—. ¿Sabes amiga? Los celos son inseguridades y son malos confidentes. Te dicen que eres fácilmente reemplazable. Te dicen que cualquiera es mejor que tú. Esos son los celos. No es solo no tenerle confianza a tu pareja, es… no creer en ti, es pensar que siempre habrá alguien mejor, pero eso no es cierto. Tienes que darte cuenta de lo maravillosa que eres, no existe nadie mejor que tú. Y hasta que no entiendas eso, siempre desconfiarás de la persona con la que estés.
Shaina guardó silencio recostando su cabeza en el hombro de Naomi en lo que analizaba aquellas palabras, mismas que le había dicho Milo. Ambos tenían razón, la Cobra llevaba mucho tiempo pensando que Escorpio podría irse con alguien mucho mejor que ella, porque por más que ella fuera la valiente y poderosa Ofiucos pensaba que no era tan maravillosa para que Milo de Escorpio estuviera siempre allí con ella.
Rodorio
Milo de Escorpio entró al bar de Claus levantando las miradas de todos los presentes, con paso elegante y con su gran porte se sentó en la barra esperando a ser atendido. Después de un largo día en lo que intentó de todo para quitarse el sinsabor de su discusión con la Cobra, decidió que lo mejor era tomarse un buen trago. Al principio fue una cerveza, seguida de otras dos, pero después de una hora, el Santo estaba con una botella a medio terminar de tequila, y aunque Claus quiso persuadirlo de irse a descansar el griego se negó en más de una ocasión amenazando al lugareño.
Claus sabía como lidiar con los hombres ebrios en su bar, pero un Santo de Athena era otra cosa, él era consiente que tratar de controlar a uno de esos hombres era una tarea suicida. Un grupo de caballeros ingresó al establecimiento, el dueño suspiró tranquilo al reconocer a cuatro Santos de Plata, si Milo se ponía muy pesado, sus compañeros se harían cargo de él.
Grave error.
Los plateados se sentaron en una mesa, algunos saludaron al dorado con propiedad ignorando lo ebrio que ya se encontraba este. El grupo iba liderado por Argol de Perseo que después de unos tragos empezó a narrarle a sus compañeros una experiencia comprometedora con una amazona.
Milo observó sobre su hombro a sus colegas de plata, sin evitar disimular su poco afecto por Perseo, el cual hablaba muy fuerte. Lo escuchó narrar una historia de él y una chica. No hubo un nombre, Argol dijo que como caballero esa parte se la reservaría, pero hablaba de un bosque, de unos hermosos risos, de una amazona de plata de mal carácter que tuvo una época difícil y que lo hizo con él bajo la lluvia y alcoholizada. El dorado crujió el cuello molesto, por alguna extraña razón, pensaba que la mujer a la que se refería Perseo era Shaina.
—Estás hablando de una dama —bramó Milo caminando a tropezones y con la botella en la mano hasta sus compañeros. Claus le dio una orden a uno de sus ayudantes quien salió corriendo del establecimiento—. ¿No te parece que es de mala educación por parte de un hombre hablar de sus encuentros con una dama?
—No estamos hablando de ninguna dama —comentó Sirius con cinismo—. Las amazonas son todo menos damas. Esas mujeres son muy peligrosas para llamarlas así.
—¿Entonces piensas que puedes hablar de ellas como si fueran simples objetos? —refutó Escorpio, Sirius no veía el problema, pero Argol ya estaba preparado para una pelea—. ¿Te parece que no merecen respeto?
—No estoy diciendo eso —se explicó el otro—. Ellas merecen mucho respeto, son nuestras compañeras, simplemente pienso que llamarlas damas es exagerado.
—Mejor nos vamos —dijo Perseo poniéndose de pie, pero Milo lo tomó fuertemente del brazo.
—¿Por qué te vas tan rápido? ¿Acaso dije algo que te molestara? —Escorpio apretó con más fuerza.
—Está usted ebrio señor Milo —sostuvo el plateado.
—¡Señor Milo! —imitó el griego—. Señor Milo, ahora soy señor Milo. Claro eso no te importó cuando dormiste con mi chica. Porque era ella de quien hablabas, ¿no?
—No hablaba de ella. —Argol logró liberarse del dorado—. Y lo que pasó entre Shaina y yo, fue hace mucho tiempo. Usted no estaba ahí para apoyarla.
Milo sonrió con cinismo, durante mucho tiempo había pensado que entre Shaina y Argol había pasado algo, y por más que le preguntó a la Cobra al respecto, ella siempre lo negó. ¿Y así se atrevía a llamarlo mentiroso? Eso no se iba a quedar así.
Templo de Acuario
—¡Señor, Camus! ¡Señor, Camus!
—¿Quieres guardar silencio, Kiki? —ordenó Acuario al más joven—. Intento hacer dormir a Dean y tus gritos no me lo permiten.
—Pero señor Camus. Vinieron del pueblo, dicen que el señor Milo está buscando pelea en el bar de Claus.
—Ay, ese estúpido —soltó mirando a su alrededor—. ¿Dónde está tu maestro?
—Está de guardia, señor. Yo me encargo de vigilar el primer templo.
—Lo había olvidado —refunfuñó—. ¿No encontraste a otro idiota que hiciera este trabajo?
—Usted siempre ha sabido controlar al señor Milo, señor. O eso dijo el señor Ángelo.
—Maldito Máscara.
—¿Por qué esas caras tan largas? —preguntó Naomi atravesando por el templo.
—¿A dónde vas? —quiso saber Camus al ver a la chica.
—Perdón, no me anuncié. Ya voy para mi cabaña, entregaba un informe. ¿Me permites pasar?
—¿Te puedes quedar con Dean un momento? —dijo caminando hasta la chica—. No tardo. Muchas gracias.
Naomi no tuvo tiempo de contestar, antes de darse cuenta el dorado ya no estaba por ninguna parte.
Rodorio
Camus corrió con demasiada rapidez, en unos segundos ya se hallaba cerca al bar, pero a pesar de su gran velocidad esta no fue suficiente para impedir que Milo saliera despedido por una de las paredes del bar de Claus que ahora se lamentaba por los daños.
—¡Milo! —llamó Acuario. Escorpio trataba de ponerse de pie retando a los hombres que se hallaban dentro del bar.
—Basta señor Milo —dijo Argol saliendo por el gran hueco que había dejado el dorado—. No quiero hacerle daño, está usted muy ebrio.
—Ah, ¿piensas que me ganaste? Crees que con ese golpe de bebé vas a acabar conmigo.
—Yo no quiero acabar con usted.
—¡Milo, suficiente! —interceptó Camus a Escorpio el cual ya se preparaba para lanzar un ataque—. ¿Acaso estás loco?
—Debo defender mi honor —dijo el griego tratando de zafarse, pero sus niveles de alcohol le impedían mantener el equilibrio—. Déjame, Camus. Este imbécil no se va a salir con la suya.
Camus no esperó a razonar con Milo y con un fuerte golpe en el vientre hizo que Escorpio perdiera el conocimiento.
—¡Mi bar, mi bar! —lloriqueó Claus, Acuario prestó atención, no solo la pared estaba destruida, varias botellas y mesas estaban completamente hechas añicos.
—Perdón señor tuve que hacerlo —se disculpó Perseo—. Él lanzaba golpes aquí y allá. Los desvié cuanto pude, y al final tuve que darle un gran golpe. No medí mi fuerza. —Finalizó viendo el estado de la pared del bar.
—No importa —expuso Camus pensando que tenia mejores cosas de que preocuparse—. Por favor ayuden a Claus a cerrar ese hoyo, no queremos que lo roben también, así que vigilen el lugar. Yo me encargo de Milo —continuó echándose a escorpio al hombro en lo que los otros asentían—. ¿Por qué hiciste esto amigo? Shion no estará contento.
—Voy a asesinarlo —murmuró Escorpio adormecido.
Templo de Acuario
Camus llegó agotado a su casa, caminando abrumado se dirigió hasta la sala donde Naomi se había sentado a leer un libro.
—Disculpa la demora. Milo enloqueció. Bebió demasiado. Logré llevarlo a su templo, pero despertó muy rápido y me costó trabajo hacerlo dormir.
—Dean también tardó demasiado en dormirse —contó la chica—. Los borrachos y los niños son muy complicados.
—Ni que lo digas.
—Bueno me voy. —Naomi se puso de pie, Camus no pudo evitar observarla por largo rato.
—¿Quieres tomar un vino? —interrogó, Antlia se giró sobre sus talones observando al Santo con lujuria.
—¿Acaso tú…? —dejó la pregunta en el aire.
—Pienso que pudimos pasarla muy bien en las Vegas. ¿No lo crees?
—Ahora que lo dices, creo que sí —expresó caminando hasta él—. Fui una tonta al decirte que no.
—¿Entonces quieres ese vino?
—No, quiero otra cosa. Mas interesante —comentó deslizando las manos por el pecho del guerrero—. ¿Qué hay de Dean?
—Tranquila, tiene el sueño muy pesado. Tarda en quedarse dormido, pero cuando lo hace no hay poder que lo despierte.
—¿Y Violet?
—¿Qué tiene que ver ella?
—¿No es tu novia?
—Desde luego que no. La verdad no nos haríamos ningún bien estando juntos, donde nos ves, muy en el fondo nos detestamos.
Naomi sonrió divertida.
—Eso es suficiente para mí.
Naomi haló al dorado con mucha fuerza para robarle un candente beso, Camus no se dejó amedrentar por la fuerza de la amazona y su agresividad lo invitó a ser igual de impulsivo por lo que sin delicadeza empujó a la chica hasta la biblioteca donde varios libros cayeron con potente fuerza al suelo. Un par casi les da en la cabeza, pero ambos fueron muy rápidos haciéndolos a un lado.
Con demasiado afán la blusa de Naomi fue tirada a un costado, en lo que el pantalón del santo rodaba entre sus piernas, los besos eran por demás salvajes, succionando y mordiendo todo lo que encontraban, ambos parecían un par de sedientos. Rápidamente Naomi quedó de espaldas a Camus, quien aprovechó la posición para acariciar los senos desnudos de la chica y besar su cuello largo. Con agilidad la parte de abajó quedó al descubierto y sin dificultad Acuario se abrió espacio entre las piernas fuertes de la chica.
Camus suspiró con mucha fuerza, por un momento había olvidado lo bien que se sentía aquello, después de su encuentro con Alexandra en París no había tenido la oportunidad de estar con otra persona, y, además, cuando llegó Dean a su vida, se había olvidado de si mismo, de ese pequeño descanso que se siente después de conseguir el orgasmo. Naomi era la mujer perfecta para ese desahogo, ella no haría preguntas después y no buscaría quedarse. Por eso Naomi le gustaba, y le gustaba desde mucho tiempo atrás, porque sabía que era una mujer sin complicaciones.
Otro libro cayó pesadamente, los movimientos de ambos se estaban haciendo más violentos, él entraba y salía y ella lo apretaba buscando mayor profundidad. Las manos de Camus eran muy inquietas, tocando los pechos de Antlia y acariciando su clítoris con la intención de hacerla gritar. Tan ensimismado estaba que ella se soltó de su agarre para darse la vuelta y mirarlo a los ojos. Al dorado no le importó y sin ningún pudor la levantó para que ella pudiera enredar sus piernas en su cintura. Viéndola a los ojos, notó lo hermosa que era, ya le parecía hermosa, pero ahora la veía con más detalle, y le fascinaron esos bellísimos ojos castaños y esas preciosas pestañas tan largas. Naomi era realmente deliciosa, y por una fracción de segundo tuvo celos de Andrómeda quien había disfrutado de aquella mujer en diferentes ocasiones.
Camus sabía que aquello no se repetiría, por lo que estaba dispuesto aprovechar al máximo y siendo consiente que en cualquier momento los movimientos de Naomi lo harían terminar prefirió cambiar de posición girando para dejarla en el sofá donde ella no permaneció mucho tiempo bajo él y ahora ella lo cabalgaba con gran entusiasmo. El clímax llegó para ambos en el mismo momento. Naomi fue muy astuta y se encargó de acabar cuando él estuvo cerca, así que solo fue cuestión de dejar su cuerpo actuar y encargarse del resto.
—¡Cielos, valió la pena ir por Milo! Por fin hizo algo bien.
Naomi sonrió divertida y se dejó caer a un costado.
—Tenías mucha energía guardada, amigo —le dijo. Camus sintió sus mejillas coloradas, pero no estaba seguro si era por el ejercicio de hacia un momento o por el comentario de ella que dejó en descubierto que llevaba mucho tiempo célibe—. Estuviste muy bien —continuó incorporándose para besarlo.
—Puedes quedarte si lo deseas. A mí me encantaría.
—Créeme, no querrás una chica como yo en tu vida. Lo tuyo son las mujeres como Ana María, ¿o me equivoco?
—Ella me gusta, pero no estoy preparado para relaciones —explicó en lo que Naomi se vestía.
—Entiendo. Fue un placer coincidir contigo. —Naomi se acercó colocando una rodilla en el sofá y las manos sobre el espaldar—. La verdad no me arrepiento de esto, una chica puede acostumbrarse a ti, Camus de Acuario. —Finalizó dándole un último beso al hombre.
—Aquí estaré si me necesitas —comentó, ella se despidió con un movimiento de mano desapareciendo del lugar.
Templo Principal
La mañana siguiente empezó con un fuerte dolor de cabeza para Shion quien se había enterado en una visita al pueblo de los daños causados por Milo, quien en ese momento se encontraba tan derruido que parecía acabado de salir de una guerra Santa. Shion no estaba seguro de que decirle, por un lado, estaban los disturbios causados por el santo y por el otro el hecho de que las peleas provocadas por el griego se debían a que él ya no estaba con la Cobra. Lo último lo encabronaba mucho, pero lo primero lo tenía avergonzado.
Según la versión de Milo y analizando la relación entre él y la Cobra, no había posibilidades de que volvieran, de hecho, Shion se sorprendía de que ese rompimiento no hubiese llegado antes, tan harto estaba de las discusiones de ese par que hasta él mismo había pensado en la opción de prohibirles estar juntos. Solo esperaba que todo eso fuera lo correcto, tal vez, Milo y Shaina no estaban destinados estar juntos y mucho menos a ser los padres del cuarto guardián.
—La señorita, Athena, me contaba la otra vez que necesitan personal para el Call Center de la Fundación. —Milo levantaba la ceja con cada palabra de Shion—. Creo que deberías ir a ayudarla.
—¿Trabajar en un call? ¿Ese es mi castigo? Creo que será sencillo.
—¿Eso crees, Milo? Pero no trabajarás allí, estarás unos días en lo que logran completar la cuota. Y si me llego a enterar de que hiciste un mal trabajo, te encerraré por un mes en el cabo Sunion.
—Ya veo, Saga lo aprendió de usted —bromeó, pero la mirada asesina de Shion le hizo bajar la cabeza—. ¿Cuándo empiezo?
—Esta tarde.
—¿Será en Japón?
—No, es para la sede de aquí de Grecia.
—Genial.
Grecia
Una semana después Milo había estado con diferentes personas capacitándose en el call, al principio le parecía una tarea por demás sencilla, solo había que presionar unos botones en el computador, marcar unos números y esperar pacientemente a que contestaran y decir un extenso diálogo que al le parecía poco importante, pero que por políticas de la compañía debía repetir palabra por palabra. Finalmente, estaba en su propio módulo con un listado de clientes, ya habiendo memorizado el guion se dispuso a iniciar.
En un inició no tuvo suerte, las llamabas que hacía no eran contestadas por lo que las primeras horas del día se le hicieron largas, sin contar la cantidad de números supuestamente equivocados, con el paso del tiempo pudo contactar algunos clientes, los cuales se aburrían de la charla y le colgaban a mitad de frase, con otros se vio en apuros cuando le preguntaban cosas con las que no estaba familiarizado, por lo que después de un rato empezó a entender que aquel trabajo no era tan sencillo.
La siguiente semana fue un poco más tranquila, pero él no veía la hora de salir corriendo, tenía que cumplir un horario mucho más estricto que el del Santuario, poco o nada podía levantarse al baño y le exigían una meta que él diariamente no podía cumplir, sin contar que no podía irse sin haber terminado su base, lo que le pasaba la mayor parte del tiempo. Sus compañeros eran muy amables, las chicas morían por ayudarle en lo que fuera, y los muchachos le hablaban por cortesía. Su supervisora era otra historia, aunque gentil, lo monitoreaba seguido, y lo cuestionaba por no lograr las metas propuestas. Todo esto lo tenía muy frustrado, nunca había sido cuestionado por su trabajo y aquello estaba siendo muy difícil.
Un nuevo número más, al otro lado se escuchó el tono unas cuantas veces y al final una voz contestó. Milo sonrió, llevaba toda la mañana sin poder localizar a nadie.
—Buenas tardes, por favor la señora Margaret Papadopoulos —dijo con voz amable.
—Está equivocado —contestó un hombre al otro lado de la línea, Milo se desinfló—. Está tan mal marcado el número que no existe nadie con ese nombre, es la equivocación más estúpida que alguien haya cometido —finalizó cortando la llamada.
Escorpio respiró profundo. ¿Acaso ese sujeto lo había llamado estúpido? Es más, ¿ese hombre se había atrevido a colgarle el teléfono? ¿Acaso era culpa de él que el número estuviera mal en el sistema? ¿Acaso una persona no podía equivocarse marcando un número telefónico? ¿Qué pasaba con ese sujeto, tan podrido estaba que insultaba a otros detrás de una bocina? Milo volvió a marcar el número y la misma voz le contestó.
—¡Mira pedazo de mierda, me vuelves a tirar el teléfono e iré hasta allá a sacarte las entrañas! —amenazó con potente voz, todos en el call giraron a verlo, el hombre al otro lado no se atrevió a cortar—. ¡¿Qué te crees, pendejo? ¿Qué puedes tratar a la gente como se te de la gana?! ¡Ya me tienen harto los pendejos como tú! —continuó recordando que, en sus dos semanas, ese hombre no era el primero en ser tan grosero, que ya había visto a un par de compañeras llorar por la altanería de los clientes—. ¡Eres un pedazo de basura que no vale absolutamente nada! Me imagino que eres el típico que piensa que el único que hace bien las cosas eres tú, que los demás somos unos tarados al lado tuyo, que solo tú eres el dueño de la verdad absoluta. ¡Pues déjame decirte algo pedazo de mierda…!
Milo no pudo continuar de hablar, cuando se dio cuenta ya tenía los ojos de su supervisora encima la cual ya había cortado la llamada.
—Te quiero en mi oficina.
Templo Principal
—Entonces despidieron a Milo. —Dohko habló asombrado—. ¿En serio? Y ni siquiera era un trabajo, él estaba allí como apoyo.
—Insultó a alguien, por suerte para él no era un cliente. —Shion se sobó las cienes—. Ahora está encerrado en el cabo Sunion.
—¿En serio lo dejarás ahí?
—Solo será un mes. Kanon sobrevivió y ahí está bien, como si nada.
—Primero —dijo Dohko levantando un dedo—. Kanon estuvo allí como por una semana, luego encontró la vasija de Poseidón he hizo un gran alboroto con todo eso. Y segundo, yo no aseguraría tan a la ligera que él esté bien. En serio que no. Kanon tiene muchos problemas emocionales. Por eso es un idiota.
—¿Qué quieres que haga Dohko? Debo reprender a Milo. Y ahora… Shaina. He recibido infinidad de quejas donde aseguran que la maestra es una completa salvaje, aunque sus amigas tratan de cubrirla ya ha mandado a varias aprendices al hospital. Una casi muere.
—Sí, está insoportable la Cobra. —Dohko se rascó la cabeza—. En el entrenamiento de la otra vez, por poco y me rompe un brazo. Es muy violenta la señorita.
—No sé que hacer.
—¿Y si la envías a una misión con Milo?
—¿Bromeas? ¿Acaso quieres ver el mundo arder? ¿Te imaginas lo que puede suceder donde deje a esos dos juntos? No he conocido a nadie con tan poca tolerancia a la frustración como esos dos. Son dinamita pura y ahora, cualquier chispa significaría una gran explosión.
—¿Entonces que harás?
—¿Has visto a Shaka últimamente?
—¿Qué? —Dohko observó extrañado a su amigo—. ¿Por qué hablamos de él ahora?
—Shaka —recalcó Shion—. Parece un alma en pena. ¿Lo has visto?
—Bueno, sí, ya casi no sale de su templo. Intenté hablar con él la otra vez, pero es muy difícil sacarle las palabras.
—Exacto. Estaba pensando en enviarlo a una misión con Mu. Mu siempre ha sabido tratar a Shaka, siempre se han llevado bien, pero de un tiempo para acá he pensado en enviar a Shaka y Shaina. Tal vez Shaina logre penetrar las gruesas capas de Shaka y él logre charlar con ella para que deje de violentar a sus compañeras.
—Me parece una buena idea. Ellos dos se entienden bien. ¿Cuánto tiempo será?
—En realidad no será mucho tiempo. Shaka tiene que ir a ver unos documentos que encontró el profesor Davis y de pertenecer al Santuario debe traerlos, así que solo serán dos días.
—¿Crees que sea el tiempo suficiente para que ellos se apoyen?
—No sé que más a hacer amigo. Si tienes una idea mejor te escucho.
—Creo que así está bien.
Italia
Shaina estaba sentada en un gran auditorio escuchando —o más bien durmiendo—, una conferencia que brindaba el profesor Davis, a su lado Shaka se veía muy entretenido en la charla mientras ella intentaba no caer dormida. Finalmente, la charla acabó y ella y Virgo se quedaron unos segundos para hablar con el profesor.
—Shaka, que alegría verte —dijo el profesor—. ¿Y Mu? Pensé que vendría él.
—No pudo venir —mintió, en realidad no sabía por qué en último momento Shion cambió de opinión—. Ella es Shaina.
—¿Tu novia? —Ambos negaron.
—Es una compañera —contestó Shaka—. Ella es Shaina de Ofiucos.
—Vaya —dijo el hombre con gran sorpresa—. Nunca había conocido a una amazona. Mucho gusto, señorita. He leído mucho sobre ustedes, son impresionantes.
—Muchas gracias.
—Profesor —interrumpió Shaka—. ¿Quisiera mostrarme lo que encontró?
—Desde luego, por aquí.
Ambos santos acompañaron al hombre hasta su despacho, allí Davis abrió una pequeña caja que estaba asegurada con un candado de clave, y con mucha delicadeza sacó un pequeño pergamino bien enrollado que puso delicadamente sobre la mesa, acto seguido desdobló el documento dejando ver su contenido. Shaina elevó la cabeza intentando ver el papel, pero este tenía un pequeño gravado en un idioma que ella no logró identificar. No era griego, no era italiano y tampoco era latín, de eso estaba completamente segura. Por su lado Shaka se inclinó con elegancia por encima del papiro y como si se tratara de un experto reviso el pergamino con demasiada atención.
—Es lemuriano, ¿cierto? –preguntó Davis entusiasmado, Shaka elevó ligeramente la mirada.
—En realidad es muviano –contestó el rubio en lo que Shaina levantaba una ceja—. Pero es comprensible la confusión.
—¿Y qué dice? –volvió a interrogar el otro.
—En realidad es una carta de amor –respondió el santo, sin embargo, el profesor no se desanimó e invitó a Shaka revelarle el contenido del documento—. Amada mía –leyó Shaka pasando los dedos delicadamente sobre el papel—, han sido tiempos muy difíciles y la distancia me está matando. Anhelo estar a tu lado y disfrutar del calor de tus besos y tus brazos. Pero nada de esto parece cambiar, tal vez en otra vida nos volvamos a ver. Te amo.
—¿Es todo? –preguntó el profesor—. Es hermoso, pero no dice mucho. Aunque…
—Podría ser durante aquellos eventos –interpretó el santo.
—Puede ser –dijo Davis algo abrumado—. Aunque también, algunos muvianos marcharon a la guerra, puede ser de esa época. No importa realmente, ¿me lo puedo quedar?
—Sabes que no –contestó Virgo, Shaina pudo escuchar como el corazón del profesor se rompía.
—Pero es una simple carta de amor, a ustedes no les sirve de mucho esa información.
—Sabes muy bien que cualquier documento que provenga de la Atlántida, Mu o Lemuria debe permanecer en el Santuario –explicó el rubio, Davis bajó la cabeza—. Puede ser una simple carta de amor, pero sigue estando bajo nuestra jurisdicción. Espero que no hayas sacado ninguna copia.
—Claro que no –se defendió rápidamente el hombre—. No perdería los beneficios que tan amablemente ustedes me han otorgado.
—Es bueno contar con tu apoyo. Muchas gracias.
—¿Ya se van? Fui invitado a una maravillosa fiesta. ¿Desean ir?
—Muchas gracias –ofreció Shaka—, pero debemos salir muy temprano mañana.
—Entiendo, que tengan una bella noche.
Shaka y Shaina se despidieron del hombre y luego de que el santo dejara el pergamino cuidadosamente en su habitación, salieron a buscar algo de cenar.
—Tengo una duda –comentó Shaina luego de haber pedido el menú—. ¿No se supone que los muvianos y lemurianos son lo mismo?
—Sí y no –contestó Shaka con tranquilidad—. En la antigüedad existieron tres continentes, y sus habitantes poseían cualidades maravillosas, estos continentes fueron: Atlantis, Mu y Lemuria. Los antliantanos eran muy hábiles en la pesca, muchos decían que ellos eran capaces de comunicarse con los peces, además, poseían una resistencia incomparable, ya que podían permanecer hasta horas bajo el mar sin la ayuda de ninguna herramienta. Los muvianos, en cambio eran capaces de teletransportarse, eran seres poderosos que manejaban la telequinesis, y por el otro lado estaban los lemurianos, alquimistas y grandiosos arquitectos, capaces de manipular cualquier tipo de material y audaces construyendo lo que se propusieran. Aunque las tres razas hacían intercambio de materiales e insumos, se mantenían alejados los unos de los otros, cada uno protegía su legado y se aseguraban de que los otros no descubrieran el secreto de sus habilidades. Pero el tiempo pasó cruelmente y la soberbia de las tres razas desató la ira de los dioses, los tres continentes quedaron sumergidos bajo el mar. El primero en desaparecer fue la Atlantis, sus habitantes no tuvieron oportunidad de escapar. Los muvianos fueron más hábiles, su capacidad de teletransportarse les dio una segunda oportunidad a algunos, pero las enfermedades, la inanición y los factores ambientales fueron mitigando la población. De los lemurianos escaparon muy pocos y en su mayoría lograron ubicarse en las grandes montañas del Himalaya donde tiempo después llegaron los pocos muvianos que quedaban. Y aunque en un inicio los lemurianos se negaron a compartir con ellos, finalmente se dieron cuenta que sobrevivirían más trabajando juntos, ya el paso del tiempo hizo lo suyo, y tanto muvianos como lemurianos se terminaron mezclando y hoy tenemos a los que tú ya conoces.
—Que interesante. Es increíble que no exista más documentación al respecto.
—Algunos expertos defienden la existencia de estos continentes, pero no existe información que lo pueda corroborar, por otro lado, la comunidad científica cree que estos continentes son mera fantasía.
—Y la razón por la que no existe documento alguno, es porque toda está resguardada en el Santuario, ¿cierto?
—Así es, para el Santuario es mejor que sigan pensando que estos lugares son ficticios.
—Muchas gracias por la clase de historia, en realidad no sabía eso.
—Parte de resguardar la información de los continentes, es que unos pocos sepan su historia. Los dorados por ejemplo lo sabemos, pero solo un pequeño puñado de nosotros conoce el idioma. De nuestra generación: Mu, Camus, Saga, Ángelo y yo lo conocemos.
—¿Y es prudente que me hayas contado todo eso? –habló con malicia.
—En realidad no te di mucha información, más que un pequeño resumen, ahora es de suponer que si el Patriarca te envió conmigo a esta misión es porque confía en tu discreción.
—Seguramente quería enviarme lejos antes de que hiciera algo de que arrepentirme –dijo colocando una mano sobre la mesa para recargar su cabeza—. Pero de lo único que me arrepiento es de haber aceptado a Milo en mi vida.
—¿En realidad crees que Milo te fue infiel?
Shaina observó por un momento a Shaka.
—¿Acaso Milo ha hablado contigo? –preguntó molesta.
—No –contestó él con indiferencia—. Pero el Santuario es muy pequeño, y algunas cosas llegan a saberse.
Shaina resopló.
—No estoy segura de una infidelidad –explicó en medio de un suspiro—. Pero tampoco me puedo sacar de la cabeza el que no lo hubo. Jolene es una mujer impresionante, si yo hubiera sido él de seguro habría hecho de todo con ella.
—¿Es decir que tú sí serias capaz de engañar a Milo?
Shaina se pasó las manos por el cabello chasqueando la lengua.
—No lo sé. Si se me presentara una persona tan impresionante como Jolene de seguro me sentiría tentada –explicó. Shaka sonrió de medio lado—. Simplemente digo, que, si yo pude tener dudas, ¿porque él no? Y más si estaba con ella todo el tiempo. Además, la forma en la que hablaba de ella.
—Pero eso no significaba un engaño, pudo haber muchas razones para que Milo quisiera estar con ella. Tal vez… —se detuvo por un instante, pero tenía que decirlo—. Tal vez, él intentaba tener un pequeño descanso de ti.
—Porque soy un fastidio –corroboró Shaina, Shaka no esperaba esa reacción—. Es que Milo… en realidad ya no importa –continuó poniendo la espalda recta—. ¿Qué hay de ti? ¿Qué sabes de Ale? Hace mucho tiempo que no sé nada de ella. No ha vuelto escribir.
—No lo sé –contestó él y su mirada se hizo fría—. Hace tiempo que no sé de ella. La última vez me respondió un correo de una forma algo, simple, por así decirlo. Dijo que estaba muy ocupada y después hablaría conmigo. De eso ya hace como tres meses.
—Lo lamento mucho –dijo ella con tono dulce—. Sé que te importa y su ausencia duele.
—Tal vez es su forma de decirme que ya se acabó todo –comentó con tristeza—. Yo soy el tonto que no quiso ver, ni entender.
—No te tortures de esa manera. Entiendo que esté ocupada y que haya sido clara contigo, pero su indiferencia es algo ruda y no te lo mereces.
—No importa –dijo mirando hacia otro lado—. Ella ya no está y de seguro no vuelva a verla. Fue hermoso mientras duró.
—Shaka…
El santo no quiso pronunciar más palabras por lo que ambos cenaron en completo silencio, hablar del amor les estaba causando un gran impacto. Luego de cenar, Shaka se despidió de Shaina y se perdió en su habitación en lo que ella algo abrumada y contrariada por la charla decidió tomar un baño caliente el cual la ayudó a relajarse un poco, pero nuevamente al sentarse sobre la cama con el cabello empapado empezó a pensar en Milo y se maldijo internamente por su debilidad, levantó sus ojos verdes así el minibar y una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro.
Shaka estaba sentado a un costado de su cama revisando su celular, en realidad no veía algo en particular, simplemente esperaba alguna señal. Un ligero viento lo golpeó en su espalda descubierta, llevaba más de veinte minutos buscando la fuerza para soltar el aparato y echarse a dormir, y antes de que decidiera arrojar el teléfono contra la pared un golpe en la puerta atrajo su atención. Al principio quiso ignorar el llamado, no estaba presentable para una visita, llevaba puesto su pantalón de pijama y el torso descubierto, y sí su suerte era tan mala, de seguro al otro lado de la puerta estaría el profesor Davis. Finalmente se decidió a abrir.
—Por un momento pensé que no abrirías –dijo Shaina parada en el umbral.
—¿Qué haces aquí? –preguntó él extrañado viendo a la Cobra en bata de baño, con el cabello húmedo, una botella de champaña en la mano derecha y en la izquierda un par de copas.
—Simplemente creo que nos merecemos esto –explicó entrando a la habitación sin ser invitada y sentándose a los pies de la cama.
—¿Merecernos qué? –preguntó Shaka cerrando la puerta y sentándose en el suelo frente Shaina.
—Esto –señaló ella la botella—. Nosotros estamos aquí lloriqueando mientras Ale y Milo se deben estar divirtiendo –continuó llenando las copas y pasándole una a Shaka—. Vamos, no voy a beber yo sola –aclaró al ver al rubio indeciso.
—De acuerdo –aceptó él.
—¿Sabes? Estoy segura de que en este momento Milo debe estarse revolcando con Jolene.
—Jolene ya se fue –comentó Shaka mientras los ojos de la Cobra recaían sobre él—. ¿No sabias? Es obvio que no. No sabría decirte hace cuanto se marchó, Milo le comentó a Aioros eso la otra vez.
—¿Ella se marchó? –preguntó más para sí misma, al principio un poco alegre pero después cambió su semblante—. Imagino que Milo y ella se dieron una magnífica despedida. Si él no tuvo nada con ella antes, ahora que tenía el camino libre me imagino que se habrá divertido de lo lindo.
—O tal vez no.
—Vamos, por favor. ¿De verdad piensas que Milo es inocente? –Shaka levantó los hombros en respuesta—. ¿Acaso crees que Alejandra no está haciendo lo mismo con alguien más mientras que tú esperas una respuesta por parte de ella?
—Tal vez, ya me olvidó, puede que sí. Pero yo estoy bien.
—Basura –escupió ella tomando todo el contenido de su copa—. Te apuesto lo que sea que estabas aquí sentado mirando tu celular esperando un mensaje de ella.
—¿Y si así fuera qué? –interrogó cerrando los ojos y acostándose en el suelo boca arriba—. ¿Por qué sufres tanto por eso?
—¿Recuerdas lo que me dijiste en las Vegas?
—Dije muchas cosas ese día –contestó en la misma posición sin abrir los ojos—. Estaba muy ebrio, razón por la que decidí no volver a tomar alcohol –recalcó, Shaina vio la copa de Shaka a un lado completamente llena.
—Dijiste que si las cosas entre Milo y yo, y tú y Ale no funcionaban, tú y yo tendríamos sexo –recordó ella tomando directamente de la botella. Shaka abrió el ojo izquierdo para observar a la Cobra.
—¿Yo dije eso?
—Sí.
—Ya te dije, estaba ebrio.
—Deberíamos hacerlo –continuó ella poniéndose de pie para luego sentarse sobre el guerrero—. Deberíamos desquitarnos.
—¿No sería algo triste? –inquirió sin tan siquiera moverse y sin abrir los ojos—. ¿No estaríamos haciendo todo esto por despecho? ¿Te parece correcto?
—Que importa. Yo solo quiero un pequeño segundo de paz. Quiero olvidar, aunque sea por un instante. Nos lo merecemos y nos lo debemos. Olvidemos a Milo y Ale por esta noche. —Shaina se inclinó con lentitud perfectamente para alcanzar los labios de Shaka el cual no se resistió al beso—. No te hagas del rogar, fue muy difícil seducirte en el templo de Virgo mientras cuidábamos a Dean, ahora estoy siendo directa. ¿Recuerdas esa tarde en tu cocina?
—No podría olvidarla por más que quisiera, en cuanto a lo otro, en realidad no me di cuenta de que intentabas seducirme. Sí, tienes que ser más directa.
—Te seré muy directa Shaka de Virgo, debajo de esta bata no llevo ropa interior.
—Lo sé –contestó mirándola a los ojos—. Lo supe en el mismo momento en que te sentaste sobre mí, estás ubicada en el lugar perfecto.
—Ya decía yo que esa no era tu pierna –continuó volviéndolo a besar y moviéndose sobre él.
—¿De verdad quieres esto? –ella contestó con un movimiento afirmativo y Shaka la giró para dejarla debajo—. Entonces deja de pensar, olvídate de todo, incluso de mí –le susurró en el oído—. Quiero que te concentres solo en ti, y las sensaciones de tu cuerpo. No existe nadie excepto tú –continuó deslizando sus manos para abrir la bata, el cuerpo aperlado de Shaina quedó completamente descubierto en lo que el santo pasaba suavemente sus dedos por su vientre, de la misma manera que lo hizo con el papiro que encontró el profesor Davis.
—Por favor no te detengas.
—No lo haré.
Cabo Sunion
—¿Saben si a Shion ya se le pasó la rabieta? –preguntó Milo a Ángelo, Shura y Kanon quienes le habían llevado alimento al griego—. Estoy aburrido.
—No creo que se le pase pronto –explicó géminis— Creo que sí te tendrá aquí por un mes.
—Maldita sea –resopló Escorpio—. Voy a morir de aburrimiento.
—Tal vez la marea te mate primero –bromeó Cáncer.
—La marea no subirá lo bastante para matarlo –explico Kanon—. En mi época, Saga tuvo suerte porque el clima era diferente. En esta temporada apenas subirá un poco.
—Gracias, amigo –chistó Milo—. En serio, ¿no pueden hacer algo? Quiero largarme de aquí.
—Quisiéramos sacarte amigo –consoló Shura—. La última vez que encerramos a alguien ahí terminamos en una guerra santa contra Poseidón. No queremos que vuelva a pasar lo mismo.
—Milo no es tan astuto para encontrar a un dios dormido.
—¡Que gracioso, Cáncer! –se defendió Escorpio—. Donde llegué a morir, mi alma se encargará de no dejarlos en paz, así que hagan algo.
—Tú solito te metiste en este problema. No intentes arrastrarnos contigo –hizo ver Kanon—. Pero si hablaremos con Shion. No puede dejarte aquí por mucho tiempo, te suicidaras.
—Es bastante tentador esa idea. –Milo analizó sus opciones.
—igual no se pierde mucho –continuó el italiano—. Ya tenemos sucesor.
—Agradezcan que estoy aquí encerrado o ya estarían suplicando por sus vidas.
Italia
Las horas transcurrieron en la habitación del hotel, Shaina y Shaka estaban arrodillados al borde de la cama. Él estaba detrás de ella. La Cobra se aferraba con fuerza al brazo izquierdo del Santo que acariciaba sutilmente el pecho de la chica, mientras su mano derecha masajeaba de arriba abajo entre las piernas femeninas. La italiana se mordía intentando no gritar, pero los movimientos del rubio eran tan precisos que le era imposible contener los gemidos, solo esperaba que las paredes fueran lo suficiente gruesas porque Shaka no se había medido en toda la noche y la había hecho tener orgasmos múltiples. Estaba agotada, no sabía si podría resistir más, había hecho de todo con Shaka en ese reducido cuarto de hotel y no hubo un solo rincón que no hubiera sido profanado, y ni una sola posición que no hubiese sido probada. Shaka tenía unas manos expertas al igual que una lengua gloriosa, Shaina pensaba que sería algo triste que todo acabara.
—Concéntrate –le susurró Virgo apretándola con fuerza y acelerando los movimientos, Shaina dejó escapar un sensual gemido y se inclinó sobre la cama mordiendo las sábanas y enterrando las uñas en el colchón dándole una mayor profundidad a Shaka, acto seguido los dedos del Santo se deslizaron con sutileza por la espalda suave de la chica—. Concéntrate en lo que sientes y no te resistas —volvió a decirle al sentir como Shaina se contraía y se esforzaba por no gritar.
—¡Sí! –la escuchó decir y la invitación fue más que suficiente para continuar con el vaivén.
La Cobra estaba a punto de culminar, las manos del dorado presionando suavemente sus senos, su dedo índice subiendo y bajando por su clítoris humedecido y la presión de su virilidad llenándola completamente fue algo que no pudo soportar por más tiempo, su cara estaba hirviendo y su cuerpo se empapó con rapidez de sudor. Shaina se apretó a las sábanas y de golpe sintió como un chorro de agua salía de su cuerpo en lo que una maravillosa explosión se escapaba con el último gemido de placer haciéndole temblar las piernas. Shaka terminó un par de segundos después, y ambos resoplaron buscando un poco de aire y cuando él salió de su prisión de fuego, ella se resbaló por la cama hasta quedar tendida en el suelo.
—¿Estás bien?
—Estoy muy agotada.
—Ven –pidió él levantándola con cuidado para dejarla sobre la cama—. Eso realmente fue intenso.
—Eres un maestro –dijo ella jadeando y con los ojos cerrados mientras se mordía los labios—. Creo que quedé bastante satisfecha.
—Esta habitación es muy pequeña –dijo repasando sus ojos por todo el lugar.
—Sí –concordó ella—. Creo que nos hizo falta espacio –él sonrió—. Ale tenía razón.
—¿Respecto a qué? –preguntó rápidamente, Shaina se dio cuenta que había hablado de más—. ¿En que tenía razón Ale?
—Dijimos que nos olvidaríamos de ellos –intentó zafarse.
—Pero tú la nombraste, ¿qué te dijo ella?
—En tres horas debemos estar en el aeropuerto, no hemos dormido nada. Estoy exhausta. —Finalizó abrazando al rubio para poder dormir. Shaka prefirió no volver a preguntar e igual que ella se perdió en sus propios sueños.
…..
Shaina abrió los ojos apresurada por el ruido del agua corriendo en el baño que la hizo despertar, afanada revisó el reloj notando que en una hora debía estar en el aeropuerto, dio un rápido vistazo por la habitación y aprovechando que Shaka se estaba bañando tomó todas sus cosas y salió del lugar. Aunque la noche había sido por demás estupenda y larga, muy larga, al despertar se sentía triste. El éxtasis se había extinguido y ahora no estaba segura de como dirigirse a Shaka.
Sin perder mucho tiempo se arregló y tomó sus cosas buscando las palabras adecuadas para hablar con Virgo, pero no pudo hallar ninguna y se terminó encontrando con el santo en el lobby del hotel.
—Hola —saludó sonrojada, no podía olvidar sus gemidos y las muchas veces que le suplicó a Shaka por más.
—¿Pudiste descansar algo? —quiso saber él que contrario a la cobra se veía bastante tranquilo.
—Shaka, lo que pasó anoche…
—Fue un error —completó el divertido—. Oye, tranquila. Somos adultos y creo que no tenemos que adornar las cosas. Solo fue sexo y nos divertimos y la pasamos muy bien, nadie tiene porque saberlo.
Shaina sonrió aliviada.
—Por un momento pensé que pondrías más resistencia, Shaka.
Él suspiró y pasando su brazo por los hombros de ella se dirigieron hasta el aeropuerto.
Cabañas Femeninas
Shaina llegó a su casa dejando caer la maleta en el centro de la sala, a su encuentro salió Naomi quien al verla le sonrió gentilmente.
—¿Que tal estuvo tu viaje?
—Excelente —contestó Shaina tirándose en el sofá.
—Te ves muy bien. Parece que el viaje te sentó. ¿Pasaron cosas interesantes en él?
—Lo normal, una misión bastante aburrida, pero aprendí la diferencia entre lemurianos y muvianos.
—Y dormiste con Shaka.
—Fue estupendo… digo, ¿qué? —se incorporó de inmediato—. No.
—Ya te delataste. ¿Qué tal estuvo?
—Por favor no se lo cuentes a nadie —pidió mirando el interior de la cabaña—. ¿Geist está? —La otra negó—. Sí, dormí con Shaka. Y fue genial, Ale tenía razón. Shaka es el dios del sexo.
—¿Mejor que Milo?
—Diferente —analizó—. Con Milo todo era muy… sexual, ardiente, no había límites. Pero con Shaka fue… como viajar a otro mundo, un mundo de mucho placer. Cielos, disfruté de ese hombre hasta el último minuto. Descubrí nuevas posiciones y aprendí que bien motivada puedo dar mucho de mí y doblarme de una forma extraordinaria —sonrió.
—Eso fue lujurioso.
—Demasiado. Shaka sabía donde tocar y como tocar. Era delicado y tan excitante. Pero creo que quedé algo empalagada de él. No entiendo como Alejandra dejó todo eso solito.
—Tenía mejores cosas de que ocuparse.
—Pero tuvo que ser muy difícil para ella dejar todo eso. La varita está muy alta —ambas se echaron a reír.
—Bueno, ya puedes estar tranquila. Te comiste a ese hombre como debías.
—Desde luego que sí. Y, además, creo que me siento mejor conmigo misma. Y tuve un squirt. Y fue genial.
—Eso está bien.
—Aunque después me sentí triste. Fue como estar drogada. Ya sabes, cuando se te pasa el efecto, simplemente ya no quieres hacer nada.
—Entonces, Shaka es como una buena droga —bromeó.
—Cállate.
Templo de Virgo
Shaka se adentró en la sexta casa con paso pausado como de costumbre, abrumado suspiró profundo al reconocer el cosmos del intruso que lo esperaba en su sala.
—¿No sé que hice para merecer esto? —se lamentó—. Algo muy malo tuve que haber hecho yo en la otra vida para pasar por este sufrimiento.
—Deja el drama, ¿quieres Buda? Yo solo vine a preguntar como te fue en ese viaje.
—¿Por qué quieres saber, Ángelo?
El de Cáncer sonrió con malicia y levantando ambas cejas se acercó al rubio:
—Por favor, pasaste dos días a solas con la Cobra. Dime que aprovechaste la oportunidad ahora que ambos están solteros.
—No tengo ni idea de que estás hablando —soltó desviando la mirada.
—¡¿Dormiste con Shaina?! —bramó fuertemente, Shaka le hizo una seña para que bajará la voz.
—No. Cállate.
—Lo siento amigo, pero eres malísimo para mentir.
Shaka chasqueó la lengua.
—Debo mejorar eso —dijo el rubio mirando a su amigo—. Por favor no se lo digas a nadie.
—Desde luego que no. Soy una tumba. ¿Qué tal estuvo?
—No voy a hablarte de ella —acotó tomando asiento.
—No te estoy pidiendo los detalles —bufó—. Solo quiero que me digas como te fue.
—Genial —contestó con una amplia sonrisa—. Fue una noche larga y bastante productiva.
—Te la cogiste de lo lindo, ¿no?
Shaka rodó los ojos ante la expresión de mal gusto.
—Tenía que aprovechar, estoy seguro de que eso no se va a repetir.
—Que mal, pero por lo menos te quitaste las ganas.
—Eso sí. Ya creo que puedo cerrar ese círculo con Shaina. Pero me siento algo extraño. Algo avergonzado con Milo. Ay, soy un mal amigo.
—Milo es un tarado, por eso está encerrado en el cabo Sunion.
Shaka levantó la vista.
—¿Milo está encerrado en el cabo Sunion? ¿Y eso cuando pasó y por qué yo no lo sabía?
—Lleva como cuatro días allí metido, y la razón por la que no sabías es porque no preguntaste.
—No pues gracias. Igual eso no quita que me porte mal como amigo.
—En realidad Milo y tú no son tan amigos —explicó dándose una vuelta por la sala—. Apenas y se hablan.
—Tienes razón —analizó detalladamente—. A decir verdad, siento que muy en el fondo Milo me odia, y nunca he sabido por qué.
—Tal vez porque le robaste una chica hace tiempo atrás y, además, estabas detrás del amor de su vida.
—Espera un momento. —Shaka observó a Ángelo a los ojos—. ¿Cómo que le robé una chica? Entiendo lo otro, es claro que te refieres a Shaina. Pero lo demás…
—¿Recuerdas a Zireth? —Virgo asintió—. Bueno, a Milo le gustaba mucho esa chica, en realidad quería con ella, pero ella tenía ojos solo para ti.
—Eso no es mi culpa. De haber sabido que le gustaba yo… nada.
—¿Dormiste con ella? —Ángelo soltó una gran carcajada y se sentó frente a Shaka.
—En mi defensa, estaba investigando. Y solo dormí con ella una vez, bueno dos. Está bien cuatro. Pero no sabía de ella y Milo.
—No hubo ella y Milo. Hasta donde yo sé. Cuando Milo intentó ser más directo, ella dijo que se casaría contigo.
—Ay, sí. —Shaka suspiró y se cruzó de brazos recargándose en el sofá—. Mi error fue haber pensado que todas las mujeres eran como Naisha. Me costó trabajo hacerle entender que no me iba a casar con ella. Al final se marchó con sus abuelos.
—¿Por qué?
—Sus padres dijeron que aquí no tenía muchas oportunidades.
—Es verdad. Pero desde entonces Milo te odia. Siempre ha dicho que no entiende que ven las mujeres en ti, si eres tan insípido.
—¡Oh! Por eso el apodo.
—Así es. No quiero imaginar lo que va a pasar cuando él se entere que dormiste con Shaina.
—¡Ángelo, no se lo vas a decir a nadie! —gritó, acto seguido Cáncer se echó a reír, era muy fácil hacerle perder los estribos a Virgo.
Tiempo después
Ella se levantó a hurtadillas, se encerró en el baño y sacó una caja rectangular de su bolsillo y haciendo el menor ruido posible siguió paso a paso las indicaciones del empaque y esperó por largos y eternos minutos.
Por fin el resultado había salido y este no era lo que ella esperaba.
—Mierda —susurró al ver la palabra pregnant en su prueba de embarazo—. ¡Maldición¡
Continuará
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No saben cómo me reí con este final. Sí, soy mala. ¿Quién será la nueva madre? ¿Apuestas? En realidad, todo esto iba a salir en el mismo capítulo, pero en vista que ya me estaba quedando extenso decidí cortarlo precisamente en este punto. Tranquilos que si todo sale bien esteré publicando la otra semana.
Monse: Voy muy bien, gracias por preguntar. Y tú, ¿cómo vas?... ay, sí ese Sorrento no tiene temor de Dios y yo diría que sí, es algo suicida el muchacho, ¿pero quien no lo es en Saint Seiya? Jajaja… en cuanto a Violet, bueno ya sabes que me gusta jugar con las mentes de mis lectores. Perdón por eso.
8D: No sabes cómo me reí con tu comentario de los besos costosos de Mu. Esa frase: 'ese men cobra en euros'. Me hizo reír tanto, en serio, estuve riéndome de lo mismo como por veinte minutos. Bueno, pues… Shun y Saori… pues… sin comentarios, siguiente pregunta. Claro, Milo puso mucho de su parte para que la imaginación de la Cobra corriera como el agua. Tú te lo buscaste Milo. Pero sí, Shaina igual tiene de donde escoger. Gracias por el comentario. Espero este nuevo episodio haya sido de tu agrado.
Nos estamos leyendo.
