22. Sorpresa, sorpresa.
Templo de Virgo
Shaka salió de su cuarto levantando los brazos para estirarse un poco, caminó con pie descalzo hasta la sala donde sintió la presencia de Ángelo, allí miró a su compañero por un rato y al no recibir ninguna explicación decidió tomar la palabra:
—¿Qué quieres?
—En realidad —dijo el italiano pasando sus ojos por toda la repisa—. Vine a ver que tus cosas continuaran aquí.
Shaka elevó una ceja.
—¿A qué te refieres? Aquí vivo, ¿no?
—Bueno, amigo, pensé que esa bru… digo, tu prometida ya te había sacado del Santuario. Ahora que se van a casar.
Virgo miró hacia los pasillos para luego volver a observar a su compañero.
—Shaka. ¿Dónde vivirán cuando se casen? Es obvio que a Nicol no le gusta este lugar.
—Baja la voz —pidió tomando asiento—. Está dormida, no quieres despertarla. Y en cuanto a tu pregunta. Viviremos aquí.
—¿Seguro? ¿Ya hablaron de eso?
—Un poco sí. Ella ha sugerido vivir en su apartamento, pero le he dado las obvias razones de porque eso no puede funcionar. Los entrenamientos, las guardias, todo eso reducirían mi estadía en Grecia.
—¿Y ella lo entiende?
—Intenta asimilarlo.
—Sabe lo importante que es para ti estar aquí, ¿no? En unos años los entrenamientos de los guardianes dará inicio, y tú tienes el deber de estar aquí como uno de sus maestros.
—Lo sé Ángelo —expresó dejando caer los brazos—. Ella no entiende mucho de esto. Y cada que le hablo del Santuario me ignora, así como haces tú cada que te cuento algo interesante de la historia.
—Oye, lo único interesante que me has contado en la vida, es sobre esas monedas egipcias.
—Las Spintrya —apuntó—. Y no son egipcias, son romanas.
—Exacto, quiero un par de esas, para ya sabes, jugar con Narella.
—¿Prestaste atención a la historia de esas monedas? —Shaka miró a su amigo de forma desaprobatoria en lo que el otro afirmaba—. ¿Eres consciente que dichas monedas se usaban con las meretrices?
—Ay, sí, Shaka. Le quitas la diversión a todo —acotó cruzándose de brazos.
—Shaka —Aioros llegó afanado al sexto templo—. ¿Shaka, por qué no me habías dicho que Alejandra había vuelto?
—Volvió apenas hace un par de días —contestó Cáncer.
—Oh, ¿en serio? —interrogó Nicol entrando a la sala donde se sentó al lado de Shaka—. ¿Alejandra, tú ex?
—Sí, ella —contestó el rubio sin interés—. Llegó hace poco.
—¿Por qué no me habías dicho?
—¿Por qué te importa? —Shaka observó a su novia extrañado.
—Bueno, fue tu novia. Tal vez me interese conocerla.
—Cuando tenga la oportunidad te la presentaré.
—¿Y estará aquí en el Santuario? —quiso saber Aioros.
—No —Angeló tomó la palabra—. Estará en Grecia, vino por un proyecto de la Fundación.
—Me alegra su regreso —acotó el arquero haciendo un ligero baile—. ¿Shaka, te molesta si la invito a salir?
La mirada de Nicol cayó pesadamente sobre el rubio.
—No —contestó este.
—Que bueno, porque eso haré —expreso el griego.
—Suerte —le dijo Shaka antes de que Sagitario desapareciera del lugar.
—¿La invitaste a la boda? —Nicol sonrió con cinismo mirando directamente a Virgo.
—Dijo que tal vez no alcanzaría a estar para la boda —explicó el indio poniéndose de pie—. Se irá para esas fechas.
—Ay, qué pena —contestó la belga con sarcasmo—. Deberíamos adelantar la boda para que ella pueda asistir. Sé lo importante que fue para ti.
—No es necesario —agregó Shaka mirando a su compañera tratando de finalizar esa conversación.
—De acuerdo.
—Los dejo solos —Ángelo salió del templo tan rápido como pudo.
—Tus amigos siempre están aquí, que pereza. Es muy temprano para molestar de esa manera —expuso la chica caminando hasta la cocina.
Campos de Entrenamiento
June estaba sentada en las gradas de los campos observando el entrenamiento de los más pequeños, pero, aunque intentaba concentrarse en ellos su mente divagaba en otras cosas. No hacía mucho que Narella se había marchado con Ángelo, sin embargo, la extrañaba día a día, su nueva compañía no era tan agradable como ella.
—¿Por qué esa cara larga? —preguntó Sextante sentándose a su lado, June sonrió aliviada al tener a su amiga cerca—. ¿Estás bien?
—Tenías razón —resopló escondiendo la cabeza entre sus rodillas—. Dorian es un bueno para nada, y no sé qué hacer con él.
—Una buena patada en el trasero puede servir —sugirió mirando de reojo a su compañera quien suspiró profundo—. ¿Por qué crees que mi maestro lo envió al Santuario? Ni él lo soporta.
—No todo es tan malo —analizó levantando el rostro—. Está muy pendiente de mí, me acompaña a todo lado, me regala cosas, me consiente.
—Pero…
—Siempre vivimos peleando por las cosas. En realidad, no sé cómo le hace para salirse con la suya, se escapa de los entrenamientos y se la pasa jugando XBOX, no lava ni su propia ropa. Me molesta mucho eso. Yo no fui entrenada para atender a un hombre. Estoy acostumbrada a qué aquí todos se valgan por sí mismos.
—Es natural, las peleas entre mi maestro y él siempre eran por lo mismo. Dorian hacía todo de mala gana, nunca le han gustado los quehaceres.
—Y a mí no me gusta tener desorden en la casa, pero cada que levanto algo ya hay algo nuevo tirado en el piso.
—Vida de casados —bromeó mirando hacia el campo.
—¿Te va igual con Ángelo? —preguntó con amargura.
—En realidad no —contestó la otra entendiendo a su amiga—. Como dijiste: aquí todos estamos acostumbrados a valernos por sí mismos.
—Exacto —suspiró para luego ver a su amiga—. Por otro lado —titubeó. Narella esperó paciente—. No te molestes por lo que te voy a decir, pero… extraño a Shura. Aún lo amo y a veces quisiera estar con él.
—Yo no te juzgo. Sé que lo amas. En realidad, siempre he pensado que deberías estar con él. Sí, deben solucionar muchas cosas, pero siempre estuviste muy feliz a su lado. Además, Ángelo me comentó la otra vez, que Shura hace tiempo que no sale con nadie.
—Ya no hay tiempo para esas cosas. Elegí a Dorian, ¿no? También quiero a Dorian y no sería justo con él nada de esto.
—Bueno, tienes razón. En realidad, aunque me cueste decirlo, Dorian te quiere. Por alguna loca razón parece enamorado de ti. Tal vez si conversan al respecto de las cosas que no te agradan puedan solucionar todo.
—Sí.
Inframundo
—Violet —bramó Minos entrando al cuarto de la chica sin ninguna cortesía—, hace mucho tiempo que no vas al Santuario, ¿Puedo saber por qué?
—Porque no se me da la gana, ¿bueno? —contestó la joven tumbada en la cama leyendo un libro.
—¿Acaso buscas que te asesiné preciosa?
—Me harías un gran favor, así no tendría que ver tu horrible cara.
—No me tientes mocosa.
—Oye si tanto te interesa lo que pase en el Santuario, por qué no te encargas tú —acotó sentándose al borde de la cama—. No quiero volver a ese lugar y punto. Puedes hacer lo que quieras conmigo.
—¿Lo que yo quiera? —preguntó burlón levantando una ceja con seducción.
—No me refiero a eso. Total, ya no me importa.
—¿Qué te pasa? —preguntó realmente preocupado—. ¿Acaso alguien te faltó al respeto en ese lugar? Si es así, lo matamos.
—No es necesario hacer eso —expresó sorprendida, la reacción de su superior era genuina.
—Oye, tienes que decirme, nadie diferente a mí tiene el derecho de acosarte.
La chica rodó los ojos.
—No te preocupes, nadie a de más de ti me acosa.
—Me parece bien. Pero debes volver.
—No lo haré.
—¡Ay, Violet! —habló Minos frustrado mirando a la chica quien estaba muy decidida—. Oye, no sé qué problemas tengas, pero soluciónalos. A Nuestro señor no le va a gustar esto, y yo puedo cubrirte cuanto pueda, pero llegará un momento en el que él pedirá una explicación directa.
—Gracias por entenderlo —dijo ella al ver al juez marcharse de su habitación.
—No te metas en más problemas.
Rodorio
Como era de esperarse con el regreso de Alejandra, se decidió hacer una noche de chicas, ahora Marín, Naomi y la latina estaban en el pueblo comprando suministros para la reunión.
—Qué pena Marín —dijo Ale—. Cuando me fui no podías beber porque estabas embarazada, ahora, no puedes beber porque estás lactando. Así no se puede.
—Es tu culpa —se defendió la pelirroja.
—¿Por qué es mi culpa? —preguntó Alejandra ante el tono descarado de la otra.
—Por irte —explicó casual.
—¿Entonces yo debí estar en ese cuarto para ponerle el preservativo a Aioria?
Naomi se echó a reír ante la ocurrencia de la latina.
—Se supone que en la lactancia no te embarazas —expresó Marín cruzándose de brazos.
—No siempre es así —consoló la morena.
—Hola chicas, ¿cómo están? —Las amazonas levantaron una ceja ante el saludo tan cordial de Nicol, quien parecía ahora pasar mucho tiempo por ahí.
—Hola —correspondió Águila—. ¿Qué te trae por estos lares?
—Estoy comprando algunas cosas para el templo de Virgo —contó mostrando una canasta con víveres—. Tú debes ser Alejandra, ¿no? Me han hablado mucho de ti. Yo soy Nicol, la prometida de Shaka.
—Tú eres la afortunada —anotó Ale con amabilidad—. Mucho gusto.
—¿De dónde eres? De Colombia, ¿cierto? —interrogó la belga, Alejandra afirmó—. Pablo Escobar —agregó pareciendo distraída—. ¡Ay, qué pena! Fue un comentario despectivo, perdón.
—No te preocupes —calmó la morena sin darle mucha importancia—. El tiempo me ha enseñado a no juzgar a las personas, es normal que la gente hable y se exprese sobre lo que más consume.
Naomi y Marín no pudieron evitar sonreír ante el comentario, Nicol por su parte se mordió el labio e ignorando a la colombiana se dirigió Águila:
—¿Y eso, tienen una fiesta? —señaló las bolsas que llevaban.
—Así es —contestó la japonesa pasando el brazo por los hombros de la psicóloga—. Vamos a celebrar que Alejandra está de vuelta.
—Oh, que lo disfruten. Tengo muchas cosas que hacer o de lo contrario las acompañaba. Shaka y yo estamos revisando varias cosas, ya saben, para la boda.
—Ay, no te molestes —contestó Naomi emprendiendo el camino—. Cuando puedas nos reunimos.
—Oh, sí.
—La odio —prosiguió Marín marchando al lado de las otras—. En serio la odio. Que molesta es.
—Por favor, hay que entenderla —dijo Ale—. No debe ser sencillo para ella saber que yo estoy por ahí y que, además, me llevo tan bien con todos.
Las amazonas no le dieron más trascendencia, con los ánimos arriba continuaron su recorrido hasta la cabaña.
Cabañas Femeninas
—No puedo creer todo lo que ha pasado desde que me fui —dijo Alejandra ya en compañía de una buena parte del grupo de chicas—. Parece que me fui como por diez años. Hicieron muchos desastres.
—Ay, querida, y eso que esto apenas es un resumen de lo que se vivió realmente —acotó June quien contó su parte tratando de ser lo más discreta posible debido a Geist la cual por respeto a Camaleón y por no conocer a Alejandra, prefirió no estar presente.
—Han pasado tantas cosas. Saori me puso al tanto de algunas, pero esto ya es otro nivel.
—Ale, la culpa es tuya por haberte ido —dijo Shaina al otro lado de la sala—. ¿Ves lo que hiciste? Ahora Shaka se va a casar con una loca.
—No la llames loca —pidió Narella—. Es diferente.
—Es una loca —corroboró Ofiucos—. No sé como tuviste el valor para dejar a semejante bombón solo —habló sin estar consciente de sus palabras.
—Dormiste con él, ¿cierto, Shaina? —la Cobra se atragantó con la pregunta de Alejandra.
—¿Acaso lo tengo tatuado en la frente? —fue todo lo que se le ocurrió decir.
—¿Dormiste con Shaka? —preguntó la colombiana asombrada.
—Era una trampa —cayó en cuenta Shaina—. ¡Maldición!
—Ale sabe sacar verdades mejor de lo que hago yo —continuó Naomi.
—No puedo creer que hayas dormido con Shaka y se supone que eras mi amiga.
—Sí, soy tu amiga, Ale. Pero tú te fuiste, el pobre estaba muy triste.
—Espero que por lo menos hayan esperado a que se disipara mi perfume de su cuarto —comentó fingiendo pena.
—Créeme que si —contestó la Cobra—. Y no lo hicimos en su cuarto, fue en Italia.
—Vaya, eso fue con todos los juguetes. ¿Y qué tal? —quiso saber la latina.
—Genial, Ale. Te quedaste corta con tus apreciaciones hacia él.
—Te lo dije. Alguien tenía que corroborar mis palabras.
—¿No te molesta? —preguntó June a Alejandra.
—No. Lo veía venir —contestó la morena—. Igual ya no era mi problema, supongo que fue problema de Milo.
—No, claro que no —contestó Shaina—. Para entonces yo ya había terminado con él. Shaka y yo estábamos tristes y solteros, ¿en serio no te molesta?
—La verdad no. Me sorprende que no haya pasado antes —agregó Alejandra—. Ahora ese será problema de Nicol.
—Puede ser tu problema —recalcó Ofiucos—. A Nicol aún la podemos batear.
—No, claro que no. Si Shaka está dispuesto a casarse con ella, es porque la ama.
—Ale, dinos la verdad —tomó la palabra Marín—. ¿Por qué te desapareciste así?
—Estaba ocupada.
—Vamos, Ale. Dinos la verdad.
—Es la verdad, Shaina —contestó, las demás se le quedaron viendo—. En serio. Decidí —tomó aire—. Decidí dedicarme a mis estudios 100%, con eso y el trabajo, apenas tenía tiempo para dormir.
—Vamos, Ale —volvió a decir la peliverde—. ¿En serio no pudiste sacar un poquito de tu tiempo para escribir?
—Lo lamento mucho, en serio —contestó la psicóloga—. Pero mi tiempo era limitado, muy limitado. No espero que lo entiendan. Me propuse a terminar mi carrera en el menor tiempo posible y eso me consumió.
—¿Por qué querías terminar con tanto afán? —preguntó Naomi.
—Ahora no importa, solo quería acabar cuanto antes. Pero de no haberlo hecho no estaría hoy aquí. Ya ven, ahora mis esfuerzos rinden fruto.
—Sí, pero te quedaste sin Shaka —hizo ver June.
—Puedo quedarme con Milo —comentó con malicia, Shaina apenas abrió la boca para decir algo.
—Ah, me lo merezco —reconoció la Cobra—. Tienes mi permiso, Ale.
Todas se echaron a reír.
—Volviendo a otros temas y a otras personas —continuó Alejandra—. Naomi, ya no estás con Shun y ahora sales con Minos en una relación poliamorosa. ¿Entendí bien?
—Una relación poliamorosa —habló Antlia—. No lo había visto así. Pero sí, así es. Y nos ha funcionado de maravilla.
—No sé como lo han logrado —tomó la palabra Marín.
—Es natural —volvió hablar la morena—. Varios estudios coinciden en que el ser humano puede enamorarse en distintas ocasiones y amar a dos o tres personas al mismo tiempo, teniendo en cuenta que el amor es un proceso neurológico que se produce en el cerebro.
—Ya empezó la nerd. —Shaina descolgó los hombros.
—Les estoy dando razones científicas para que justifiquen su libertinaje —expresó Alejandra.
—¿Entonces por qué existe la monogamia? —quiso saber Marín.
—Es cultural, nos han acondicionado en diferentes culturas y en la sociedad a ser exclusivos —continuó la colombiana—. Algunas personas les funciona a otras no.
—Sí, a mí no me funcionó —agregó Naomi.
—Yo no sé si podría tener una relación así. Soy demasiado lunática para aceptar eso —comentó Shaina.
—Ven —llamó Ale—, pero… ¿Milo si te fue infiel con esa mujer… Jolene?
Todas miraron a la Cobra detenidamente.
—No lo sé —dijo cruzándose de brazos y recostándose en el sofá—. A veces pienso que sí, otras veces creo que no. Pero la mayor parte del tiempo creo que sí.
—Pero en el fondo tú crees que…
Ale dejó la frase en el aire para que Shaina la completara:
—Que no.
—De acuerdo, ahí está. Deberías arreglar las cosas con Milo.
—No vamos a hablar de eso ahora, Ale —interrumpió la Cobra—. Pensar tanto en eso no me hace bien. Además, estamos aquí celebrando tu regreso, y siento que a nuestra querida diosa le has hecho mucha falta. ¿Has hablado con ella?
—Muy poco y la mayor parte ha sido de trabajo, pero sí debo sacar un buen espacio para conversar. Algo me dice que no está muy bien.
Naomi se acomodó mejor en su asiento y bebió un poco de su copa, recordó la noche en la que descubrió que Shun y Saori eran algo más que amigos, pero ahora a ambos —aunque continuaban su vida intentando disimular que no pasaba nada—, se les veía con semblante muy triste. Prefirió guardar silencio, si decía algo podía estar dejando al descubierto a la pareja.
—Alejita, con que aquí habías estado —anunció Aioros entrando a la cabaña donde todas las chicas se le quedaron viendo—. ¿Cómo estás?
—Bien. Me encanta volver a verte —dijo la latina poniéndose de pie para saludar al hombre quien después de un abrazo la tomó de las manos.
—Ale, sé que debes estar muy confundida con todo esto, y ahora que Shaka se va a casar te debes sentir muy triste —expuso el Santo con tono afligido—. Por eso, amor mío, si necesitas consuelo, aquí tienes un par de hombros en los que puedes subir tus piernas.
Alejandra se echó a reír en lo que Marín negaba y Naomi reía a carcajadas.
—Que desgraciado, me dijiste lo mismo a mí cuando terminé con Shura.
—Y a mí cuando terminé con Milo.
—Y ninguna de las dos ha querido aceptar mi propuesta —explicó el hombre—. Pero no se preocupen mis amores, que la oferta sigue en pie. —Alejandra prefirió alejarse—. Pero tu mi amor —continuó sentándose cerca de la latina—. Tienes el primer puesto.
—Que molesto eres, Aioros —anunció Marín—. Porqué no vas a ver si puso la marrana.
Aioros se alzó de hombros y se acomodó más en el sillón.
—¿No te vas a ir? Es noche de chicas —apuntó Shaina.
—No, no me voy. Aquí me voy a quedar, es como un sueño hecho realidad estar rodeado de tantas chicas bellas.
Y, en definitiva, Aioros no se marchó, tomó lugar en la reunión, lo que imposibilito a las chicas seguir hablando de algunos temas, pero no impidió que las risas continuaran gracias a las anécdotas del dorado.
Grecia
Tiempo después Shaina caminaba tranquilamente por las calles de la ciudad, llevaba en su mano derecha un café mientras que en la otra una bolsa grande la acompañaba.
—¿Por qué tan sola? —Aquella voz conocida la hizo sonreír.
—¿Sugieres que necesito compañía? —expuso ella mirando de reojo a su interlocutor.
—No. A menos que sea la mía.
—No te das por vencido, eres un juez muy persistente.
—Puedes llamarme Aiacos, preciosa, o mi amor, si lo prefieres.
Shaina se echó a reír.
—Vaya que eres convencido.
—¿Acaso no estás ligeramente interesada en mí? Porque he visto como me miras.
—Sí, lo hago, pero porque te pareces a mi ex —apuntó sarcástica, Aiacos hizo un gesto de dolor.
—Espero que eso no sea un impedimento para que tú y yo salgamos.
—¿Quieres salir conmigo? ¿Conmigo?
—Desde luego —indicó acercándose a la chica—. ¿Cuándo tienes tiempo?
—Estaré muy ocupada.
—Está bien —contestó él con elegancia para luego pasarle una tarjeta a la chica—. Llámame cuando tengas tiempo, estaré esperando ansiosamente. Lindo día, señorita Shaina de Ofiucos.
Aiacos marchó con paso majestuoso, aunque a la Cobra le pareció por demás pedante el hombre, no pudo evitar reconocer que el juez era demasiado sexy.
—Contrólate, Shaina —se dijo y continuó su camino.
Ese mismo día en horas de la noche, Milo de Escorpio se sentó en la barra de un bar para beber una cerveza, jamás imaginó que al darse un paseo por la hermosa ciudad de Atenas se encontraría con un panorama nada alentador. El amor de su vida, Shaina de Ofiucos conversaba alegremente con quien era un rival muy molesto para el griego: Aiacos, juez del infierno y a quien todos insistían en compararlo con él. La verdad Milo no veía el parecido, no había nada que pudiera confundirlos, sin embargo, el espectro tenía los mismos gustos, ¿o por qué otra razón estaría tan atento de la Cobra?
Escorpio resopló resignado, Shaina podía hacer lo que quisiera con quien se le diera la gana, pero ¿Por qué con él? ¿Por qué Shaina insistía en involucrarse con hombres que a él no le agradaban? Por un lado, estaba Shaka, ¿y cuál era el problema con Shaka? Que Milo sabía que Shaka era un buen partido. No solo se caracterizaba por ser un guerrero poderoso, era amable, apuesto y muy a su manera encantador. Si la Cobra alguna vez quisiera buscar a consciencia al hombre perfecto lo podría hallar en Shaka. Si alguien podía arrebatarle a Shaina, ese era Shaka de Virgo.
Pero no pasaba lo mismo con los otros dos, no. Los otros simplemente eran petulantes, molestos. Perseo, nunca fue de su agrado, le molestaba de sobremanera su presencia, su voz, todo en él le incomodaba, tal vez era por las discusiones que tuvo con Shaina en el pasado en el que Argol se vio involucrado, no lo sabía realmente, pero de lo que si estaba seguro es que Perseo siempre estuvo al acecho de la italiana. Y ahora, Aiacos, ¿de verdad Shaina estaba interesada en Aiacos? Primero era un enemigo, sí, habían tratados de paz y un poco de cosas que no le importaban, pero seguía siendo un enemigo, un ser petulante que no debió haber nacido. Los jueces debían estar en lo más recóndito del Inframundo. Allá escondidos donde nadie los viera.
Sonrió cínicamente, aquello necesitaba más que una simple cerveza. Si las cosas hubieran resultado bien entre él y la Cobra, en ese mes estarían cumpliendo dos años de noviazgo, negó, por lo menos en esta ocasión duraron un poco más que seis meses.
El tiempo transcurrió lentamente para el dorado, había tomado más de media botella de ron y aún sentía que podía seguir, lamentablemente el barban del lugar no pensaba lo mismo. Milo se estaba comportando agresivamente, miraba mal a todos y ya le había buscado pelea a un par de caballeros que al verlo tan ebrio prefirieron marcharse. Aunque la insistencia del empleado porque el Santo se marchara era constante, el griego no se iba, y ahora levantaba la voz exigiendo ser atendido.
—¿No crees que ya has bebido suficiente, amiguito? —comentó una suave voz, Milo al verla sonrió con picardía.
—Aleja. Tiempo sin verte. Me habían contado que habías vuelto. Te ves hermosa.
La colombiana solo estaba en el lugar con algunos compañeros del trabajo, al escuchar el alboroto reconoció al griego por lo que se acercó a calmarlo.
—Gracias, cariño. ¿Quieres ir a casa? —sugirió ella.
—¿A tu casa? —preguntó con cinismo intentando no caerse, Alejandra sonrió despreocupada.
—No, a tu casa.
—Vamos a mi casa entonces —insistió.
—Digo que ya es hora de que te vayas a casa —aclaró ella mirándolo a los ojos.
—Ale, mi amor —continuó el griego tomando a la chica por la cintura—. ¿No crees que nos merecemos esto?
—¿Merecernos qué?
—Una noche juntos.
—¿Y cómo por qué?
—Ya sabes. Shaka y Shaina hicieron de las suyas, ahora nos toca nosotros.
—Me lo imaginé —dijo más para sí—. ¿Entonces quieres vengarte o algo así?
—¡Oh, sí! Quiero vengarme contigo.
—Milo, por favor, madura. ¿Quieres? —apuntó ella tratando de alejar al hombre, pero al ver que este no cedía decidió seguirle el juego—. Aunque pensándolo bien, tienes razón.
—¿En serio? —Escorpio no imaginó ganar tan rápido esa partida.
—Sí, vamos a mi apartamento. Bien dijiste: nos merecemos esto.
El santo sonrió entusiasmado y tambaleando caminó tras la latina quien lo condujo hasta un precioso apartamento con una impresionante vista.
—¡Cielos! ¿Cómo puedes pagar todo esto? —inquirió Milo entrando al lugar, aunque el recorrido del bar hasta ahí fue corto, fue lo suficientemente largo para que Alejandra empezara a preocuparse de su decisión. El guerrero tomándole la palabra le había robado un par de besos por el camino.
—Yo no lo pago —contestó dejando su bolso a un lado—. Lo costea la Fundación.
—Cielos, esto es más grande que el Santuario.
—Tampoco exageres.
—Bueno, mi amor, y ahora que estamos solos —expuso el griego con risa seductora.
—Sí, déjame ponerme más cómoda —dijo ella caminando lejos del Santo—. Espérame aquí por favor. Ya regreso.
—Desde luego mi amor.
…..
A la mañana siguiente Milo se despertó con un fuerte dolor en el cuello, se encontraba desnudo tirado en un sofá que no reconocía. Abrió los ojos abrumado y con una fuerte jaqueca se puso de pie tratando de comprender dónde estaba.
—¿Ya no te acuerdas de mí? —preguntó Alejandra entrando a la sala con un pequeño camisón azul y un par de tazas de café, Milo observó a la chica confundido y sin cubrirse recibió la bebida.
—¿Acaso tú y yo?
—Sí —contestó ella—. Me ofende que no lo recuerdes.
—A mí me molesta no acordarme —dijo él sentándose en la cama completamente consternado—. ¿Cómo es posible que lo haya olvidado? ¡A ti! ¡Te olvidé a ti!
Alejandra dejó salir una gran carcajada haciendo que el dorado frunciera el ceño.
—No pasó nada, Milo —dijo la chica sentándose en el brazo del sillón—. Estabas muy dispuesto eso sí. Me robaste un par de besos por el camino, pero al llegar acá solo tuve que irme por unos minutos para que te quedarás completamente dormido.
—¿Y por qué estoy desnudo?
—Tú te desnudaste, supongo que fue mientras me esperabas.
—¿Entonces no lo hicimos?
—No.
Milo dio un rápido vistazo al lugar.
—Qué lindo apartamento.
—Sí, ayer me lo dijiste. Cortesía de la Fundación.
—¿Ale, como fue que terminé en este lugar?
—Verás. —La morena se sentó más cerca, Milo ni se movió—. Estabas en un bar peleando con el mesero porque no te daba más alcohol, me pareció prudente sacarte de allí, por lo que acepté tu propuesta de dormir juntos como una venganza hacia Shaka y Shaina.
—Sí, esos dos. No sabría decirte si pasó algo entre ellos, pero mi noveno sentido dice que sí.
—Sorprendente, ya llegaste hasta el noveno.
—Para que veas nena. Ahora —continuó acercando su brazo hacia la chica—. Qué tal si tú y yo nos desquitamos de ese par.
—¿Crees que le haremos daño a alguien con eso? —interrogó ella caminando por el apartamento para perderse en una habitación, Milo le dio alcance.
—¡Que linda cocina! —comentó él al ver el lugar.
—Sí, aquí me gusta comer. ¿Quieres vestirte? —pidió, aunque la vista era hermosa y excitante tener al santo desnudo en su casa no era buena idea, no para su inquieta cabeza.
—¿Acaso te molesta? —indicó caminando sin vergüenza hacia ella para aprisionarla contra el mesón.
—¿Me estás acosando, Milo de Escorpio?
—No. Estoy sugiriendo un desquite.
—¿Sigues borracho? —preguntó con firmeza, él negó rotundamente—. ¿En serio quieres hacer esto?
—¿Tú no?
Alejandra analizó la pregunta rodando sus ojos en el cuerpo descubierto del hombre, aquello no se veía todos los días, por lo que hizo un pequeño gesto de aprobación.
—Tú me gustas —explicó él deslizando suavemente la yema de los dedos por los muslos de la chica para subir el camisón, ella no se molestó en detenerlo—. Y ya entrado en gastos, pues… Nadie tiene porque enterarse.
—Eres muy cínico —acotó ella mirándolo a los ojos—. Y eso me gusta.
Milo sonrió saboreando el triunfo y sin ningún problema levantó el camisón para dejar a Alejandra completamente descubierta.
—Me encanta lo que veo —expresó besándola en el cuello.
Santuario – Campos de Entrenamiento
June lanzó unas lanzas lejos y luego dio un par de patadas al aire para después sentarse frustrada en la arena, con el ceño fruncido y los brazos cruzados no notó que estaba siendo observada.
—¿Te puedo ayudar en algo?
La amazona se levantó de inmediato al reconocer la voz.
—No, gracias —contestó.
—Vamos, linda. Creo que necesitas ayuda —continuó él inclinándose para levantar las armas.
—No necesito ayuda, Shura. En serio.
—Te ayudaré de todas formas.
Camaleón suspiró derrotada y aceptando el apoyo se repartió los elementos con el dorado.
—¿Por qué te tocó esta tarea a ti sola? —quiso saber él caminando al lado de la chica. La armería quedaba bastante retirada.
—Porque tengo un… porque Dorian es un idiota —explicó—. Estábamos en entrenamiento con los demás aprendices y antes de que pudiera dar la orden para que recogieran todo, él los retó a una carrera y todos desaparecieron.
—Sí que es un idiota.
—Parece que tengo imán para idiotas —expresó sin intensión—. Digo…
—No te preocupes, sé a qué te refieres.
El resto del camino transcurrió sin mayor novedad, ambos Santos llegaron al depósito y en completo silencio se dispusieron a organizar la armería.
—Lamento como terminaron las cosas entre los dos —comentó finalmente Shura caminando con timidez hasta la rubia—. En serio no quise lastimarte. Sé que nada esto importa ya, pero siento que te debía una disculpa. En verdad te amé, aún te amo. Y quisiera al menos ser tu amigo.
—Yo no puedo ser tu amiga, Shura.
—Entiendo. De todas formas, si necesitas algo puedes contar conmigo. —Capricornio se dio la vuelta, colgó una lanza en una de las paredes laterales y caminó hasta la salida.
—Yo también aún te amo —susurró June, Shura se detuvo al escucharla—. Pero…
—June. —El español llegó tan rápido con ella que no le dio tiempo de reaccionar—. Si existe la mínima posibilidad de volver a estar juntos me harías muy feliz. Sé que es descarado de mi parte pedirte esto y comprendo que estás con otra persona, pero me haces mucha falta, linda. Te amo y te extraño como no te lo imaginas y estoy dispuesto hacer lo que sea para demostrarte lo mucho que lamento haberte perdido.
—Shura. —La amazona bajó la mirada y apretó los puños para no dejarse vencer—. No sé si pueda confiar en ti, yo…
—Te juro que no volverá a pasar, que yo… moriré primero antes de volverte a mentir. Te subestimé, lo lamento mucho. Comprendo tu amor y desconfianza. No tienes que aceptarme nuevamente en tu vida, preciosa. Solo —agregó tomándola de las manos—. No me hagas a un lado. Quiero estar contigo, aunque sea como tu amigo.
—Shura… —June no terminó de hablar, llevada por un impulso se estiró para besar al Santo que aceptó el beso con alegría.
—Amor, me haces tanta falta —suspiró el dorado cuando se separó de ella.
—Creo que tengo problemas —repuso ella con la mirada brillosa—. Dorian —susurró.
Templo de Leo
—Hola, amiga —saludó Shaina entrando a la quinta casa. Marín estaba amamantando a su pequeña en lo que Eryx jugaba con un carro.
—Oye, llegas tarde —expuso la pelirroja.
—Me quede dormida —explicó la otra sin darle importancia.
—Por eso te dije que vinieras después de tu guardia.
—Tenía mucho sueño. Quería mi camita. Perdón.
Marín rodó los ojos y dejó sobre la mesa la lista de turnos de guardias y entrenamientos.
—¿Segura que quieres que yo te releve con esto? —preguntó la italiana—. Naomi hizo un excelente trabajo la otra vez.
—El Patriarca me dijo que te lo pidiera a ti. Creo que te va a dejar liderando algunos de los grupos de aprendices.
—¿No le preocupa que los asesine? Porque yo a veces me pongo un poco dramática.
—Qué bueno que lo reconoces —anotó acomodándose mejor—. Pero supongo que por eso mismo él te considera una buena candidata.
—Pero primero quiere ver como manejo esto, ¿cierto? —apuntó levantando las hojas, Marín se alzó de hombros—. Adivina con quien me encontré ayer.
—¿Con quién?
—Con Aiacos. Me invitó a salir, pero le dije que no —suspiró—. Ahora pienso que debí haberle dicho que sí. El tipo parece un buen partido, pero su gran parecido con Milo me perturba, aunque ayer viéndolo bien, tampoco es que se parezcan tanto.
—Yo creo que deberías salir con él.
—¿Te parece? —Shaina observó a su amiga buscando algún rastro de burla en sus palabras.
—Sí, amiga. ¿Hace cuanto que no sales con Alguien?
—Hace bastante tiempo ya —suspiró—. Creo que ya olvidé como se siente todo.
—Por eso. Sal con ese hombre y si te lo quieres comer dale sin miedo —aconsejó con gran sonrisa.
—Marín, estás muy lujuriosa.
—De hecho, sí.
—¿Los niños no los dejan darse cariñitos? —comentó con picardía.
—Sí. De hecho, Natalia y Eryx duermen toda la noche. Pero me siento un poco agotada, sin contar que no haré nada con Aioria hasta que se haga la vasectomía.
—¿Lo hará?
—Sí, tiene cita esta tarde para iniciar el respectivo proceso.
—Creo que es una excelente decisión.
Ambas guardaron silencio al sentir el cosmos de Milo atravesar el quinto templo, Shaina bajó la mirada hasta el informe que le había entregado Marín.
—Tiene el día libre hoy —comentó Águila, la italiana hizo un gesto de no importarle—. Y sí, no llegó anoche.
—No me interesa.
—Sí te interesa. No lo niegues. Shaina, ¿por qué no vuelves con Milo? Es evidente que aún lo amas.
—Nosotros dos no nacimos para estar juntos —corroboró con voz pausada—. A veces el amor no es suficiente.
—Lo sé —contestó la otra mirándola a los ojos—. El amor no es el único pilar en una relación. Pero creo que ustedes pueden solucionar las cosas. Tal vez deben ser sinceros con sus sentimientos, creo que eso es lo que les ha hecho falta. Sinceridad.
—No, ya lo intentamos dos veces y fracasamos. No vale la pena seguir desgastándonos. Por ahora debo aprenderme esto —continuó mirando las hojas de turnos para ignorar el tema que empezaba a ponerla nerviosa.
—Bueno, también puedes salir con Aiacos.
—¡Marín!
—Si no vas a estar con Milo, por lo menos sal con su gemelo malvado. Sé que lo quieres.
—Voy a pensarlo.
Templo de Cáncer
—Hola Nare —dijo June entrando a la sala de la cuarta casa donde la italiana estaba concentrada pintando algunos dibujos—. ¿Te ves como una niña chiquita?
—Creo que odio esto.
—¿No es para lo que estás estudiando?
—Sí, pero quiero empezar a hacer mis diseños. Creo que el puntillismo no me gusta. Mira.
—¿Es un gato o es un perro?
Narella observó el dibujo.
—Es un gato —contestó la de Sextante algo frustrada.
—Se nota que es un gato —dijo rápidamente la otra—. Solo que está muy enojado.
—Se supone que es este gato. —Narella le enseñó una imagen de un felino negro.
—Sí, se parece. Que buen trabajo.
—¿Sí?
—Sí.
—Gracias, ¿Qué te trae por aquí? No creo que hayas venido a ver mis trabajos.
June suspiró tomando asiento cerca a su amiga quien la miró preocupada.
—Besé a Shura hoy —comentó escondiendo el rostro entre las manos.
—¿Qué? —Narella dejó los lápices a un lado y se giró para ver a su amiga—. ¿A Shura?
—Sí, estábamos en la armería, hablamos un rato y nos besamos.
—¿Volviste con Shura? —Sextante estaba entre feliz y angustiada.
—Sí —contestó la otra entre dientes.
—¿Y Dorian? ¿Ya lo sabe?
—No —susurró.
—No querrás que yo terminé con Dorian por ti, ¿o sí?
—No —acotó para luego agregar—: ¿Lo harías? —La mirada de Narella dejó claro todo—. No sé como decírselo. Nare. Lo siento.
—No tienes que disculparte conmigo. Escucha, me alegro por ti. De verdad, y sabía que entre la relación de tú y Dorian alguien terminaría sufriendo. Por un momento pensé que serias tú. Pero supongo que de esto se trata estar en el medio. Ver a uno de tus amigos muy triste y al otro muy feliz. Sé gentil en la forma que le dirás las cosas a Dorian.
Narella se quedó observando a su amiga quien no se movió de su lugar.
—¿Quieres que lo haga ya?
—Sería lo ideal, June.
—¿No vienes conmigo?
—No.
—Que mala amiga eres.
Camaleón salió del templo muy nerviosa, Narella simplemente suspiró y continuó dibujando, ahora se daba cuenta que necesitaba concentrarse en algo de lo contrario enloquecería, sin embargo, no tuvo mucho tiempo, una hora después, Dorian entraba a la sala con una gran cara de tragedia.
—¿Estás bien? —Sextante sabía que la pregunta era estúpida, pero no supo que más decir.
—June terminó conmigo —explicó él dejándose caer en el sofá—. No entiendo por qué me dejó.
Narella suspiró profundo negando con la cabeza al darse cuenta de que su amiga no había sido capaz de ser sincera. Al observar a Dorian se asombró de verlo llorar.
—Oye, no imaginé que te importará tanto —comentó ella acercándose más a su amigo para abrazarlo.
—Sí, creo que de verdad me estaba enamorando de June. Ella es increíble, en serio. Y todo con ella era perfecto. Si me entiendes, ¿no?
La amazona rodó los ojos al comprender.
—Tal vez no están hechos el uno para al otro.
—No sé que pudo haber pasado. ¿Pero sabes qué? —dijo con determinación—. La voy a recuperar. Sí.
Dorian se puso de pie tan rápido que Narella no tuvo de otra que decirle la verdad.
—Ella te dejó porque quiere regresar con Shura —exclamó, el muchacho se quedó parado en el umbral—. Lo siento, pero así es. Ella está con él ahora.
—¿Desde hace cuanto?
—Creo que lo conversaron hoy.
—Pero ese idiota —acotó derrotado y volviendo a sentarse en el sofá—. Él…
—Lo sé, lo sé —mencionó ella abrazando nuevamente al muchacho.
—¿Los interrumpo? —preguntó Cáncer no muy feliz con la escena, al analizar bien notó que Dorian estaba desconsolado—. ¿Qué le pasó?
—June lo botó —explicó Narella y Dorian bramó más fuerte.
—No soy bueno con el llanto, así que daré una vuelta por ahí. Nos hablamos ahora Nella.
—¡Ángelo! —suspiró la chica, pero su novio ya se había marchado—. Maldito, maldita June. Maldito Dorian.
—Te estoy escuchando —lloró su amigo.
—Genial.
Grecia
Después de varios días de los cuales Shaina se estuvo preguntando si era prudente salir con Aiacos por fin había tomado una decisión, ahora estaba caminando despreocupada para encontrarse con el juez. Era una simple cita, por lo tanto, no tenía muchas expectativas y lo único que buscaba era conocer un poco más al espectro. El primer punto a favor del hombre fue su puntualidad, ella no tuvo que esperar absolutamente nada esa noche porque al llegar, él ya se encontraba en el punto de encuentro.
—Que puntual —dijo ella con gran sonrisa.
—No me parece apropiado hacer esperar a una dama. Te ves hermosa. Mucho más bella que ayer y menos que mañana.
Shaina sonrió nerviosa pasándose las manos por el cabello.
—¿Tienes hambre?
—Sí —contestó ella.
—Que bueno, conozco un buen lugar y, además, podemos ir después por un trago. ¿Te parece?
—Me parece una excelente idea.
Aiacos sonrió complacido y con elegancia invitó a la Cobra para que lo acompañara.
Cabañas Femeninas
Era una hermosa mañana con un sol radiante que iluminaba el día con majestuosidad, era uno de esos días en los que era mejor estar afuera entre el pasto verde y no encerrado, sin embargo, Shaina caminaba a hurtadillas para esconderse en la oscuridad de su cuarto. Abrió la puerta de su cabaña con cuidado y cuando quiso dar un paso hacia su habitación se percató de una presencia extraña en la cocina.
—¿Qué haces tú acá? —le preguntó a un hombre de cabellera larga y plateada que llevaba puesto solo un pantalón.
—Me sirvo café.
—Tú no deberías estar acá, Minos.
—¿Por qué no? Estaba visitando a mi novia. Anoche fue una noche muy fría, ¿no te pareció? —Minos levantó una ceja y Shaina simplemente hizo un gesto sin importancia—. Le dije a Naomi que deberíamos aprovechar para invitarte a compartir con nosotros, pero fue desalentador ver que no estabas en casa. Fue tan triste para mí. Nos habríamos divertido mucho los tres anoche.
—¿No has pensado que de hacer ese trío en el que insistes tanto, alguien terminaría saliendo en camilla? —interrogó caminando hasta el mesón para tomar café. Minos la miró de arriba abajo.
—Seguramente yo saldría en camilla. Ustedes dos juntas deben ser muy explosivas —saboreó.
—Por eso no deberías buscarle males al cuerpo.
—Estoy dispuesto a sacrificarme por el placer de tu compañía.
—¿Qué te dije de caerle a mis amigas, Minos? —regañó Naomi, el espectro sonrió perversamente—. Shaina, ¿apenas vas llegando? Parece que la noche fue gratificante.
—¿De verdad saliste con Aiacos? —interrogó el Grifo—. Él es… tan aburrido.
—No creo que haya sido muy aburrido si ella acaba de llegar —comentó Antlia. Shaina dejó salir una ligera risa y se levantó para marcharse.
—No les importa —les dijo marchando hasta su habitación—. Y no deberíamos tener espectros en las cabañas.
—De hecho, no deberíamos tener hombres en las cabañas —recalcó Naomi mirando a Minos—. ¿Pero quién sigue las reglas en este lugar?
—Bueno —comentó él atrayendo a la chica—. Aún tengo algo de tiempo, así que sigamos rompiendo las reglas.
—Que bien.
Fundación Graude – Grecia
—Esto es genial, Alejandra —expuso Saori observando algunos documentos. Ambas estaban en una gran oficina—. Esto es lo que necesitamos para acabar con el comité.
—Aún necesitamos recabar más información, hacer otros estudios. No te precipites —sugirió la otra mirando por la ventana.
—Ale, definitivamente necesitaba este punto de vista, hiciste mucho en tan poco tiempo.
—Es la investigación de un mes —expuso. Saori caminó hasta ella—. Si queremos que este proyecto salga adelante necesitamos toda la ayuda posible. Por ahora es muy bueno contar con la colaboración de Julián.
—Tenía que hacerlo —dijo volviendo sobre sus pasos para tumbarse en un enorme sofá negro—. Era lo mínimo que podía hacer después de todo lo que pasó.
—Saori hay algo que no me has querido contar, ¿Qué es? —interrogó mirando a su amiga—. ¿Es por qué Julián se va a casar?
—¿Julián se va a casar? No lo sabía.
—Pensé que era eso. Te estás volviendo buena para ocultar cosas —continuó sentándose al lado de la pelilila—. ¿Qué pasa? Puedes contar conmigo. Sé que desaparecí por mucho tiempo, pero aún soy tu amiga.
—Es Shun —contestó en un largo suspiro—. Él y yo.
—Se habían tardado —indicó la otra, Saori la miró estupefacta—. En realidad, llegué a pensar que yo estaba equivocada confundiendo su relación de amigos. Parece que no fue así. ¿Cierto?
—Cierto —contestó con tristeza—. Estuvimos juntos por un pequeño periodo de tiempo, pero luego… nosotros dos no podemos estar juntos.
—¿Por qué? —preguntó con dulzura, la griega bajó la cabeza.
—Son muchas cosas. Mi posición en el Santuario. No es adecuado que me involucré con uno de mis santos. Y luego está mi estatus como la heredera Kido. Sería un verdadero escándalo mi relación con uno de los hijos no legítimos de mi abuelo.
—¿Desde cuándo te interesa todo eso?
—No me importa, pero debería importarme. Esto no es tan fácil —marcó limpiando con fuerza una lágrima—. Pero no es eso lo que realmente me afecta. Shun, creo que tiene la intensión de renunciar al Santuario.
—¿Puede hacer eso?
—Sí. —Saori fijó su vista al frente tratando de hacer a un lado el llanto—. Pero su deserción sería considerada traición. Él aún es el santo de Andrómeda y es el sucesor de Virgo. Su lugar es dentro de la orden. Puede irse si lo desea, pero será juzgado por sus demás compañeros y Athena porque estaría quebrantando el pacto que hizo al recibir su armadura y si el Santuario lo ve necesario… pueden pedir su vida a cambio de esa afrenta.
—Eso último no pasará, ¿o sí? Entiendo todo esto del orgullo como guerreros, pero no creo que pidan su ejecución.
—Quedará a disposición del consejo. Es decir, de la orden dorada y el Patriarca. Los retiros no son tan sencillos en el Santuario. Si el Santuario lo requiere no podrás marcharte. Por eso Shaka nunca marchó a tu lado. —Alejandra negó, pero antes de poder decir algo Saori agregó—: Shaka debe entregar el ropaje de Virgo a Shun. Shun, debe obedecer las reglas y aceptar ser parte de la orden dorada y erigirse como uno de los doce. Sin embargo, Shaka no se puede ir porque fue elegido como uno de los maestros de los cuatro guardianes. Si en alguno de estos dos casos se presenta deserción las consecuencias serán severas.
—¿Así ellos pidan al consejo su retiro?
—Con ello —explicó poniéndose de pie—, tal vez consigan un tiempo para alejarse y esconderse. Las leyes del Santuario son muy estrictas.
—Tienes que cambiarlas, aunque he de suponer que ya todos están acondicionados a estas leyes. Así que, debes instruir a las nuevas generaciones para que sean más humanos.
—Se podría —comentó más tranquila—. Aunque algunos consideran que esto generaría debilidad en los guerreros.
—¿Tú lo crees?
—No lo sé, todo esto me supera. Y hablando de eso, recordé que debo ir hoy al Olimpo.
—¿A qué?
—Cosas familiares —dijo con rapidez, aún no estaba segura de contarle todo lo del cuarto guardián a su amiga.
Olimpo
Athena analizó el tablero de apuestas por sexta vez, había algo raro en este y seguía sin entender, no se explicaba por qué ahora Hera, Zeus y Hermes tenían sus ojos fijos en una pareja que no había sido considerada, y es que, pensándolo bien, no había razón siquiera para considerarla. Bajó los hombros derrotada e ignorando a sus demás familiares que se hacían la misma pregunta se fue en busca de los tres susodichos.
—¿Acaso saben algo que yo no? —comentó la diosa de la guerra al ver a Zeus y Hera en los jardines.
—¿A qué te refieres querida? —interrogó Hera.
—Esa pareja por la que apostaron, ¿por qué?
—Tal vez —interrumpió Hermes emergiendo de la nada—, escuché una conversación en la que sugirieron un romance entre los dos.
—Eso… creo que lo entiendo —continuó Athena caminando hasta la sombra de un frondoso árbol—. Pero… ¿Por qué piensan que Shaina de Ofiucos y Aiacos de Garuda pueden ser los padres de ese infante?
—Te creía más astuta, Athena —abordó el dios mensajero en lo que Hera dejaba salir una cínica sonrisa.
—¿Qué? —preguntó la de los ojos de lechuza molesta.
—¿No has considerado a tu santo de Ofiucos como el destinado a ser el padre del cuarto guardián?
—¿Insinúan que, por estar ligada a la leyenda del décimo tercer santo dorado, ella puede ser una de las destinadas?
—Desde luego Athena —corroboró Hera—. Puede que tu guerrera no haya nacido bajó una constelación dorada, pero el santo de Ofiucos, el décimo tercer santo de oro ha existido y su destino está impreso en las estrellas.
—Me parece que es una suposición bastante arriesgada —apuntó la diosa de la guerra caminando con elegancia—. Se ven muy desesperados por ganar esta apuesta.
—Desde luego, niña —expuso Zeus que había estado muy callado.
—Parecen más desesperados por ganar esta apuesta que por el destino del mundo.
Las palabras de Athena fueron certeras, sin embargo, sus ojos grises solo se posaron sobre el dios de dioses.
—¿No nos podemos divertir un poco con todo esto? —dijo Zeus como quien no quiere la cosa—. Es una forma de relajarnos mientras esperamos.
—Entiendo —aceptó la castaña—. Supongo que serás lo suficientemente valiente para mantener tu apuesta —retó mirando fijamente a su padre.
—¿Insinúas que yo me estoy aprovechando de la situación para sacar ventaja?
—¿Lo estás, querido? —cuestionó Hera a su esposo.
—Desde luego que no —contestó este con firmeza—. Al igual que ustedes el destino del mundo me importa demasiado. Es un asunto bastante delicado del que no podemos burlarnos, pero también creo que no le hace daño a nadie el sacarle el lado bueno a este asunto, y la apuesta es una buena forma de pasar el rato para no enloquecer con esta espera.
—Audaces palabras, hermano —siseó Hades apareciendo delante de los presentes—. Muy elocuentes para alguien como tú.
—Maldita sea, ¿por qué siempre andas por ahí escondido?
—Me parece una buena forma de recabar información, mi apreciada Hera.
—Pues es despreciable, Hades.
El pelinegro sonrió, pero no les dio importancia a las palabras de su cuñada, contrario, se dio un rápido recorrido por el jardín para luego agregar con bastante elegancia y prepotencia:
—Si esto es un juego para ti, que como mencionas, hermano, es para pasar el rato, supongo, que como propone Athena no te importará mantener tu apuesta por un tiempo.
—Claro que no me importa —contestó el rubio cruzándose de brazos—. Para su tranquilidad, mantendré mi apuesta por dos meses más, el tiempo suficiente para saber si la amazona de Ofiucos es la madre de ese niño.
—Dos meses es muy poco tiempo —aclaró Hera—. Ella apenas está empezando a salir con ese guerrero, ¿o me equivoco? —se dirigió a Hermes quien apenas se alzó de hombros.
—A mí me parece un tiempo propicio —remarcó el dios del trueno, no iba a permitir que lo maniataran por más tiempo.
—Que sean seis meses —acotó el dios del inframundo.
—Es demasiado tiempo. —Zeus intentaba mantenerse sereno—. Dos meses y es mi última oferta.
—De acuerdo —aceptó Hades, no iba a perder el tiempo en discusiones—. Y, por lo tanto, hermano, no puedes apostar por otra pareja en la que esté involucrada el santo Ofiucos. —Zeus quiso protestar—. Solamente por esos dos meses —tranquilizó y con gran sonrisa preguntó—. ¿Te parece?
Los presentes en el jardín se quedaron viendo al gran dios.
—Me parece buena idea. No tengo nada de que preocuparme, como hemos dicho, solo es una forma de pasar el rato.
—Aunque odie decir esto —tomó la palabra Athena—. Estoy de acuerdo con Hades, por lo que pido que Hera y Hermes hagan lo mismo.
—Por mí está bien —comentó la esposa de Zeus—. Pienso que podríamos ganar con esa pareja teniendo en cuenta que nadie había considerado esta situación con la constelación de Ofiucos, algo me dice que tenemos las de ganar. Además —continuó caminando hasta la diosa de la guerra con soberbia—. Me parece el colmo que no hayas tenido en cuenta antes esa constelación maldita.
—¿Le dices maldita a la constelación o a mí? —quiso saber la castaña al sentir el tono marcado en esa palabra.
—A la constelación —explicó tranquilamente Hermes—. En algunas religiones la constelación de Ofiucos es asociada con el diablo, por ello, le llaman la constelación maldita.
—Gracias por la clase de historia —apuntó Hera—. Pero cuando dije maldita sí me refería a Athena.
—Siempre es lindo visitar a la familia —contestó sarcástica la de los ojos de lechuza para luego mirar a sus parientes por un par de segundos más, acto seguido se dio la vuelta para encarar a Hades, quien le sonrió con simpatía y emprendió el camino ignorándola—. ¡Hades! —llamó dando alcance al dios—. ¿Acaso sabes algo que yo no?
—Yo no sé nada. De todos acá soy el más inocente.
El dios del inframundo hizo una reverencia exagerada y con aire misterioso se alejó de Athena.
—Qué bonita familia, que bonita familia.
Tiempo Después – Templo de Tauro
Mu y Aldebarán intentaban armar la cuna del bebé sin ningún éxito. El primero intentaba entender los planos y al mismo tiempo discutía con su compañero por esperar hasta el último momento para armar la cama del bebé.
—He estado muy ocupado —dijo el Toro defendiéndose, la verdad era que lo había dejado pasar—. Vamos, Mu. ¿No puedes con esto? Se supone que eres un reparador.
—Pues esta cosa me está tomando el pelo —acotó frustrado—. Y tú no ayudas mucho que digamos.
—Ah, ¿ahora es mi culpa?
—Claro que es tu culpa.
—Chicos —llamó delicadamente Linda—. Se me rompió la fuente.
—No te preocupes amor —dijo Aldebarán sin interés y mirando seriamente a Aries—. Mu la reparará. Aunque si no es capaz de armar una cuna mucho menos podrá con una fuente.
—¡Oye! —bramó Mu ofendido—. Además —se detuvo por un momento—. ¿Acaso Linda acaba de decir que se le rompió la fuente?
—Sí —contestó el toro—. ¿Acaso estás sordo?
—¡Alde! —Mu se puso de pie—. Linda acaba de entrar en labor de parto —continuó mirando hacia el umbral dónde ya no había rastro de la chica—. ¿Dónde está?
Aldebarán analizó las palabras de Mu y al caer en cuenta de todo salió corriendo para buscar a su esposa. El toro estaba tan nervioso que fue Aries quien la encontró primero. Linda bajaba las escaleras del segundo templo con una pesada maleta.
—Oye espera —llamó el lemuriano—. Déjame ayudarte.
—No creo que el niño espere hasta que ustedes terminen de pelear.
—Alde, aquí está —gritó Mu para luego reflexionar que le quedaba más fácil comunicarse con el toro vía cosmos.
Horas después, Linda estaba en la sala materna intentando dar a luz a su hijo.
—Les dije que el niño sería Tauro.
—Ya todos sabíamos eso, Aioros —indicó Kanon—. El Patriarca ya lo había corroborado.
—Ah, sí —comentó Sagitario—. Yo no sabía.
Shion observó al arquero con tristeza, para después dirigirse a Saga:
—¿Qué le hiciste mientras yo no estuve?
El aludido divagó antes de poder articular algo:
—Fue… fue Shura.
—¿Qué? —se defendió el español—. Él venía así de fábrica. Malos genes.
—Hey —bramó Aioria—. Yo salí muy bien. No culpes a los genes.
—Sí. Es verdad —comentó tranquilamente Aioros e ignorando el rostro burlón de sus compañeros.
—Es un hermoso varón —Alde salió con su pequeño en brazos—. Chicos, saluden a Gabriel.
—Que lindo nombre, Alde —apuntó Camus.
—Sí —contestó Tauro—. Me lo sugirió Mu. Por cierto, ¿Mu, quieres ser el padrino de mi hijo?
—No inventes Alde —objetó Milo—. Él ya es el padrino de bodas. Ahora también el de tu hijo.
—Sí, eso quiero.
—Encantado —expresó Mu.
—De acuerdo —sonrió Aldebarán felizmente—. Ahora, termina de armar la cuna la necesitamos cuánto antes.
—Pero…
Alde se adentró en el cuarto de su esposa dejando a Mu con la palabra en la boca.
Tiempo Después – Cabañas Femeninas
Naomi se levantó a la misma hora de siempre, caminó hasta la cocina donde de costumbre se tomaba un café antes de iniciar el día.
—Te ves del asco, amiga —dijo al ver a su compañera en el lugar con el cabello alborotado y completamente pálida—. ¿Te sientes mal? ¿Qué tienes? Creo que te escuché vomitar varias veces esta madrugada.
—Sí —contestó Shaina sentándose en el comedor dejando caer su cabeza sobre la madera de la mesa—. Creo que comí algo en mal estado.
—¿No serán más bien pataditas? —preguntó maliciosa sentándose en frente de su amiga quien sonrió despreocupada.
—No, boba. Para eso se necesita tener sexo y yo hace mucho que no sé… —se detuvo consternada, acto seguido se levantó abruptamente donde corrió hasta la sala.
—¿Qué pasa? —quiso saber Naomi marchando tras su compañera la cual estaba con un almanaque en la mano contando los días.
—¡Mierda!
—¿Tenemos de que preocuparnos? —inquirió tomando asiento en la sala y sonriendo divertida.
—No, no —contestó la otra sin mirar a su compañera—. No.
—¿En serio? Porque solo existe una razón para que una mujer revise con tanto ahínco un calendario y que al contar los días maldiga con tanto fervor.
—Cierra la boca —dijo con voz autoritaria, Naomi sonrió sin amedrentarse—. Solo olvidé una fecha importante, eso es todo. Debemos ir al entrenamiento. ¡Ahora!
—Sí, jefa —contestó la otra aún en el mismo tono divertido lo que hizo refunfuñar a la Cobra.
Campos de Entrenamiento
Tanto Shaina como Naomi llegaron puntuales, la primera con cara de pocos amigos y la segunda con una gran sonrisa burlona.
—Te odio, Naomi.
—Vamos amiga. ¿Estás embarazada?
—Mira —amenazó la Cobra con mirada furiosa—. No estoy embarazada, no hay razón para estarlo.
—Sí, se supone que estabas planificando, ¿no?
—¡No, desde que terminé con Milo! —bramó sin saber por qué hacía esa revelación—. Dejé las píldoras dos meses después de romper con él. Pero eso no significa que esté embarazada. Vamos a entrenar.
—No me parece que en tu estado sea adecuado entrenar. —Shaina le dirigió una mirada furiosa a su compañera—. De acuerdo haz lo que quieras.
La Cobra se caracterizaba por ser terca y explosiva, por lo tanto, las palabras de Naomi no fueron suficientes para hacer desistir a la italiana que molesta empezó con el entrenamiento de las aprendices, al principio todo marchaba tranquilamente, apenas algunos rasguños, pero nada realmente de que preocuparse, sin embargo, Shaina alentó tanto a una de las chicas, que esta frustrada terminó desplegando una gran bola de energía contra la peliverde.
—¡Shaina! —llamó angustiada Antlia—. ¿Estás bien? —preguntó al llegar con su amiga.
—Lo siento mucho, maestra —expresó la aprendiz angustiada.
—No te preocupes —dijo la Cobra tratando de ponerse de pie—, ese fue un buen golpe.
—Suficiente —demandó Naomi—. Se acabó el entrenamiento, señoritas vuelvan a sus actividades diarias, por hoy se terminó la práctica.
—Gracias maestras —anunciaron las más jóvenes en unísono.
—Estoy bien, no tienes porque ser tan dramática —murmuró Shaina sobándose la cabeza.
—No, claro que no. Según veo, existe la posibilidad de que estés embarazada y no voy a dejarte entrenar hasta que me muestres una prueba de que estoy equivocada.
—¡Qué no estoy embarazada! ¿Cómo te lo hago entender?
—Ya te dije: muéstrame una prueba, o le informaré al Patriarca de esta novedad —comentó con voz amenazante. Shaina suspiró derrotada.
—De acuerdo, acompáñame a la farmacia.
Minutos después, ambas amazonas estaban frente a un estante donde varias cajas de pruebas de embarazo se encontraban.
—¿Vas a comprar una? —Naomi empezaba a impacientarse.
—No sé cuál. Hay tantas marcas —indicó mirando los empaques.
—Todas son lo mismo. Lo que cambia es el laboratorio y su presentación.
—Pero como sabré cual de todas es la correcta. Necesito estar segura de esto —expuso, Naomi rodó los ojos.
—Yo no sé, no soy experta en este campo. A decir verdad, solo una vez en la vida tuve que hacerme una de estas pruebas y era muy joven como para recordarlo. Además, insistes en que no estás embarazada, yo solo requiero ver un resultado negativo para dejarte continuar con tus cosas.
Shaina se encogió de hombros.
—Las llevaré todas —expuso la italiana tomando varias cajas.
—¿Qué? —Naomi no recibió respuesta alguna, su compañera ya estaba en la caja pagando los productos—Me parece que exageras.
—Es mejor prevenir.
Horas después — Cabañas Femeninas
—Vaya —expresó Antlia mirando una gran fila de pruebas de embarazo—. Vaya —volvió a decir—. Orinaste mucho, beber tanta agua tampoco es bueno —indicó mirando a su amiga quien se mantenía distante y cayada—. Esto es asombroso.
—¡Hola, chicas! —saludó Geist entrando a la cabaña, ninguna de las otras dos se molestó en intentar ocultar las evidencias—¿Qué es todo esto? Acaso les hicieron pruebas a todas las aprendices. No me digan que alguna de las chicas está embarazada —miró nuevamente la repisa—. O más bien todas.
—Son mías, tonta —contó Shaina sentándose en el inodoro—. Todas son mías.
—¡Cielos! ¿Es normal que todas las pruebas arrojen el mismo resultado? —interrogó la pelinegra—. No todas pueden dar positivo, ¿o sí? Al menos una debió haber salido negativa. A ver, me haré una para comprobar —continuó tomando una de las pocas pruebas que quedaban en la bolsa—. Quítate Shaina.
—Bueno —aceptó la otra dándole paso a su compañera—. Naomi, tú también.
—¿Por qué?
—Así sabré si están defectuosas.
—No creo que estén defectuosas, Shaina.
—Solo hazlo.
—Está bien.
Minutos después Ofiucos observó con desagrado las pruebas de sus compañeras.
—Debe haber algún error —insistió la italiana.
—17 pruebas positivas, todas tuyas y las de nosotras dos, negativas —apuntó Naomi mirando a su amiga—. No hay ningún error.
—¡Ay, amigas! —llamó la atención Geist mirando con detenimiento una de las pruebas—. La mía salió positiva.
—La tuya está de este lado y es negativa —hizo ver Antlia, la pelinegra sonrió aliviada.
—Ay, qué bueno. Qué gran susto, pensé que moriría. —Shaina observó a su colega con molestia—. No es tu caso, tú harás un maravilloso trabajo.
—No puede ser, estoy embarazada —aceptó Ofiucos saliendo del baño para dejarse caer boca abajo en el sofá—. ¿Por qué?
—Por no usar condón —quiso aliviar Geist.
—Sí lo usé, tonta —contestó la Cobra incorporándose para ver a sus amigas—. Por eso no me explicó, por qué.
—Bueno, algunos métodos suelen fallar —explicó la escocesa—. Tal vez se rompió o estaba vencido el preservativo.
—¡Maldita sea! No sé si podré con esto.
—Claro que si podrás —consoló la pelinegra—. Igual, cualquier decisión que tomes, cuenta con todo mi apoyo y discreción.
—Igualmente —apuntó Naomi.
—Tengo que pensar muy bien todo —dijo la peliverde en tono agotado—. Me siento exhausta. Hablaremos de esto mañana. Que descansen.
Shaina se despidió con una mano y con la cabeza baja se perdió en su cuarto en lo que las otras se miraron sin pronunciar palabra alguna. Mañana sería otro día.
Continuará
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Como siempre a todos muchas gracias.
Monse: Mil gracias por tu apoyo y por estar siempre ahí. Gracias, gracias.
Nos estamos leyendo.
