"Pétalos"

Los pétalos siguen volando, continúan marchándose junto al viento, tienen mucha más libertad que él. No puede hacer mucho aunque quisiera, solo puede reposar. Esa es la única actividad que ha realizado en una semana. Esa es la cantidad de tiempo que ha pasado sin saber algo de él. ¿Por qué se preocupa? Después de todo es solo un extraño para él, no es como si fueran amigos o algo por el estilo… Pero al recordar la mirada de su acompañante, le da escalofríos, estaba temiendo por la vida de Tanjirou.

—¿En qué piensas, Giyuu? —cuestiono tranquilamente Sabito. Tomioka estaba sentado, recargado en la cabecera, sus manos descansaban en la manta que protegía la mitad inferior de su cuerpo, mirando el cielo, perdido en sus pensamientos, solo el repentino toque de Sabito lo saco de ellos—. ¿Sigues conectado a la tierra, Giyuu?

—Si… Solo estoy pensando en algo… —Respondió de manera vaga, no quería incomodar a su compañero. "Tranquilízate, no son nada, no tienen ninguna relación, ningún lazo que los una…", es lo que se repetía mentalmente Tomioka.

Su compañero no se veía del todo convencido con su respuesta, pero lo dejaría pasar, por el momento, más tarde lo podría cuestionar. Medito un poco, tal vez esta sobre pensando mucho la situación. Tal vez esa persona puede que tenga alguna idea de quién o que mantiene los pensamientos de Giyuu en las nubes…

—Cierto… —Con tranquilidad se puso de pie y comenzó a dar vueltas alrededor de la habitación, provocando curiosidad en Tomioka, quien esperaba pacientemente a que continuara su comentario Sabito—. Dentro de poco serás dado de alta.

Giyuu lo vio un tanto incrédulo, si bien ya se encuentra mejor, los doctores no le han dicho nada. Hasta parecen que disfrutan de no revelar nada.

—¿Cómo sabes eso? —fue su turno de cuestionar, su vista se fijó por completo en la de Sabito, el azul y el gris chocaban, ambos buscaban adivinar y conocer lo que planeaba el contrario.

—Es un secreto. —La seriedad en su rostro y en su tono de voz, solo confirmaron que no bromeaba. Lo cual era preferible desde su punto de vista.

—Comprendo… —Susurro cansado, odiaba no saber que pasaba a las afueras de las paredes del hospital. Detestaba que no le comentaran nada. Sus manos se hicieron puños, llevándose consigo algo de la manta blanca.

Notando esa pequeña acción dejo escapar un pequeño suspiro.

—No es que no te quiera decir nada, te lo contare. —Comenzó suave, mirando a Giyuu que parecía estar esperando algo más que esas palabras. Tentativamente coloco sus manos sobre las de Tomioka, este no se inmuto. Sabito aprovecho eso y trato de que sus manos envolvieran a las de Giyuu, estaba tratando de transmitir sus sentimientos, de alguna manera le estaba diciendo que lo protegería—. Te contare todo, pero por el momento debes esperar. Por favor.

Giyuu esperaba ese tipo de respuestas. Siempre es lo mismo. Lo más probable es que se termine enterando de todo lo que necesita conocer cuando algo malo llegue a suceder. Pero aun así, asintió, tratando de tragarse sus sentimientos de preocupación y decepción. Debería de intentar ser feliz, después de todo finalmente encontró a Sabito. Quizás hasta puedan iniciar una nueva vida.

Sabito conocía a Giyuu como la palma de su mano, sabía lo que estaba sintiendo ahora mismo. Impotente. De seguro se siente así, después de todo él también se siente impotente.

Abrió su boca, dejando salir un pequeño resoplido, no se le ocurría nada para animarlo.

—Las horas de visita se han acabado —informo una enfermera de manera calmada mientras entraba a la habitación. Giyuu la reconoció como la "recepcionista" —. Le agradecería mucho que se comience a retirar, por favor. —Mostro una amable sonrisa, cerró la puerta y se marchó. Probablemente informaría a los demás cuartos.

—Entonces… Supongo que me marcho… —Comento tranquilo Sabito, soltando las manos de Giyuu en el proceso—. Que descanses, Giyuu. —Le dio una sonrisa y se despidió con su mano, dio media vuelta preparado para marcharse, para seguir con sus planes. Más no tomo en cuenta que Giyuu las sujetaría con fuerzas.

—Mañana volverás… ¿Verdad? —Cuestiono con temor, su flequillo ocultaba sus ojos. Estaba temblando.

¿Por qué sintió que esa pregunta no era para él?

—¡Por supuesto! —Trato de animarlo, regreso a él y le dio un abrazo—. Después de todo un hombre debe de cumplir sus promesas.

Tomioka estaba sorprendido por la repentina acción de su amigo, devolvió el abrazo. Ahora tenía una pequeña sonrisa adornando su rostro.

—Tienes razón… —Murmuro esperanzado.

El abrazo de detuvo. Sabito le sonrió, tratando de expresarle que todo estaría bien. Poco después de aquello se marchó del hospital.

Soltó un suave suspiro. Admirando como los pétalos de los caer. Según seria dado de alta en poco tiempo, pero no esperaba por nada del mundo que "el poco tiempo" serian menos de 10 horas. No tenía mucho que hacer, en realidad prácticamente nada. Sabito le entrego ropa, un celular y poco dinero, "para que busques algo de comer mientras no esté" fue lo que comento antes de marcharse a toda prisa, según se encontraría con alguien que los ayudaría a conseguir un empleo en poco tiempo.

Ahora que lo pensaba con detenimiento, faltaba poco para que se iniciara un nuevo ciclo escolar. Quizás logre conseguir trabajo como profesor. Pero nunca se graduó ahora que lo recordaba.

Su estómago gruño un poco. Tenía que conseguir comida lo antes posible. Vagamente recordaba que paso por una tienda de comestibles tan solo hace unos momentos atrás.

Dio media vuelta y emprendió su camino al lugar donde cree que se encuentra el local.

Tan metidos estaban en sus pensamientos que no se dieron cuenta que chocaron con alguien.

—Lo siento… —Ambos hablaron en un susurro. Rojo y azul se encontraron, los dos estaban sorprendidos por volver a encontrarse, ninguno dijo nada en lo que parecían horas. Azul quería tomarlo entre sus brazos y no soltarlo. Rojo solo quería que la tierra se lo tragara.

El menor solo atino a marcharse de aquel sitio, siguiendo su camino en line recta, como si nada hubiese pasado, aquel afor- desafortunado encuentro nunca existió. Por su propio bien aquello jamás sucedió.

Y sin embargo, su corazón dolía mientras le suplicaba que diera media vuelta y afrontara al mayor. Pero su mente le ordenaba que ignorara esos sentimientos. Mas no podía, no lo lograba por más que deseara.

Sus sentimientos se mezclaban uno con otro. Amor, temor, odio. Todos ellos se juntaban y ocasionaban que hiciera una mueca de angustia. Estaba esperanzado, por volver a encontrarse con aquella persona que más anhelaba ver una vez más con tal de disculparse por no visitarlo tal y como lo prometió. También se encontraba avergonzado de su escape sentía que no tenía el derecho de enfrentarlo, de estar en su presencia. Pero sobre todo tenía miedo de que él se entere…

Varios segundos más tarde, Tomioka se dio cuenta que el menor desapareció, dio media vuelta de inmediato, todavía estaba ahí, se había detenido a tan solo un par de metros de él.

Camino rápido, tenían que hablar, tanto de lo que paso al igual que lo que es su relación. Toco el hombro del menor, no sabía cuál sería su reacción. Solo espera que no grita.

Tanjirou dio un pequeño brinco. En ningún momento se dio cuenta que dejo de caminar. Dio media vuelta, enfrentándose a la persona que no debería de ver.

—Hola —saludo tranquilo Giyuu, no quería llamar la atención de los transeúntes—. ¿Puedo preguntar algo? —Su voz serena le tranquilizo de alguna manera, asintió igual de calmado, solo rezaba para que no preguntara lo que más temiera. Tomioka soltó un pequeño suspiro, se rasco levemente el brazo derecho, ya no estaba tan seguro si debía de preguntar, ¿y si lo incomodaba? Dudo, tal vez debería marcharse al departamento que está rentando Sabito—. ¿Por qué no me visitaste cuando estuve en el hospital? —Sonaba débil, decepcionado. Debió de parecer un niño preguntando tal cosa.

Los ojos de Tanjirou se abrieron con sorpresa, ah, justo lo que más temía, dio media vuelta, preparándose para decir la respuesta que estuvo practicando todo el tiempo desde aquella tarde—. No tenía ninguna obligación de visitarlo. Solo somos un par de desconocidos… Si te ayude fue por lastima... Ahora, aléjate de mí… —Ah, se siente horrible decirlo en voz alta, ser sacudido y obligado a dar media vuelta no le sorprende, dijo cosas que sabe que no siente. Agradece que su flequillo sea capaz de cubrir sus ojos, no quiere afrontar a Tomioka, no quiere ver la mirada de decepción del mayor.

Giyuu dándose cuenta de lo que estaba haciendo lo dejo de sacudir, pero aun así sus manos sostienen firmemente los hombros del menor, quiere ver los ojos de Tanjirou, que lo vea de frente diciéndole eso. Pero no lo hace, en cambio giro la cabeza a otro lado y permaneció en silencio.

—Entonces. ¿Por qué me obligaste hacer esa estúpida promesa de meñique? —Su tono es cruel, sin saberlo aumento más la culpa del menor. Sabe que no debería de decir aquello, se lastimara más, después de todo Tanjirou tiene razón, solo son un par de desconocidos, si es así, ¿por qué le dolió tanto sus palabras? Sin duda está actuando como un niño pequeño.

Nuevamente el azul y el rojo chocaron, mientras que el azul estaba ardiendo en rabia. Esta vez el rojo estaba dolido. Muy destrozado.

Se dio cuenta de lo que hizo, nuevamente lastimo a otra persona sin querer. Todo por culpa de su debilidad. De manera inmediata lo empujo, logrando liberarse de los brazos que lo tenían prisionero.

Debía alejarse antes de que se lastimen más de lo que ya hicieron con tan pocas palabras.

—Por favor, mantente alejado de mí, no quiero tener problemas… —Susurro abatido, ah, como le dolía. La vida es muy injusta con él. ¿O en realidad él fue injusto en el pasado y por eso la vida lo es ahora con él? No tenía caso pensar en eso. Nuevamente dio media vuelta, corriendo, tratando de llegar a donde lo están esperando.

—¡Kamado…! —Grito alterado, debía disculparse por lo que comento. Después de todo, Kamado tenía razón… No son nada. Solo desconocidos. Pero eso no evitaba que se preocupara por él.

Inicio una carrera. El menor quería alejarse lo más posible de Tomioka, mientras que el mayor quería aclarar todo con Tanjirou y agradecerle por haber estado con él en aquel momento, por poder reunirlo de nuevo con Sabito.

Su respiración cada vez era más agitada, por más que intentaba no lograba perderlo, mentalmente pedía disculpas con todas las personas con las que chocaba. No le quedaban muchas opciones, y por nada del mundo quería tener que recurrir a la última de ellas. Pero no había otra opción.

Se detuvo un momento, tenía que ser rápido. Con precisión saco su celular y marco un numero de emergías, no tuvo que esperar mucho, de inmediato respondieron.

—Me están persiguiendo… —Su voz salió entre cortada. Fue lo único que dijo, solo eso bastaba, de inmediato colgó, guardo su celular y siguió corriendo.

Era un cobarde, lo sabía perfectamente, no ha logrado cambiar ese hecho desde el momento en que no logro apartar a Muzan de su lado, desde el momento en que dejo que el controlara cada aspecto de su vida. Desde que permitió que les ayudara… Ah, que patético es, nuevamente está llorando. Todo porque no ha logrado proteger a su familia…

Ver a Kamado detenerse unos segundos lo tomo por sorpresa, quizás ya se estaba cansado, tenía que aprovechar esa oportunidad, corriendo un poco más rápido, sabía que su cuerpo pagaría las consecuencias, pues le habían especificado que no podía esforzarse demasiado o las heridas podían volver abrirse y causar más problemas a largo plazo, pero eso no le importaba en ese momento. Su brazo se estiro una vez más, ya faltaba poco para alcanzarlo y aclarar todo, tal vez así puedan ser amigos. O al menos eso quería creer.

La personita dentro del semáforo peatonal obtuvo una nueva postura, estaba quieto. La luz verde pasó a roja, los peatones ya no podían avanzar. Los carros siguieron su transcurso por las avenidas.

Tenía que lograrlo. Tan solo un par de centímetros, faltaba poco. Justo cuando al fin creyó que lo alcanzaría, su muñeca fue sujetada de manera brusca. Le dolió hizo una mueca de dolor, sin embargo, no grito. Ha pasado por cosas peores, no iba hacer un escándalo por eso.

—Déjalo en paz. —Eran palabras firmes. Llenas de enojo, ya sea que el enojo sea para el mayor o con el mismo, pues ha fallado en su misión. Su mirada se encontró con la de Tanjirou, le dio una pequeña reverencia sin soltar la muñeca de Tomioka. Nuevamente con voz calmada le hablo al menor—. Sube al auto.

Tanjirou se sorprendió de lo rápido que eran los hombres de Muzan. Aun así asintió y busco con la mirada el auto que siempre lo recoge. Una vez que lo encontró procedió a caminar a su dirección.

Tomioka se sentía inútil, ¿enserio Kamado no le daría ni siquiera una mirada? Eso le molesto un poco—. ¡Tanjirou! —le hablo por su nombre, olvido por completo que el menor no le había dado el permiso de poder llamarlo con su nombre de pila. Aun así el menor volteo sorprendido. Le dolió su corazón ver las mejillas del menos llenas de lágrimas.

El menor debió notar su expresión pues de inmediato se adentró al carro, extendiendo sus brazos, como si alguien lo estuviese esperando con la misma posición. Oh, como desearía arrancarle esa expresión presumida y llena de ego a la persona que ahora se encuentra abrazando y consolando al menor. La puerta se cerró mientras el carro avanzaba.

Nuevamente lastimo alguien que lo ayudo.