"Sin escape"


Ha llorado demasiado, seguro que ha ese ritmo se quedara sin lágrimas. Aunque trataba de contener sus sollozos, no podía, no lo lograba y menos con las palabras de "aliento" de su querido amor.

Las palabra aun resonaban en su cabeza, una tras otra, era la misma frase, pero sin fin.

"¡Lo siento, discúlpame por lo de antes!", fue el grito de Tomioka que se esforzaba por liberarse de Akaza.

Cerro los ojos, le pesaban bastante, estaba cansado de todo o más bien de él mismo; de su amabilidad; de su bondad, pero sobre todo de su propia debilidad. Odia esta situación, la aborrece, la repudia, la odia... Quiere volver a ser libre, a pesar de que sabe perfectamente que eso nunca sucederá…

Dejo que los brazos del mayor lo envolvieran al igual que los dulces cumplidos por su obediencia, ah, solo lo hacen sentir enfermizo…

Sentía que pequeños besos eran depositados por todo su cuello, si tan solo esos besos fueran como antes: llenos de amor y tiernos, tal vez se podría deleitar. Pero no lo son, ahora son besos posesivos y codiciosos. Jamás volvería a obtener aquellos besos que lo cautivaron… O quizás en realidad nunca lo fueron y en su ingenuidad creía que si…

Su mente vago en sus recuerdos, en sus padres lastimados, en su madre llorando, en su hermana Nezuko internada, en Tomioka herido, en la promesa que hizo con el… En su hermano, Takeo, con el brazo roto y en estado crítico…

Un grito de desesperación y angustia resonó en el auto que se encontraba en movimiento. Nunca debió prometer nada…

Su respiración salió entrecortada mientras se tallaba los ojos, anhelaba poder eliminar cualquier rastro que notara su debilidad, le ardían los ojos y su garganta dolía de tanto gritar, no había llorado tanto desde que su padre murió…

Respiro profundo, trataba de relajarse, de volver a fingir que nada sucedió…

Lo noto, ya no estaban en el carro en movimiento, ahora se encontraba sentado en la parte superior de una cama matrimonial. En la recamara de Muzan.

Por un momento olvido como respirar y tembló un poco, las únicas veces que ha estado en ese sitio fue cuando Muzan le entrego todo su enfermizo y asqueroso "amor", y el de manera impotente lo recibió sin quejarse o cuestionarlo.

Observo toda la recamara, pero al mismo tiempo no veía nada, ni siquiera escucho cuando la puerta fue abierta y cerrada, tampoco el sonido de pisadas acercándose a la cama.

Solo reacciono cuando una mano le toco suavemente el hombro. Y aunque pareciera que fuera un toque gentil se sentía posesivo y opresivo.

—Muzan… —Lo nombro un poco asustado, dejo escapar un suspiro de alivio e Intento mostrar una pequeña sonrisa. No quería hacer enojar al mayor, nuevamente—. ¿En qué momento llegamos? —Cuestiono confundido mientras inclinaba su cabeza un poco a su derecha, a la mano de Kibutsuji. Muzan mostro una pequeña sonrisa, debió de parecerle divertida la expresión de confusión de Tanjirou.

—Hace mucho tiempo. —Respondió con simpleza y se encogió de hombros, poco después de eso se sentó a su lado—. ¿Te sientes mejor? —Aunque era una pregunta que cualquier persona con sentido común realizaría en esa situación, para Tanjirou era completamente lo opuesto, no era normal, cada vez que preguntaba eso solo significaba si había aprendido algo de su castigo.

Sin embargo, esta vez le pregunto con un tono suave, casi preocupado. Un tono que anhelaba escuchar siempre y en cualquier momento…

Nunca entendería a Muzan.

Sobre todo cuando pasa de una faceta controladora a una totalmente diferente, de la cual se enamoró y ciegamente se dejó embriagar sin saber que solo estaba firmando su sentencia.

Asintió feliz, dejando que el mayor le diera pequeñas caricias, desconocía cuando volvería a ver esta faceta. Pero por el momento lo disfrutaría.

—Entiendo… —Susurro en aprobación, ah, realmente disfrutaba como el menor sonreía levemente y se sonrojaba ante sus caricias.

Quería llegar más lejos junto al menor

Pero todavía no era el momento…

Minutos más tarde Muzan se acostó y se llevó consigo a Tanjirou, ninguno decía nada, solo disfrutaban del abrazo y del calor que se transmitían mutuamente.

En algún punto el menor se giró, queriendo ver algo más que el pecho de su novio, aun así eso no evito que el mayor lo dejara de abrazar. Al parecer hoy no recibiría demasiado "amor", su mirada recorrió la habitación y se detuvo en la ventana, ya estaba oscureciendo.

—Ya es tarde… —Comento tranquilo Tanjirou, intento alejarse, fue en vano, Muzan no lo dejaría ir—. Muzan, es tarde...

—Lo sé. —Con total apatía respondió. La faceta dulce acabo—. Te puedes quedar. —Su tono era hostil.

—Mi familia se va a preocupar. —Trato de razonar, aunque era en vano.

—Ya les informe que pasarías la noche aquí. —Con un toque de orgullo sonrió, como si ya hubiese ganado la discusión, lo cual es completamente real. Rompió el abrazo y dejo que el menor se colocara de pie de inmediato, en ningún momento dejo de observarlo.

—Pero mañana tengo que asistir a la escuela… —No quería quedarse, sabía lo que pasaría si lo hiciera, la discusión que tanto odia se volvería a repetir.

—Puedo hacer que alguien te deje en la escuela o si quieres en tu casa, pero quiero que te dejen en la escuela para que podamos desayunar juntos. —Razono para el mismo. Imito la acción del menor, su mirada se posó en los ojos del Tanjirou y lo acaricio un poco, como si estuviera apreciando algo raro que está a punto de ser completamente suyo, de su propiedad.

Kamado solo asintió, al menos intento librarse de la situación. Su estómago gruño.

—Debes tener hambre, ¿Por qué no comemos algo y después platicamos ese tema? —Declaro orgulloso, detuvo sus caricias y lo sujeto de su muñeca para después casi llevarlo a rastras hasta el comedor.

Admiro los libros, unos más antiguos que otros, pero aun así eran conservados en caso de que alguien los necesitara. Algunos de botánica y otros de medicina, apuesta a que si lo intentara sería capaz de encontrar un libro para colorear entre todos los demás.

Un bostezo se escapó, estaba cansado y tenía sueño.

Al menos habían llegado al acuerdo de que dormiría en una habitación diferente, aun así no escaparía de la plática.

Se dejó caer en un pequeño sillón individual, solo esperaba que Muzan regresara para acabar con todo eso de una vez, no quería tener otro aguijón en su camino, después de todo no importaba cuanto lo pospusiera, nunca lograría hacer sus sueños realidad

Muzan entro, poseía una pijama completamente negra con bordes blancos. Tomo lugar frente al otro sillón individual que se ubicaba frente al menor.

Ambos pusieron su mejor sonrisa y comenzaron a platicar un poco sobre los estudios de Tanjirou, pero sobre todo que era su último año escolar.

Media hora después salió el tema que uno deseaba evitar y que otro anhelaba una respuesta.

—Qué te parece si nos casamos cuando cumplas 18 años… —El menor se estremeció ante la feroz mirada de Muzan. Negó con la cabeza. El mayor hizo una pequeña mueca, claramente no estaba feliz por esa respuesta, para luego remplazarla por una de maldad—. ¿Y cómo se encuentra tu hermano? —Se estaba burlando—. ¿Tus amigos saben lo que le sucedió? ¿Tus hermanos se encuentran bien con esa noticia? —Pregunto casi con inocencia, disfrutaba de ver que ya falta poco para que rompiera al menor—. ¿Cómo te sientes al saber que tu hermano menor está internado?

El color de inmediato abandono a Tanjirou, su cuerpo tembló un poco y negó con la cabeza. No quería responder ninguna de esas preguntas. Nunca espero que Muzan lo atacara con ese tema.

—Debemos casarnos en cuanto cumplas 18 años. —Ordeno con severidad. En ningún momento dejo de ver el estremecimiento y temblor del menor, hasta se deleitó con esa acción.

—Si… Tienes razón…

Acepto, jura que en verdad intento mostrar una sonrisa, pero en vez de felicidad era una vacía, sin vida…

La noche no fue la mejor, no podía dormir con la idea de que Muzan lastimara a sus amigos en caso de que no se alejara de ellos, lo mismo con su familia, no quería ver a nadie más en una cama de hospital en el mejor de los casos.

No lloro, era su castigo por ser tan débil.

La mañana tampoco fue la mejor. Aun así trato de ver lo positivo en esa situación, no volvería a ver al mayor hasta el viernes.

Le dolió un poco su estómago, desayuno rápido con tal de poder ver a su familia en la mañana y poder caminar hasta su colegio. Un pequeño tirón provoco que volteara, eran sus amigos: Zenitsu e Inosuke.

—Eres cruel, Tanjirou, ignorándonos toda la semana y no solo eso, rechazas nuestras llamadas y te niegas rotundamente a volver a pasar el rato con nosotros… —Reprocho casi abatido, mientras sujetaba fuertemente el brazo del pelirrojo.

—¡Si! ¡Si! ¡Justo como dijo Monitsu! —Estaba enojado, su mejor amigo fingía que no existían y eso le dolía.

—¡Que no me llamo así! —Reclamo enojado Zenitsu. Inosuke hizo caso omiso a los reclamos y le continúo reclamando a Tanjirou.

Tanjirou se soltó del agarre y corrió hasta la entrada de la escuela, no se detuvo ante los gritos de sus amigos. Solo paro hasta que estuvo en su asiento del salón.

Era la hora del descanso, escribió una pequeña frase en un papel y al pasar junto al lugar de Zenitsu lo dejo en su pupitre, salió del salón y tomo rumbo a los baños.

Tanto Zenitsu e Inosuke minutos más tarde tomaron la misma dirección de Tanjirou. Ninguno dijo nada en todo el trayecto, tenían una idea de lo que paso y las razones por las cuales no se vieron y reunieron. Solo rezaban porque nada malo le hubiera pasado a su amigo o alguien de su familia.

Entraron al baño, no esperaban por nada del mundo que su amigo los abrazara y comenzara a llorar. Se sintieron impotentes al no saber que decir o hacer para ayudarlo.

—Todo estará bien… —Intento animar Zenitsu, le dio una sonrisa y le dio pequeñas palmadas intento calmarlo.

—¡No, no es verdad! —Grito desesperado, rompiendo el abrazo en el proceso, dejo escapar todo lo que ha estado pensando y no ha podido expresar en todo ese tiempo—. ¡Todo lo que restaba de mi libertad se ha terminado!

Azul y amarrillo se encontraron un momento. Sin duda algo malo paso para que Tanjirou aceptara ese hecho tan pronto.

—¿Qué sucedió? —Fue el turno de Inosuke de preguntar. Querían saber todo.

Tanjirou se limpió el resto de lágrimas y revelo todo lo sucedido, desde el encuentro con Tomioka hasta el accidente de Takeo y lo más reciente, su compromiso casi "oficial" de su tan esperada boda.

Ninguno sabía que decir o que hacer, solo abrazaron a Tanjirou, tratando de transmitir que siempre estarían para él, que no lo abandonarían sin importar que se atravesara en su camino.

Pasaron el resto de las clases en el baño, hablando de temas banales, de uno que otro plan para cumplir cuando acabaran el colegio. Aunque todos sabían era otro sueño lejano.

Al terminar sus clases cada uno siguió su camino.

Faltaba menos de una cuadra para llegar a su hogar. Y entonces lo vio, agacho la mirada, probablemente Tomioka le contó lo sucedido, no tenía el valor para enfrentarlo.

Siguió su camino.

—Tanjirou, espera un minuto. Por favor.

Ah, lo sabía, la vida ni la suerte ni fortuna, ninguna de ellas, nunca ha estado de su lado y probablemente nunca lo estén.