"Un poco diferente"


De hecho, ya nos vamos, solo vine a recoger a Tanjirou, ¿verdad? —Afirmo con falsa amabilidad el sujeto de nombre Muzan.

El de menor estatura asintió, claramente tenía miedo, sus ojos reflejaban lo aterrorizado que se encontraba.

Si fuera su "yo" del pasado sin duda hubiera temblado ante aquella feroz mirada que prometía dolor, pero ya no lo es. Ya nunca lo volverá a ser.

Al ver la espalda del menor alejarse, dio un paso adelante, no quiere que Tanjirou siga al mayor, claramente algo malo le va a pasar y él no lo podrá evitar. Sabito de repente lo jalo, evitando que continuara.

Por un momento pensó en gritarle, en reclamarle por aquella acción. Pero al ver la impotencia en su rostro se detuvo.

No había nada que hacer para salvar al menor.

Apretó los puños con fuerza, ah, odia eso.

¿Cuándo fue la última vez que se sintió tan miserable…? ¿Cuándo fue la última vez que se sintió tan inútil…?

—Nezuko, ¿verdad? —Cuestiono Sabito a la menor, esta lo vio y parpadeo antes de asentir con cautela—. Puede que esto no sea de mi incumbencia, pero… ¿Nos puedes contar algo de la relación de Tanjirou con ese sujeto? —El odio a Muzan era evidente.

La de ojos rosas negó mientras se colocaba detrás del mostrador, su madre ya se había marchado para seguir atendiendo a su hermano—. No puedo. Lo siento.

—¿Por qué? —Insistió Sabito, se supone que ella es su hermana, entonces ella también debería estar preocupado por su hermano.

—No lo conozco y si Tanjirou no se los ha dicho, no creo tener el derecho de hablar sobre su vida amorosa a sus espaldas. —Argumento con cierta decepción. Como si ya estuviera acostumbrada a eso.

—El me salvó de morir. —Intento persuadirla Giyuu, tal vez si le decía aquello, la menor no tendría problemas a soltar todo lo que sabe de aquella horrible relación.

Nuevamente negó, soltó un suspiro antes de continuar: —. Aunque quisiera no puedo. —Los dedos de la menor se entrelazaron mientras los apretaba—. En realidad desconozco como se conocieron, los únicos que saben eso es Tanjirou, Muzan y mi madre, pero ella siempre se niega a decir algo. —Revelo abatida, detesta no saber cómo inicio todo eso pues no se le ocurre una idea para ayudar a su hermano.

Se formó un pequeño silencio, ah, a ninguno de ellos se le ocurre que hacer a continuación.

—Entiendo, gracias por aclararlo. —Sabito realizo una pequeña reverencia antes de salir del local, siendo seguido por Giyuu, que extrañamente guarda silencio y no se molestó en cuestionar a donde se marcharían.

Apenas estaba anocheciendo, varias personas ya se estaban retirando del parque.

Giyuu no comprendía porque Sabito de repente quiso ir aquel sitio.

—Pienso que el aire fresco nos puede ayudar aclarar la mente, tal vez lograremos pensar mejor la situación. Además puede que encontremos la respuesta sin pensar tanto… ¿O tu qué piensas, Giyuu? —Comento tranquilamente Sabito, dejándose caer en la misma banca en la cual conoció a Tanjirou.

El menor asintió comprensivo, cierto, encerrarse en el departamento no los ayudaría, lo mejor es dejar que las cosas fluyan. Poco después se dejó caer junto al contrario.

Varios pasos se comenzaron acercar, Tomioka miro de reojo, eran dos adolescentes, quizás de la edad de Tanjirou.

Un pequeño ambiente incomodo los rodeaba, como si algo malo les hubiese acabado de ocurrir.

Ah, no tiene que perder el tiempo en ellos, tiene que pensar en una manera de ayudar a Tanjirou, pues el parece que jamás la va a pedir.

—Oye…—Susurro uno de los chicos, su cabello rubio era lo que más destacaba.

—¿Qué quieres Monitsu?— Respondió apagado el otro chico, algo en él le gritaba que él no es de las personas que son capaces de mantenerse calmados y callados.

¿Monitsu? Acaso ese era el nombre de rubio… Si es así, pobre de su suerte.

El rubio chisto, aparentemente se encontraba molesto por la forma en que lo llamo—. ¿Notaste el repentino cambio en la actitud de Tanjirou? —Pregunto cauteloso, como si tuviera miedo de que alguien los escuchara o entendiera a lo que sea que estén discutiendo.

El otro asintió, una pequeña mueca de felicidad decoro aquel rostro, eso significa que cualquiera que sea el cambio es una buena señal.

Sabito se cuestionó un momento si era buena idea interrogarlos, no existía garantía alguna de que ellos respondieran a lo que preguntaran.

Pero alguien se terminó adelantando.

—Ustedes conocen a Tanjirou. —Más que una pregunta fue una afirmación.

Los dos chicos se miraron un momento antes de negar, decidieron ignorar aquello. No necesitan meterse y meter a problemas a su amigo.

—Esperen. —Pidió a los dos jóvenes, logrando frenarlos al sostenerlos por sus hombros.

Estos de inmediato se apartaron y miraron a Giyuu.

—¿Qué quieres? —Exclamo enojado el rubio mientras sostenía a su amigo por la camisa, claramente evitando que se lanzara a golpearlo.

—Ustedes conocen a Tanjirou, ¿verdad? —Volvió a cuestionarlos, esta vez se escuchaba un poco desesperado, algo en él le decía que ellos tenían las respuestas que ha estado buscando.

—¿Y si lo hacemos qué? —Directo a la defensiva.

—Sí, sí, ¿algún problema? —No le sorprendió que el otro respondiera igual de enojado.

—No… Es que… —Ah, demonios se quedó en blanco.

—Verán, lo que mi amigo intenta decir es que nosotros también lo conocemos. —Intervino Sabito, pasando su brazo por el cuello de Giyuu. Se vieron unos segundos antes de que Tomioka dejara escapar un suspiro de alivio.

El rubio medito un poco antes de responder—. ¿Y por qué debería de creerte?

—El salvo mi vida, soy Tomioka Giyuu. —Fue honesto, solo esperaba que ellos le creyeran.

—¡Ah, tu eres Tampionka! —Grito sorprendido uno de ellos. El rubio perdió todo el color, como si hubiese visto un fantasma.

"¿Tampionka…?" Todos pensaron lo mismo, bueno, al menos ya saben que él se encarga de modificar todos los nombres.

—Sí, soy yo. ¿Tanjirou les hablo de mí? —Ahora poseía curiosidad, ¿en verdad Tanjirou le hablo acerca de él a sus amigos? ¿Eso significa que también hablo de él con su familia?

—Si. —Ambos respondieron, no desean entrar en detalles sobre como saben de su existencia.

—Entonces, supongo que tú eres Sabito, ¿verdad? —Interrogo el rubio al otro ¿adulto? No está seguro de su edad.

Este asintió comprensivo, esto sin duda era un progreso, quizás ellos sean los consejeros del menor.

—Ya veo, bueno, fue un gusto conocerlos… —Se despidió el rubio, dio media vuelta preparándose para seguir su camino junto a su acompañante.

—Espera, en realidad nosotros… —El intento de Sabito de detenerlos fue en vano.

—¡Nosotros queremos saber sobre su relación con Muzan! —Exclamo Giyuu, ellos eran su última esperanza de conocer la relación del menor con el mayor…

Pero ahora que lo pensaba, ¿Por qué quiere saber tanto sobre él? Apenas son amigos… Y ni siquiera sabe con certeza si lo son, aún no han tocado el tema de como Tanjirou se escapó de él aquella vez… ¿Por qué quiere salvarlo del mayor? ¿Acaso… Se encuentra celoso? No, no tiene sentido… ¿Verdad?

Una mano cubriendo su boca lo saco de sus pensamientos.

—¡Cállate! —Reprocho el rubio. Nada complacido por aquella declaración del mayor.

—¿Por qué debería de guardar silencio? —Sabito se mostraba entre confundido y preocupado, ¿tan malo era mencionar el nombre de aquel ser?

El rubio y su acompañante intercambiaron miradas antes de asentir.

No comprenden como son capaces de comunicarse.

—Síguenos. —El compañero del rubio comento demasiado calmado, ambos jóvenes miraron a todos lados, se encontraban paranoicos.

Los adultos no les quedo de otra de seguirlos, ellos eran su fuente de respuestas.


—Entiendo… —Murmuro pensativo Zenitsu, se mordió su uña, frustrado de todo eso. Sabito y Giyuu se habían encargado de explicar todo, desde como conocieron al menor, hasta sus recientes visitas al local.

—Entonces, ¿nos podrías contar su historia? Por favor… —Suplico Tomioka, desesperado por obtener respuestas de una vez por todas.

Zenitsu miro unos segundos a su compañero, Inosuke, ya se ha devorado casi toda la comida que ordenaron. Negó levemente.

—¿Por qué no? —Fue el turno de Sabito de ser directo.

El rubio volvió a negar.

—Por que no. Así de simple. —Respondió Inosuke, metió otras papas fritas a su boca antes de verlos. Aun no confía por completo en aquellos dos.

—Por favor… Ustedes son los únicos que nos pueden dar respuestas. —Rogo Giyuu, pegando su cabeza a la mesa. No planeaba levantarla hasta que ellos hablaran

—Giyuu… —Susurro Sabito sorprendido, últimamente su compañero sigue mostrando nuevas facetas, ha estado cambiando para bien.

"En verdad lo aprecias… ¿Verdad?, Giyuu…" Pensó el mayor. Una sonrisa se formó en su rostro.

—Ustedes… Solo ustedes me pueden ayudar a encontrar una forma de ayudar a Tanjirou, de salvarlo de las garras del demonio… Si lo hacen… ¡Si me lo dicen, prometo que jamás los volveré a molestar! —Grito alzando un poco su cabeza.

Logro apreciar las miradas atónitas de tres personas: Sabito; Zenitsu e Inosuke.

"Tal vez ellos… Ellos nos puedan ayudar, después de todo, gracias a que aparecieron Tanjirou ha vuelto a sonreír de verdad…", pensaron los más jóvenes.

—Bien, les diremos solamente como se conocieron, ¿de acuerdo? —Inosuke tomo la palabra—. Ni una palabra a Tanjirou sobre esto, nadie, lo digo enserio, nadie nunca se debe de enterar de que por nosotros saben sobre cómo inicio su relación.

Zenitsu no podía creer lo que escucho, jamás espero que Inosuke pronunciara bien un nombre.

Los dos adultos asintieron, esa seriedad no parecía ser digna de Inosuke.


Era 2021.

La situación de la familia Kamado no era la mejor, el padre había caído en cama por problemas de salud, poco después lo siguieron la primogénita, Nezuko, y sus otros hermanos. Los únicos que se mantenían saludables eran: el primogénito y la madre.

Por momentos la salud del resto de la familia decaía, parecía que en cualquier momento ellos fallecerían.

Las ventas del local apenas alcanzaban para los medicamentos, es por eso que el primogénito trato de buscar un trabajo, quería, deseaba, anhelaba poder ser de ayuda.

Lo que menos quería es ver caer la salud de su madre por tanta presión.

Desgraciadamente nadie quería contratar a un niño de 12 años.

Pero para su fortuna, la salud de la familia ya estaba mejorando, lo único malo es que constantemente se encontraban durmiendo. Según el doctor que los reviso les recomendó que los dejaran pues así sus cuerpos se recuperarían más rápido.

En una tarde lluviosa, todas las desgracias siempre vienen acompañadas de lluvia.

Tanjirou regresaba de uno de sus tantos trabajos, este consistía en hacer recados. Aunque lo delicado ya había pasado, aun así necesitaban dinero, para pagar sus deudas.

Aquella tarde la lluvia le termino ganando a Tanjirou, por lo cual no le quedó otra opción más que esperar a que esta pasara.

Se adentró a un callejón, donde aguardaría pacientemente.

Unos ruidos dentro del oscuro terminaron llamando su atención.

El pelirrojo sabía que era una pésima idea ir a revisar, después de todo todas las películas de terror y tragedia inician así.

Al acercarse un poco más logro visualizar un silueta de alguien.

—¿Se… Se encuentra bien? —Pregunto un poco temeroso, la sombra no se movió por lo cual decidió acercase aún más.

No sabía si la persona necesitaría ayuda, pues se encontraba recargada en una pared y respiraba con algo de dificultad. Al no recibir respuesta toco un poco a la persona, esta abrió los ojos un momento.

Unos ojos ciruelas chocaron con unos Carmesí.

—Tu… —Fue lo único que murmuro la sombra antes de perder el conocimiento. Por primera vez noto que su mano apretaba fuertemente uno de sus costados.

Tanjirou no sabe de dónde saco tanta fuerza para llevar al mayor hasta su casa.

Se negaba a dejar morir a una persona inocente.

Quizás ese fue su error, meterse en algo que no debía.

Aunque quisiera en ese momento no contaba con un celular para llamar a una ambulancia y mucho menos dinero para cubrir sus gastos.

Su madre se había encargado de atenderlo, logro evitar que se siguiera desangrado, lo único malo es que no sabían cuando despertaría y ella no podía hacerse cargo de él. Por lo cual Tanjirou fue el encargado de supervisar la salud de aquella persona.

Esa misma noche el extraño volvió abrir los ojos. Todos se encontraban dormidos, descansando del largo día.

Menos una persona. El primogénito seguía velando por la salud de un desconocido y por la de su propia familia.

Tanjirou se sorprendió al volver a ver aquellos ojos ciruela.

—Son hermoso… —Fue lo único que susurro antes de inclinarse un poco para tocar su frente pues con anterioridad estaba teniendo fiebre.

—¿Quién eres…? —Cuestiono un poco enojado el extraño, no le gusta que otros lo toquen, pero no puede hacer nada, no tiene la fuerza suficiente para apartar al pelirrojo.

—Me llamo Kamado Tanjirou… —Respondió con una sonrisa. Alejo su mano y coloco un paño mojado en la frente del mayor—. Tu… Perdón… ¿Puedo saber tu nombre? —La curiosidad en el pelirrojo era evidente, jamás había visto aquel tipo en la zona.

El mayor cerro los ojos, debatiéndose si debería de contestar o no.

—No es necesario que respondas… —Susurro Kamado, no desea presionar a la persona que se encuentra descansando en el sofá.

—Muzan. —Fue corto. Los ojos de Tanjirou adquirieron un nuevo brillo, un brillo que no podía compararse con el de nadie. La tenue luz que entraba por la ventana les permitió verse—. Kibutsuji Muzan...

Había algo en el menor que le impedía mentir, algo que no puede explicar. Quizás se deba al cansancio y por eso está pensando que el menor es como un ángel.

Ah, ya no importa, tal vez cuando se encuentre mejor ya no piense lo mismo.