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"Esto es algo común… ¿Verdad?"
Los nervios se lo estaban carcomiendo, su estómago se había convertido en un nudo, le dolía demasiado. Podía sentir como pequeñas gotas de agua escurrían de sus manos.
Observo un minuto a Muzan, no le ha dicho nada desde que se adentraron al automóvil.
Su mente vaga al momento en que Muzan alzo su mano, parecía tener la intención de golpearlo, pero no lo hizo, ya sea porque Giyuu lo detuvo o porque reacciono…
Ahora que lo pensaba con detenimiento Kibutsuji jamás intento golpearlo o lastimarlo físicamente.
Se jalo un poco su cabello, no sabe que es lo que Muzan quiere de él ahora. Por más que intento hablar sobre lo sucedido, este se negaba hablar.
Ah, en verdad lo hizo enfadar. Nunca debió de responder a las pláticas de Sabito y Giyuu, tal vez de haberlo hecho ahora mismo no se encontraría en esa situación.
Solo resta esperar y ver quien de su familia o seres queridos terminan en un hospital en el mejor de los casos.
Nunca se dio cuenta que el carro se detuvo, tampoco que Muzan ya no se encontraba a su lado.
Una mano jalando de su muñeca ocasiono que reaccionaria.
Instintivamente jalo su mano de regreso, no quiere ir a donde sea que la otra persona lo planeara llevar.
Pero al ver la mirada indignada de Muzan sabe que cometió un estúpido error, tembló ligeramente. Tiene miedo de aquellos ojos ciruela.
Nuevamente el mayor lo sujeto con mucha más fuerza por su muñeca. Inevitablemente el pelirrojo dejo escapar un quejido de dolor.
—Muzan… Me estas lastimando… —Se encontraba asustado, esperaba que el mayor reaccionara y se detuviera. Pero no lo hizo. Solo continuaron su camino en un profundo y siniestro silencio.
Los empleados no se molestaron en intentar ayudarlo, solo le dedicaron miradas de lastima.
¿Tan débil e insignificante se ve?
Al pelirrojo no le quedo de otra más que dejarse arrastrar a donde el mayor quisiera llevarlo.
No tiene otra opción.
Muzan abrió la puerta de su habitación. Una vez que se adentró el de ojos ciruelas lo arrojo a su cama, como si fuera un simple objeto.
Kamado nunca dejo de ver a Kibutsuji, este se comenzó a quitar su abrigo y lo dejo en una mesita de noche.
Tanjirou de inmediato se colocó de pie, tratando de encerrar en su corazón todo el miedo; pánico y temor que sentía en esos momentos.
Al menos todavía se puede intentar resistir, ¿verdad?
Ambos se miraron unos segundos, unos ojos que demostraban molestia y otros que vacilaban se enfrentaron unos segundos.
El mayor dejo escapar un sonido de molestia y se salió de la habitación, sin molestarse en cerrar bien la puerta.
Tanjirou observo la puerta emparejada un pequeño sentimiento de esperanza creció dentro de él, aun podía escapar y no regresar, su respiración aumento un poco.
Muzan nunca; jamás lo persigue cuando lo hace, pues está seguro de que el menor siempre regresaría a él, es el único que lo adora con todo su ser.
Y su arrogancia solo creció mas al ver que Kamado siempre regresaba con el sin importar lo que le hiciera pasar.
Dio unos pequeños pasos, quiere ser libre, sabe lo que sucederá si se queda, ya está cansado de ser tocado por el mayor siempre…
Estiro un poco su mano, sus latidos se hacían más rápidos junto a su respiración. Desea poder tocar la manija de la puerta que lo aparta de todo lo que quiere proteger.
Sin embargo…
El recuerdo de su padre; de su madre devastada; de sus hermanos deprimidos… De Takeo en el hospital…
Lo detuvieron.
Ah, como odia ser tan débil.
Su mano cayó, no hay nada que pueda hacer.
Nunca lograra escapar del demonio, ¿verdad…?
Su respiración se calmó, su mente le gritaba que se marchara; que dejara todo atrás sin importarle nada. Que solo así conseguiría volver a ser libre, que solo así va a borrar su estúpido error del pasado.
La puerta de repente se abrió, dejando ver a Muzan con un una botella de agua y unas pastillas.
El menor de inmediato retrocedió, el miedo era evidente y aparentemente el mayor es capaz de olerlo pues mostro una sutil, pero tétrica sonrisa.
Ah, eso no va a terminar bien para él.
Muzan dio un paso a su dirección, Tanjirou retrocedió.
¡No quiere ser profanado como aquella vez!
Aquella acción se repitió hasta que Tanjirou cayó en la cama. Ah, es su fin. Alzo sus manos, queriendo obtener cierta distancia con el ser que se ha encargado de destruir cada relación que consigue.
—Muzan, no quiero tener relaciones sexuales… —Trato de ser firme aunque su voz titubeo en todo momento, temiendo que la furia del demonio aumentara con solo negarse.
El nombrado lo miro unos segundos antes de dejar las cosas a un lado del menor, para después tomar una de sus manos y comenzara a besarlo. Tanjirou quedo desconcertado ante aquella acción, se supone que está enojado… Entonces, ¿por qué lo está besando…?
Quizás esta recapacitando… A lo mejor ya va a respetar sus deseos… Puede que finamente su relación mejore…
No es más que un simple ilusión.
—Oh, Tanjirou… —Lo nombro con tanto amor; con tanta dulzura que incluso por un momento, por unos breves segundos olvido la razón por la cual lo quería alejar. Pero el momento no duro mucho. Muzan cambio su semblante y de un segundo a otro sujeto la cabeza del menor con tanta fuerza que ocasiono otro quejido de dolor. Kibutsuji sonrió sádicamente ante eso—. Planeaba llevarte al nuevo acuario que acaban de inaugurar, era un regalo por haber soportado todo un mes sin mí. En verdad quería que tuviéramos otra cita perfecta y sin embargo, me entero que me eres infiel. Eres muy cruel con tu prometido. Es por eso que te daré algo mejor de lo que planeaba.
Tanjirou comenzó a temblar, olvidando el dolor que se incrementaba en los costados de su cara. Ignoro todo lo que le dijo el mayor y trato de reiterar lo que había dicho con anterioridad.
Muzan de repente lo soltó, poco después lo comenzó acariciar como si quisiera compensar el daño que le hizo.
—Muzan, ya te dije, no quiero tener sexo… —Suplico temeroso, mas no lo consiguió, Kibutsuji lo empujo suavemente al colchón.
—No quieres tener sexo conmigo, pero si quieres besar a otra persona: a un completo desconocido. —Expreso disgustado. No entiende por qué el menor se niega aceptar que él es lo único que necesita en su vida.
Sabía que lo que va hacer a continuación es completamente inhumano, algo muy bajo, sin embargo, si solamente con eso puede lograr que el menor entre en razón, con gusto lo hará.
Después de todo, él ya ha realizado peores cosas.
Dejo que el menor se alejara un poco, hasta que choco con la cabecera.
Tomo la botella y la destapo, le dio un pequeño trago.
Kamado no comprende a dónde quiere llegar el mayor, o mejor dicho no tiene la menor idea de lo que está jugando esta vez. Su mente le gritaba que era su oportunidad de darle una patada y escapar, pero su corazón le recuerda lo que sucedió la última vez que hizo eso.
Kibutsuji saco una pastilla. Tanjirou ni siquiera lo noto acercarse, su mente y su corazón le siguen gritando que hacer, pero el simplemente no puede hacer nada.
Sin previo aviso con una mano sujeto las muñecas del menor, quedando en la cabecera. Un pequeño jadeo de sorpresa resonó en la habitación.
Sus miradas se volvieron a encontrar. Una ilegible y otra con miles de sentimientos.
—¿Muzan, que estas…? —La otra mano se encargó de acariciarlo, a pesar de que tiene la mano fuertemente apretada. Un dedo comenzó a delinear sus labios, era un toque horrible, no se sentía amoroso, más bien posesivo y que le hacía sentir nauseas, esperaba que el mayor lo tomara a la fuerza, rápido, como siempre.
Todo fue muy rápido, lo único que logro procesar es a Muzan introduciéndole una clase de pastilla en su boca y luego besándolo, obligándolo a tragar el líquido que aun poseía en su boca.
Fue asqueroso en más de un sentido.
No quería tragarse una de esas pastillas, ya conoce los efectos, los conoció por primera vez hace tres años.
Muzan se alejó regalándole una mirada sádica antes de alejarse y salir de la habitación.
Lo último que escucho fue el seguro de puerta.
Oh, genial, el demonio lo había encerrado después de drogarlo.
El tiempo en algún punto dejo de importarle, ya no le importa si han pasado horas o minutos desde que el mayor se fue. Lo único que desea es que no regrese.
Sin darse cuenta, se encontraba extendido en aquella cama, que por algún extraño motivo se sentía fría.
Tiene miedo y eso era evidente, la temperatura estaba aumentando, ¿o quizás era él?, podía sentir como empezaba a transpirar.
Su cuerpo reacciono más rápido a la droga.
Se sentía sucio.
De poco en poco su mente se nublaba, pero no quería que eso sucediera. Se niega a perderse en la urgente necesidad de tocarse, de ser sometido. Por más tentador que fuera en ese momento.
¡Se niega a dejarse llevar por los efectos de aquel medicamento!
Su mano lentamente bajo, desabrochándose el pantalón.
Por unos segundos se cuestionó si tocarse o no, tal vez si se masturba puede aliviar su tan repentino calor. Su mano traicionera se adelantó, apretando ligeramente su miembro dejo escapar un gemido.
Ah, era horrible.
Se mordió el labio y lo volvió a intentar.
Fue en vano.
Trato de enfocarse en otra cosa, tal vez si pensaba en algo más su calentura va a bajar.
El tiempo parecía ir más lento. No encontraba nada con que distraerse y el tacto con su ropa lo estaba empeorando.
Podía sentir como de poco en poco se pintaba de carmín.
Cerró los ojos fuertemente, quiere quedarse dormido, que el efecto se marche y que Muzan se rinda con él.
Por más que intentaba no lograba contener los repentinos jadeos de placer que se escapaban de él, una parte de él maldecía a Muzan con todo su ser, pero otra parte le estaba agradecía, el calor ya era más fácil de soportar y podía pensar con un poco más de claridad.
Kibutsuji se había adentrado a la habitación y se encargó de desvestirlo por completo, se encargó de besar todo su cuerpo, se sentía un ser horrible por disfrutarlo, como odia los efectos de la droga.
Los dedos de Muzan se encargaron de enredarse en su melena rojiza mientras besaba su cuello con desesperación también se encargó de ir dejando mordidas y uno que otro chupetón en su cuello.
Como si estuviera marcando territorio.
Estos últimos dolían como mil ajugas, pero de una extraña manera le gustaba, le hacía sentir bien.
Y detesta ese sentimiento.
Enterró sus uñas en la espalda del mayor, queriendo transmitir todo lo que siente por el en esos momentos, desea que se detenga.
Al parecer esa acción fue divertida y dio a entender otras cosas, pues lo único que proceso fue una risa de burla—. Tranquilo, Tanjirou, seré gentil contigo.
Tanjirou negó levemente, tan solo moverse ocasiona que el calor aumente, no puede hacer nada, nunca ha podido hacer algo, lo único que le queda es esperar, solo eso esperar a que Muzan lo usé y haga lo que quiera con él.
Solo es un objeto.
De la propiedad de Muzan.
No le gusta eso.
Odia eso.
Nuevamente se sentía como un niño pequeño, un niño indefenso que no tiene a quien pedirle ayuda, ya no quiere sentirse así, desea que se detenga.
En algún punto, Muzan comenzó a masajear su miembro.
Odia lo bien que se siente.
Inevitablemente comenzó a suspirar de pacer.
Kibutsuji aumento la velocidad.
Kamado soltó un gran jadeo de placer al sentir como su líquido pre-seminal se escurría de su miembro.
—Solo yo puedo hacerte sentir así, Tanjirou, así que no te apartes… —Susurro tan, pero tan, asquerosamente dulce—. Quédate a mi lado por siempre.
No podía procesar todo lo que Muzan decía, solo estaba concentrado en no pensar en el dolor que se expandía en su zona de abajo, trataba de no pensar en la horrible sensación de cómo lo desgarraban desde dentro.
Le duele bastante y por más que se quejaba, Muzan lo tomaba como una indicación de que puede ir más rápido, cuando en realidad desea que se detenga.
—Disfrutemos esto, Tanjirou, después de todo. Estamos haciendo el amor… —Susurro en su oído. Disfrutaba de las expresiones de angustia que se enredan con placer.
La única forma en que su cuerpo expreso su dolor fue en soltar pequeñas lágrimas, eso no es hacer el amor. Él no quiere hacer eso.
—No… Es mi castigo… —Susurro abatido para sí mismo el menor, rindiéndose a los monstruosos deseos del demonio, como si ya no tuviera otra opción.
Pequeños besos es sus mejillas lo trajeron de vuelta a la realidad.
—No, es tu recompensa. —La ironía en su tono le dejaba en claro lo mucho que esta disfrutando de su sufrimiento.
Tanjirou cerró los ojos una vez más. Va a ser una larga semana o quizás más tiempo.
Dejo que su memoria le trajera las escenas del beso de Sabito y Giyuu, y como casi interfería en su relación en esa mañana.
Sin duda es su castigo…
