Este fanfic fue creado para el Matsuri Emocionarte de la página de facebook Shikatema: Hojas de Arena.
Para la creación de este fanfic he elegido la emoción: Inseguridad
Nada más al toque del timbre que avisaba el receso de las aburridas clases, ella se levantó de su asiento y fue una de las primeras en salir del aula. Caminó lo mejor que pudo en disimular que quería llegar de inmediato al baño, para poder encerrarse en un cubículo sin tener que esperar largas filas hasta que llegara su turno.
Sentía que debía cambiarse de inmediato, sin demora, sin demorarse ningún minuto o segundo. Para su alivio no había nadie en el baño, solo un espejo que le avisaba que todos los cubículos estaban vacíos. Solo soltó el aire cuando pudo poner el pestillo de seguro en el cubículo, inclinarse sin tocar el sanitario justo cuando bajaba su shorts con su ropa interior, luego de doblar hacia arriba su falda escolar.
A pesar que faltaba para llenarse, decidió que lo más sensato era cambiarse, aún no confiaba en el flujo, y siempre sentía que debía cambiarse, o a veces se le olvidaba que estaba en ese ciclo.
Cuando terminó de arreglar todo, no sin antes fijarse que todo estaba en orden por tercera vez, se arregló la falda dando un simple sacudida para borrar cualquier arruga, y antes de poder bajar, escuchó la clara risa de una de sus amigas.
Maquiavélicamente quiso saber de qué hablaban cuando ella no estaba, cuando siempre debía dejarlas, por ir a la biblioteca para estudiar o cuando tenía entrenamiento con su club. Guardó silencio aún con la mano sobre el botón sin ejercer presión.
– Estarán todos ahí. – Dijo la voz segura de Shion. – He invitado a todos, y obviamente que todos me han confirmado su asistencia.
– ¿Todos? – Dudó una de las integrantes del grupo. – Hasta, ya sabes quién. – Murmuró entre risas.
– Obviamente que solo invité a los mejores estudiantes, los que se codean con nosotros. – Contestó con un tono ególatra. – Itachi, Deidara, Konan, Yahiko, Nagato. – Fingió un bostezo aburrido. – la lista es larga y ya no recuerdo a quienes más. – Ríe junto con las otras chicas. – Solo a los mejores. – Asegura mientras se mira al espejo y acomoda su cerquillo.
Temari estaba algo confundida, no había escuchado ninguna fiesta organizada por Shion, una de sus mejores amigas desde que entraron a la preparatoria. Intentó hacer memoria, a veces no prestaba mucha atención a las conversaciones vacías de sus amigas.
– Y… ¿vas a invitar a Temari?
No sólo hubo un silencio dentro de su cabeza, sino en todo el baño, era como si solo estuviera ella y sus amigas. Su corazón latía cada vez con más fuerza llenando el vacío.
– No. – Su respuesta provocó que abriera los ojos de golpe, no esperaba aquella respuesta. Las risas de sus… las que creía ser sus amigas llenaron por completo el baño. Molesta por su respuesta y la injusticia, apretó con fuerza el botón y apartó con fuerza el pestillo, y casi de una patada abre la puerta.
Con el ceño más tranquilo miró el rostro reflejado de sus amigas, sobre todo de Shion que se encontraba asombrada, dejando en el aire su lápiz labial de brillo.
– Con qué harás una fiesta y estarán todos tus conocidos excepto yo. – Avanzó hasta el lavamanos, abrió el grifo y se lavó las manos, sin dejar de verla. Tenía una sola pregunta por hacer pero de distintas formas. – ¿Por qué?
Su pregunta brusca provocó que las otras chicas asustadas dieran un brinco de que una de ellas pudiera abalanzarse sobre la otra. Shion volvió a recuperar su estado de suficiencia, aplicó su lápiz labial en su labios, los apretó y se miró con tiempo en el espejo.
– Temari. – Shion giró a verla. – Crees que invitaría a alguien que no tiene un sentido normal de peinarse. – Atrás se escuchó las risas, en un murmullo. Temari no pudo evitar mirarse en el espejo, solo fue un segundo en que miró su peculiar peinado de cuatro colas, pero lo suficiente para que Shion se sintiera ganadora. La rubia de cabello suelto y largo, orgullosa de su belleza, dió un paso adelante, poniéndose cara a cara con Temari. – Ni hablar de que en vez de parecer a una dama, parece un hipopótamo.
Temari quiso arremeter sus estúpidos ataques verbales, pero las risas de no solo de las chicas que creía que era su amiga, también del resto de las estudiantes que habían entrado y escuchado las palabras de Shion, sonaron en un eco enorme dentro de su cabeza, nublando las palabras, enredando sus ideas. Logrando que se quedará callada y lo peor que se fuera lejos de esas hienas hambrientas.
…..
En su mente se estaba recriminando por haber huido, por no contestarle, por no hacer callar a las demás y bajar de las nubes a Shion. Se estaba auto-castigando por haberse dejado humillar.
– Debí decirle que para una chica tan superficial como ella, no es ninguna sorpresa. Al menos no parezco una mujer de treinta años y si tiene amigas es solo gracias a su estúpido apellido. – Murmuró entre dientes.
– ¡Señorita Sabaku no! – Aquel grito le provocó aún más irritación. – ¡Señ–
– ¡Ya te oí maldita sea! – Exclamó molesta, irritada. Pero todo ese sentir se bajó cuando escuchó como un enorme 'oh' en corro y el silencio de una pelota caer. Al levantar la mirada se encontró con la mirada molesta de su entrenadora.
– En mi oficina, ahora. – La entrenadora ordenó en un tono autoritario que no dejara en Temari las ganas de replicar.
….
Sentía un enorme peso en su estómago, era como si sus tripas estuvieran enredadas en un enorme nudo, tenía la piel de gallina y el corazón bombeando como si el peligro aún estuviera acechando. La sensación que le había dejado por el ultimátum de la entrenadora de su club la dejó fría, con una sensación amarga y sobre todo con un temor que cada vez aumentaba cuando solo le faltaba un par de cuadras para llegar a casa. No sabía cómo entregarle la carta de su entrenadora a su padre para que lo firme y luego presentarla a la directora.
Su padre le iba a dar un sermón, su mirada de enojo, disgusto y de decepción, y posiblemente le daría un castigo peor que el que le dió su entrenadora.
Tuvo que detenerse de golpe.
– Todo esto es culpa de Shion y sus estúpidas amigas. – Reclamó molesta, pero su enojo no duró mucho cuando recordó lo que sucedió en el baño. Sus palabras y las risas de ellas vinieron a ella, merodeando en su cabeza.
Sin poder evitar, corre intentando dejar todo atrás, pero ellas, las risas y burlas sobre su aspecto y peinado se hicieron más grandes. Sentía que pronto sería aplastada por todas ellas.
Hasta sintió como se golpeó contra algo o alguien, cayendo ambos al suelo. La risa alegre de un chico hizo que todos esas risas femeninas con malicia disminuyeran, o era por el golpe que se dió. Sentía que le ardía la rodilla.
– ¿Temari? – Al subir la mirada se encontró con los marrones de él. Y pudo notar que él notó en sus ojos algo, porque en vez de soltar una de sus características burlas de saludo, mandó callar a su amigo. – Ya basta Naruto. – Exigió.
– Es que ambos… – Naruto intentó excusarse entre medio de sus carcajadas. – los dos chocaron y cayeron al suelo.
– No tiene nada de gracia. – Su mirada molesta, se neutraliza al volver a verla. – ¿No deberías estar en tu club?
– Sucedieron cosas. – Murmuró Temari.
– Vago levanta tu trasero. – Naruto ordenó cuando vio que su amigo seguía en el suelo. – Vamos a llegar tarde.
Shikamaru no pudo evitar fruncir el ceño al rubio.
– Porque no vienes con nosotros, y ahí me lo cuentas. – Propuso el vago a la rubia mientras se levantaba del suelo. – ¿Qué dice?
Temari asiente. Estar sola, solo provocaba que aquellas voces puedan ser escuchadas con más fuerza.
….
– ¡Eso no es justo! – El grito del rubio y de los otros jugadores, provocaron que Temari salga del estado pensativo en que se encontraba, notó que su amigo caminaba hasta ella. En silencio se acostó sobre el pasto, a su lado.
– ¿No vas a jugar? – Aunque la pregunta le sonó tonta. – Porque no me sorprende. – Soltó una risa baja. Al rato el partido volvió a comenzar con un integrante menos.
– ¿Por qué estabas corriendo? – Shikamaru le pregunta luego de una pausa prolongada. Temari miró como esos niños de tres años menores que ella jugaban sin sentir las preocupaciones que pronto tendría por culpa de la adolescencia. – ¿Quieres que te muestre la flor que te hablé la otra vez?
– ¿Está en este parque? – Temari voltea a verlo. Él ya estaba de pie y caminando.
– Sígueme. – Le alienta. Temari sin pensarlo le sigue, alejándose de la cancha.
Estuvieron un buen rato caminando, hasta que Shikamaru se detuvo en una zona del parque donde no había nadie, solo árbol y no había ni una flor silvestre cerca.
– ¿Por qué no estás en tu club de tenis? – Le pregunta mirando el estuche de su raqueta.
Temari no pudo evitar hacer una mueca por caer en una de las trampas de ese niño. Se dió la vuelta lista para irse y no tener que aguantar su insistencia, pero algo la hizo detenerse, Shikamaru era su amigo, lo había conocido en tan poco tiempo pero… sabía que era sincero.
– ¿Crees que estoy gorda? – Tuvo como respuesta el silencio. Dolida y con las inseguridades a flor de piel, se defiende sin atreverse a darle la cara. – No es mi culpa ser gorda. – Pronunció la palabra con mucha exageración. – No es mi culpa que te hayas tragado la política social que te vende en la televisión, de que las chicas deben cumplir con el estándar de ser delgadas, refinadas y con peinados normales. – Soltó molesta lo último. – Vestir y maquillarse a pesar que aún son menores de edad. ¡Acaso creen que somos modelos para brindarle satisfacción a esos viejos pervertidos! ¡No me importa lo que piensen ellas, todos esos niños mimados! ¡No me importa lo que tú pienses de –
– Yo creo que te ves bonita. – Shikamaru había creído que Temari no lo iba escuchar, después de todo la chica había alzado la voz en su discurso, pero nada más dejar salir las palabras de su boca, ella se detuvo, el silencio reinó entre ellos. Shikamaru no pudo evitar sentirse expuesto, abrumado por su silencio. Nervioso continuó. - A-a mi me gusta tu peinado, es diferente. – Llevó una mano a su nuca. – y-y eres h-hermosa, inteligente, no dejas que nadie pase de ti, eres competitiva, te esfuerza en dar lo mejor de ti y … tienes un … buen … ya sabes… – Shikamaru tuvo que apartar su mirada rápido del cuerpo de Temari cuando se dió la vuelta. La rubia miró a su amigo, tenía el rostro enrojecido aún más que ella.
– ¿Lo crees en serio?
Shikamaru sin dudarlo asintió. Con un valor que no sabía de dónde lo sacó, alzó la mirada para verla, era un poco más alta que él, era obvio, ella era tres años mayor que él, para ella, él solo era su amigo, un amigo tres años menor que ella.
No pudo evitar que sus inseguridades, su temor de que Temari lo rechace y se burle de sus sentimientos acaparen toda su mente y su sentir. Se sentía expuesto por primera vez.
Ambos en silencio de reojo se miraban entre rato, Temari tenía nuevas incertidumbres, está vez no sabía lo que sentía por Shikamaru, tampoco sabía si las palabras de él habían sido dichas solo por compasión o realmente era algo más serio. Su corazón volvió a latir con más fuerza.
Fin.
