Este fanfic fue creado para el Matsuri Emocionarte de la página de facebook Shikatema: Hojas de Arena.
Para la creación de este fanfic he elegido la emoción: Dolor
El sentir de las agujas retirándose de su piel, y el pequeño ardor pronunciarse, solo le avisaba que la terapia había acabado y aún así sentía que el dolor estaba ahí. Aún insistiendo, punzante como antes, ni siquiera podía sentir el dolor de las agujas, cuando las puso sobre su espalda cuando inició la sesión, ni ahora que las estaba retirando. El dolor de toda su espalda llegaba hasta la cadera, sin permitir que sienta otra dolencia.
– Señor Nara ¿Cómo se siente? – La pregunta del acupunturista no fue una sorpresa. Era el mismo diálogo de todos los días de la semana, la misma hora y la misma respuesta.
– Aún siento el dolor de mi espalda. – Dijo mientras se ponía su camiseta. – Vendré mañana. – Indica aún con la esperanza que este tratamiento algún día le cure de su dolor.
– No será mejor que vaya con otro especialista.
Shikamaru no pudo evitar soltar una risa.
– Usted también tirará la toalla. – Dijo en un tono divertido pero cansado. – Los doctores no encontraron ningún mal en mi columna, dicen que están bien. En su sitio. – No pudo evitar mirar a la nada, pensando en el trasfondo de esa palabra.
– A veces los dolores son internos, más internos de lo que nosotros podemos imaginarnos.
Shikamaru giro a verlo, no podía creer lo que le estaba diciendo. Sin evitarlo, frunce el ceño.
– No estoy loco, este dolor de espalda me mata cada día, ni siquiera puedo hacer bien mi trabajo.
– No, no. – El acupunturista intentó remediar sus palabras. – A lo que me refiero es que a veces nuestros antepasados nos han dejado una carga pesada en nuestros hombros, y cada uno de nosotros necesitamos resolverlo. Intente resolver la carga que sus antepasados le dejaron. Puede visitar a un monje, es un viejo amigo mío. – El hombre experto en agujas le entrega una tarjeta.
Shikamaru pensativo en sus palabras, agarra la tarjeta cuando está se extiende hacia él.
Se despidió del acupunturista, la oscura noche y los faroles de la calle le acompañaron en su silencio caminar, aún pensando en las palabras del anciano.
– Una carga del pasado. – Murmuró distraído mirando el suelo, sus ojos se perdieron en el recuerdo, en su mente llegaron el recuerdo de una discusión colérica, provocando que dentro del coche se sintiera una desagradable tensión provocando que el infante que estaba detrás comenzará a llorar a todo pulmón, desconcertando al conductor, qué tan solo giró a ver a su hijo para ordenar que se calle, provocando aún más el enojo de la mujer que en menos de un segundo, sus ojos verdes furioso se volvieron asustados. Y antes que él pudiera darse cuenta, solo escuchó la bocina de otro auto y las luces empeñando su vista.
Una bocina fuerte que aturdió sus oídos.
– ¡Muévete imbécil! – La bocina del auto y el grito del conductor provocó que despertara de una forma abrupta o fue por el recuerdo.
Con la respiración agitada retrocedió hasta la segura acera, pero al notar el silencio de su alrededor, los pocos autos pasaron por la calle. Sintió que le faltaba el aire. Abrumado por todo y nada, salió corriendo del lugar, sin importar que las personas piensen que está loco. Sin importarle que esos rumores podrían costarle su puesto en su trabajo.
….
Sin aliento y sin poder continuar corriendo, se apoyó en uno de los faros de la calle. Nada más calmar casi su respiración, sintió una horrible punzada en toda su espalda, sobre todo una punzada fuerte en su columna media, llevó ambas manos a la zona lumbar e intentó hacer aquellos ejercicios para la columna.
– Al parecer ya estás viejo, Nara. – Se giró hacia la voz, encontrándose con Kankuro. Solo a él.
– ¿Y Shikadai? – Sabía la respuesta, cada semana era la misma respuesta.
– Una reunión con sus amigos, era una tarea importante. – Kankuro no se esfuerza en mentir. – Solo vine a decirte eso.
– Sería más fácil que me lo dijeras por mensaje. – Murmuró Shikamaru mirando el auto de Kankuro que estaba estacionado en la otra vereda. Intenta encontrar a su hijo dentro, al menos verlo de lejos, le calmaría el dolor que sentía en el pecho. Pero las ventanas oscuras no ayudaban en nada. – ¿Cómo está?
– Fuerte como un roble. – Dijo Kankuro distraído en su celular. – Algo vago para hacer sus tareas. Lo de siempre. – Dijo sin muchas ganas.
Pero para Shikamaru era mucho y a la vez poco.
– Y ella … – Su voz tembló ligeramente. – ¿Temari cómo se encuentra?
Kankuro ligeramente le miró.
– Ha tenido un gran progreso en la fisioterapia. – Se encoge de hombros. – Según su instructor, está teniendo resultados rápidos.
– Es una mujer fuerte. – No pudo evitar sonreír con amargura. Solo recordarla, le provocaba un nudo en la garganta. – Kankuro… – El susodicho dejó de prestarle atención a su celular, el tono de voz de Shikamaru le pareció exageradamente angustioso. – Puedes hacer que está carta llegue a Temari, por favor. – Suplicó.
Kankuro se sintió extraño al notar los ojos cristalizados del Nara, bajó la mirada hasta la carta que le estaba extendiendo. Dudó unos minutos antes de asentir y agarrar la carta para guardarla sin mucho cuidado en el bolsillo de su chaqueta.
– Claro. Bien Nara, ya me tengo que ir. – Dijo luego de un breve silencio. – La otra semana no podré venir ni la próxima. Yo te diré cuando. – Y sin deseos de escuchar más a Shikamaru se marchó hasta el auto.
Shikamaru no tenía fuerza ni ganas de seguir a Kankuro hasta el auto, solo lo vio irse. Sintió un dolor específicamente en la columna superior, junto a la sensación de que no tendría el apoyo de él. Tenía ganas de arreglar las cosas, pero también tenía miedo de lo que podría suceder, su hijo lo odiaba, su esposa ni siquiera quería volver a verlo.
El dolor de la espalda hasta su cadera aumentó junto con el de su pecho.
……
Kankuro al llegar a la casa, se encontró con una Temari en una silla de rueda y mirando directamente en la entrada. Esperando como siempre a que llegue.
– ¿Cómo está? – Temari tenía las manos estrujando la manta que descansaba en su pierna, intentando disimular sus nervios por la respuesta.
– Como siempre. – Contestó. Notó en los ojos de su hermana el dolor que le produjo su respuesta, se odiaba pero era por su bien. No quería ni siquiera pensar en que sería perder a su hermana que fue como una segunda madre, a pesar de que se llevaban por un año de diferencia. – Temari necesitas descansar, mañana tienes nuevamente tu terapia.
– No tiene caso. – Molesta la rubia hace retroceder con furia su silla de rueda. – ¡Nunca voy a volver a caminar! ¡No he tenido hasta ahora un avance!
Temari se marchó rápido hasta su habitación, cerró como pudo la puerta, agradeció que su hermano no fuera detrás de ella. Necesitaba estar sola, le dolía no poder tener una recuperación inmediata, le dolía saber que su hijo tenía un resentimiento con su padre, le dolía no tenerlo aquí.
– El accidente fue culpa de los dos. – Murmuró. – ¿Por qué no contestas mi carta? ¿Es tan difícil venir a verme? – dijo molesta mientras descargaba toda su rabia y frustración contra los objetos y muebles que tenía cerca. – ¡¿Acaso espera que lo haga todo yo?! ¡Ahora necesito tu apoyo! ¡Eres un cobarde Nara! – Gritó con rabia, raspando su garganta, amargas lágrimas recorrían su rostro. Agitada y abrumada, lloró nuevamente en silencio, sin saber que nuevamente Shikadai había escuchado su dolor, aumentando el resentimiento hacia su padre por abandonarla.
Fin.
