Este fanfic fue creado para el Matsuri Emocionarte de la página de facebook Shikatema: Hojas de Arena.
Para la creación de este fanfic he elegido la emoción: Temor
El ambiente nublado apareció lentamente, como si las cortinas oscuras se recogieran a un lado para no estorbar la pronta escena que se iba adueñar del momento. Pronto las espesas nubes fueron reemplazada en un parpadeo por árboles delgados con ramas secas y el suelo estaba con un tapiz lleno de hojas amarillas opaca, que crujieron revelando que alguien estaba caminando, pero no podía observar a nadie, su campo de visión solo mostraba los árboles largos que tenía una imagen escalofriante. Sintió la necesidad de correr del lugar que la hacía sentir una profunda soledad. Pero su cuerpo no la obedecía, el crujir de las hojas se escucharon más cerca pero de pronto dejaron de escucharse. El silencio volvió.
Un silencio que en vez de poder tranquilizarla, la inquieta. Abrumada por la sensación de que algo malo iba a ocurrir, intenta no perder ningún sonido del que estaba acechando. Un escalofrío recorría todo su cuerpo al sentir un aliento sobre su nuca, el horror se adueñó de su cuerpo provocando que sintiera que su piel se eriza, aún más cuando escucha una voz pero no pudo captar lo que dijo debido a que el suelo debajo de sus pies se abrió, cayó al vacío, extendió la mano hacia arriba junto con la cabeza, pudo notar que había alguien, sin embargo la oscuridad volvió a adueñarse del lugar antes de que pudiera observar el rostro de la persona que aún podía sentir que la estaba observando, observando cómo cae al vacío.
…..
Despertó de golpe. Su respiración agitada revelaba su abrupto despertar, sus ojos ligeramente acostumbrados a la oscuridad, las cortinas solo dejaban entrar un poco la luz artificial de afuera. Al girar su cabeza a la mesita de noche, reveló que faltaba cuatro horas para levantarse y alistarse para ir al colegio.
Se dejó caer en la cama, miró el techo e intentó recordar el extraño sueño que tuvo. Pero sólo recordaba estar cayendo al vacío, un vacío que le hizo sentir una sensación de abandono.
– Solo fue un extraño sueño. – Se dijo para sí misma, se acostó de lado y subió su frazada hasta la barbilla. – Solo fue un sueño. – Murmuró en un tono bajo para calmarse. A pesar de que su respiración y el latido de su corazón se normalizaron, aún podía sentir la sensación de abandono. Era como si algo le faltará o había dejado algo en el lugar equivocado. Se mordió el labio.
Se levantó de la cama y encendió la luz, fue hasta su escritorio y buscó entre sus cuadernos alguna tarea faltante que se olvidó hacer. Pero todo estaba en orden, menos aquel sentir que la agobiaba hasta el punto de no poder volver a dormir.
….
Cuando tocó el timbre del receso, lo único que pudo hacer, era recostar su cabeza sobre sus brazos. No le gustaba dar una mala imagen frente a sus profesores y compañeros de clases, sin embargo, el no evitar bostezar durante las largas y aburridas explicaciones del profesor de turno, fue un gran logro que merecía acomodar su cabeza entre sus brazos que estaban cruzados sobre la mesa. Cerró los ojos, aunque no le fue difícil, ellos pesaban como si fueran semanas que no dormía. Sin embargo, su cabeza no se desconectó de lo que sucedía dentro del aula, sus oídos habían captado la interesante conversación de un grupo de muchachas que estaban rodeando misteriosamente la mesa de al lado.
– He escuchado que aún no encuentran el cuerpo. – Dijo una en un tono misterioso. Muy exagerado para ella. – La familia del desaparecido aún cree que está vivo… – la muchacha guardó un silencio para dar más énfasis al suspenso. – Yo creo que estará en el más allá.
– Lo que deberían hacer. – El tono demandante de una de las chicas hizo que cortará de forma abrupta el misterio que la otra quiso mantener. – es buscar al criminal, ¿Quién nos confirma que el próximo será uno de nuestros compañeros o nosotras? – Su tono de voz provocó el silencio en el aula, y el temor de algunos. – Está no es la primera víctima y última, de eso estoy segura. – Afirmó. – Recuerdan la noticia anterior, de una chica que supuestamente escapó.
– Pero la vieron en la estación del tren, el guardia indicó que se subió al vagón. El tren tenía destino a la ciudad –
– ¡¿Y qué tal si es su cómplice?! – Exclamó exaltada.
– Basta. – El tono de voz de la presidenta de clases interrumpió en el aula. – No puedes acusar sin prueba a nadie. – le regañó. – ensuciar la imagen de alguien solo por tus sospechas sin fundamentos ni pruebas, hará que los inocentes paguen injustamente. ¿Es esa la justicia que persigue?
– Yo… – la estudiante se avergonzó.
– Entonces no armes alboroto solo por tus suposiciones. – Tenía una enorme jaqueca, solo quería descansar y escuchar un poco de aquel misterioso muchacho que desapareció, pero como presidenta de su clase debía poner orden, educar a sus compañeros de clases y no dejar que mancille a nadie. – Tener sed de justicia está bien, pero apuntar a otros por un crimen del que aún no se sabe nada ni hay pruebas, es algo que puede arruinar la vida de los inocentes. Existe un vídeo que prueba que la muchacha se subió al vagón que señaló el guardia y también el registro de compra del boleto.
– Lo siento presidenta, yo… pase de alto todo eso, no ocurrirá más. – Se disculpa la muchacha inclinándose.
Temari asiente, y ve como el grupo de chicas caminan rápido hasta la salida del aula. Suspira, pronto el murmullo inicia hasta que en la habitación vuelven a escucharse las risas y la conversación alegres del resto de los estudiantes que aún seguían en el curso.
– Temari no crees que fuiste muy ruda.
– Y tú cómo vicepresidente no estás siendo muy blando. – Acusó con sus afilados ojos. El pelinegro sonríe gratamente, tomando asiento en la silla delante del pupitre de su rubia amiga.
– Por cierto, nuevamente te quedaste estudiando hasta tarde en la noche. – Observó las leves sombras debajo de sus ojos. Temari frunció el ceño, sentía sus ojos pesados, pero no creía que realmente se veía mal.
– Tal vez. – Murmuró sin revelar la verdadera razón. – Recordé que tenía asuntos más importantes, Uchiha no olvide la reunión que tenemos con la junta estudiantil. – Mencionó antes de dejar atrás a Itachi que le siguió con la mirada hasta perderla de vista.
….
La sensación de llamado que sentía de aquel lugar, le estaba embriagando. Había estado caminando de regreso a su casa luego de terminar la reunión que tuvo con el consejo estudiantil que habían tratado el tema de los rumores y temores de los estudiantes, desde que el tercer estudiante desapareció misteriosamente. Terminaron exactamente casi en el atardecer, Itachi le había ofrecido llevarla en su bicicleta, pero ella lo rechazó. Le gustaba caminar hasta su casa y más con el hermoso atardecer que pintaba el cielo que tenía unas leves nubes coloridas, efecto de la última hora que tenía el sol sobre ellos.
Sin embargo, algo la había atraído su atención, su vista se fijó en un punto oscuro entre los árboles que parecían estar en complot para ocultar algo, porque sus gruesos troncos estaban muy cerca del uno y del otro, provocando que tenga más curiosidad en saber qué había detrás de ellos. Quería saber qué era lo que le atraía tanto para estar mirando por muchos minutos.
Dió un paso tras otros, la sensación misteriosa iba creciendo mientras más se acercaba, y antes de que pudiera ingresar, algo saltó entre los árboles, provocando un fuerte grito en ella y que retroceda torpemente cayendo al suelo.
– ¡Maldita sea! – Soltó molesta por el dolor en su retaguardia. Miró molesta al animal que salió sin ninguna consideración. – ¡Estás feliz hijo del demonio! – Exclamó molesta al gato de pelaje oscuro que tenía la boca abierta, expulsando aire de forma brusca, emitiendo un silbido que duraba entre segundos. – ¡Ya deja de soltar bufidos molestos! – Se levantó aún molesta, sacudió su falda y miró nuevamente a los árboles, está vez le pareció que los árboles mantenían distancia entre ellos. El gato comenzó a maullar de forma amenazante. Temari lo miró y no pudo evitar imitar el ruido frunciendo la cara con amenaza. – ¡Heeeeeee! Para tí. – Le sacó la lengua y dió la vuelta.
Volvió a caminar notando que se había desviado de su ruta común, no recordaba cuándo había doblado a la otra calle, y por qué lo había hecho. – Esto de no dormir creo que me está pasando factura. – Murmuró con pesar. – pero no es la primera vez que duermo tarde, aunque lo de hoy fue levantarme temprano y de forma abrupta.
Giró a ver a atrás ya que sentía un par de ojos sobre ella, pero no sé encontró con los ojos amarillos del felino.
…………………………
El siseo de un felino hizo que gire hacia el lugar donde emitía el ruido. No encontró más que un bosque. Sintió como una presión aumentaba y en un parpadeo se encontró en un claro, la luz de la luna la sintió muy brillante, tanto que no podía mantener sus ojos abiertos por más de un segundo. El siseo se volvió un maullido tan fuerte que le chillaron los oídos. Su corazón era como un tambor que iba al ritmo del aullido del felino. Sin embargo, al poder escucharlo por más tiempo, notó que en ese maullido del felino tenía una nota lamentablemente, era como si alguien estuviera lastimando al gato. Las ganas de llorar aumentaron y una sensación de escapar nació dentro de ella. Abrió los ojos de golpe cuando sintió una fría garra sobre su cuello, una leve respiración la sintió detrás de su cabello, fue tan real que su corazón dejó de latir, al igual que los ruidos del felino y de su agitada respiración ya no se escuchaba. Podía sentir el aire frío golpeando su nuca, su pecho comenzó a subir y bajar lentamente. Y antes de que pudiera ocurrir algo, el suelo bajo su pies se abrió, cayó nuevamente al vacío, y al mirar arriba solo pudo notar unos ojos felinos amarillos y una figura humana que no revelaba casi nada.
….
Despertó de golpe sentada en la cama, sus manos temblaban y su respiración era muy ruidosa cómo su corazón. Aún podía sentir el frío aire tocando su nuca, con la mano temblorosa y con lentitud llevó una mano detrás de su cabeza. Solo sintió las hebras de su cabello. Encendió la luz de inmediato, revelando que no había nada anormal. Aún así seguía temblando, el temor que sentía al estar sola en su habitación era tanta que no pudo evitar salir de su alcoba y caminar hasta la de sus padres, era una suerte que su padre estuviera en un viaje de negocios en la ciudad. Su madre con gusto la dejó dormir con ella, después de ver el sudor en su rostro y la palidez en su hija mayor, era evidente que tuvo una pesadilla.
……..
– ¡Tú! – No pudo evitar detenerse cuando vio al gato salir de un salto del escondite que había estado antes. – Al parecer te gusta emboscar. – molesta le sacó la lengua. – No me volverás a ver cayendo al suelo. – el gato de ojos amarillos simplemente la miró sentado frente de ella. Inquieta por su mirada fija, volvió a caminar, esquivando al gato.
Siguió caminando mientras daba pequeños mordiscos a su masita en forma de pescado, había comprado una bolsa llena para poder caminar de regreso a su casa mientras comía.
– Temari. – Se detuvo al escuchar su nombre, al girar le sorprendió ver al gato y sus ojos se abrieron del horror al creer que el felino le había llamado. – ¿Es tú gato? – Giró hacia la voz, encontrando al Uchiha montando en su bicicleta.
– ¿Me estás siguiendo? – preguntó ofendida y molesta. – Uchiha te romperé la pierna si sigues de acosador.
Itachi abrió los ojos y de inmediato negó.
– No, no, no es eso. – Soltó una y otra vez ante la mirada de la rubia que no le estaba creyendo. – dónde quedó sobre que es malo acusar sin pruebas. – le recordó sus palabras.
– No te estoy acusando, te estoy amenazando. – Aclaró. – Estoy intentando que te mantengas lejos de un posible ir directo al hospital.
Itachi ríe.
– Había escuchado que eras muy problemática, y veo que te queda bien. – Temari frunció el ceño, nadie le había dicho de esa manera y no había escuchado rumores sobre eso. Itachi al notar su confusión, le aclara. – Un amigo de mi hermano, le escuché decir que tú eres muy problemática, te decía mujer problemática.
– ¿Mujer problemática? - Indignada mencionó con un tic en la ceja. – ¡Dime su nombre para enterrarlo vivo!
La sonrisa del Uchiha se borró. Temari temió lo peor.
– Es el chico que desapareció la semana pasada.
– Shikamaru Nara. – La rubia nombró bajando la cabeza.
– Era también amigo de Gaara. – Mencionó. – a él le gustaba. – El felino siseó y maulla mirando al Uchiha. El muchacho miró confundido al gato negro que tenía su pelaje erizado, la cara fruncida en amenaza y soltaba ese sonido amenazador. – ¿Es tu gato? – Volvió a preguntar a Temari que también miraba al gato.
– No. – Mencionó. – Lo encontré ayer, y hoy me está siguiendo.
– Debe tener hambre. – Itachi se inclinó para poder acariciar al felino, que al notar su mano, descubre sus garras, de inmediato apartó la mano.
– Al parecer si hay alguien más que no le agrada. – dijo dichosa la rubia, como si fuese un gran triunfo. Se inclinó y le extendió uno de sus peces. El felino olisquea el alimento antes de poder comer.
– Al parecer si hay alguien más que le agrada. – Dijo observando a la muchacha.
– Lárgate. – Temari le ordena.
– Pronto va a llover. – Mencionó mirando el cielo. – Si quieres te acompaño a llevar al gato a un refugio.
– El único refugio que hay es de perros. – Menciona. – Lo llevaré a mi casa, deberías irte, no quisiera que tú padre tenga otro ojo morado de parte de mi padre por estar insultando a uno de sus hijos. – Sus ojos afilados miraron con amenaza a Itachi que no tuvo más remedio que pedalear, dejando atrás a la rubia y al gato extraño.
…..
– Shikamaru Nara. – Menciona una vez cambiada de ropa, aquel nombre estaba dando mucha vuelta en su cabeza. Se sentó en su silla, giró mirando al gato que lo había hecho entrar a ocultas, no sabía si su madre la dejaría tener al gato. El animal simplemente estaba en un rincón, mirando la cama. – No vas a dormir en mi cama. – Dijo en un tono serio. – Y solo estarás hasta que la lluvia pase.
Se levantó y fue hasta la habitación de su hermano menor, tocó la puerta y antes de que volviera a tocar, la puerta se abre revelando a su hermano que tenía un aspecto terrorífico al que se había acostumbrado.
– ¿Qué quieres? – Su tono ultratumba completaba su apariencia de un chico nada amigable, no entendía quién en su sano juicio podría ser amigo de alguien como su hermano.
– ¿Sabes quién era Shikamaru Nara? – Si su hermano tuviera cejas, posiblemente ellas le daría pista de lo que estaba pensando. – No me refiero de que sólo es el chico que desapareció, es solo que escuche algo de él, y si fue tu amigo, por qué no lo recuerdo. – Se encogió de hombros.
Gaara miró a su hermana poniendo más nerviosa, hasta que un una bola de pelos llamo su atención, el felino salía de la habitación de la rubia.
– Kankuro es alérgico a los gatos, no puedes tener uno. – Temari se espantó por las palabras de su hermano, giró su cabeza encontrando al felino bajo el marco de su puerta.
– ¡Es que eres tonto! – Mencionó molesta, y voltea a ver a su hermano con súplica. – Solo estará hasta que el mal clima se vaya, por favor. No saldrá de mi habitación. – Suplicó.
Gaara miró al gato, tenía algo extraño en su mirada. No era una mirada común de un felino, sino de algo que lo estaba inquietando.
– Shikamaru Nara vino un par de veces a la casa, junto con Naruto.
– ¿El de cabello rubio que no paraba de gritar hasta que papá lo mandó callar? – Gaara asiente sin dejar de pensar que algo extraño estaba pasando. – Pero…
– Solo recuerdas a Naruto. – Adivinó. Temari se siente confundida. – Hasta has hablado con él, no solo una vez. – Temari se sorprendió. Gaara no pudo evitar dar un paso más para encarar a su hermana. – No sé mucho de relaciones, pero Naruto juraba que salían juntos, que eran novios secretos.
– ¿Es una broma? – Ríe nerviosa. El pánico le estaba comenzando a invadir por completo. – ¿Cómo podría? – Abrió la boca sin saber que decir, negó con la cabeza, sus ojos alterados alarmó a Gaara que agarró del brazo de su hermana y le obligó a verlo.
Con un tono pausado pero letal, le preguntó:
– ¿Realmente no lo recuerdas?
Temari sintió que en su pecho nacía una enorme angustia, algo le decía que no era por el olvido selectivo en su mente.
– Gaara ¿Qué está ocurriendo? – Pregunta en un tono angustioso, su vista se volvió borrosa. Pudo sentir un pelaje suave acariciando su pierna, al bajar la vista, se encontró con el felino intentando consolarla. Borró con brusquedad un par de lágrimas y cargó en sus brazos al gato.
…..
Sus manos seguían temblando, Gaara le había mostrado una foto del aspecto del tal Shikamaru Nara, una imagen que había visto dentro de su galería de fotos, en una carpeta que tenía contraseña. Apagó el celular y lo apretó con fuerza.
No entendía nada de lo que estaba sucediendo, las fotos demostraban que había tenido una relación muy cercana con el chico, pero no recordaba nada de lo que había detrás de las fotos. Se veían sonrientes, felices, él la abrazaba y su mirada estaba llena de amor, como la de ella.
Suspiró agobiada, dejó el celular y abrazó al gato que seguía intentando consolarla.
– Hueles al bosque. – dijo al gato. – ¿Por qué no hueles a gato mojado? – Le pregunta antes de enterrar su nariz en el pelaje oscuro del gato que comenzó a presionar su hombro con las almohadillas de su pata.
…………….
Desde que había preguntado a su hermano por Shikamaru Nara, su vida había cambiado por completo. Se sentía más apática y cabizbaja por la sensación de vacío que la embargaba dentro.
Su mente intentaba buscar o armar el rompecabezas de lo que le estaba ocurriendo, no podía creer que tenía una laguna de olvido, pero era evidente que padecía de alguna enfermedad, porque cuánto más se esforzaba en buscar algún recuerdo de él estando en su casa, en la escuela o hablando con sus hermanos o con ella. Nada le venía a la mente, solo una espesa nube.
Lo peor es que las pesadillas habían aumentado, y la vigilia del gato sobre ella, era más frecuente, y en el mismo lugar. Cuando pasaba por aquella calle que tenía una bifurcación para ir al bosque, el gato saltaba de su escondite y con su mirada la seguía, y solo dejaba de sentir su mirada cuando el bosque estaba lejos.
Todo le parecía extraño, a veces pensaba que se estaba volviendo paranoica y pronto iba a estar loca. Y eso le estaba dando pavor, quería huir, escapar pero no sabía dónde ocultarse. Nunca se imaginó que algún día la gran Temari Sabaku No pensará en esconderse, en vez de hacer frente al problema. Esconderse no era algo que la caracterizaba, y que lo estuviera considerando la idea, le daba miedo, todo por un enigma que la estaba desgastando física y mentalmente.
Sabía cuál era la solución sensata. A pesar del temor que sentía, caminó decidida hacia el lugar, aunque su firmeza se fue quebrando cuando lo tuvo frente a ella.
Miró al bosque con una sensación extraña. El maullido del felino hizo que girará al verlo. El gato la miraba con cierta tristeza.
– ¿Qué hay dentro del bosque? – Pregunta al gato como si entendiera, miró al bosque y luego a ella, soltó un lamentable maullido, uno solo. Temari tenía un nudo en la garganta. – Guíame. – Soltó en un tono estrangulado, las lágrimas escapaban por sus ojos. Sentía un vacío indescriptible.
El gato, como si la hubiera entendido por segunda vez, caminó hasta dentro del bosque. Temari esnifa por la nariz, está vez no quería huir, quería respuesta y sabía que lo tendría dentro del bosque.
Al entrar al bosque, descubrió que el gato la estaba esperando. Comenzó a caminar cuando la vio acercarse. El felino se movía con maestría, en un parpadeo ya estaba algo lejos, pero él la esperaba, sin embargo, antes que ella pudiera caminar a su lado, el felino comenzaba a caminar, manteniendo una distancia entre ellos.
Cada vez que entraban más al bosque, sentía que ya estuvo más de una vez dentro, la sensación le produjo un sentimiento ambiguo y un profundo dolor. Sus ojos se quemaban por las lágrimas saladas que intentaba aguantar, pero ellas salían por cada parpadeo.
Comenzó a hiperventilar, y no fue porque el gato desaparece, sino por la sangrienta escena de dos cuerpos. Uno de ellos estaba de espalda, por la postura que tenía antes de morir, supuso que estaba arrastrándose para alejarse, pero tenía clavado una barra metálica sobre su cabeza, que arriba en la punta tenía tres hojas filosas en curva. Y en el otro extremo, apoyado de espalda en uno de los árboles, con la cabeza inclinada, estaba el otro, con una enorme mancha de sangre seca y la piel pálida, también.
Las piernas le temblaron y sintió que iba a vomitar. Arrastrando los pies caminó hasta el que estaba sentado en el suelo bajo la sombra de un árbol. El olor a putrefacción le llegó, pero no le provocó el deseo de alejarse. Su mano temblorosa se extendió hasta el rostro, al alzarlo, notó una sonrisa pequeña y los ojos cerrados. Las lágrimas se acumularon, volviendo a derramarse.
– Shikamaru. – acaricio su frío rostro, en su mente llegaron algunas imágenes.
Habían acordado reunirse nuevamente en su sitio, a la misma hora de siempre, ella bajó por la ventana de su habitación y a pesar de la noche, caminó feliz hasta el bosque. En la entrada, le esperaba él. Juntos se adentraron, tomados de la mano. Mientras caminaban, hablaban de todo y de nada, a veces se mantenían en silencio escuchando los grillos, los insectos o algún búho que los vigilaba con sus ojos enormes. Cuando llegaron a su claro, comenzaron a abrazarse y besarse. Hasta que escucharon una rama quebrarse. Su agitada respiración por el beso, no le permitía escuchar algo más. Él se había levantado y propuso revisar si había algún venado.
La tranquila noche se volvió una persecución, un escape de huir de un maniático que sacudía un arma de tres hojas filosas. Ella había podido escapar, pero…
– Ese no era el plan. – Soltó con la voz entre cortada, la garganta la sentía quemar por el llanto. – Teníamos que correr en dirección contraria, correr hasta el pueblo… ¡Por qué tuviste que actuar como un héroe! – molesta le sacude. – ¡Teníamos que llevarlo al pueblo y pedir ayuda! ¡Tú mismo lo dijiste! ¡Shikamaru!
– Sólo te quería a ti. – Temari no se asustó al escuchar su voz. Voltea a verlo, el tono transparente de su figura, le señalaba que era solo un espíritu, un fantasma. Temari niega con la cabeza. – Me di cuenta cuando él te siguió a ti, tuve que actuar.
– Era yo o tú. – Murmuró, y pensó que era mejor ella.
– De los dos, eres el más fuerte. Yo no podría vivir en un mundo sin ti. – Dijo mirando con una ternura incondicional, con tanto amor que Temari sintió un nuevo nudo instalarse en su garganta. Se levantó como pudo y se acercó al fantasma.
– Fuiste un egoísta, un cobarde. – le soltó en la cara.
– Tal vez. – admitió con una leve sonrisa. – Había pedido que no me recuerdes, pero al verte entrar al bosque, supliqué que no lo hiciera.
– ¿A quién le pediste? – A este punto no debía sorprenderse de que existiera algún otro ser que tenga poder sobrenatural.
– No importa. – La risa de Shikamaru era como una brisa suave.
– Tus padres te están buscando. – Murmuró mirando su cuerpo. – y no pidas que vuelva a olvidarte, yo quiero recordar. – Miró a sus ojos, una de sus manos se alzó, no temblaban, solo quería tocarlo, ansiaba sentir el calor de su piel. Pero solo sintió el frío. Negó sin poder aceptarlo.
– Temari, lo siento. – Pidió, desapareciendo lentamente. Temari cayó al suelo de rodilla y comenzó a llorar con fuerza, se aferró al cuerpo muerto de Shikamaru.
No pudo escuchar los pasos de un par de personas que habían entrado al bosque.
– ¡No! – Yoshino gritó con fuerza al ver a su hijo sin vida. – ¡Mi hijo! – la mujer en un llanto desgarrador se derrumbó sin fuerza, a su lado su esposo intentó contener su propio dolor, pero no pudo.
El alguacil, junto con el grupo de personas que se habían reunido para nuevamente buscar en el bosque, llamó por la radio al grupo de oficiales para comenzar con el protocolo de levantamiento de los cadáveres.
Fin.
