Capítulo 12: Incomprendidos
"Perhaps one did not want to be loved so much as to be understood"
(Quizás uno no deseaba tanto ser amado como deseaba ser comprendido)
George Orwell, 1984.
Cuando Ted entró en la casa de Scarlet Raven, Victoire ya se encontraba aguardándolo en la sala de estar.
—¿Dónde está? —preguntó inmediatamente Lupin en cuanto estuvo frente a ella. Victoire le lanzó una mirada contrariada.
—Ted… —quiso hablar. Pero él estaba demasiado ansioso como para escuchar.
—Necesito verla, Vicky —insistió, su voz destilando una leve desesperación. Victoire asintió con un gesto de comprensión.
—Lo sé —le concedió. Ted se sorprendió. Volvió a mirarla, esta vez prestándole verdadera atención. Se percató de que Victoire lucía verdaderamente preocupada. —Pero antes de que entres… —tragó saliva. Le estaba costando hablar, y eso no era habitual en ella. Lupin se preocupó aún mas—. Tienes que saber que no se encuentra nada bien.
—¿Se está… muriendo? —se animó a preguntar Ted, pero solo pensarlo le provocó un nudo en la garganta.
—No. Pero ha sufrido heridas graves… He intentado curar la mayor parte, pero algunas son… antiguas.
—¿Antiguas? —repitió el muchacho, sin comprender. Victoire esquivó su mirada.
—Me refiero a heridas viejas. Fracturas que han soldado mal… Cortes infectados que no han terminado de cicatrizar… Contusiones internas… —empezó a enumerarle Weasley. Ted sintió como si el piso debajo de sus pies se hubiese evaporado y ahora estuviese cayendo hacia el vacío. —Todo indica que la han estado torturando durante semanas.
Ted dio un paso hacia atrás, sintiéndose mareado e inestable. Sintió que Jasper lo sujetaba de un brazo, sosteniéndolo y ayudándolo a sentarse en uno de los sillones cercanos.
Todo este tiempo desde la caída de Ucrania… Cuando barajaba las posibilidades sobre lo que le podría haber sucedido a su amiga, el peor escenario consistía en ella muerta en el bosque. Una parte de él guardaba esperanzas de que hubiese escapado a tiempo. Pero jamás había sopesado la posibilidad de que la hubieran capturado y torturado.
—Meses —graznó Ted, con voz ronca.
—¿Qué?
—La han torturado durante meses —aclaró, encerrando la cabeza entre las manos.
—Es… posible —aceptó Victoire—. Su condición de híbrida le da una mayor resistencia y una cicatrización más rápida que el promedio de los humanos y… —se detuvo abruptamente recordando que no estaba conversando con otros colegas sanadores.
—¿Qué más? —Ted deseaba saber. Victoire lanzó una mirada de soslayo hacia Scarlet, quien hizo un movimiento afirmativo con la cabeza casi imperceptible. Victoire tomó aire profundamente antes de continuar.
—Creo que alguien ha estado sanándole las heridas entre medio de las torturas. Es un trabajo un poco rústico, así que asumo que no se trataba de un profesional —explicó la sanadora.
—¿Alguien la curaba después de las torturas? ¿Por qué? —la historia se volvía cada vez más terrible para Ted. A pesar de estar sentado, seguía sintiendo que el piso bajo sus pies era inestable. Victoire abrió la boca pero no salieron palabras de ella.
—Para mantenerla con vida hasta la siguiente sesión… Hasta que les dijera lo que sea que querían extraerle —respondió en cambio Scarlet, con su voz desapasionada y fría. El estómago de Ted dio un vuelco, asqueado.
—¿Qué clase de monstruo haría algo así? — masculló por lo bajo, horrorizado.
—La clase de monstruo que disfruta de jugar con la comida antes de comerla —respondió Raven innecesariamente.
—Quiero verla —volvió a pedir Ted, poniéndose nuevamente de pie.
—De acuerdo —aceptó Vicky, aunque era evidente que seguía preocupada. Lo guió hasta la puerta de la habitación de húespedes y se detuvo con la mano sobre el picaporte—. Debes saber que, después de lo que ha atravesado, no se encuentra del todo… lúcida. Puede no reconocerte, Ted.
Abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarlo entrar.
Era la primera vez que Ted volvía a ver a Katya Danilova desde aquel día en que se despidieron en los límites del Bosque. Sintió deseos de llorar.
Durante largos segundos, simplemente la contempló, recostada sobre el colchón, una figura escuálida y desnutrida, con la piel serosa y frágil, los ojos cerrados y hundidos, el cabello sucio y opaco. Poco quedaba del color rosa que solía llevar y que a Ted le recordaba a las fotos de su madre de joven. Llevaba puesta una túnica sucia y rota, manchada con sangre reseca y vieja. De no ser porque su pecho oscilaba de forma rítmica, Ted habría pensado que se trataba de un cadáver.
—¿Ha dicho algo? —susurró Ted, sin animarse a entrar más en la sala ni hablar demasiado fuerte. El más mínimo sonido parecía capaz de lastimarla.
—No. Se desmayó frente a nosotros y no ha despertado desde entonces —respondió Zaira.
—¿Y por qué está encadenada? —se percató, observando las manos de Katya, un par de muñecas de aspecto quebradizo, rodeadas por fuertes cadenas de acero que la aferraban a los postes de la cama.
—No sabemos cómo puede reaccionar cuando despierte —explicó Victoire en un tono conciliador.
—Ella no es nuestra enemiga —afirmó Lupin, su voz adquiriendo un tono grave alarmante.
—Es posible que ella no se encuentre del todo en control de sí misma en este momento, Ted —insistió al respecto Zaira, respaldando a Victoire.
—Suéltenla —ordenó Lupin. Victoire lanzó una mirada de auxilio hacia Zaira, pero fue Scarlet quien intercedió.
—No creo que eso sea una buena idea, Lupin —le dijo con sorprendente delicadeza.
—Lleva meses encadenada y encerrada. No escapó de una prisión para que nosotros la encerremos en otra —comenzó a enfurecerse Ted.
—¿Has pensado la posibilidad de que talvez no escapó, sino que la dejaron ir? —le respondió Raven con astucia. Ted negó fervientemente con la cabeza.
—¿Por qué habrían de soltarla? —Lupin sentía que esa conversación carecía completamente de sentido. Pero Scarlet curvó una ceja desdeñosamente, haciéndolo sentir como un niño que no entendía algo importante. Lentamente, la implicancia de lo que Raven había insinuado comenzó a tomar forma dentro de él. —Crees que la enviaron para atacarnos —comprendió, empalideciendo.
—Es una posibilidad —reconoció Zaira, en un tono más conciliador.
—No —se negó a creer Ted—. Yo la conozco. Ella nunca me atacaría.
—Y yo lo conozco a Ford —le recordó Scarlet—. Si ese monstruo se ha metido dentro de su cabeza, es posible que la chica que tú conociste ya no exista, Lupin.
—No voy a hablar con ella encadenada a una cama —Ted se mantuvo en su postura con tozudez.
—Es demasiado peligroso —se negó Scarlet.
—No si nos quedamos cerca por si algo sucede e intervenimos a tiempo. Somos cinco brujos entrenados. Tres de nosotros hemos recibido entrenamiento avanzado en Camelot. Y ella está claramente debilitada y herida —intervino inesperadamente la voz de Jasper Yaxley.
Ted torció la cabeza hacia él, aturdido. El muchacho se había mantenido tan silencioso durante la discusión que Lupin se había olvidado que estaba ahí. Le sonrió a modo de agradecimiento y Jasper le devolvió el gesto con un mínimo movimiento de cabeza.
Ted volvió a mirar hacia Victoire, suplicante. La chica rubia lucía visiblemente incómoda y desvió a su vez la mirada hacia Zaira, con la esperanza de que ella le dijera qué hacer. Zaira sopesó la propuesta unos segundos.
—Podemos intentarlo —aceptó finalmente. A su lado, Scarlet resopló molesta. —La liberaré y Victoire la sacará del hechizo somnífero en el que se encuentra… Pero si muestra alguna señal de peligro, la aturdiremos inmediatamente —explicó la Aurora.
—Esto es una pésima idea, Zaira —masculló por lo bajo Scarlet, pero aún así sacó su varita y se posicionó en guardia.
Ted se acercó a la cama y se sentó en el borde de la misma. Le dolía mirar a Katya en ese estado. La muchacha que él recordaba era ágil, fuerte e indomable.
Zaira sacudió su varita y las cadenas que sujetaban a Katya se esfumaron. Los ojos de Ted se encontraron con los de Victoire. Sintió un calor en el pecho reconfortante cuando ella le regaló una tímida sonrisa en señal de apoyo. Ted asintió con la cabeza, dándole la señal. Y Victoire removió el hechizo que mantenía a Katya dormida.
—¿Kat? —la llamó Lupin con suavidad, apoyando una mano con extremo cuidado sobre su hombro.
Los ojos de la muchacha se abrieron inmediatamente, enormes y dilatados. Durante unos segundos, recorrieron la habitación con movimientos frenéticos y finalmente se posaron en Ted.
Era una mirada extraña. Vacía. Lo miraba sin mirarlo.
—Kat —volvió a llamarla e intentó sonreírle. Ella entornó los ojos, enfocándose mejor en él. Ted pudo ver cómo lentamente su expresión cambiaba mientras su mirada recorría su rostro, reconociéndolo.
Katya se sentó con dificultad en la cama sin despegar la mirada de él. Estiró una mano escuálida y de dedos largos, cubierta de tatuajes exóticos y artesanales, y rozó con la yema de los dedos la mejilla de Ted, comprobando que no era simplemente un espejismo.
—¿Ted? —habló con una voz extraña, afónica y cruda.
Ted sonrió aliviado al escuchar su nombre saliendo de la boca de Katya. La mano de Katya acarició con más confianza su mejilla, deslizándose lentamente hacia su mandíbula, y descendiendo hasta el cuello.
Los dedos largos de Katya se cerraron como tenazas alrededor del cuello de Ted, tomándolo completamente por sorpresa. Instintivamente Ted intentó tomarla de la muñeca y obligarla a soltarlo, pero Katya respondió levantando su otra mano y sofocándolo con ambas.
Para ser una muchacha desnutrida y herida, tenía una fuerza sorprendente. Estaba comprimiendo su tráquea con suficiente presión como para dificultarle la entrada de aire.
Por el rabillo del ojo pudo ver que el resto levantaba sus varitas y se preparaban para atacar.
—¡No! —jadeó con dificultad Ted. Victoire fue la primera en reaccionar, bajando su varita e interponiéndose en el camino de los demás.
—¡Weasley! Hazte a un lado —le gritó Raven, enardecida.
—¡Denle un momento! —rogó Vicky, lanzando una mirada desesperada por sobre el hombro hacia donde se encontraba Ted, luchando contra las manos inclementes de quien se suponía era su amiga.
—¿Un momento? ¡Lo está ahorcando! —Raven sonaba verdaderamente indignada.
Pero Ted se enfocó en Katya. En sus manos enroscadas alrededor de su cuello como garfios. En su mirada extraña, desencajada. En el brillo escarlata que teñía su iris.
—Kat… Soy yo —intentó hablar Ted, un sonido sofocado y dificultoso a causa del limitado aire que lograba ingresar en su vía aérea.
—No —gruñó Katya, apretando más sus manos—. No eres real —dijo, mientras cerraba fuertemente los ojos—. No eres real —repitió otra vez, para ella misma.
—Kat, mírame —le rogó Lupin, e hizo algo que iba en contra de todo instinto de supervivencia. Le soltó las muñecas, dejando de resistirse contra su ataque.
Katya abrió inmediatamente los ojos.
—Soy yo —volvió a repetirle Ted, alzando las manos a los costados de su cuerpo en señal de rendición.
Sintió que los dedos de Katya se aflojaban, permitiéndole respirar un poco mejor, pero no terminaban de soltarlo.
—No es posible —siguió diciendo ella, aunque se podía percibir la duda en su voz—. Es una ilusión. Es otra mentira —intentó convencerse a sí misma.
—Es real —la contradijo con delicadeza Ted—. Yo soy real.
Lentamente, los dedos de Katya empezaron a ceder, hasta finalmente soltarlo. Su rostro pasó de la sorpresa al horror al caer en cuenta de lo que había hecho, y retrocedió todo lo que pudo en la cama, poniendo la mayor distancia posible entre Ted y ella.
—Es imposible —susurró todavía confundida.
—Lograste escapar, Kat —trató de apaciguarla Ted.
La mirada de Katya se volvió vacía, distante. Por un instante, estuvo completamente ausente. Se llevó una mano hacia su propia boca, apenas rozando sus labios con los dedos, recordando.
—¿Ted? —volvió a repetir, y una sonrisa frágil curvó sus labios resecos. De improviso, se lanzó sobre él, abrazándolo.
Ted exhaló, soltando el aire que había contenido inconscientemente. Envolvió a Katya entre sus manos, conteniéndola. La sintió temblar y sollozar contra su pecho.
—Iré a preparar una bebida energizante —se excusó Victoire, saliendo apresuradamente de la habitación. Ted amagó a decir algo, pero Zaira le hizo un gesto con la cabeza, indicándole que la dejara ir.
Katya tardó un rato en recomponerse. Para cuando Victoire regresó con una taza de una bebida humeante, la híbrida se había separado finalmente de Ted y se encontraba sentada en el borde de la cama, con las piernas colgando. Le tendió la taza sin decir nada, y sintió la intensidad de la mirada de Katya sobre ella, analizándola.
—Gracias —habló finalmente, mientras aceptaba la taza. Victoire se limitó a asentir con la cabeza. Ted esperó a que bebiera antes de empezar a hacerle preguntas.
—¿Cómo supiste donde encontrarme? —fue lo primero que decidió preguntar, pues parecía la pregunta más inocua de todas. Katya torció una sonrisa de lado, un destello de sarcasmo iluminándola brevemente.
—No supe que estabas aquí hasta estar a unos pocos kilómetros del pueblo, cuando finalmente pude oler tu esencia —explicó ella—. Vine aquí porque tú siempre hablabas de tu colegio como si fuese tu hogar. Supuse que si había alguna forma de contactarte, sería desde aquí.
—Muy astuta —remarcó Jasper con admiración.
—El Bosque… ¿qué sucedió con el Bosque? —pareció recordar de golpe Katya. La alarma en su voz hizo estremecer a Ted.
—Lo destruyeron prácticamente por completo… Lo siento mucho —se disculpó él. Katya tragó en silencio, manteniendo una fría compostura. Se había esperado esa respuesta, pero aún así, Ted sabía que debía de estar sufriendo por dentro.
—Y la gente del bosque…
—Creemos que no quedaron sobrevivientes —le informó Ted.
Katya cerró los ojos e inspiró profundamente. Scarlet carraspeó con impaciencia y le hizo un gesto a Ted con la mano, incitándolo a que continuara.
—Kat… ¿recuerdas algo de lo que sucedió en el Bosque? —Ted decidió empezar por el principio.
—Los vampiros nos traicionaron y los ayudaron a entrar —empezó a hablar Katya, de forma pausada, extrayendo los recuerdos de lo profundo de su memoria.
—¿A quiénes? —intervino Scarlet. Ted le lanzó una mirada de advertencia pero al mujer lo ignoró.
—A los Magos —respondió Katya en un siseo—. Me acorralaron antes de que pudiera abandonar el bosque.
—Pero no te mataron —señaló con sorna Raven. Katya levantó la cabeza en un gesto orgulloso.
—No —respondió secamente.
—¿Por qué?
—Querían saber de Ted —soltó entre dientes apretados. Estaba molesta, Ted podía notarlo. —Y del señor Malfoy. Y de la visita que hicieron hace dos años para hablar con la familia Solcoff.
—¿Qué les dijiste? —preguntó Zaira, alarmada. Katya se removió en la cama, enderezándose y encuadrando los hombros en actitud desafiante.
—Nada —respondió. Scarlet alzó las cejas con escepticismo. Era evidente que tenía toda la intención de seguir preguntando, pero Ted se adelantó.
—¿Sabes a dónde te llevaron después de capturarte en el Bosque? —intentó recuperar un tono de conversación más tranquilo. La híbrida negó con la cabeza.
—Me dejaron inconsciente. Cuando desperté, ya estaba dentro de una celda —respondió.
—¿Era una prisión? —decidió averiguar un poco más Ted.
—No lo sé.
—¿No lo sabes? —repitió Scarlet, frunciendo el ceño.
—No me hicieron una visita guiada por las instalaciones, bruja —espetó Katya, irritada. A pesar del tono agresivo, Ted notó que la comisura de los labios de Raven se curvaban hacia arriba. La respuesta de Katya la había impresionado.
—¿Sabes si había otros prisioneros? —inquirió Zaira, asegurándose de formular la pregunta de la forma más suave posible. Katya se humedeció los labios y asintió.
—Iban y venían… Algunos duraban semanas. Otros tan solo unas horas —rememoró Katya, su mirada ensombreciéndose.
—Pero tú duraste meses. Y sin hablar —señaló Scarlet en un tono provocador.
—Scarlet —espetó Zaira, mirándola con dureza. Raven revoleó los ojos, pero guardó silencio.
—¿Tienes idea de quienes eran las personas al mando de ese lugar? —retomó el interrogatorio Ted. Katya se encogió de hombros.
—Magos. Todos ellos —escupió con evidente resentimiento.
—¿No llegaste a escuchar sus nombres? —le pidió Ted con una mirada suplicante. Algo cambió en el rostro de Katya ante la pregunta, algo que Lupin no fue capaz de descifrar porque la muchacha recuperó rápidamente la compostura.
—La mayoría eran brujos jóvenes… No mucho mayores que tú o que él —respondió señalando en dirección a Jasper—. Acostumbraban a vestir túnicas rojas, y la única interacción que tenía con ellos era cuando me arrastraban hacia la sala de tortura.
Se hizo un silencio denso e incómodo. El aire de la habitación se volvió difícil de respirar. Finalmente, habían llegado al tema más delicado de todos.
—Duncan Ford —susurró Katya, y una sombra opacó su mirada, drenando el poco color que tenían sus mejillas—. Él estaba a cargo de las torturas —agregó con voz ronca. Los labios resecos de Katya se torcieron en una sonrisa amarga. —La mayoría se cuidaba de no usar sus nombres frente a los prisioneros, a excepción de ese él… Le gustaba regodearse. El hijo de puta estaba seguro de que ninguno de nosotros saldría vivo de allí —explicó Katya.
—Pero lo hiciste —interrumpió Scarlet, sagaz—. ¿Cómo?
Katya se tomó unos segundos para responder. Cuando lo hizo, habló con una voz controlada e impasible.
—Derribé a mi carcelero cuando entró en mi celda creyendo que yo estaba inconsciente.
—Un poco torpe de su parte, ¿no? —siguió pinchando Raven. Los ojos de Katya relampaguearon.
—¿Algún otro nombre que recuerdes? —intervino nuevamente Ted, intentando calmar el fuego cruzado entre las dos. Katya hizo una pausa, recapacitando.
—Había un muchacho… Creo que era el aprendiz de Ford… —Katya frunció el ceño, haciendo un esfuerzo por recordar—. Heros —soltó finalmente.
—¿Heros? ¿Morgan? —repitió Jasper.
Algo en su voz hizo que Ted girase a mirarlo. El joven auror tardó unos segundos en recuperar la compostura, pero fue suficiente para que Ted lo notara. Arqueó una ceja inquisitiva hacia Yaxley.
—Es uno de los integrantes de la Marea Roja. Está presente prácticamente en todos los actos —se apresuró a explicar Jasper.
—Eso quiere decir que el lugar donde tienen a los prisioneros no puede quedar demasiado lejos de Londres —razonó Zaira, con un gesto que daba a entender que se sentía orgullosa de su Discípulo. Jasper asintió con un movimiento seco, casi robótico. —¿Crees que puedes guiarnos hasta ahí?
Katya se removió incómoda en la cama, pasándose una mano por entre los cabellos enmarañados y sucios. Ted la vio morderse el labio inferior y tragar con dificultad.
—Yo… —vaciló la híbrida—. Los recuerdos de esa noche que escapé son demasiado borrosos…
—¿No recuerdas o no quieres decirlo? —finalmente estalló Raven, perdiendo la paciencia.
Katya levantó la cabeza para fijar sus ojos en los de Ted. Estaban húmedos.
—No tuve otra opción, Ted —se disculpó con voz estrangulada—. Estaba demasiado débil y necesitaba… Nunca habría logrado escapar de otra forma…
Una sensación desagradable y vertiginosa se apoderó de Ted al escucharla. Por un instante, todo a su alrededor se volvió difuso e indistinguible. Katya encerró su rostro entre sus manos, y retrajo las piernas contra su pecho, volviéndose un ovillo de huesos y harapos.
—Tuve que hacerlo —seguía repitiendo por lo bajo.
—Por Merlín… —susurró Scarlet, cayendo finalmente en cuenta de lo que Katya estaba insinuando.
—Creo que ha sido suficiente —habló Victoire, quien hasta entonces se había mantenido prácticamente en silencio. Ted podía ver la sorpresa disimulada detrás de su máscara de Sanadora—. La paciente necesita descansar. Podrán continuar con esta… charla por la mañana —señaló con la mano hacia la puerta, dando la orden de que todos se retiraran. Se giró hacia Katya y extrajo un pequeño vial de su túnica. —Bebe esto. Te ayudará a dormir —le prometió.
La híbrida tomó el pequeño frasco con dedos temblorosos y lo bebió de un sorbo, sin dudarlo. Luego, se recostó en la cama, dándole la espalda a Ted.
Abandonaron la habitación en silencio, todavía conmocionados por todo lo que acababan de escuchar. Zaira se marchó hacia la cocina a preparar té para calmar los nervios mientras Scarlet se paseaba de un lado al otro por la sala. Victoire se sentó en uno de los sillones con una expresión que Ted no lograba descifrar, en tanto que Jasper se alejó del grupo para quedarse junto a la ventana, mirando pensativamente hacia el exterior.
Scarlet esperó a que Zaira estuviera nuevamente en la habitación para volver a hablar.
—No puede quedarse aquí. Es demasiado peligrosa —soltó Raven.
—¿Y qué propones hacer? —respondió Ted de mal modo. La mujer se cruzó de brazos, mirándolo por encima de la nariz.
—Trasladarla a la Mansión, donde podremos vigilarla mejor —le dijo como si fuese obvio.
—Quieres encerrarla en las celdas de la mansión —se indignó Lupin.
—¡Ford la ha roto! —gruñó Raven—. La pobre chica no sabe distinguir entre el mundo real y el de sus pesadillas. Casi te ahorca. ¡Ha bebido sangre humana, Lupin! ¿Necesito continuar? —enumeró.
—Scarlet tiene razón —dijo Zaira, tras dar un sorbo a su taza de té. Ted giró a mirarla, sorprendido. Había creído que contaría con el apoyo de la aurora—. Esta casa no cuenta con las medidas de seguridad para contener a Katya si su mitad vampiro toma el control.
—No va a perder el control —afirmó Ted. Katya era la mujer más fuerte y con más autocontrol que Ted había conocido jamás. Era una híbrida que había logrado una sorprendente conexión con su lado animal. No era de las que perdían el control.
—No podemos permitir que suceda otro accidente en Hogsmeade —sentenció Zaira, con un suspiro resignado—. Tú más que nadie deberías entender eso.
Sabía que Levington no lo había dicho con intención de herirlo, pero aún así, el recordatorio de la muerte de Dalia se sintió como un golpe bajo.
—Yo iré con ella —dictaminó Victoire, dando un paso al frente. Sus ojos buscaron a Ted para consolarlo—. Me aseguraré de que no se sienta una prisionera de nuevo.
—Gracias —Ted se estaba quedando corto de palabras. No podía ser fácil para Victoire que Katya hubiese aparecido de golpe en sus vidas. Ella le dedicó una sonrisa breve, casi refleja, antes de volver su atención de regreso hacia Zaira. —Lo mejor será moverla ahora que ha tomado la poción —sugirió Weasley.
Zaira asintió y se aclaró la garganta, llamando la atención de Jasper, quien recuperó la postura erguida y alerta propia de un auror. Mentora y Discípulo se alejaron nuevamente hacia la habitación donde Katya dormitaba mientras Victoire tomaba una valija de mano cargada de instrumental médico y la rellenaba con nuevos repuestos de pociones para llevar con ella.
—¿Quién despertará a Potter para contarle las buenas nuevas? ¿Tú o yo? —escuchó la voz ácida de Scarlet junto a él. Ted suspiró.
—Yo —aceptó.
Tomó un puñado de polvos flú y los lanzó dentro de la chimenea. En medio de un remolino de llamas verdes, Ted pronunció la dirección de la casa de los Potter en el Valle de Godric.
Golpeó con su puño contra la puerta de la habitación de forma insistente. En alguna parte de su cerebro, sabía que no debía estar ahí. Simplemente era una pésima idea. Pero aquella noche lo había puesto a prueba en más de una forma como para que en ese momento le importara. Lidiaría con las consecuencias de esa intempestiva decisión al día siguiente, bajo la claridad del sol.
Esa noche, necesitaba otra cosa.
La puerta demoró varios minutos en abrirse. Un adormilado Richard Fox lo recibió del otro lado, frotándose los ojos con una mano y bostezando con la boca abierta.
—¿Jasper? —exclamó sorprendido al reconocerlo. Pestañó varias veces intentando disipar el sueño y enfocar la vista para asegurarse de que estaba viendo bien.
—¿Así que conoces juegos de adultos? —le respondió Jasper con voz ronca. Rick sonrió de manera descarada y se reclinó contra el marco de la puerta, cruzándose de brazos y mirando a Jasper de arriba abajo, como lo había hecho tantas veces durante los entrenamientos las últimas semanas.
—Conozco algunos —le dijo casi en un ronroneo.
—Bien —aceptó Jasper. Sus manos se cerraron sobre la tela de la camiseta que Rick llevaba puesta para dormir, y con una fuerza considerable para alguien de su contextura, empujó a Fox hacia el interior de la habitación.
Su boca buscó de forma sedienta la de Richard. Era un beso frenético, apresurado. Los labios de Rick eran suaves y carnosos, y su lengua se introdujo rápidamente en su boca, mientras sentía sus dedos desabrochándole la chaqueta del uniforme que todavía llevaba puesto.
Jasper chasqueó los dedos, y la puerta de la habitación se cerró, encerrándolos a ambos en el interior.
Se concentró en las placentera electricidad que recorría su cuerpo allí donde Richard lo rozaba con los dedos mientras lo desvestía, en los besos desesperados que se daban mientras peleaban por tomar el control, mordiéndose y lamiéndose, empujándose el uno al otro contra la pared, contra el escritorio, contra la cama.
En ese momento de absoluta lujuria, mientras sentía el cuerpo firme de Rick contra él, mientras saboreaba su piel morena, mientras gemía hasta alcanzar el clímax, Jasper consiguió que su mente quedara finalmente en blanco.
Se desplomó sobre la cama, exhausto y satisfecho, con la respiración todavía acelerada y el cuerpo húmedo. Se permitió quedarse así, con los ojos cerrados durante varios minutos, consciente de que a su lado había otro cuerpo recuperándose.
Cuando su respiración finalmente se acompasó, y el batir alocado de su corazón recuperó su ritmo normal, Jasper volvió a abrir los ojos. Se puso de pie y comenzó a juntar su ropa en silencio.
—¿Qué haces? —le preguntó Rick, apenas abriendo los ojos para espiarlo desde la cama. Seguía completamente desnudo. Se llevó un brazo detrás de la cabeza, para usar como almohada. Observaba a Jasper moverse por la habitación sin vergüenza alguna.
—¿No es evidente lo que estoy haciendo? —le respondió de mal modo Jasper. Por algún motivo, estaba molesto. Rick curvó las cejas.
—Son las cuatro de la mañana, Jasper —le recordó Fox, haciendo un gesto con la cabeza hacia el reloj que colgaba en la pared.
—Sabes leer la hora. Felicitaciones —siguió hablándole con esa lengua filosa suya mientras se colocaba la ropa interior y recuperaba su camiseta de debajo del escritorio. Rick se sentó en la cama, ahora bien despierto.
—Solo digo… Puedes quedarte a dormir si lo deseas… —intentó nuevamente Rick. Jasper resopló, llevándose una mano a la frente, y frotándosela de forma impaciente.
—Mira, Fox…—se exasperó Yaxley.
—¿Fox? Jasper, acabamos de coger. Creo que podemos dejar los apellidos a un lado y llamarnos por nuestros nombres, ¿no? —se burló de él Rick.
Jasper hizo una mueca disgustado. No le gustaba llamar a la gente por su nombre. Implicaba una confianza y una cercanía que le eran incómodos.
—No estoy buscando una relación —aclaró el rubio. Rick se encogió de hombros despreocupadamente.
—Es solo una invitación a dormir, no una propuesta de matrimonio —rió Fox, guiñándole un ojo.
—No acostumbro a quedarme a dormir después de tener sexo —puntualizó él, colocándose finalmente la camiseta. Fox soltó una carcajada fresca que hizo que a Jasper se le erizara el pelo de la nuca.
—Por Merlín, tú si que llevas esto del sexo sin ataduras a otro nivel —comentó con ligereza Rick—. ¿Acaso te relajas en algún momento?
—Acabo de hacerlo —se defendió Jasper. Rick volvió a reír.
—No me malinterpretes, ha estado excelente —dijo mientras se dejaba caer nuevamente contra el colchón.
—¿Pero…? —leyó entre líneas Jasper, entornando los ojos. Una sonrisa gatuna torció los labios carnosos y enrojecidos de Rick.
—Lo habrías disfrutado mucho más si hubieses cedido el control al menos por ese instante.
Yaxley chasqueó la lengua, restándole importancia. Pero las palabras se clavaron en su ego porque sabía que eran verdad. Era incapaz de ceder el control, de relajarse completamente y confiar ciegamente. Era una vulnerabilidad que no disfrutaba. Comenzó a abrocharse nuevamente la túnica mientras rumiaba las palabras de Rick.
—Entonces… ¿qué tipo de revelación tuviste para aparecerte en mi habitación en medio de la madrugada? —siguió preguntando Rick. Jasper lo miró de reojo. Seguía desnudo, la luz titilante de las lámparas mágicas dibujando sombras sobre su cuerpo.
—Pasaba por aquí —dijo evasivamente Jasper. Rick revoleó los ojos.
—¿Por qué es tan difícil hablar contigo?
—¿Por qué quieres hablar conmigo? —volvió a alterarse Yaxley. Rick giró sobre la cama para ponerse de costado, apoyando el codo contra el colchón y sosteniéndose la cabeza con la mano. Esta vez, no sonreía, sino que lo miraba serio.
—Estamos en el mismo bando, Jasper —le recordó.
—Eso no nos convierte necesariamente en amigos —replicó hoscamente, consciente de que las palabras de Rick lo perturbaban más de lo habitual y esperable.
Se acomodó el cuello de la túnica, ansioso por salir de allí. Aquello había sido una mala idea. Solo había conseguido despejarle la mente durante unos minutos, y ahora debía cargar nuevamente con el peso de sus pensamientos más las consecuencias de su precipitado accionar.
—Podríamos serlo —le dijo Rick. Jasper se detuvo.
—Esto ha sido un error. No debería haber venido —fue la reacción de Yaxley, sin girar a mirarlo.
—¿Por qué viniste, entonces? —volvió a preguntarle Fox. Jasper cerró los ojos y respiró hondo.
—Porque necesitaba… distraerme —confesó, dando un paso hacia atrás y alejándose de la puerta. Fox no habló, sino que aguardó en paciente silencio a que continuara. —Hoy mientras patrullábamos Hogsmeade con Levington, dimos con una… chica. Estaba herida —tragó saliva, tomando coraje—. La habían torturado —soltó.
El silencio que siguió a su declaración fue tan absoluto, que Jasper se dio vuelta para comprobar que Richard seguía allí. Efectivamente, el muchacho se había sentado en la cama y tenía la sábana amarrada a la cintura. Lo escuchaba atentamente.
—Durante meses, la Rebelión la tuvo encerrada en algún lugar de mierda, haciéndola pasar hambre, jugando con su cabeza y su cuerpo… —Jasper se pasó una mano nerviosa por los cabellos rubios. Se sentía asqueado, con el estomago revuelto.
—Cielos —exclamó Rick. Le tomó unos segundos procesar la información y elaborar una respuesta adecuada—. ¿Se encuentra… a salvo?
—Está viva, si a eso te refieres —chasqueó la lengua con amargura. Rick frunció levemente el entrecejo, afectado. —Pero es un puto desastre. Le han jodido la cabeza.
—De seguro hay algo que los Sanadores pueden hacer… —intentó consolarlo Fox.
Pero Jasper se encogió de hombros. De repente, se sentía cansado. Se dejó caer sobre la silla que había frente al escritorio, su postura desmoronándose como un castillo de arena. Todas sus barreras se derrumbaron, dejándolo expuesto, haciéndolo sentir desnudo a pesar de que se había vuelto a vestir.
—No te conviene ser mi amigo, Fox —sentenció finalmente, dejando caer la cabeza hacia delante, derrotado—. Las personas que se acercan demasiado a mí tienden a terminar mal.
—Eso no es verdad —negó inmediatamente Rick, casi sin pensarlo. Una risa sin humor escapó de los labios de Jasper.
—Heros Morgan y yo solíamos tener sexo en Hogwarts —soltó abruptamente, levantando apenas la cabeza como para poder ver la reacción de Richard a través de los mechones de cabello que le caían sobre la frente. El moreno abrió grandes los ojos, quedándose momentáneamente sin palabras.
Rick se puso de pie y caminó hasta él. Se acuchilló sobre sus talones, el torso todavía descubierto y la sábana cubriéndolo de la cintura para abajo. Sus ojos verdes irradiaban una calidez que Jasper no creía merecer.
—No había forma de que supieras en ese entonces que terminaría uniéndose a la Rebelión —le dijo Rick con una inocencia que resultaba dolorosa.
—No me preocupé por saberlo tampoco —confesó Jasper, evadiendo su mirada—. Estuve todo mi último año acostándome con un torturador y ni siquiera me di cuenta. ¿En qué clase de persona me convierte eso? —el remordimiento en su voz era evidente. No se gastó en disimularlo.
—Jasper —lo llamó Fox. Había cierta autoridad en su voz al pronunciar su nombre, y Yaxley cedió al llamado y volvió a mirarlo. —Eres una buena persona.
Jasper quería creerle. Pero una parte de él no podía dejar de pensar en que si tan solo le hubiese prestado un poco de atención a Morgan, tal vez la historia habría sido diferente. No dejaba de darle vueltas a la idea de que su incapacidad para vincularse normalmente con las personas era un factor determinante en esa ecuación. Rick pareció leerle los pensamientos, porque volvió a hablar.
—No eres responsable de las malas elecciones que toma la gente a tu alrededor —había algo reconfortante en la seguridad con que Rick hablaba. Jasper tardó unos minutos en recuperar la voz.
—No podemos repetir esto si vamos a ser… amigos —a pesar de que el tono de voz de Yaxley era prácticamente acusatorio, Rick no se sintió intimidado. Por el contrario, esbozó una alegre sonrisa.
—¿Crees que podrás resistirte a mi encanto natural? —bromeó Fox, haciendo un gesto con las manos señalando su propio cuerpo. Jasper torció una sonrisa de lado.
—Haré mi mejor esfuerzo —respondió recuperando su habitual sarcasmo. Una chispa divertida relampagueó en los ojos de Rick.
Jasper se puso de pie, alisándose el frente del uniforme con las manos. Rick se enderezó, y ambos quedaron frente a frente una vez más.
—La oferta para quedarte a dormir sigue en pie —dijo amablemente. Jasper negó con la cabeza.
—Será mejor que vuelva a casa. Si Weasley descubre que no regresé a dormir se pondrá como loca y empezará a rastrearme por todos lados —explicó Yaxley.
Dio un paso hacia la puerta pero se detuvo, indeciso. Giró a mirar nuevamente a Rick, sintiendo que debía decir algo más antes de irse. Pero expresar gratitud nunca había sido de sus fuertes. Rick le guiñó un ojo. Jasper se relajó.
—Nos vemos, Fox —fue todo lo que dijo.
—En ese uniforme, siempre es un placer, Jasper —le devolvió Rick con descaro. Jasper rió por lo bajo y finalmente, abrió la puerta para irse.
Cuando sonó la campana que anunciaba el receso, Lily prácticamente saltó de su silla y salió disparada hacia la puerta del aula.
—¡Voy al baño! —explicó apresuradamente, sin detenerse a comprobar si su amiga Nina la había escuchado.
Apenas se las arregló para llegar hasta el baño más cercano antes de desplomarse sobre uno de los lavabos a vomitar. Las manos le temblaban mientras se aferraba al borde de cerámica fría. Cuando terminó de eliminar todo el contenido de su estómago, levantó la cabeza para observarse en el espejo. Estaba pálida, los ojos inyectados de sangre, la frente sudorosa.
Se enjuagó el rostro y la boca con agua fresca, pero no logró eliminar el sabor amargo que le había quedado en la boca, ni la sensación quemante que todavía ardía en su garganta.
—Mierda —insultó por lo bajo mientras sus manos, que seguían temblando de forma descontrolada, revolvían en su bolso buscando una botella de poción.
Arrancó el corcho con los dientes y bebió dos largos sorbos. Soltó un gemido de alivio cuando el líquido se deslizó suavemente por su garganta, apaciguando los temblores y calmando su estado de ansiedad.
Tras guardar la botella nuevamente en su bolso, volvió a examinarse ante el espejo. Se peinó el cabello, se secó el sudor de la frente y se pellizcó las mejillas para devolverles algo de color. Respiró profundamente varias veces, recuperando el control, y cuando el rojo de sus ojos finalmente empezó a ceder, abandonó el baño.
—¡Lily!
Saltó en el lugar al escuchar su nombre, y una de sus manos se fue hacia su varita mágica mientras la otra se aferraba protectoramente a la mochila.
—Albus —lo reconoció, aunque el alivio que le generó reconocer a un rostro familiar se disipó inmediatamente cuando su hermano entornó los ojos, observándola con más detalle.
—Fui a buscarte a la salida de Encantamientos, pero Nina me dijo que te habías ido corriendo al baño —explicó Albus, sus ojos astutos mirándola con más detalle. Lily chasqueó la lengua.
—Sí, ya sabes… Llamado de la naturaleza —dijo despreocupadamente. Albus frunció levemente el entrecejo.
—Necesito hablar contigo —informó con seriedad. Lily hizo su mayor esfuerzo por mantener la expresión neutral.
—Claro —aceptó.
"Tranquila. No sabe nada" se repitió mentalmente para tranquilizarse. ¿O sí? Tal vez su amenaza contra Hedda no había sido lo suficientemente convincente. Albus se metió en un pasadizo secreto y desierto. Lily contuvo el aliento a la espera de lo que podía suceder.
—Este fin de semana tendremos la primera reunión de la Hermandad —le informó su hermano.
Lily se alegró de que el pasadizo estuviese a oscuras, o de lo contrario Albus habría visto el alivio en su rostro al escucharlo.
—Genial. Ahí estaré —aceptó ella, ansiosa por salir de allí cuanto antes. Pero Albus la retuvo, tomándole el brazo.
—Y Lily… no me he olvidado de ti —le susurró Albus—. He estado pensando que podríamos retomar los entrenamientos la próxima semana…
—No —lo interrumpió bruscamente Lily. Albus guardó silencio, atónito por la respuesta. —Quiero decir… No quiero seguir entrenando, Al.
—¿Qué? —exclamó su hermano. El pasadizo se iluminó bruscamente cuando Albus encendió la punta de su varita. A la luz de la varita, Lily podía ver perfectamente la expresión en el rostro de Albus, mezcla de estupefacción y enfado.
—He estado pensando… Creo que lo mejor es que me concentre en la Oclumancia por el momento —Lily intentó sonar lo más firme que le permitía su voz.
Llevaba varias semanas planeando y postergando esa charla. Esa no era precisamente la forma en que se había imaginado que sucedería, pero ya no había vuelta atrás.
—Pensé que querías controlar tu Don, no esconderlo —la respuesta de Albus destilaba desdén.
Albus no respetaba su elección. Nadie parecía respetarla. Lily se plantó sobre ambos pies y encuadró los hombros. Estaba cansada de que otros le dijeran lo que era mejor para ella.
—¿Te has detenido a pensar que tal vez la Oclumancia es la forma de controlarlo? —respondió con la frente en alto, repitiendo lo que algunos días atrás le había dicho Amadeus.
Albus abrió la boca para decir algo, pero ningún sonido salió de su boca. Lily prácticamente podía ver los engranajes del cerebro de su hermano girando, encastrando entre ellos, desmenuzando lo que ella acaba de decirle, y finalmente, encontrando la lógica detrás de ello. Cuando volvió a enfocar su mirada en ella, Lily se sorprendió al comprobar que había admiración en los ojos verdes de Albus.
—Requeriría un nivel de oclumancia muy avanzado… —razonó el chico de Slytherin.
—Esto puede ser difícil de creer, pero yo soy bastante buena —dijo Lily orgullosamente.
—No estoy dudando de tu capacidad, Lil —aseguró Albus, aunque la expresión de su rostro no decía lo mismo.
Lily sintió un calor que comenzaba a arder dentro de su pecho, enfureciéndola. Nadie creía en ella. Ni siquiera Albus. Todos la veían como la hermana menor de los Potter, la pobre e incompetente de Lily.
Iba a demostrarles que estaban equivocados.
—Gracias por todo, Al. Pero creo que a partir de aquí seguiré por mi cuenta —habló con neutralidad, aunque su voz tembló a causa del enojo contenido.
—Lily… —balbuceó Albus. Su hermano siempre había sido pésimo para las disculpas. Lily respiró hondo, apaciguando el fuego dentro de ella, consciente de que debía ser más prudente con él. Albus no era de los que se daba por vencido fácilmente. Y ella necesitaba a Albus fuera de la ecuación.
—Las cosas están feas aquí adentro, Al. Los Hijos están convenciendo cada vez a más alumnos de que la Rebelión es la solución a la crisis actual. Si deciden hacer algo, no estamos en condiciones de detenerlos —apeló a lo que sabía que funcionaría con él: su ego—. Necesitas concentrarte en la Hermandad. Y no puedes hacer eso si tienes que repartir tu tiempo conmigo.
Tan pronto como terminó de hablar supo que había dado en el blanco. Podía ver la indecisión en su hermano. Sabía que Albus deseaba concentrarse en su batalla personal contra los Hijos, pero su lealtad hacia Lily no se lo permitía. Decidió darle el último empujón.
—Yo entrenaré con el profesor White, al igual que el año pasado. El señor Malfoy ya lo ha asesorado sobre cómo continuar con las clases de oclumancia. Estaré bien, Albus —prometió Lily. No era mentira. Verdaderamente Draco Malfoy había hablado con Thomas White para decirle cómo debían de continuar los entrenamientos de Lily mientras ellas estuviese en Hogwarts. Esta vez, Lily planeaba aprovecharlos.
—Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites, ¿verdad? —dijo finalmente Albus, apoyando sus dos manos sobre los hombros de ella, y dándole un apretón suave y cariñoso.
—Siempre —dijo Lily, sonriéndole.
La campana volvió a resonar por los pasillos, alertándolos de que el descanso había terminado. Ambos partieron a sus respectivas clases, y durante el resto del día, Lily fue incapaz de concentrarse en las actividades que le indicaban los profesores. Nina le dedicó una mirada furtiva cuando por error mezcló los ingredientes incorrectos durante la clase de Pociones, ocasionando que un vapor asqueroso brotara de su caldero e inundara el salón.
—¿A dónde vas? —le preguntó Nina suspicazmente, cuando la clase finalmente llegó a su fin y Lily se dispuso a salir disparada una vez más.
—A la biblioteca —respondió automáticamente la pelirroja. Nina arqueó las cejas. —Quiero buscar un libro para reforzar Pociones. Soy un asco en esto —mintió Lily.
—¿Quieres que te acompañe? —le preguntó su amiga, juntando también sus cosas.
—¡No! —saltó Lily—. No es necesario. Será solo unos minutos, y luego me encontraré con ustedes en el comedor —corrigió rápidamente. Nina apretó los labios en un gesto que Lily encontró terroríficamente parecido a su madre Scarlet.
—De acuerdo. Te guardaré un lugar —aceptó Raven, aunque no parecía del todo conforme.
—Eres la mejor —exclamó Lily, abrazándola. Nina se sonrojó y sus labios abandonaron el gesto rígido para dibujar una suave sonrisa. Lily lo consideró una victoria.
Tal como le había dicho a Nina, se marchó hacia la biblioteca. Manoteó el primer libro de pociones que encontró en el camino, y se dispuso a buscar lo que realmente necesitaba.
Como era de esperar, Amadeus Relish se encontraba sentado en la mesa más alejada de la biblioteca, rodeado de libros, con la cabeza inclinada sobre un pergamino y las manos manchadas de tinta. Escribía con movimientos rápidos, sumamente concentrado, y cada vez que se empujaba los anteojos hacia arriba, se ensuciaba un poco la nariz con la tinta que teñía sus dedos. Lily tuvo que contener la sonrisa al verlo. Había algo cautivadoramente encantador en esa imagen.
—¿Tienes un minuto? —le preguntó la pelirroja, dejándose caer en el asiento frente a él. A pesar de que Lily había hablado casi en un susurro, Amadeus saltó en la silla, salpicando tinta sobre su hoja.
—¡Lily! Yo… Estoy… —balbuceó Relish.
—Perfecto —lo interrumpió ella, tomándolo de la mano y arrastrándolo hacia un corredor vacío entre las estanterías de libros. Amadeus apenas tuvo tiempo de manotear el cuaderno de anotación y llevarlo con él. —¿Ya has hablado con Albus sobre tus últimas investigaciones?
—No aún… Quería tener una hipótesis más solida sobre los pasos a seguir antes de presentársela… —se disculpó Amadeus.
—No le dirás nada —le ordenó Lily, interrumpiéndolo—. Le he dicho a Albus que ya no quiero seguir entrenando.
Una expresión de absoluto horror se plantó en el rostro de Amadeus, sus ojos abriéndose inmensos detrás de los anteojos, su boca incapaz de articular respuesta alguna.
—¿P-por qué has hecho eso? —le preguntó en un hilo de voz. Lily chasqueó la lengua.
—Porque no quiero que sepa sobre lo que estamos haciendo —respondió como si fuese obvio. Amadeus se llevó el cuaderno al pecho y lo rodeó con ambos brazos.
—Todo esto que estamos haciendo… Fue idea de Albus. No podemos mantenerlo oculto de él, Lily —intentó hacerla razonar el muchacho de Ravenclaw. Pero Lily negó con decisión.
—Podemos y debemos hacerlo —enfatizó la pelirroja—. Albus se preocupa demasiado por mí. Intentará detenerlos si piensa que yo puedo correr algún riesgo.
—Si se entera de que estamos investigando a sus espaldas, se pondrá furioso —puntualizó Relish.
—No se enterará —insistió ella. Amadeus negó con la cabeza.
—No lo subestimes, Lily —le advirtió—. Ir contra Albus es… una locura —agregó, mordiéndose nerviosamente el labio inferior.
—No tienes nada que temer. Mi hermano te aprecia, Amadeus.
—No lo seguirá haciendo si se entera de que lo he traicionado —razonó astutamente el chico.
—No te hará daño. Yo no lo permitiré —le prometió ella.
Aunque no estaba tan segura de ello. Siempre había habido rumores extraños sobre Albus Potter en los pasillos de Hogwarts. Pero últimamente, habían escalado en intensidad. Lily había escuchado a gente comentar en la sala común de Gryffindor que Albus había tomado algún tipo de represalia contra Dimitri Kurdan por cambiarse de bando. Nadie estaba seguro de qué había sucedido verdaderamente entre ellos, pero ninguno parecía dudar de que Albus era capaz de hacer algo contra aquellos que lo traicionaban.
—No necesitamos a Albus. No necesito que me cuiden y me protejan todo el tiempo. Puedo cuidarme yo sola —le dijo Lily con vehemencia, mirándolo fijamente a los ojos mientras hablaba—. Puedo hacerlo, Amadeus. Sé que puedo dominar las visiones. Pero tú eres el único que cree en mí.
Estiró su mano y la cerró sobre una de las manos de Amadeus, todavía enroscada en torno a su cuaderno. Lo sintió tensarse todavía más ante el contacto, pero no se alejó. Pasaron los segundos sin que ninguno de los dos se moviera o hablara.
—De acuerdo —aceptó finalmente Relish, tragando saliva con dificultad. Lily sonrió.
—Gracias —susurró aliviada. Sus ojos se desviaron hacia el cuaderno—. Entonces, ¿vas a contarme un poco más de esa teoría que tienes? —sugirió ella. Amadeus se aclaró la garganta y aflojó el agarre sobre el libro.
—Sí, claro —dijo mientras lo sostenía abierto con una mano y con la otra pasaba las hojas—. La poción para dormir fue lo que me dio la idea —explicó, su rostro iluminándose repentinamente mientras hablaba, emocionado y momentáneamente olvidado del miedo que le generaba todo aquello—. Tu mente parece entrar en un limbo cuando la tomas.
—Es porque me impide soñar —señaló Lily. Amadeus chasqueó la lengua.
—No —la contradijo sin ninguna delicadeza—. Es porque te ayuda a poner la mente en blanco. Al igual que la Oclumancia.
—Oh…
—He estado investigando, y he encontrado registros del uso de pociones para facilitar la meditación y la apertura del Tercer Ojo en muchos libros —continuó explicando Amadeus, mientras recorría con el dedo una de las hojas—. Los chamanes de América del Sur usan hongos mágicos que facilitaban la meditación. Los brujos de Oriente tienen un té de hierbas que hace algo similar. Los sacerdotes aztecas realizaban magia de sangre para conseguir una conexión espiritual… —hizo una pausa en la lectura y levantó la mirada, observándola por encima del reborde de sus anteojos—. La historia está plagada de diferentes métodos, pero todos persiguen lo mismo: despejar todo pensamiento, acceder a un nivel más profundo de conexión con la mente, y así poder Ver más allá de lo real.
—¿Quieres que pruebe unos hongos mágicos? —bromeó Lily. Pero Amadeus la miraba seriamente. Cerró el cuaderno y se acomodó los anteojos.
—Algo así —confirmó Relish—. Creo que la oclumancia, combinada con alguna poción que facilite tu entrada en el Limbo, podría ser la clave para acceder a las Visiones de forma voluntaria.
Amadeus lucía verdaderamente emocionado. Había un brillo ansioso en sus ojos, una mezcla de fascinación y expectativa. Lily sintió que se contagiaba de su energía.
—¿Cuándo podemos probarlo? —se apresuró a preguntar. Amadeus hizo una mueca.
—Todavía necesito buscar un poco más de información sobre cuál es la técnica más eficiente… —explicó el chico.
—¿Crees que lo tendrás listo para el fin de semana en que está programada la visita a Hogsmeade? —Lily no podía ocultar su impaciencia.
—Imposible —la desalentó él—. Estas pociones requieren de mucho tiempo para prepararlas correctamente… Nos tomará meses conseguirlo.
—Uh… —dijo Lily, decepcionada.
Esta vez, fue Amadeus quien hizo el primer movimiento y le tomó nuevamente la mano.
—Tranquila —le dijo con una sonrisa tímida—. Tú puedes con esto.
Nuevo capítulo!
No comentaré demasiado, porque prefiero ver qué es lo que tienen ustedes para decir :)
*Katya: sí, efectivamente era ella. Un momento de mucha tensión el que vemos en esa escena, no solo porque ella no parece estar del todo en sus cabales, sino también por el resto de las personas presentes.
*Jasper: muchos venían preguntando si Jasper y Rick "serían algo". Era bastante esperable, teniendo en cuenta el historial de Rick y el desapego emocional de Jasper hacia las personas. Pero espero que esta escena sirva para entender un poco mejor quienes son cada uno, y porque son como son. Estoy segura de que este fragmento desatará una montaña de preguntas y dudas, así que una vez más, los escucho jaja.
*Lily: tengo que confesar que me encanta haber llegado a esta etapa de la historia y poder escribir sobre esta versión de Lily. ¿Es la mejor versión de ella? No. Pero sin duda es la más picante.
He sido breve porque vengo demorada con la actualización, así que aquí los dejo para que disfruten del capítulo que es lo verdaderamente importante.
ESTARÉ RESPONDIENDO LOS REVIEWS EN LOS PRÓXIMOS DIAS!
Saludos,
G.
