Doce horas, doce meses y un día…
Con una sensación incómoda corté esa llamada, mi amiga esperaba en el departamento junto a Ryoga quien tenía preparada una ida al cine junto a su novia, Akari me invitó pero no tenía intenciones de ir, mucho menos después de hablar con Ranma. En cuanto los chicos se fueron fui hasta mi alcoba y me senté en la orilla de la cama muy pensativa, esa chica hablaba muy convencida… no puedo creer en su palabra si ni siquiera la conozco ¿no? Y por qué él quiere hablar a estas horas, estaba cansada, suspiré un poco agobiada vi la hora en el reloj y rápidamente fui hasta la ducha, eso necesitaba un buen baño reconfortante. El agua relajaba mi agotado cuerpo y en cuanto terminé me puse el pijama y me abrigué con una suave bata, pronto llamaban a la puerta. Caminé con tranquilidad aunque estaba un poco nerviosa, en cuanto abrí Ranma me vio a los ojos suspiró breve y me saludó alzando su mano, sí, como un idiota.
—Bien, habla ya me tiene fastidiada tanto misterio —aseguré, su actitud me ponía de malas.
—Disculpa Akane, quise venir porque sé que esto no me dejaría pegar un solo ojo —respondió.
—¿Qué sucede? ¿Qué tan grave puede ser? —pregunté con el corazón un tanto alterado.
—No es grave, no, es solo que esta tarde cuando me fui… me enteré de que tengo una prometida —respondió frotándose la frente.
—¿Y cuál es la novedad? —cuestioné cruzándome de piernas.
—Es que nosotros…
—Hace unas horas atrás te hablé de esa chica, fue a mostrarme una fotografía tuya ¿no recuerdas que lo mencioné? ridículamente la conocí antes que tú y hace un rato cuando salía de mi trabajo ella me esperaba con muy mala cara.
—¡Qué! —exclamó.
—Como lo oyes, fue a dejarme claro que ella es tu prometida y que tiene la "bendición de papá Genma" y un montón de cosas más.
—No puede ser…
—Al parecer ella es la candidata perfecta para ti ¿no? —Ranma negaba efusivamente.
—¡Mi papá está loco! No entiendo por qué quiere casarme, ya había hablado con él; juro que le dije que olvidara el tema del matrimonio y que la empresa la tomaría apenas me gradúe pero me está presionando, estoy muy cansado —decía cabreado y cabizbajo.
—Bueno esto era algo que podía suceder, ni siquiera conozco a tu padre y ya no me quiere.
—Eso es lo que me tiene preocupado —agregó.
—¿A qué te refieres? —pregunté.
—Mi papá ya sabe todo de ti —contestó sacando desde el bolsillo interior de su chamarra de cuero unas fotografías que puso sobre la pequeña mesa de centro, en todas estaba yo.
—¿Qué es todo esto, acaso tu papá es un gánster? —dije mirando cada una de las fotos.
—Lo siento, nunca imaginé que llegase a tanto.
—¡Y solo lo sientes! Es la única mierda que has dicho desde que entraste aquí, ¿dónde carajos está el coraje que tenías más temprano? Por la tarde me dijiste que olvidara al resto que solo pensara en nosotros y ahora resulta que solo lo sientes y que además estoy siendo acosada por tu padre, podría demandarlo por esto ¿sabes?
—Siento que te expuse demasiado, yo quiero estar contigo Akane pero eso no incluye lastimarte.
—¿Lastimarme? Todavía no sé qué somos tú y yo… creí que esta tarde habíamos decidido ser novios, pero veo que ya tienes prometida entonces ¿qué carajos somos?
—Quiero estar contigo, pero no deseo que salgas lastimada y mi papá tiene mucho poder… podría hundirte si lo quisiera.
—¿¡Hundir qué!? No tengo nada Ranma, solo soy una chica universitaria. Trabajo para costear el lugar en donde vivo, pero me ha ido bien en los estudios, estoy a semanas de titularme como la mejor de mi clase y con honores. Apenas estoy comenzando, yo no tengo nada que perder.
—¡No es tan así! —gruñó tomándome de los hombros, nos vimos con desesperación.
—¡Largo! —le grité en la cara muy enojada.
—No me hagas esto, estamos platicando esto es serio —replicó.
—¡Dije que largo! Ve y dile a tu papá que no le tengo miedo, que no me importa su maldito dinero y que si quiere jugar a la casita, puede quedarse con esa tipa porque yo no me casaré contigo ni ahora ni nunca —espeté poniéndome de pie.
—Akane… no se trata de eso, ¡él me amenazó! Y sé de lo que es capaz, solo deseo protegerte por favor yo te quiero —mencionó con desesperación.
—¡Entonces deja que diga lo que quiera y quédate conmigo! —exclamé decidida.
Ranma dejó salir una gran bocanada de aire, se levantó del sofá y se acercó a mí con la intención de tomar mi mentón pero me moví ligeramente.
—No dimensionas todo lo que me haces sentir, ahora mismo amo verte enojada. ¿Sabes por qué? — Fijé mi vista en él —Porque te importo, eres la primera a la que le importo —concluyó besándome por sorpresa.
Fue un beso suave y pausado al cual correspondí, sus manos tomaban mi rostro como si fuese posible escapar. Entonces pensé ¿qué había sido todo esto? Una discusión, la primera que teníamos y por terceros. Estaba molesta, pero sus labios no dejaban de acariciar los míos y eso me distraía completamente. Su juguetona lengua buscaba la mía y entre húmedos besos mi corazón se llenaba de calidez. De pronto dejó su cometido y se alejó tan solo un poco…
—Quiero estar contigo, ¿vamos a mi apartamento? —preguntó.
—No quiero salir —musité.
Fue entonces que me apegó a su cuerpo, con una de sus manos en mi cintura y la otra en mi nuca se acercó hasta mi oído…
—Muero por saber que traes debajo de esa bata —susurró.
Aún con el sabor de su boca en la mía, con calor en las mejillas y un revoloteo en el bajo vientre lo empujé suave sobre el sofá hasta dejarlo sentado nuevamente, me veía ardiente de deseo y lleno de ansias. Nos gustábamos demasiado, nos encantaba pasar tiempo juntos, y qué decir del sexo… pues era el mejor, entonces ¿por qué diantres su padre no lo dejaba en paz? Y esa mujer hostigosa jamás conseguiría un poco de la atención por parte de él.
Fui desatando la bata y dejándola caer por mis piernas, el camisón de satín comenzaba a estorbarme pero antes de quedar desnuda me acomodé sobre sus piernas para besarlo, enredé mis largos y finos dedos en su cabellera mientras mi boca hacía posesión de la suya de forma demandante.
Era la primera vez que tomaba la iniciativa así, mi cuerpo reclamaba su calor, su sexo y sus besos. Fui abriendo los botones de su camisa y mientras mordía parte de su cuello mis manos acariciaban su duro y lampiño pecho. Pude notar como sus grandes manos subían el camisón pasando por mis caderas y mis glúteos hasta llegar a mis senos, los que amansaba a complacencia justo antes de quitarme por completo el trozo de tela.
El botón más importante estaba justo entre su vientre y el mío, su percho ardía sus inquietas manos se paseaban por la fina línea de mi espalda. En cuanto bajé la cremallera su abultado falo clamaba por salir, lo acaricié por debajo de la tela al tiempo que Ranma gruñía excitado, mordisquee el lóbulo de su oreja y volví a tocar su miembro hinchado esta vez sacándolo por completo.
—Hazme tuyo Akane —pidió posando sus manos en mis caderas.
Lo abracé con todo mi ser, nuestros sexos se buscaban de forma natural y me sumergí por completo en su querer, la penetración fue certera y anhelada, con mi rostro pegado al suyo sentí que esta sería la última vez juntos. No era momento para tristezas y con eso en mente junto al apogeo de nuestras intimidades, fui desatando mis más bajos instintos.
Cada vaivén era mejor que el anterior y así estuvimos por largos minutos, sintiendo los placeres de la carne, entregándonos sin remordimientos, cada embestida era un boleto directo al cielo, sí, un sutil toque en las nubes para luego hundirme en el calor de nuestro propio infierno.
Cuando por fin acabamos nuestros jadeos era lo único que se oía, nos vestimos para acomodarnos uno al lado del otro en ese mismo sofá, su brazo me cobijaba y sin hablar más caímos dormidos.
Desperté solo dos horas después ante su ausencia, y ahí fue que me di cuenta de que los deseos no se cumplen.
Ese mismo día nos confesamos, nos hicimos novios, nos peleamos y nos amamos. Solo que no imaginé que después de doce horas todo se acabaría.
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Un año después me encuentro trabajando para una importante televisora en Tokio, me gradué con honores, mi padre y mis hermanas estaban muy orgullosos de mí. El trabajo es lo que siempre soñé, bien remunerado y hago lo que amo; las comunicaciones.
Llevo apenas tres meses viviendo en mi nuevo hogar, sí, mi querido Ryoga también cambió de domicilio y todavía sigue junto a Akari. Se han separado como tres veces pero poco les dura, finalmente siguen enamorados.
El trabajo absorbe mucho de mi tiempo, pero intento alimentarme bien y hacer deporte. En cuanto al amor… solo se viene a mi mente un solo nombre Saotome, se esfumó como la espuma del mar. Luego de esa noche apasionada lo volví a ver el día de la graduación, desde lejos, como simple espectadora de una familia acaudalada y resguardada. No hubo mensajes, ni llamadas, absolutamente ningún tipo de esfuerzo por mi parte y mucho menos por la de él por volver a encontrarnos. Y así estaba bien, o eso creí hasta que lo vi nuevamente hace tres meses atrás en uno de los reportajes que hizo mi televisora en el noticiero central; ahí estaba él dando una entrevista como uno de los "Diez jóvenes más ricos de Japón" hablando de su carrera, del imperio que posee y de las prontas nupcias. Esa noche bebí hasta sentir el escozor en mi corazón, porque en verdad pensé que ya no me importaba, que solo había sido un affaire ardiente. Sin embargo, aunque me alegré de su éxito del cual nunca dudé, saberlo comprometido oficialmente me dolió.
No hay nada que el tiempo no cure, y esa pequeña herida en el corazón se cerró. También quise otra oportunidad, y apenas llevamos un mes juntos. Era oficial, la amistad nunca se acabó y finalmente ese primer amor me esperó; Tofú presta más atención de la que podría desear, es detallista, respetuoso, cariñoso por no decir perfecto, sí, tengo la pareja ideal. Eso fue lo que le dije a una de mis compañeras de trabajo, no obstante por alguna razón no me llena por completo, y no es él, no, son mis expectativas.
—¿Akane? —me llamaba Iro uno de mis colegas sacándome de mis pensamientos.
—Sí
—El jefe quiere que hagas esto, no alcanzo por el viaje a Osaka ¿es demasiado? —pregunta gentil, Iro es un tipo muy trabajador, miro el sobre y niego con la cabeza.
—Luego me lo devuelves ¿eh?
—Claro, almorzamos a mi regreso Tendo ¿te parece? —asentí con una sonrisa y este se marchó.
De pronto entra una llamada y es él, contesto de inmediato.
—¿Cómo estás?
—Bien, casi termino —respondo.
—Recuerda que hoy voy por ti —comenta, sonrío con las mejillas levemente coloreadas.
Es la celebración de nuestro primer mes, y lleva días diciéndome que quiere que hagamos algo especial.
—Lo sé, lo sé en media hora pasa por mí —contesto.
—Genial, te quiero Akane —se despide Tofú y solo puedo decirle…
—Yo también.
Continué frente a mi computadora respondiendo los últimos correos antes de que Tofu pasara por mí, los minutos pasaron rápidamente cuando me levanté de la silla tomé mi cartera y el abrigo, caminé hasta el sanitario de damas y retoqué un poco el maquillaje. No solía usar vestido en el trabajo pero considerando el "cumple mes" busqué entre mis ropas algo más adecuado para la cena de esta noche.
En un tono rosa y de hombros descubiertos, no tan formal pero tampoco descuidado me daba un toque fresco y casual. Tomé el elevador y en un minuto llegué al estacionamiento, allí me esperaba Tofú con su nuevo corte, su castaña cabellera estaba ordenadamente peinada y con un traje en color gris marengo sus bonitos ojos destacaban.
El hombre me sonrió en cuanto me vio, tomó mis manos y las besó delicadamente.
—¡Te ves preciosa! —exclamó, me acerqué a sus labios y le respondí el piropo con un beso suave en su boca.
Abrió la puerta del carro y subí, mientras conducía me contaba acerca de su día y de un seminario al que tendría que asistir prontamente.
Cuando llegamos a la entrada principal no lo podía creer, era el nuevo restaurante de comida china al que deseaba ir, tan solo hace una semana que inauguraron y Tofú había conseguido reserva, era un tanto costoso por lo que pensaba ir luego de unos dos meses de sueldo o reventar la tarjeta de crédito pero eso no era mi primera opción.
—¿En verdad vamos a comer aquí? —pregunté gratamente sorprendida.
—Por supuesto, tú querías venir y conseguí una mesa —respondió una vez estacionamos.
—La crítica dice que es una delicia, pero confío solo en mi paladar —señalé levantando las cejas.
—Eso ya lo veremos cariño —musitó tomando mi rostro entre sus manos —estoy muy feliz de cumplir este primer mes juntos —agregó besándome delicada y fugazmente.
Nos bajamos del coche y por fin entrábamos al lugar, un estilo fino y elegante con tonos dorados y rojos que le daban calidez junto a unas lámparas en forma gotas de lluvia, la música era tradicional china y las percusiones una mezcla maravillosa que creaba un ambiente conmovedor.
Una mujer muy amable nos llevó a nuestra mesa y emocionada tomé la carta para hacer nuestra elección…
—¿Te gusta? —preguntó Tofú.
—Sí, pero todavía toca probar la comida —susurré por detrás de la carta.
—Por supuesto, solo pide lo que quieras —mencionó mi acompañante.
Luego de unos cinco minutos de minuciosa inspección, realizamos nuestro pedido. Inmediatamente llegó el mesero a dejarnos unos aperitivos, estaban deliciosamente dulces y luego de la segunda copa comencé a relajarme…
—¿Qué haremos después de cenar? —pregunté pícara.
—Soy todo tuyo ¿qué deseas?
—¡Todo! —respondí esbozando una sonrisa al tiempo que Tofú también lo hacía.
Platicábamos amenamente, realmente lo estaba disfrutando, la comida llegó justo a tiempo y disfrutaba de un delicioso trozo de pato con mi copa de vino en mano. De pronto Tofú se disculpó para ir al baño y me quedé allí disfrutando del bonito diseño que tenían los salones; quizás debiese de escribir un artículo, alguna clase de reseña este lugar es maravilloso pensé.
—Esto es para usted —indicó el mesero acercándose a mi mesa con una botella de champagne, lo observé algo perpleja pues nosotros no habíamos pedido esto.
—Creo que se equivocó —respondí.
—No, usted es Tendo Akane ¿cierto? —Solo asentí —disfrute de este burbujeante, es uno de los mejores —el tipo sonrió cortes, descorchó la costosa botella y sirvió una sola copa dejándomela en frente.
¿La habrá pedido Tofu cuando iba de camino al baño? Me pregunté aún dubitativa de beberla, alcé la copa en mi mano y quedé viendo las burbujas junto a su color dorado pálido, fue entonces que lo vi, parpadee varias veces y era la misma imagen, su rostro detrás de la copa a unas tres mesas más allá. Lo único que salió de mis labios fue su nombre…
—Ranma
—¿Qué dices cariño? —preguntó Tofú trayéndome en sí —¿Y eso? ¿No sabía que bebías champagne?
—No lo hago —respondí, un poco aturdido mi novio tomó la botella y llamó al mesero, el cual le dijo que no podía revelar el nombre de quien había donado la costosa botella pero que era para mí, incluso era más costosa que todo lo que habíamos pedido para comer y beber.
—¿Te sientes incómoda por el regalo? —preguntó Tofú notando mi cambio de humor.
—Un poco —contesté.
—No es necesario que lo bebas, cariño no arruinemos esta grandiosa cena por algún fan que quiso hacerse el amable contigo.
—¿Fan dices? Eso no es posible, sabes bien que escribo desde el anonimato —comenté.
—Bien, le diré al mesero que se lleve la botella —dijo mi galeno favorito.
—¡Espera! —Dile que traiga dos copas más —espeté firme.
De un momento a otro comenzamos a beber del lujoso champagne, una copa tras otra podía sentir el alcohol en mi sangre perjudicando mis sentidos, aunque tengo buena resistencia después del aperitivo, el vino y ahora el delicioso espumante sentía un hormigueo en las piernas y las mejillas muy rosadas. Me acerqué a tofú acaricié su mentón y besé la comisura de sus labios.
—Estamos en público cariño, no me hagass esto — suplicaba lleno de deseo.
Volví a acercarme a mi novio para susurrarle al oído…
—Vamos a tu apartamento —este asintió enérgico y se levantó al notar que el mesero demoraba.
Fue entonces que me puse de pie con un poco, tan solo un poco de dificultad. Tomé una gran bocanada de aire para oxigenar mi cerebro y tomé la primera copa de champagne, esa que el mesero sirvió en un principio y que ninguno de los dos tocó.
Ranma continuaba en el mismo lugar, estaba junto a otro tipo charlando aunque no había dejado de verme desde que cruzamos miradas. Envalentonada y con todo el temple posible me acerqué a paso firme hasta su mesa, con cada pisada este soltaba el nudo de su corbata.
—¿Qué pretendes? —pregunté interrumpiendo su animada plática.
—¿Disculpe? —dijo el sujeto a su lado.
—¿Cómo estás Tendo? —preguntó de vuelta el azabache.
—Ah… crees que porque cogimos un par de veces en la universidad puedes hacerme ¿regalos? —Sus ojos se abrieron como platos —Solo quería decirte que la champaña estaba exquisita, con mi novio la disfrutamos pero te dejé una copa —señalé con esta en mi mano.
—Me parece perfecto —respondió.
—¿Tú crees? No lo sé Saotome, quisiera saber tu opinión —repliqué al tiempo que este levantaba su mano para recibir la copa, solo que la vertí directo en su cabeza.
—¡Señorita pero qué hace! —gruñó su amigo poniéndose de pie para entregarle una servilleta al mojado Ranma.
—No quiero nada de ti, no vuelvas a darte ínfulas porque la próxima vez te pondré el espumante de sombrero.
Di media vuelta y salí de allí, necesitaba respirar otro aire que no fuese el mismo que él, su rostro de impacto ante mi grosera acción era algo que no podía sacarme de la cabeza. Tofú me alcanzó justo cuando llegaba al carro, ya que ambos habíamos bebido tuvo que llamar a un conductor designado.
—Quizás bebimos demasiado —dice Tofú acariciando mi mano.
—Estamos celebrando —respondí presionando el botón de la ventanilla para que el frío aire despejara mis pensamientos.
—Estás tensa cariño —susurró acercándome a su hombro.
—Solo quiero llegar pronto, el vestido y los tacos no los soporto —comenté.
Unos minutos más y ya estábamos estacionados dentro del edificio en donde vivía Tofú, como era de esperar el preámbulo comenzó en el mismo carro. Sus manos recorrían mis largas piernas mientras nuestras bocas jugueteaban audaces con cada lengua.
—Subamos —pidió casi suplicante, pero por alguna razón mi lívido se había disparado a mil y no, no llegaríamos al apartamento.
—Muéstrame lo que tienes —dije jadeando sutil en su oído.
Entonces este bajó su cremallera mientras desabotonaba su camisa…
—¿Estás segura? —preguntó al notar lo decidida que estaba de tener sexo en el coche, no era nuestro lugar habitual, en realidad siempre era dentro de su apartamento.
—Solo déjate llevar… —susurré acomodándome sobre él, rosando nuestros sexos con la maldita tela estorbando.
Lo despeiné jalando su cabello, mordí su cuello fuertemente marcándolo por tercera vez esa semana, su gruñido me excitó tanto que me recorrió un cosquilleo por el vientre hasta mi centro, sus dedos jugaban en mi interior mientras gemía ininterrumpidamente esperando por más. Enterré mis uñas en su pecho besándolo con pasión, fue entonces que su falo salió con todo su puje, caliente, erecto y más tenso que una roca. Corrió la braguita de su lugar y me dejé hundir llena de deseo.
Un "ah" otro "sí" y otro "ah" resonaban dentro de su coche, este se movía con fuerza mientras su miembro era todo mío.
—Akane… —decía mi nombre aferrándose a mis caderas.
Mis pechos rebotaban frente a su rostro y sentía un fuego abrasador, un frenesí que apenas comenzaba y que duraría horas para poder satisfacer mis deseos sexuales más perversos.
Puse mis manos una en cada lado de los asientos delanteros y arquee mi espalda para entrar con más profundidad, su falo besaba mi clítoris y sus manos amansaban mis pezones pidiendo más, mucho más.
La adrenalina de ser vistos era algo que había descubierto hace un tiempo y que había dejado de practicar, revivirlo era la experiencia más deliciosa de la vida.
—Me tienes a punto, me enloqueces —decía Tofú lamiendo mi robusto pecho.
—Todavía no, un poco más, solo un poco más — respondí moviéndome enérgicamente de un lado a otro.
El espacio era limitado pero la suavidad en cada embestida me tenía al borde del orgasmo, y no era la primera vez que le pedía aguantar un poco, me gustaba acabar primero y fue entonces que entre roses húmedos de nuestros sexos terminé por empapar el suyo, los espasmos finales eran otro deleite extra, la tensión en su falo era de otro mundo y entonces liberaba su miembro para engullirlo con alevosía, un minuto más y se venía dentro de mi boca en completa libertad, un manjar dicen por ahí, otros que sirve para conservar el colágeno pero cómo sea el hecho era disfrutar de mi sexualidad en su totalidad.
Nos acomodamos nuestras ropas, salimos del coche tomados de la mano y subimos por el elevador casi desvistiéndonos otra vez. En cuanto llegamos a su apartamento lo volveríamos hacer, sí, quizás unas dos veces más.
Necesitaba borrar ese par de zafiros de mi cabeza, después de todo resultó que el amor sí era dulce y embustero.
Continuará…
Nota del autor
Estimado lector, antes que nada quiero agradecerles la espera. Han sido días muy ocupados y llenos de responsabilidades impostergables. Sin embargo no olvido mis fic, no dejo nada sin terminar y esto no será la excepción.
Un antes y un después, ¿cómo lo ven? Aquí resuena esa frase típica "nada es para siempre"
Mucho lemon suculento, sí, porque se los debía y porque así va esta historia.
Finalmente Ranma da un paso al costado por temor a las represalias que su padre tomaría en contra de Akane, él no quería arruinar su carrera y sus sueños ¿pero a qué costo?
Y Akane ni siquiera lo buscó, todo quedó claro esa noche.
Ahora bien ¿qué sucederá un año después?
Eso y mucho más en el siguiente capítulo.
Desde Chile una fanática más de Ranma.
Sweetsimphony._
