Tal vez…
Los personajes no me pertenecen, son de la gran Rumiko Takahashi. Esto es sin fines de lucro solo diversión por y para los fans.
*Contenido OoC, AU, no apto para menores. Si no es de tu agrado, estás a tiempo de salir de la lectura.
—O—
Abrí los ojos con dificultad, aun somnolienta miraba fijamente el cielo de color blanco, el aroma a café recién hecho me recordaba que no estaba en mi departamento; entonces la lucidez pegó con fuerza y recordé la noche desenfrenada que pasé junto a Tofu. Con mi mano palpaba a mi lado y la cama estaba fría, evidentemente él no estaba y de seguro preparaba el desayuno, ya casi saboreaba los granos recién molidos del café en mi boca. Sin embargo un leve cosquilleo en mi centro me hizo jadear de puro goce, mi vista se posó entre mis piernas, sí, justo por debajo de la suave sábana se encontraba un bulto. Pronto sentí que tocaban mis piernas, quería moverme pero no podía. ¡Qué carajos! No bebí tanto como para estar tan aturdida pensé. Creí divagar al sentir un beso húmedo en mi zona más erógena, entonces caí en cuenta de que era mi novio buscando mi aprobación. Un poco de sexo por la mañana no era malo, me retorcí un poco al sentir su juguetona lengua y de pronto alzó su rostro dejándome estupefacta.
Tragué con dificultad, la temperatura corporal estaba elevada, el hormigueo estaba a flor de piel, mi centro esperaba ansiosa que continuara con el exquisito preámbulo. Sin embargo, no era el galeno quien me provocaba a esas horas de la mañana. Con su cabello negro alborotado, un morado en su cuello y un par de ojos titilantes cual zafiro me veían en total expectación.
Entonces desperté de sopetón, en confusión pero con deseos de más. Me incorporé y vi el reloj en la mesita de noche de Tofu, eran las siete de la mañana y leí la nota que había dejado allí…
"Te dejé el desayuno en la cocina, te quiero"
Llevé mis manos a mi rostro avergonzado, ¿qué me pasa? Hace un año que me olvidé de él, ¡y ahora hasta tengo sueños picantes! Bajé mis pies de la cama, seguía desnuda y caminé hasta la ducha, agua fría para que me bajase la calentura. Salí temblando pero no importaba, me sequé con rapidez tomé un poco de la ropa limpia que solía dejar en un rincón del armario de Tofu, fui hasta la cocina y bebí un poco de ese delicioso café.
Todos mis sentidos volvían acomodarse, la ensalada de frutas estaba refrescante y entonces tomó mi bolsa y salí rumbo al trabajo.
No era el edificio más grande, apenas diez pisos pero era un centro de noticias de todo tipo, desde contingencia informativa, deporte, farándula y algo de medicina. Como cada mañana saludaba desde la recepcionista, el guardia, compañeros de distintos pisos etc.
—¡Akane al fin llegas! —chillaba Foutaba, ella leía las noticias internacionales y no tenía idea qué carajos hacía justo al lado de mi módulo.
—¿Qué sucede, porqué tanto revuelo? —pregunté al notar que todo mundo corría de un lado a otro, al tiempo que la señora de la limpieza aseaba con más esmero de lo normal.
—Tenemos una visita importante, ¿acaso no leíste el email? —rodé los ojos y tomé el celular, estaba muerto.
—Anoche estuve muy ocupada —indiqué mostrándole la pantalla en negro.
—Lee en el computador, y prepárate es posible que te den a ti esa tarea —dijo soltando una carcajada que me fastidió.
Vi mi rostro en el reflejo de la pantalla de mi ordenador y noté que no había puesto un poco de mi pintalabios favorito, mientras presionaba el botón de encendido buscaba dentro de algún cajón mi maquillaje…
—¡Aquí estás! —chillé alegre, me pinté rápidamente sin usar un espejo y entonces salió el jefe de mi piso hacer un anuncio.
—¡Atención! No quiero errores, esto debe salir perfecto ¿comprenden? —al unísono todos asentimos, no tenía idea de qué carajos hablaba pero ya qué.
El robusto hombre caminó hacia el elevador cuando a tan solo tres pasos de este sus puertas se abrieron de par en par, todo mundo se puso de pie para saludar y recibir a la estrella que aparecía; estaba estupefacta, Ranma Saotome salía del ascensor junto a dos gorilas y un tipo que parecía ser su asistente. En realidad era el mismo sujeto de anoche, el que alegó cuando le vertí la copa de champagne sobre la cabeza, el hombre le llevaba el maletín y caminaba cerca de él.
Mi jefe casi le lamía la punta de los zapatos, todo mundo lo veía con admiración, Ranma desbordaba elegancia y presencia. El traje de Armani perfectamente hecho a su medida y con esa pose de "soy un hombre de negocios" le quedaba muy bien, de hecho ese chico rebelde en chamarra de cuero que conocí en la universidad no pude ver, ni siquiera un ápice.
—Por favor acompáñeme —decía mi supervisor indicándole el camino a su oficina personal.
No pude quitarle los ojos de encima, y agradecí que al pasar por delante de mí no me viera. A puertas cerradas estuvieron por cerca de cuarenta minutos, y durante ese tiempo pude leer el maldito correo…
"Nos complace informarles que tendremos una visita importante el día de mañana, si todo sale bien uno de ustedes podrá llevar a cabo una excelente entrevista"
Sin más que agregar, Gerencia.
Cualquiera pensaría que era el mismísimo Presidente, pero no, tenía que ser él y en mi trabajo ¡por un demonio! Lo mejor sería desaparecer antes de que mi buen jefe me vea o esa entrevista me la dará sin siquiera habérsela pedido.
—Akane ¿a dónde vas? —chilló Foutaba al verme caminar hacia las escaleras de escape.
—A echar humo… —respondí con la cajetilla que guardaba para emergencias, no fumaba con regularidad, solo cuando el estrés me superaba.
Llegué a la azotea en dos minutos y luego de subir varias escalas, el bonito día se había nublado, la brisa era fresca y me reproché al no traer conmigo el abrigo, encendí el cigarrillo y luego de unas tres bocanadas mi cuerpo comenzaba a relajarse.
De seguro fue porque debía de imponer sus reglas, Saotome tenía sus mañas a la hora de dar entrevistas, eso decían colegas de otras televisoras. Bien, que la haga y que se largue muy lejos… entonces oí que se abría la puerta, voltee a ver y estaba parado viéndome seriamente.
¡Pero qué mierda, cómo supo que estaba allí!
—¿Acaso huyes, Tendo? —preguntó alzando la voz, estaba como a seis metros de él. Sus gorilas se alejaron cerrando al irse, e incluso el flaco asistente también se iba.
Voltee para ignorarlo pero este comenzó a caminar, podía oír sus pasos acercándose. Se acomodó justo a mi lado y me arrebató el cigarrillo de la mano.
—¡Qué haces! —chillé al ver como lo lanzaba al suelo poniendo su pie sobre él.
—Gracias por ponerme atención —replicó.
—No tengo tiempo para ti —giré envalentonada pero este se me cruzó de súbito acortándome el espacio.
—Lo sé, pero esto es de trabajo —indicó.
—Mira Saotome, habla con mi jefe, yo solo soy una subordinada ¿comprendes?
Volví a caminar pasando por su lado, por alguna razón me molestaba su actitud pero al mismo tiempo recordaba mi sueño húmedo y eso me colocaba más irascible. Puse la mano sobre el pomo y no podía abrir, la giré enérgicamente y voltee a verle muy cabreada. Ranma se reía de mí, podía notarlo.
—Solo se abrirá cuando yo lo diga.
—¡Bien! ¿Te crees el puto amo? —espeté enojada.
Volví a moverme, esta vez hasta el borde del edificio, sí, allí había una escalera que llevaba hasta el piso cinco, era en caso de incendios solo que estaba muy expuesta y era peligroso si no la usabas con el debido cuidado.
—¿Qué vas hacer? —preguntó con los ojos bien abiertos al notar mi decidida acción.
—Me largo, tengo que trabajar ¿sabes? Yo pago mis cuentas, no tengo un papá millonario —escupí enojada.
—No bajes por allí, no tienes la ropa adecuada —insistió moviéndose hasta llegar a mi lado, claro que no la tenía, en pantis y con falda sería verdaderamente incómodo pero no tanto como tenerlo cerca.
—No me digas qué hacer, eres un cretino, ahora resulta que me encierras pero no Saotome conmigo no podrás ¡muévete! —chillé sacándome los tacones.
Asomé a ver y el vértigo me jugó una mala pasada, me hice hasta atrás torpemente con el miedo de caer, Ranma se aprovechó y me sujetó de un brazo quedando a milímetros del uno del otro.
—No es necesario, no sabía que te causaba repulsión —indicó —solo es por trabajo y no, no lo pedí, ese fue tu jefe —aseguró.
—¿De qué hablas? —pregunté frunciendo el ceño.
—Bueno, será una exclusiva para tu televisora… es un favor que mi familia hará para un amigo y tu jefe ha designado que seas tú quien escriba el artículo.
—¿Y para qué subiste? Esa información pudo dármela él, no tú.
—Tu jefe dijo que te conociera en persona, una chica nos indicó donde encontrarte y por eso estoy aquí.
—Ah… —salió de mi boca —finges, eres tan buen actor —agregué zafándome e incorporándome —Pues ya me viste, ahora puedes irte… es más, sigue fingiendo que no me conoces.
Ranma me vio serio, quizás dolido, y eso me perturbó un poco.
—No puedo evitar la entrevista y tampoco que seas tú quién la lleve a cabo —adujo.
—Cómo sea, haré lo que sea para no hacerla.
—Está bien, no insistiré, pareces un gato enfurruñado —soltó y me crucé de brazos.
El apuesto hombre caminó hasta la puerta, tocó dos veces y esta se abrió de inmediato. Se fue sin decir una sola palabra más, solté el aire y volví a ponerme los zapatos, ya estaba más que congelada.
Cuando regresé a mi puesto de trabajo me encontré con el jefe, luego de decirle que no haría la entrevista me citó a su oficina. Necesitaba una razón de peso para cambiar de periodista y no se la di; jamás le diría que lo conocía, que tuvimos una seudo relación y que además me dejó en cuanto su papá lo puso en regla. Tenía orgullo, y por supuesto amor propio.
¡Harás esa entrevista o quiero tu renuncia en mi escritorio! Gritó mi jefe muy alterado.
Perfecto, al fin tenía estabilidad laboral, un excelente sueldo y a punto de comprar el apartamento en el que vivía y tendría que renunciar. ¿Por qué debería? Mis necesidades están por sobre las de él, haría mi trabajo y luego seguiría con mi vida. Aplicaría la ley del hielo, me limitaré a las malditas preguntas y eso sería todo. Nunca más lo volvería a ver, claro que sí, y con eso en mente continué mi día laboral sintiéndome fatal. El dolor de cabeza era monumental, mis mejillas ardían en fiebre y debía terminar un informe. Mi mal estar, junto a mi falta total de concentración hizo que estuviese hasta las nueve de la noche sentada frente al computador, Tofu llamó más temprano y tenía consultas hasta tarde así es que no nos veríamos por ese día.
Me levanté de la silla mareada, tomé mi bolsa el abrigo y caminé hasta el elevador. Pediría un taxi en cuanto llegara a la calle principal, quería mi cama y el botiquín, Kasumi siempre me dejaba analgésicos para estos casos.
En cuanto subí al elevador sentía las piernas temblequear ¡ash! ¿Por qué ahora? Casi nunca me enfermaba y en estos momentos no tengo quién me lleve a casa, pensé.
Salí del edificio en medio de la noche, caminé con dificultad hasta el paradero más cercano, gracias a Kami pude sentarme en una orilla de la banqueta o caería como una torre de bloques.
De pronto oí una voz…
—¿A dónde vas?
—A la calle caracol #245 por favor —respondí y entonces mis ojos se cerraron por completo.
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Estaba charlando cosas triviales junto a mi asistente, ese día había sido especialmente tedioso; la carga laboral, la salud de mi padre y todavía las vanidades de mi prometida me tenían agobiado. Mousse era un chino que llevaba diez años en Japón, era extremadamente eficiente, creo que fue lo único bueno que el viejo me otorgó al llegar a la empresa, lo demás solo fueron cargas.
Mientras oía las divertidas historias de un adolescente Mousse en su natal China, saboreaba el delicioso coñac que llevaba a mis labios, fue entonces que la vi pasar delante de mis ojos…
Creí que fantaseaba producto del alcohol, no sería la primera vez, incluso consciente soñaba con ella. Ese perfil fino y delicado, su mentón, su respingada nariz, esa diminuta cintura y ese vestido no ayudaba a que pudiese disimular el descaro con el que la observaba. Estaba hermosa, más incluso, con aires seductores a todas luces y acompañada, golpee mi vaso sobre la mesa molesto. No tenía derecho, pero estaba furioso porque era ese maldito galeno el que la desnudaba con solo verla, el ambiente no era de amigos, claro que no, llamé a la mesera y pregunté qué celebraban "noviazgo" respondió gentilmente.
Mi incomodidad se hizo visible, Mousse notó mi cambio de actitud en cuanto mis ojos no dejaron de verla.
—¿Nos vamos? —preguntó.
—Claro que no —contesté.
—Esto no te hace bien —replicó el chino, con el que estrechábamos amistad fuera del ámbito laboral.
—No puedo irme ahora, no la veía hace un año —mencioné firme.
—Lo sé, alguna vez me lo comentaste pero ella… se ve felizmente acompañada y tú —lo interrumpí.
—No me hables de mi prometida, sabes que toda esa mierda es una farsa que montó mi padre.
—¿Quieres mi opinión? —preguntó él.
—No —susurré.
—Igual te lo diré —musitó y entonces lo miré cabreado —¡Supérala! Fuiste ruin cuando te alejaste de ella, y lo sabes. Ese tipo ha de ser el novio y se gustan, solo míralos.
—Ya cállate Mousse —solté molesto porque todo lo que decía era verdad.
—Bueno si tanto la quieres, reconquístala —decía el chino dejándome estupefacto, eso jamás se me había pasado por la mente.
—¡Estás loco! ¡Esa mujer me odia! Akane… no sabes todo lo que me costó convencerla en esa época, no tengo más remedio que verla desde lejos.
—Eres patético Saotome —aseguró mi asistente.
—Lo sé, pero no puedo irme sin antes felicitarla.
Y así fue como se me ocurrió regalarle la botella de champagne más cara de todo el restaurant. Solo que no imaginé que nuestras miradas se cruzarían en medio de toda esa gente y que la mujer me enfrentaría vertiéndome una copa del costoso brebaje en la cabeza, dejándome como un grandísimo idiota.
Incluso mientras lo hacía podía ver su resentimiento claramente, mientras mi corazón palpitaba a mil y mi deseo por tomarla y llevármela de allí se suprimía a duras penas.
Esa noche fue larga, agradecí todavía tener ese apartamento en donde pasé los momentos más placenteros junto a ella. La pensé por horas, la extrañaba, pero no la merecía.
Luego de dormir unas tres horas, Mousse se presentaba a las siete de la mañana a buscarme. De un solo empujón entré a la ducha y salí más renovado, las ojeras y el mar dormir no podían ser borrados de mi rostro ni siquiera con un delicioso desayuno, tenía muchas tareas por hacer y una visita a uno de los noticieros más prestigiosos de todo Japón.
Sabía que ella trabajaba allí, pero no imaginé que en el mismo departamento al que tenía que asistir, estaba impávida viéndome, mientras yo la ignoraba para no incomodarla más.
La reunión fue breve y concisa lo cual agradecí, pero el supervisor a cargo insistió en que entre su gente tenía a una periodista muy capaz, y me dejaría más allá de las nubes con la teleaudiencia.
Ella es Akane Tendo una joya; otras empresas quisieran llevársela pero no, ella es leal pues le di una generosa oportunidad. ¿Quizás a leído sus entrevistas? Preguntó el robusto hombre, Akane también participa en una de nuestras revistas más prestigiosas. Es importante que la conozca la va amar.
El hombre solo la elogiaba, y claro que la conocía, también me enteré que trabajaba en esta televisora precisamente por esa revista, ya que va dirigida al mundo empresarial y es un hábito leerla entre mis pares.
Una indicación más y llegué a la azotea, ella fumaba a lo lejos, hacía frío y se sobaba los brazos mientras echaba humo por la boca, no sabía que había tomado ese mal hábito. En cuanto nos vimos supe que se venía una tormenta, en todo momento me evitó, seguía enojada y como no la dejé salir quería bajar el edificio al más puro estilo del "hombre araña" ¡mujer testaruda! Me fui para dejarla en paz, la entrevista era inevitable sin embargo, en verdad no quería molestarla más.
Horas más tarde y como el idiota que soy le pedí a Mousse que condujera el coche hasta las oficinas de Akane, luego de un día laboral estresante estuve alrededor de dos horas esperando a que ella saliera. Quería convencerla de que haría de todo para evitar la entrevista, no quería perjudicarla en su trabajo ni obligarla a verme más.
—¿Qué te dijeron? —Pregunté a Mousse quien regresaba desde el edificio, el amable guardia le comentó que ella trabajaba hasta tarde a veces —Entonces todavía no sale, ya son las nueve quizás no ha cenado, quizás…
—¡Esto está mal Saotome! Parecemos acosadores, deberíamos irnos —mencionó el chino algo cansado.
—Tienes razón —suspiré cansado —solo cinco minutos más —pedí volviendo a ver la entrada.
Fue entonces que ella salía del edificio, caminaba con lentitud y llegó hasta el paradero más cercano para sentarse.
—Parece ebria —soltó Mousse y lo fulminé con la mirada.
Akane se abrazaba a sí misma, luego tocó su frente y volvió a frotarse los brazos.
—Está enferma —concluí acertadamente.
Me bajé del coche sin pensarlo mucho, ni siquiera se me pasó por la mente la posibilidad de que alguien iba por ella, incluso el galeno.
Me puse a su lado y le pregunté a dónde iba, me dio la dirección sin siquiera mirarme y se desplomó a mi lado. Toqué su frente la cual ardía en fiebre…
—¿Akane, Akane puedes oírme? —pregunté cerca de su oído para no llamar la atención de las personas que estaban allí, era algo conocido si me veían y fotografiaban estaba perdido.
La tomé entre mis brazos y Mousse se bajó rápidamente abrir la puerta trasera.
—¿Qué hacemos? —preguntó una vez estuvimos seguros dentro.
No podía creerlo, esta mañana casi me clavaba sus tacones en el pecho y ahora se veía tan apacible entre mis brazos.
—Al Hospital más cercano —respondí.
Unos minutos más tarde llegábamos a la central de urgencias, prontamente la atendieron, nada grave, una fiebre debido a un resfriado. La dejaron recostada sobre una camilla y con un suero para hidratarla junto a unos analgésicos.
—Deberíamos irnos —susurró Mousse tocándome el hombro y solo asentí.
—No quiero que me vea cuando despierte —comenté.
Tomé su pequeña mano entre las mías y la acaricié brevemente, pronto estarás mejor, eso deseaba con todas mis fuerzas.
Me acerqué al mesón para cancelar su atención y me fui.
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Desperté algo aturdida, a mi lado estaba Tofu con rostro preocupado.
—¿Qué sucedió?
—Qué alegría que despiertes, estás enferma cariño pero alguien de buen corazón te trajo al hospital.
—¿Alguien?
—Sí, eso dijeron las enfermeras; la persona informó que te desmayaste en el paradero y que decidió traerte a urgencias.
—No puedo creerlo, hace mucho tiempo que no me enfermaba así…
—Tenías mucha fiebre, pero ahora podremos irnos, eso dijo el médico.
—¿Y cómo supiste que estaba aquí?
—La enfermera buscó un contacto en tu teléfono y me llamó de inmediato.
—Ah… y la ¿persona? Necesito agradecerle —sostuve.
—Ya se fue, no pude conocerlo tampoco.
—Oh, qué lástima.
—Lo sé, todavía queda gente así ¿no?
—Ayúdame, quiero irme de aquí no me gustan los hospitales —repliqué incorporándome en la cama.
Justo antes de salir Tofu me pidió esperara en los asientos del hall principal, regresó casi de inmediato.
—No pude pagar la atención —señaló serio.
—¿No? Usa mi tarjeta, está en mi bolsa —respondí.
—No es por eso Akane, al parecer la misma persona que te trajo canceló antes de irse.
—¡Qué! —Chillé sorprendida, me puse de pie y caminé hasta el mesón —Disculpe, pero ¿puede decirme quién pagó mi atención?
—No sabría decirle, el hombre no se identificó —señaló la cajera.
—Pero el voucher o algo…
—No podemos dar esa información, de todas maneras ya le entregué la receta a su novio, su atención está cancelada así es que puede marcharse sin problemas.
Tofú tomó mi mano y juntos caminamos hasta su coche, me fui muy pensativa de camino a casa, mi preocupado novio quería que me quedara con él pero le insistí en que necesitaba estar en mi espacio personal y que además podría contagiarlo.
Una vez sola fui directo a la cama, quería dormir, nada más. Aunque me sentía agradecida de aquel desconocido, me hubiese gustado conocerlo para agradecerle en persona su esfuerzo desinteresado.
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Al día siguiente la alarma no paraba de sonar, increíblemente los analgésicos que me habían puesto en el hospital me hicieron muy bien. Aunque no estaba con todas mis fuerzas podría ir a trabajar, eso sí, mi ejercicio matutino debería posponerlo hasta que sanara completamente.
Luego de un baño reponedor, fui hasta mi closet por algo de ropa, la falda que usaría no era opción, opté por un traje con pantalón hasta la cintura. Bien abrigada para no pasar frío, necesitaba recuperarme sobre todo porque a las cinco de la tarde tenía cita con él, no podía zafar de la dichosa entrevista por el bien de mi cuenta bancaria tendría que hacer mi trabajo.
Tomé un taxi y en cosa de minutos llegaba a la oficina, pasé por un café a la máquina expendedora, el elevador y al fin a mi módulo. Mientras encendía la computadora mi jefe asomó y con un simple gesto de mano me llamaba a la oficina, rodé los ojos cabreada, no estaba de ánimos para otro round. No obstante, solo quería sugerirme algunas preguntas las cuales me entregó en un documento "es un cliente importante Akane no puedes arruinarlo, si todo sale bien invitaré al equipo completo a cenar" decía el hombre y solo asentí.
Dejé de lado la hoja que me había entregado en cuanto llegué a mi asiento, tenía varios correos por responder y puse manos a la obra.
Como al medio día recibía un mensaje de Tofu "¿Cómo te sientes? ¿Quieres que vaya por ti?" preguntaba adornando con unos emoticones.
Claramente le dije que no, que estaba mejor y que trabajaría hasta tarde, todavía había un detalle que no le había dicho a mi novio, la entrevista era con Saotome. Aunque sé que no dirá nada extraordinario, pues él respeta mucho mi trabajo.
A la hora de almuerzo no pude probar bocado, no tenía apetito por lo que llené el estómago con otro café.
Pronto el reloj en el mural marcaba las cuatro de la tarde, apagué el computador tomé mi libreta y una carpeta.
—¿Ya te vas Tendo? —preguntaba una curiosa Foutaba.
—Tengo trabajo en terreno, adiós —respondí alzando la mano camino al elevador.
Salí del edificio y miré el móvil, hace cinco minutos atrás un número que no conocía me había enviado la dirección de la cita, al parecer era a tan solo dos cuadras desde donde me encontraba. Sin embargo un lujoso coche se estacionó frente a mí, un hombre joven bajó la ventanilla y detrás de esos cristales un par de bonitos ojos verdes me vieron con seriedad.
—¿Tendo Akane?
—¿Quién pregunta? —cuestioné escueta.
—Soy el asistente del señor Saotome, solicitó que la llevara a su cita.
—Ah… no es necesario, llegaré por mis propios medios —respondí.
—Lo siento, no me malinterprete solo sigo órdenes —adujo.
—Lo sé, pero todavía tengo cuarenta minutos para llegar —contesté viendo la hora en mi celular, comencé a caminar pero el coche me seguía justo al lado.
Sí, al lado de mí generando molestia entre los demás conductores…
—¡Pero qué hace! Váyase ¿quiere?
—No puedo, mi jefe me dijo que la escoltara hasta la cita.
—¡Ese hombre testarudo! —Chillé molesta —Detenga el maldito carro, subiré —espeté.
Una vez arriba el conductor aceleró, de pronto noté que pasaba el punto de encuentro.
—¡Hey, creo que se pasó! —señalé muy contrariada.
—El señor cambió el lugar, no se preocupe señorita Tendo llegaremos a tiempo.
—¿Cómo que lo cambió?
—Lo que sucede es que hay una firma de una actriz muy cerca de donde iban a estar, el señor no gusta de los tumultos.
—¿Hace cuánto que trabajas para ese idiot… digo para el "señor Saotome"?
—El próximo mes cumplo un año, si requiere de mi tarjeta en su lado derecho encontrará una —indicó muy formal, tomé el trozo de papel y vi su nombre completo y a la empresa que trabajaba, el hombre era asistente y guarda espalda todo un paquete.
—Ya llegamos —señaló, bajé la ventanilla un poco y vi un edificio residencial que me parecía conocido.
—¿Qué es este lugar? —pregunté más para mí.
—Es un lugar que ocupa cuando necesita privacidad —respondió.
Bajé del coche dejando caer la mandíbula hasta el suelo…
—¡Llame inmediatamente a su jefe! —exigí, pero el tipo ni siquiera había bajado del coche y lo puso en marcha dejándome sola en medio del estacionamiento.
Tomé una gran bocanada de aire e intenté tranquilizarme, ¿cómo pudo traerme hasta aquí? De pronto el viejecito que atendía como conserje me reconoció, sí, era su apartamento ese en donde tuvimos los encuentros más fogosos.
—¡Tanto tiempo! —Exclamó —Por favor suba, el señor llegó hace una hora —agregó.
Caminé envalentonada hasta el elevador ¿qué se cree? ¿Acaso sigo siendo un juego? Esto es mero trabajo Saotome, pero te lo haré saber, de mí no te burlas dos veces. Todo eso me decía mientras subía por el ascensor, estaba a punto de llegar al penthouse cuando el arrepentimiento invadió todo mi ser, torpemente comencé a presionar cualquier botón pero era muy tarde, las puertas del elevador se abrían de par en par.
Lo primero que vi fueron sus ojos, estaba de pie esperándome, vestía unos jeans y una camisa casual.
—Al fin llegas —habló.
Di un paso al frente y miré alrededor, el lugar estaba un poco abandonado, los muebles estaban cubiertos por enormes sábanas blancas.
—Te diré una cosa Saotome, esta será la primera y la última vez que piso este lugar ¿comprendes?
—¿Por qué, te trae recuerdos? —soltó como si nada.
—No era aquí nuestra cita, me engañaste —respondí.
—Solo lo modifiqué a último minuto, creí que sería mejor que un lugar público.
—Bien, hagamos esto rápido —señalé caminando hasta el sofá.
—Yo no lo haría tan rápido Akane —aseguró serio —lo haría lentamente.
—¿De qué hablas? —cuestioné nerviosa.
—De la entrevista, por supuesto —respondió.
—Cretino —susurré abriendo mi libreta.
—Eres muy malas pulgas, todo lo tomas a mal, espero que no me golpees antes de acabar.
—Eso está por verse —dije hundiendo mi dedo índice en su pecho, error, no debí tocarlo. Me alejé lo más que pude, específicamente en la otra esquina del sofá.
En cuanto me senté estornudé dos veces.
—¿Estás enferma? —preguntó.
—Eso no te importa, y fue solo polvo este lugar está todo sucio —escupí molesta.
—¿Quieres que te ayude con el abrigo? —preguntó al verme un poco incómoda con él puesto.
—¡Ranma basta! —exclamé fuerte dejándolo estático, me saqué el abrigo sin dejar de verle —Estoy aquí por trabajo, si no jamás te hubiera vuelto a ver, en serio no quiero que tu papá me vea y te desherede por mi culpa ¿entiendes?
—No pienses así, déjame explicarte…
—No lo necesito, me quedó claro esa noche —aseguré —Ahora bien ¿puedes por favor darme la entrevista?
Ranma asintió en silencio, no había nada que recordar y con eso en mente comenzamos la entrevista. Fueron treinta minutos mentalmente agotadores, no me sentía a gusto, quería correr, pero finalicé mi trabajo estupendamente.
Mientras tomaba el abrigo caminaba hacia el elevador.
—Gracias —habló de pronto.
—No te preocupes, haré todo lo que me pidieron, quedarás como lo que eres; un exitoso y joven empresario a puertas de sus nupcias.
—Adiós Akane —se despidió mientras subía al elevador, solo moví la cabeza esperando que se cerraran las puertas —Usa tu abrigo, podrías enfermar otra vez —agregó justo cuando la puerta se cerró.
Quedé fijamente viendo la punta de mis botas, apenas llegué al piso uno me despedí del viejecito y salí hasta el estacionamiento, estaba pensativa en todo lo acontecido recientemente, fue entonces que me hicieron ruido sus palabras "enfermar otra vez" ¿cómo sabe que me enfermé? Me tomó unos segundos atar cabos ¡No puede ser! Chillé internamente, acaso fue él quien me ayudó ¿anoche?
Alcé la vista hacia la entrada pero el señor me indicó que acababa de salir hacia su garaje, caminé rápidamente pero en cuanto asomé a la esquina el ronroneo de una motocicleta me asustó.
El hombre motorizado frenó de súbito justo delante de mí, subió el visor de su casco y choqué de forma electrizante con sus profundos ojos…
—¿Quieres un paseo? Será la última vez Akane —habló en tono de despedida.
No pude evitar rememorar aquel encuentro sobre su Harley, su esbelto y bien ponderado cuerpo desnudo frotarse por ese asiento de cuero hicieron que mis mejillas ardieran, ha de ser fiebre, ¿me subió la temperatura otra vez? Llevé mis manos hasta mis mejillas.
—¿No quieres? —insistió ofreciéndome otro casco.
Tal vez no sería tan malo, tal vez una última vez de paseo en esa motocicleta me ayude a enfriar los pensamientos sucios que pasan por mi alterado corazón.
Continuará…
Nota del autor
Estimado lector, agradecida con ustedes por leer esta actualización y apoyar mi historia.
Ha pasado de todo en un año, se separaron, cada quien hizo su vida y bueno el mundo es un pañuelo y se han vuelto a encontrar.
Ella tiene novio, sí, el galeno aunque a muchos no les guste. Por eso se llama así este fic, Dulce y embustero amor. Todo se reduce a un triángulo amoroso. Tofu pareciera ser el novio perfecto ¿será tan así?
¿Qué hay de Ranma? Al parecer sigue de prometido pero lleno de responsabilidades.
El trenzudo todavía muere y pena por ella, de eso no cabe duda sin embargo, Akane está herida por su decisión, le faltó cojones y algo más.
¿Lo perdonará? ¿Subirá con él a la preciosa Harley?
Todo eso y más en el próximo capítulo.
Te invito a comentar, me gusta leer sus opiniones.
Desde Chile una fanática más de Ranma.
Sweetsimphony._
