De Antojos y recuerdos.

Salió muy temprano de su departamento, todavía con el cabello húmedo y el móvil en la mano, por si acaso Neflyte hablaba. La tarde anterior él le marcó, pero ella perdió el aparato entre las cosas de los chicos y no lo echó de menos hasta ya muy tarde, la plática había sido muy interesante. Cuando devolvió la llamada, él fue quien no respondió.

Tocó la puerta y no pudo evitar ruborizarse cuando el joven rubio de ojos verdes, con el cabello revuelto y la absoluta falta de algo que cubriera la parte superior de su cuerpo, le abrió aun dormido.

-Bue... buenos días- balbuceó-, ¿Es muy temprano?

El parpadeó un poco antes de darse cuenta de la situación y encenderse en un carmesí más intenso que el de ella cuando se dio cuenta el estado en el que estaba. Sin embargo, trató de recomponerse fingiendo que estaba cómodo con su parcial desnudez.

-Buenos días Makoto, ¿Qué hora es?

-Pasan de las diez, creí que estarían despiertos—dijo girándose para dejar de verlo, aunque lo volvió a intentar por el rabillo del ojo-. Perdón, supongo que siguen muy cansados.

Andrew sonrió ampliamente. Ella no lo había notado hasta ese momento, pero aquel rubio era de hecho, un chico muy guapo. Sus ojos verdes, similares a los de ella, brillaban acompañados de esa curva rosa y antojable que eran sus labios. Sin hablar del cuerpo muy bien cuidado que lucía con descaro frente a ella. "¡Los hombres son tan desvergonzados!" se dijo internamente mientras recordaba que él había abierto semi desnudo la puerta de su casa. Aunque bueno, Neflyte hacía cosas peores como aquella vez...

-¡Vaya! -exclamó el rubio interrumpiendo sus pecaminosos pensamientos-. Parece que Darien al fin se despertó, ¿Quieres ir a desayunar a algún lugar? -preguntó.

-De hecho... -suspiró y volvió a girar, tratando de dominar la situación-. Hice desayuno, vine a invitarlos.

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Algunos minutos después, los dos chicos se paseaban a sus anchas por el departamento de Makoto. El lugar era muy similar al de ellos, pero tenía un toque bastante más hogareño, empezando con todas aquellas plantas que colgaban de las paredes o esas que tenía sobre varias mesas, sobre todo en el balcón.

Todo estaba realmente impecable, con un toque femenino pero bastante moderno, ninguna señal que un hombre viviera ahí, al menos esa fue la idea que pasó por la cabeza de Andrew cuando recorrió todo con la vista.

-¡Huele delicioso! - exclamó Darien mientras se abalanzaba sobre ella, frente a la estufa. Makoto tuvo que darle un golpe en la mano para obligarlo a sacarla de una de los sartenes.

-¡Quieto! -rio-. Alcánzame esos platos, les serviré.

El pelinegro sonrió con picardía mientras tomaba los cubiertos en cuestión y volvía con ellos. La chica lo obligó a quitarse y él volvió a la barra, donde tomó asiento. Una agenda junto al teléfono llamó su atención. Estaba abierta justo en esa semana, una letra que no era la de Makoto se veía en varios recuadros.

"Roma", "Londres" "Madrid" "Tus labios" leyó mentalmente, no pudo evitar sorprenderse con la última nota.

-¿Tus labios? -preguntó jocoso. Makoto supo de que hablaba y de inmediato se giró muy apenada. Tomó la libreta y la guardó en su delantal-. Que cursi.

-¡Eres un tonto! ¡No tenías por qué ver eso! - gruñó-. Solo por eso quemaré tus tostadas.

-¡Vamos, vamos cariño no hagas eso! - dijo divertido mientras volvía a rodear la barra para llegar a ella. Andrew había dejado de fisgonear para ponerles atención-. No te molestes conmigo, solo me llamó la atención, ¿Cómo iba yo a saber que el piloto era tan romántico?

-No es romántico y no es "el piloto". Su nombre es Neflyte, y mejor dile así porque no le gusta que le llamen de otra forma.

-Es un nombre muy extraño, ¿De dónde es? - preguntó Andrew acercándose a ellos. Ambos lo miraron.

-Es irlandés, pero vive en Milán.

-Y duerme en tus labios.

-¡Darien! - volvió a reprenderlo muy abochornada, el moreno se destornilló de risa frente a ella-. Eres un impertinente, además... te aseguro que cuando él esta aquí, ninguno duerme.

Darien abrió la boca en una excesiva demostración de sorpresa. Ella había ganado este round, pero no la guerra.

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-Amy dice que Makoto nos invitó al pub este sábado- dijo Jedite mientras checaba los últimos controles del avión antes de despegar. Neflyte lo miró de reojo un tanto extrañado-. ¿No sabias?

-No pude hablar con ella ayer, y cuando ella me marcó de vuelta no escuché.

-¿No escuchaste o no quisiste escuchar? - preguntó el rubio, conocedor del orgullo de su amigo y compañero. No tenía que ser adivino para saber que algo lo molestaba-. Dijo también que unos amigos de tu mujer se mudaron al edificio, ¿Eso es lo que te tiene de malas?

-Uno de ellos es como su hermano- gruñó apenas.

-Eso dijo de la corredora, ¿O me equivoco? - El castaño miró a su copiloto con un gesto de asesino serial digno de programa policiaco. El rubio, cuya misión desde el principio había sido molestarlo, rio a carcajadas después de lograrlo.

-Eres un idiota, te abandonaré en la siguiente parada.

-Vamos, no estuvo tan mal si no me equivoco.}

-¿Qué es lo que no estuvo tan mal? -preguntó una muy conocida voz de mujer que los hizo estremecer. Jedite carraspeó de inmediato y fingió volver a algo muy importante, Neflyte no pudo evitarlo.

-Esmeralda. -susurró con una falsa sonrisa apenas gentil.

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Y es que siendo honesto con él mismo, Andrew siempre había sido un chico bueno pero muy enamorado. No por nada había quedado destrozado cuando su ex novia Reika, lo abandonó por un sujeto de muy mal aspecto y peor reputación. Nada destruye más a un hombre honesto y gentil que una traición de ese tipo.

Así que cuando se descubrió por enésima vez mirando a la castaña, "casi hermana" de su mejor amigo, simplemente se dio un golpe mental y miró a otro lado. Después de todo, esa chica salía con alguien y por si fuera poco, era casi familia, ¿O no?

-¿Qué te parece este colchón? - preguntó Darien dejándose caer en uno de los exhibidores de la tienda de muebles. Andrew un tanto apenado simplemente lo ignoró.

-¿Todo bien con él? - preguntó la oji verde al ver al rubio tan retraído.

-Él es así con la gente nueva, sobre todo con las chicas lindas como tú.

-¡Basta! Empezaré a creer que estás intentando algo—rio, no sin antes darle una mirada de falsa molestia.

-¿Y si te dijera que intento llevarte a la cama?

Estaba sintiendo como el calor subía por su cuello justo en el momento en que Darien la tomó de la mano y la jaló hacía él. Makoto, que siempre había sido una chica muy fuerte, se vio sorprendida en esta ocasión y cayó sin poder evitarlo, primero sobre él, quedando por unos breves segundos a un palmo de su rostro, lo suficientemente cerca para verse reflejada en esos ojos zafiro que destellaban travesura. Pero gracias a su agilidad y entrenamiento, logró darse la vuelta y quedar más bien a su lado. Miró el techo un momento, tratando de procesar lo que ocurrió.

Darien también se había quedado sin palabras, no creyó haber tirado tan fuerte. Y tampoco esperó sentirla sobre su cuerpo, y mucho menos esperaba sentir algo por eso... pero lo hizo.

-Jóvenes—les llamó la vendedora con los brazos en jarra sobre la cintura y un rostro muy mal humorada, Andrew guardó silencio y fingió no conocerlos, mientras se reía a sus espaldas.

-Sí, disculpe... me llevo esta cama- respondió el moreno rojo como un tomate.

Cuando la vendedora se fue más contenta, lista para empezar a abrir la cuenta, Darien miró a Makoto que seguía muy abochornada, supo de inmediato que debía disculparse.

-Cariño, perdóname... creí que podrías conmigo con honestidad—dijo sonriente, anhelando indulgencia.

-Puedo contigo, solo no quise humillarte- respondió en un susurro que no tardo en volverse una risa nerviosa.

Lo cierto es que ese solo gesto fue suficiente para que Makoto recordará un poco de lo que había sido su vida los últimos dos años. Después de todo, no había sentido la piel de otro hombre tan cerca desde que conoció a Neflyte.

Flash back.

Y es que ese sujeto en el bar era simplemente un engreído. Un tipo soberbio y arrogante que evidentemente reconoció a otro de su especie, por eso vino a la mesa y las "libró" de semejante amenaza. Ella lo hubiera hecho, pero Minako la detuvo cuando vio a aquel sujeto castaño de ojos siniestros avanzar hacia ellas con aparente intención de ayudarlas.

-Vienen los refuerzos—le susurró. ¡Vaya tontería! No necesitaba a un hombre para ahuyentar a otro.

Pero lo permitió. Y él solo se deshizo del necio sujeto y su inútil amigo. Algo que debía reconocerle, los tipos se veían rudos y muy borrachos.

Aun así, no era su tipo. De Minako si, aunque para ella todos eran su tipo.

Y no iba a mirarlo, pero esa fragancia a roble se metió en sus pulmones y la derritió. ¿Sería atrevido preguntarle cual era la marca? Después de todo estaba sentado a su lado, coqueteando con su amiga, al menos podía darle ese dato por cortesía, ¿O no?

Pero entonces él giró hacía ella, seguramente guiado por la presión que debía sentir al tener su mirada clavada en él. "¡Tonta Makoto!" se reprendió a sí misma cuando no tuvo más opción que sonreírle y agradecerle por el favor de salvarla.

Y él sonrió. Una mueca apenas que arrugó un poco sus ojos pero que lo hacían ver... peligroso y tan antojable.

-¡Antojable!

-¿Qué? - preguntó él.

Y ella se dio cuenta que pensó en voz alta, y se murió. Al menos eso deseaba.

Rei y Minako la miraron impactadas, obviamente él también. Y esperaba que la tierra se abriera y la tragara, aunque no volviera a escupirla nunca, pero eso no pasó.

-En realidad mi nombre es Neflyte, pero puedes llamarme como tú quieras.

Eso fue suficiente para que su rubia amiga se rindiera y empezar a cuchichear con la morocha, señal que había bajado su bandera con él.

-¿Y cuál es tu nombre? - preguntó al ver que ella no se movía, en peligro ni respiraba.

-Se llama Makoto- gritó Rei. Él agradeció con un gesto militar-. ¿Y a que te dedicas Makoto? Además de pensar en voz alta.

Y se ofendió de nuevo, ¿Qué se creía ese patán?

-Soy chef, en L' Ambroisie—contestó recuperando su seguridad. Eso siempre dejaba impactados a quienes preguntaban, después de todo, el restaurante era un Michelin y no era fácil trabajar ahí.

-¡Vaya, eso me alaga! - sonrió. Ella no entendió lo que pasaba y como Neflyte lo esperó, se explicó-. Bueno, si un chef que trabaja en L´Ambroisie considera que soy antojable, eso debe ser más que verdad.

No quería reírse, pero se rio, con esa gracia que se contagiaba fácilmente. Él también soltó una carcajada y después sus amigas. Ese cretino era simpático, su mayor debilidad.

Fin de flashback

Y ahí estaba ella, cayendo en cuenta que, durante dos años, ese engreído había sido el único hombre con el que compartía la cama. ¡Pero ese no era el acuerdo! Aunque bueno, tampoco es que saliera mucho, su trabajo la consumía... ¡su trabajo!

-¡Tengo que irme! - gritó mientras se ponía de pie y revisaba la hora en su reloj. Darien se paró tras ella un poco preocupado-. Entro a trabajar en una hora, lo siento, los veré por la noche... ¡No compren tonterías! - gritó antes de salir corriendo.

Andrew se acercó a Darien y los dos se miraron confundidos.

-¿De verdad no te gusta ni un poco? - preguntó el rubio mientras miraba los ojos azules de su amigo irse detrás de la castaña que paraba un taxi afuera. Darien sonrió.

-¿Y a quién no?

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Apenas descender del avión el móvil de Neflyte comenzó a sonar, no pudo ocultar esa sonrisa de satisfacción al ver el nombre de Makoto en la pantalla y esa foto que le había tomado una noche que salieron de juerga y le invitó un helado en una de las plazas más bellas de París. Era su foto de perfil y le encantaba, quizá ella no lo sabía pero eso había sido su primer aniversario aunque nadie lo mencionó.

-Hola cariño, ¿Me extrañas?

-¿Debería? Solo hablo para saber que no has sido abducido por ovnis. Y si es así, ¿Qué hago con tu ropa?

-Tírala al suelo, como haces con ella cuando nos vemos.

Una pequeña risita salió del aparato y el sonrió también, completamente embelesado por ella.

-¡Tonto! ¿Dónde estás?

-Acabamos de aterrizar en Londres, estaremos aquí hoy y mañana y pasado saldremos a Madrid y de ahí de vuelta a París, ¿Ya me extrañas entonces?

-Un poquito. -rio-. También hablo para decirte que las chicas quieren salir el sábado al pub e invité a Amy y pues ella invitó a …

-Sí, Jedite me lo dijo. ¿Quieres pareja para el baile?

-¡Claro! Además, Darien y Andrew vendrán.

La sonrisa de inmediato se desdibujó de aquel rostro de piel apiñonada. Se subió las gafas de piloto y caminó rumbo a la salida del aeropuerto, donde Jedite ya lo aguardaba.

-¿Cómo están ellos? ¿Se han portado bien? -preguntó en el tono más tranquilo que pudo, sin éxito.

-Si, parecen adaptarse rápido. Se quedaron comprando algo de muebles yo estoy en el restaurant ya.

-Me alegra.

-¿Todo bien? -preguntó ella al notar el tono melancólico del hombre.

-Quiero verte, creo que necesitamos hablar de algo.

Makoto se asustó un poco, estaba por preguntar el tema, pero el administrador del restaurant entró a la cocina en ese momento y la reprobó con la mirada.

-De acuerdo, espero que no sea nada malo. Debo colgar, es hora. Cuídate.

-¿Makoto?

-¿Sí? - ella se quedó unos segundos esperando aquello que el piloto debía decirle de último. Escuchó un suspiro y el claxon de un auto que seguro lo esperaba.

-Yo si te extraño.

Y la llamada se colgó.

-¿Y esa cara de muerte? - preguntó el rubio mientras se deslizaba para darle asiento a su compañero.

-Jedite... - hizo una pausa para pensar muy bien lo que diría a continuación-. ¿Crees que yo debería...?

-¿Hablar con ella y pedirle algo formal? No.

-¿No? -preguntó extrañado. De primera instancia le sorprendió que aquel hombre supiera exactamente lo que estaba pensando, pero fue más increíble que le respondiera con una negativa.

-" No" sería mi respuesta como amigo que quiere salir de fiesta contigo y conocer mujeres bellas y dispuestas. Pero como también soy un tanto idiota te diré que si eso quieres, como sé que lo quieres, no deberías perder el tiempo. Después de todo ya pareces un anciano, sigo tratando de recordar la última vez que te vi ligando a alguien.

El castaño sonrió un tanto abochornado. Ciertamente lo dejó más tranquilo el dialogo rebuscado y en tono de reclamo que su rubio amigo le soltó, y con honestidad, no había dejado de pensar en ese tal Darien del cual Makoto no dejaba de hablar. Nunca se había ido de París tan intranquilo.

-¿Hay lugar para uno más? - preguntó una melosa voz de mujer mientras se asomaba por la ventana del auto, el chofer asintió con la cabeza y se bajó presuroso para abrirle la puerta. Jedite torció los ojos mientras Neflyte sintió su cuerpo tensarse solo con el timbre de esa mujer.

-No sabía que te hospedarías en el mismo hotel. - dijo el rubio recorriéndose aun más en el auto.

-Hice un cambio de habitación, me gustan más las camas del Royal Suites, -dijo con picardía, Neflyte suspiró-. A ti también ¿Verdad Nef?

Aquella mujer era una de las administradoras de la empresa para la cual los pilotos trabajaban. De vez en cuando solía tomar los vuelos para trasladarse a diferentes oficinas, y prefería con mucha notoriedad los viajes donde el hombre de ojos marrones y cabellos castaños iba.

Ciertamente él se había ganado ese karma, cuando unos años atrás sostuvo una relación muy pasional con ella, con todo y el hecho que era una mujer casada en aquel entonces. Ahora que era una muy feliz divorciada con mucho dinero, gustaba de dar rienda suelta a sus deseos con mayor énfasis, pero no contaba con que su juguete favorito fuera a caer a manos de una chef pastelera cuyo nombre había escuchado por casualidad y a la cual, tenía bien vigilada.

Cuando el auto arrancó con ellos tres a bordo, la mano de la mujer de cabellos caramelo con destellos en verde, porque le gustaba resaltar donde quiera que estuviese, se pasó por la pierna de Neflyte de manera sugerente. Él, harto de la manera en que ella abusaba hasta cierto punto de su rol en la empresa, trató de quitarla de la forma más educada posible, pero fue algo que a la exuberante mujer no le cayó en gracia, muy al contrario de la opinión del rubio copiloto.

-Este viernes debo volar a Marruecos para hacer una revisión, ¿No te gustaría llevarme? - insistió con esa voz de terciopelo que usaba para conseguir lo que quería.

-Lo siento, tengo ya un compromiso en casa.

-¿En Milán?

-Ahora vive en París, con su novia con quien piensa formalizar este fin precisamente- agregó Jedite con ese tono burlón tan típico de él. Esmeralda lo miró con furia.

-Exagera un poco, pero sí. Tengo planes en París este sábado.

-No eres del tipo que formaliza, no sé porque tratas de engañarte.

-Ya no soy un crio, y además, las personas cambian- contestó mientras retiraba de nueva cuenta la mano impertinente de la mujer.

-¡Tonterías! Todo son etapas. Las personas no cambian, solo se enfocan en otras cosas, pero por dentro siguen siendo los mismos. Tú mi querido Neflyte eres un alma libre que se sentirá ahogada cuando alguien intente enjaularte. Lo sabes y lo sé.

-¿Ah si, y yo que soy? - preguntó Jedite con una enorme sonrisa en los labios.

-Tú eres un idiota y nadie está hablando contigo.

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El turno del chef pastelero terminaba por lo regular a las once de la noche, salvo cuando Makoto se ofrecía a ayudar en el local para atender la demanda. Ese martes por fortuna, había sido un día normal y estaba saliendo por la puerta de servicio pasados diez minutos de su turno.

-¿Puedo acompañarla a casa hermosa señorita? - escuchó venir de un hombre recargado en uno de los postes cercanos a la puerta.

-Darien, ¿Qué haces aquí a esta hora? - preguntó sorprendida y alegre mientras se encaminaba a su amigo-. ¿Dónde esta Andrew?

-Se quedó en el departamento preparando la cena, vamos a invitarte a cenar y por eso vine por ti, para evitar que alguien llegara primero y te robara.

-¡Eres un tonto! - le respondió mientras le daba un ligero golpe en un brazo. Darien sonrió con dulzura y le ofreció el brazo para caminar de vuelta al departamento.

Era una noche de verano bastante agradable. El camino a casa no era muy largo y, de hecho, habían pasado por el trabajo de la castaña cuando fueron de compras por la mañana, así que no fue dificil para el foráneo dar con el lugar. Aprovecharon también el tiempo para ponerse al día con sus vidas, después de todo, tenían más de tres años sin verse, aunque solían hablar constantemente por teléfono.

-¿Y entonces, que fue de esa chica rubia, ya sabes la de peinado gracioso y risueña? -Darien se encogió de hombros un tanto apenado y sonrió.

-Bueno, conoció a una estrellita de pop y puf.. ¡Adiós Darien!

-¡Bromeas!

-De verdad que no—dijo llevándose las manos a los bolsillos-. Pero bueno, debo aceptar que era muy joven para mí.

-¿Qué no dijiste que tenía mi edad? - preguntó dudosa.

-¡Es cierto! Pero tú no eres muy joven para mí.

Makoto soltó una risa sincera que contagió también al moreno. Se detuvieron cerca de una fuente, en un parque que quedaba a dos cuadras de su edificio. Todavía había algunas personas paseando, sobre todo parejas que disfrutaban de la hermosa noche estrellada.

-Sé que algún día encontraras a alguien que sea capaz de soportarte. Quizás ya lo hayas encontrado y no lo has visto.

Darien volteó a verla, completamente sorprendido y confundido con aquella declaración.

-¿Qué insinúas?

-Pues que Andrew parece comprenderte...

-¡Eres una...! - exclamó con falsa molestia. Makoto se rio y hecho a correr camino a casa seguida muy de cerca por Darien, que en un esfuerzo sobrehumano logró darle alcance y la giró hacía él, atrapándola en un fuerte y muy profundo abrazo-. Te extrañé tanto Mako-chan.

Esos brazos siempre habían sido un lugar cómodo y feliz para ella. Recordaba su aroma a jazmines en esa loción que había usado desde que ella se la obsequió por primera vez. Darien era apenas un poco más alto, pero Makoto encajaba perfecto en su abrazo, lo suficiente para que él pudiera poner su mentón sobre la cabeza castaña, cuando ella se inclinaba en su hombro.

-También te extrañé, muchísimo.

Siguieron el abrazo un par de minutos más. Darien pudo sentir aquellas formas de mujer amoldándose perfecto a él. Ya no era la misma chiquilla que se fue de Tokio en busca de una mejor vida y de conseguir sus sueños. Ahora era una mujer hermosa, autosuficiente y que olía a vainilla y rosas.

-Debo admitir... - le dijo al fin rompiendo el silencio y despegándose apenas lo suficiente para verla a la cara-, Debo admitir que tenía miedo que no quisieras verme de nuevo.

-No digas eso- susurró. Las esmeraldas se cruzaron con los zafiros cargados de amor y añoranza.

-Sé que viniste aquí buscando un sueño, pero también reconozco que escapabas de mí. Lo siento tanto. Era un chico joven y estúpido. Pero ya no más.

-Lo sé, ahora ya no eres joven- sonrió.

Darien la miró enfadoso, pero sin poder ocultar la alegría que le daba tenerla en sus brazos. Soltó sus manos de su cintura para llevarlas a su rostro y acunarla con suavidad, acercando sus labios muy peligrosamente a él. Makoto se dio cuenta que había algo en él y en su mirar, no pudo controlar el rubor subiendo a sus mejillas.

-Dime una cosa, el piloto...- sus ojos iban de aquellos orbes verdes centellantes a esos labios rosas, suaves y completamente antojables-. ¿Él y tu...?

-No hemos hablado de nada serio- susurró apenas, extrañada de haber usado esa voz con él.

-¿Y él sabe que yo he sido el primero en tu vida?

-Darien... ¿A qué viene todo eso? -su voz pasó de un leve susurró a un tono de preocupación. Él lo notó y soltó su agarre, dándole espacio mientras caminaba alrededor de ella para tomarla de nueva cuenta del brazo.

-¡Me refiero a que, si le contaste que yo fui tu primer amor, desde luego! —su voz volvió a ser jovial y liviana.

-¿Debía hacerlo? -preguntó divertida.

-No dije eso, pero nosotros podemos oler esas cosas... además solo es curiosidad.

-Pues no ando por ahí contándole esas cosas a los hombres, pero si quieres saber si te presumí... te presentaré a Rei y a Mina, ellas si conocen esa historia.

Darien sonrió complacido.

-¿Y también saben que yo fui el primero que...?

Makoto le saltó encima y cubrió su boca con su mano. El siguió hablando y sus labios se movieron tan lento que ella sintió la caricia en su palma, estremeciéndose un poco.

-Eso es algo entre tú y yo, ese fue el trato—lo reprendió. Sus mejillas estaban encendidas y su corazón latía desaforado.

Darien vio con gusto, aunque sorprendido, que el recuerdo de su primera vez podía alborotarla. Contaba con eso de hecho, el guardaba ese recuerdo como algo muy especial.

-Bueno, bueno... no quiero que te molestes conmigo en mi segundo día aquí. Solo quería saber para cuándo conozca a ese sujeto saber a lo que me enfrento, ¿Entiendes a lo que me refiero?

-No, no lo sé... no es que vengas a defender mi honor o lo tenga que hacer él.

-Eso lo juzgaré yo, mi querida Makoto... Igual no creo que sea un digno rival para mí- dijo con toda la arrogancia que pudo expresar.

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Y sintió comerse sus palabras el viernes por la noche, cuando mientras vagaba por la cocina con una cerveza en la mano y unas cómodas fachas, escuchó el ruido de unas llantas arrastrarse por el pasillo. Intrigado, fue hacia la puerta y observó por la pequeña ventana que había en ella, a un hombre alto de largos y ondulados cabellos marrones sujetos en una coleta. Tenía los hombros anchos, paso firme y postura perfecta, el típico rasgo de un hombre arrogante y decidido.

Por si acaso le quedaban dudas, el castaño aun traía el traje negro con la parafernalia característica de un piloto comercial que le daba cierto aire de imponencia y sofisticación. Pasó frente a su puerta y pudo apreciar que miró de soslayo hacia él, como si supiera que estaba ahí, observándolo.

Andrew, atraído por la curiosidad también se asomó.

-¿Eso es el piloto? - dijo el rubio que también se sintió intimidado toda vez que su pijama no le llegaba a dar ni la décima parte de seguridad en sí mismo que ese hombre afuera irradiaba.

Ambos vieron como tocó a la puerta de Makoto, y se rieron pensando que ni siquiera tenía llaves. Aunque todo aquello cambió cuando aquella castaña de largas piernas y ojos verdes, salió disparada hacía él, brincándole encima y siendo atrapada por esos fuertes brazos. Él sonrió complacido y la besó con una ferocidad que hubiera abochornado a cualquiera, recargándola contra la pared para poder sujetarla mejor. La maleta por obvias razones cayó al suelo en un golpe seco junto con la gorra de aviador.

-¡Espera! ¡Ya no podemos hacer eso aquí, tenemos vecinos! - dijo ella entre risitas y gemidos cuando Neflyte comenzó a besarle el cuello con mucho deseo. Él se detuvo y la bajó, ella entró al departamento mientras él volvía en sus pasos para recoger su equipaje.

Neflyte levantó la maleta y su gorra, la cual se puso mientras miraba en torno a la puerta de los nuevos vecinos. Sonrió con picardía y bajó la visera, en una evidente señal de saludo.

Entró después cerrando la puerta tras él, con una enorme sonrisa de satisfacción en su rostro.

CONTINUARÁ...

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¡Muchas gracias por leer! Que conste que dije que no lo iba a actualizar seguido pero aquí vamos.

Le cambié el color de cabello a Esmeralda porque pues... me dio la gana jajaja pero tiene reflejos verdes para que no digan.

Gracias por sus lecturas y sus reviews.

Saludos.