Te amo.
Uno de sus momentos favoritos era despertar con él en su cama. Si el piloto le daba la espalda, ella podía contemplar los múltiples tatuajes de sus constelaciones favoritas, porque el cielo y todo en él, era la segunda pasión más grande de Neflyte. La primera era ella, pero no lo sabía. Le gustaba verlos, y más le gustaba unir los puntos con un dedo (y una vez con un marcador) y decirle, que jugaba a hacer figuras en su espalda como los niños en los manteles de los restaurantes. Neflyte le fruncía el ceño fingiendo disgusto y luego ella lo besaría cerca de los hombros, donde él solía estremecerse y así, comenzarían a hacer el amor de nuevo.
Esa mañana, sin embargo, quería verlo dormir. La noche anterior fue un amante insaciable y tierno a la vez, algo raro en él ya que gustaba de ser más pasional y ruidoso (algo que Darien le dejó muy claro y por lo que ella se abochornó demasiado), pero así lo disfrutó, porque él siempre se esmeraba en ello.
Estaba por levantarse para prepararle el desayuno, cuando un fuerte brazo la rodeo por la cintura y la atrajo de vuelta a la cama, ella sonrió mientras era arrastrada hacía él, fingiendo que era en contra de su voluntad.
-¡Hambre! - gruñó.
-¡Iba camino a hacer el desayuno, hombre de las cavernas! -exclamó ella entre risas, mientras era colocada de espaldas contra el colchón al tiempo que Neflyte la cubría con su cuerpo.
-De ti.
-¿De nuevo? Empezaré a pensar que solo vienes aquí por sexo y comida.
-También me gusta la vista.
-¡Eres un tonto!
Makoto lo empujó del pecho y Neflyte se tiró con excesivo dramatismo a un costado de ella, llevándose una mano al lugar donde ella lo había tocado. La castaña se puso en pie, ignorando la pataleta y colocándose la salida de cama para dirigirse al baño.
-¡Oye lo dices como si fuera gratis! Fue todo un logro que me dejaras pagar los servicios y la renta la cubro con mi cuerpo, ¿No es suficiente?
Ella le lanzó una mirada fiera desde la puerta del baño, esos ojos esmeraldas lo atravesaron tan retadores que él se sentó para ver mejor si le arrojaba algo.
-Si pagaras la renta con tu cuerpo, deberías acostarte con el señor Fitzmaurice y no conmigo.
-Sabes que no le hago a eso, pero la señora Fitzmaurice me mira lascivamente cuando bajo a recoger la correspondencia, creo que le gusto.
-Tiene ochenta años y ya no ve bien.
-¡Pero bien que toca!
La expresión en el rostro de la castaña fue lo más cómico que el piloto había visto en días y eso que se había reído mucho anoche de los gestos de desagrado de ese tal "hermano" de Makoto que podía engañarla a ella, pero a él no. Antes que en verdad le aventara algo, se puso en pie de un salto y con todo y la desnudez de su cuerpo, se acercó a ella y la abrazó de nuevo.
-¿Ahora que pretendes? -preguntó mientras era desnudada dentro del baño.
-Hablando de cuentas, el mes anterior llegó muy elevada la del agua, así que me ducharé contigo para ahorrar un poco—dijo con cinismo mientras se contorneaba rumbo a la bañera.
-Eso fue precisamente porque te aferraste a bañarnos juntos, ¿Ya lo olvidaste?
Neflyte giró medio cuerpo y con una perversa sonrisa de oreja a oreja le dijo, -¡Cómo olvidarlo!
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-Dime por favor que tienes un plan para hoy y no implica quedarte pegado a la pared.
-¿Qué dices? ¡Por supuesto que lo tengo!
Lo cierto era que no, y que sí, estaba por pegar el oído a la pared según él, "para ver si Mako estaba despierta", pero el aguafiestas de Andrew como siempre, lo juzgaba demasiado duro.
-¿Qué harás?
-Iré a dar la vuelta por la plaza necesito ropa nueva, ¿Qué harás tú?
-Eh quedado con Mina, la amiga de Mako para ir a comer al centro y después daremos un paseo por la ciudad. Dice que será mi guía de turistas, ¿Quieres acompañarnos?
-¿Y arruinar tu cita?
Andrew se ruborizó de inmediato, no consideraba cita aquella salida con la dulce y loca rubia, aunque claro que lo era. De cualquier manera, solo había invitado a su amargado amigo por compromiso y no deseaba en verdad que lo acompañara. Aunque lo conocía bien, y sabía que podía meterse en muchos problemas si estaba cerca de Mako y Neflyte, después de todo, Darien había confesado en algunas borracheras que esa oji verde era más importante para él de lo que pudiera admitir sobrio.
-No hace falta que te diga que suena ridículo que después de años de no ver a Makoto, en una semana decidas que es el amor de tu vida y quieras intervenir en su relación ¿Verdad?
-¡Para nada es eso! -bufó el moreno-. Es solo que no creo que ese tipo le haga bien. Se ve que no la toma en serio y no quiero que le haga daño.
-Pues Mina y Rei están contentas con él y lo conocen más que tú o yo—dijo tajante, seguro que Darien traía algo entre manos-. Sabes que te entiendo y que después de lo que pasó con Serena soy el primero en apoyarte y decirte que ya rehagas tu vida, pero hasta yo creo que es un buen sujeto, algo vanidoso y arrogante, pero bueno...
-Eso es porque las hormonas hablan por ellas y en lo que respecta a ti, eres tan bonachon con todos, que confiar en tu opinión sobre alguien es ambiguo.
-¿Ambiguo yo? ¡Yo no soy el que quiere quedarse con la chica a la que le digo "hermanita"! - resopló el rubio un tanto fastidiado mientras se dirigía a la entrada y tomaba su chaqueta-. Luego no digas que no te lo advertí. Me voy ya, haz algo de provecho y deja de estar espiando la vida sexual de las personas.
Andrew salió por la puerta más confundido que molesto. Por la manera en que Darien siempre hablaba de Makoto y lo entusiasmado que estaba por ir a vivir a Francia, siempre sospechó que había algo más que cariño entre ellos. De hecho, pudo notarlo en cuanto los vio interactuar, y ciertamente lo entendió perfecto, la chica era linda, y aunque habían convivido poco, era fácil sentirse cómodo a su lado, tanto que incluso él se sentía bastante atraído hacía ella, pero Andrew era un chico prudente que evitaba los conflictos en la medida de lo posible. Todo lo contrario a Darien, que parecía amar el peligro y encontraba diversión en lo prohibido.
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A pesar de los berrinches de Neflyte, el baño tuvo que durar poco tiempo. Makoto debía presentarse en el restaurante a medio día, dándole apenas tiempo para prepararle el desayuno y alistarse rápidamente. Cuando ella salió de la habitación, él ya había puesto el café y la mesa, lo único que se le permitía hacer ya que la cocina era solo de ella y nadie sin su consentimiento podía si quiera, tostar un pan.
Ella entró secándose el cabello con la toalla, lo vio sentado en la sala, con la pierna cruzada y el periódico en las manos, extendido a todas sus anchas.
-Hay algo llamado internet, lo portas en tu teléfono y ahí puedes ver las noticias del mundo entero, ¿Lo sabías?
-También hay algo llamado comida a domicilio, pides lo que deseas y no vuelves a cocinar nunca.
Makoto remontó en furia y fue hacia el hombre que reía con cinismo oculto tras el periódico, con una mano aplastó el papel y entonces fue él quien la miró con severidad.
-Eso fue grosero, discúlpate.
-¿Disculparme? Yo estaba aquí, leyendo mi periódico sin hacerle daño a nadie y de repente vienes tú e insinúas que soy un dinosaurio que no sabe usar un móvil, ¡Discúlpate tú! - aquella última exigencia fue dicha con tanta arrogancia que la ojiverde se desencajó. Tuvo que observarlo fijamente por unos momentos para descubrir si acaso estaba bromeando o realmente estaba molesto.
Como no logró descifrarlo, justo a nada de rendirse se dio cuenta que Neflyte revisaba la sección de bienes raíces, y movida por la curiosidad dio un vistazo a los anuncios. El piloto parecía revisar departamentos en renta y venta, algo que aún la alteró más.
-¿Buscas departamento? - preguntó sin apartar la mirada de la hoja que veía. Al verse sorprendido, él tartamudeó un poco.
-Sí, no, bueno... ya que no he comprado la avioneta, me gustaría invertir en bienes raíces.
-¿Ah sí? - Makoto enarcó una ceja mientras notaba el nerviosismo que se apoderaba de él. Ella también comenzó a sentir el rubor en sus mejillas, un tanto asustada y otro tanto incómoda ante la situación. Al final le devolvió el clasificado y se giró de nuevo a la cocina.
-Mi padre y mis hermanas quieren venir a París, y me gustaría que tuvieran donde quedarse. Después de todo paso mucho tiempo aquí últimamente.
-¿Ya no estas a gusto conmigo?
Makoto hizo un enorme esfuerzo por no preguntar, pero sus labios traidores no solo dijeron aquello en voz alta, sino que impregnaron cada palabra de aquel sentimiento de miedo y abandono. Él lo notó de inmediato, y con una sonrisa un tanto triste en los labios, dobló el periódico y lo dejó en la mesa. Se puso en pie y caminó hacía la cocina, donde ella permanecía frente a la estufa dándole la espalda. Se acercó por detrás y la rodeó con sus brazos, uno a la altura de los hombros y el otro por la cintura.
Fue un abrazo poderoso y al mismo tiempo, cálido. Él se acercó a su oído, no sin antes pasar su nariz por el cabello aún húmedo para tratar de llenarse del aroma a rosas que tanto le gustaba. Makoto tembló un poco en sus brazos, y ante la imposibilidad de moverse, se recargó en él, dejándose abrazar mucho más.
-Conozco casi todo el mundo entero, las ciudades más bellas y extravagantes del planeta- susurró a su oído-, y aun con eso, no hay otro lugar donde quisiera estar que no fuera aquí contigo. - Con un beso en la mejilla, comenzó una serie de caricias que se extendieron desde su rostro hasta su cuello y de regreso. Después la hizo girar para verla a la cara y pegando su frente con la de ella, continuó-. Sé que nunca antes te lo he dicho, pero creo que no hay mejor momento que ahora, Makoto debes saber que yo...
Se le erizó la piel ante el aliento fresco del castaño en su rostro. Estaba tan cerca que no podía mirarlo a los ojos y en cambio, miró sus labios moverse mientras comenzaba a pronunciar aquella frase que, aunque siempre lo negó, soñaba con escuchar. Estaba lista para decirle que ella también, por que podía apostar todo lo que poseía porque él debía decirle que la amaba, tanto que otra cosa le rompería el corazón.
-Makoto yo te...
Toc, toc, toc.
Y él se calló.
Ambos lo sintieron como un balde de agua helada sobre sus cuerpos, pero ninguno dijo nada. Se quedaron un segundo más en silencio, aunque la castaña sabía que el momento se había perdido y que, además, volverían a tocar la puerta.
Neflyte sonrió, en una mueca no muy sincera mientras se alejaba de ella para abrir la puerta. Él también sabía quién estaba detrás, así que mientras llegaba al recibidor, se tronó el cuello intentando relajarse.
-Hablaremos más tarde cariño.
Makoto suspiró agobiada y se recargó en la estufa, que para su fortuna seguía apagada mientras observaba a aquel frustrado hombre darle paso a su dolor de cabeza.
-Buenos días Darien.
-Buenos días Neflyte, espero no interrumpir algo.
-Pasa.
El moreno se abrió paso hasta la cocina mientras Neflyte volvía a la sala para tomar de vuelta el periódico, nunca deseó tanto encontrar un departamento lejos de los vecinos como en ese momento. Aunque no quito la vista del recién llegado, quien no perdió oportunidad en saludar a su entrañable amiga con un gesto cariñoso un tanto exagerado. Besó su otra mejilla y le acomodó el flequillo detrás de la oreja.
-Voy de compras, pensé que quizás querrían venir.
-Te lo agradezco, pero debo estar en el restaurante en dos horas y apenas haré el desayuno, ¿Quieres acompañarnos?
-Me encantaría- dijo sonriente mientras estrechaba de nuevo, en un movimiento brusco y cariñoso a la vez, a la castaña, Ésta se ruborizó un poco, pero logró zafarse para continuar cocinando.
-Atrás de la línea, estoy trabajando—dijo divertida mientras lo empujaba un poco.
-¡Vamos! Sabes que a mí me gusta pasarme un poco de las raya- exclamó divertido mientras se recargaba en una de las encimeras. Neflyte miraba todo aquello en silencio, con una mirada asesina en el rostro que, si bien Darien no pudo ver, si sintió.
-¡Que te quites te he dicho! - y le soltó un manotazo tan sonoro que Makoto volvió a ruborizarse.
Si algo tenía esa chica es que golpeaba duro, el moreno lo había olvidado pero el castaño no. Así que alzó rápidamente el periódico para esconder la sonrisa burlona del radar de Makoto, aunque Darien la apreció muy bien. Derrotado, el oji azul se fue a la sala y se sentó frente a Neflyte, sobando todavía su enrojecida mano.
-Pega duro.
-Y también muerde- agregó Neflyte con descaro.
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En medio de una incómoda escena, los tres comenzaron a desayunar, únicamente el ruido de los cubiertos y las tazas amenizaban el ambiente. Makoto estaba realmente intranquila, no hacía falta ser un genio para entender que Neflyte y Darien no se caían bien.
Esperaba que ese par de hombres, a los que quería con locura y con los que tenía historia, al menos fueran cordiales, nunca creyó que pudiera cortar la tensión entre ambos y servirla como flan en sus platillos.
-Y bien Darien, - dijo Neflyte, exaltando a la castaña-. Anoche vi que tú y Rei parecían congeniar. En el bajo mundo donde esa mujer se desenvuelve, la sonrisa que te dio casi equivale a que quiere hacerte suyo.
Makoto no pudo contenerse y el café se escapó entre sus labios y un poco por su nariz. Neflyte echó a reír como un poseso mientras Darien se encendía escandalosamente. Cuando la chica logró reponerse, le soltó un codazo al moreno lo que emparejó el marcador con Darien a uno.
-¿Pega fuerte no? - preguntó el ojiazul ante la mirada de dolor del piloto.
Neflyte sonrió divertido, por un momento consideró que podrían ser amigos si no estuviera tratando de quitarle a su mujer.
-¡No hables así de Rei! Te lo he dicho tantas veces. Es bruja y sabrá que lo hiciste.
-No es una bruja, esas cosas no existen. Simplemente es observadora y un tanto metiche. Si sabe tantas cosas es porque pone atención a todo, incluso cuando parece que no lo hace.
-Es la segunda vez que escucho que le dicen bruja, anoche el rubio … Jedite es su nombre creo, le dijo igual.
-Bueno, eso no fue del todo un adjetivo, tiene una parte de insulto en verdad—rio Neflyte de nuevo-. Ellos fueron novios, pero terminaron de buen acuerdo, porque ambos viven y siguen llevándose bien, aunque de vez en cuando se hacen enojar por deporte.
-De cualquier forma, Rei es una chica dulce y amable-alegó Makoto mientras Neflyte no se molestaba en tratar de disimular una burla en su rostro-, sería lindo que se conocieran más.
-Andrew salió con Minako hoy, iba a enseñarle la ciudad.
Los dos castaños lo miraron asombrados, como si hubiera dicho que acababa de ver un alien bailando en la cocina. Darien miró a uno y luego al otro, al final fue ella quien se decidió a hablar.
-Se lo comerá vivo.
-¿A qué te refieres?
-Ya lo verás.
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Cuando Darien se fue, Makoto corrió a la habitación para ponerse su uniforme y peinarse. Tenía el tiempo suficiente para llegar al restaurante si no se detenía. Neflyte la miraba desde la puerta, conocedor que no era momento de jugar.
-¿A qué hora sales hoy?
-A las siete.
-Perfecto, iré por ti a esa hora.
-¿Como una cita? - preguntó mientras se calzaba sus zapatos y abrochaba las cintas.
-No como una, ¡Una cita! Te llevaré a ese restaurante finísimo que te gusta.
-¿En serio? - preguntó ella divertida, arqueando una ceja.
-Y después, veremos una película, en ese hermoso cine que tanto te gusta, con rosetas y todo lo que quieras comer. Al terminar, te tendré una sorpresa.
-¿Todo eso en una cita? ¿Me propondrás matrimonio?
-¿Te gustaría eso?
La voz seductora del piloto erizó los vellos de su cuerpo. Makoto sonrió abrumada ante la idea y, Neflyte sonrió, curioso de saber la respuesta.
-¿Y decepcionar a tu club de fans? ¡No lo harías!
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Bajaron juntos rumbo al restaurante, en la entrada del edificio se toparon con los señores Fitzmaurice. El señor Filipo, tenía dificultades para abrir la puerta de su departamento, así que Makoto se ofreció a detener sus compras mientras Neflyte ayudaba a doña Marla con otras tantas bolsas.
Cuando por fin pudo abrir la puerta, el casero y la castaña entraron al departamento. Ella salió primero justo a tiempo para presenciar como Neflyte recogía el monedero de la anciana mujer que había caído al suelo. Cuando el corpulento hombre se agachó, la señora, que podría estar vieja y un tanto ciega pero no tonta, aprovechó y apachurró con descaro las posaderas del joven piloto. Él se sonrió un tanto apenado mientras la ojiverde se llevaba una mano a la boca para acallar su sorpresa.
Salieron de ahí en cuanto Filipo salió por su mujer, muertos de la risa.
-¡Te lo dije! ¡Me desea!
-¡Vaya, vaya! Renegociarás la renta, o mejor aún, me conseguirás el departamento en remodelación.
-¿Lo quieres?
-No tanto como la señora Fitzmaurice te quiere a ti.
Caminaron hasta llegar al restaurante, todavía regodeándose en la cantidad de reparaciones que podrían obtener gratis si el piloto cedía a los bajos instintos de la casera. Incluso rieron más cuando notaron que la mujer había metido un billete de cinco euros en el bolsillo trasero mientras lo manoseaba.
Unos minutos después, Makoto ya entraba por la puerta de atrás del establecimiento y Neflyte se despedía de ella prometiéndole volver más tarde. Cuando la perdió de vista sacó su móvil, marcó un número y comenzó a caminar rumbo a Champ-de-Mars mientras llamaba.
-¿Setsuna? Hola preciosa, al fin estoy libre, ¿Puedes verme en media hora? -Neflyte cruzó la calle corriendo hasta llegar al otro extremo-. Eh esperado verte toda la semana. ¿Qué dices? ¡No te preocupes por ella, estará trabajando, así que seré todo tuyo hasta las cinco y media, ¿No te basta con eso? - Una socarrona risa salió de sus labios-. Vamos, no seas así conmigo, sé que quieres más y lo entiendo, estaré toda la semana en París, tendremos más tiempo, pero quiero verte ya. Lo que podamos hacer en cinco horas me bastará por hoy, te veré donde quedamos. ¡Eso es! ¡Gracias cariño, no te arrepentirás! Te veo allá. —y colgó.
Neflyte detuvo un taxi y radiante de felicidad subió en él, perdiéndose entre el tráfico de la ciudad. Iba realmente contento y absorto en su llamada, que no se dio cuenta que justo atrás de él, Minako y Andrew estaban parados, esperando sorprenderlo.
Pero los sorprendidos fueron ellos y aunque el rubio no entendió de primera instancia lo que sucedió, supo que algo andaba raro cuando la pequeña mujer lo jaló justo cuando estaba por llamar la atención de Neflyte antes que se fuera. Después escucharon el resto de la conversación, porque la discreción no era el fuerte del castaño.
-¡No puedo creerlo! - gritó Mina mientras se llevaba una mano a la boca y fruncía el ceño con desagrado-¡Ese sujeto tiene a otra mujer!
Andrew la miró con extrañeza mientras que ella parecía estar siendo poseída por un demonio.
-Creí que él y Makoto tenían una especie de amor libre, ¿Me equivoco?
-¡Esa es una tontería que se dicen entre ellos y nadie les cree! ¡No puedo creerlo! - renegó-, Tomemos un taxi, vamos a seguirlo... ¡Ese sinvergüenza!
-Se ha ido ya, no lo alcanzaremos-alegó-. Además, creo que es demasiado pronto para sacar conclusiones, y no es nuestro asunto.
Mina lo miró tan retadoramente que Andrew retrocedió por instinto y tragó saliva. Ese gesto le recordó tanto a Serena, la ex novia de Darien y se asustó aún más.
-Pero esto no se va a quedar así.
-¿Acaso Makoto no sale con nadie más?
-¡Por supuesto que no! Y mira que lo hemos intentado. Rei y yo le presentamos varios chicos y las tres salimos de fiesta al menos dos veces por mes. No es que no tenga pretendientes, pero ella siempre los rechaza. ¡Todos sabemos que esta hundida hasta el cuello con Neflyte y hasta hace unos minutos creí que él también. ¡Nos engaña el infeliz!
-¡Calma, calma! -dijo el rubio tan apacible como pudo, aunque era evidente que temblaba. Esa chica era realmente una fiera cuando estaba enojada-. Dale una oportunidad, quizá lo entendimos mal, no te agotes te puedes arrugar.
Y como si de las palabras mágicas se trataran, Mina desistió. Se asustó un poco ante la idea de una arruga en su rostro y de inmediato relajó el semblante. Rio intensamente y sacudió la cabeza para volver a su estado habitual de alegría, ante la mirada impactada de Andrew que ciertamente no entendía nada.
-Vamos, te compraré una crepa—añadió el rubio, mientras tomaba el brazo de su acompañante. Mina volvió a sonreír y lo siguió, no sin antes echar una última mirada asesina en dirección hacía donde se había ido el taxi.
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Y tal como se lo prometió, a las siete en punto estaba parado afuera del restaurante con una radiante sonrisa y el cabello un tanto despeinado. Makoto salió acompañada de dos meseras que no perdían oportunidad en saludar al piloto cada vez que lo veían. Abiertamente hablaban con la chef pastelera sobre lo que ellas denominaban "su mejor biscocho" y la ojiverde, orgullosa de su conquista, también les alardeaba un poco.
-Buenas noches, señoritas.
-¡Buenas noches Nef! ¡Mucho tiempo sin verte! - respondieron casi al unísono.
-Lo sé, le he dicho a Mako que no soy un juguete sexual que pueda mantener encerrado, pero a veces no lo entiende- Las dos chicas se ruborizaron y soltaron una risita escandalosa, para el júbilo del castaño. Makoto entrecerró los ojos con reproche y le dio un codazo-. ¡Oh no, las esposas no otra vez mi amor! - exclamó casi aullando piedad. Makoto se ruborizó aún más y optó por jalarlo con brusquedad del brazo para acallarlo.
Se despidieron de las jóvenes, dejándolas risueñas y ensoñadas por el carácter de aquel coqueto y apuesto hombre. Makoto sabía que él solía provocar eso en las mujeres, por lo visto de todas las edades, y aunque nunca se había excedido frente a ella, aquella forma de ser era algo que la intranquilizaba un poco.
Caminaron al amparo de las luces mercuriales que se iban encendiendo conforme oscurecía. Fueron en primer lugar, a una pequeña fonda de dueños nipones, donde Makoto y Neflyte ordenaron una serie de platillos típicos de Japón que Makoto amaba. Para ella ese era el restaurante más exclusivo del mundo, a pesar de ser un lugar muy familiar con apenas tres mesas. La comida era casera en su totalidad, por eso es que ella encontraba en sus aromas y sabores, el consuelo y el recuerdo de su tierra natal.
Después de cenar volvieron a casa, porque la función de cine era una clara referencia a su sala de estar. La única otra cosa que el irlandés podía cocinar además del café, eran las palomitas. Porque tenía una mezcla de sazonadores especial que se rehusaba a compartir con cualquiera, incluso con la castaña, porque solo así se aseguraría de que lo dejara acercarse de vez en cuando a la estufa.
Encontraron una película para ver, algo difícil ya que era un tema en el que no solían coincidir y que hasta cierto punto era inútil intentarlo. Esto debido a que podían pasar dos cosas: la primera sería que, si él escogía la película, ella se dormiría en no más de una hora de iniciada, pero si quien escogía era ella, él intentaría por todos los medios llevarla a la cama (o ahí mismo en el sillón) si se aburría.
Y pasó lo que tenía que pasar, Neflyte comenzó a acariciar a su chica sugerentemente, pero no obtuvo la respuesta que buscaba. Así que decidió mirarla y preguntarle si algo andaba mal, solo para descubrir que se había dormido ya.
Removió la frazada que los cubría y la movió hasta poder acunarla en sus brazos. Había sido una tarde pesada en el restaurante y estaba cansada, lo expresó abiertamente cuando terminaron de cenar, por eso Neflyte había comprado una botella de vino para que se relajara un poco aunque por lo visto fue demasiado. Así que cargó con ella hasta la alcoba, como si de una pequeña se tratase.
Por fortuna ya estaba en pijamas cuando comenzó la película, así que fue fácil recostarla y arroparla. Él dio la vuelta a la cama y se quitó la playera antes de meterse bajo las cobijas, no era tarde ni tenía sueño, pero quería abrazarla mientras dormía.
Makoto se removió un poco mientras él se acurrucaba con ella en brazos. Lo cierto es que siempre que Neflyte estuviera en París, hacían el amor cada noche, porque era poco el tiempo y muchas las ganas. Pero había otras veces, pocas como esas en las que no, en las que simplemente dormían abrazados y nada más.
-Te amo. -murmuró ella en una voz tan pastosa que era evidente que estaba dormida.
Neflyte sonrió ante aquello después de todo era la primera vez que lo escuchaba de sus labios, pero no dijo nada.
CONTINUARÁ...
Agradecimientos:
Pues wow... ni como agradecerles todos los mensajes lindos que dejan con motivo de este fic que supuse no tendríai tanta acogida y que veo que me equivoqué. Muchas gracias por todo, adoro los reviews y los pm que me mandan... sobre todo porque están tan entusiasmadas con Neflyte como yo... ese vago jajaja.
Ya vamos a empezar con los problemas en esta historia, pero como verán es una serie de mal entendidos y cosas por el estilo, porque pretendo que sea algo suave y que les saque alguna sonrisa de vez en cuando.
Muchas gracias a todos los que me leen, a los que me escriben y a los que votan por mi, sobre todo a Jovides1, Darkkitty04, Litakino1987, LadiJupiter, James y a los lectores anónimos no sean cobardes, no muerdo (pero Makoto si) jajaja.
saludos.
