Feliz cumpleaños Makoto.

Makoto sacó una mano de debajo de su cómoda frazada y se arrepintió en el acto, después de todo aquella era una madrugada muy fría, propia de un diciembre en París. Pero el móvil no dejaba de sonar y parecía que le iba a taladrar la cabeza, así que molesta y todavía medio dormida, tomó el aparato, lo metió bajo las mantas y de muy mala gana contestó.

-Diga. -dijo con la voz pastosa por el sueño. Su interlocutor dijo su nombre y ella sintió su tímpano reventar. De inmediato se dio cuenta que aquello era una vídeo llamada y el altavoz se había activado solo.

-¡Feliz cumpleaños preciosa! -gritó Neflyte con entusiasmo y fue como ella saltó un poco.

-¡Oh rayos!

El castaño, muy despierto y divertido miraba a través de su pantalla la imagen de la ojiverde, con el cabello revuelto, sin una gota de maquillaje y la mirada aún aturdida por el sueño. La había visto tantas veces así en vivo, pero incluso a través del internet, él estaba seguro que no había mujer más hermosa en la tierra.

-La gente normal dice gracias y no maldice.

-¡Cielos gracias! ¡Perdón! ¡Demonios! -exclamó de inmediato, mientras su cerebro despertaba de apoco-. ¿Qué hora es?

-En Francia... - dijo mirando su reloj -. Las seis a.m.

-¿Dónde estás?

-Dinamarca.

-¡Oh! -resopló con tristeza, aun guardaba la esperanza de verlo ese día-. Me darás mi abrazo luego.

-¡Te daré todo esto! - dijo fanfarronamente mientras movía el celular para que ella lo pudiera contemplar en su elegante traje ejecutivo de piloto, una visión que para ella ya era motivo de excitación.

-¿Le darás tan poco? - escuchó Makoto y no pudo evitar reír. Jedite se metía como siempre en la conversación, arrebatando el teléfono al castaño y poniéndose frente a la pantalla-. ¡Feliz cumpleaños Mako querida! No te preocupes, lo obligaré a que te compre algo que si valga la pena.

Casi de inmediato se escuchó un aullido y la imagen se movió abruptamente, después un par de maldiciones y la voz de Jedite donde decía "Merde" con tanto sentimiento ante el golpe recibido, que Neflyte no pudo más que rematar con un típico "¡Va te faire foutre!" mientras la ojiverde se destornillaba de risa.

-Lo siento cariño, es un idiota.

-Agradécele de mi parte, no me has dejado hacerlo.

-¿Para qué quieres? ¡Es su culpa que no pueda estar hoy contigo, nadie le confía un avión a él solo!

Neflyte era un piloto de una línea privada que ofrecía su servicio ejecutivo para el traslado urgente de personal y de gente muy importante. Poco más de un año atrás había conocido en un bar de París a Makoto, una chef pastelera de un restaurante muy reconocido que incluso ostentaba una estrella Michellin. Él había intervenido para "salvar" a la chica y sus amigas, Rei y Mina, de un par de sujetos borrachos que no dejaban de molestarla. Desde esa noche, ellos habían establecido una relación muy cómoda, donde ambos eran libres de estar con quien quisieran, pero siempre que el piloto estuviera en París, ciudad donde no vivía, llegaría con la castaña y pasaría todo el tiempo posible con ella.

Y así es como pasaban el segundo cumpleaños de la chef. Durante el primero no salieron de la cama más que lo necesario, Neflyte le había contado a Mina que la siguiente semana debió tomar muchos sueros debido a la deshidratación de la que fue víctima. La rubia, que moría con los detalles sexuales de su amiga y el piloto, no dejó en paz a Makoto con aquel tema hasta pasar año nuevo.

-De verdad quería estar contigo, pero me preparo para verte en dos días- dijo mientras alzaba una botella de una bebida energética con electrolitos. Makoto lo miró con reproche.

-También te extraño, aunque seas un tonto presumido. -él sonrió.

-Bueno preciosa, debo irme. Me tomé la libertad de enviarte un detalle para que no me olvides hoy. Diviértete, pero no mucho, deja algo para mí.

Ella sonrió y le mandó un beso, él sonrió aún más y se despidió de ella antes de cortar la llamada.

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Antes de salir rumbo al trabajo, Makoto recibió un espectacular arreglo de flores entre las cuales podía contar tulipanes y lirios del valle a manos llenas. Lo amó desde el momento que lo vio y por supuesto, no le quedó duda de quien los mandaba. De igual forma leyó la tarjeta y una enorme sonrisa se dibujó en sus labios cuando leyó la única frase que contenía.

"París es más hermosa solo por tenerte a ti. Feliz cumpleaños"

Ese hombre siempre sabía que decir y ella no podía con tanto deseo por él, nunca pensó que pudiera llegar a sentir todo aquello por un sujeto como ese, que bien podría estar con otra en ese momento sin ella saberlo.

Neflyte era todo aquello que se juró que no quería más, después de todas las decepciones amorosas que había sufrido a lo largo de su vida. Era coqueto a más no poder, vanidoso y arrogante, aunque jamás lo vio maltratar a nadie con eso más que a sus propios amigos o gente que en verdad le molestase. Además, era muy guapo y lo sabía, no tenía reparo en usar sus encantos si eso le garantizaba una mejor atención por parte de la mesera, la vendedora o cualquier mujer (y algún que otro hombre) que aceptara un guiño como pago.

Y sin embargo ahí estaba, el hombre por el que no hubiera apostado medio euro, él que le hacía temblar con solo escuchar su voz y al que esperaba, secreta y delirantemente, por verlo cruzar la puerta de su casa, aunque fuera una vez al mes.

Para bien o para mal aquella fue una tarde muy ajetreada en L´Ambroisie, así que cuando menos lo pensó ya era hora de salir, tomó sus cosas, su pastel que ella misma había horneado con permiso del administrador (y es que nadie más podía hacer algo tan delicioso en ese lugar) y se fue después de una interminable cantidad de abrazos y felicitaciones del resto de sus compañeros.

Afuera Minako y Rei la esperaban impacientes, juntas tomaron un taxi y se fueron con dirección a su departamento donde se alistaron para salir de fiesta.

-¿Así que este hermoso arreglo te lo mandó él? - preguntó Rei mientras contemplaba las flores enviadas por el piloto en la mesa de la sala.

-¡Sí! ¿No son divinas? -cuestionó-. Esta muy apurado porque este año no pudo estar aquí, pobre Jedite le echa la culpa.

-El idiota no pasó la prueba de simulador que hacen cada seis meses.

-¡Eso ha sido porque tiene los ojos rojos de tanto llorar por ti! -gritó Mina desde la cocina, donde se encontraba buscando unas copas para la primera botella de vino de la noche.

-Cuando yo lo conocí ya era un idiota—se defendió Rei, cruzando los brazos frente a ella y moviendo su cabeza con desdén-. Que agradezca a la vida haberme conocido y se vaya feliz.

-¿No lo extrañas? -preguntó Makoto, algo aturdida por la frialdad de su amiga.

-Extraño sus tonterías, pero es mejor así.

-¡Bueno, bueno vamos! -apremió la rubia que vio como los ánimos decaían-. Esto es un cumpleaños y no un funeral. Hoy festejaremos con Makoto, bailaremos, nos embriagaremos y conoceremos unos chicos sexys y divertidos-exclamó mientras pasaba una copa a cada chica y mal ponía después, en la cabeza de la castaña, una corona de papel dorado-. Aunque esos chicos debemos llevárnoslos Rei y yo, porque Mako espera un maratón de desenfrenado sexo en dos días y no podemos permitir que se canse antes.

-¡Calla Mina!

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Llegaron al Galaxy Studio, ese bar que amaban y donde ya las conocían. De inmediato el guardia les abrió la puerta no sin antes darle a Makoto su merecido abrazo y trato preferencial, dejando que saltaran la fila causando un poco de disgusto.

Una vez adentro se fueron a la barra, donde Zoicite el barman ya las esperaba. Sirvió un trago a cada una y ellas le agradecieron con un guiño. Ese hombre sí que las consentía, Minako no podía superar que después de una extensa campaña de coqueteos que duró un par de meses, el oji verde les confesara que era absolutamente gay.

-Lo mejor para las chicas más bellas de la noche y por supuesto, para la hermosa cumpleañera- dijo el joven mientras servía otra ronda de un whiskey escocés muy caro.

-¡Espera Zoy! No podemos pagar muchos de estos y no aceptas pagos carnales—dijo Mina con coquetería-. Así que cálmate.

-Tranquila cariño, su cuenta ya está cubierta, el guapo piloto se encargó de ello.

-¿Qué dices? -preguntaron las tres, inclinándose hacía él.

-Pues eso, Neflyte me dijo que él cubrirá su cuenta de esta noche. Así que diviértanse y aprovechen, que la noche es joven.

-¡Por favor! Dime que él no pagó con su cuerpo.

-Pues no- respondió el chico-, pero lo intenté- remató con un guiño en un tono tan bajo que solo la oji azul escuchó.

Así fue como la música y el alcohol comenzaron a hacer su efecto. Makoto y sus amigas pasaron una noche divertida y un tanto excesiva. La chica estaba algo preocupada por la cuenta así que mandó un mensaje de texto a Neflyte pero éste no respondió, asumió que debería estar volando en ese momento.

-Tranquila, pagaremos algo. Debo decir que ha sido un lindo detalle de su parte, ha ganado puntos extras conmigo esta noche.

-Vamos Rei, ¿Algún día encontrarás a alguien a quien no juzgues tan duramente?

-No lo juzgo, solo me voy con cuidado. Tiene un aura bastante dispersa debes admitirlo.

-¿Cómo admitir eso? Yo solo sé de pasteles y postres, las energías te las dejó a ti y a Mina... ¿Oye y Mina?

Ambas chicas miraron a su alrededor, pero la rubia no estaba. No fue hasta que unas personas frente a ellas se movieron un poco que la encontraron platicando muy coquetamente con un rubio alto de aspecto muy elegante.

Minako se sintió observada y giró hacia sus amigas, con una mano las saludó y su acompañante volteó a verlas. Rei observó inquieta mientras Makoto casi se atragantó con su bebida.

-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

-¡Oh cielos! Esto no puede estar pasando hoy.

Un minuto después los temores de la castaña se hicieron realidad. Ella y Rei vieron como Mina caminaba rumbo a la mesa con su nueva conquista. La pelinegro trató de calmar a la festejada, alegando que hablaría con su amiga para que no se colgara de la cuenta si pretendía invitar al joven de la mesa. Makoto le respondió entre risas, que para nada le preocupaba eso en ese momento.

-Rei, Makoto, les presentó a Haruka. Haruka, ellas son mis amigas.

Rei saludó cortésmente mientras Makoto dibujó muy lentamente una sonrisa.

-El mundo es muy pequeño, Mako-chan.

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-¡Nunca volveré a este lugar! -exclamó Mina mientras se dejaba caer sobre la barra, aunque sin soltar su bebida. Zoy la miró divertido mientras servía un poco más de whisky y le daba palmaditas en la cabeza-. Primero tú que eres para mí un desperdicio, ¡Sin ofender! Me refiero a que me gustan los hombres que le gustan las mujeres, ¿Sabes? -dijo incorporándose-. Y luego este chico que resultó ser chica y que es amiga de Mako, ¡Hasta su novia está aquí! ¡Muero de pena!

-Hay muchos peces en el mar, cariño. Estoy seguro que el tuyo está por llegar.

Y como Mina era así, entusiasta por naturaleza, levantó la vista y barrió el lugar entero, hasta que sus ojos azules se centraron en un hombre muy alto y moreno, de cabellos tan claros que parecían plateados y ojos perturbadoramente limpios y acerados.

-Creo que mi tiburón acaba de llegar... -susurró.

Zoy buscó con la mirada y enfocó aquello que la rubia había visto. El barman se quedó petrificado, pero antes de poder decir palabra la chica ya no estaba, iba directo a ese tipo-¡Oh cielos, pobre niña!

Haruka Tenoh, corredor de carreras profesional, pianista y experto en artes marciales, era, a pesar de lo que la mayoría del mundo pensara o deseara, una mujer. Ella y Makoto se habían conocido en el internado, eran compañeras de alcoba y las más cercanas de las amigas. Demasiado.

Las dos chicas y otro muchacho de nombre Darien, eran realmente inseparables, hacían casi todo juntos y se cuidaban los unos a los otros, más que amigos eran familia. Excepto por un pequeñísimo detalle. Tanto Haruka como Darien estuvieron en su tiempo, enamorados de Makoto.

Como era de esperarse, al crecer, esa pequeña disputa terminó separando al trío dejando a una muy afligida castaña de por medio, pero no sin considerar sus opciones primero. Puede que Makoto haya sido la más pequeña de los tres, pero también la más astuta.

-Entonces, ¿Vienes sola con este par de bellas chicas a festejar tu cumpleaños? -preguntó la rubia con ese tono bajo que confundía a cualquiera. Era seductora, casi irresistible para casi cualquiera y lo sabía.

-Mako tiene un chico, bueno a veces tiene un chico-aclaró Mina, quien se dedicó a beber toda vez que el platinado galán que seguía resultó ser el novio del barman-. Pero él no está aquí, está de viaje.

-¿De viaje?

-Es un piloto—dijo Rei-, pero nada serio, al menos eso parece.

-Sí, conocemos a ese tipo de gente que no busca nada serio, ¿Verdad Haruka? - Michiru, la elegante chica que acompañaba a la corredora, era coqueta, divertida y muy inteligente. También era sorprendentemente complaciente con su compañera, quien no quitaba los ojos de la festejada.

-Bueno, es algo complicado-respondió la ojiverde-, pero vamos, no actúes así frente a Michiru, no querrás tener problemas.

-¿Así como luciérnaga?

-Como mi guardiana, ya estoy grandecita puedo cuidarme sola- respondió orgullosa.

-Puedo ver que has crecido, no hace falta que lo digas.

Makoto se encendió ferozmente ante la mirada picara y divertida de su vieja amiga y su novia. Rei frunció un poco el ceño, pero era tan divertido que terminó riendo junto con ellas, solo Minako, hundida en la depresión de salir esa noche sin una conquista, volvió a dar un trago a su bebida y miró con recelo al cantinero, pidiéndole otra.

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Como era de esperarse la fiesta fue un éxito para Makoto y un problema para Minako. La rubia estaba tan borracha que Rei se vio en la necesidad de llevarla a su casa de inmediato, Haruka se ofreció a devolver a Makoto a su departamento, además de cubrir una buena parte de la cuenta.

Al llegar al edificio la chica agradeció y se despidió de su entrañable amiga y su pareja, prometiendo que se verían en la semana antes de que ambas mujeres siguieran su gira por Europa. Haruka no estuvo de acuerdo en dejarla ir sola hasta arriba, después de todo era tarde, pero cuando estaban por acompañarla, una llamada entró al móvil de Michiru y ésta les dijo que esperaría en el auto. Makoto se ruborizó de inmediato y eso que no se percató que la mujer de cabellos turquesa le guiñó un ojo a la rubia con mucha complicidad.

-No creo que sea coincidencia que nos topemos en un lugar tan al azar y la noche de tu cumpleaños luciérnaga, ¿Qué piensas?

-Pienso que, si no te conociera "poly", juraría que estás coqueteando conmigo.

-Creo que ya no me recuerdas muy bien.

Las dos mujeres subieron al elevador y la puerta se cerró tras ellas. Makoto estaba tanincómoda, pero no por la presencia de Haruka, estaba acostumbrada a eso, sino por la novia que la aguardaba en el auto. Pero la rubia no se inmutó, no habían llegado a destino cuando ya acariciaba el rostro de su amiga.

Cuando la puerta volvió a abrirse, la castaña salió tan de prisa que Haruka soltó una sonora risa.

-¿Ni por los viejos tiempos?

-Si te lo permito, tendré que hablarle a Darien y decirle que tiene una oportunidad.

-¿Por qué harías eso?

-¿No fueron ustedes los que acordaron como jugaríamos a esto?

Tan pronto llegaron a la puerta, Makoto se despidió de nuevo de su amiga, la cual seguía procesando el reclamo que acabó con ese grupo de amigos algunos años atrás. De igual manera reiteró que se verían en la semana para tomar un café y platicar.

Cerró la puerta tras ella y se recargó angustiada sin prender la luz. Su respiración estaba alterada, porque, vamos..."¿Cómo ignorar que esa mujer la emocionaba?" -. Si no fueras tan celosa "poly"

Makoto estaba por prender seguir a oscuras su camino hacia su cuarto cuando alguien tocó la puerta. No quería abrir pero era evidente que sabían que estaba ahí.

-Luciérnaga.

-Polilla.

-¡No me digas así!

-Poly entonces.

Haruka entró con fuerza y cerró la puerta de un golpe, tomó a Makoto por la barbilla y la giró contra la entrada. La recargó seductoramente y le plantó un beso en los labios que hizo que a la castaña se le doblaran las rodillas. Fue intenso y profundo, lo suficiente para incomodar hasta al más desvergonzado... y vaya, ¡Qué incómodo momento!

-¿Puedo jugar?

Las dos mujeres saltaron ante aquella frase dicha por una voz evidentemente masculina. Makoto prendió la luz y en cuanto los ojos de ambas se adaptaron, lograron ver a un hombre sentado en la sala, sonriendo.

-¡Maldito loco! - gritó Haruka mientras se lanzaba a golpearlo, pero Makoto la tomó del brazo y la detuvo.

-¡Espera! ¡Él es mi... pues, lo conozco!

La oji azul se paró en seco y giró hacia la chica.

-¿Segura? -cuestionó.

-Sí, claro... Es Neflyte Sanjoy y pues... ¿Neflyte? -preguntó Makoto en un hilo de voz-. ¿Acaso estás desnudo?

Y lo estaba. El piloto estaba sentado en su sillón favorito con nada más que una banda de celofán que atravesaba sus bien formados pectorales y que remataba, estratégicamente, con un moño. Cubriendo menos que lo necesario. Neflyte sonría con cinismo, sin la más mínima señal de pena en su rostro.

-¡Oh maldición! -exclamó Haruka mientras se daba vuelta para no ver más de lo que ya había visto. Makoto encendida en un rojo feroz no podía con la pena-. Creo que mejor me voy, lo siento.

-No tienes que irte si no quieres—dijo Neflyte, sonriente e inmóvil.

-Definitivamente lo haré.

-Bueno, pues un gusto-exclamó a la par que levantaba una mano para despedirse. Haruka no lo vio, pero Makoto sí.

La puerta se abrió de nuevo y Michiru estaba tras ella, radiante y feliz. Ni siquiera la imagen del hombre desnudo en el sillón la hizo mover su sonrisa, por el contrario.

-Sirena, ¿Qué haces aquí? -preguntó la rubia asustada y muy avergonzada.

-Quería saber si querían compañía, creo que él creyó lo mismo-exclamó mientras saludaba al castaño en la sala.

-¡Hola! -respondió.

Makoto corrió hacía él y le arrojó un cojín en la entrepierna. Neflyte gritó alarmado.

-¡Me aplastas cariño!

-¡¿Qué?! -gritó con terror.

-¡El moño mal pensada!

Michiru soltó una carcajada mientras Haruka se ponía cada vez más roja. Después de que la rubia recuperó el control de sí misma, tomó a su pareja y las dos se despidieron, no sin prometer volver.

-¡Neflyte! -exclamó con una mezcla de alegría, confusión y horror-. ¿Qué haces aquí?

-Quise sorprenderte. Pero creo que el sorprendido fui yo. —rio.

-¡Puedo explicarlo! - se apresuró a decir, pero el hombre sonrió tranquilamente y le hizo un gesto con los labios para acallarla.

-No hace falta y lo sabes. Además, la idea de verte besando a ese hombre solo fue perturbadora porque se parece tanto a Jedite.

-¡Haruka es una mujer!

-¿Queeeee?

Makoto se encendió de nuevo mientras Neflyte procesaba toda la información. Suspiró aliviado por no tener que liarse a golpes con un sujeto tan femenino que en realidad terminó siendo una mujer muy masculina y además, porque a pesar de todo aquello le resultó divertido.

-Gracias por las flores y la cuenta del bar, no debiste molestarte- susurró nerviosa mientras se acercaba a él, tratando de calmar la situación. Pero aquel hombre era tan descarado que de inmediato pareció olvidar todo solo al verla.

-Nada que agradecer preciosa, además-sonrió-, aun te falta desenvolver otro regalo.

-¿Ah sí? -preguntó pícaramente siguiéndole el juego-. Me pregunto que podrá ser.

-Jala el listón y averígualo—sugirió mientras se deshacía del cojín que le había dado para cubrirse. Makoto tomó un lado del listón y comenzó a tirar de él-. ¡No cariño, para el otro lado!

-Ups, perdón.

Y así fue como Makoto Kino celebró su cumpleaños número veintitrés, disfrutando al máximo su último regalo.

FIN

Agradecimientos.

Bueno este capítulo es especial por motivo del cumpleaños de mi senshi favorita. Es un spin off en la historia, pero no quise ponerlo aparte.

Espero que les guste.