Cambio de planes.
-¡Ven aquí pequeña pilla maleducada! -gritó Neflyte con el ceño fruncido, pero con una voz que quiso sonar amenazante y se quedó muy lejos. Makoto sonrió con cinismo mientras se ponía en pie y corría rumbo a la cocina, logró llegar lo suficientemente lejos para ponerse a resguardo detrás de la barra.
-Se borrará con el tiempo, como la otra vez—dijo. El marcador en la mano detrás de su espalda.
-Me lo borraras con la lengua hoy mismo, tengo todo el día y tu no saldrás de aquí antes de eso.
-Es tóxico, lo siento.
-¿Y me has puesto eso en la espalda?
Estaban en medio de una danza a cada extremo de la barra, ella se movía en contra de los movimientos de él, segura que podría librarse de lo que sea que el piloto deseara hacerle por volver a rayar sus tatuajes con un plumón. Había amanecido de buenas, demasiado alegre, y no pudo resistirse a la broma de nuevo.
El avanzó hacía su izquierda y ella también. Regresó a la derecha y la chef hizo lo mismo. Podrían haber estado ahí horas, pero tarde o temprano él la alcanzaría, y el castigo sonaba hasta cierto punto, antojable y prometedor.
Pero para su buena o mala fortuna alguien llamó a la puerta.
-Tengo que abrir—dijo ella, tratando de acabar con la cacería.
-¿Para qué? Ya sé quién es y lo que quiere-gruñó.
-Podría ser importante.
-Tiene hambre y yo también... pero primero exijo venganza.
Él sonrió con malicia y ella entre asustada y excitada titubeó. La puerta sonó de nuevo y se distrajo, para cuando se dio cuenta, había sido atrapada por la cintura y ahora colgaba del brazo del malhumorado castaño que, con todo y chica cautiva se fue a abrir la puerta.
Darien estaba ahí como cada mañana.
Aunque ahora bastante desconcertado y un poco, o un mucho, celoso también.
-¿Todo bien aquí? -preguntó con la ceja alzada mientras observaba a un semi vestido sujeto cargando a su amiga que había dejado ante sus ojos de pelear por zafarse.
-Esta mujer tiene ganas de dibujar, le voy a enseñar como-contestó Neflyte, con la picardía saliendo de su boca.
-¡Ya bájame! ¿Qué va a pensar Darien? -exigió mientras pataleaba.
-Va a pensar que te daré una lección por ser una traviesa sin vergüenza, y si él estuviera en mi lugar seguro haría lo mismo, ¿No es así amigo?
Darien miró bastante confundido a Neflyte, ¿Amigo? ¡Vaya cambio de actitud! Podía ver el rostro casi alegre del castaño, y era casi porque era evidente que trataba de fingir molestia, pero... ¿Por qué estaba tan feliz que ahora no parecía querer arrancarle la cabeza? -. ¿Qué fue lo que te hizo? -preguntó.
-Tomó un plumón y dibujó sobre mi espalda, otra vez.
-¿Otra vez? -preguntó aun parado en la puerta. Sus ojos se fueron sobre Makoto.
-¡Unía los puntos! -respondió como una niña que justificaba una travesura.
-¡Yo te voy a unir los puntos! ¡Vas a ver!
Y de pronto, ante los ojos azules del moreno la puerta se cerró de nuevo y solo escuchó un grito femenino que fue una mezcla entre sorpresa y una risa ahogada.
El rostro confundido de Darien se tornó en una gradual sonrisa, pero pronto se dio cuenta de lo que estaba haciendo y entonces frunció las cejas con desagrado-. ¿Qué te pasa Darien Chiba? ¡Ese sujeto no nos agrada! -se regañó a él mismo mientras volvía al apartamento.
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Neflyte cargó con Makoto hasta la habitación y la arrojó a la cama. Ni bien había caído él se aventó sobre ella y le sostuvo las manos de las muñecas, su mirada fiera y su sonrisa guasona la hicieron erizar.
-Tranquilo, vamos... ¿No sabes aguantar una broma?
-Te haré reír, pequeño demonio de ojos verdes... - Se fue encima y la besó con intensidad. Esos labios sedientos le exigieron todo mientras su lengua pedía permiso para internarse en su boca. ¡Cómo disfrutaba los besos que él le daba cuando fingía "castigarla"!
Neflyte era un hombre dulce y ardiente, pero cuando quería ser el chico malo, era realmente un deleite para todos sus sentidos.
-No sabes apreciar el arte—se burló en un tono de reproche mientras se agolpaban los gemidos en sus labios.
-Te mostraré como usar mi cuerpo para el arte...
Y aquellas solas palabras habían puesto al tope su lívido, preparándose para un maratón matutino antes de desayunar, pero el móvil del piloto sonó, como siempre hacía en los momentos más inoportunos.
-Olvidé ponerlo en vibrador, perdón-dijo mientras buscaba el aparato para apagarlo. Pero cometió el enorme error de ver la pantalla antes y su deseo se apagó en el acto.
-¿Qué pasa? -preguntó al notar su abatimiento.
-Es Amy, debo responder.
De cualquier manera, se llevó el móvil a la cama. Mientras contestó la llamada seguía sobre la castaña, aventando besos por todo su cuello, besos que tronaba con toda la intención de incomodar a la menuda peli azul.
-Cariño, estoy en pleno momento, si no me hablas para que acepte un trío no quiero... -Neflyte se calló un poco mientras Amy parloteaba del otro lado-. Sabes que a eso diré que no, en definitiva, no... Pero cariño, ¡Me lo prometiste! Sabes lo importante que es para mí esto...
Los besos se pausaron y Makoto se incorporó, tratando de escuchar un poco la conversación. Era evidente que lo que sea que Amy estaba diciendo, no tenía para nada contento al piloto.
-No puedes hacerme esto, ¿No hay nadie más? … ¡Pues ya sé que sí! Y tú sabes muy bien lo que quiere... - los ojos castaños se pusieron en blanco mientras se dejaba caer de espaldas en la cama. Makoto aprovechó para sentarse-. ¿Cuánto? ... Mmmh, ¿Cuánto tiempo?... ¡Ya, ya! De acuerdo... pero me debes una, una enorme... no como Jedite.
Neflyte se apartó el teléfono del oído, tratando de esquivar algunos gritos del otro lado de la bocina. Makoto pudo escuchar una voz masculina, una risita y luego nada.
-¿Todo bien? -preguntó al ver el rostro de fastidio del castaño en su cama.
-Quieren que mañana vuele a Marruecos, con una mujer loca que... en fin. Tengo que ir.
-¿No eran tus vacaciones?
-Eso mismo le he dicho a Mizuno, pero nadie quiere ir con … -suspiró de nuevo-, ofrecen un buen bono y el doble de paga. Necesito el dinero.
-¿Por qué ofrecerían eso?
-Porque son unos gilipollas... en fin. Ven aquí.
-¡No!, o sea si –dijo mientras se ponía en pie-. Desayunemos y salgamos, ¿Quieres? Si vas a irte me gustaría que diéramos una vuelta por la ciudad, necesito ver la luz del sol de vez en cuando.
-Bueno-gruñó-, date una ducha, haré una llamada y te invitaré a desayunar fuera, ¿Cómo ves?
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-¿Y bien?
-Pues... todo normal, supongo-respondió Darien. Aunque el puño que cerraba con fuerza decía otra cosa-, estaban, ya sabes... en lo suyo.
-Pues Minako cree que él podría tener a otra, aunque francamente pudo mal interpretar la llamada.
-¿No has dicho que tú también escuchaste?
-Pues sí-respondió nervioso-, y pues la verdad si sonaba comprometedor.
-¡Te lo dije! Ese tipo no es para ella. Makoto necesita un hombre serio y responsable, que la ame solo a ella y que no ande buscando nada más afuera.
-¿Alguien como tú?
No supo si fue lo que acababa de sentir, la intensa necesidad de sacar a Makoto de los brazos de Neflyte cuando los vio, o los celos de no ser él quien la sujetara de esa manera, o la sonrisa que ella puso cuando los ojos marrones la miraron, o quizá lo que Andrew le había platicado sobre lo que pasó la tarde anterior, pero se vio en la necesidad de ser sincero con un sentimiento que creía dormido pero que seguía ahí, y que los días que llevaban en Francia solo lo había acrecentado.
-Sí, alguien como yo. No... espera, ¡Yo, Andrew, yo! - admitió efusivo-. Yo la conozco y sé que le gusta y que no, y sé que le conviene y que no... Yo la quiero, yo la he querido desde que éramos niños y sí... fui un idiota que le rompió el corazón, ¡Tenoh también lo hizo! Y siguen tan amigas... ¿Por qué no puedo quedarme a la chica esta vez?
-Porque ella ya tiene a alguien. -respondió contundente.
-Si le muestro que él no es lo que cree, si desenmascaro a ese idiota...
-¿Y si te equivocas? ¿Si todos nos equivocamos? Quizá solo sea un...
Pero Andrew no pudo terminar la frase. Los paranoicos oídos de Darien detectaron que la puerta del apartamento de enseguida se abrió y de inmediato corrió a la mirilla. Ahí estaba Neflyte, hablando por teléfono, pegándose a su pared para no ser visto.
-¡Es él! -murmuró.
De inmediato corrió a su habitación, cuya pared era la misma a la que el castaño estaba agazapado. Si podía escuchar dentro de su departamento, seguro escucharía su conversación. Apenas llegó a tiempo.
-Lo sé cariño... pero no es mi culpa. Tengo que volar a Marruecos mañana. ¡Sí, sí! Sé lo que te dije... ¿Qué? No, no puedo hablar más fuerte, tuve que salir del departamento para que Mako no me escuchara llamarte. Pensé que tendría más tiempo... ¡Sí, con ella! … vamos no es tan mala. Ok, de acuerdo es una arpía, solo la soporto porque me conviene, pero verás lo que te digo, si todo funciona con mi plan y tú me ayudas con esto... la dejaré el próximo mes, solo necesito un piso en París. ¡Vamos! No te burles de mí, sabes que lo haré. Bien, te llamaré cuando este aquí de nuevo. Perdona. ¡Eres la mejor! Besos.
-¡Ese maldito! -gruñó el moreno que estaba sentado recargado en la pared.
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Una hora después los vieron salir del departamento, ella iba tan radiante, en un hermoso vestido de un rosa pálido que le favorecía a su color de piel, su cabello recogido en la coleta de siempre y unas zapatillas que dejaban entrever que era un día para caminar. Él iba tan apuesto, con una camisa amarilla y unos pantalones claros, su melena suelta y un tanto alborotada.
-Un centavo por tus pensamientos.
Makoto parpadeó. Sus ojos verdes centrados en el tráfico parisino y su mente volando en los recuerdos de los últimos días se sintieron llamados a tierra con aquellas palabras. Separó los labios del popote del que simulaba sorber, porque su bebida se había acabado algunos tragos atrás. Neflyte se agachó en torno a ella, curioso de su ensimismamiento.
-¿Sigues conmigo? -insistió.
-¿Ah? ¡Sí, sí, claro! ¿Qué me decías?
-Te comentaba que voy a dejarte por Jedite, amo sus ojos lagañosos...
Y las esmeraldas giraron en torno a él, una sonrisa dulce tiró de sus labios.
-No te gustan tanto los rubios, aunque reconozco que se ven muy bien juntos.
Neflyte soltó una sonora pero corta carcajada. Había conseguido al fin traerla de vuelta-. ¿Qué te tiene tan pensativa?
Y es que desde que habían llegado a la pequeña cafetería que tenía una vista espectacular del Louvre, ella se veía distraída. Él también estaba bastante desilusionado, esperaba pasar la semana revisando apartamentos en venta que su amiga Setsuna había conseguido gracias a su posicionamiento en el mercado de bienes raíces.
Pero justo una tarde antes, cuando él la había convencido de dejar todos sus pendientes y llevarlo a ver uno que estaba en excelente precio y muy cerca del aeropuerto, se toparon por casualidad con un piso convenientemente ubicado en la zona donde Makoto trabajaba. El lugar estaba hermoso y lleno de vida, con un jardín inclusive, quizá no muy grande, pero era mucho mejor que un balcón.
El problema era el precio y que a él no le alcanzaba para pagarlo.
Por eso se vio obligado a aceptar el viaje a Marruecos, aunque eso ameritaba tener que viajar con Esmeralda por una semana.
Una parte de él sentía que se estaba prostituyendo.
El mesero se acercó para traer otra bebida, mientras observaba partir su vaso anterior se armó por fin de valor e hizo la pregunta que tanto le picaba la garganta-. Neflyte, ¿Para qué quieres tanto dinero?
Él se atragantó con la crepa que había ordenado como postre.
-Bueno cariño-carraspeó. Realmente quería que fuera una sorpresa la compra del departamento, pero un mensaje que acababa de recibir al móvil le hizo alterar sus planes-. Te lo he dicho, he pensado comprar un apartamento en París, mi padre y mis hermanas quieren venir y pues...
-¿Ya no quieres la avioneta?
-¿La avioneta? -preguntó sorprendido, a ella no le gustaba hablar de eso-. Bueno claro que la quiero, pero ahora mismo tengo otras prioridades. De hecho, quería pedirte un favor.
-¿Un favor?
Neflyte subió las manos a la mesa e hizo a un lado la taza de café que bebía, despejó el espacio para buscar la mano de Makoto y la aprisionó entre las suyas. Entrelazó sus dedos y luego volvió a soltarla, jugando nerviosamente con ella hasta que encontró la posición que consideró perfecta.
-Hice un par de citas para esta semana, iban a mostrarme algunos lugares en venta y como verás, no podré asistir. Fue algo complicado porque no quiero cualquier piso. A lo mejor ya tienes planes, pero quería saber si pudieras ir en mi lugar. Ya sabes, ver el sitio, ver si te gusta y si está en una buena zona. Podrías llevar a las chicas para que te den su opinión.
-¿Ir a ver departamentos por ti? ¡No, no, eso es muy importante! -chilló-. ¿Cómo sabría qué es lo que buscas?
Neflyte sonrió, esa mueca dulce que le hacía arrugar los ojos y fruncir un poco la nariz-. Si te gusta a ti, para mi será más que perfecto.
-Acaso... -titubeó ante la expresión de aquel encantador rostro irlandés, pero tenía que preguntar-. ¿Acaso no quieres vivir más conmigo?
-¡Bueno cariño, básicamente no vivimos juntos! -soltó con sutileza, aunque ella no pudo evitar dar un respingo-. Lo único mío en tu casa es lo que cabe en mi maleta y la mayoría sigue guardado ahí. Además, si tengo mi lugar en París podré cambiar mi residencia en el registro de la empresa y estaré más días aquí. Mi casa en Milán es fría y muy silenciosa, de hecho, planeo ponerla en venta.
Quiso retirar su mano del agarre, pero él se lo impidió. Pudo ver los ojos esmeraldas destellar en miedo y confusión. Él no lo entendió, para el piloto aquello no era más que el reflejo del temor que la mujer siempre había tenido a una relación formal y quizá, él había contribuido un poco al aceptar aquel extraño acuerdo que era su relación.
Al principio le había parecido bien, tener una hermosa chica en París con quien dormir (o no) en cada una de sus escalas, mientras seguía libre para disfrutar de los placeres de la vida. Pero el gusto le había durado poco. No había pasado ni un año y él ya sabía, aunque no lo admitiera, que era con ella con quien deseaba estar siempre.
-No te asustes por favor-pidió mientras acercaba la fugitiva mano a él de vuelta-. Nos seguiremos viendo, incluso mucho más. Pasaré algunas noches en tu casa y tú en la mía. Solo escógeme unos vecinos que no sean tan madrugadores—aquella última frase seguida de un guiño.
-¿Todo esto es por Darien? -su voz ahogada en confusión. Ni ella supo cómo había logrado articular aquella pregunta.
-¡Claro que no! Digo, no es precisamente mi persona favorita en el mundo, pero apenas lo conozco, no cambiaría mi vida solo por su presencia. ¿No crees que le das demasiado peso? -preguntó mientras llevaba la mano a sus labios y la besaba-. Aunque no me dirás que no te has dado cuenta que a él le gustas.
-¡Por supuesto que no! Él y yo solo somos amigos, te lo he dicho muchas veces.
-Amigos, hermanos, siameses... sí, todo lo he escuchado. Podrían ser hijos de la misma madre y esto solo se llamaría incesto, porque ese sujeto esta enloquecido por ti, solo con verlo a la cara puedes notarlo.
-¡Deja de decir eso! No puedo creer que me vengas con celos en este punto.
-¿Celos? No cariño, solo puntualizo lo que veo. Te hubiera saltado encima hoy si no hubiera estado yo ahí, te come con la mirada.
-¡Yo sería incapaz de hacerte eso! -exclamó indignada mientras se soltaba del agarre y se giraba en su silla, dándole parcialmente la espalda. Neflyte sonrió guasonamente ante lo que implicaba aquellas palabras.
-¿Por qué no? -su cabeza ligeramente ladeada, encantado de la reacción de la chica.
-Pues porque... ¡Por que! -bufó mientras cruzaba sus brazos al pecho, tratando de hallar las palabras. Y es que ella no quería ser la primera en hablar de amor, aunque inconscientemente lo había hecho la noche anterior.
Escuchó la silla de él arrastrarse pesadamente tras ella, luego su mano atrapando un riso de su cabello y acariciando su oreja. Se estremeció. Su tacto era suave y tibio, se vio deseando que la abrazara y le susurrara al oído palabras de amor, de esas que nunca se decían pero que si se demostraban.
-Tienes razón-su voz suave como el terciopelo-. Estoy celoso.
Y para Makoto el mundo se detuvo. Aquella declaración fue tan absolutamente encantadora, con esa voz baja pero firme, ese tono con tintes de celos reales, pero a la vez con una extraña seguridad que la castaña pudo asegurar que cada palabra pasó a través de una sonrisa.
Su pecho se hinchó en un profundo suspiro que luego salió con calma, luchando con todo por bajar el rubor que se agolpó en su rostro. Luego tomó el tiempo suficiente para girar lentamente hacia él, solo para verlo, efectivamente con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Cómo dices? -su voz un susurro.
-Digo... -carraspeó-, que estoy celoso por el tipejo que cree que puede venir aquí y llevarse a mi chica.
-¿Soy tu chica?
Volvió a sonreír, ella estaba tirando con fuerza del anzuelo que él había atrapado. Pero lo estaba disfrutando, adoraba la sonrisa que no había podido disimular, sus ojos ligeramente cerrados gracias a la curva de sus labios. Ella parecía tan feliz con ello, más feliz que cualquier otra vez en que había intentado hablar de sus sentimientos.
No era así como lo había planeado, quería sorprenderla en el departamento que él escogiera, y luego cambió de planes para que fuera el departamento que ella misma escogiera... pero ésta parecía una oportunidad tan perfecta, ¿Por qué no hacerlo ahora?
Tomó de nuevo su mano, tan pequeña y delicada comparada con la de él. Empató sus dedos finos y talentosos con los propios, esos que estaban callosos por el manejo de los controles de las aeronaves. Ella no perdía detalle de su caricia, pero él no perdía detalle de su rostro. Era hermosa, lo supo siempre, pero la luz del día le sentaba tan bien.
-Makoto, cariño... Eres la mujer más bella, talentosa y gentil que he conocido en mi vida. Nunca había estado tan feliz de sacar borrachos en un bar como la noche en que te conocí.
-¡Oh, tonto!
-Le invitaría unas cervezas a ese par de idiotas si los viera ahora—dijo sonriendo-, se la invitaría al mismo Darien por haberte impulsado a venir aquí desde un principio—Makoto frunció el ceño, aquello no había sido muy agradable de escuchar-, y se la invitaría a cada idiota que no pudo ver en ti lo que yo veo, solo porque al irse me han dado la oportunidad de conocerte. Lo que quiero decir con esto, es que yo te …
-¡Ey tortolitos!
Y la magia una vez más se esfumó. Neflyte sonrió ampliamente antes que esa mueca se convirtiera en una cara de falso fastidio.
-Mi ninfa de ojos verdes y mi rubio lagañoso... estoy tan excitado—dijo con sarcasmo.
-¡Jedite! ¡Amy! -que gusto verlos. Saludó Makoto, un ligero pisotón hizo doler al castaño piloto-. ¿Cómo han estado?
-Muy bien gracias, ¿Qué tal ustedes? -saludó la pequeña oji azul, completamente apenada de haber interrumpido-, perdón, le dije a Jed que no debíamos molestar, pero ya sabes como es.
-¡Patrañas! Dudo mucho que hayamos interrumpido algo importante-exclamó el rubio, aunque la mirada de su amigo dijera otra cosa-. ¿Podemos sentarnos?
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El encuentro accidental con Amy y Jedite terminó siendo divertido. Después que Neflyte hiciera una pataleta donde fingía abrazarse de Makoto para que Amy no lo llevara a rastras al aeropuerto, los cuatro pasaron el resto del día juntos, en una cita doble que resultó mejor que si hubiese sido planeada.
Pero un día divertido suele acabar mucho más pronto.
A la mañana siguiente Makoto y Neflyte salieron con prisa rumbo al aeropuerto. Ella tuvo que reprogramar su día para poder tener tiempo de acudir a la cita con el administrador del primer edificio a conocer. Neflyte estaba muy apenado, pero prometió compensarla por eso, sobre todo porque seguía viendo un cierto recelo de la oji verde por el asunto del departamento.
Makoto quería decirle que podía vivir con ella, pero primero quería saber que clase de lugar estaba buscando. Quizá su hogar era demasiado modesto para alguien como él.
Se detuvieron a unos metros del filtro de seguridad. Makoto saludó con su mano al guardia, al que también conocía muy bien. Neflyte estaba contento y sorprendido de la facilidad con que esa chica hacía amigos.
-¿Llevas todo? -preguntó mientras arreglaba como siempre, el nudo de su corbata.
-Tendría que cargarte en mi hombro para llevarlo todo-sonrió.
-Solo que decidas volverte conductor de tren, autobús, o algo que vaya definitivamente pegado al suelo.
-¿Qué tal capitán de barco?
-Pudiera ser. Tienes un cierto parecido al capitán Garfield.
-¿No era ese un gato?
Makoto soltó una pequeña risa antes que él pudiera ahogarla en un beso. Uno dulce pero profundo que le hizo temblar las rodillas y que, por lo tanto, la obligó a abrazarlo. Era cada vez más difícil verlo partir. Pero la alarma en su reloj sonó, era hora.
Neflyte le dio otro beso en la frente antes de irse. Ella caminó hacia atrás, perdiéndose entre la gente que comenzaba a agolparse en el filtro para pasar a la sala de la última espera. Era una hora pico en el aeropuerto, gente tan variada yendo y viniendo como hormigas al hormiguero.
Sin embargo, hubo alguien que resaltó entre todas. Una diosa encarnada, con un cuerpo perfecto, largas piernas y diminuta cintura. Tenía porte, belleza, presencia. Makoto no pudo hacer más que mirarla con la boca ligeramente abierta. ¿Cómo podía lucir así de radiante a esas horas? ¡Y ese cabello en tonos verdes! ¿Cómo podía lucirlo tan bien?
Y aunque ella jamás se había negado la oportunidad de apreciar la belleza en donde la encontrara, le bastaron un par de segundos más para sentir el mundo moverse a sus pies. Esa divina mujer pronunció el nombre de "su piloto" y él giró, deteniéndose en la línea.
Ella se acercó como un tigre a su presa y lo saludó efusivamente, un abrazo que duró tres "mississipis" más de lo que debió. Y por si eso fuera poco, alcanzó a ver que Neflyte la buscaba a ella con la mirada y al parecer no logró verla, o al menos eso pareció cuando desistió de su intento y tomó el equipaje de la exuberante mujer. Ella se agarró de su brazo y juntos cruzaron la puerta, perdiéndose de su vista.
Se quedó petrificada ante el aplastante golpe a su ego que acababa de recibir. ¿Acaso ella era real? Y si lo era... ¿Cómo una sencilla repostera podría competir contra esa diosa?
Divagaba en aquello cuando las puertas de cristal se abrieron, en una ventana de oportunidad, donde el universo parecía haber querido quitar a toda la gente que pudiera estorbarle en su camino, Makoto pudo ver a la mujer del otro lado y el como ella parecía verla directamente a los ojos, con una amplia sonrisa de victoria en su rostro.
CONTINUARÁ...
Agradezco enormemente a todos aquellos que han esperado pacientes por una actualización. Me metí en lios con muchos fanfics a la vez ajajaaja, pero como les digo, mientras me alcance vida yo acabaré todas las historias, y esta es una de mis favoritas.
Saludos a todos, espero sus comentarios.
