Sembrando dudas.
-¡Nef!
Y su sangre se heló por un segundo que se le antojó eterno. Neflyte giró y pudo ver a la deslumbrante Esmeralda venir hacia él, con ese aire de mujer fatal que antes lo puso de rodillas, pero ahora no le provocaba más que repulsión. Pero hasta cierto punto ella era su jefa y él no podía hacerle ningún tipo de desplante, menos antes de comenzar el viaje.
-Buenos días Esmeralda-saludó frío y distante, aunque eso en nada evitó el abrazo demasiado largo de la mujer. Neflyte rogó al cielo que Makoto no hubiera visto eso.
-Sabía que aceptarías, amas Marruecos. Verás que nos divertiremos juntos.
El castaño aprovechó mientras seguridad le pedía sus documentos a Esmeralda, buscó desesperado el rostro de Makoto entre la gente, pero no pudo verla. Exhaló más tranquilo, probablemente ella no había presenciado aquel incómodo momento. Y como de cualquier manera era un caballero que quería llevar la fiesta en paz, tomó el equipaje de la mujer y juntos cruzaron la puerta de cristal.
-Pensé que viajarías hasta el viernes, ¿Algún problema?
-Un compromiso inesperado. Lo bueno es que no se me dificultó conseguir un piloto, me alegra que hayas sido tú después de todo.
-Necesito el dinero, no te hagas falsas ideas-respondió algo tosco mientras recogía su maleta de la barra transportadora-, no quiero problemas contigo, tú sabes que esto es solo trabajo y si podemos llevar esto con tranquilidad estaré muy agradecido.
-Vaya, esa chica sí que te ha cambiado. —su voz bañada en desprecio-, vi que te acompañó. Es linda, pero solo eso. Esperaba que fuera algo más atractiva para cómo se cuenta que te trae.
-Es más que linda, tiene un encanto que gente como tú no lograría comprender.
Y puesto que Neflyte iba más adelante, no pudo darse cuenta del rostro molesto de la mujer. Esmeralda estaba rabiosa, nunca había manejado bien no obtener lo que quería y lo cierto era que lo quería a él.
Tuvieron sus buenos momentos hace más de dos años, pero Neflyte, aun con toda su arrogancia, nunca toleró la manera que Esmeralda tenía de tratar a la gente, sin contar que ella era una mujer casada desde luego. Cuando la emoción se le pasó ella no pudo soportarlo, el acoso fue constante, con todo y que era conocido que Esmeralda tenía a más de un hombre en la mira, pero el piloto irlandés era su mayor obsesión. Neflyte no podía esperar el día que pudiera renunciar a la empresa y poner su propio negocio junto a Jedite.
Aunque justo ahora se debatía entre ofrecerle un sitio a la mujer que amaba, o poner su soñada escuela de aviación.
Cuando abordó el avión su alma se sintió un poco más liviana, si bien el rubio no sería su copiloto al menos estaba Nicolás, otro buen amigo que siempre era una agradable compañía.
-¿Arrastrado al infierno? -preguntó mientras colgaba su saco en el pequeño armario. El otro castaño que ya estaba sentado en el asiento del copiloto asintió efusivo
-Pero al menos viene Esmeralda—dijo completamente ignorante de la reputación de la mujer-, algo interesante que ver además de nubes.
-¡Oh amigo! No sabes lo que dices.
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Esa mañana Makoto se fue a trabajar con un mal sabor de boca. Todavía no lograba descifrar el sentimiento que le dio ver a una mujer como aquella al lado de Neflyte, cuando Amy apareció a su lado y le contó quien era. Le dijo vagamente que trabajaba en la administración de la empresa, un puesto alto y que básicamente era poderosa y exitosa. Divorciada reciente y con mucho dinero, pero poca clase. Y aunque había omitido las habladurías de los empleados acerca de la relación clandestina que ésta tuvo con su piloto hace años, Makoto no era tonta, eso que Amy no le dijo lo leyó en su expresión corporal cuando la interrogó al respecto.
Y ahora estaba ahí, dándole vueltas en la cabeza como una canción horrendamente pegajosa.
En cuanto salió del trabajo Rei y Mina la esperaban fuera, cada una con un café frío en las manos y otro para ella, ansiosas por irse a dar la vuelta en busca del "departamento perfecto". Mina estaba emocionada, había logrado calmar el coraje que le tuvo a Neflyte desde que escuchó su plática telefónica, aunque eso solo se debía a que conocía de antemano que el piloto buscaba un lugar para proponerle a su amiga irse a vivir juntos.
Puede que si haya mal interpretado las cosas después de todo. Al menos eso creyó ya que Makoto no les había contado aun lo que vio en el aeropuerto.
La rubia a su vez calló todo lo que sabía, no quería arruinar nada de cualquier modo con alguna indiscreción, aunque eso siempre le salía natural.
-¡Imagina a dos pequeños corriendo por aquí! -dijo Minako muy efusivamente, mientras giraba con los brazos abiertos en el enorme salón vacío del primer departamento. El vendedor la miró un tanto extrañado ante tanta alegría.
-¿De que estas hablando? -preguntó Makoto, adelantándose a la pregunta que Rei tenía clavada en la garganta. Solo que la morena también tenía ganas de ahorcar a la rubia.
-¿No has dicho que Neflyte tiene sobrinos? -preguntó con una amplia sonrisa, agradecida de habérsele ocurrido aquello a tiempo. Aunque en realidad estaba pensando en los hijos que su amiga pudiera tener con el piloto-. Su hermana Unasuki, creo tiene dos hijos.
Pero Makoto ya se había perdido en sus propios pensamientos. Imaginó casi de inmediato a Neflyte viviendo en esa casa, con la despampanante Esmeralda, aunque ciertamente esa mujer no parecía ser del tipo que quisiera hijos, pero el piloto tampoco había comentado nada nunca al respecto. Mas su masoquista mente los vio ahí, rodeados de niños de melenas abundantes y rostros siniestros.
-No lo sé, no creo que esto sea lo que busca-sentenció algo molesta por sus propios pensamientos-. Está muy lejos del aeropuerto y además es un primer piso, a él le gusta poder estar lo más alto posible.
El vendedor frunció el rostro en señal de descontento, para él había sido un día largo y mover la cita solo lo había hecho retrasarse en su vuelta a casa. Esas chicas no estaban interesadas en el lugar.
Cuando salieron del departamento se dirigieron de inmediato a la casa de Rei, un moderno edificio en la zona ejecutiva de París. Además de bruja, según Minako, la morena era abogada de una prestigiosa firma, lo que solo le ameritaba que le gritaran bruja más seguido de lo que hubiera esperado. Pero tenía buenos ingresos y, por ende, un lugar hermoso donde vivir.
Camino ahí, las chicas no pudieron evitar notar a su oji verde amiga bastante dispersa, así que después de mucho insistir, Makoto sacó de su corazón aquello que la había inquietado durante todo el día.
-¿Esmeralda Black? -preguntó Minako mientras su cabeza estaba hundida en su celular, revisando todas las redes sociales con una velocidad impresionante, rastreando a la mujer como el mejor agente de la CIA-. ¿Rubia con destellos verdes? -agregó. Makoto asintió-. ¡Tengo a la arpía! -gritó victoriosa.
-Déjame ver—dijo Rei mientras arrebataba el móvil de las manos de la rubia. Dio un rápido vistazo antes que una mueca de desdén apareciera en sus labios-. No es tan impresionante. Demasiada producción-dijo y regresó el móvil. Continuó su camino hacia Makoto a quien le entregó una copa de vino.
-No hay manera que yo luzca así, ni con cirugía.
-¡Con cirugía sí! Lo que no hay es necesidad-regañó la peli negro-. Y saca esas ideas de tu cabeza. Creí que a estas alturas ya debían haber cambiado los "acuerdos" -entrecomilló la última palabra con los dedos-, de su extraña relación. O al menos que tú te hicieras a la idea de que algo como esto pudiera pasar algún día.
-¿Algo como esto?
-¡Por supuesto! -exclamó-. Que alguno de los dos se cansara, conociera a alguien o yo qué sé... que algo cambiara. El enamoramiento no dura para siempre. La gente empieza a querer cosas nuevas cuando se acostumbra. De hecho...
Minako alzó la vista del móvil ante el comentario mordaz de su amiga-. ¿De hecho qué?
-Pues... creí que tu serías quien se cansara o aburriera primero. Sobre todo, cuando nos presentaste a Darien y Andrew. Darien parece ser un chico lindo, alguien mucho más centrado que Neflyte.
-¡Darien y yo solo somos amigos! -bufó ya harta de estar defendiendo su amistad ante todos-. No entiendo porque no logran comprenderlo.
-Es fácil. A él le interesas. Se ve en sus ojos y Minako puede confirmar eso.
-¡No me metas en tus ataques furtivos contra Neflyte! -renegó la rubia, conocedora que Rei era bastante recelosa con el piloto.
-¿No te lo dijo Andrew?
Después de una típica pelea entre Rei y Minako, ésta última había terminado por contarle a Makoto que Andrew le dijo en su cita lo muy interesado que Darien estaba por ella. No es que Makoto no lo supiera, conocía a Darien desde siempre y ciertamente su corazón también se aceleraba ante su presencia. Él había sido su primer gran amor, el chico al que decidió entregarse también por primera vez y, por ende, su primera desilusión. Y había un sentimiento que seguía ahí, lo pudo ver claro en esos ojos zafiros durante su paseo en el parque. Pero, aunque una parte de ella decía que sí, que se atreviera, la mayor parte le repetía que no, que ella era de Neflyte y que ahí estaba su corazón.
Aunque ahora no sabía dónde es que estaba el de él.
-¡Ay, maldición! -gritó Minako mientras se llevaba una mano a la boca y bajaba el celular con la pantalla hacía abajo. Las dos chicas voltearon a verla con expectación y miedo.
-¿Qué pasa? -preguntó Rei, Makoto estaba demasiado asustada para hablar.
-Es que... ¡Tengo llamado mañana! Sí, y muy temprano, todo el día de hecho—respondió apurada mientras tomaba su bolso y se apresuraba a la puerta.
-¿Entonces no irás conmigo a ver el otro sitio?
-¡No cariño! Y quizá no deberías ir tú tampoco, es demasiada responsabilidad. Ya le compras ropa y cosas de ese tipo, que se encargue él, ¿No crees? -dijo un tanto alterada mientras aventaba besos desde el portal y salía como alma que se la llevaba el diablo.
-¿Y tú irás? -preguntó de nuevo pero esta vez dirigiéndose a Rei. Conocía la respuesta, pero igual quiso intentarlo. La morena parecía perdida en sus pensamientos.
-No, lo siento. Debo ir a San Germine mañana, volveré el jueves.
Makoto suspiró profundo. Le hubiera encantado poderse librar de aquello, pero ya había dado su palabra. Además, la compañía le gustaba, había cosas que ella no sabía preguntar en cuestión de compras importantes. De hecho, había llegado al departamento que habitaba porque básicamente un compañero del curso de francés volvía a su tierra y lo desocupó, sino es probable que hubiera rentado lo que fuera sin preguntar mayor detalle.
-Bueno, quizá Darien quiera ir conmigo, o Andrew... -dijo más para ella misma, sin notar que Rei la observaba con detenimiento.
-Entonces, tú y Darien... -Makoto estaba por gritar de nuevo lo muy amigos que habían sido desde siempre, pero antes de empezar su peyorativa, su amiga la interrumpió-, ¿No te gusta ni un poco?
-Claro que sí. -dijo tristemente. Siempre era más fácil hablar con sinceridad ante Rei que ante Minako, puesto que la rubia solía exagerar todo antes de escuchar la historia completa-. Cuando éramos niños, él siempre cuidó de mí. Haruka, Darien y yo fuimos como una familia, una algo extraña ciertamente, pero siempre estuvimos muy unidos y nos cuidamos los unos a los otros. -La ojiverde se llevó la copa a los labios, pero apenas si bebió-. Y todo era increíble, hasta que llegamos a la terrible pubertad, ahí todo cambió. Haruka y él comenzaron a reñir todo el tiempo y yo estaba en medio, incapaz de hacer algo al respecto.
-¿Qué pasó con ellos?
-Michiru me dijo que Haruka le platicó que ambos estaban enamorados de mí, ¿Puedes creer eso? -Rei sonrió-. Bueno, no es que no me diera cuenta, pero yo no quería eso. Y aunque Haruka siempre gustaba hacerse pasar por un chico, ¡y vaya que podía ser uno muy guapo cuando se lo proponía! Debo decir que Darien era... pues, fue él, ¿Me explico?
-Sí, puedo entender a lo que te refieres—dijo. Un pequeño sonrojo en sus mejillas que su amiga no percibió.
-Haruka se enojó, y apenas pudo se fue del colegio, un año después que Darien se fuera primero. Antes de irse, ella me dijo que cuando fuera mi turno, me llevaría a vivir a su lado. En aquel entonces me pareció lógico, además ella no había intentado nada conmigo y no me sentí incómoda. Pero Darien tenía esos mismos planes. Viví con Haruka como seis meses, pero luego le dieron la oportunidad de correr de manera profesional y comenzar a viajar por el mundo. Yo odio volar, lo sabes-suspiró-. Seguimos viéndonos, ella siempre fue muy persistente y yo la amo por eso, ¡Mi vida no sería la misma sin ella apareciendo de vez en cuando! -y ahora fue en su rostro donde se reflejó el bochorno-. Entonces Darien se mudó al edificio donde yo estaba y ... eventualmente se quedó conmigo como ya sabes.
-¿Vivieron juntos regularmente? Creí que estabas en otro departamento.
-Sí, bueno... había otro departamento, pero … -su voz temblorosa, aunque aquello había pasado hace algunos años aún se apenaba-. Básicamente él vivía en el mío, era más ordenado y había comida, no como en el suyo—rio-. Él dormía en su sitio claro, al menos hasta que... pues, tú sabes, él y yo... -Rei asintió, no queriendo detalles-, pero él siempre fue un chico muy guapo y asediado, no tardó mucho tiempo en aparecer un grupo de mujeres de su edad, más lindas y elegantes que yo. Primero fue Beryl, luego Ann y le siguieron algunas más, menos Makoto.
-Te rompió el corazón.
-Así es. -dijo mientras echaba su cabeza sobre el respaldo del sofá, una sonrisa forzada apareció en sus labios-. Pero supongo que siempre supe que eso pasaría, él siempre fue un gran chico y yo era la niña a la que cuidaba por compasión. Luego apareció la oportunidad de venir a vivir aquí, gracias a las recomendaciones de mis maestros en el curso de gastronomía. Cuando conoció a Serena, una chica muy divertida y de mi edad, que con honestidad parecía más niña que yo, supe que no era mi edad o mi inmadurez, era yo. Era a mí a quien no quería y no podía cambiar eso de ninguna manera. Y aquí estoy.
-Y aquí está él ahora. Y Minako dice que quiere redimirse.
-No hay nada que redimir, éramos unos niños y todo quedó atrás. Ahora somos adultos y muy buenos amigos. Claro que siento algo por él, y no podría decirte que es. Pero puedo decirte lo que siento por Neflyte y eso es...
Bip, bip, bip.
Las dos chicas miraron en todas direcciones, hasta que encontraron el móvil de Rei que era el que había cortado aquella confesión. La morena miró en la pantalla que Minako le había escrito y frunció el ceño, aunque su instinto le dijo que debía disimular su sorpresa.
-… amor, yo lo amo. -terminó Makoto la frase, dejándose caer de vuelta en el sillón.
Rei había centrado su atención en el mensaje, pero la escuchó perfectamente.
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Neflyte y Nicolás arrastraban sus maletas por los pasillos del hotel donde pasarían la noche. Los dos hombres se ponían al corriente sobre el juego de americano del día anterior, el que él se había perdido por estar disfrutando con la hermosa castaña en la cama.
No había tenido tiempo de marcarle para ver cómo estaba y para preguntar cómo le había ido con la cita para ver el departamento, aunque más que nada quería averiguar si había presenciado algo de lo ocurrido en el aeropuerto por la mañana. Makoto nunca le había hecho una escena de celos, y eso que el piloto solía ser un poco coqueto en su presencia, aunque siempre con una causa justificable. Pero también Neflyte había salido con demasiadas mujeres como para comprender que, si la chef había visto algo, era probable que estuviera en problemas.
El drama era algo que ya no cabía en su vida, no desde que la conoció a ella.
-¿Quieres bajar por unos tragos? -preguntó Nicolás cuando llegaron a las habitaciones que ocuparían, una enseguida de la otra.
-Sí, solo me daré un baño. Hace demasiado calor.
-Lo sé. Quizá después podamos ir a dar una vuelta, ya sabes, podríamos buscar esas chicas que te bailan la danza de los siete velos—dijo antes de soltar una carcajada.
-Deberías tener cuidado con lo que deseas y buscas-sentenció-. Pero supongo que los tragos si te los acepto. Mañana visitaremos la ciudad, la última vez que estuve aquí no salí mucho que digamos.
-¿Alguna chica?
-Sí, pero no es algo que me guste recordar.
Nicolás sonrió antes de entrar a su habitación y cerrar la puerta. Neflyte hizo lo mismo, tumbándose casi de inmediato sobre la cama, móvil en mano. Hizo el intento por llamar a Makoto, pero antes de poder hacerlo, una llamada de Jedite entró.
-¿Dónde carajos estás? -gritó antes de cualquier saludo.
-En Marruecos.
Un incómodo silencio reinó por un par de segundos-. Cierto, ¿Sigues virgen?
Neflyte entornó los ojos hacia el cielo-. Tu hermana dice que no.
Jedite soltó un par de blasfemias en francés antes de poder tranquilizarse. Neflyte apartó la bocina hasta que lo sintió callar.
-¿Con Esmeralda?
-Por desgracia.
-¡Eres un idiota! ¿Cómo pudiste hacer eso? ¿Qué pasó con la familia que me prometiste formar? ¿Acaso te has golpeado la cabeza? ¿Inhalaste demasiado fijador de cabello?
-¡Ya basta Jedite! -gruñó-. Tuve que venir, me ofrecieron mucho más dinero y lo necesito. Lo necesitamos—dijo con molestia-. Yo tampoco quería hacerlo. Además, no entiendo porque me gritas, tu estabas ahí cuando la pequeña Mizuno me llamó, ¿Por qué no intercediste por mí?
-¿Para qué requieres más dinero? ¿No tenías ya tu parte? Sabes que pudiste hablar conmigo antes que ponerte como carne de cañón por algo que no vale la pena—respondió en voz más calma y comprensiva, con toda la intención de evitar responder la última pregunta.
-Vi un departamento, uno grandioso. Quiero comprarlo para Makoto y no me alcanza, no sin echar mano del fondo para la escuela y la venta de la casa en Milán.
-¿Tan caro es? ¿Las paredes son de oro o qué?
-Tiene un jardín, uno de buen tamaño.
Jedite suspiró a través de la bocina, un sonido claro de descargo emocional. Neflyte sabía que lo entendía, y también sabía que si hablaba para gritarle seguro era porque se preocupaba por él. No es que no estuviera consiente que el rubio entendería si tomara dinero del fondo para su escuela de aviación, pero no quería hacerlo. Estaba convencido que esforzándose un poco más podía hacer ambas cosas. La casa en Milán quería dejársela a su hermana menor Naru, descapitalizarse no era una opción si solo debía trabajar un poco más para no hacerlo.
-Tengo los permisos. Solo debes venir a firmar unos papeles.
Aquellas palabras mágicas sacaron una sonrisa en él. Había estado esperando que Jedite, o más bien dicho Amy, lograran aquella hazaña. Pronto podría renunciar a la empresa para la cual trabajaba, y no es que la odiara, pero el asedio de Esmeralda ya había llegado muy lejos. Además, la escuela le daría oportunidad de permanecer en París, al lado de la mujer que amaba. Quien sabe, quizá no solo le pediría que se mudara con él, si las cosas salían bien, pudiera ofrecerle también matrimonio.
-¿Me oíste? -insistió la voz del otro lado de la línea.
-¡Es genial! La pequeña Mizuno es un genio, dile que, si no fuera porque tengo a Makoto, me casaría con ella.
-Dice que ni loca-contestó él por ella-, ya tiene a un hombre, ¿Para que querría un niño?
-¿Ya tiene un hombre? ¡Lo siento por ti hermano, ¿Cómo te sientes?
-¡Cállate idiota!
Los dos hombres se rieron casi al mismo tiempo.
-¡Es realmente increíble! Ya quiero ver la cara de Mako cuando le diga todo lo que está por pasar.
-¿No crees que es mucha información para digerirla de un solo golpe? Quizá deberías irle diciendo las cosas de a poco. No vaya a ser que la asustes y la dulce chef se vaya corriendo.
-Pues ya no hay mucho que hacer, será cuando regrese.
-De acuerdo. Te espero aquí, avísame cuando llegues y Nef... ten cuidado con la arpía. Amy dice que estuvo observando a Makoto en el aeropuerto. Sabes que esa mujer está loca.
-Tendré cuidado.
Cuando la llamada colgó, el hombre tirado en esa cama de hotel era el hombre más feliz del mundo. Quería gritar y saltar, pero sobre todo quería teletransportarse a París y alzar al vuelo a la chica que amaba y darle el montón de noticias que tenía para ella. Aunque Jedite había dicho algo muy cierto, eran demasiadas cosas al mismo tiempo y la probabilidad que Makoto se asustara era impresionante. Tenía que buscar la manera de irle diciendo cada cosa para que no se sintiera abrumada y quisiera huir de él, como la vez de la avioneta.
Y es que en parte tenía que comprar una avioneta también. Vender su cuerpo ya no le parecía tan mala idea.
-¿Estás listo? -preguntó Nicolás detrás de la puerta. El tiempo se le había ido volando y ni siquiera se había sacado los zapatos.
-No, lo siento. Adelántate, bajaré enseguida.
El castaño, que era casi de la misma edad, pero un poco menos alto que Neflyte bufó tras la puerta. Sin embargo, todo su fastidio desapareció cuando al final del pasillo, casi llegando al corredor, la imponente figura de Esmeralda hizo su aparición. Se veía espectacular, como siempre, y el joven piloto no pudo más que tartamudear al verla.
-¡Esmeralda, espera! -pidió en su tono más varonil, uno no muy bueno-. ¿A dónde te diriges?
La mujer sonrió un poco forzado, pero tratando de mantenerse en su papel de seductora-. Pensaba dar una vuelta, ¿Qué hay contigo?
-Voy al bar. Espero a Nef, se está bañando.
Los ojos de la mujer brillaron de fascinación, ante la imagen mental del hombre en la ducha y la posibilidad de poder emborracharlo esa noche.
-Me gustaría acompañarlos, claro, si eso no arruina sus planes de casanovas—dijo en un tono sugerente, mientras deslizaba sus dedos por la camisa del enamorado hombre-. ¿Qué dices?
-¡Desde luego! -exclamó con un poco más de entusiasmo del que debería. Esmeralda volvió a reprimir una mueca de desdén. Si coquetear con Nicolás en lo que Neflyte bajaba era el costo por tener al irlandés, ella lo haría.
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-¿Qué rayos pasa contigo Minako? -preguntó Rei, devolviendo la llamada a su rubia amiga que había estado demasiado insistente por mensaje, pero sin ser muy clara.
-¿Makoto sigue ahí?
-No, acaba de irse. Neflyte le llamó y ella se fue mientras hablaba con él.
-¡Mira entonces la última foto que te envié! -gritó agudamente. La peli negra se separó la bocina, el fastidio en su rostro era evidente.
Mientras Minako seguía murmurando algunas cosas en un fluido inglés, Rei observaba una serie de fotografías en su teléfono, cada una la hacía fruncir más el ceño, a tal grado que dejó de ver.
-¿De dónde diablos sacaste esto?
-Esa tal Esmeralda tiene muchas redes sociales, muchos perfiles olvidados. Las primeras fotos son de hace dos años y un poco más. Parece que ella y Neflyte eran demasiado íntimos-gruñó-. Pero la última foto es … ¡Es de hoy!
-¿Cómo crees? -gritó sorprendida y mucho más molesta que unos segundos atrás-. ¿Estás segura que ese es Neflyte? No se le ve el rostro—Rei ladeó un poco la cabeza, como si eso le ayudara a aclarar la imagen. Una fotografía de la hermosa mujer, con un hombre de larga melena castaña y quebradiza que parecía comerle el cuello a besos. No se veía su rostro, pero se apreciaba que estaban divirtiéndose en un bar con mucho alcohol de por medio.
-¿Qué posibilidad hay de otro piloto con el cabello largo? ¿No dice él que va contra las reglas y solo se lo permiten porqué hizo una revuelta para no cortárselo?
Esa era una historia que el piloto contaba con mucho orgullo, como si fuera un revolucionario.
Rei murmuró un par de insultos mientras llevaba el teléfono de vuelta a su oreja. Algo no le cuadraba, pero las pruebas estaban ahí.
-¿Qué le diremos a Makoto? -preguntó Mina, ya con bastante más calma y mucha más tristeza en su voz.
-Por lo pronto nada—dijo. Conocedora que eso le rompería el corazón a su amiga-. Déjame pensar, pero esto no se va a quedar así.
CONTINUARÁ...
Bueno, bueno... la musa de la inspiración aterrizó aquí. Y también la de la desesperación, porque tengo otra idea en la mente dando vueltas pero debo acabar un fic primero de todos los que tengo abiertos jajaja, así que aquí vamos.
Muchas gracias por sus comentarios, espero les guste este nuevo capítulo. Veamos como sale Nef de tanto mal entendido y gente que se mete en su vida, que feo ser tan metiche jajaja.
Saludos.
