Sal en las heridas.
-¡Maldición Mako, contesta! -gruñó Neflyte cuando por enésima vez la llamada se fue directo a buzón. Tenía tres días queriendo contactarla, tres días tirados a la basura.
Pretendía ir al día siguiente, pero Jedite lo detuvo, ya que él había hablado con Rei y la mujer no tuvo reparo en gritarle un conjunto de injurias que ruborizarían al más malhablado marinero, además de dar una descripción detallada del futuro de toda su parentela. Él no quería perderla y le sonó sensato darle un poco de tiempo para que se calmara antes de hablar, Makoto no solía durar mucho tiempo enojada, la conocía, era una mujer racional que de vez en cuando se dejaba llevar, pero nunca a los extremos.
Incluso eso era algo perfecto para él, que tenía el tino de ser imprudente y no pensar muy bien las cosas antes de hablar. ¿Cómo había tardado tanto tiempo en reconocer que la amaba? No lo sabía, solo tenía claro una cosa, iba a recuperarla a como diera lugar.
Así se fue una semana, con malos días y terribles noches, esperando a que el domingo llegara de nuevo, ya que no quería hacer una escena en su trabajo, un consejo muy sabio que Amy le dio. Neflyte no dejaría pasar un día más sin arreglar las cosas, así que cuando la hora límite se aproximaba, se bajó de la cama de un salto, se puso sus zapatos y buscó una chaqueta. Jedite lo miró con resignación desde la cama contigua de la habitación de hotel donde ambos se hospedaban.
-¡Compra flores! -le gritó cuando lo vio ir decidido hacia la salida-. ¡Te deseo suerte!
Neflyte sonrió agradecido antes de desaparecer tras la puerta.
Tal como le habían sugerido se hizo de flores, solo que, conociéndola como lo hacía, en lugar de comprar un ramo ostentoso se decantó por un brote en una maceta de un invernadero local. Iba dispuesto a demostrarle que estaba genuinamente interesado en ella y que deseaba pasar el resto de su vida a su lado, y solo podría hacerlo con detalles como ese.
Llegó a la puerta del edificio y se detuvo a revisar que todo estuviera en orden, nunca había estado tan nervioso como entonces.
-Mako, por favor, permíteme explicarme. -susurró a modo de ensayo frente a la puerta de la recepción-. Las cosas no han sido como... ¡No! No... así no.
-Ni así, ni de ninguna manera. Mako no quiere verte.
Neflyte giró sobresaltado por esa voz repentina a sus espaldas, solo para encontrarse a Darien y a Andrew sosteniendo algunas compras en las manos, además de un gesto molesto en sus caras.
Tomó una inhalación profunda. El rostro severo y los ojos azules y penetrantes del moreno frente a él le hacían hervir la sangre. ¡Y pensar que le estaba cayendo bien! Pero precisamente fue ese descuido el que dejó que se acercara a la mujer que amaba para envenenarle el corazón en su contra.
-Eso quiero que me lo diga ella.
-Te lo estoy diciendo yo, que es casi lo mismo.
-Curioso, la última vez que vi a Mako no lucía como un imbécil entrometido que no supera haber arruinado su oportunidad.
Darien abrió los ojos con coraje y frustración. Andrew quiso tranquilizarlo, recordándole que estaban en la vía pública, pero era obvio que eso no le importaba a ninguno de los dos. Por el contrario, terminó cargando las bolsas de comestibles que el pelinegro llevaba en las manos para darle la oportunidad de defenderse en caso necesario.
-¿Quieres arreglar esto ahora? Piloto de cuarta...
-No voy a golpearte, no seas idiota. ¿Por qué no mejor te haces a un lado y me dejas arreglar mis propios asuntos? ¿No tienes a alguien más a quien importunar?
-¿Y tú? ¿Qué haces aquí cuando tienes una mujer en casa?
-¡Eso es falso!
-¡Aquí lo único falso eres tú!
Neflyte no pudo contener más su irritación. Sin pensarlo si quiera, dejó la planta que llevaba a un costado de la puerta y se quitó la chaqueta, aventándola sobre Andrew que para entonces ya no sabía qué hacer con tantas cosas a cuestas-. ¿Cómo te atreves a inventar eso de mí? ¿Qué no ves el daño que haces? ¡Sé que me ama tanto como yo a ella!
Darien se frenó, traicionado por sus pensamientos. Sí, quizá Neflyte tenía razón, pero Makoto no estaba bien con él, no importa cuánto lo amara. Con el tiempo lo superaría y él estaría a su lado para cuando estuviera lista para volver a amar.
Meneó el hombro para comprobar su estado, todavía dolía después de aquel día en que se lo dislocó. El gesto no pasó desapercibido por Neflyte, que se arremangaba en ese momento. Pero aun siendo bastante cabeza dura, esta vez fue lo suficientemente listo como para no haber aprendido su lección. El sujeto frente a él era lo más cercano a una familia que su chica tenía, debía tomar las cosas con calma.
Neflyte bajó los brazos pesadamente, dejándolos caer a los costados, como quien se ha rendido aun sin pelear. Darien no entendió que pasó.
-No voy a golpearte—dijo resignado-. Darte por tu lado fue lo que me trajo aquí en primer lugar.
-¿Qué insinúas?
-Digo que darte justo lo que querías fue lo que hizo a Makoto enfadar. Te dejé que te acercaras mucho a ella y luego no pude contenerme. Golpearte ahora solo te daría más la razón y yo... yo ya no soy así.
-¡Burlarte de ella y tener otras mujeres fue tu ruina, imbécil! ¿Por qué no te dejas de tonterías y lo reconoces?
-¡Jamás la engañé! ¿Qué clase de idiota jugaría con alguien como Mako?
-¡Pues ustedes dos!
Neflyte y Darien miraron al mismo tiempo a Andrew, quien seguía malabareando los víveres. El rubio tenía el ceño fruncido y estaba visiblemente molesto, harto de oírlos pelear como dos críos.
-¿Tú qué sabes?
-Lo suficiente, y no por gusto Neflyte-respondió tosco-. Tú, Darien, ciertamente lo arruinaste hace mucho y aunque eres mi amigo y te aprecio, tampoco te quitaré responsabilidad. En cuanto a ti, -dijo dirigiéndose ahora a Neflyte, regresando las bolsas a un aturdido Darien-. Te escuché hablar con una mujer muy meloso hace unas semanas, se ponían de acuerdo para verse a escondidas de Mako, además Minako vio unas fotos tuyas con una tal Rubí, Gemma, algo así... y eras tú con la misma mujer que se supone que trabaja contigo.
Neflyte guardó silencio un momento, procesando la nueva información. Su mente trabajaba a mil por hora, hasta que todo tuvo sentido. Esmeralda había hecho algo más de lo que había confesado aquel día en el hotel. Siempre supo que tarde o temprano el karma le cobraría ese desliz, pero no podía permitirse perder a Makoto por ello.
-¿Nada que decir? Porque siendo así, será mejor que te vayas -preguntó Andrew, resuelto a llegar al fin de esa conversación.
-Las cosas no fueron como creen. Déjame explicar, creo que sé lo que pudo pasar...
Pero las palabras de Neflyte se vieron interrumpidas por el sonido de su móvil. Últimamente estaba más pendiente de él, esperando que fuese Makoto quien marcaba, pero una vez más no era ella, así que desvió la llamada al ver el nombre de su hermana Unasuki en la pantalla.
-¿No vas a responder? -indagó Darien, curioso por saber de quién era la llamada. Neflyte lo fulminó con la mirada.
-Esa llamada que escuchaste, sí, me vi con alguien a escondidas de Mako. Mi amiga Setsuna, vende bienes raíces, buscaba un departamento más grande para Mako y para mí. Se lo dije a Minako y a Rei, ellas pueden confirmarlo, era una sorpresa para Mako y …
El móvil volvió a sonar, Neflyte miró a ambos antes de sacarlo y comprobar que de nuevo era Unasuki llamando.
Dos llamadas eran demasiado, se disculpó para responder mientras se movía un poco lejos.
-¡Contesta aquí! ¿O acaso es otra de tus novias?
Neflyte lo ignoró y descolgó la llamada, la voz de su hermana se escuchó en el acto. Un sollozo triste y asustado.
-¿Nef? ¡Es papá! …
-¿Suki? ¡Cálmate! ¿Qué sucede? -preguntó en un tono tierno, lo que hizo hervir la sangre de Darien quien no tenía idea de lo que pasaba.
-Esta en el hospital, papá está grave. Tienes que venir a casa, por favor.
No hubo necesidad de más explicaciones. Neflyte giró de golpe hacia el par de chicos que miraban atentos la situación. Luego echó un vistazo a la ventana de Mako, en lo alto del edificio. La amaba y ansiaba verla, sí, pero en ese momento su padre era su prioridad, debía volar hasta Milán de inmediato.
-Calma pequeña, voy camino para allá.
Andrew y Darien solo observaron como el hombre pasaba a su lado, se detuvo justo frente a Andrew y lo miró un tanto abatido -. Por favor, dile que estuve aquí. -susurró mientras cubría la bocina con la mano y luego avanzó, dejándolos atrás. Al llegar a la esquina de la calle principal paró un taxi y se subió, perdiéndose de inmediato en el tráfico.
Duraron un par de minutos antes de atreverse a romper el silencio.
-¿Puedes creerlo? ¡En nuestras narices!
-No lo sé... parecía algo preocupado.
-Seguro estaba asustado que la mujer esa lo descubriera aquí. ¡Pero es mejor que se haya ido! Mako aún no está lista para verlo. Seguramente lo perdonaría, ella siempre ha sido tan noble, y esa clase de bastardo no merece una segunda oportunidad.
-Te la dio a ti, no veo porque no a él.
Darien miró de vuelta a Andrew con bastante recelo. El rubio nunca había sido un hombre de problemas, pero lo estaba tratando muy rudo últimamente, como si no estuviera de acuerdo con su actuar. Lo cierto es que no necesitaba más problemas ahora mismo y también había notado aquella genuina preocupación en el rostro del castaño, aunque no pensaba admitirlo. Así que pasó de largo el comentario y le devolvió algunos de los víveres de forma brusca, luego entró al edificio resoplando.
Andrew, sin embargo, estaba preocupado. Hacía unos años él había recibido la llamada que le anunciaba la muerte de su padre, así que el rostro de Neflyte se le antojó, más que de miedo a una mujer, de verdadera preocupación. Se quedó viendo la avenida, los carros ir y venir en ambas direcciones, descubriéndose a sí mismo pidiendo por que aquello no fuera un mal augurio. Después de todo, si alguien estaba mínimamente del lado de Neflyte era él, aunque no sabía muy bien por qué.
Giró para entrar al edificio también, solo para descubrir la maceta que el castaño había llevado como un presumible obsequio. Además, tenía la chaqueta todavía en sus brazos.
Lo que hubiera pasado con Neflyte debía ser importante, lo suficiente como para salir corriendo sin importarle nada más.
0 0 0
Un par de semanas después Makoto se sentía peor. Se veía agotada, no estaba comiendo bien y además, dormía muy poco.
Rei y Mina estaban muy preocupadas por ella, sobre todo cuando se dieron cuenta que había pedido vacaciones en su empleo porque ir al restaurante le parecía una tortura para su estado físico y emocional.
Cuando entraron al departamento, se asombraron al ver que el lugar estaba muy descuidado, algo que no era propio de ella. Rei anotó mentalmente ahorcar a Darien y Andrew por no ayudarle a limpiar de vez en cuando, mientras tiraba algunos platos desechables con comida al cesto de la basura.
-Deberías hacerte ver por un médico, cada vez te veo peor. Creí que ya te habías recuperado un poco cuando fuimos a cenar hace unos días-repuso Minako, luego de ver a la ojiverde con el rostro apagado y triste.
-No sé qué me pasa, no me siento yo-balbuceó.
-Debe ser depresión-respondió Rei, pateando algo de ropa sucia de su camino para poder sentarse en la cama con ella-. Mañana te haré una cita con mi psicóloga, es muy buena. Aunque también deberías ver al doctor como sugiere Mina, te ves un poco gris.
-Puede ser el síndrome premenstrual. -replicó Mina.
-¿Y tú como sabes eso? -preguntó Rei, un tanto sorprendida.
-¡Pues porque Mako y yo somos mejores amigas! Estamos sincronizadas. ¿Qué tú no? -respondió alegre, tratando de sacar una sonrisa de la castaña a quien había abrazado a propósito.
-Esas son tonterías, no está comprobado.
-¡Oh, pero claro! Y que tú no te hayas sincronizado solo habla sobre tu falta de compromiso hacía nuestra amistad.
-¡Qué tonta eres! Además, tú no me vas a decir cuando me debo poner de mal humor.
-Nadie te dice eso, tú siempre andas de mal humor.
Makoto soltó una pequeña risa, una ahogada. Rei y Minako sonrieron, esperanzadas en que su antigua amiga volviera a emerger de las cenizas de su corazón.
-Puede ser-murmuró-, aunque incluso eso se ha movido mucho ya no recuerdo ni cuando es. No sé dónde tengo la cabeza estos días.
-Yo sí sé-susurró Minako, mientras tomaba el nuevo móvil de la ojiverde-, pero no te apures, cuando te compraste esto te sincronicé todas tus aplicaciones, aquí lo vamos a averiguar. Solo hay que entrar y ver el último... es... ¡Sería sencillo si metieras los datos en él! -gruñó medio en broma, al ver que faltaban los datos del ciclo anterior-. ¡Pero para eso tienes a tú amiga poderosa! ¿Cuándo fue la última vez?
-No sé, pues... -balbuceó, haciendo memoria-. ¡Ah sí! Cuando fuimos al bar St. Patrick, para el cumpleaños de tu amiga, ¿Lo recuerdas? ¿Qué fue de eso? Un mes ya, ¿No? ¿Mes y medio?
Minako frunció el ceño, pensando un poco. Luego miró a Rei de reojo y fugazmente, con esos enormes ojos azules visiblemente exaltados, gesto que no pasó desapercibido por la chef.
Un incómodo silencio gobernó de nuevo la habitación. Las tres estaban pensando exactamente lo mismo, pero ninguna se atrevió a decir nada por unos momentos, evitando el contacto visual a toda costa.
-Bueno, bueno... ¡Esto no es una ciencia exacta! Has estado bajo mucho estrés, seguramente tus hormonas andan todas locas, deja que pasen unos días y verás que no es nada, siempre y cuando logres relajarte y descansar... ¡Y comer desde luego! -dijo Rei poniéndose de pie, ahora sí decidida a recoger la ropa del piso y echarla al cesto-. Minako y yo te ayudaremos a limpiar un poco, pero mañana mismo iremos con el médico, el psicólogo y hasta un gurú espiritual si quieres, vamos a salir de este atolladero, como cuando Mina salió del suyo cuando ese tal Ace la dejó.
-¡Oye! No me uses de ejemplo. ¿O ya se te olvidó cuando te deprimiste tres días porque ese Pablov resultó ser casado.
-De lo único que me arrepiento fue de no haberlo investigado-gruñó-. Pero basta de malos pensamientos, ven a la cocina conmigo, haremos algo de cenar—dijo enérgica, jalando a Mina para que la siguiera-. ¡Y tú date una ducha! Y no pienses en cosas que no son, por favor.
Las dos chicas salieron de la habitación, riendo y charlando como si nada estuviese pasando, pero apenas escucharon que su amiga entraba a la ducha, el semblante de ambas se desplomó.
-¿Qué vamos a hacer si está embarazada? -preguntó Mina, agarrando a Rei por los hombros. La morena la miró fijamente, sin tener una respuesta-. Seguro es de Neflyte, ¡tenemos que encontrarlo! Debe hacerse responsable.
-¿Quieres calmarte? ¡Aún no lo sabemos! Puede ser un desajuste hormonal, incluso pudo haber olvidado meter los datos o... cualquier cosa. ¡Mako no está en sus cinco sentidos desde que él se fue! ¿No la ves? El estrés y la depresión son capaces de confundir al organismo.
-¡Estaba mejor hace unos días! Ahora parece enferma. ¡Las mujeres embarazadas tienen esos síntomas! -vociferó en tono bajo, pero no pudo evitar sonreír al imaginar a su amiga en estado-. ¡Awww, voy a ser tía!
-¡Claro que no! -gruñó la pelinegro, aunque una sonrisa asomó en sus labios también-. En todo caso, "vamos" -agregó. Las dos se sonrieron un poco cómplices, antes de volver a poner el rostro serio-. ¡No, no! ¿Qué estamos diciendo? Eso sería terrible para Mako. Digo, ella será una gran mamá algún día, sé que lo sueña desde antes de que la conociéramos, pero obviamente Neflyte no es para ella, y seguro no se hará responsable. Ese bebé sería un recordatorio del hombre que la usó. Lo mejor sería que no hubiera un "bebé", Mako puede toparse un buen tipo después, que nos llene de sobrinos. Pero Neflyte no.
-Pero sí lo está, que no digo que lo esté...pero si acaso lo está... él debe saberlo. ¿No crees? Ella querrá decírselo. ¿Aún tienes manera de contactar con Jedite?
Rei negó con la cabeza. La última vez que habló con Jedite estaba tan molesta que le gritó una cantidad de insultos digna de competencia, con todo y que el rubio no había hecho nada, apenas si lo dejó hablar. Lo bloqueó y luego borró su número de los contactos, decidida a alejar cualquier conexión que tuvieran con Neflyte para siempre.
Makoto alcanzaba a escucharlas cuchichear en la cocina, no sabía exactamente lo que decían, pero tenía una idea. ¿Embarazada? ¿Acaso era una maldita broma? Se preguntó mientras lavaba su cuerpo. Por instinto, llevó una mano a su vientre y lo acarició con suavidad. Extrañamente no estaba alarmada, sino triste, apabullantemente triste.
Creyó haberlo estado antes, hace casi un año. No le sorprendió demasiado, la cantidad de sexo que llegó a su vida de la mano de Neflyte era impresionante. En aquel entonces estaba desbordante de alegría, inquieta por verlo ya que se había ido a un viaje muy largo y tardaría varias semanas en volver.
Makoto siempre había añorado una familia, ser madre muy joven e incluso soltera nunca le asustó, así que la noticia de un embarazo fue tan bien recibida que, aunque el piloto decidiera escapar, ella continuaría gustosa con el proceso. Era tanto su entusiasmo, que no solo se había hecho una prueba casera, sino varias, y esperaba feliz la cita médica que había concertado solo para estar segura.
Claro que entonces también le asaltaron muchas dudas. Tenía poco más de un año saliendo con él y escasamente habían hablado de llegar a algo serio, ni siquiera en broma. Pero sabía lo mucho que al piloto le gustaban los niños, llevaba cientos de fotos de sus sobrinos en el móvil e incluso, le mostraba todas aquellas que sus hermanas le enviaban frecuentemente. Hablaba un poco ensoñador con el momento en que le regalara sus primeras alas de piloto a su propio hijo, aunque era breve, como si tocar el asunto le asustara de algún modo.
Ahora estaba ahí, recién descubriendo que el tipo era un engaño y con la posibilidad de estar embarazada. Lo que las chicas no sabían era que, tras el primer falso positivo, se le había dicho que tener un hijo no sería nada sencillo, que la posibilidad de que su cuerpo la engañara de esa manera era muy alta y por el contrario muy baja la taza de éxito. ¡Cuántas desilusiones no se había llevado ya en dos años! Ya ni siquiera se emocionaba, aquello era tan común que ahora solo era un clavo que le rompía, de ser posible, un poco más el corazón.
Así que no estaba asustada, feliz o enojada. Podría decirse que realmente no sentía nada.
Cuando salió de la ducha y se arregló, fue sigilosa hasta la cocina, ahí encontró a Rei y a Minako hablando en la barra, con una taza de té.
-Legalmente, él debería hacerse responsable. Pero incluso yo, que defiendo a muerte lo que es justo, creo que Mako haría mejor si no le pidiera nada, que se encargara sola del bebé y dejara de lado a un hombre tan traicionero. ¡Imagina que un día tome una aeronave y se lleve al niño!
-¿Qué cosas dices? ¡No sería capaz!
-¿No? ¿Sigues pensando que es inocente? ¿No fuiste tú quien encontró esas fotos en la red? Mako reconoció a esa mujer como su compañera, la arpía que envió esos mensajes. ¡No puedo creer que le des el beneficio de la duda! -rabió Rei, con la mirada asesina clavada en la rubia.
-¡Pero es que tú lo viste! Tú eres una piedra, mi querida abogada, pero yo soy toda una experta en hombres. Y podría asegurar que él si la quiere, aunque... bueno... bajo las circunstancias, solo digo que debió darle oportunidad de explicarse. Darien tuvo mucho que ver en su discusión y no ayudó que la encontrara en la cama con él.
Oyendo tras la puerta, estaba de acuerdo con ambas hasta cierto punto. No había dejado de pensar en que debió dejarlo explicarse, pero al mismo tiempo se sentía una tonta por enamorarse de un hombre que veía una vez por quince días, aunque últimamente él pasaba más tiempo en su casa. Incluso le había dicho que quería mudarse a París... pero... eso no era garantía de que fuera por ella...
-Bueno, creo que lo mejor será salir de dudas y dejar este tema en el olvido. También existe una gran posibilidad de que, como Rei dice, solo sea depresión. Y honestamente ya estoy cansada de tanto llorar.
Rei y Mina voltearon rumbo a la habitación, recién aseada su amiga lucía mejor.
-De acuerdo-exclamó Mina con una sonrisa un tanto forzada-. Te haré una cita con el ginecólogo y saldremos de dudas. Pero creo que hablo por ambas cuando te digo, que si acaso hay un bebé creciendo en ese maldito abdomen plano tuyo que tienes porque Dios no es justo ya que te la vives comiendo-gruñó en evidente broma-, nos tienes a nosotras para apoyarte y salir adelante.
-¡Gracias chicas! -dijo sonriente, uniéndose a ellas en la barra-, pero no se hagan muchas ilusiones, lo más probable es que no sea nada.
-¿Que no sea nada qué? -se escuchó en una voz varonil. Las tres mujeres voltearon rumbo a la entrada, Darien venía llegando, cargaba un ramo de flores en una mano y una bolsa con compras en la otra. Andrew lo seguía de cerca, el rubio no pudo evitar sonreír al ver a la alegre Mina en el departamento.
-Bueno, es que puede ser que Mako...
-¡Mina! -reprendió la castaña.
Darien creyó sospechoso todo aquello. Le dio las flores, como había estado haciendo por los últimos días y luego, de manera protectora, la tomó por los hombros mientras acercaba su preocupado rostro al de ella. Tenía miedo de escuchar que Mako había contactado con Neflyte y que todo volvería a ser como antes. Aunque definitivamente no estaba preparado para escuchar lo que se venía encima.
-Vamos cariño, sabes que puedes decirme lo que sea—la instó, casi en un susurro-. Estoy aquí para ti.
-Bueno... -dudó. Makoto ya estaba muy consiente que Darien pretendía con ella algo mucho más allá de la amistad que habían sostenido por años. Y aunque en cualquier otro momento de su vida aquello se le hubiese antojado un sueño ideal, lo cierto es que desde que conoció al piloto y se enamoró de sus ojos chocolate y su sonrisa pícara, no había habido más hombre para ella que él.
Esto era una oportunidad para medir aquel amor incondicional que le había estado profesando por tanto tiempo.
-¿Mako?
-Bueno, verás. La cosa es así Darien. Resulta que es probable que esté embarazada. Me haré un examen mañana, pero vamos, igual puede no ser.
Darien había dejado de escuchar después de la palabra "embarazada". El mundo a su alrededor parecía moverse a una velocidad diferente, mientras por su cabeza pasaban miles de cosas.
No habían vuelto a saber de Neflyte en semanas, él estaba muy pendiente de eso y los señores Fitzmaurice le habían confirmado que no habia ido al edificio mientras no se encontraba. Makoto estaba más tranquila, aunque si la notaba algo demacrada, él se lo atribuyó a las incipientes comidas que Andrew y él preparaban para ella, pero Makoto se había negado a cocinar por unos días, así que no habían tenido más remedio.
Tampoco había estado tranquilo desde la última vez que vio al piloto. No quería reconocer que algo en él lograba empatizar con ese sujeto, después de todo, cuando Serena se fue y lo dejó por el "cantante ese", Darien había intentado demostrarle de todas las maneras posibles que su amor era mucho más grande que el que un artista de quinta pudiera darle.
Tampoco ayudaba ver los ojos tristes en el rostro de su pequeña "luciérnaga", dolía ver esas sonrisas que se quedaban en sus labios y que no se expandían más allá de ellos. Makoto estaba sufriendo y un embarazo no iba a ser la solución.
Pero tampoco sería un problema.
Darien hizo lo único que su cuerpo y su corazón lograron acordar en ese momento. La soltó de los hombros y tomó su mano, luego llevó una rodilla al suelo de una forma automática, sin dudarlo. Rei y Mina se alzaron en su lugar, estirándose para apreciar lo que estaba sucediendo, casi en estado de shock. Andrew lo llamó varias veces, pero él lo ignoró y Mako, la tierna, confundida y pasmada Mako, se quedó de piedra ante sus acciones.
-Mako, cariño. No estás sola, yo te amo y te aseguro que puedo ser un fiel esposo y el padre de todos y cada uno de tus hijos. Elígeme a mí.
CONTINUARÁ...
Gracias a todos por esperar una eternidad a que subiera este capitulo. Me costó algo de trabajo, eh tenido la cabeza en muchas cosas y no me lograba concentrar, pero aquí está...
Chan, chan, chan... que irá a pasar?
Espero actualizar más rápido, pero recuerden que los comentarios me motivan... así soy lo siento. Jajaja
Gracias.
