Antes de comenzar quisiera aclarar unos puntos:

*Los personajes que me pertenecen por el momento son dos, los cuales tendrán cierta relevancia en la historia ya que estos no dejaran de interactuar con el protagonista que en este caso es Félix pero el del Pv , el resto pertenece al creador de la serie Miraculous Ladybug Tomas Astruc.

* El texto a modo de recuerdo estará representado de esta forma: "Un día como hoy"...

*En este universo existen dos portadores del miraculous del gato negro, más adelante les explicaré el porque de ello.

Sin más que decir de momento, espero que esta nueva historia que estoy lanzando sea de su agrado :3

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Un suspiro de cansancio de los labios de Félix, cargaba consigo una corpulenta mochila que le hacía ver como si hubiera regresado de acampar, además de una maleta mediana y nada ostentosa. Vestía con ropa considerablemente ligera, playera cuello redondo manga larga gris, pantalones oscuros, y sus acostumbrados zapatos negros de agujeta, considerando el clima de París, no obstante, desde que coloco un pie fuera del tren en el que había estado viajando, sintió una oleada desafiante—y a la vez conocida—recorrerle el cuerpo, similar a cuando se transformó por primera vez en Chat Noir, y salto de forma desenfrenada sobre los tejados de Londres, dos años en los que aprendió que existía otra realidad a parte de la que ya conocía, dos años en los que le tocó escabullirse en las noches para entrenar y en el día adaptarse a las actividades de rutina en las que se vio obligado a concentrarse, intentando recrear un balance en su vida.

Aunque la emoción era de lo más burbujeante que tenía que controlar antes de que causara revuelo.

No quería autosabotearse.

No quería provocar conmociones innecesarias, como tampoco quería llamar demasiada la atención cuando se propuso esperar a que los otros portadores de Miraculous aparecerían dentro de poco de acuerdo al presentimiento del monje que lo mandó a París en primer lugar, en su momento, Félix se sintió como un tonto la vez le pregunto qué movimiento hizo para evitar que el viaje fuera a transcurrir sin problemas o que lo despidiera al igual que un padre hacia su hijo.

—"Es algo que no tienes que saber" —fue la respuesta que recibió, dejándolo con se ceño fruncido y con los labios entreabiertos, cosa que el monje pareció sonreír tras conseguir aquella expresión, por lo que, sin más preámbulos, agrego un deseo amable hacia él—"Aun así, deseo que esto que te estoy dejando a cargo, se convierta en una opción que te beneficie a futuro".

Durante un tiempo Félix lo creyó, pero no es su totalidad, además de que esa voz—a sus oídos—le resulto más agridulce de lo usual. Tratar de leerlo había sido su pasatiempo durante el tiempo que estuvieron juntos.

Pronto se puso en marcha mirando alrededor, encontrando que el ambiente no era muy diferente al que conocía, al igual que el que nadie lo recibiera lo esperaba de antemano. Él podía ser muy simple con ese tipo de detalles, su Kwami lo hubiese estado burlando, más para su fortuna, este no le ocasionó ningún desastre o comentario molesto durante el viaje, lo cual lo inquieto un poco, cada vez que recordaba que no viajaba solo, por lo general casi siempre que estaba tranquilo, significaba algo malo para su bolsillo o su tranquilidad.

Tal vez debería viajar más seguido. Solo tal vez.

De cierta manera todo parecía ir a su favor pese a los convenientes que se le presentaban, y que no estaba equivocado de que no se diferenciaba un turista que iba en busca de la salida y posiblemente de un carro que lo transportara al departamento donde desde el principio el encargado coloco términos torpes e irritantes que dejaba entre ver el tipo de moral que manejaba, aun así también le hizo saber que lo consideraría y se lo haría saber a través de un mensaje, uno que tal vez no recibiría. Félix supuso que trataba de hacerlo "razonar", de no vivir por su cuenta, que cualquier error por medio del dialogo quedaría solucionado y que sus padres lo aceptarían de regreso, que no lo hiciera como un acto de rebeldía. Si tan solo supiera.

Los minutos pasaron en un abrir y cerrar de ojos, la decisión que tomó al final provoco que caminara sin rumbo sobre las pobladas calles parisinas, naturalmente Félix no tuvo problemas para mezclarse entre la multitud, aunque su orgullo no dejaba de reprocharle por las decisiones descuidadas que tomaba, por la anormal paciencia que tuvo—y aún tenía—con el encargado de los departamentos, y otras que le llevaron a preguntarse qué pasaría si lo descubrieran de forma independiente al anillo.

Seguramente seria tratado duramente por uno de sus parientes que vivía en París, su tío, mientras que su primo por otro lado…

Casi de inmediato se negó a imaginar hasta donde tiraría toda esa situación, cosa que no logro con demasiado éxito, andaba enfrascado en sus pensamientos que no reparo en el entorno, menos en el ruido que lo rodeaba—un acto tan descuidado que podría acabar metiéndose en problemas gordos—lo cual no tardó en suceder, ya que en su camino se atravesó con una chica de coletas oscuras y pequeñas con quien termino chocando, la cual tampoco evito aquel aparatoso encuentro tras salir del edificio cargando con una pequeña caja rectangular que recargaba sobre el vientre ocupando la ayuda de ambas mano, siendo ella en perder el equilibrio. Iba a caer, Félix instintivamente la sostuvo en un movimiento rápido y ágil de la cintura con uno de sus brazos, atrayéndola hacia sí, habiendo abandonado en algún punto la corpulenta mochila y maleta.

La mirada de ambos se cruzó, un par de segundos que a ella le parecieron eternos en los que admiro esos ojos azules que se asemejaban al color del cielo, como si olvidara como actuar durante esas circunstancias, incluso luego de ser traída a la realidad cuanto el agarre se deshizo con cierto cuidado que percibió a la perfección. No se había percatado de mínimos detalles como la corta distancia que antes tenían o que sorpresivamente no permitió que la caja cayera al suelo.

—¿Te encuentras…—

—Ma-Marinette, me llamo Marinette—la voz torpe de Marinette se apresuró en salir la cual tenía un fuerte ardor en las mejillas cuanto se dio cuenta de había explotado vergonzosamente delante de Félix que estaba con una expresión neutra a la vista de ella que lucho por no apartar la mirada—Lo siento no quería interrumpirte.

Era un murmullo apenas oíble, inicialmente en lugar preguntarle cómo se encontraba iba a reclamarle por interferir en su camino pese a que él también había sido descuidado, más al no entender del todo ese comportamiento— siendo sincero— iba abandonarla a su suerte no admitiendo su incapacidad por seguir la conversación, no obstante, una parte suya le causo gracia, y por otra parte le causo curiosidad hasta donde era capaz ella de sonrojarse, viendo que su silencio únicamente consiguió incomodarla.

El Chat Noir que vivía en su interior congeniaba de que se necesitaba de resultados más prometedores, así que apunto al objeto rectangular.

Marinette se sobresalta, dibujando poco después una pequeña sonrisa llena de timidez, bajando por inercia la vista a la caja—¿Te refieres a esto? —mostro el contenido aun sonrojada—Son macarrones que daré a mis amigos en la escuela… ¿q-quieres?, sino nos vemos ahí, no digo, no es como que te vaya a ver de nuevo, ¡ah!, solo ten.

En la mente de Félix pasaron eventos similares, mientras tendía la mano a recoger un macarrón, observándolo durante unos instantes, recordaba rechazar con palabras directas que podrían considerarse hirientes a cualquier chica que se atreviera a invitarle o regalarle a comer de lo que traían. Ahora esa chica Marinette lo observaba, juraría que incluso pediría su opinión sobre el bocadillo, percibiendo la atención con la que sus movimientos andaban siendo capturados, aun así, lo termino de acercar soportando lo que creía como una adversidad innecesaria, terminando por comerlo sin ningún sentimiento de culpa. Sabía bien, no pudo ocultar su expresión golosa, ante el sabor que lo invadía consiguiendo un ligero rubor adornarle las mejillas al no haberse contenido.

—Tiene un buen sabor—un tono relativamente juguetón y honesto apareció desafiando sus defensas conteniéndose sus impulsos por desviar la mirada—Sin embargo, si le ofreces a cada desconocido que se tope contigo, no quedara nada para tus amigos.

—Ugh, ¡no!, ¿por quién me tomas? —cuestiono Marinette frunciendo sus pequeñas y finas cejas indicando su molestia e indignación ¿y rabia?, cerrando la caja que regreso a su antigua posición. Aquello le saco una sonrisa a Félix, una que le ayudo a recobrar la compostura, pero a su vez quedara intrigado por el modo de que las orejas incluso conseguían el color rojizo que lo entretuvo en el comienzo.

—Si te lo dijera, no sabría si es un insulto o halago para ti—hizo evidente la diferencia de altura al encorvarse ligeramente viéndola fijamente a los ojos

Marinette instintivamente retrocede unos pasos pegando detrás con el poste mordiéndose los labios como intentando darse valor— ¡Apenas nos conocemos y me estoy comportando de esa forma!, ¿Quién demonios se cree? —pronto abrió la boca como dispuesta a protestar cuando un sonido sordo a su espalda provoco que girara, y golpeara con la caja el pecho que tenía cerca consiguiendo que Félix diera un bote además de obligarlo a detenerse abruptamente.

La mantuvo con él mientras veía como se alejaba solicita hacia la causa del sonido siendo un qué cursaba por la vejez con bastón en mano, baja estatura, cabello gris con luces platinadas por la edad, con entradas en cada costado de la cabeza, barba en pico pequeña y bigote, ojos cafés claros que denotaban agradecimiento, piel clara, complexión delgada y camisa hawaiana roja con flores blancas a simple vista se veía como alguien débil, propenso a repetir ese tipo de accidentes. Aun así, por segundos de diferencia decidió salir también acudir en su ayuda, el claxon de algún imprudente le irrito los oídos conforme se acercó—decidiendo ignorarlo lo mejor posible—enfocándose en ir en apoyo dejándose guiar por las instrucciones de Marinette al sostenerlo del otro lado y así traerlo a la orilla, cuidando a su vez que la fuerza que aplicaba con el brazo contra uno de sus costados no dañara el interior.

—Muchas gracias a los dos

Ambos asienten apartándose cada quien a su ritmo quedando frente del adulto que estaba con ellos.

—No es nada—niega Félix teniendo a dar un veloz vistazo donde se encontraban sus pertenencias comprobando que estuviesen intactas.

—De verdad, no lo es— Marinette coloco su granito de arena tomando desprovisto a Félix al recuperar su caja, que de ser posible hubiera preferido no hacerlo, sin embargo, si tenía la oportunidad de desquitarse un poco no le tocaría desperdiciarlo.

Félix en cambio despertó la sensación de vacío y otras emociones tras ser atrapado con la guardia baja, la que mejor se identificaba sería la molestia y luego el desencanto por la inesperada baja. Esa pequeña bribona. Juro que la calma le botaría lejos en cualquier instante por lo que intento mantenerse bajo control.

—Está bien, procuraré ir con cuidado la próxima vez—el de la camisa hawaiana acepto sereno que pese a ser breve, pareció buscar algo en ellos. Félix pretendió ignorarlo, a pesar de que no le pasó desapercibido—Aun así, les estoy muy agradecido—realizo una leve reverencia.

—No es nada de verdad—Marinette lo imito, al ser consciente de lo que estaría por hacer se quedó en dicha posición, tendiendo a soltar una especie de gruñido casi perceptible a los oídos de Félix, luego respiro con profundidad como si se estuviera armando de valor. En cosa de nada y para sorpresa de Félix escucho algo familiar abrirse, seguido de un titubeo en el que se mostraba el esfuerzo que hacía Marinette por superar la presión en la que la fue orillando por donde quiera que lo viere—S-Se que puede ser imprudente, pero…, ¿le gustaría comer alguno?, es de la pastelería de mis padres, no hay problema si agarra más de uno.

—Seguro

Sintió un tic en una de sus cejas rubias y la mano convirtiéndose en puño, al igual que él no se atrevió a rechazar la invitación, si correspondió por voluntad con la intención de no verse como un malagradecido, ahora quería maldecirla por dentro, aunque debía de admitir que eso la hacía más interesante tratarla aun cuando su paciencia pintaba al límite.

Cuanto menos lo espero, Félix se encontró mirándola de en vez en cuando. Incluso al final cuando ella se despidió más específicamente del anciano que de él tras sonar el timbre del colegio tendiendo una actitud amigable y espontanea acariciando una sonrisa que oculto al girarse apresurada a su destino, el anciano le toco responder en su lugar con gesto calmado.

Al quedarse solos el anciano se dirigió Félix con actitud ingenua y amigable—Supongo que ese equipaje es tuyo, no puedo mentirse que siento curiosidad por saber si te quedaras o te iras de París

Félix se le quedo viendo fijo por segundos asintiendo quedadamente, su rostro no transmitía nada.

—Ya veo, discúlpame si fue muy imprudente de mi parte

—Quizás lo fue para alguien que no está costumbrado a ese tipo de comentarios—murmuro Félix caminando hasta las maletas con pasos seguros quedando de espaldas al anciano el cual negó con la cabeza.

—De cualquier modo, te deseo buena suerte joven— en lo que Félix se readaptaba al peso de las maletas nuevamente un deseo sincero se le había presentado, dejándolo por segunda ocasión sin saber que responder, pero por alguna razón esta logro erizarle la piel además de provocarle una extraña familiaridad con cierto monje quien cuando reía soltaba una risa muy impropia de su puesto, cuando se centraba y hablaba con seriedad sus expresiones se volvían duras para al final terminar con un brillo cálido en los ojos mientras lo obligaba a escuchar sus consejos cuando creía que era necesario.

"¿No eres demasiado agudo para tu gusto?, meter tus bigotes en platos ajenos te marcará en una de estas sino tienes cuidado mocoso"

Al final sus labios se curvearon ligeramente, y giro en dirección al anciano.

—Gracias, aprecio que tenga ese tipo de deseo.

El anciano abrió por instantes los ojos más de lo usual formándose pronto en su rostro una pequeña sonrisa y cálida—Este viejo está contento de escuchar eso de un joven—da unos pasos hacia él tendiendo a alzar la barbilla—Ojalá pudiera verte más seguido, ha sido agradable platicar contigo y con esa joven.

Félix entreabrió los labios para decir algo, pero solo el anciano se le adelanto.

—No es obligatorio que respondas—palmeo el brazo del rubio para alejarse sin más en sentido contrario, dejando confusión a su paso—Nos vemos en otra ocasión si así se amerita joven.

Si no se sobresalto había sido un milagro, o al menos Félix así lo consideró, dirige su vista a la panadería e inmediatamente asocia a Marinette y los macarrones olvidándose por instantes de lo sucedido con el anciano, y antes de siquiera unir ideas conspiratorias.

Lejos, el anciano detiene brevemente su caminar estando seguro que no girarían a verlo, divisando a su objetivo entrar a la pastelería con la espalda recta soportando un peso al que aparentaba estar acostumbrado y una actitud similar a la de un gato curioso y juguetón, por otro lado, tenía ese instinto heroico y despreocupado, precavido en otros dado que aun sin conocer la intención oculta de sus acciones noto con facilidad que los había estado analizando con la mirada contrario a la chica ignoró genuinamente a que se encontraba sujeta. Unos tirones en el cuello de su camisa lo sacan de sus pensamientos, en una parte de este su Kwami se asoma no saliendo por completo.

—¿Qué ocurre Wayzz? —pregunto en un susurro sin aspavientos

Aquel ser llamado Wayzz lucia algo indeciso, pero al final hablo.

—Maestro, ¿no cree que debió haber sido un poco más insistente con ese joven?, por lo que alcance a ver y conociéndolo a usted, él tiene lo requerido para ser el siguiente Chat Noir.

De algún modo cada que mencionaban la palabra maestro refiriéndose a él pesaba, emergiendo así un suspiro cansado carente de la juventud que con el pasar de los años marchito

—No, con eso solo haría que sospechara más de la cuenta, no podemos arriesgarnos, aunque eso significa desperdiciar un buen candidato, si se queda o no, no lo sabremos hasta después; además, dudo que Hawk Moth sea paciente con no atacar a París como si estuviera enterado de que todavía no he definido quien tomará el papel de Chat Noir.

Trato que fuera comprensible, convencerlo que habría que tomar una opción que estuviera más a su alcance, o quizás solo quería convencerse de que su siguiente elección superara a la anterior…

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Félix se estaba arrepintiendo de sucumbir a su curiosidad, de no alejarse lo suficiente o salir afuera a responder la llamada del encargado de los departamentos o Didier Florit, pero tampoco es como si se hubiera prestado a aprenderse su nombre, únicamente se dedicó a registrarlo. Su conversación llego obviamente a la pareja que atendía la panadería, había mostrado signos de frustración y enojo, incluyendo una torpe labor de convencimiento que termino fracasando. No entendía por qué permitió que hirieran su orgullo, tampoco entendía por qué aquel corpulento hombre le arrebató el celular cortando el desesperado intento de Didier por limpiarse las manos justificándose con relatos de su etapa de rebeldía y el odio injustificado hacia los padres, tal como supuso que sería.

Relatos que ya no tendría que escuchar y esperar a que finalizara sino es que colgaba apenas se le durmiera el brazo. Antes de siquiera protestar por el arrebato la mujer de rasgos orientales, cabello oscuro y tan azul como el de Marinette se coló ágilmente en su visión disculpándose anticipadamente tanto por su esposo como por la complicidad de ella al no detenerlo.

—"De verdad no queríamos interponernos, pero a Tom le pareció que era muy importante para ti y tampoco puse mucho empeño en detenerlo"

Dijo, más la sola intención que tenían, para Félix fue como si lo compadecieran por su incompetencia, cortésmente no se atrevió a debatirle, no la conocía, y sin embargo el tacto que tenía con él y el modo en que hablaba inspiraba confianza y calidez, por alguna razón un sentimiento similar a los celos lo toco y tan pronto como las manos de ella acariciaron sus mejillas inclinando su rostro para que la viera quedo completamente asombrado de sí mismo e incapaz de dar una respuesta racional a aquel sentimiento ambicioso y fuera de sí.

Pronto se había obligado a retroceder, y a desviar la mirada frunciendo notoriamente el ceño mostrándose huraño.

—"¿Hice acaso algo que te incomodara?"

No le respondió en su momento, simplemente se dedicó en ver a ningún punto fijo. El silencio que se produjo abrumaría a cualquiera con poca paciencia mas no hubo señas que a ella le afectara, sino que por unos instantes lo abandono regresando a los minutos con una banquita que coloco detrás del mostrador esquinado, luego repitió la acción trayendo otra donde tranquilamente descanso.

Cuando Félix Volteo a verla rasca su mejilla con el dedo índice, luciendo repentinamente tímido, aunque verdaderamente era más confusión por la simple y silenciosa solicitud por parte de rasgos orientales que luego ella reafirmo en un gesto casi maternal.

Ya era medio día y miraba inquieto el reloj de pared cada ella atendía solicita los clientes que entraban, iba y venía con celeridad, a sus espaldas escuchaba entrecortado lo que Tom hablaba con Didier cada que hacía por agudizar aún más el oído.

Sabine y yo. Pendiente. Conocido.

Eran frases cortas, pero eran las que mejor podía definir, si intentaba ver el interior lo veía caminar de un lado a otro tenso, en una de las vueltas que "Sabine" daba el estómago de Félix protesto por alimentos y sus orejas ardieron en traición provocando que se pusiera en postura recta, desconcertado noto que sus latidos de su corazón incrementaron. Ingenuamente pidió que ella no fuera sensible a cualquier clase de ruido.

—Traeré unos bocadillos—pronuncio Sabine no dando oportunidad a replicas pasando al interior.

Que ingenuo había sido.

Se paso la mano por la cara que rugía en vergüenza. Si desaparecía, si dejaba todo varado, si…no, no debía, maquinaba opciones que lo tacharían de cobarde, de poco hombre. Respiro hondo, tan profundo como si el aire consiguiera ahogarlo, sacándolo paulatinamente de su sistema, quiso cerrar los ojos, pero tenía la idea de que si volvía a descuidarse habría más emociones que no sería capaz de retener, en eso un destello negro se asoma fuera de su ropa cobrando forma con celeridad de un pequeño felino de ojos grandes coloreados de un llamativo verde e iris alargada de color negro en su centro.

—Si quieres comida tendrás que esperar, la rebanada que quedaba te la acabaste apenas entramos al tren—murmura haciendo más insistente su intento por serenarse.

—Si, sí, pero eso fue allá, y ahora estamos aquí en un lugar abarrotado de comida y un fragante olor a queso—el Kwami olfateaba con aires de soñador en lo que recorría no muy apartado de Félix el lugar donde estaba—Seria buena idea que te adopten en lugar de arrastrarlos a negociar con ese horrible sujeto, ¿no lo crees?

—Kuwa—llamo serio elevando su voz considerablemente palpitándole una vena que hacía latente a un cercano dolor de cabeza.

—Claro que no lo es, aparte no recurrirías a tu tío que si bien no le intereso traerte aquí en primer lugar al informarse de que quedaste huérfano hace como dos años—siguió hablando no prestándole atención a su portador aunque hacia recuento de los hechos durante su exploración—Segundo, de haberlo hecho, actualmente tu primo Adrien o como se llame no estaría solo ya que por lo que has hablado con él tu tía falleció de no sé qué cosa, tercero, cualquiera es mejor que tu tío, tienes una tremenda suerte porque estas personas son una familia y no un raro sujeto que—

—Te comprare todo el queso que quieras si te callas—Félix apretó los dientes fastidiado de las ocurrencias y demás de compañero de viaje.

—¿Acaso toque una fibra sensible de mi adorable y "rico" huerfanito? —Pregunto en burla Kuwa estando en un parpadeo apoyándose en la nariz de Félix que en automático lo corre—A espera, todavía no lo eres—esboza una risilla maliciosa viéndolo abrir la boca y unas fuertes intenciones de atraparlo.

—Maldito

—Maldito al que recurres cada que se te pega la gana—contrataca Kuwa escondiéndose apenas se percató de la aproximación de unos pasos y el débil aroma de té acompañado de otros alimentos diferentes a los de la pastelería—Viene, no olvides los quesos que me prometiste cachorro si quieres que te preste voluntariamente mis poderes—mascullo, y en efecto Sabine venia cargada con alimentos.

—Sino son de tu agrado puedes dejarlo—comento una vez cerca, Félix discretamente toma aire por tercera ocasión ocupando más autocontrol que las veces anteriores agarrando a su vez el vaso que creía que sería el suyo al notar que eran dos y una rebanada del sándwich que fue partido a la mitad y despojada de las orillas de forma meticulosa, habiéndose enfocado en ellos en lugar de enfrentar aquel rosto femenino, aunque tampoco negaba que su apetito abría paso a esos sencillos, pero sabrosos alimentos.

—No, es todo lo contrario, aprecio lo atentos que han sido conmigo a pesar de no conocerme, yo ni siquiera les he dicho mi nombre, tampoco he preguntado por los suyos—sin pensar alguna respuesta, esta emergió por si sola, y de repente no supo cómo avanzar después de eso, de repente incluso su nombre se le había quedado atorado en la garganta y el apellido Agreste le pesaba. Aquello le resultaba ridículamente molesto que lo guardaría para sí.

—…no tienes por qué ser tan duro contigo, anda come, se va a enfriar el té y es mejor tomarlo mientras este tibio, ya habrá ocasión para presentarse adecuadamente— Animo Sabine con mirada comprensiva que no se apartó de aquel joven rubio que pese a no desentrañar lo que guardaba dentro de sí como hubiese querido le daba la sensación de que había pasado situaciones desagradables además de cargar una complicada carga sobre los hombros, como si también existieran más culpas y penas de las que le correspondían. Quizás solo veía cosas de más para no sentir que se estaban inmiscuyendo inapropiadamente por donde no los llamaban—Yo también comeré contigo ¿de acuerdo?

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Inesperadamente era acompañado por ellos hacia los departamentos después de eso, aunque pensándolo más detenidamente no era tan inesperado hasta se podía decir que era obvio, debería darles crédito por eso incluyendo que cayo bajo la misma técnica con el que su móvil voló de su mano en aquel entonces solo que en este caso su equipaje se vio involucrado. ¿Qué demonios pasaba con él?, su mente no tarde ni perezoso rememoro lo que Tom—el hombre de aquel humilde matrimonio—explico hasta cierto punto apenado lo sucedido con Didier, reflejando una culpa que no era capaz de ocultar, siendo la clase de persona que al mentir le causaba malestar.

—"El creía que te estabas escapando de casa, que eras un niño "malcriado" que buscaba vivir bajo sus propias normas, por lo que pensé que sería bueno que nos hiciéramos pasar por tus tutores temporales, cuanto lo dije me lleno de preguntas que respondí de modo que pareciera que eras un conocido muy allegado a la familia"

A Félix le hubiera gustado decir que no se presionara, que no era allegado ni a ningún familiar en particular a excepción de sus padres—a su modo claro cuando se encontraban vivos—que, de cualquier manera, si no hubiese funcionado con Didier su otra opción era dormir en un hotel durante la noche y durante el día buscar otro departamento en el que accedieran darle alojamiento sin tantas negativas de por medio.

—"Por supuesto, con eso incluía términos en los que Sabine y yo te iríamos a visitar por lo menos una vez por semana, ¿estarás bien con esto muchacho?"

Félix recordó que apenas asintió con los ojos puestos en el matrimonio, para ser más precisos más en Tom que en Sabine. Tom agarro fuerza a medida que sintió el apoyo en Sabine que le sujeto la mano, el cual correspondió con gentileza.

—"Así que ten la confianza que para nosotros no representará ningún problema y piensa que recibir un poco de apoyo de en vez en cuando no está mal aun tratándose de unos desconocidos"

En definitiva, no era suerte, sus sentidos dictaban lo forzado que el universo lo orillo a relacionarse, o eso era lo que Félix se incitaba a convencerse dado lo complicado que se le hacia la situación en comparación de cómo lo veían ellos que no conocían el trasfondo de su situación actual, algo que no vislumbrarían a menos que se los contara. A medida que se iban acercando la presión en su cabeza iba en aumento, cosa que trato de no darle importancia, en eso un carro plateado con techado negro paso a su costado—con relativa celeridad—capturando inmediatamente su atención, habiendo detenido abruptamente su andar emparejándosele Tom y Sabine que con extrañeza miraron fijamente por unos instantes en la dirección donde veía, al no encontrar nada, se dirigieron a él, floreciendo una pregunta en Sabine que no se contuvo en sacar.

—¿Sucedió algo?, de repente te has puesto pálido.

—Nada realmente—mintió Félix no atreviéndose a revelar que por las ventanillas medio cerrar de aquel carro alcanzo a ver a dos de los trabajadores de su tío—Sigamos—ante su respuesta la pareja solo pudo mirarse entre sí, segundos más tarde reanudaron su andar con Félix siguiéndolos.

El resto del camino estuvieron en silencio, ninguno de los tres toco algún tema en particular, aun siendo Sabine y Tom los más interesados en conocer más del chico y el por qué animosamente se aferraba en vivir en soledad para desconcierto de ambos. Al llegar a los departamentos, Didier—que se calculaba que tiene alrededor de 70 u 80 años— los recibió intercambiando palabras más en específico con Tom, a quien se dirigió principalmente, y una que otra con Sabine en lo que de reojo cada cierto tiempo observaba a su futuro inquilino con recelo, que Félix por supuesto ignoro intentando no ser muy consciente del poco o nulo aprecio que muy seguramente le tenía tras haberse salido con la suya, de todas maneras, cada quien debía cumplir con su respectiva función.

Subieron por las escaleras a la siguiente planta y siguieron derecho, parando en la puerta con el numero 10-b pintado con blanco caso contrario a las que Félix miro con cierto grado de desinterés, esas tenían una especie de placa metálica con el número y la inicial grabados. Cuando le toco que le preguntaran directamente a él si todavía estaba dispuesto a alquilar el departamento su respuesta había sido un simple asentimiento de su parte. Con voz cansada que sonaba más a burla desde el punto de vista, Didier acepto la derrota, aunque argumento que sería temporal ya que estaba plenamente seguro de que no duraría ni medio año en el departamento.

Félix comprendía hacia donde iba, si anteriormente solo respondió con un gesto, ahora cruzaba por su rostro una amigable sonrisa llena de cinismo dando a entender que no le inquietaba en lo más mínimo su comentario.

—Muchacho insolente, te crees muy astuto ¿eh? —Didier chasqueo la lengua sacando de sus bolsillos la llave del departamento acercándoselo de mala gana—Ten, cuídala que no te daré otra, además no quiero que los muebles y demás estén estropeados cuanto el día en que te vayas se aproxime, en caso de que lo esté te lo cobrare como nuevo —era evidente para Félix que no se complacía en que las cosas no salieran como quería, él en cambio capturo gustosamente, sin nada de culpa, la llave entre sus manos.

—Gracias por el favor que nos hace, seguro no se arrepentirá—Tom considero conveniente cambiar de rumbo el ambiente que se había formado, mostrándose ansioso, Didier volteo a verlo como si cambiara de contrincante, algo sofocante, que Tom desvió con una de sus sonrisas en las que silenciosamente una gota de sudor se deslizo de su sien—Estaremos al pendiente de él según lo prometido.

—Eso espero por que a simple vista es muy maleducado, mimado, arrogante que no inspira nada de confianza.

—De verdad no tiene por qué preocuparse—abogo Sabine cortes y educada, convencida de sus palabras en lo que Félix abría la puerta abstrayéndose del resto, Didier entrecerró los ojos—Si tiene algún problema llámenos—inmune le ofrece la posibilidad de desahogarse.

—Recen porque no sea demasiado pronto—sin darles más posibilidades de contrarrestarle dio media vuelta marchándose—Los estaré vigilando—amenazo a la distancia.

Tom no pudo evitar suspirar de alivio hasta que desapareció de su vista, ya estando solos magnéticamente buscaron a Félix que sin decirles nada entro a lo que sería su nuevo departamento. Su esposa apunto con la cabeza a que entraran silenciándolo con el dedo que coloco apenas en su boca antes de que siquiera formulara alguna palabra al alzarse de puntitas hacia él. A Tom se le hizo un gesto adorable, casi juraría que estaba por derretirse delante de ella de no ser porque recobro la compostura debido a su sentido del deber y atinadamente le sugirió que fuera ella la que se adelantara a entrar.

Adentro Félix barría con la mirada cada perímetro del departamento, comprobaba la estabilidad de los objetos, y si encontraba algún desperfecto mentalmente lo anotaba ideando posibles soluciones con clara intención de que su estadía ahí fuera lo suficientemente agradable, el motivo por el que lo había escogido radicaba esencialmente que los gastos a futuro que tuviera no resaltaran en su limitada cuenta bancaria que había fijado cuidadosamente comparándolo con los que usualmente gastaba en Londres a semanas de viajar, escatimando en que lo usaría en los apuntes que realizaba mientras leía atento los consejos que internet le arrojaba y el monje le corroboraba con consejos que en mucha de las ocasiones se convertían en relatos de su juventud que de forma veloz lo envolvía con la misma facilidad con la que un libro aunque eso no detenía el andar de su mano que al final del día terminaba severamente adolorida.

Quien leyera sus apuntes pensaría que era alguien paranoico o tal vez un agobiante intento de ser humano amante de la perfección, aun si como persona era de las que le gustaba prepararse de antemano. De cualquier forma de que lo describieran si se lo tomaba en serio perdería, si los repelía con algún gesto o palabra hiriente resultaba viable para su tranquilidad, y nada era mejor que no ser objetivo destacable, prefería habitar entre las sombras durante largos periodos, salir en breves instantes en los que necesitaba aclarar unas cuantas dudas, recibir algo de calor, oír y sentir un ambiente diferente aunque no estuviese del todo incluido, únicamente cuando la usencia de sus padres pesaba mas de lo que pudiera soportar.

—Veo que estas revisando que este en bien estado—La voz de Sabine lo hizo detenerse y voltearse a verla.

—Si, aunque tampoco es como si pidiera mas de lo que pague

—Si—Sabine acotó—Sin embargo… es un tanto pequeño—no era nada de la imagen que tuvo del rubio al comienzo, una imagen chocante que no era habitual presenciar—¿Seguro que estarás bien por tu cuenta? —reprimió la reciente inseguridad que nació de su interior.

—Véanle el lado amable, es amueblado y perfecto para comenzar—comentó Tom adentrándose, dejando apenas a un costado de la puerta el equipaje cerrando con prontitud la puerta—Por otro lado seria mas conveniente que nos digas por que decidiste vivir por tu cuenta—su forma de hablar cambio a una más seria con tintes claros de preocupación—Porque sinceramente estas demasiado chico, calculo que eres casi de la misma edad que mi pequeña Marinette, además el apellido que dio el señor Didier por teléfono me hace pensar que no estás en buenos términos con tu familia.

Al instante que lo dijo todo en Félix pareció tensarse, por fortuna no se hubo movido de su lugar, aunque instintivamente iba a dar un paso hacia atrás.

—El apellido es un pormenor.

—En definitiva, no lo es—contradijo Tom—El apellido Agreste no es para nada irrelevante muchacho, estoy seguro que lo entiendes, sino quieres hablar de ello no te forzare, pero me dolería creer que en lugar de que te estemos ayudando…—

—Usualmente no hablaría de esto con nadie, sin embargo, ustedes han sido muy amables conmigo—el rostro de Félix se ensombreció—Pero tal vez sea algo de lo que es fácil hablar con extraños.

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Bueno hasta aquí termina el primer capitulo, espero que les haya gustado, es mi primer historia sobre esta serie. Realmente me resulta algo complicado el manejar a Félix ya que solo salio originalmente en el Pv, me puse a imaginar cada escenario, como conviviría con los personajes que ya conocemos.

NOTA:

*Que los padres de Félix estén muertos me dio la oportunidad de pensar a futuro lo que sucedería ya que sin padres podría dar mas trama a la historia como toda historia de la mayoría de los superhéroes que se conocen hasta la fecha. Iré marcando con números las referencias que aparezcan en capítulos posteriores que explicaré al final.

*¿Como se imaginan que sera la interacción entre estos dos portadores del miraculous del gato?, como se habrán dado cuenta Kuwa no es idéntico a Plagg en algunos aspectos, ya que es mas por así decirlo, hiriente, aunque eso tiene su porque.

*Considero que Tom y Sabine son personas como las describí en el capítulo, al menos así los considero por conforme vi su desarrollo en la serie durante las 3 temporadas que están de momento.

*¿Les recuerda a alguien en particular Didier?

29 de junio del 2020 -Nos vemos en la siguiente publicación :3