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Cómplices
Había pasado un mes desde su primer encuentro con Akane Tendō y aunque estaba muy comprometido con ayudarla a resolver sus problemas, habían muchas situaciones que todavía no le quedaban claras.
«—Akane, necesito que me comentes un poco más sobre esta organización y cuál es el caso específico por el que deseas demandar en la corte.
—No existe ninguna demanda, todavía —confesó mirando directamente los ojos del abogado—. Lo que quiero es que me ayudes a rescatar a una persona importante y de paso recaudamos información de un miembro fundamental de este grupo.
—¿Rescatar? ¿Quién está secuestrado? —inquirió con mucha curiosidad mientras se perdía en la profundidad de su mirada—. Cuéntame más, por favor.
La azabache suspiró pesadamente, no era un tema fácil de explicar, pero alguien tenía que desenmascarar a esas personas y hacerlas pagar por sus crímenes. Si la policía no iba a tomar cartas en el asunto por temor, lo haría ella y tenía muy claro quién era la única persona que podría ayudarla.
—Verás, quiero rescatar a mi hermana mayor. Kasumi está siendo obligada a trabajar como cocinera en un reconocido bar que pertenece a esta organización. —Saotome estaba muy atento a sus palabras así que prosiguió—: Me fue muy difícil localizarla, pero es más complicado sacarla de ahí, está todo el tiempo vigilada y por más que he intentado convencerla de huir, simplemente no quiere. Ella tiene mucho miedo.
—Akane, ¿cómo es que tu hermana terminó en ese lugar? ¿Cómo lograste localizarla? ¿Y qué tipo de relación tienes tú con esta mafia? —Ranma cada vez tenía más preguntas en su cabeza.
—Voy a contarte desde el principio, ¿de acuerdo? —Tendō lo vio asentir. Cerró los ojos y continúo—: Soy la menor de tres hermanas, mi padre es un humilde maestro de artes marciales. Mi familia por años se ha encargado de formar estudiantes en esta disciplina y ha heredado el cuidado del dōjō de generación en generación. De nosotras, la única interesada en preservar el patrimonio familiar soy yo. Kasumi, la mayor, tuvo que hacerse cargo de nosotras desde que mi madre murió, ella es muy amorosa y se dedicaba mucho a cuidarnos, por eso nunca se interesó en aprender las enseñanzas de nuestro padre. Nabiki es la segunda y con ella radica el problema.
—¿Por qué?
—Nabiki siempre ha sido una mujer ambiciosa y arrogante. Desde que éramos niñas despreciaba nuestra manera de vivir y se quejaba con mi padre por no darle la vida que ella merecía. —La azabache cerró los puños y golpeó el escritorio con fuerza—. Perdona, es muy difícil para mí.
—No te preocupes, entiendo perfectamente qué es sentir impotencia.
Akane le dedicó una sonrisa de dolor, era tan complicado tener que recordar el momento exacto en el que su familia se quebró.
—Como te estaba diciendo, ella siempre aspiraba a más, nunca estaba conforme y a medida que pasaron los años todo empeoró. Comenzó a salir con hombres que pudieran llenar sus necesidades sin importarle nada, para Nabiki todos esos tipos eran objetos que manejaba a su antojo hasta que un día todo cambió. En una cena a la que fue invitada por un amigo, conoció a quien sería su perdición. Kunō Tatewaki es el líder de una de las organizaciones criminales más despiadadas de todo Japón, se especializan en traficar con mujeres, fabricar y vender estupefacientes, y comercializar con armas de fuego. Toda la peor escoria que puedas imaginar está bajo su mando y mi estúpida hermana cayó en sus garras.
Ranma se encontraba perplejo, él no podía creer todo lo que Akane le estaba contando, ¡por Dios! ¡Ryōga tenía razón! Eso no sería nada sencillo.
—¿Quieres decir que tu hermana por ambición aceptó entrar al juego de este tipo y es así como la otra fue secuestrada?
—No exactamente —respondió tomando un poco de agua de la botella que le había ofrecido el abogado al principio de la reunión.
—Explícate, por favor —pidió, esto cada vez se enredaba más.
—La muy idiota se enamoró —esbozó con toda la rabia contenida en su ser—. Ella que había gritado a los cuatro vientos que nunca amaría a nadie porque los hombres eran simples objetos, fue a estrellarse contra el suelo y de la peor manera. Ese tipo es un monstruo y Nabiki está ciega. Desde que ese hombre entró a su vida a mí me generó mala espina, al principio todo era maravilloso, se llevaba muy bien con mi padre y trataba con mucho respeto a Kasumi, conmigo también fue muy atento, pero yo sentía algo que no me dejaba terminar de aceptarlo. Pasaron seis meses cuando mi hermana nos anunció su compromiso, un par de meses después se casaron y ahí comenzó nuestro infierno.
—Akane, imagino lo duro que debe ser todo esto para ti —expresó con sinceridad.
Tendō estiró su mano y con sus dedos frotó el brazo de Ranma, él sintió un hipnotizante escalofrío con ese gesto.
—Lo es, créeme que lo es —susurró—. Nabiki nos invitó a todos a vivir con ella en su nuevo hogar, con la excusa de "remodelar el dōjō", pues desde hace mucho tiempo mi padre quería hacerlo, pero por falta de fondos económicos no podíamos. Él accedió con gusto y fue así como entramos a la boca del lobo. Yo me encontraba terminando el bachillerato así que siempre aprovechaba la oportunidad al salir del instituto para pasar por mi hogar. Un día decidí escabullirme en medio de la supuesta remodelación para recoger unas cosas que había dejado olvidadas y con lo que me encontré me dejó sin aliento.
—¿Qué fue lo que encontraste?
—El dōjō; el lugar que había visto crecer a muchos en mi familia, en el que vivimos felices por tantos años, mi hogar, estaba siendo utilizado para almacenar y distribuir droga —confesó con los ojos llenos de lágrimas—. Yo no podía creer lo que estaba viendo, me comencé a marear y me desmayé, cuando reaccioné, me encontraba de nuevo en la casa de ese maldito hombre, amordazada a una silla, con mi padre y mi hermana mayor al lado. Kunō nos veía con desprecio y nos empezó a amenazar con matarnos si se nos ocurría hablar.
—Y Nabiki, ¡¿qué hizo?! ¡¿Dónde estaba ella?! Supongo que los tuvo que defender cuando se enteró de esa atrocidad.
—Todo lo contrario —murmuró con las grandes lágrimas cayendo por sus orbes—. Cuando ella llegó a ese horrible cuarto pensamos que nos iba a defender, que ella no sabía nada y que fuera como fuera se podría de nuestro lado, pero no sucedió así. Nabiki estaba al tanto de todo, fue su idea que ocuparan el dōjō como laboratorio y fue ella la que ordenó que nos mantuvieran secuestrados después de que se enteró que había descubierto la verdad. Ninguno de nosotros podíamos creer que su alma estuviera tan podrida, todo por su maldito amor por él o pensándolo bien por su amor al dinero. Ahora ella junto a Kunō lideran esta peligrosa organización y lo único que deseo es liberar a mi familia de su control.
Ranma cada vez estaba más desencajado, sentía una rabia inmensa por lo que pasaba su cliente, no entendía por qué, pero deseaba mucho protegerla. Akane ya había soportado demasiado.
—Siento mucha ira por lo que me estás contando, perdóname, Akane, pero tu hermana es una completa porquería, se merece tener a esa basura a su lado —dijo y no le importó que su comentario fuera o no el correcto, era lo que sentía y lo necesitaba expresar—. Dime, ¿cómo es que tú lograste escapar?
—Pues… no fue nada fácil. Para sobrevivir, aceptamos seguir bajo sus condiciones, nos vigilaban todo el tiempo y no nos dejaban ni a sol ni a sombra. Yo me gradué ese año del instituto y el siguiente tenía que ingresar a la Universidad, fue entonces cuando arme un plan de escape. Por un año accedí a hacer todo lo que Nabiki me pedía sin protestar, quería ganarme su confianza y por lo visto lo logré, cuando se acercaba nuevamente el tiempo para matricularme, le comenté que quería estudiar en otro país, ella no le vio ningún problema y arreglo con su marido todo el trámite para mis estudio, con la única condición que estudiaría administración para ayudarles en un futuro con el "negocio familiar", qué estúpida —espetó con desprecio—. Antes de irme hablé con papá y Kasumi, les dije que pasara lo que pasara yo volvería por ellos. Me marché y en menos de un mes ya me había liberado. Algunos tipos son muy idiotas y ese patético guardaespaldas que me enviaron no sabía que era experta en artes marciales —comentó con una sonrisa cansina de medio lado—. De ahí en adelante me volví experta en el camuflaje, nunca han logrado dar con mi paradero y con los años pude volver a mi país. Desde que estoy aquí he buscado a mi familia y con la única que he podido entrar en contacto es con mi hermana mayor, luego de varias investigaciones la encontré y ahora quiero sacarla de ahí, pero no puedo hacerlo sola, por eso necesito que me ayudes, Ranma. Nadie más puede hacerlo.
¿Cómo que nadie más podía hacerlo? ¿Qué era eso que lo hacía el indicado? Aquí todavía existían muchas cosas que no se habían aclarado.
—Akane, no crees que lo que necesitas es un investigador privado y no un abogado.
—Tal vez, pero en este momento solo tú puedes ayudarme. Por favor, Ranma, estoy desesperada.
Él asintió y sin pensarlo tomó la mano de la azabache y la apretó contra la suya, había algo especial en ella, algo que no entendía, pero todo su ser le pedía a gritos que la acompañara. Además, su voz, su exquisita voz, le evocaba un placentero recuerdo, ¿por qué le recordaba a la misteriosa mujer de sus sueños?
—Muy bien, Akane, voy a ayudarte. Ahora necesitamos pensar en una estrategia para rescatar a Kasumi»
Así es como ahora se encontraba afinando los últimos detalles para realizar ese complejo plan.
No sería nada fácil para ellos dos liberar a Kasumi, pero Ranma Saotome era un hombre que amaba los desafíos y fuera como fuera cumpliría su promesa de acompañar a Akane hasta las últimas circunstancias.
Llegó la noche y Ranma aún se encontraba en su oficina, había pasado todo el día coordinando el plan de rescate que olvidó por completo que ya era hora de marcharse a su casa.
Se levantó de su asiento para estirar un poco las piernas y fijó la mirada en la inmensa ciudad, las luces parpadeantes de los autos y el brillo de los edificios eran impresionantes. Posó su mano en el vidrio y suspiró, al siguiente día cambiaría su vida para siempre.
—Ranma, no crees que ya es un poco tarde, debemos irnos —dijo Ryōga, quien acababa de ingresar al despacho de su amigo.
—Tienes razón, solamente que no estoy seguro de tener todo listo —esbozó cansado, su mente estaba agotada—. No puedo olvidar ningún detalle.
Hibiki caminó hasta la ventana en la que se encontraba el azabache y le sonrió, llevó su mano hasta el hombro de su amigo y le dio una palmada con cariño, gesto que el abogado en silencio agradeció.
—Sé que todo saldrá bien, eres un excelente estratega y no dudo que ese sea el motivo por el cual la señorita Tendō te eligió —expresó seguro, él mejor que nadie conocía las capacidades de su colega—. Confía más en ti, Ranma. Todo saldrá bien, no estás solo, sabes que siempre estaré aquí.
—Gracias, hermano —musitó antes de sonreírle a su mejor amigo—. En algunas ocasiones eres muy sabio, aunque en la mayoría eres un tonto.
—Y tú todo el tiempo eres un idiota, pero así te acepto —masculló Ryōga mientras se encogía de hombros—. Debes descansar y comer bien, mañana es el gran día.
Saotome asintió y caminó hasta el escritorio para tomar el portafolio con sus cosas, todavía quería repasar algunos detalles, pero sería mejor hacerlo desde la comodidad de su hogar, además, Hibiki había mencionado algo importante, debía comer, ya que en todo el día apenas y probó bocado.
—Gracias por esperarme, creí que por la hora ya te habías ido al departamento —confesó, en realidad creía que se encontraba solo en la oficina.
—Y dejar que te vayas a estrellar por la falta de alimento —comentó el abogado al escuchar los fuertes ruidos del estómago de Ranma—. Te conozco muy bien como para deducir que de milagro comiste algo. No quería que me llamarán del hospital diciéndome que te habías accidentado.
El azabache no pudo evitar reír con el comentario de su amigo. Los dos habían crecido juntos desde pequeños, Ryōga siempre había sido como ese hermano que nunca tuvo y cuando su padre desapareció, se convirtió en el pilar que tanto necesitaba, tenía mucho que agradecerle a su colega, aunque de vez en cuando lo sacara de quicios.
—Cómo eres tan buen amigo me llevarás a comer Ramen y luego iremos por un helado, sabes que me gustan mucho y no me gusta ir a comprarlo solo. —Saotome en ocasiones parecía un pequeño niño.
—Eres un fastidio —arguyó rodando los ojos—, pero te llevaré por todo lo que quieres con una sola condición.
—Sí, sí, lo que quieras.
—Esta noche me dejaras dormir, por favor. No es que me interesen para nada los detalles de tus sueños, pero amigo, tus aullidos se escuchan por todo el departamento —confesó mientras veía como su compañero cambiaba de color—. Deberías buscarte una mujer de verdad.
—Y tú una vida —masculló fastidiado pues él era el más interesado en encontrar a la dueña de sus fantasías—. En lugar de estar pendiente de mí deberías conseguirte una novia.
—Oh, hermano, eso ya lo tengo contemplado —musitó evocando en su mente a una hermosa castaña que trabajaba con ellos—. Créeme que no te diría nada si tú —lo señaló con el dedo índice—, no hicieras tanto escándalo.
—Te compraré tapones para los oídos —espetó con sarcasmo.
—Por favor, ahora que te parece si nos vamos.
Ranma asintió y salió después de su amigo, echó un último visitado a su oficina cerciorándose de no olvidar nada, apago las luces y se marchó. Le esperaba una larga noche trabajando.
—Ah, por favor, quiero más.
Sacó los dedos de la cavidad femenina y los lamió despacio, disfrutando sin prisa de cada uno de sus jugos. Ranma la vio retorcerse y suplicarle con la mirada cubierta por el antifaz que la penetrara. Se posicionó en medio de ella y le elevó las piernas colocando una a cada lado de sus hombros, la observó y le dedicó una mirada de pasión antes de enterrarse en ella y empezar a moverse con desenfreno.
Su amante empujaba las caderas acoplándose a sus movimientos, él estaba loco de deseo, perdido entre sus inexplicables sentimientos. ¿Cómo podía esa misteriosa mujer llevarlo a perder la cordura? ¿Por qué no podía descubrir quién era? En ese momentos solo quería arrancarle el antifaz y terminar con el misterio, pero si lo hacía podría perderla y Saotome no estaba dispuesto a que eso sucediera. ¿Por qué de un tiempo para acá este apego se había vuelto más fuerte? ¿Qué era lo que sentía realmente?
—No creo soportarlo más.
—Ranma…
Su nombre se arrancó de sus labios cuando juntos alcanzaron el orgasmo. Cada noche tocaban el cielo con las manos.
El azabache cayó encima de los pechos de su amante, exhausto, todo el jugueteó y las agasajos lo habían agotado. Ella le acarició el cabello con sus pequeñas manos, sus dedos se entrelazaron entre las hebras, provocando en él una sensación placentera.
Ranma elevó la mirada y la vio sonreír mientras lo acariciaba. Ella lucía preciosa, toda sudada, con un brillo inigualable y su voz… ¿Qué tenía ese timbre de voz?
—Eres fantástica —dijo jadeando, su corazón aún no se había tranquilizado—. ¿Por qué te siento tan cercana y a la vez distante? Necesito saber tu identidad.
—Pronto, muy pronto la conocerás.
—Si tan solo me dejaras besarte —murmuró al subir el rostro hasta su cuello—. Eres deliciosa.
—Si lo haces se acaba el juego. ¡Ah, Ranma!
Saotome no respondió, se limitó a lamer el lóbulo de su oreja y con su mano a apretar su seno, sintiendo con el roce de sus dedos el erecto pezón. La escuchaba gemir y eso lo volvía a encender, ella era insaciable y él no se quedaba atrás.
La tomó por la barbilla con fuerza y acercó su boca para mordisquearla suavemente con sus dientes, disfrutaba sentirla retorcerse bajo su cuerpo. Arriesgándose a qué todo terminara acercó sus labios a los suyos, su aliento cálido lo envolvía y sus penetrantes ojos lo observaban. Estaba listo para perder o ganar todo en un solo movimiento.
Se acercó hasta casi rozarlos y cuando estaba a punto de probarlos…
—¡Despierta! ¡Despierta! ¡Por el amor de Dios, Ranma! ¡Ve a tu habitación ya es de madrugada! —exclamó Ryōga que se encontraba de pie, junto a él, en pijama.
—¿Eh? ¿Qué hora es? —balbuceó acostumbrándose al fuerte brillo de la luz—. ¿Dónde estoy?
—Son las tres de la mañana y estás durmiendo en la mesa del comedor, encima de una montaña de papeles —comentó antes de darle un sorbo a su vaso de leche.
—¡Demonios! —esbozó molesto, se suponía que iba a trabajar no a fantasear con la mujer de sus sueños—. Debo seguir trabajando.
Ryōga lo observó y rodó los ojos, era claro que su amigo ya no daba para más y lo mejor que podía hacer era irse a descansar. Dejó el vaso sobre la mesa y con cuidado lo ayudó a ponerse de pie.
—Vamos, tienes que dormir. Si sigues forzando tu cuerpo todo tu trabajo se va a ir al carajo por tu terquedad —expresó con el ceño levemente fruncido para que su amigo entendiera el mensaje—. Camina, por favor.
—Está bien.
Hibiki llevó a su colega a su habitación y lo ayudó a recostarse, estaba tan cansado que ni siquiera se cambió. Ryōga suspiró, el día de mañana sería un cambio total para todos, del resultado de la operación dependían muchas vidas y él solo rogaba porque todo saliera bien.
«Ten dulces sueños, Ranma» pensó.
Se marchó a la cocina a recoger el vaso de leche que había dejado para regresar a dormir a su habitación.
El día había transcurrido en un abrir y cerrar de ojos. Todo estaba listo para dar inicio al operativo encubierto de rescate.
Bajó del auto y le ayudó a su acompañante a salir. Cada uno portaba una identificación falsa y un disfraz que ocultaba a la perfección cada uno de sus rasgos. Ranma no podía creer que el tipo que manejaba ese Ferrari último modelo fuera él, vestido con un traje de diseñador y usando lo que nunca se imaginó, una peluca.
Akane había sido la mente intelectual para esta transformación, ella por años había perfeccionado la técnica de camuflaje al ocultarse de esta organización. Esa noche usaba un vestido largo y ajustado, que resaltaba su figura, con un profundo escote y mangas que caían bajo sus hombros, llevaba una coleta alta y un cargado maquillaje que hacía acentuar aún más su profunda mirada. Saotome tuvo que contener la excitación que sintió al recogerlas en su departamento, Tendō era preciosa, pero esa noche lucía exquisita.
Se tomaron de las manos y clavaron sus miradas en la del otro, el espectáculo estaba por comenzar.
—Buenas noches, señor. Es la primera vez que lo tenemos por aquí, ¿tendrá alguna reservación?
—Por supuesto. Kimura, Hiroki Kimura —respondió Ranma con total seguridad.
—¡Señor, bienvenido! Pase, por favor —dijo el hombre con emoción—. Disculpen, hagan espacio. —El encargado de la recepción movió a todos para darle total acceso a su nuevo cliente—. Aquí está su mesa, es la mejor del bar.
—Muchas gracias, no esperaba menos —espetó frío mientras contemplaba todo a su alrededor—. Una botella de su mejor whisky, si es tan amable. Tú, ¿quieres otra cosa, mi amor?
—Así está bien. Gracias, mi cielo —contestó Akane acercándose a él para besarle la mejilla—. Espero no se vayan a tardar, tengo sed.
—Enseguida, señora. Caballero, ya vuelvo.
Lo vieron marcharse y eso les dio un momento para respirar, parecía que la primera fase la habían pasado con éxito, ahora debían localizar al terrible sirviente de Kunō para poder continuar.
Los minutos siguieron avanzando y el murmullo no se hizo esperar, por el famoso bar se había dispersado la noticia que uno de los magnates más temidos de la región visitaba el lugar acompañado de su amante. Akane tenía conocimiento de muchos nombres que se relacionaban con la organización y utilizó uno en particular que, rara vez se dejaba apreciar en público. Investigó hasta el último detalle para lograr que su farsa fuera creíble, gracias a que tuvo la oportunidad de conocer a este tipo y a su arrogante amante en una reunión.
Ranma al principio se sentía nervioso, pero luego se fue acostumbrando a su papel. Saludaba y hablaba con los altos líderes de las organizaciones criminales del país como si fueran amigos de toda la vida. Tendō se sentía orgullosa al saber que su elección había sido la correcta.
—Buenas noches, disculpen la demora, tenía un asunto que tratar —comentó el pequeño hombre que acaba de llegar a la mesa a saludar—. Un gusto volver a verlo, señor.
—El gusto es mío, Sasuke Sarugakure, cuánto tiempo sin vernos —esbozó Saotome con ironía—. ¿Cómo se encuentra todo en la organización? Hace mucho no veo a Kunō y tampoco a su esposa.
—Perdone, el jefe ha tenido la cabeza ocupada en nuevas inversiones, usted sabe, asuntos referentes al negocio. —Lo vio asentir mientras bebía su trago y continuó—: Por otro lado, a la señora Nabiki estoy seguro le encantaría reunirse con usted, Natsuki Yamada.
—Encantada, sino le molesta, comuníquele que la llamaré en estos días. Debo aprovechar que estamos en la ciudad y me caería bien salir con una amiga —arguyó levantando la mirada con arrogancia—. Mi amor, este vaso se calentó, quiero otro.
—Permítame, señora, le traeré otro personalmente.
El horrible hombre se levantó y Akane suspiró, le fastidiaba tanto tener que fingir y no poder destrozarle el rostro de ese maldito sujeto que tenía encarcelada a su hermana, tratándola con esclava. Mientras que al mismo tiempo le dolía el alma al mencionar a Nabiki, quien seguía viviendo su fantasía a costa del sufrimiento de su familia.
Sasuke regresó a la mesa acompañado de un whisky de colección y unas deliciosas entradas que traía un mesero. Se sentó, pidió que sirvieran y atendieran de la mejor manera a los invitados.
Ranma siguió con su mentira y de un trago a otro logró que el sirviente de Kunō le propiciara información importante que usarían en la investigación. Descubriendo en su conversación ciertas conexiones que la banda utilizaba para traficar con mujeres, dato que lo perturbó, al punto de querer matarlo por la bajeza que estaba escuchado. Sasuke pidió a los invitados que lo acompañaran a un área exclusiva alejada del ajetreo del bar, los dos accedieron y se dirigieron a un salón más privado.
El tipo se sentía feliz de poder beber con total libertad. Entre risas y carcajadas las botellas fueron llegando y en cada oportunidad que tenían brindaban por sus supuestas nuevas alianzas. Akane controlaba todo a su alrededor mientras Ranma se encargaba de seguirlo emborrachando, todo iba saliendo a la perfección.
Sasuke se desplomó y cayó sobre la mesa perdido bajo el efecto del alcohol.
—Es el momento —susurró Akane en el oído del abogado—. Debo ir por Kasumi.
Ranma no respondió, se puso de pie y la tomó por la cintura atrayéndola lo más que pudo a su cuerpo, ella se dejó llevar arrastrándolo hasta la esquina de la habitación en la se perdía el enfoque de las cámaras de seguridad.
—Ahora —musitó Ranma y ella asintió.
Con cuidado él la subió a su espalda y ella aprovechó para cubrir los aparatos con una gruesa capa de pintura negra, desactivó los micrófonos instalados cortando cuidadosamente cada uno de los cables. Akane era toda una experta.
—Hasta cierto punto tiene sus ventajas ser la hermana de una arpía —dijo con sarcasmo—. En fin, debo irme, espérame aquí, volveré en quince minutos.
—¿Cómo vas a llegar a la cocina sin que esos gorilas de la entrada te sigan? —inquirió con preocupación, pues en la puerta se encontraba el cuerpo de seguridad de ese maldito borracho, vigilándolos—. Iré contigo.
—No, si lo haces se arruina el plan, debes confiar en mí. Yo sé cómo lograr que se vayan de ahí —comentó guiñándole un ojo—. Vuelvo enseguida. —Se acercó a él y con dulzura depositó un beso en la mejilla, acariciándole el rostro con sus delicadas manos—. No te preocupes por mí.
—Cuídate mucho, por favor.
La vio dedicarle una cálida sonrisa y luego se marchó, dejándolo solo en compañía del hombre que seguía tirado, dormido por la ebriedad. Llevó su mano hasta la mejilla y la frotó, su aliento y sus gestos se sentían tan conocidos, ¿cuál era la razón?
Ranma se sentó y observó detenidamente su reloj, nunca le había puesto cuidado a lo despacio que podía avanzar el tiempo, cada segundo se sentía una eternidad y cada vez esa habitación lo asfixiaba más, ¿por qué tardaba tanto?
Habían pasado casi veinticinco minutos desde que se fue y no había ninguna señal de su regreso, empezó a tronarse los dedos y sintió que si no hacía algo se iba a enloquecer. Tomó un vaso y se sirvió un trago de whisky, lo bebió de un sorbo sin importarle que el líquido le quemara la garganta a medida que iba ingresando. Respiró profundo, pensó que debía ir a buscarla cuando un peculiar ruido lo alertó. La perilla comenzó a moverse, la puerta se fue abriendo lentamente, quiso correr a su encuentro, pero un fuerte golpe lo interceptó en el camino.
De repente, todo se había vuelto oscuro.
Continuará…
Hola, ¿cómo han estado?
Debo decir que estos dos se acoplan a la perfección, pareciera que llevaran años trabajando juntos, pero realmente, apenas y se conocen, ¿será coincidencia o el destino haciendo sus juegos? Pues… eso deben descubrirlo.
También les quiero contar que el 27 de mayo, día del RanKaneDay estaré publicando el último capítulo de esta corta y misteriosa historia. Y ustedes dirán, ¿pero cómo se resolverá todo en un solo capítulo? Ese día les revelaré una sorpresa.
Quiero agradecer todos sus reviews y todas las muestras de cariño que han tenido conmigo, de verdad cada gesto es invaluable para mí.
También agradezco con la vida a todas las páginas que han recomendado este fic, de corazón, muchas gracias.
Y a mi amiga del alma, a quien con todo mi amor dedicó esta historia, espero la estés disfrutando, te amo.
Nos leemos en pocos días.
Con amor.
GabyJA
