Daños colaterales
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Sakura avanzaba sigilosa entre las sombras, aquel mundo en el que habían caído estaba (como muchos últimamente) sumido en un caos, por lo que había escuchado, recién se recuperaban de una guerra, pero en las calles aún había un ambiente tenso y peligroso, se acomodó la capucha del abrigo negro, se pegó lo más que pudo a la pared, aprovechando la oscuridad para esconderse.
— ¿Vamos por buen camino Mokona?
—Sí Sakura chan, siento la presencia de la pluma más adelante, hacia allá —dijo señalando al frente.
—Bien, vamos entonces.
— ¿Estás segura? Cuando Kurogane, Fye y Shaoran se den cuenta se van a enojar mucho.
—No me importa, debo ir yo, necesito verlo, y ellos solo van a interferir.
—Está bien, pero ten cuidado.
Salieron de las sombras y con paso apresurado caminaron un par de calles hasta un edificio abandonado, la princesa Sakura volteó a ambos lados de la calle antes de saltar la reja e ingresar a la propiedad, dentro se escuchaban sonidos de pelea, al parecer habían llegado a tiempo, con cuidado ingresó y pudo verlo, apuntando con la espada a un hombre al que sostenía por el cuello de la chaqueta, el pobre tipo lo miraba horrorizado, tendidos en el suelo estaban otros tres hombres inconscientes.
— ¡Shaoran kun, no lo hagas! —le gritó antes de que la katana del chico atravesara el pecho del hombre.
— ¿Qué haces aquí? —dijo soltando al hombre que salió huyendo despavorido.
—Necesitaba verte —dijo simplemente, caminando despacio hacia él, Shaoran solo la observaba con esa mirada vacía que odiaba, en su mano brillaba la pluma.
—No entiendo para qué.
—Déjame ir contigo... —dijo algo insegura, pero enseguida retomó el valor— llévame, si estoy contigo seguro que encontrarás las plumas más rápido.
— ¿Acaso eres tonta? —Sus palabras dolieron peor que un puñal en su corazón— ¿Acaso no me temes?
— ¿Cómo podría temer a la persona que amo? Shaoran kun, sé que en el fondo sigues siendo el mismo de antes, con el que pasé los días más felices, con el que emprendí este viaje, con el que dio lo más valioso que tenía para salvarme, sé que no puedo recordar todo lo que vivimos, pero tú sí, en tu corazón...
—Yo no tengo corazón, y cuanto antes lo entiendas, mejor, todos esos recuerdos son una mentira, yo solo soy un ser creado para llenar un vacío.
—Lo sé, sé lo que eres, nosotros somos iguales, pero si yo poseo un corazón tú debes tenerlo también.
—Ya te dije que no lo tengo, no me interesa tu amor ni tus recuerdos, solo he sido creado con el objetivo de buscar las plumas y eso haré.
— ¡Shaoran kun, por favor! Solo mírame un momento, dime mirándome a los ojos que nada de lo que vivimos fue verdad, porque yo lo siento aquí —dijo señalando su pecho— sé que tú también me amas, solo busca en tu interior.
—No, entiéndelo princesa, ese Shaoran que conociste ya no existe más, si insistes en perseguirme tendré que darte razones para temerme —dijo jalándola del brazo con fuerza hasta que la espalda de ella chocó contra su pecho, colocó su katana contra su cuello.
—No puedes matarme, me necesitas.
—Es cierto, pero nadie dijo que necesitas estar consciente, con que respires es suficiente, y en todo caso, tal y como dijiste, solo eres un reemplazo, un contenedor, al final tendrás que desaparecer.
—Lo sé, pero si antes puedo salvarte yo...
— ¡Suéltala! —la voz del otro Shaoran hizo eco en el edificio abandonado, detrás de él estaban Fye y Kurogane.
—No se metan, esto es entre él y yo, váyanse —respondió ella ante la mirada incrédula de los tres— anda Shaoran kun, vámonos, llévame contigo.
—He dicho que no —dijo él acercando la pluma al cuerpo de la princesa.
— ¡No! No lo hagas por favor, no de nuevo, no me dejes —fueron sus últimas palabras antes de caer inconsciente debido al poder de la pluma, una lágrima resbaló por su mejilla, antes de verlo desaparecer por el portal.
Shaoran logró atrapar a la princesa Sakura antes de que pudiera tocar el suelo, la acunó entre sus brazos con tristeza, él la comprendía, sabía que él no podía ser su Shaoran, así como ella no era su Sakura y dolía, claro que dolía, ninguno pidió estar en medio de aquel plan malvado y egoísta, sin embargo todos sufrían los daños colaterales de una muerte en la que ninguno de ellos tuvo papel, sólo esperaba que pudiera tener un final feliz.
