Itachi encuentra a su madre en su cámara privada, justo a mitad de su rutina habitual de cuidar sus reliquias humanas. Utiliza su dedo para eliminar con suavidad una capa de limo de un cilindro claro y alto, que asegura los humanos utilizan para contener fuego que los alumbre. Una vez que no tiene ni una mancha, pasa a una pequeña caja blanca, su favorita de entre todas ellas. —Ya no puedo tocarla, —dice sin levantar la mirada, frunce los labios y sopla una suave corriente hacia las delicadas flores grabadas en la tapa. Una tenue nube negra se eleva, justo antes que el agua de alrededor la absorba—. La última vez arranqué una de las pequeñas piezas verdes, ¿ves?

Itachi nada hacia delante y agudiza la vista, más para mostrar interés que por interés real. —¿Estás segura que no estaba ya así? La recuperaste de un naufragio, después de todo.

Se muerde el labio. —Estoy segura, lloré cuando lo hice.

—Tú y tus tesoros humanos, —dice, no sin amabilidad.

—Oh, no tú también, —dice, sacudiendo la mano—. ¿No tengo ya suficientes quejas de tu padre? ¿Es tan malo querer preservar la belleza, incluso si está hecha por manos humanas?

—Por supuesto que no, —Itachi sonríe—. De otra forma la Cueva de las Memorias sería ilegal. Además, no vine aquí a quejarme.

—¡Excelente! Me fatiga tener que defenderme. ¿Qué puedo hacer por ti, hijo mío?

—Es sobre Sakura.

La reina gime. —Oh, Itachi. Sabes que es la única cosa que no puedo…

—La quiero como mi pareja, —barbota.

—Yo… ¿En serio? —Une las manos con una palmada—. Porque estaba segura que preferirías emparejar con un pez roca. De hecho, creo que has dicho eso en diversas…

—Las cosas cambiaron, ella cambió. Pero quiero que ella también me quiera.

Más o menos. Quiere que lo quiera para poder rechazarla de la forma en que ella lo rechazó a él, pero esa explicación no convencerá a la reina para ayudarlo.

—¿De verdad? ¿Entonces la… la amas?

—No, —dice, a pesar que siente el pulso de Sakura retumbando por todo su ser. Desde su encuentro en la Cámara Ceremonial, no puede sacudírselo. A veces es ligero, casi como un cosquilleo fantasmal, apartado con facilidad. Otras veces es enloquecedor, fuerte e intrusivo, de tal forma que no puede pensar en nada más que en ella. Y aparentemente hablar sobre ella da pie a la locura. No le gusta eso, para nada.

—¿Entonces, por qué? —Los labios de su madre se presionan en una línea.

Itachi lanza una risita, esperando que no suene tan falso como se siente. —¿Has visto últimamente a Sakura, madre?

La reina jadea. —¿Eres tan superficial como una poza de almejas, niño?

—¡Por el tridente de Tritón! Desde que nació, tú y padre me han retorcido la cola para que la acepte, ahora te molesta que esté dispuesto a emparejar con ella. Ojala aclararas tu mente.

Su madre hace un gesto de evidente vergüenza.

—Para ser honestos, —dice él, casi ahogándose con las palabras—, creo que es más que amor. Creo que es el llamado.

—¡El llamado! —dice, con la mirada deslizándose sobre él—. Itachi, ¿estás seguro? ¿Qué te hace pensar eso?

Itachi se encoge de hombros. Debía haber inspeccionado más la ridícula leyenda antes de ir por ahí soltando "el llamado" por todos lados. No tenía idea de los supuestos síntomas, y eran síntomas, ya que Itachi siempre había considerado el llamado como un defecto mental, por decir lo menos. La idea de que la naturaleza pudiera unir una pareja a la fuerza con el objetivo de producir descendencia más vigorosa siempre había sido un sinsentido para él.

—¿Piensas en ella todo el tiempo? —Los ojos de la reina se iluminan—. ¿Siempre la percibes, sin importar lo lejos que estás?

No hay nada falso en su mueca cuando se da cuenta que es así. No es posible, no es posible que realmente sienta el llamado por Sakura. Se aclara la garganta. —Eh… sí. —Las palabras le saben a tinta de calamar en la boca.

—Oh, es maravilloso. No puedo esperar a decírselo a tu padre.

—¡No! ¿Tenemos que decírselo a alguien? Quiero decir, no importa si es el llamado o no, ¿verdad? Aun así tendremos que emparejarnos, incluso si no es.

—Pero espera, si sientes el llamado hacia ella, ¿no debería Sakura sentir el llamado hacia ti? ¿No es así como funciona?

Por el tridente de Tritón, que estúpida leyenda. —Estoy seguro que es recíproco, madre. Pero dada nuestra historia, podría ser lo suficientemente testaruda para luchar contra él. —De nuevo, el pulso de Sakura sacude sus venas. Aprieta los dientes—. Y es con eso con lo que necesito tu ayuda, quiero encantarla, ganármela.

Itachi jura que escucha lástima en la risita de la reina Tritón. —Oh, mi niño querido. ¿Quién podría resistir tus encantos? Estoy segura que no tendrás problema alguno para robar su corazón. No necesitas mi ayuda, la princesita no tiene idea de lo que se le viene. —Con eso, su madre sale revoloteando de la cueva en una oleada de inocencia femenina. Y Itachi está seguro que acaba de tomarle el pelo.