Sigue el pulso de Sakura hasta las aguas superficiales de la orilla del viejo mundo, en territorio Tritón. ¿Qué está haciendo en la ruta humana? ¿Es una descerebrada?
La ruta humana es justo eso: un trecho de aguas desoladas por donde los humanos pasan en sus asesinas naves subterráneas. Hasta donde Itachi comprende, esos humanos piensan que es su territorio, y hacen su mayor esfuerzo por patrullarla regularmente. Es un lugar peligroso para cualquier Syrena, y un lugar insensato para alguien de la realeza Poseidón.
Es por eso que no está realmente sorprendido de haberla encontrado aquí. Durante las semanas desde su confrontación en la Cueva de las Memorias, la ha encontrado en todo tipo de lugares impredecibles. Lo impredecible parece ser la especialidad de ella.
Conforme se acerca a su pulso, percibe otro; la rastreadora que conoció en la entrada de la Cámara Ceremonial, Tenten, la cómplice de Sakura en todas las cosas malas. Las encuentra a ambas en forma mimética en el fondo del pasaje, sus cuerpos se camuflan y reflejan el color y textura del mantillo rocoso. Sin molestarse en mimetizarse, nada hasta las formas apenas discernibles. —¿Por qué nos estamos ocultando? —dice en voz muy alta.
Sakura se materializa ante él y rueda los ojos. —¿Qué estás haciendo aquí? — sisea.
Itachi cruza los brazos. —Estoy aquí para rescatarte, me alarmé mucho de encontrar a mi futura pareja en aguas peligrosas. He venido a ayudar.
Se camufla de nuevo y bufa. —Puedes ayudar mimetizándote, y cerrando la boca.
—¿Qué están haciendo? —pregunta, exasperado.
—No te voy a responder. —Itachi se queda imaginando qué clase de expresión de superioridad tiene en ese rostro adorable.
—No, pero ella sí. —Levanta una ceja hacia la transparente silueta junto a
Sakura.
Tenten se materializa. —Estamos esperando que pase uno de los botes grandes para poder montarlo.
—¡Tenten! —Sakura sisea.
—¿Qué? —dice Tenten, su voz un gimoteo—. Tengo que responderle, es de la realeza Tritón.
Sakura aparece de nuevo y le dirige una mueca a Itachi. —Mira, si no te vas a ir pronto, entonces ¿podrías, por favor, simplemente mimetizarte para que no nos pongas al descubierto?
—Ambas están desquiciadas. ¿No saben lo peligroso que…?
—¡Chitón! De alguna forma pueden captar sonidos aquí abajo. Vendrán e investigarán. —Sakura susurra.
Itachi ni siquiera quiere saber cómo sabe eso. Se mimetiza y agazapa junto a ella, metiendo su cola bajo él. —¿Así que ese es tu plan? ¿Hacer que te maten para que no tengas que emparejar conmigo? —Le alegra que ella no pueda ver el abatimiento que sabe que tiene escrito en todo el rostro.
Ella se mofa. —No todo es sobre ti. Si tienes que saberlo, venimos aquí todo el tiempo. Y ya que estás aquí, iba a invitarte a que vinieras con nosotras, a menos que estés demasiado asustado.
—No lo estoy, —dice, aunque no está seguro de creérselo. Montarse en cualquier bote humano es peligroso, pero montarse en una nave humana asesina es absoluta locura. Su único propósito, en cuanto a lo que él sabe, es pelear con otras naves humanas asesinas, lo que los hace a todos ellos blancos móviles. Pero, a regañadientes, admite que está un poco emocionado de que ella pensara en invitarlo esta vez. Le encantaría rechazar la invitación, pero si lo hace parecería que está asustado, en vez de parecer que simple y llanamente la está rechazando.
Sakura parece complacida. —Bien. Uno debe pasar pronto. Ten, toma esto. Lo necesitarás para sostenerte. —Le tiende un tentáculo cercenado de lo que solía ser un calamar muy grande; las ventosas son tan grandes como su cara. Quiere creer que estaba muerto antes que ella lo encontrara, pero no lo cree.
Traga, dándole vueltas al tentáculo entre sus manos. —No van en serio.
—¿Cambiaste de idea? —gorjea. Tenten suelta una risita.
Itachi traga. —No.
—¡Silencio! Aquí viene.
Los tres Syrena se ponen rígidos, casi invisibles contra la corriente. A la distancia una sombra emerge, lenta y furtiva, como un tiburón cauteloso. Un tiburón cauteloso y gigante. Atraviesa el agua, luciendo exactamente como el depredador que es. Cuando está justo encima, Sakura y Tenten disparan expertamente, dejando a Itachi detrás en la estela del humus revuelto. Observa mientras la clara forma de Sakura se cuelga en el casco metálico con su tentáculo de calamar. Sosteniéndose con un brazo, se materializa sólo lo suficiente para sonreírle condescendientemente. Una amplia sonrisa.
Estúpidamente, le devuelve la sonrisa. Y está agradecido que aún esté en forma mimética. De otra forma, ella podría pensar que está coqueteándole. ¿Estoy coqueteándole? Durante el siguiente segundo, salta y pega su propio tentáculo al casco, su semi gruñido está lleno de incredulidad y excitación.
De cerca, la nave no luce tan suave. Donde el metal está resquebrajado se han asentado círculos de corrosión, e incluso unos cuantos percebes se han alojado en los esporádicos socavones que hay en toda su longitud. Pero Itachi sospecha que los humanos no están tan preocupados por la belleza como por la letalidad. Y es letal.
Mantiene la vista sobre Sakura, que está moviéndose furtivamente hacia la cima del navío. Copia sus movimientos de pegar y despegar su tentáculo, procurando no hacer ruido. Por eso es que su corazón casi se detiene cuando Sakura empieza a aporrear el metal con una roca.
—¿Qué estás haciendo? —dice, sintiéndose tonto por molestarse en susurrar.
Ella lanza una risita y golpea de nuevo con inconfundible ritmo. Se materializa brevemente y presiona su oído contra el casco, haciendo señas para que Itachi haga lo mismo. —Realmente está loca, —murmura al tiempo que hace lo que le indicó. Dentro del navío, escucha un torbellino de conmoción humana. Cada vez que Sakura golpea, los humanos charlan en tono alarmado, en un lenguaje que Itachi no entiende.
Entonces contestan los golpes.
Sakura baja hasta Itachi, a mitad de la nave asesina, mientras Tenten maniobra hasta una larga escalera en un costado. Observa mientras la rastreadora enrosca la cola en los peldaños para darle un descanso a sus brazos.
—Siempre contestan, —dice Sakura, orgullosa—. No sólo este, sino todos. Itachi sonríe ante la excitación en su voz. —¿Qué significa?
—No estoy segura, mi golpeteo no significa nada, pero creo que el suyo significan algo para ellos.
Itachi mira en derredor. —Nos dirigimos a aguas profundas. ¿Cuánto más planeamos arriesgar nuestras vidas? Me está dando hambre.
Sakura ríe, un sonido genuino y encantador, y Itachi se da cuenta que podría ser su nuevo sonido favorito en todo el océano. Contrólate, idiota. Este es tu juego, juégalo.
—A veces podemos enloquecerlos lo suficiente para que emerjan, —dice—. Entonces Tenten gusta de hacerles caras en ese pequeño agujero de la cima. Eso realmente los vuelve locos.
—¡Por el tridente de Tritón! ¿Cómo es que no las han capturado? Sakura se materializa. —¿Quién dice que no?
—¿Han sido capturadas por humanos? ¿Tu padre lo sabe?
—Oh sí, por supuesto que sí. Porque le digo todas las cosas ilegales que hago. —Rueda los ojos—. No, nunca nos han capturado realmente, aunque Tenten estuvo cerca. A veces su inteligencia la traiciona.
Tenten se materializa el tiempo suficiente para sacarles la lengua. Sakura se ríe, eliminando cualquier duda de que sea su nuevo sonido favorito.
Entonces un pitido alto y extraño lo alerta, uno que parece prometer destrucción inminente. Accidentalmente libera su tentáculo y, en un escueto segundo, está cayendo tras el navío. —¿Qué es ese sonido? —le grita a Sakura, intentando mantener el paso, sin importarle que los humanos abordo puedan escucharlo.
—Significa que hay otra nave por aquí cerca. Una enemiga. —Su rostro está lleno de terror.
Las entrañas de Itachi se retuercen. —¡Suéltate! No seas estúpida, ¡Por favor!
—¡No puedo! Tenten está atascada en la escalera.
Es verdad, Tenten se arquea dentro de los confines de la escalera, como si fuera una cosa viva la que la mantuviera atrapada. Sakura tiene razón, a Tenten realmente la traiciona su inteligencia. Sería algo sencillo liberarse, si simplemente se calmara lo suficiente para pensar con claridad, pero puede ver el pánico asentarse y la calma abandonar sus ojos. Está funcionando a base de instinto de supervivencia.
Entonces Itachi lo ve, a la distancia una inmensa sombra se mueve hacia ellos. No, hacia la nave humana asesina. Con velocidad, con confianza, con propósito, como si estos dos navíos estuvieran conectados por una cuerda y su inminente colisión fuera tan natural como el subir de la marea.
Sólo que la otra nave es mucho, mucho más grande; y no hay nada natural en esa grotesca desigualdad.
Tenten también ve la sombra—y pierde el poco control que le queda. Grita y su lucha se vuelve más frenética, lo que sólo sirve para atorarla más. Finalmente, Sakura la alcanza, justo cuando el sonido de la alarma del otro navío los alcanza atravesando la corriente. Con un movimiento de barrido, Sakura empuja la cola de Tenten por el último peldaño de la escalera, doblando la punta en un ángulo doloroso, pero incluso Tenten reconoce la necesidad en ello, y asiente su agradecimiento a su amiga al tiempo que se aleja nadando del monstruo metálico.
Entonces otro sonido, metal contra metal, resuena a través del agua. Nuestra nave asesina está disparando. Itachi observa con horror mientras una nube de fuego ilumina el frente, luego desaparece dejando sólo el rastro de una sombra que se aleja reptando desde la nave. Incapaz de apartar la vista, retiene agua en los pulmones, sin exhalar hasta que ve que el misil falla en darle a la otra nave.
Lo que es el peor escenario posible.
—¡Van a contratacar! —Itachi grita a Sakura y Tenten, que todavía están cerca de la nave—. ¡Tenemos que salir de aquí!
—¡Gritarme no ayudará en nada! —apunta Sakura. La cola doblada de Tenten le hace imposible mantener una dirección fija. Sakura se muerde el labio—. Déjanos, Itachi. No hay razón para que muramos todos.
Rueda los ojos y nada hacia ellas. Sujeta el otro brazo de Tenten, la jala hacia delante y le lanza a Sakura una dura mirada. —Va-mos.
Sakura asiente. Itachi aplasta un sentimiento de admiración cuando la expresión de ella cambia de desesperanza a determinación. Juntos arrastran a Tenten, uno en cada brazo, pero se siente como cámara lenta, como si el agua se hubiera vuelto más densa, como si el océano mismo estuviera obrando contra su escape.
Un tronido amortiguado en la distancia les deja saber que la otra nave ha disparado; y ellos aún están demasiado cerca. Tenten grita y se revuelve en el agarre de Itachi para voltear, para ver el misil lanzado hacia ellos a la velocidad de la muerte. Itachi considera noquearla para dejarla inconsciente, pero no hay tiempo.
Impacto, calor. Repentinamente el mundo entero parece lanzado hacia delante, incluso Sakura grita. Itachi decide que no quiere volver a escuchar nunca ese sonido. Apretando los dientes, las jala a ambas hacia el fondo marino. —¡Abajo! —ordena—. Tiéndanse.
Hacen como les indica. Escombros, afilados y pesados, les llueven encima como pedazos de una presa caída. Una corriente de calor silba sobre y entre ellos, encontrando incluso los espacios más pequeños que llenar. Una mano sujeta la suya. No necesita mirar hacia abajo para saber que es la de Sakura.
Cuando el ruido termina, y el silencio acecha después, Itachi levanta la vista. La nave se ha ido, destruida, como si nunca hubiera existido. Aprieta la mano de Sakura. —¿Estás bien?
Se endereza, sacudiéndose el limo como un pulpo que sale de su escondite. Su labio se curva y apunta a la parte trasera de su cabeza. Itachi intenta contener su corazón. —Estás herida.
Ella sacude la cabeza y estira la mano para jalar un mechón de cabello hacia enfrente. —Mi cabello, —dice, sus ojos más grandes de lo que nunca los ha visto—. Está chamuscado.
Itachi ladea la cabeza, saboreando la idea de estrangularla. —¿Es en serio?
Ella se encoge de hombros, decaída. —Sé que suena insignificante. Es sólo que… bueno, realmente amaba mi cabello. —Pende frente a ella como si fuera una anguila tostada muerta.
Ambos recuerdan la existencia de Tenten cuando suelta un quejido; aparentemente algo más hizo el trabajo de noquearla, sin ayuda de Itachi.
Sakura reacciona primero y ayuda a su amiga, que jadea ante la visión de ella. —¡Oh, tu cabello! ¿Qué dirá tu padre?
Itachi se aprieta el puente de la nariz. ¿El mundo entero se ha vuelto loco? —Es sólo cabello, —suelta con los dientes apretados—. Volverá a crecer.
Tenten lo regaña con la mirada. —Nunca ha sido sólo cabello, su alteza.
No, —Sakura dice tranquilamente—. Tiene razón, es tiempo que lo olvide. — Echándose el brazo de Tenten sobre el hombro y ayudándola a enderezarse, mira a Itachi—. Mi padre siempre decía que mi cabello era del mismo color exacto que el de mi madre. Se sentía como mantener una parte de ella conmigo, supongo.
Itachi la mira fijamente, anonadado. —Lo siento, no tenía la intención de…
—Tenten, simplemente tienes que cortarlo, —dice Sakura, apretando la mandíbula.
Su amiga se echa atrás, con los ojos muy abiertos. —Oh no, yo no, no voy a hacerlo. Tu padre me arrestaría.
Sakura posa su mirada en Itachi. —¿Lo harías tú?
Intenta apartar la vista, pero la súplica en sus ojos lo ablanda. Asiente.
Ella revisa el suelo, levanta pedazos de escombros y los inspecciona, presumiblemente buscando algo con un borde lo suficientemente afilado. Itachi y Tenten no reúnen las fuerzas para ayudarla. Tenten al menos puede alegar una herida, piensa para sí mismo. ¿Pero cómo puedo cortarle el cabello si significa tanto para ella?
Finalmente, Sakura encuentra lo que está buscando. Nada hacia Itachi y le tiende un pedazo de metal, desfigurado y quemado, pero lo suficientemente afilado de un lado para cumplir la tarea pendiente.
Lo palpa, inspecciona su capacidad para cortar cabello, y duda de si mismo. — ¿Estás segura? —dice, incapaz de mirarla aún—. ¿Estás segura que esto es lo que quieres?
—Alguien viene, —dice Tenten, poniéndose rígida en la clásica pose de rastreadora—. Será mejor que te pongas a ello.
Sakura asiente. —Hazlo, —le dice—. Antes que alguien me vea así. —Le da la espalda y le ofrece sus mechones quemados.
Le da vueltas al fragmento metálico en su mano. —¿Estás segura?
—Por la barba de Poseidón, ¡Sólo hazlo ya!
Antes que termine de gritar, ya sostiene su cabello esquilado en la mano. Ella jadea y da un giro. Él le tiende el cabello. —Lo siento.
Lo acuna en sus manos como una de las reliquias humanas de su madre. Entonces, de entre todas las cosas posibles, se ríe. —¿Puedes creer lo que acaba de pasar? ¿Y que sobrevivimos?
Cuando no responde de inmediato, le sacude los destrozados mechones ante la cara. —Admítelo, príncipe Tritón. Eso es lo más emocionante que te ha pasado nunca. No tienes que darme las gracias.
Itachi reprime una sonrisa y le aparta la mano, pero ella persiste hasta que se ve forzado a sujetarle la muñeca e inmovilizársela a la espalda. Para ese momento, también siente a Kakashi, el entrenador de los rastreadores, aproximándose con otros que no reconoce. —Salve tu vida y luego te corte el cabello, —dice, soltándola—. Tú no tienes que darme las gracias.
La sonrisa se borra de su rostro. Mira hacia atrás, obviamente percibiendo el destacamento que viene a investigar la explosión. Vuelve a mirar a Itachi, dubitativa.
—Sobre eso, —dice, acercándose a centímetros. El agua entre ellos parece calentarse, pero eso no puede ser cierto, ¿o sí? Cuando su nariz casi toca la de él, dice—: Gracias por no dejarnos. —Entonces presiona sus labios contra los de él, suave y lento, y él siente una explosión, igual que la de la nave asesina, sólo que ésta proviene de su interior; y se siente como un centenar de anguilas eléctricas reptando sobre él, por cada parte de su cuerpo, sacudiéndole la vida.
No hay razón para pensar en acercarla más; sus manos lo hacen por su cuenta. No hay razón para preocuparse por quién los ve; no podría importarle menos. No hay razón para pensar en su plan de cortejarla y luego rechazarla; ahora sabe que nunca habrá un momento en que rechace estos labios. Estos labios, este beso, son todo lo que nunca supo que deseaba.
Sakura se aleja repentinamente, luciendo tan aturdida como él se siente. Se aclara la garganta. —Será mejor que me vaya. —Pero su expresión le dice que tal vez ella preferiría quedarse, que tal vez preferiría continuar besándolo.
Itachi asiente, en concordancia con todo eso. Será mejor que se vaya, desea que se quede, desea continuar besándola.
Deja que la carcasa de su cabello se hunda en el humus bajo ellos, y durante el momento más largo, ella simplemente mira fijamente el cabello, sin encontrar sus ojos. El destacamento de rastreadores está cerca, al alcance de la vista, Itachi lo sabe, pero aun así ella se queda, inmóvil y dubitativa y aturdida.
Entonces, sin otra palabra, sin encontrar sus ojos, se da la vuelta y se aleja nadando.
