La encuentra con Tenten, sentada en las rocas exteriores del Risco, el profundo abismo alojado en el suelo marino, donde puedes nadar hacia abajo por horas y nunca tocar el fondo. Ambas están oteando por sobre el borde del acantilado, como si realmente estuvieran contemplando la idea de bajar.
—Ni siquiera lo pienses, —dice Itachi—. Tu espina de pez león no funcionará en un calamar gigante. —Le maravilla lo natural que se siente posarse junto a Sakura y colgar la cola por sobre el saliente.
Ella le sonríe con suficiencia. —Te esperábamos, eres lento.
Él se ríe. Tenten lo habría percibido desde un rato antes que llegara, pero ¿también Sakura? ¿Me puede percibir con tanta fuerza como yo la percibo a ella? —Algunas cosas valen la pena la espera.
—Eres lento y deliras, —dice sin alterarse. Vuelve a mirar hacia el Risco—. Quiero un diente de pez abisal.
Itachi sacude la cabeza. Los peces abisales viven en las partes más oscuras y profundas del océano, donde cuelgan una luz frente a ellos como anzuelo para atraer a presas desprevenidas; sus dientes son tan largos como su mano. El Risco es un buen lugar para cazar peces abisales. —¿Para qué podrías necesitarlo?
Ella arruga el rostro.
Itachi levanta una ceja hacia Tenten, que suspira en derrota. Se ha acostumbrado a este juego. —Lo quiere para hacerte un regalo. Por su emparejamiento… ¡Auch! Por los dientes de Poseidón, Sakura, ¡es de la realeza!
Sakura apunta un dedo hacia el rostro de Itachi, casi picándole la nariz en el proceso. —Debes dejar de acosarla. A veces no es de tu incumbencia.
Itachi atrapa su mano y la utiliza para acercarla. Los ojos de ella se abren ampliamente al tiempo que observa sus labios, pero no se revuelve, ni intenta apartarse. Él siente que se derrite un poco ante su toque, sus huesos se sienten como el agua que lo rodea. —¿Me ibas a dar un regalo? —Le echa un vistazo a Tenten—. Tenten, ¿Qué tan grosero sería si te pidiera que…?
Tenten se encoge de hombros, luego nada en espiral por sobre ellos. —Algunos rastreadores Tritón encontraron una nueva mina humana, —dice, guiñándole el ojo a Sakura, que se encoge un poco al pasar a su lado—. Supongo que podría ir a ayudarlos a detonarla. —Tenten le dijo a Itachi que cuando los rastreadores se topaban con una mina, detonaban la explosión a distancia, utilizando rocas que arrojaban desde la superficie. Dijo que cuando una de las bolas metálicas flotantes estalla, todas lo hacen.
—Eso suena excepcionalmente divertido, —grita Itachi tras ella. Una vez se ha ido, le sonríe a Sakura—. No me digas que repentinamente te has puesto tímida, princesa. Nos hemos visto todos los días desde hace un mes.
Sakura levanta la barbilla. —Escuché que sientes el llamado por mí.
Eso es inesperado. Por el sonido de su voz, no le gusta la idea. Y a él le ofende ligeramente; repentinamente la diminuta perla en su mano se siente como la roca ardiente de un volcán. —¿Es tan malo que desee ser tu pareja?
—Es justamente eso, el llamado no es racional, engaña tus sentimientos. No es lo que tú deseas, es lo que el llamado desea: producir descendencia más vigorosa; pero yo quiero algo real.
Un remolino de alivio lo estremece por dentro. Quiere algo real… de mí. —Pero tienes que emparejar conmigo, con o sin llamado. ¿Qué importa si los sentimientos son reales? Podría no haber sentimientos en absoluto y aun así tendríamos que emparejar.
—Preferiría que no hubiera sentimientos en absoluto a ser engañada por el llamado. —Cruza los brazos. Ha pasado el suficiente tiempo con ella para saber que hace ese gesto cuando está insegura.
—¿Y si no siento el llamado por ti? —Le acaricia los labios con los ojos.
Ella traga. —¿No?
—Mmm, —dice—. No estoy seguro. ¿No sentirías tú el llamado por mí si yo lo sintiera por ti? —Espera que su madre sepa de lo que está hablando, espera que no simplemente se hubiera inventado esa ridiculez.
Ella lo considera. —Supongo, de todas formas así es como se supone que funciona.
—¿Y?
—Y supongo que tendría sentido que ambos sintamos el llamado. —Se mete un corto mechón de cabello tras la oreja—. Primogénitos, tercera generación de la realeza, ¿verdad? Para pasar los dones de los Generales a nuestros descendientes. Si alguien sintiera el llamado, seríamos nosotros.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Tú sientes el llamado por mí?
Se enfurece como una anemona. —Oh, ¡Sólo olvídalo! —Se da la vuelta, pero él atrapa su brazo y la hace girar.
—No creo en el llamado, —barbota—. Creo que es un montón de humus supersticioso. Además, creo que el llamado palidecería en comparación con lo que siento por ti.
Ella deja escapar un diminuto gemido, que agita el agua frente a ella y asusta algunos peces cercanos.
Itachi la acerca, deseando que este momento sea el correcto, deseando que las palabras adecuadas aparezcan en su boca, deseando que las de oposición desaparezcan de la de ella. —Si fuera el llamado, seguramente nos habría unido antes. Ya he sido lo suficientemente mayor para elegir una pareja desde hace tres temporadas. ¿No crees que si el llamado estuviera funcionando, ya te habría buscado?
—No había pensado en ello.
—Bueno, últimamente yo he estado pensando en ello un montón. Sobre tú y yo, y… no hace mucho en la Cueva de las Memorias, —dice—, me dijiste que fui grosero contigo en nuestro primer encuentro, en la ceremonia mortuoria de tu madre, hace todos esos años. ¿Recuerdas eso?
Se muerde el labio. —Yo era sólo un alevín cuando ella murió. Nueve temporadas de apareamiento de edad. No fue lo que dijiste, fue cómo lo dijiste. Como si yo no fuera importante, como si fuera una molestia para ti estar ahí.
Itachi asiente, avergonzándose por dentro. Así es exactamente como se había sentido cuando tuvo que aparecer en la ceremonia, por imposición. —Lo siento mucho. —Le roza la mejilla con los dedos, algo que desea haber hecho hace todas esas temporadas. Algo, lo que sea para confortarla en lugar de llevarla al límite como lo había hecho. Si no hubiera sido tan egocéntrico, tal vez no se habrían evitado mutuamente durante todo ese tiempo, privándose uno del otro. Tal vez ya habrían estado emparejados. El pensamiento cae sobre él con el peso de una gran ballena—. No tengo excusa, —dice suavemente—. Pero algo que dijiste en ese entonces me quedó marcado. ¿Recuerdas lo que dijiste cuando te ofrecí mis condolencias?
Sakura sacude la cabeza. Entonces manda una corriente de miles de rayos eléctricos que lo atraviesan cuando descansa su mano sobre la de él. —No.
—Preguntaste cómo podía entender tu pérdida, cuando ni siquiera conocía a tu madre. Pero estabas equivocada, sí la conocía, antes que tú nacieras. Y me agradaba. —Tiende el puño entre ellos y lo abre. Cuando coge la perla negra, los ojos de ella se vuelven redondos y suaves, atrayéndolo como la luz del pez abisal que ella había deseado cazar—. Recuerdo que tenía una perla como esta, —le dice—. Recuerdo lo feliz que estaba cuando mi madre le dio un cordel humano para ella; acomodó la perla ahí y la cargó alrededor del cuello, siempre.
Sakura la acepta en su palma, rodándola con el dedo. —La sepultamos con ella, —respira—. Yo quería conservarla pero pensé que sería egoísta, así que no se lo pedí a Padre. —Cambia su escrutinio de la perla a su rostro—. Esta luce exactamente como la de ella, debió haberte tomado una eternidad encontrar una igual. —Se muerde el labio—. Eso es lo que has estado haciendo en los bajíos cada día antes de venir a reunirte conmigo y con Tenten.
Asiente. Cada día desde que se vio forzado a cortarle el cabello, ha estado cosechando en las camas de ostras. Por supuesto, Tenten podría haber utilizado sus habilidades de rastreadora para localizarlo, pero por la expresión de Sakura, sabe que ese no es el caso. —Entonces puedes percibirme, de la forma en que yo te percibo.
—¿Eso es el llamado?
Sonríe, rascándose la nuca. —Creí que acabábamos de acordar que el llamado no existe.
—¿Entonces por qué nos sentimos de esta forma?
—Estaba pensando en llamarlo "amor". Por supuesto, no puedo hablar por ti…—Lo interrumpen los labios de ella sobre los suyos, su cuerpo contra el de él, sus brazos envueltos en su cuello. Este beso es incluso mejor que el primero, este beso transmite calor alrededor, entre y dentro de ellos. Hace al océano parecer intrascendente, a la luna insignificante, a todo lo demás inexistente.
Llena todos los espacios vacíos en su interior, los que no sabía que estaban allí, y los que creía que ya estaban llenos. Y el futuro yace expuesto ante él, el futuro de ambos.
