Percibe primero a Tenten, la más cercana a él. Luego a su madre, su padre. Incluso al padre de Sakura, el Rey Kizashi. Pero el pulso tan familiar, el que más atesora, el que ha sentido a medio mundo de distancia, ya no está.

Lo sabe, antes de abrir los ojos, antes de levantar la vista hacia lo que sabe será el rostro afligido de Tenten. Antes que sienta el dolor de las quemaduras por todo su cuerpo. Lo sabe.

—Está muerta, —dice. No es pregunta.

—Lo siento, —Tenten se ahoga con las palabras—. Lo siento mucho, Itachi.

Le toma un gran esfuerzo abrir los ojos, ya que no ve el punto en volver a hacerlo nunca. Se embebe en los rostros sombríos que lo rodean, manteniendo su distancia de él y entre ellos en diferentes esquinas de su cámara. Intenta enderezarse del lecho donde duerme, pero gime cuando el dolor se dispara por todo su cuerpo.

Kizashi nada hasta él, pero no le ofrece ayuda para levantarse. En su lugar, el rey Poseidón flota sobre él. —¿Qué le hiciste a mi hija?

La madre de Itachi jadea. —Kizashi, por favor…

Pero el rey Poseidón levanta la mano, cortándola. —No te estoy hablando a ti, le estoy hablando a tu hijo. —Regresa su mirada a Itachi —. Respóndeme.

Itachi traga, repentinamente consciente de cómo luce todo. La gente los vio teniendo un desacuerdo, lo vieron perseguirla, la vieron enojada con él. —Tuvimos una discusión, ella se enojó y se fue. Yo la seguí, hasta una mina, una nueva. Ella estaba intentando salir, pero los humanos detonaron la explosión. —Es como si estuviera haciendo el recuento de lo que comió en el desayuno. Las palabras se sienten vacías, sin significado, despiadadas al decirlas y se pregunta si también suenan de esa forma, o es simplemente el entumecimiento apoderándose de él, rezumando de las inmediaciones de su corazón.

Sakura está muerta. Sakura está muerta. Sakura está muerta.

—¿Sobre qué estaban discutiendo? —dice Kizashi, con la voz condescendiente.

Itachi cierra los ojos de nuevo. ¿Qué va a decir? ¿Qué Sakura admitió que hacía viajes regulares a la Gran Tierra? ¿Qué su propia madre era parte de ello? ¿Qué ella deseaba continuar quebrantando la más seria de todas las reglas Syrena?

No, no puede decir eso. No lo hará. No permitirá que el recuerdo de ella se manche de esa forma, no permitirá la culpa por la que su madre atravesaría. No, absorberá la responsabilidad de todo. La mantendrá cerca de sí. Kizashi puede pensar lo que desee.

—Preferiría no decirlo, —dice Itachi, finalmente.

—Itachi, —coacciona su madre.

—No. —Aprieta la mandíbula y mira fijamente el protuberante techo rocoso de su cámara.

Kizashi se desquicia. —Por supuesto que preferirías no decirlo, tú anguila rastrera. ¡Porque tú la mataste! Porque la has odiado desde el momento que la viste, y encontraste una forma de librarte de tu ceremonia de emparejamiento y la tomaste.

—Kizashi, viejo amigo, no seas irrazonable, —intercede el padre de Itachi.

Kizashi se voltea hacia el rey Tritón. —Es muy fácil para ti decirlo, ¿no es así, viejo amigo? Especialmente cuando sabes que no puedo probar nada. No te preocupes, tu único heredero está a salvo. —Gira de vuelta a Itachi, con las aletas de la nariz ensanchadas—. Pero juro por el tridente de Tritón, que nunca emparejarás, nunca jamás. Tu semilla morirá contigo.

Itachi está a punto de decirle que de todas formas nunca querrá emparejar con nadie que no sea Sakura, pero su madre interrumpe.

—¿Qué estás diciendo, Kizashi? La ley exige que comprometas tu primogénita con él, para transmitir los dones de los Generales. Tu siguiente heredera debe emparejarse con…

Kizashi se ríe entonces, una risa llena de amargura y pérdida y veneno.

—No habrá heredera, nunca tomaré otra pareja. Los dones de los Generales morirán con su generación.

—Kizashi, sé que estás dolido, —dice—. Pero esta no es la forma correcta de lamentar tu pérdida. Si haces esto, los dones… nuestro futuro… estará perdido. Ambos reinos sufrirán.

¿Ambos reinos? —sisea—. Sólo hay un reino. El territorio Tritón ya no existe. —Con eso, se marcha.

Tenten comprime la espalda contra la pared e inclina la cabeza, otorgándole todo el espacio posible.

La madre de Itachi sujeta su mano.

—No te preocupes por nada de esto, hijo. Kizashi volverá.

Itachi sabe que se equivoca. Kizashi ha perdido demasiado: su pareja, su hija, sus razones para que le importe. Pero todas las cosas que Kizashi perdió hoy, también Itachi las perdió: su pareja, su prospecto de descendencia, su habilidad para que le importe lo que sucederá después.

Aun así, Itachi no puede evitar pensar que los Syrena perdieron más que ambos. Una princesa, una futura reina, sí; pero también una esperanza, una transmitida de generación en generación, una esperanza de un futuro próspero, una esperanza de protección contra los humanos una vez que inevitablemente invadan cada parte del océano.

No sólo una hija, una pareja, una princesa, una reina. Todas esas cosas, sí, pero mucho más.

Hoy perdieron los dones de los Generales. Su legado.

Hemos llegado al final, muchas gracias a todos los lectores y lectoras que se tomaron el tiempo de leer y comentar, espero que les gustara esta linda historia. Les recuerdo que no me pertenece, la historia se llama El legado perdido" el cual forma parte de la precuela de la saga "El legado Syrena" del cual la autora es Anna Banks, la adaptación la realice con el fin de compartir con todos una magnifica historia.

Espero volver a leer sus comentarios en mis historias y en los próximos proyectos que tenga.

La siguiente historia se llama "Sakura, ¿Pececilla o tiburón?" los invito a leerla, estoy segura que les gustará.