La escultura era su pasión, con lo que siempre soñó, por lo que luchó incansablemente durante toda su vida y por lo que ahora estaba estudiando en la más prestigiosa universidad de Bellas Artes del país, un concurso le permitió ganar la beca, a la cual ni en sus mayores y ambiciosos sueños podía aspirar, desde muy joven salió de su casa porque su familia no la apoyaba y ella, bajo ningún concepto dejaría de luchar por alcanzar sus metas, no permitiría que por más dinero o posición social que tuvieran, la obligaran a dirigir una empresa y vestir ropas caras y lujosas, esa no era su vida, aspiraba poder expresar a través del arte, sus sentimientos ocultos, lo que los ojos humanos no eran capaces de admirar a simple vista, trabajó incansablemente para comprar su propia casita cerca de la escuela, donde vivía tranquilamente.
Cinco años habían pasado desde que llegó a la universidad, se respiraba aire de libertad, independencia y saber que ese era el primer día del resto de su vida como artista y escultora, la hicieron sentir tan bien en ese momento que prometió nunca rendirse, por más difíciles que fueran los tiempos y así fue, Regina Mills, era querida y respetada por sus compañeros, logró ser la mejor de su clase, quien ayudaba a todos, quien estudiaba sin agotarse para no faltar a su promesa, amaba todas las materias, pero siempre le dedicó mucho amor a la escultura, por lo que ahora estaba trabajando en un pequeño proyecto que tenía un significado especial para ella, sería lo que presentaría en su examen final, era el único que le faltaba antes de la graduación, todas las demás materias las había vencido satisfactoriamente, extrañaría la escuela, a sus amigos que vivieron con ella durante esos años, pero sobre todo, extrañaría a una persona en particular, era alguien que logró colarse en su corazón, en su piel, en su alma, en su mente, en sus sueños, quien no se iba, por más que se repetía hasta el cansancio, que esos sentimientos eran imposibles, que no era correspondida, le dolía en lo más profundo reconocerlo, por eso en ocasiones trataba de evitar cruzarse en su camino.
"Regina, ¿podrías ayudarme?", escuchó una voz muy conocida, que se aproximaba a ella.
"¿en qué te puedo ayudar, Emma?, estaba en el salón de escultura trabajando y sin interrumpir su labor, preguntó.
"es que tengo clases de artes escénicas en media hora y no realicé la tarea, la bruja de la profesora me quemará viva con su aliento de dragón", susurró la jovencita y ambas rieron por su ocurrencia.
"estoy trabajando en mi examen de escultura, ¿cómo me sales con esta noticia ahora?", Emma, dos años menor que ella, era su amiga desde que ingresó a la universidad y siempre la ayudaba en sus tareas, porque al contrario de ella, su familia le pagaba los estudios y la presionaban para que estudiara algo que nunca le gustó, ¿qué injusta suele ser la vida?, pensaba, solo que no se atrevía a comentarlo con ella, la ayudaba en todo.
"por cierto, está quedando hermosa, te aseguro que será el mejor trabajo", elogió Emma y Regina encogió las cejas, lista para responder, nunca se quedaba callada, no era su naturaleza.
"no me adules para que acepte ayudarte, sabes que siempre termino haciendo lo que me pides", fue como si estuvieran tirando fuegos artificiales, porque le rostro de Emma se iluminó de inmediato cuando escuchó estas palabras.
"te ayudo", ofreció, aunque sabía muy bien que Regina era suficientemente capaz de absolutamente todo, creía que era la super mujer, que para ella nada era imposible.
"solo necesito que me digas de qué se trata tu tarea, porque bajo ningún concepto pienso llegar allí para que todos se rían de nosotras, así que mejor comienza ya", la regañó, sabía muy bien lo que opinaba sobre no estudiar ni preparase para presentar las tareas.
Emma no dijo ni media palabra porque su amiga le estaba dando una lección, la que debía memorizar, pronto se graduaría y no estaría para sacarla de sus mayores complicaciones y si reprobaba una materia, sus padres eran capaces de matarla.
Salieron del salón de escultura, notaba que cada vez que caminaba del lado de Regina, todos la miraban, su amiga era una figura y ella se aprovechaba para levantar la cabeza muy altanera.
No demoraron en llegar al salón de clases, la profesora estaba un poco retrasada, por lo que aprovecharía para darle a su amiga, los detalles de la tarea, bastó solo una simple explicación y Regina lo organizó todo, la admiraba demasiado, por su inteligencia, por su capacidad de pensar tan rápido y por sus conocimientos.
"buenas tardes a todos", la voz de la profesora los detuvo de inmediato, era muy exigente con su contenido de clase, quizás ese era el motivo por el cual, pensaba que Regina y ella se llevaban tan bien, porque ambas se comportaban de la misma manera ante el cumplimiento del deber, hasta en ocasiones pensaba que hacían una bonita pareja.
"buenas tardes", respondieron al unísono.
"espero que hayan preparado sus tareas, esta es una prueba definitoria para su examen final", hizo escáner visual por todo el salón de clases, sus alumnos habían cumplido con sus indicaciones al pie de la letra, pero una persona en particular, llamó su atención y la desestabilizó como siempre, cada vez que la tenía en frente, debía disimular, por lo que continuó con su discurso, "comencemos", se aclaró la garganta y sus alumnos sabían que el momento de la verdad se aproximaba.
Comenzaron el examen, tendrían la oportunidad de ser su propio público, desde esa perspectiva, todo se podía detallar con más facilidad, el ejercicio fue exitoso, las actuaciones magistrales de sus estudiantes elevaron su orgullo de maestra por los cielos, pero la que más llamó su atención, como tanto sospechaba cuando advirtió su presencia en el salón de clase, fue la interpretación de Regina, su ex alumna, un modelo a seguir por muchos, incluso, hasta por ella, fue la última en presentar su trabajo junto a su amiga Emma, quien no era de sus mejores estudiantes, pero dudaba que no brillara con la ayuda de su amiga.
Estaba maravillada por el talento de Regina, desde su primera clase con ella, lo supo, nunca la defraudó, sabía el gran esfuerzo que realizaba para brillar en todo, su admiración fue creciendo, y creciendo, durante cinco largos y tortuosos años, se la pasó evadiendo los susurros de su corazón que no le permitían pensar con claridad, a la inquebrantable Mal Dragon no le podía ocurrir algo así, nunca, durante toda su carrera se permitió tener ningún tipo de afecto hacia un estudiante, los apreciaba, por supuesto, pero lo que le ocurría cada vez que Regina Mills estaba cerca, definitivamente se le había salido de control, por eso casi no conversaban, la evitaba, solo que era imposible, muchas veces se sorprendía soñando con ella, que vivían juntas, que la ayudaba con sus esculturas, las que consideraba maravillosas, que compartían risas y besos cargados de mucho sentimiento, que le ofrecía su apoyo, su guía, su alma entera, que eran felices, se sentían tan reales esos sueños, que cuando despertaba a la realidad de que era imposible que le correspondiera, que alguna vez pudiera confesarle lo que sentía, su corazón se partía en mil pedazos, la necesidad de convertirse en sus oídos cuando el resto del mundo dejara de escucharla, en sus manos cuando no pudiera tocar, sus pies cuando le fuera imposible caminar, su mente, para cuando no pudiera pensar y sus ojos, quería convertirse en sus ojos, para brindarle la luz de la que no gozaba, la que le fue negada a un ser tan bueno y sensible como ella, sí porque Regina no podía ver con sus ojos, pero tenía la capacidad de ver con su alma, era impresionante la destreza con que se desenvolvía, esa era otra de las razones por las que la amaba profundamente y su amor crecía con cada minuto que pasaba alejada de ella.
Los aplausos de todos la hicieron salir de su mundo de pensamientos, por suerte nadie se dio cuenta de que estuvo distraída.
"muy bien muchachos, todos han hecho un excelente trabajo, nos veremos en la próxima clase", anunció el fin del ejercicio y todos comenzaron a recoger sus cosas para abandonar el salón de clases.
"profesora, ¿cree que podamos conversar un momento?", Regina se aproximó a ella cuando se quedaron totalmente solas, no quería tenerla cerca, le afectaba, pero no sería descortés.
"no tengo mucho tiempo, pero sí, podemos hablar", contestó un poco cortante, no quería quedar descubierta ante la perceptibilidad de Regina.
"quisiera pedirle algo", comenzó, se preguntaba, de dónde sacaría el valor para decirle, pero al final se decidió.
"sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites", respondió sin quererla mirar a los ojos.
"dentro de dos días es la presentación final de escultura, me gustaría mucho que estuviera presente", sin pensarlo más, habló sin parar.
"Regina, yo…", su pausa provocó que ambas hicieran silencio, no quería hacerle un desaire, pero tampoco podía decirle sus verdaderos motivos por los que no podía aceptar su invitación.
"piénselo, no me responda ahora", le dijo al percibir su indecisión para contestarle, varios días llevaba sospechando que la profesora la evadía, pero no tenía caso preguntar, porque ella estaba muy bien con eso, quería evitarla también, solo que sabía que sus motivos eran totalmente diferentes.
"gracias", fue la palabra que salió de sus labios antes de que el silencio reinara nuevamente entre las dos.
Pasados unos minutos en los que ninguna quería dar el primer paso para hablar por la evidente tensión que se podía cortar con una tijera, Regina sin decir nada se retiró dejándola sola con su tormenta de pensanientos.
Después de esa conversación no volvieron a verse, Regina comprobó que efectivamente, la estaba evadiendo, ella continuó trabajando en su proyecto, no tenía mucho tiempo para la presentación y esperaba que asistiera, allí se llenaría de valor, para confesarle lo que sentía, tendría que atreverse pasara lo que pasara, porque cada día su miedo de que la rechazara no la dejaba dormir, el hecho de imaginársela con otra persona le rompía el corazón, por eso no esperaría más.
Por fin, llegó el día, todos los profesores quedaron encantados con los proyectos presentados, pero el mejor trabajo, sin dudas, fue el de Regina Mills, la maestría con que había reflejado cada detalle dada su condición, era de esperar, no sorprendió, todos sabían de sus habilidades con las manos, al finalizar el examen, tuvieron una pequeña celebración, el ambiente de felicidad y alegría, se percibía entre los presentes, ya estaban graduados, era un motivo más que justificado para saltar de emoción, pero Regina, a pesar de que fue felicitada por sus compañeros y profesores, se sentía triste por saber que la profesora Mal, no había asistido, eso rompió su corazón, bien sabía ella que no debió enamorarse de alguien prohibido, no debió alimentar sus sentimientos, no debió ilusionarse, era mejor, seguir admirándola desde lejos, en la oscuridad, en silencio, aunque su corazón sufriría las consecuencias, encontraría la manera de superar esta crisis, de eso estaba segura.
Tuvo que disimular, así que bailó y festejó, sin que nadie supiera, lo que realmente le ocurría, la celebración terminó un poco tarde en la noche, se despidieron, no se volverían a ver hasta el día del baile de graduación, por lo que ese momento de la despedida, le sacó a más de uno, las lágrimas, Regina no quería irse, por lo que se quedó en el salón de escultura un rato más, para admirar por última vez, su trabajo, el cual había hecho con tanta devoción, para dedicarlo a una persona, que ni siquiera, tuvo la delicadeza de aceptar su invitación, no quería llorar, pero fue imposible.
El examen de escultura de los estudiantes de quinto año se efectuaría en la tarde de hoy, además de haber recibido la invitación de Regina, muchos de sus compañeros la invitaron, debido a que luego de culminada la presentación, habría una pequeña celebración, le dolía en lo más profundo no asistir, sabía muy bien que las despedidas no se harían esperar, no era muy buena dejando ir y mucho menos tendría el valor de ver como se alejaba de ella, la persona de la que se había enamorado, la persona que mantenía su corazón latiendo.
Dio vueltas como un trompo esa tarde en su casa, la ansiedad la estaba consumiendo, la conciencia no la dejaba concentrarse y su corazón la regañaba severamente, era inaudito lo que el amor es capaz de lograr, una mujer como ella, impenetrable, fuerte, segura de sí misma, temblando de solo escuchar el nombre de una jovencita quien derrumbó todos sus muros, todas sus defensas, todas sus barreras, sin mucho esfuerzo, el solo hecho de ser quien era, le bastó para caer rendida ante sus encantos, que no eran pocos.
Entrada la noche, se preparó algo ligero y se dispuso a dormir, la incomodidad no la dejó tranquila, al parecer esa noche, no dormiría si no vencía la tormenta de sentimientos en la que estaba sumida, tomó aire, se levantó de la cama, se llenó de valor, tomó las llaves de su auto y condujo un poco apresurada, esperaba que no fuera demasiado tarde.
Cuando llegó a su destino, estacionó su auto, y ahora sí, caminó muy rápido hasta llegar adonde quería, las luces estaban encendidas, subió las escaleras y llegó, por suerte, la puerta todavía permanecía abierta, y la vio, un suspiro de total alivio salió desde lo más profundo de su ser, sus sospechas eran ciertas, antes de hablar, dedicó unos instantes para admirarla, estaba de espaldas y sostenía algo en sus manos, lo cual no alcanzaba a ver, pero eso no era lo importante, la tenía en frente, su bello cabello negro como el azabache caía en sus espaldas como un manantial de agua natural, lucía un modesto y sencillo vestido azul cielo en perfecta combinación con unas zapatillas pegadas al suelo, su belleza iluminaba todo el lugar.
"me pregunto si en algún momento de la noche, te decidirás a entrar", el hecho de no tener visión, le había desarrollado los demás sentidos, podía percibir con mucha facilidad la presencia de alguien a su alrededor, además, era imposible no poder distinguir la presencia de la persona a quien tanto había anhelado ver durante todo el día.
"Regina, quería disculparme, no fue mi intención desairarte, es que…", se acercaba lentamente y quedó totalmente silenciada al ver lo que Regina tenía entre sus manos.
"no sabes cuántas veces quise que la vieras", el silencio era la clara señal de su asombro al ver su escultura, por lo que siguió hablando, "así es como te veo, tu imagen no se me borra de la mente…", ahora fue ella quien pausó su discurso, tenía tantas cosas guardadas por decirle, no sabía ni por dónde comenzar.
"es maravillosa", sus palabras no alcanzaban a describir la belleza de ese trabajo, era una pequeña escultura que exponía a la perfección cada detalle de su rostro, su cabello, sus labios, sus ojos, era tan hermosa que no pudo evitar derramar una que otra lagrimilla de emoción, "pero… ¿cómo?", sollozó y de inmediato sintió un delicado toque en sus mejillas que secaban y acariciaban su rostro.
"los ojos de mi alma", tocar su rostro era un sueño hecho realidad, aunque debía confesar que su belleza sobrepasaba cualquier fantasía que pudo haber tenido.
"te invito a dar un paseo, conozco un lugar que te encantará", se recuperó de la impresión.
"vamos", aceptó y pudo percibir la sonrisa que se le dibujó en el rostro a su profesora, no lo pudo esconder.
"te ayudo", ofreció y ambas salieron tomadas de las manos hasta el auto.
"¿dónde es ese lugar misterioso?", cuestionó Regina.
"es una sorpresa, te encantará", sabía que la paciencia no era una de sus virtudes, pero al parecer con esas palabras quedó conforme.
Ni una sola palabra más fue pronunciada por ninguna de las dos durante el resto del trayecto, su compañía era suficiente para llenar su espíritu.
"llegamos", el auto se detuvo y el sonido de la puerta cerrarse, le indicó que pronto estaría a su lado para llevarla al sitio tan especial, no se equivocó, instantes después sintió que la puerta del copiloto se abrió y una mano muy delicada la estaba ayudando para bajarse del auto e ir hasta donde querían llegar, que al parecer debían caminar un poco.
El sonido del agua correr, le dio la idea de que no estaban en la ciudad y porque el camino había sido un poco largo, dedujo que estaban en un sitio apartado y silencioso.
"estamos…", quiso comenzar, Regina no la dejó y detuvo su paso para que ambas se quedaran allí sin avanzar, se soltó de su brazo y quedaron frente a frente.
"estamos al pie de un frondoso árbol, a la orilla del río, el revoloteo de las luciérnagas y el canto de los grillos son un espectáculo sinigual", mientras Regina describía el lugar desde su percepción, Mal era un mar de llanto, ¿cómo era posible que pudiera describir con tanta exactitud lo que no podía ver con sus propios ojos?, ni ella, sería capaz de percibir tan minuciosos detalles, "el silencio de tus labios me lo ha dicho todo", terminó con esas palabras.
"¿qué te dice el silencio de mis labios?", le preguntó mientras secaba sus mejillas empapadas por sus propias lágrimas, quería disfrutar este momento.
"quiero escucharlo", interpretó muy bien lo que dijo.
"mejor dilo tú", parecían dos adolescentes que se habían escapado de su casa.
"te amo", dijeron al mismo tiempo.
Ninguna de las dos podía creer lo que habían acabado de escuchar, no se atrevían a mencionar palabra.
"no puedo esconderlo más, ya no", dijo Mal, rompiendo el hielo.
"llevo amándote hace años y no…", fue sorprendida con un dulce beso en los labios, por más que quiso contener las lágrimas, no pudo, había soñado con este momento infinidades de veces, cerró los ojos, no los quería abrir por miedo a que este también fuese un sueño y ahora sí que no quería despertar.
Todavía no se querían desprender, "un beso tuyo es el paraíso, Regina", por falta de oxígeno, el beso terminó, pero con sus frentes aún muy unidas su corazón se apoderó de ella para hablar sin su permiso.
"bien dicen que la realidad supera la fantasía", bromeó Regina, había percibido su tensión y quería que ese momento fuera memorable.
"no nos separemos nunca", su comentario le había sacado una sonrisa.
"Mal Dragon, aquí, bajo este hermoso árbol, con las luciérnagas y los grillos como nuestros únicos testigos, prometo amarte y respetarte por el resto de mi vida", prometió Regina y Mal no pudo evitar sollozar.
"Regina Mills, prometo ser tu compañera desde hoy y para siempre, te amo con todo mi ser", no esperaron para besarse nuevamente, esas promesas debían sellarse con el beso de amor más lindo de sus vidas.
A partir de ese día, una bella historia de amor nació, la felicidad por fin reinó en sus vidas, ambas se complementaron, eran sus almas gemelas, su media naranja, su amor verdadero.
FIN
