Hola a todos los usuarios que aún siguen este fic despues de años. No se si esperando que retomara este escrito, o porque les parecio entretenido y no podian dejar de leerlo una y otra vez, o simplemente porque les dio peresa sacarme de su lista de favoritos hasta ahora.
Pero tengo algo que decirles a todos aquellos que aguardaron por esto: lo lamento profundamente desde el fondo de mi corazón.
Sé que habia publicado un aviso de cancelación, pero la culpa me carcomia por dentro. No podia dejar inconcluso esto y morir así sin más
No, estoy bien de salud, solo que me gusta exagerar.
Pero realmente lamento haberles dejado esto asi sin más, con una vaga explicacion.
Asi que, ahora, temoraré todas las historias que he dejado atras, sean de HTF u otras series.
Nuevamente mil disculpas, no me puedo expresar correctamente, pero al menos dejenme dzrles esta muestra de mi arrepentimiento.


Una hora.

Una extensa, lenta y estresante hora duró la reunión de los líderes, cerrando no sin antes con un tenso apretón de manos, una sonrisa egocéntrica y falsa, un ceño fruncido y, por último, unas palabras para dar el toque final.

- entonces, quedamos así – Robert mantenía firme la mano del jefe en la suya.

- esto es una locura, no deberías aceptar nada antes de analizarlo a conciencia – habló Bud.

- no, es mejor así. No quiero seguir atormentándome y atormentando a los nuestros. El trato quedara como acordamos, fin de la discusión – finalizo el Mayor.

- me abstendré de mencionar mis opiniones reales – dijo Rat, luego susurró – esto se volverá un infierno -

- ahora, acabando esta memorable reunión por nuestra libertad – Robert camina hacia la puerta, llevándose consigo unos documentos mal doblados y guardándolos en el bolsillo de su chaqueta – temo que para muchos mi presencia aquí será oficial, así que me trasladaré al área de los capitanes. Quiero tiempo con mi hija y conocer más a fondo a los otros experimentos. El tiempo corre, pero lo volveremos a nuestro favor. Les agradecería indicarme la ruta, si no fuera mucha molestia –

- mal nacido – gruñó Bud en respuesta, pero el Mayor levantó su mano, silenciando más improperios por parte de sus compañeros

-tienes suerte, la casa al lado de Flaky está deshabitada. Puedes tomarla, solo sí le das el merecido espacio que se merece. No quiero verla estresada por tu hostigamiento paternal desmedido – aclaró el mayor, sin quitar la mirada en Robert – puede que seas su padre, pero estás en nuestro territorio. No perjudiques las labores de su rango –

- apoyaré siempre los deseos de mi hija, pero no aceptaré que esté en constante peligro. Yo tomaré en parte las decisiones sobre ella, ya que aún es menor de edad –

-ahora decide actuar el papel de padre responsable y amoroso – Rat estaba más que enfurecido – puede que a sus ojos sea solo una niña, pero ella ya tiene la edad para asumir sus propias decisiones y equivocaciones –

- incluso de vivir sola y cuidar de sí misma – Bud se llevó un dedo al mentón, como quien pensara en algo importante – es más, ya está en esa "etapa" – decía tras una sonrisa con intenciones ocultas – salir a bailar con amigas mientras usa ropa sexy y provocativa, tomar unas cervezas con chicos super cachondos, luego llevárselos a casa y pasar una noche desenfrenada entre altos y bajos, solo para rezar y pedir que la prueba de embarazo y ETS salgan negativos – se alzó de hombros – ya saben, cosas de chicas –

El Mayor reprochaba con ira plasmado en sus ojos a su colega por lo dicho, ya que era una forma muy ruda e inapropiada para referirse así de Flaky. Pero también sabía que era una provocación para Robert, quien, con la cara roja de la rabia, observaba sin decir nada para no morder el anzuelo del vejestorio sin educación.

- ¿Por qué no me dan la ruta ya?, estoy seguro de que todos tenemos muchas cosas que hacer – Rat se encargó de guiarlo hacia la salida, mientras que Bud se aguataba unas buenas carcajadas.

Ya tenía en mente planeado la diversión que se daría todos los días.

Pero omitiendo sus ganas de burla, opto por concentrarse en el Mayor.

- te creía más duro con tus enemigos – pese a sonar como reprimenda, Bud no tenía las intenciones de castigarlo. Ya había pasado por mucho en casi dos horas, recibiendo tan cruel noticia

- antes sí, pero he madurado y tengo que controlar mis acciones – puso una mano en su pecho, mirando sus dedos aferrarse con necesidad a su característico uniforme y estrujar la prenda. Bud pudo ver el leve rastro de dolor del pasado dentro de sus ojos – sé manejar esto, puedo hacerlo. Soy lo que soy ahora –

- haré que cambies de un modo u otro, mi estimado. Nunca fallé en los retos que me proponía y tú no serás la excepción, viejo necio –

-tu tampoco cambiarás en nada, Bud. Eso lo agradezco, porque sin tu ayuda o tus ocurrencias, yo ya estaría tres metros bajo tierra, o colgando de alguna corbata de oficinista en un departamento económico de solteros – un ligero brillo de diversión se plasmó en su rostro – en vez de estar sentado en una fina silla reclinable, con un ejecutivo escritorio como complemento – se recostó cómodamente en el respaldar del asiento y cruzó los pies sobre la mesa – la vida que siempre quise. Usar un costoso traje y beber un fino y caro trago, junto a una bella y exuberante secretaria que atienda mi papeleo y mis pantalones –

Los ojos de Bud se habrían como platos, más una sonrisa que abarcaba de oreja a oreja. Cruzando sus brazos sobre su pecho, dijo con total orgullo

- ¡no puedo creer lo que acabo de escuchar! ¡Vaya, mi influencia al fin da frutos! – Bud mostro una sonrisa pícara – hijo de perra, ya estamos poniéndonos flojitos –

- es lo único que puedo aprender muy bien de ti. Por cierto, ¿qué número de cintura y calzado eres? Puedo conseguirte una falda y mallas a tu medida, incluyendo unos zapatos de tacón alto. Descuida, no tengo problema sobre las piernas peludas – dijo moviendo las cejas – la cera hace maravillas – frotó una de sus piernas sobre el escritorio, mientras Bud dejaba la mandíbula colgada.

Fue el turno del Mayor para reírse a carcajadas.

– ¡Lo sabía! – señaló Bud firmemente – sabía que te gusta girar la manivela y cogerte faroles – soltó muy convencido – pero no te fijes en mi exuberante belleza, querido. Te conseguiré a un lindo y sexy enfermero experto en primeros auxilios –

– ¿y eso por? –

– para ayudarte a reanimar tu pobre corazón…en plena faena– ambos comenzaron a reírse en grande.

Esto era lo que necesitaban, soltar toda la amargura y la desolación acumulada durante todos estos años, o al menos, las ultimas horas vividas amargamente.

En eso, un sombrío recuerdo vino rápidamente en la memoria del jefe, apagando lento y pausado el intimo momento de amistad con Bud. Su amigo observa y guarda silencio, esperando que hablase, pero sabía que el Mayor jamás comprometería a nadie en sus problemas si pudiera resolverlo él solo, antes que nada.

– hay algo que no me has dicho, pero te conozco. Estoy seguro de que no lo dirás hasta que sea demasiado tarde, o en nuestra posición, cuando nos arranquen la cabeza – una chispa de morbo aún persista en el anciano – o esta otra cabeza – señalando su entrepierna – sea cual sea, dolerá igualmente –

El mayor sonríe de lado, pero no hay forma de engañarlo

– me conoces mejor que nadie, Bud. No te guardaría nada ya que necesito siempre de tus consejos – pero eso no fue lo que pensó el otro maestro, según el fragmento que leyó en el diario de su amigo.

– me las arreglo bien con lo que tengo – susurra con un tono de desilusión. El Mayor lo mira sin comprender, pero Bud continua para no hacerlo sospechar– por el momento, tenemos cosas que hacer ahora que la situación se puso desagradablemente horrible –

- ¿horrible como tú, cuando te levantas en las mañanas con esa mascarilla verde y pegajosa que usas para dormir? – la ceja alzada del Mayor temblaba por un pronto ataque de risas. Bud lo fulminó con la mirada.

– es una máscara para relajar los músculos del rostro. No me culpes por querer consentirme. Prefiero derrochar todo mi talento con el feng shui en mí, antes que cuidar de berrinchudos mocosos malagradecidos – señaló, pero su amigo no se lo dejaría tan fácil.

– admite que es una mascarilla para tener un cutis tan suave como el trasero de un bebé –

- ¿c-cómo te atreves? – Indignado, se cruzó de brazos mirando a otro punto – no te volveré a realizar esos brebajes para el estrés, así que despídete de tus días sin migrañas –

– lo siento Bud, lo siento – ambos hombres dejaron que las risas se llevaran lo mal vivido. Bud sabia como hacer que unos minúsculos tiempos juntos, fuera la forma de hacerle perder la carga en sus hombros. Solo unos valiosos minutos

Y el mayor lo agradecía profundamente.

Él era su mejor medicina.

Mientras tanto, Robert caminaba sin prisa alguna fuera del edifico, esperando encontrarse con su mano derecha, pero entonces recordó haberle dicho que se fuera y recobrara tiempo perdido. Una forma muy sutil de ordenarle que investigue todo sobre estas instalaciones para detallarlo en secreto más tarde.

De su bolsillo derecho sacó un sobre arrugado, entregado por Rat antes de fulminarlo con la mirada como gesto de despedida. Encontró una llave y un croquis del lugar de alojamientos para que fuera y descanse.

Algo que no tenía muchas ganas de hacer aún.

Robert no podía creer que tenía a su hija de vuelta, luego de tres angustiosos y peligrosos años en búsqueda de una verdad increíble, y fatídica.

Cuando él trabajaba como detective en otra ciudad, fue elegido para la investigación sobre un caso de desaparición. Eran 15 personas en total que se perdieron la misma fecha, en un margen de 1 hora de diferencia entre ellos.

En el transcurso de la investigación encontró pistas sin sentido, que fueron enredándose con temas del estado (una de las victimas poseía una carpeta con nombres de políticos celosamente guardados bajo llave) llevándolo hasta dar con movimientos turbios de dinero por parte del estado a una entidad fantasma, ocultas bajo donaciones a hospitales militares y albergues para los hijos de soldados que perecieron en acción. Sus fuentes le informaron que el dinero traspasado era de cantidades exorbitantes e inimaginables, incluso para ser visto como lavado de dinero.

No entendía que tipo de relación existía entre los desaparecidos y el estado, por ello indagó a fondo hasta dar con la imperceptible conexión entre ambos casos. En poco tiempo descubrió que aquella entidad fantasma era parte del cuerpo del ejército, y que las personas desaparecidas estaban ubicadas en fábricas muy bien protegidas. También encontró una larga lista de nombres que pertenecían tanto a científicos, médicos, biólogos, entre otros especialistas, como al ejército y unos cuantos altos mandos. Y sin olvidar las facturas falsas de equipos e instrumentos químicos y de laboratorio en gran volumen.

El curso de la investigación estaba por buen camino, hasta que empezó a quedarse sin evidencias y sin apoyo de sus colegas. Además de sentirse observado en cada paso que daba.

Sabía que sus acciones le traerían problemas a él y a su hija, pero tenía el deber de exponer la verdad y salvar a las pobres almas capturadas, solo que no podía arriesgar a su familia al peligro. Por eso decidió mandarla a un lugar seguro sin que ella o nadie se entere del verdadero motivo. Cobró algunos favores a amigos y mando a Flaky a otra ciudad que no tenía conexión alguna con el caso, desvinculándola en su totalidad de él. Él le depositaba mediante una cuenta falsa, montos fuertes para cubrir sus gastos y el alquiles de la casa (porque no la quería en cualquier cuarto barato).

La escuela, totalmente pagada, sabia de su situación a medias; la hija de un investigador que estaba tras los pasos de una organización malévola y que debía estar completamente a salvo, fue la excusa que acordaron su línea de espionaje para facilitarle las cosas a la niña.

Pero ahora que todo el mundo lo sabe, que el ejército aporto su ayuda en la elaboración de un peligroso virus, cuyo control perdió y el mandatario más cruel y ruin gobierna todo lo que toca el sol, ya no existe motivo alguno para mantenerla lejos de su lado. Ahora debe concentrarse en recuperar el tiempo perdido, analizando la atmosfera entre ella y él y ganarse de nuevo su confianza y su corazón.

-mi pequeña Flaky – decirlo le resultaba difícil, dado que ya no es la misma criatura frágil e ignorante que solía proteger del mal en el mundo. Ahora es casi una adulta, capaz de conocer entre diferentes tipos de armas y pelear contra esas abominaciones denominadas generación 3° – puede que ahora no lo veas, pero papá siempre ha estado muy preocupado por ti. Haremos que esto funciones y volveremos a ser una familia muy feliz –

Toma de nuevo el croquis y se guía del camino marcado. La casa es aparentemente pequeña por fuera, pero es espaciosa y muy bien amueblada por dentro. Todas las casas tienen el mismo diseño; en el primer piso hay una sala y cocina sin dividir equipados, y el segundo piso consta de la habitación y un baño. Es un truco de espacios que fue usada por el general Lumpy y un obrero de su alta confianza.

Robert llamó a la puerta, pero nadie respondía. Pensó en insistir, pero el Mayor tenía razón. Debe darle su espacio, al menos de momento, para así entrar poco a poco en la confianza y recuperar los momentos perdidos con ella.

Ya que no había más por hacer, decidió que una ducha caliente no le vendría mal en estos momentos.


La celda no era como las que estaban en el largo pasillo de la prisión. Tenía una pared en lugar de rejas, una cómoda cama con almohada y una sección protegida para los servicios higiénicos.

Lo único que podía considerarse molesto era la blancura de las paredes y la luz a juego. Dont aún no se acostumbraba por la irritación en sus ojos dado a la intensa iluminación.

Pero eso era lo último de sus preocupaciones.

Tenía muchas comodidades que antes. Ya no pasaría frio ni hambre, además podía bañarse cuanto quisiera, sin miedo a que se agoten las reservas.

Estaba feliz, muy feliz. Pero más que nada, estaba realmente agradecido con la muchacha, Flaky, quien prometió no dejarlo solo y cumplió su palabra.

La ropa nueva, la comida caliente y un cepillo de dientes solo eran un plus más a su felicidad, pero lo único que quería ahora mismo era ver a la peli roja y decirle lo eternamente agradecido que se encontraba con ella, aunque tenga que usar un seguro en su tobillo y no pudiese salir de esa habitación a consta que lo maten.

Si, palabras dichas por la peli azul.

Pero a él no le importaba, siempre y cuando pueda ver a Flaky y conversar sobre las personas a las que estaba buscando.

Además del hecho de saber algo que le ayude a identificarse.

Por la expresión de los tipos que conoció en el rescate, no tiene duda alguna de que ellos lo conocen, pero no sabe en qué contexto.

Necesita saber la verdad, tratar de recordar su pasado, pero no quiere hacerlo si eso lleva a causarle daño u odio a la pelirroja y a sus amigos también.

- alguno de ellos puede decirme quien soy – soltó esperanzado, mirando una mosca caminar por las paredes – pero ¿me lo dirán fácilmente? – sabía la respuesta, pero aun así debía de intentarlo. La desesperación por saber quién diablos era lo atormentaba todo el tiempo, su cerebro chispeaba al intentar recordar algo y los dolores de cabeza se volvían cada vez más intensos.

Pero no iba a darse por vencido, y mucho más ahora que podía conseguir algún indicio de como recuperar su identidad.

Un pitido hizo salir del trance a Red, trayendo su atención en dirección a la puerta, mirando con cautela a uno de los sujetos que salvaron su vida ahí afuera; Splendid.

Aguardan ambos unos segundos muy largos, esperando que el otro diga o haga algo, pero el tiempo transcurre con rapidez forzando solo una tensión en el ambiente.

Al momento en que Dont iba a decir algo para romper el hielo, Did dio unos pasos hasta quedar cerca a quien años atrás fue un hermano de alma, ahora, una simple ilusión de quien pudo haber sido si no hubiese participado de las tácticas de Tigger.

Sus ojos reflejaban una rabia intensa, un odio latente en el fondo de su ser. Pero también, había un atisbo de pena, de angustia y de dolor. Splendid no sabía qué decir o hacer. La pérdida de memoria no ayudaba en nada, era injusto que haya ocurrido eso al tipo que lastimo a muchos. Red era el responsable de un sinfín de vidas perdidas, incluyendo la de Flippy.

El ente actual que poseía el cadáver del soldado no contaba, ya que también era parte del macabro final de su rival.

Pero el principal de todo ello, de las desgracias ocurridas tanto en él como para sus amigos, era el tipo sentado y mirando ansioso, sin tener en mente todo el sufrimiento que causó hace años.

-realmente no recuerdas nada – dijo Did, mientras arrastraba una silla de afuera y tomaba asiento. Cinco soldados aguardaban cerca de la celda VIP – ni tu nombre, ni quien eras, ni como acabaste en ese lugar tu solo. Desearía poder golpearte – gruñó bajo

Dont lo miró asustado, con los ojos abiertos como platos. Observó los puños en blanco de Did y luego su cara, repetidamente, aguardando sus movimientos. Pero Did se rindió ante su ira, y dejó atrás el rencor para pasar a la explicación.

-estuviste vagando por mucho tiempo afuera – formuló más como afirmación que consulta. Red sin embargo, asintió sin dejar de mirarlo con precaución. A pesar de haber sido ayudado por él, la furia aun plasmada en los celestes ojos de Did no profesaba nada bueno para el pelirrojo – Dime, ¿hay algo que puedas recordar? – hasta el sonido de su voz estaba cargada con amargura mal encubierta - ¿algún detalle, por más insignificante que sea?

No entendía qué daño había causado para que todos ellos, desde los jefes que controlaban tan enorme guarida, hasta los compañeros de Flaky, menos esta, lo mirasen como si fuera el mismo diablo. Una repulsiva abominación que merece ser quemado vivo y descuartizado, no sin antes ser torturado por las más inimaginables formas posibles.

Era lo más cercano que podía entender dado a la forma en como cada uno de ellos lo señalan con la mirada.

Pero debía, tenía que averiguarlo. Si quería saber la verdad de su vida, sea poco o casi nada, tendría que cooperar y tratar de aliarse mediante los pedidos y ordenes que se le imponían.

Red entrelazaba sus dedos, muy nervioso, ya que había unas imágenes que siempre se reproducían, sea cuando durmiese o cuando intentaba en vano, acabar con su miserable vida de formas tan bizarras. Quizás esa sea la mejor forma de empezar

-sí, puede que sí – afirmó sutilmente, casi como un ligero susurro, pero Did pudo escucharlo muy bien

- ¿qué es? – preguntó el capitán, sintiendo los nervios de creer que podría conseguir algo que les ayude a comprender a Red

Comenzó a contar nervioso, con los ojos en el piso, como si aquel punto fuera de lo más interesante. Did lo observaba, atento, percibiendo cada minúsculo detalle para encontrar alguna mentira o pista.

Exhaló con los nervios a flor de piel y luego continuó

– cada vez que cierro mis ojos…puedo ver…el azul del mar – cerró los ojos, acompañando del suspenso que ejercía con esa sola mención – hay un océano enorme frente a mí, siempre en calma. Estoy parado en un risco, pero no hay miedo a la altura, o deseos de lanzarme. Solo soy yo, observando con paz, todo ese cristalino reflejo del cielo. Si. También había un hermoso cielo anaranjado, adornado con nubes en tonos grises y violáceos. Sé que estoy ahí, pero a la vez no. Es como si me observara a mí mismo, parado en ese lugar –

Did analizaba cada palabra dicha en total concentración. Puede que estuviese rememorando una parte de su pasado, una pista que le pueda servir.

-las estrellas brillaban, hermosas y blancas, mientras el sol se alejaba hacia el horizonte, perdiéndose en el fondo del mar – de repente, su rostro se contrajo en una muesca de terror, mientras se llevaba las manos a la cabeza y estrujaba sus hebras rojizas – ¡entonces… lo veo! – susurra con miedo – lo veo parado frente a mí, ofreciéndome su mano – gotas de sudor comenzaban a perlar su frente – una mano roja y helada, como la de un muerto, llamándome con fuerza –

Su cuerpo tiembla, como si la calefacción hubiese llegado bajo cero. Did seguía sin entender que le ocurría

- ¿una mano? ¿ensangrentada? – pensó con determinación, pero no encontraba semejanza alguna con la que identificarlo - ¿qué más te dijo? –

De pronto, Red se agitó con mucha fuerza, gritando a todo pulmón mientras su mente se perdía en aquella pesadilla

- ¡yo no quería aceptarla, me daba mucho miedo porque sabía que era algo muy malo, pero no tenía opción! ¡No la había! –

- ¿por qué no tenías opción? –

- ¡porque…! – las palabras se trababan en su garganta, pero hizo un sobre esfuerzo por liberar el malestar que lo envolvía poco a poco en la locura – ¡si él no me llevaba, me llevarían los hombres de azul! –

Un entumecimiento se apodero de Did, mientras aquellas palabras cobraban sentido en él.

Cuando eran niños, Splendont le había contado sobre unos sujetos con trajes raros llegando a su casa, para hablar específicamente con su padre. Fueron dos oportunidades que los observó en secreto desde la escalera en el segundo piso. Por alguna razón, les tenía mucho miedo.

Nunca supo quiénes eran, las circunstancias no lo permitieron, pero ahora podrían descubrir la verdad y Did se encargaría de ello.

- ¿Quiénes eran esos hombres de azul? ¿Quién era aquel con las manos frías y sangrientas? – las preguntas solo flotaban alrededor del pelirrojo, ya que su mente estaba luchando al tratar de no confundir sus terrores con la realidad.

En eso, una silueta se atraviesa entre él y Did. Una perfecta sombra humana se planta, alto y fuerte, mientras que, a la altura de su boca, emerge una sonrisa de oreja a oreja, mostrando brillantes y puntiagudos dientes de depredador.

Sabía que aquella sonrisa no era otra cosa que amenazante y terrorífico mensaje.

Como si fuese un rayo poderoso, un disparo directo a su cabeza, el dolor súbito hizo que Dont se tirara al suelo, revolcándose y convulsionando, plasmándose en su rostro contraído por un miedo y un dolor tan crudo que era difícil de explicar.

- ¡NO! – rugió con todas sus fuerzas, como un animal enjaulado y moribundo, listo para recibir un disparo en medio de los ojos – ¡NOOO! – Algo en Dont se activó, su cuerpo se volvió una maraña de puños y patadas.

Did se lanzó a su lado, tratando de sujetarlo mientras daba ordenes de traer a un médico lo más rápido posible. Aun con todos sus recuerdos perdidos, la fuerza era diferente al asunto y golpeaba con puños de acero hacia los brazos y el rostro del peli celeste.

Unos cinco soldados entraron junto al médico de turno. Entre todos ellos más Did, presionaron como podían a Red contra el suelo, mientras el especialista le inyectaba un sedante muy fuerte. Habían realizado unas pruebas en él para verificar su estado de salud, pero los resultados aún no estaban listos, y no se podían tomar el tiempo de averiguar si los sedantes normales harían efecto en él. Lo más efectivo era darle un tranquilizante que pueda derrumbar a un elefante.

Entre unos largos segundos y varios golpes después, el medicamento hizo efecto, logrando dejar casi inerte el cuerpo del paciente. Lo levantaron y acomodaron con esposas sujetas a la cama, aunque nadie sabía si eso era suficiente para retenerlo en otro episodio parecido o peor. Did observaba conmocionado, sujetándose el lado de la barbilla donde recibió el puñetazo. El rostro del pelirrojo aún se contorneaba prisionero del miedo, el sudor se mezclaba con las lágrimas mientras leves gemidos de agonías afloraban de sus labios.

Esto iba a ser mucho más difícil de lo que se imaginaba.

-capitán – dijo uno de los soldados que ayudó a someter a Splendondt – tiene una llamada de la oficina central – le entregó un pad de gel helado para el golpe en su rostro

-gracias soldado, en seguida iré –

Did se dirigió al control de comunicaciones de la zona sin decir nada más

-dime que al menos averiguaste algo – la llamada era de Rat, quien estaba a cargo de la prisión de la base y de su sección médica. El personal estaba en el deber de informar cualquier anomalía o suceso con respecto a Red de forma inmediata – espera, ¿él hizo qué? –

-tuvo un ataque nervioso y disparó puños a diestra y siniestra –

-deberías ir a que te reciben –

-estaré bien, no es nada que no haya recibido antes – dijo frotándose la mejilla que comenzaba a hincharse – pero este episodio es debido a su pasado. Recuerdo que cuando éramos niños, Dont mencionó a unos hombres muy extraños que visitaron su casa y a su padre. No supe más de eso, ya que tomamos diferentes rumbos y no volvimos a tener comunicación, pero puede ser el inicio de lo que buscamos –

-hmmm – a falta de palabras, Splendid sabía que las decisiones a futuro no estarían involucrándolo, debido a su conexión con Red

-solo deme el permiso para conseguirlo, señor – suplicó – Sé que no sonará bien, pero soy el que más tiempo conoció a Splendont. Estoy seguro de que conseguiré la respuesta a todas las preguntas que nos deja su estado actual, a su amnesia y todo lo que lo involucra con Tigger e IMPERIUM –

Del otro lado de la línea, se escucho un largo suspiro de Rat. El trigueño no sabia como proceder. Si bien era un punto, por decir, a favor, también lo era en contra. El joven héroe se volvió tan leal en estos últimos años a la organización. Su dedicación y esfuerzo dieron frutos en todas las participaciones que se realizaron en búsqueda de otros experimentos, así como en los entrenamientos para volverse más fuerte y seguir ayudando al prójimo.

Pero la amistad era otra cosa muy distinta cuando se toman decisiones de tal magnitud.

Podría haber momentos en que se necesiten ser realmente violentos, sádicos, hasta morbosos con tal de obtener lo que se necesita para acabar con el enemigo.

Así como lo fueron ellos con nosotros. Pensó Rat.

¿Podría acaso el peli celeste doblegarse ante las ordenes de sus jefes y utilizar cual método que sea necesario para someter a quien fue su único y verdadero amigo?

-no te engañes muchacho, sabes que lo haces por que quieres recuperar a tu antiguo compañero – un tic se asomó en el celeste ojo del friki héroe, ya que aun muy en el fondo, sabía que Red era esa mano que lo auxilió cuando nadie más lo haría.

Ese hombro donde llorar cuando todos lo lastimaban.

Ese consuelo que recibía cuando el mundo entero colapsada sobre sus pequeñas esperanzas.

– tengo que pensarlo bien, Splendid. Puede que esta misión se lleve mediante otros métodos, otras personas, y de cierta forma, en otro lugar –

Todo el mundo sabía de la segunda base experimental de GENEOHT, donde se realizaban la preparación de armas y equipos para ayudar a los capitanes y demás soldados. Did no quería que Red fuera allá, dado que no sabía quienes estaban encargados del área médica, y por su historial criminal, temía por el trato que recibiría sin nadie que lo pueda ayudar.

No debería preocuparse, pero lo hace. Por que como dice Rat, muy dentro de su corazón, aun alberga una esperanza de recuperar a ese valioso hermano.

-maestro por favor – suplicó con desespero – voy a poner de mi parte y no inmiscuiré mis asuntos personales en este caso. Se lo prometo –

Un silencio que fue prologándose, hizo que las esperanzas de Did se fueran apagando. Tal vez lo encierren en una jaula, o lo mantengan sedado hasta dar con algo, o simplemente podrían deshacerse de él y decir que murió en el proceso de extracción de información.

No quería perderlo. Aun a pesar de todo el daño, no deseaba que Red desapareciera.

-lo conversaré con el Mayor, hasta entonces Did, limítate y mantenlo vigilado. No interactúes de más, por favor – la llamada finalizo, dejando al sombrío capitán más preocupado por lo que pueda ocurrir

- si tuviera la forma más rápida y segura – su mirada giró en dirección al pasillo que conectaba con la habitación de Red – esto lo hare por todos –


Las lágrimas rebozaban sin impedimento alguno, empapando su ropa, su cuello y sus enrojecidas mejillas. Pero la furia era el factor de todo ese desencadenamiento.

No había forma en que pudiese regresar a su hogar, no ahora. El aroma de la loción que usa, las camisas de franela mal colgadas en el perchero, el jabón de menta acomodado meticulosamente en el lavado, el olor de aceite en el cesto de ropa sucia. Todos esos simples detalles solo harían que empeorase su estado de ánimo.

Estaba cansada, agotada, pero no solo físicamente. Su corazón se estrujaba por tantas cosas vividas, que le era imposible de soportar.

Desde muy niña hasta ahora, lo único que tenía era a la muerte como su fiel compañera. Esa dolorosa compañía que acababa con todo lo que se proponía en la vida.

La muerte de sus padres biológicos, las vidas de inocentes a su alrededor, el final de su amistad con los seres que quiere, y el amor que tenía por el único capaz de conocer sus demonios y, aun así, amarla con locura.

Todo lo que ella quería y amaba, estaba muerto, o por acabarse. Petunia sentía que el destino era muy injusto con ella. No importa si lo intentaba hasta el cansancio, siempre seria tratada de lo peor y considerada la malvada bruja del cuento. Odiaba sentirse así, pero no había otra explicación para lo que sucedió hace minutos.

Lo había destrozado, estaba más que segura. A veces, sus palabras salían como dagas punzantes y venenosas y herían en los puntos correctos. Era su medio de protegerse de todo lo que le hacía daño.

- ¿protegerme? ¿de él? – pensó un segundo. Handy no la había lastimado en todo este tiempo, incluso la supo entender cuando descubrió la clase de monstruo que era, desde la niñez hasta la actualidad. Las palabras las recordaba con claridad, él le dijo que nunca se atreva a compararse con un monstruo de nuevo, ya que esas criaturas no tenían corazón y no amarían ni protegerían con garras y sangre a los seres que más quería.

- "te entrenas y preparas todos los días, volviéndote más fuerte a cada segundo. Pero lo haces para no permitir que nada ni nadie lastime a tu familia. Si lo que buscas es la palabra que defina lo que en verdad eres, sería la de una hermosa, compasiva, inteligente y poderosa heroína." –

Más lagrimas se derramaban, pero esta vez, por los golpes que había dado sin medir el resultado.

Al comienzo, la atracción que sentía le era algo desconocido y difícil de manejar. Handy siempre la hacía sentirse nerviosa, desprotegida, desnuda ante algo netamente magnifico. Nunca había conocido a un hombre -sus amigos no cuentan - que la hiciera sentir todas esas manifestaciones del sentimiento rosa. Conocerlo fue parte de una magia misteriosa, pero que albergaba una luz pura y cálida. El concepto del amor real fue moldeándose a través de todo lo que él le enseñaba. Desde las sutiles miradas juguetonas y brillantes, pasando por las acciones de proteger y sujetar su mano en todo momento, hasta las palabras dichas cargadas del verdadero significado de su corazón. Sin omitir la cercanía entre sus cuerpos, haciéndolo mucho más trabajoso para sus conceptos.

Pero todo eso, todas las enseñanzas vividas a lo largo de estos años siempre tuvieron una espina de desconfianza. Una duda latente con cada paso en la travesía de amar a alguien.

¿por qué yo? ¿por qué me ama a pesar de todo? ¿qué es lo que encuentra fascinante en mí? ¿en serio puede amar a alguien como yo? ¿qué es lo que busca? ¿por qué no cambia de parecer a pesar de todo este tiempo? ¿no odia estar a mi lado? ¿me odia? ¿en verdad esto es el verdadero amor?

Muchas otras preguntas rondaban en su mente, pero al verlo a él, con sus ojos miel, sus brazos anidándola, protegiéndola en su calor, sentía las dudas esfumar como la espuma en el mar. Cada palabra, gesto o acciones que él hacía, trataban de contrarrestar sus miedos, sus inseguridades. Pero en su mayoría, la oscuridad ganaba, todo ese negro y lamentable pensamiento ganaba ni bien se alejaba de su lado.

Agregando el hecho de su participación en las misiones de búsqueda, sus dudas crecían a cada segundo. Lo añoraba, siempre lo buscaba, necesitaba sentirse reconfortada en sus brazos, que le dijera siempre lo mucho que la ama y que le ayudara a despistarla del miedo que causaba la inseguridad que la invadía todos los días.

Pero los viajes se hacían con mayor frecuencia y duración. Es por eso que la última noche antes de marcharse, igual que las otras veces, necesitó amarlo y demostrarle lo mucho que le importa y la falta agobiante que le causa estar lejos de él. Pero no contaba con la estúpida apuesta que hizo con el maestro Bud y su exceso de alcohol. Si hubiera estado más consciente, la nueva vida que cargaba ahora no se hubiera originado sin la debida protección

-aún no se lo digo – dice con miedo al recordar tal detalle. Aunque a estas alturas, hasta él se habría dado cuenta de la situación. Ninguno es tan tonto -salvo Did y Nutty- como para sumar que uno más uno saldría este resultado. Se apoyó contra la pared, mientras unas repentinas nauseas la obligaban a devolver lo poco que había digerido en el campamento de los rebeldes.

Frotándose el vientre con calma, dijo para la criatura en sus entrañas

-tu padre ya debe saberlo, así que no tienes de qué preocuparte – sonrió, pensando en que su bebé podía oírla – prometo dejar que te conozca y tú a él – en su cabeza, se idealizaba el momento de dar a luz, tratando de imaginarse a varias personas a su lado sujetando su mano fuertemente.

Pero el único que aparecía en tal escena era Handy. No había otra persona que pudiera remplazar tan valioso papel en su vida, y la de su bebé

– no sé qué nos depara el futuro, pero no quiero que tú sufras como yo lo hago – rompió en llanto, tratando de evitar que los gemidos salieran y destruyeran su conversación – voy a hacer todo lo que está en mis manos para que tu vida sea lo más normal posible. No permitiré que nada ni nadie te haga daño – las palabras no podía decirlas claramente, el llanto se apretujaba en su garganta, al igual que en su corazón – ¡por eso, mi amor, debes ser fuerte y soportar las lágrimas de mamá! – lentamente resbaló por la pared hasta caer al suelo, mientras su cuerpo temblaba por los gimoteos sufridos del doloroso llanto – ¡sé fuerte, porque mamá no puede serlo ahora! –

Tan desolada. Tan abatida. Tan sola.


La noche caía rápidamente, preparando a todos los habitantes para el sueño reparador.

Pero había alguien que no tenía ni la más minia necesidad de desperdiciar valiosos segundos.

Caminando por entre los pasillos, Fliqpy hacia un mapeo mental con los detalles más importantes, desde el material con el que hacían las casas y los pasillos, las zonas de embarque y almacenes, hasta las tuberías de circuito y agua que conectaban toda la base.

Necesitaba todo el detalle posible para realizar a la perfección el plan que ideó junto a Robert. La única oportunidad de ganar a IMPERIUM era esta, así que todo debía estar bien calibrado.

Pero su mente no podía concentrarse del todo, no después de lo sucedido con la rojita y el resto de los experimentos. De su parte, nunca tuvo interés en saber quiénes eran los progenitores del idiota de su exportador, pero ahora el bichito de la duda lo carcomía por dentro, ya que, posiblemente y dada a las circunstancias, cabía la opción de no ser el único espécimen combatiente puro en la tierra.

Sabia la importancia de su sangre, su poder no tenía comparación alguna en estado puro. Según por lo poco que pudo averiguar, Tigger y sus cerebritos habían realizado experimentos con bases idénticas a la suya, pero no eran perfectos y su núcleo no lograba soportar la carga de energía que se requería para ser un combatiente. Todos los casos realizados son impuros, nadie podía igualar su genética. Así que, si existía la posibilidad de haber más como él, cosa que dudaba, podrían tomar la ventaja y ya no se necesitaría tanto drama para destruir a los malos. Solo él y uno que otro más eran suficiente.
– eh conseguido obtener más poder en estos años – en su cabeza se rememoraba la imagen del asesino Mole y el rostro enloquecido de Splendont – mi fuerza y mi destreza son más que suficientes para desgarrarle la mandíbula a Mole y hacerle tragar su maldito trasero. Aunque con el otro imbécil, no estoy tan seguro de si me permitiesen darle unos buenos golpes a su carita de nena – una sonrisa brillante, desquiciada, brillaba con la tenue luz del pasaje donde caminaba – pero para eso existen los "accidentes". Como disfrutaría haciéndole gritar como un cerdo en el matadero, mientras corto la piel de su estómago capa por capa, hasta arrancarle las tripas y colgarlo de su ridículo pene, mientras se pudre en el sol –

Sus recuerdos estaban retomando aquel momento en que Flippy y él pelearon contra Dont. Había muchas cosas que reclamarle a su antiguo compañero, como los movimientos y ataques que hacían, o la poca fuerza que les quedaba en batalla. Pero no tenía que hacer eso y perder su tiempo. Ya habría momento de reprochar todo lo que quisiese en el futuro, una vez acabado con el mal que los tiene a todos, sumidos en la oscuridad.

Entonces se detiene. Sus ojos brillan con luz propia, pero no era por el aura negativa y diabólica que usualmente lo representa.

Sabía bien cuál era el propósito de su nueva oportunidad de pisar tierra. Flippy hizo que jurara por lo más sagrado del mundo, que una vez acabase con Tigger y aquellos que lo acompañaron en su locura de poder, él daría un paso al costado y se sumergiría en el olvido para siempre.

Nunca dudó de las palabras del soldadito, siempre eran firmes y concretas una vez planteadas. Esa fue la única opción de permitirle salir a flote y tomar el control de su moribundo cuerpo.

"prométemelo, Fliqpy. Ambos nos iremos al infierno del que nacimos"

El recuerdo de sus palabras iba acompañado con el rostro del soldado. Aquellas gemas verdes, bañadas por el rojo de su sangre, al igual que los irreconocibles restos de su cuerpo, y el profundo y ahogado tono de su quebrada voz se imprimieron de por vida en su cabeza, mientras la promesa ardía en él como el fuego de la ira en sus venas.

Nunca se hubiera imaginado que, hasta el último momento, Flippy sería un verdadero soldado.

-maldita sea – gruño de impotencia. No había más que hacer por el pasado, solo seguir hasta donde su cometido se realice y luego, morir con el recuerdo de su nombre y del peli verde – las cosas que hago, nunca las entenderé –

Sin decir más palabras, el eco de sus pasos lo acompañó en su travesía, dejando atrás las hirientes pisadas de su maldito pasado.


El bar (único bar de toda la base) que reunía a todo el alegre grupo de capitanes, amigos y piratas, se encontraba sumido en la pesadez de la situación acontecida. Muchos que conocían a los personajes en cuestión, o la situación del asunto, sabían que no habría palabra alguna para mejorar los ánimos de su compañero en derrota.

No, decir derrota sería algo suave.

Él estaba muerto en vida.

El ingeniero de turno había dado descanso a los muchachos luego de "enterarse por accidente" sobre lo ocurrido en la construcción. Muchos conocían a Handy tan bien como la palma de sus manos, así que no dudaban en que el castigo dado por su novia era un acto brutal y sanguinario.

Aunque muchos pensaban que ella lo botó de su hogar a dormir en el frio piso. Que lejos estaban de la verdad.

Sus compañeros estaban sentados en las mesas, mientras que el muerto viviente acababa una cerveza tras otra en la barra.

Era irónico decir que la bebida que estaba engullendo ahora, era la misma en dar inicio al acontecimiento más importante de su vida.

Si petunia pensaba alejarlo para siempre, más ahora cuando iban a ser padres, le iba a dejar en claro lo equivocada que estaba.

De ningún modo permitiría que su hijo viva en un mundo donde lo principal era el odio y el rencor entre sus progenitores. Su bebé merecía todo lo bueno que podía ofrecerle la vida, no los sentimientos oscuros que originaban esta batalla. Esa criatura seria lo principal en su mundo, lo primordial y esencial como el aire que respira.

Su bebé sería todo lo contrario a lo que él fue.

Un marginado de la familia.

Ser el hermano del medio solo sirvió para convertirse en un fantasma. Su padre trabajaba casi doce horas diario en la fábrica, mientras que su madre se dedicaba de lleno a los quehaceres del hogar. Su hermano mayor trabajó junto a su padre en la fábrica, para luego ahorrar lo suficiente y abrir su propio taller automotriz. El menor se dedicaba a devorar libros, incluso en feriados. Toda la nevera estaba cargada de exámenes con dieces y diplomas por su grandioso esfuerzo.

Mientras que él…

Si necesitaba ayuda con sus trabajos, nadie tenía tiempo para hacerlo. Si quería comprar materiales, nadie tenía una sola moneda. Cuando traía un examen con buena calificación, nadie le hacía caso. Cuando llegó la fecha de su graduación, nadie podía acompañarlo. Cuando le brindaron la oportunidad de asistir a la universidad en otra ciudad, nadie lo apoyaba.

Para cuando logró conseguir un trabajo estable, empezó a ahorrar cada centavo debajo de su colchón. Ser asistente en una soldadura no era fácil al principio, pero pudo agarrar el truco en poco tiempo. Así él se haría independiente y tendría lo que desease sin recibir la espalda de nadie.

Pero a su madre no le importaba sus deseos, siempre y cuando estuviera ahí para ayudar a su hermanito en todo lo que necesitaba con sus estudios, y tampoco le importó a su padre cuando tomó el dinero debajo de su cama para realizar una fiesta por la inauguración de un segundo taller de su hermano mayor.

Pese a todo eso, Handy jamás discutió o peleó con su familia. No podría hacerlo ahora cuando tuvo la oportunidad de afrontarlo en el pasado. Él mismo permitió que las personas que más quería caminaran sobre él sin restarle importancia. Ellos hacían eso porque lo necesitaban, las remodelaciones de la casa, los materiales de trabajo y la lista sin fin de libros eran necesarios para que todos pudieran seguir con sus vidas sin preocupaciones.

Handy tan solo sonrió, como siempre lo hacía para afrontar los problemas.

"De acuerdo. Entiendo."

Desde siempre fue esa su respuesta a todo.

Pero todo tenía su límite, y el suyo ya había sobrepasado lo tolerado.

Así que una noche, bajando en silencio a la cocina y con una mochila en la mano, dejó lo poco que guardó de dinero en la mesa del comedor con una nota, despidiéndose de cada uno de ellos en el papel, deseándoles la buena fortuna en sus futuros.

Se marchó la noche de su cumpleaños.

Recordaba perfectamente todo, al vivo detalle, en situaciones donde las pruebas le hacían flanquear y rendirse sin dar lucha. Toda su corta vida había dedicado a solucionar los problemas mediante una sonrisa. No era de pelear si la situación no lo ameritaba, o emplear las palabras antes que los gritos.

Pero lo que ocurrió con la ladronzuela de su corazón, había hecho que sus estrategias sean destruidas, dejándolo sin repertorio para afrontar la realidad que lo golpeaba con mucha fuerza.

La mayoría del tiempo, Petunia ponía a prueba su límite con acciones o gestos que indicaban una posible discusión absurda, o seria, dependiendo del caso. Pero él siempre supo cómo apaciguar su alma, ya sea con palabras, abrazos, besos, hasta caricias. Pero la forma en la que nunca fallaba era hablando sobre lo perdidamente enamorado que estaba.

Nadie, desde que vivió solo hasta la fecha de conocerla, había tomado interés en su persona. Siempre rondando como fantasma, sin serle necesario a nadie, salvo por peticiones egoístas.

Ni siquiera aquella vez en que perdió sus manos por una traición, y fue a la mañana siguiente cuando lo encontraron agonizando por el derramamiento de sangre en el piso.

Es por eso que, las palabras dichas por ella le carcomían el corazón profundamente.

¿Por qué se debía?

¿Puede que nunca lograse afrontar su soledad en serio y que, por eso, prácticamente había abordado a Petunia y la hizo convencerla a ella que lo necesitaba?

¿Es cierto que todo lo vivido, no fue más que una ilusión para suplantar el verdadero daño de la indiferencia de las personas a su alrededor?

¿Acaso él forjo una vida ideal a base de ilusiones, únicamente por que Petunia miró hacia él cuando nadie más lo hizo?

¿Son esas acaso las respuestas ante la duda de si ese pesado sentimiento era en verdad amor o ilusión?

No. Él sabe la respuesta.

La ama con todo su ser.

Puede que esté equivocado, como que la soledad se vea reflejada aún en él como un tatuaje obscuro difícil de eliminar. Puede que su alma se resquebrajase en miles de fragmentos sin color y que necesitase a alguien que pueda reunir las piezas, aun si se lastima al recogerlas con las manos desnudas. Puede que su camino solo se disfrace de falsas ilusiones y las voces de su cabeza le hagan creer que son sueños palpables.

Pero él está totalmente convencido de algo, y es que la única que puede pintar de colores vivos y brillantes sus marcas, la única que puede apretar esos fragmentos y usar su sangre y su dolor para unirlas, la única con la fuerza capaz de gritar sobre las voces para oírla y seguirla, es nadie más que la única que le quito la venda de los ojos, ante un mundo donde el sacrificio en vano es la verdadera muestra de cariño y no el luchar por los sueños de uno mismo.

Petunia logró hacer eso y mucho más por él, así que es una mentira decir que su amor no es más que una insalubre necesidad

Una necesidad que era la perdición de su libertad, más ella era la llave que lo liberaba de toda esa oscuridad.

Una sonrisa se formó, después de todo un día entre penumbras y sombras. Sus ojos comenzaban a tener brillo, a la par que dos lagrimas traicioneras surcaban su agotado rostro.

- ¿creen que ya perdió la cabeza? – preguntó uno de sus compañeros

-puede ser. No creo que soporte tanto el alcohol, es tan solo un niño – escucho decirle a otro de sus compañeros.

Un niño, que apenas se abre paso a la vida y ya está trayendo otra en camino.

No creía prudente buscarla ahora mismo, y más con el estado etílico que manejaba su cuerpo. Se daría el tiempo necesario para buscarla y hacerla entender que sus suposiciones no son más que estúpidas palabras dichas por el calor del momento. Luego, se esforzaría por demostrarle cuanto la amaba, incluso si llega a recibir uno que otro golpe en el proceso. Lo necesitaba.

Sin que se percatase, una mano se posó sobre su hombro con sumo cuidado. Dado a la suavidad y el tamaño de la palma, supo que se trataba el de una mujer. Ilusionado por que fuese su amada ladronzuela, se giró rápidamente, con las palabras en la boca listas para soltar. Pero el rostro que se plantaba frente a él reflejaba el futuro de más problemas por venir.


En la oficina principal, el Mayor y sus dos colegas realizaban un seguimiento de rutina en toda la base. La información era mandada por el sistema, actualizado cada hora.

Entre los reportes del día, Rat sujetaba con fuerza la agenda de la prisión, mientras pensaba en la forma más sutil de informar a su jefe.

Él no deseaba causarle más malestares de los que ya recibió el día de hoy, pero era algo de rutina y si no entregaba su reporte, obviamente ambos ancianos sospecharían. Además, en algún momento tendría que decírselo, ya que todavía no tenía una respuesta sobre qué hacer con Did.

Dios, lo que sea tu voluntad. Susurró

Levantándose de su escritorio, llevó el informe en la tableta y lo colocó en la mesa del Mayor.

-me llegó este informe de la prisión, exactamente del área donde tenemos resguardado al experimento Red – prosiguió con cuidado al mencionar a su alumno – el capitán Did fue a reunirse con él – pese a sonar tan sereno y profesional, por dentro se moría de los nervios al imaginar la reacción del jefe. Sorprendentemente, el Mayor lo tomó y leyó atento sin comentar nada al respecto

- ¿qué diablos hacia él ahí? – cuestionó Bud – pudo haberle hecho daño, o peor, ¡matarlo! – exclamó con las manos en el aire – no debes dejar que ese azulito vuelva a acercarse a ese… ¡ese monstruo! – su rabia hervía y se plasmaba en las arrugas de su rostro. El Mayor seguía concentrado en el documento

- el capitán tiene conocimiento y un complicado lazo que lo conecta con Splendont. Me parece obvio el motivo por el que se acercó a ese lugar. No tuvimos más inconvenientes que los que se menciona en el reporte, pero creo que…podría sernos de ayuda, si me permiten sugerirlo -

- ¡¿de qué carajos hablas?! – los ojos de Bud se agrandaron ante su extremada expresión de sorpresa y horror - ¡¿Cuál puta conexión?! – sus dientes rechinaban por la fuerza - ¡esa cosa que está ahí es un maldito monstruo! –

- cálmese señor –

- ¡por una mierda que me calmo! – Bud caminó hasta pararse frente a Rat – ese malnacido fue uno de los responsables de muchas desgracias – enumeró con sus dedos – él llevó a cabo el ataque en la escuela de nuestros chicos – levanto un dedo – mató a miles de inocentes – levantó otro dedo – capturó a los muchachos y se hizo con sus torturas – sus ojos brillaban por la furia – se esmeró en Splendid y Flaky, más en ella, y no sé qué clase de cosas pudo haberle hecho – su enorme figura estaba a solo centímetros de Rat. Este tragó duro por la invasión, pero también, por la furia viva y latente que corría por las venas del maestro – ¡él fue quien asesinó a Flippy, carajo! –

El silencio se hizo en la sala, ninguno de los dos dijo o hizo algo más, aparte de respirar agitados por la tensión del momento.

De repente el Mayor se levantó, con la tableta en mano. Caminó hacia un enorme ventanal que daba a la zona de desembarque.
Aunque no podían ver la expresión en su rostro, si podían sentir la energía volcánica que emergía de su ser, como si la rabia más cruda y siniestra cubriera su alma y la tención de sus músculos fuera la furia ardiente queriendo cobrarse el dolor descrito por su amigo.

-sí, es cierto – dijo de repente, como si esas palabras fueran el soplido de la llama de su odio hacia Red – fue él quien hizo todo lo que dices – entonces se giró, mirando a ambos sujetos – pero debemos recordar algo ahora; él es una persona con pérdida de memoria, quien ha sufrido por mucho tiempo la soledad en la intemperie, sin que nadie lo ayude – tanto Rat como Bud lo contemplaban anonadados a más no poder, pero era Bud quien botaba humo por las orejas – ese muchacho está en esta base, donde podemos analizarlo y encontrar la verdad detrás de su colapso mental. Puede que existan secretos que el experimento se llevó a la tumba con Flippy, datos que puedan brindarnos la victoria a la hora de hacerle frente a IMPERIUM –

- ¡¿ESTAS LOCO?! – Bud lo tomó del cuello de su ropa, a la par que Rat trataba de separarlos sin mucho éxito – ¡estas de broma, ¿verdad?! – sus ojos estaban inyectados de sangre por la rabia de las palabras dichas por el Mayor – no te atreverías a darle un trato justo ahora, después de todas las desgracias que a causado en todo este tiempo, ¿verdad? – buscó en la mirada de su amigo, pero no encontraba lo que necesitaba para sentir que el Mayor estaba en duda por el dolor - ¡¿VERDAD?! –

El Mayor tomó de las manos que lo sujetaban con fuerza, arrancándolas sin impedimento del cuello de su ropa. No había palabras para aplacar su rabia, por que no estaba dispuesto a mentirle. La situación cambia a cada segundo, pero él sabría aprovecharlas. Al igual que lo estaban sus colegas, quieran o no.

-estamos en esto juntos, Bud. No me hagas tomar la decisión de sacarte de tu cargo y mandarte a la otra sección, si no cooperas conmigo y con Splendont –

No hubo más palabras, ya que sabía que su mejor amigo no las diría frente a él.

Bud se marchó del lugar, dejando a un consternado Rat con todo el papeleo adicional por parte del anciano cascarrabias, mientras que el mayor se volvió a su sitio, acomodándose la ropa.

-ahora - dijo al trigueño - dime lo que se necesita para que Did pueda tomar este caso -


Al día siguiente.

En la zona de despacho de los alimentos para los residentes, el famoso cuarteto de amigos disfrutaba de sus alimentos matutinos, planeando formas de asegurar la vida de uno de sus integrantes por los conflictos realizados ayer.

Pensaron de todo, desde sentarse y hablar como personas civilizadas, hasta tumbarse de rodillas y clamar piedad por su destino.

Pero todos sabían que quien daría el veredicto, no era más que la novia del conejo sentenciado.

- ha pasado un tiempo prudente – mencionó Toothy quien hurgaba entre los snacks de Sniffles – creo que ya es momento de que hables con Flaky. Mientras antes te disculpes, mejor para tu salud física y mental–

-yo sugiero que espere un poco más. Las mujeres son de apaciguar sus malestares en largos periodos – comentó Sniffles quien, con su té de manzana, saboreaba unas pequeñas galletas de nuez

-mientras más corra el tiempo, menos posibilidades de sobrevivir me quedan. Recuerden que no es solo Giggles – un aura tenebrosa rodeo al pobre rubio, al recordar escenas de su vida donde por poco pierde la vida en manos de la mejor amiga de su novia – no quiero volver a sufrir esas pesadillas cada noche, sintiendo sus manos sujetándome y lanzándome al vacío –

-vamos ya, déjalo pasar, no fue tan grave lo que te hizo Petunia. Bueno, lo de usarte como cebo para el juego de tiro a piscina si fue divertido – agregó Toothy

– ¡cierto! – exclama el pequeño genio con un chasquido de dedos – me gané un juego en disco y una barra de chocolate con fresa –

– yo gané una pelota de soccer –

– oigan – Cuddles los miraba a ambos con los ojos entrecerrados – gracias a mí, consiguieron lo que querían, mientras tanto yo me pudría del aburrimiento y me congelaba por estar todo el día en el agua. De nada, miserables –

En ese momento, entre sonrisas y anécdotas humillantes, una cabellera roja y larga cruzaba al lado de los muchachos, entre las sillas casi juntas que decoran la zona de alimentos.

Era ella, la persona por la cual Cuddles se sentía malditamente devastado. La humillación y el dolor que le hizo pasar con sus palabras jamás podría olvidarlo, mucho menos perdonarse a sí mismo.

- ¿qué esperas?, hazlo ya – Toothy sorprendió a Cuddles empujándolo fuera de la silla con una patada no tan fuerte, haciendo que cayese y quedara detrás de Flaky.

Este iba a protestar por el abrupto movimiento, pero todos los chicos ya estaban detrás de una columna a 5 metros de distancia, muy bien resguardados.

– ¡recuerda, ella no asesina ni una mosca! ¡solo dile que lo sientes desde el fondo de tu kokoro~! –

– pasas mucho tiempo con Did, eso es un hecho – susurró para sus adentros, sabiendo de donde provenía esas palabras.

Sin perder tiempo y tragando duro, caminó unos cuantos pasos hasta alcanzarla. Le tocó el hombro para llamar su atención.

– Cuddles –la voz de Flaky salió muy neutral, sin emociones al igual que sus ojos sin brillo. El rubio se sintió peor que basura, pensando que la tristeza era el motivo de su mal aspecto.

-sip, voy a morir con mucho dolor – Cuddles trato de suavizar las ideas y poder soltar el discurso que había armado con ayuda de su mejor amigo.

-Flaky, necesito hablar contigo – la solicitud salió con una serena, pero real necesidad de esclarecer su deseo. Desde atrás, sus amigos le alzaban el pulgar.

-empezaré diciendo que soy un completo y verdadero idiota al hablarte de esa manera ayer. No es que piense que realmente eres todo lo que dije, sino que la ira y la frustración me hicieron explotar como un volcán sin control, y las palabras salían y salían, y sin darme cuenta de todo lo que vomitaba con asco y yo no… – suspiró – no debí reaccionar de esa maldita forma contigo – aseguro con el arrepentimiento plasmado en sus negros, pero brillantes ojos. Toothy se sentía muy orgulloso por Cuddles, ya que el pedir perdón era un acto de gran valor que muy pocas veces veía en su amigo. Cada día crecía más, y eso lo emocionaba.

-Cuddles – ella intentó hablar, pero sus labios fueron silenciados por el dedo del rubio

- antes que digas algo, por favor, permíteme hablar para que puedas sentenciarme con justo derecho – quito su mano, mientras pensaba en las palabras adecuadas – no debería ser una justificación, la farsa vivida hasta ahora se desplomó con la verdad de quienes somos, y estamos tan sensibles a cualquier cosa que explotamos por tantos engaños – sentía que la rabia burbujeaba en su ser, nunca sería capaz de perdonar todo el daño que le causaron a él y a los que ama – mentiría si dijera que eh estado ansioso por saber la verdad todo este tiempo. Para empezar, al principio, el conocer de nuestros poderes me dejó absorto a otras realidades, tales como conocer la historia, o a los verdaderos enemigos que nos acechan, o siquiera, conocer el origen de mi propia existencia. Nunca tuve esa necesidad ya que unos maravillosos seres cuidaron de mí, y siempre estaré eternamente agradecidos con ellos. Pero ahora que otra noticia nos sorprende, lo que dijiste, hace que toda esa base de neutralizad se desmorone y me exija saber lo que realmente ocurrió. Mi vida pasada es un asunto aparte, algo secundario, ahora lo que me importa es saber qué pasó con ellos, las personas que me dieron la vida y sacrificaron la suya – le era difícil expresarse como realmente quería, pero se esforzaba con cada palabra.

Sus manos fueron involuntariamente a los hombros de Flaky, sujetándola con fuerza. Ella miraba primero las manos y luego al dueño, sin rastro de cambiar su expresión neutral

-pero nada tiene justificación alguna por cómo te traté, en la forma en cómo te lastimé. No soy el único que desea tener más pistas para poder encontrarlos, todos desearíamos saber quiénes son ellos, como eran, o si, por algún milagro piadoso de Dios, alguno de ellos esté con vida allá afuera, buscándonos en el mejor de los casos – sin percatarse, su emoción se reflejó en la fuerza con la que sujetaba a Flaky - ¡oh, lo siento! – la soltó como si su cuerpo quemase

Detrás de ellos, Toothy y compañía aplaudían el esfuerzo de su compañero, mientras cargaban carteles con frases de apoyo al compás de panderetas.

No existe respuesta alguna de cómo llego eso ahí.

El semblante de Cuddles se tornó en arrepentimiento.

-como dije, nada de eso debe ser motivo para haberte gritado y lastimado. Nunca, por el resto de mi vida, voy a perdonar mis cobardes actos, y si pudiera, me cortaría las manos ahora mismo, pero el tormento de mis acciones será mi eterno castigo – observó sus manos cerrarse en puños. No quería recordarlo, pero debía, y tenía que sufrirlo también en la memoria – estas manos que por poco cometen una grandísima estupidez –

Borró los malos episodios de su mente, no quería opacar la conversación de esa manera. Aún había más que decir, tantas cosas que podría tomarle tiempo, pero que eran necesarias. Más en eso, próximo a seguir soltando sus sentimientos, Flaky dijo sin esperar a que acabase

-soy Flick, de hecho–

Un ligero soplido helado atravesó entre ellos, revoloteando las pequeñas hebras doradas del conejito. Su ojo izquierdo temblaba nervioso, mientras la palidez de su piel se acrecentaba a casi perderse en blanco. Sus amigos quedaban de igual forma. Ese era el pobre escenario que sobrevivió a tan amargada confesión de quien creían, era su dulce y tierna amiga.

– traté de decírtelo, pero no me lo permitías – la nota de su voz debió ser una pista, pero al igual que siempre, Cuddles se enfocaba en una sola cosa y evitaba su alrededor – si fueras más perceptivo, te darías cuenta antes de tomar cualquier decisión – entre sus cejas se formó una pequeña arruga, indicando lo decepcionado que estaba del rubio – de la misma forma en como reaccionaste con Flaky, antes y ahora, me temo que no lograras cambiar tus errores hasta que aprendas los verdaderos fallos y los mejores. Es un consejo que deberías tomarlo muy en serio –

Por unos segundos, Cuddles permaneció en silencio, mientras la bofetada mental hacia efecto en él y su patética existencia. Entonces recobró el sentido, al momento en que veía como el ente de la pelirroja se marchaba. Furioso por cómo se sentía en ese instante, agarró fuertemente del brazo de Flick, deteniéndolo y obligándole a mirarlo

- ¡oye, espera un momento! – nuevamente sus emociones emergían sin control - ¡no dejaré que te vayas después de arruinar mis esfuerzos por hacer que Flaky me perdone! – tanto Toothy como los demás se volvieron piedra, mientras un gesto de enojo asomaba entre las facciones del rostro de la pelirroja

-entonces a eso te referías ¿eh? – sin que nadie pudiera imaginárselo, mucho menos la pareja que caminaban en su dirección logró percibir el rápido y furioso golpe de Flick hacia Cuddles, lanzándolo por los aires en dirección a los testigos del rubio. Su cuerpo no se detuvo hasta que atravesó la gruesa columna donde se escondía Toothy y compañía – ¡Flaky no es una almohada donde desahogar sus frustraciones! – señaló acusatorio – ¡ella no merece que la traten con mentiras y engaños, solo para aliviar las culpas de sus propias equivocaciones! Voy a dejar pasar esto por ahora, pero no permitiré que vuelvan a jugar con sus sentimientos de esta manera, ¿está claro, idiota? – sin esperar respuesta alguna del paralizado cuerpo, Flick se marchó ante la mirada de asombro y miedo por parte de todos los ahí presentes.

Toothy despertó del trance y ayudó a su amigo a salir de ahí entre fuertes tirones.

- creo que sí debimos esperar más tiempo – aseguró Sniffles

- ¡no pienso escucharlos la próxima vez! – gritaba Cuddles lleno de rabia

- sus juegos son cada vez más y más divertidos, estoy fascinado – la voz sarcástica de Did solo hacia arder la mecha en el conejo – ¿por qué te golpeo Flaky? –

-no era ella, era el imbécil de Flick– indicó Cuddles

-oh, ahora todo tiene sentido – afirmó Toothy – creo que verle usar el cuerpo de Flaky para golpearte, fue la cosa más asombrosa que pude ver en mi vida –

- ¿tú crees? – Cuddles se frotaba la zona donde recibió el golpe. Esto último lo dijo con sarcasmo

-claro que sí, no todos los días se ve a Flaky atestando un fuerte y peligroso golpe. Es más, nunca la había visto golpear nada, pero ahora me puedo dar por satisfecho y morir en paz. Logre ver lo imposible – Cuddles solo se aguantaba las ganas de zarandearlo – como sea, ustedes dos, ¿a dónde van y que llevan ahí? – refiriéndose a Did y Lammy, quien al igual que el resto, quedó sorprendida por ver a la más pequeña de todos, dar un derechazo muy profesional

- me informaron que hay personas que fueron rescatadas junto a sus mascotas. Estamos llevando sobras de los comedores, un poco de agua y juguetes que hicieron los niños en la guardería. Giggles me dijo que eran un regalo de los pequeñines–

-qué tierno de su parte, chicos –

-gracias, pero es algo que cualquiera haría. Son muchas cosas que trasladar, por eso Lammy se ofreció a darme una de sus bellas manos~ – pese a hacerlo sonar como si fuera un detalle más en conversación, el sonrojo no pasó desapercibido para Lammy, como para el resto de los espectadores.

Recomponiéndose al instante, Lammy agitó su larga melena violeta sobre su hombro

-no fue así como lo recuerdo, pero lo dejaré pasar –

-claro que sí. Te acercaste a mí y me preguntaste si necesitaba ayuda –

Lo que en verdad paso, fue que ella lo vio cargando demasiadas cajas y bolsas, haciéndole imposible dar un paso sin tirar nada en el camino. Lammy sugirió explícitamente – "creo que necesitas que te ayuden con eso" – refiriéndose a que buscara ayuda de otra persona. Did al verla, le brillaron los ojos, la tomó de los brazos y le entregó algunos paquetes con un brillante "gracias" saliendo de su boca.

-tu pequeño cerebro necesita mantenimiento. En ningún momento te ofrecí mi ayuda –

-entonces, ¿qué haces aquí, cargando esas cosas? - la inocente pregunta de Sniffle hizo que la miraran con cierto morbo oculta en una sonrisa.

Lammy tenía la opción de tirar todo y marcharse, cosa que no había hecho. La mencionada se quedó muda, mientras su rostro se tornaba rojo al darse cuenta de ese detalle. No quería decirles que el verdadero motivo era porque se sentía demasiado sola. Extrañaba las épocas en la escuela en que todos le hablaban, aunque sea por puras apariencias, incluso la compañía de Mrs Pickels no llenaba ese vacío que se acumulaba con el tiempo. Por eso al encontrarse con el friki héroe, la puso de tan buen humor como para siquiera molestarla. Algo que paso en segundo plano cuando la tomo de los brazos, con esa expresiva e hipnótica mirada de alegría y el tono de voz más eufórico que pudo escuchar. Sus pies se movieron con voluntad, siguiéndolo sin pensarlo en ese momento.

Quería justificarse, pero no tenía ningún motivo en mente para hacerlo

-lo sabía – susurró Toothy con la sospecha en su rostro

- ¡cállense! – su rostro estaba más que rojo, parecía un brillante foco de luz anunciando su evidente descuido

- oigan un segundo – Splendid se colocó en medio – ya basta chicos, ya dejen de molestar. Lammy se ofreció voluntariamente, aunque odie admitirlo. Ella en el fondo… – extendió sus brazos – …muuuy en el fondo – dijo con exageración en su voz, soltando una que otra risa de los chicos – es una persona de buen corazón. Yo lo certifico – la tomó y rodeó sus hombros, apretándola contra su tensa pared de musculo. Lammy percibió el almizcle que expedía, era una fresca esencia de lavanda y detergente, con el olor varonil propio de él. Por alguna extraña razón, aquel aroma le encanto tanto, que se vio olfateando disimuladamente cerca a la clavícula de Did.

Huele demasiado bien.

En la piel de su rostro, no había célula alguna que no estuviera delirando de la vergüenza. Se sorprendió al darse cuenta de lo que estaba haciendo, así que se alejó disimuladamente. Algo que no pudo ocultar de los atentos ojos de Cuddles, quien, en su mente, expresó ese actuar como un gesto de desprecio hacia Did

-eso de que tenga un corazón de oro, ahórratelo. Nadie aquí se lo cree – las chocantes palabras dichas por Cuddles rompió el leve estupor en que se encontraba Lammy. Toothy lo miró extrañado. El cambio brusco de uno a otro lo aturdían, no podía comprender qué le pasaba

Lammy sabía que su forma de ser le traería muchos problemas, entre esos, que la gente la odiara y la humillara, así como ella lo hizo en tiempos de escuela. Pero la gente cambia, y ya todos estaban muy grandes para seguir con esa absurda pelea. Su percepción de las cosas había madurado y podría decirse que estaba muy arrepentida por lo que hizo y lo que fue, pero por lo que escuchaba, la imagen que tienen de ella jamás será borrada y será otra que la de una princesa quisquillosa, malvada y orgullosa.

-hey, Cuddles – intervino el pecoso, pero al rubio no le importó, así que siguió arremetiendo contra ella

-es increíble de ver que después de todo este tiempo, tú, la chica que aclamaba ser la perfección total, intentes cambiar esa postura que te tomo años de acoso y maltratos a otros, solo por obtener un poco de atención de tus pobres víctimas – pese a que estaba acostumbrada a escuchar todo lo que se decía a sus espaldas, las navajas que le lanzaba Cuddles en verdad le dolían mucho. Hizo su mejor esfuerzo en cubrir ese sentimiento, pero la máscara se resquebrajaba poco a poco con cada golpe que le daban esas palabras - ¿Cuánto tiempo te tomó darte cuenta de que ya no estamos en la escuela? ¿Cuánto tiempo creíste que los lujos y el dinero no tienen valor aquí? – la punzante mirada desencajaba la mandíbula de Lammy, mientras un sentimiento de culpa y miedo afloraba de ella.

Toothy lo agarró del brazo para detenerlo, pero su boca seguía libre y atacaba sin culpa.

- ¿cuánto más piensas fingir y ver a tu alrededor que todo a cambio? Tu mundo lleno de privilegios y fantasía se ha ido, ahora te queda mendigar por pequeñas muestras de atención fingiendo ser una santa puritana, porque eso es lo único que te queda, migajas por recoger. Nunca verás con claridad y una mente fría que la sangre y la muerte son nuestro pan de día a día – alzó un dedo acusatorio, como si aquello fuera la sentencia de muerte al más cruel de todos los villanos – nunca vas a cambiar la realidad que te rodea. Se te dio la oportunidad hace mucho y no supiste valorarlo. No vengas a intentar demostrarnos lo contrario ahora –

Un silencio muy abrumador envolvió a todos, las respiraciones se habían detenido. Unos ojos violáceos muy abiertos como platos se cristalizaban por la humedad en ellos, las lágrimas se derramaron, surcando un rostro terriblemente desencajado.

No esperaba que nadie la defendiera ante la cruda verdad de las palabras. Puede que la vida le enseñó duramente a ver el mundo tal cual es ahora, pero siempre tuvo una pequeña ilusión de que aún podría obtener un poco de la felicidad que añoraba, aquella que se le brindaba de niña. Tener personas a su lado, aunque fuera de mentiras, y considerarla parte de algo hermoso como es el compañerismo, la amistad, la unión.

Pero estaba destinada a estar sola. Para siempre.

Las fuerzas se le fueron de los brazos, dejando caer las cajas con juguetes al piso. Corrió sin mirar atrás, pese a los vanos intentos de Did por detenerla.

Este en cambio, tenía unas ganas enormes por estampar su puño reiteradas veces en el rostro del rubio, pero no solucionaría nada de esa manera y más con el tiempo en su contra. Recogió lo que pudo y se marchó en dirección contrario, directo a los dueños y sus mascotas. Más tarde saldaría cuentas.

- ¡grandísimo idiota! – Toothy gritó lo bastante fuerte como para hacer temblar del susto a los demás - ¡¿qué mierda tienes en la cabeza?! – su rabia no era algo dificil de ver. Él en verdad estaba más que encabronado.

Cuddles rechistó, pero en vez de responderle, prefirió irse y dejar a Toth con la palabra en la boca. No iba a enfrentarse a su amigo por culpa de otros, él sentía que tenía la razón. Lammy siempre fue un dolor en el trasero al inmiscuirse en los asuntos de los demás. El morbo por el chisme y su dañina y ponzoñosa necesidad de ser siempre el centro de atención había provocado no solo dolor en Petunia, sino en casi todos los estudiantes de la escuela Central. Esas palabras solo era un toque suave a comparación de todo lo que en verdad se merecía.

El pecoso lo vio marcharse, no había más por hacer ahora. Algo malo le ocurría a Cuddles, él no lo sabía, pero lo presentía. Atrás quedaron los recuerdos de un risueño jovencito, amante de la vida y de mil colores, dando paso a un temerario, agresivo y a veces, frio y punzante tipo con la boca más venenosa que había conocido en su vida.

Tenía que ayudarlo, averiguar qué es eso que lo volvió así. La guerra puede ser una causa, pero no toda la razón. Toth tomaría cartas en el asunto y enfrentaría la razón de todo, por más difícil que sea.


Había leído un sinfín de recetas caseras para quitar las manchas de suciedad en telas blancas, pero no hallaba una adecuada para desaparecer el tono marrón rojizo en las sábanas, por más que frotase a puños y escobillones. No quería dejar rastro que comprometiera a su persona. Podría haber muchas especulaciones, desde que asesinó a una persona, hasta el que lleve vírgenes a su cama con bonitas palabras.

Claro que sus amigos nunca creerían la segunda suposición, porque obviamente, saben quién es realmente Russell.

No había conseguido otra cosa a la mano (o garfio) para vendar la herida que se hizo Flaky al romper la mesa. Todos se sorprendieron por su repentino cambio y verle destruir algo con puños desnudos. Gracias a la intervención de su alter ego, todos pudieron respirar tranquilos ya que no querían lastimarla para detener su macabro plan

"¡yo destruiré a IMPERIUM, yo misma acabare con Tigger! y entonces, yo acabare contigo ¡Fliqpy!"

No sabía muchos detalles de la más pequeña, a comparación de los miembros de su tripulación. La poca, pero precisa información que tiene de ella, fue gracias a las charlas que tenía con el Mayor en reuniones de trabajo o momentos de descanso en las oficinas.

Ella es humilde, inteligente, caritativa, hermosa, y un millón de cosas más que resaltan a simple vista. Pero había una que la definía con solo mencionar su nombre: inocencia.

Una inocencia pura y genuina.

Una característica tan difícil de encontrar hoy en día, en un mundo sucumbido por la avaricia y el engaño. Pero también es un punto en contra, un detalle débil y quebradizo, cual fue abusado de muchas formas por quienes la rodean. Tan crédula, tan fácil de engañar, logrando que ella les abriese su corazón y poder jugar a su antojo, usarlo y tirarlo cuando ya no tuviese valor.

De lo poco que sabe de ella, es que fue una niña con una salud muy endeble, según los registros médicos obtenidos hace mucho tiempo. Tampoco sabe a conciencia sobre la situación con su padre, pero duda que haya sido feliz en el pasado. Agregando lo ocurrido hace años en Happy tree, cuando mataron y secuestraron a sus amigos, incluido a ella, viviendo una pesadilla en largos meses. Y la cereza del pastel, conocer sobre los sentimientos que tiene por Flippy, y que no pudieron ser aceptados ya que el pobre infeliz se encuentra muerto. Figurativamente.

Todos, no solo él, quedaron ensombrecidos por saber sobre el triste final del soldado. Pero ella y el Mayor lo pasaban mucho peor. No sabía la magnitud del dolor que estaban sufriendo, pero podía hacerse una idea.

Él ya hubiera arrancado su corazón y viajado al fin del mundo, si se enteraba que el amor de su vida jamás volvería a su lado.

Entonces sus ojos se tornaron sombríos y agridulces.

Si antes su corazón albergaba amor, cariño y esperanza, ahora solo contiene dolor, tristeza, pero, sobre todo, odio.

Odio puro al ser que una vez creyó especial, odio negro y maligno al sentimiento que se aferraba en él y que lo impulsaba a seguir creyendo en falsas ilusiones. Un odio tan infernal, que ya nada, ni siquiera un pequeño atisbo de esperanza, de misericordia, podría permanecer vivo sin quemarse en el fuego de su venganza.

Porque así era él, el capitán Russell.

Su corazón puede ser tan grande como el océano, pero si retas a Poseidón, las criaturas sumergidas en lo más profundo del mar pueden resurgir y arrastrarte con sus pinzas y tentáculos, hasta el centro del infierno a sufrir.

Y así era su corazón ahora, como el misterioso y peligroso triangulo de las bermudas. Todo rastro del amor que tenía desapareció.

-todo esto lo provocaste tú, infeliz – escurrió la tela en una bola con mucha fuerza, haciendo que algunas hebras se rompieran por la inmensa presión.

Sentía ganas de dañar a alguien, a algo, de lastimar lo que sea que se cruce en su camino. Deseaba dar de comer a los tiburones con el primer infeliz que se le cruzase. Tenía ganas de mucha maldad.

Pero como toda criatura viviente, ya sea en el cielo, tierra o mar, él también puede sufrir. También puede llorar.

Era un hecho inquebrantablemente natural, no podía hacerle frente a ello. Por ello, un poco de su rabia se fue a si mismo al sentir las lágrimas emerger de sus oscuros ojos color mar. No tenía por qué llorar ahora. Lo lastimaron, pero no tenía que parecer la criatura indefensa a la que botaron sin más preámbulos.

Aun si los hechos son así.

-soy fuerte. Soy un capitán con…con una tripulación q-que me necesita – se frotaba la nariz y los ojos para borrar cualquier rastro, pero el sufrimiento era grande y difícil de controlar - ¡así que para, que de nada sirve que llore ahora! – golpeó fuertemente sus dos puños contra la mesa de metal, salpicando gotas de agua, mezcladas con sus imparables lágrimas. El rostro del culpable aparecía ante él, tan fresco, tan real. Sus gimoteos eran más sonoros - ¡¿qué necesito para dejar de ser humillado por ti, maldita sea?! ¡Dímelo! – estrujó su ropa a la altura de su corazón, mientras la debilidad lo poseía poco a poco.

Unos pasos se aproximaban hacia Russell, pero no pudo prestar atención hasta que escuchó la voz del recién llegado

- qué onda viejo ¿estás bien? - giró lentamente para ver al dueño de la voz desconocida – ¿necesitas ayuda? – el individuo notó la mancha seca de la sangre en la tela que Russell aun sujetaba – ¡oh Dios mío, eso es sangre! –

- ¿quién eres tú y que haces aquí? – soltó bruscamente, sin importarle la sorpresa impresa en el rostro del muchacho – este lugar es zona de residencia para los capitanes, generales y otros mandos. Los demás tienen prohibido acercarse, así que responde, antes que llame a seguridad – la repentina intromisión había logrado que deje de llorar, pero los vestigios aún quedaban en su rostro. Sus ojos hinchados y rojos llamaban la atención del chico, a lo que Russell se incomodaba a cada segundo - ¡oye, es de mala educación mirar fijamente a alguien! –

- perdona viejo

El acento en su voz sonaba extraño, como si las palabras salieran resbaladas y perezosas. Pero al joven capitán le fascinaba, ya que, por alguna extraña razón, había escuchado esa forma de hablar en algún lugar que no lograba recordar.

-no creo que mi excusa valga, pero las casas son tan parecidas. Así que creo que me perdí~- soltó con una sonrisa amigable, mientras se frotaba la nunca.

A Russell le pareció sincero, pero debía aparentar seguridad y mostrarse severo por si acaso.

- ¿Cuál es su sector? – pregunto, sosteniendo la mirada a un par de extravagantes ojos verdes grisáceos.

Son muy llamativos. Pensó fascinado.

-no lo sé, viejo. No entiendo toda esa palabrería de números y letras. Yo creo que esa combinación es fatal~ – la expresión de duda en su rostro cambió a una donde reflejaba una sonrisa tan blanca y brillante que, si Russell no hubiera achicado sus ojos ante la duda, estaría ciego de inmediato. La blancura de sus perfectos dientes contrastaba con el dorado bronceado de su piel, y el largo y ligeramente ondulado cabello color chocolate.

Y es alto. Pensó nuevamente. Muy alto.

-tal vez – dijo el chico, sacando de la ensoñación al peli celeste con su particular voz – si te digo mi nombre, puede que lo encuentres en la lista~ – aseguró.

Russell no sabía que pensar. Estaba más que seguro que el nombre sería, o sonaría tan diferente pero original, así como la actitud y el acento del personaje en cuestión. Cada vez se le hacía más familiar ese estilo de hablar, lo tenía en la punta de la lengua. Pero lo dejó de lado para concentrarse en lo importante.

-Si. Bueno. No es que tenga la lista de "todos" los habitantes en esta base bajo el brazo, pero puedo llamar a la central – rebusco en su bolsillo trasero un equipo parecido a un celular, pero de circuito cerrado – solo espero que alguien conteste. Hay mucho trabajo acumulado en las oficinas – sacó el aparato – ¿y bien? –

– mis viejos me pusieron Marmonet, pero todos mis amigos me llaman Cro Marmot –

Un silencio se hizo en medio de ambos, mientras que Russell quería asegurarse de haber escuchado bien.

- ¿cómo?

-Cro Marmot – Russell aún lo miraba – vamos viejo, no es difícil. Se deletrea C-R-O/ -

-un momento – tenía razón, no esperaba menos de un tipo así. Tecleó el código de las oficinas y colocó el equipo en su oreja – verificare tus datos –

Los penetrantes ojos de Cro lo observaban, esperando algo que el joven pirata no tenía idea de qué. Ante el incomodo momento, él le preguntó

-y, ¿no me dirás el tuyo~? – aguardó con una sonrisa.

Viendo que no había peligro alguno / ¿por qué pensó eso? / de darle su nombre, saludó sin mucha presentación

-yo soy el capitán segundo Russell – y fin. Pero Cro esperaba más, así que decidió complacerlo a regañadientes – soy quien mantiene el orden en este sector. Aunque no hay mucho que hacer últimamente –

- ¡viejo, eso es otra onda!, eres el jefe aquí~ -

-sí, como digas -

Aguardó al quinto timbre de la llamada, hasta que alguien recibió su petición. Le solicitaron esperar unos minutos mientras un miembro del departamento del censo atendía su solicitud.

- ¿en serio piensa que Cro Marmot es un nombre más fácil de recordar que Marmonet? – pensó Russell, ganándole la curiosidad – cómo…no, ¿por qué decidiste llamarte Cro Marmot? –

- mis amigos jugaron con mis gustos y mi fascinación por las marmotas, además tiene un parecido a mi nombre. Modificaron y lo juntaron con el alias de un rapero que me fascina, Cro. Eh ahí mi apodo, Cro Marmot ~–

A Russell se le baja una gotita por la frente, mientras pensaba que tipo de amigos podrían hacerle eso.

Se escuchó un click en el aparato, indicando la línea libre. La voz al otro lado le dio toda la información básica del susodicho, desde su código de residencia hasta el parentesco que tenía con uno de los miembros de la base. Gran sorpresa al enterarse de quien se trataba.

- ¡¿a qué te refieres conque pertenece a la zona "ALFA"?! – ese sector de residencias pertenecía a los miembros del consejo, al Mayor, Buddhis Monkey y Rat - ¡¿con quién dices que se relaciona?! – volvió a escuchar la respuesta, así como el nombre de Cro, para confirmar que no fuera una falla en sus oídos.

- ¡cierto, así lo llaman! ~ – señaló – el hermano de mi viejo trabaja con los de traje y corbata. Tiene un rango que, cómo decirlo… ¡oh, claro! – chasqueó los dedos al recordar la respuesta – creo haberle escuchado decir que era parte de un conjuro~ -

- ¡eres el sobrino del presidente del consejo! – Russell no daba más por la histeria - ¡del maldito consejo! –

-si, ese soy yo, de locos ¿no? Guardado en esa linda cabecita~ -

Russell no daba para más idioteces, no entendía cómo alguien con tales contactos podía comportarse de esa forma. Pero se daba una idea. Todo se reflejaba en su acento, su color de piel, y los atributos que manejaba en ese alto, tonificado y bien bronceado cuerpo.

Es un surfista. Un atractivo y sexy surfista.

Pensó, mientras su rostro tomaba un intenso color rojo.

¡No puedo creer que haya pensado eso de él! Se reprochó duramente.

Y mientras el chico sonreía, y Russell dejaba caer el teléfono, mientras alguien detrás de la línea se preguntaba WTF con el apodo, el aspirante a capitán pensó que su media naranja estaría destinada a ser de un físico hermosamente perfecto, pero con el coeficiente de un crio de 2 años

¿Por qué siempre me pasan estas cosas a mí?


No podía evitar el hecho de sentirse observado, más cuando su labor se veía afectado por esa percepción, quitándole la concentración que tanto requería.

Leer un libro o un artículo de periódico es una cosa, pero adentrarse en detalles sobre un documento de una sola cara con información precisa pero complicada textualmente, es un caso sumamente serio, y más si ese documento tiene que ver con los avances hechos del perfecto ejército de experimentos del proyecto zombie, o como él lo resumía, proyecto Z (zigma).

No había razones suficientes en el mundo entero para darle una paliza a la persona que lo observaba desde un buen tiempo, pero tampoco tenía la paciencia necesaria para dejar que esa criatura de buenos sentimientos y corazón bondadoso perjudique su trabajo.

Mole se levantó de su asiento frente a su escritorio, mientras Alexa se sorprendía por el repentino cambio…

- ¿qué pasa, niichan? - preguntó inocente

- hay informes que me gustaría que resumieras lo mejor posible, Alexa. Te encargo todos esos archivadores – señalando una columna de casi un metro de alto

- ¡¿todo eso~?! – reclamó la joven - ¡no tendré tiempo para estar contigo! –

-exactamente – dijo, cerrando la puerta no sin antes, mostrarle una sonrisa socarrona

- ¡o-ni-chan! – y fue lo último que escuchó antes de dirigirse a su otra oficina, donde podría tener mayor privacidad para ver los avances que Combult le envió.

Tenía una estrategia con detalles que verificar, un proyecto personal en progreso, y un ejército en producción basado de su experimento.

Era un trabajo agotador, pero era el costo por obtener lo que deseaba desde hace muchos años.

Las cosas iban avanzando bien, el ejército oculto de GENEOHT se movía de acuerdo con lo planeado, pero como siempre, puede haber cabos sueltos. Había puntos críticos de los cuales, no tenía el control absoluto, pero podía remediarlos si los igualaba.

Primero, realizar las actividades más rápido, segundo, modificar los puntos requeridos para su plan, y tercero, pero no menos importante, decidir el tipo de golpe de gracia que le daría a Rushir.

Tenía tiempo pensando en las opciones para dar escarmiento al malnacido que desgracio su vida y la de sus hermanos, en especial de la única persona en quien confió su vida y fue sentenciado a muerte por una ridícula razón.

No es una historia que gustaba recordar casi siempre, pero era lo único que lo mantenía con la ardiente venganza en vida.

Y es por eso que, tomándonos unos pocos minutos, recordaremos el sufrimiento que padeció Mole a una tierna edad de inocencia pura, cuando se creen en los monstruos bajo la cama o cuando piensan que, portándose bien, santa Claus vendrá a darles un merecido obsequio.

Fue hace 25 años atrás, cuando una tiernas criatura de cabellera morada, ojos del mismo color y de una complexión regordeta, jugaba en su cuna de cristal, tocando unas esponjas con formas de animalitos y haciendo que interactúen entre sí.

Detrás de las láminas de vidrio que lo protegían, las atentas y frívolas miradas de dos hombres observaban su acción, mientras que en sus mentes planeaban los métodos a seguir para realizar el tan dichoso descubrimiento de sus vidas.

Cosa que no era para nada un secreto al gobierno y ejército, por que como bien se mencionó antes, el virus se formuló con la intención de mejorar el rendimiento en el cuerpo militar.

Pero luego de una "trágica" muerte al inventor del virus en su nueva fórmula, el doctor Kracter, los seguidores optaron por no desperdiciar nada de aquel legado que dejó el maniático sujeto.

Cosa que a Rushir le fascino a tal punto en que, si los planos dejados por su colega funcionaban, él no repararía en gastos y exprimiría al gobierno para crear la cura a todos sus problemas.

Pero como bien se dice, a veces no todo sale como se espera.

La fórmula no estaba modificada para que el virus pueda coexistir en un organismo viviente diferente al de su origen. Mole nació con ese virus, no era problema poder manejarlo ya que era una extensión de su ser. Es por eso por lo que se llevó a cabo los experimentos con los seleccionados para la primera generación, utilizando a su pequeña fuente infinita de poder. Su martirio era cosa de todos los días, a veces se tomaban un tiempo para inspeccionar lo recolectado, o en otras, para interactuar con el bebé de forma científica.

Desde su tercer mes de vida, Mole padeció todo tipo de extirpación, desde recolectas de cantidades exageradas de sangre, hasta tejido vivo de la cabeza hasta los pies. Obviamente está demás decir que no importaban los lamentos y gritos de dolor del pequeño infante, ya que a nadie le interesaba. Pero tampoco podían desatender las necesidades básicas de un bebé a esa edad.

Había doctoras y enfermeras que se encargaban de cuidarlo, bañarlo, cambiarlo, darle de comer, entre otras obligaciones infantiles. Fueron muy pocas las veces en que una doctora o enfermera se apiadaba de él, y lo cuidaba como un verdadero tesoro.

Pero todas ellas fueron descubiertas, recibiendo dos opciones de castigo. Si eran misericordiosos, o porque veían un potencial difícil de encontrar en otra, le perdonaban la vida y seguiría trabajando en la base. En otras, solo envolvían sus cuerpos en bolsas y las enterraban a unos cuantos kilómetros de la escena del crimen.

Durante las investigaciones, Rushir quería darle unas mejoras al virus. Quería convertirlo en algo único (más de lo que ya era) para favorecer más a la investigación y su nombre. Sin olvidar las ganancias que recibiría al lanzarlo al mercado negro, ya que no iba a trabajar en algo tan grande solo para recibir unos centavos. Empezó la búsqueda de variables opciones, tanto posibles como no, hasta encontrar la forma que su trabajo sea rentable bajo mesa, y que a la vez cubra las necesidades del proyecto requerido por el ejército.

Quien diría que el tener las habilidades de volar, de lanzar rayos láser, de traspasar paredes y otras cosas tan absurdas, vendrían de las bocas de tan célebres eminencias de la ciencia.

Por suerte, y decir muy a la surte de Rushir, el aquel entonces coronel Tiger fue el representante militar para cubrir los puntos del proyecto en las reuniones con el cuerpo científico.

Pocos sabían lo que era ser un militar, muchos solo aseguraban que eran hombres moldeados con maquinaria pesada y rigurosos entrenamientos, educados para servir a la patria y morir por ella. Pero nadie más que él sabía sobre lo que se requería para ser un guerrero modelo y conseguir una victoria.

Y es ahí de donde provienen las categorías implantadas a los primeros sujetos de prueba, comprados clandestinamente por el gobierno. Hombres y mujeres, de todas las edades, fueron puestos a disposición de la central científica para comenzar con la matanza.

Tiger, junto a sus hombres de confianza, eran los únicos que tenían permitido participar del proyecto, pero solamente de espectadores y recomendantes. Todo corría en manos de Rushir.

Pero para ese entonces, Mole ya habría alcanzado su primer año de vida, llevando consigo a sus mejores amigos: dolor y miedo.

Pese a ser un bebé ya crecido, sentía que su vida corría peligro cada vez que hombres de blanco aparecían en su habitación. Él no sabía que hacían con él, o porque lo hacían, pero cada noche tenía pesadillas que una criatura así no debería de tener jamás.

Soñaba con fuego, con gritos, con un rostro que lo observaba y que luego, moría. Él también veía cosas espeluznantes, como sombras o figuras amorfas que se le quedaban viendo desde la esquina de su habitación.

Creerán que, para un bebé de un año, esas cosas son demasiado, pero recordemos que Mole nunca fue normal. Nada en él es y sería normal.

Bueno, no hay que salirnos del tema.

Para cuando la rebelión se alzó y el gobierno dio caza al ejército, Mole aguardaba paciente por los doctores, en su cuna de cristal, sin saber que la libertad se desarrollaba afuera.

Él fue indiferente con esos sucesos, porque al ser de suma importancia, Rushir decidió encerrarlo en uno de sus escondites secretos elaborado por una empresa clandestina de construcción. Mando a fabricar un laboratorio, sobre unas propiedades que fueron dadas a una entidad fuera del enredo, así no habría sospechas y podrían trabajar tranquilamente.

Fue en una zona rural, según recuerda, por el olor a hierba fresca, bañada en roció de la mañana, el sol cálido y brillante, la fresca briza que corre por entre las ventanas y el agua cristalina que corría alrededor del pequeño pueblo artificial.

Pese a las recientes actividades, Mole se sentía seguro y muy protegido en ese lugar. Tal vez era porque las paredes no eran blancas, o no tenía ese olor a desinfectante de hospital o tal vez porque la luz del sol bañaba su rostro y le hacía ver con claridad las cosas. Y eso que contaba únicamente con 4 años.

Los lapsos del tiempo son difíciles, pero para aproximarlo, fueron 3 años de dolor y uno para restablecerse en su nueva ubicación.

Ya llegado el momento, la educación para el pequeño niño comenzó por parte de la mano de Rushir. Él era el único titular y podía hacer lo que le plazca.

Por ello, elaboro un plan para dañarlo psicológicamente y ver en que acababa todo y si podría o no, usarlo para sus fines lucrativos.

Fue el inicio de su nuevo tormento. Rushir poco a poco comenzó a demostrarle su confianza, haciéndole creer que los monstruos que veía en su mente, con batas blancas y filosas navajas, eran parte de su mente y que los niños sanos no deberían de ver eso. Mole pensó entonces que estaba enfermo, que tenía algo en su pequeña cabecita y que tenía miedo si algo malo le sucedía. Pero eso no fue lo que quería el miserable científico. Su tortura comenzó de la siguiente forma: había días en que Mole paseaba de un lado a otro, sin importarle lo difícil de la vida, y en otras, era secuestrado de noche, sin que despertase, solo para abrir los ojos y ver el panorama que sucedía en sus sueños, volverse realidad.

Mole gritaba, pataleaba, imploraba porque alguien lo sacase de ahí, que Rushir volviera y que lo abrazara fuertemente y le dijera que era mentira, una maldita pesadilla.

Y por muy contradictorio que parezca por la imagen del científico, Rushir lo consolaba y lo abrazaba, dándole ánimo para mejorar después de regresarlo a su habitación, sedado, con heridas muy graves que cicatrizaban de la noche a la mañana. Por ello pensaba que eran pesadillas.

Fue patéticamente engañado.

Pero la jugada del buen padre postizo duró poco tiempo, dado que Mole descubrió por accidente el cronograma de su evaluación en el momento que dormía. Desde ese punto es donde todo se vuelve oscuro y frio, así como la celda donde fue encadenado hasta llegado el día de otro acontecimiento, que lo transformó en la maquina asesina que es hoy.

No tiene los recuerdos de todos esos años, o si los tiene, pero no quiere rememorarlas ahora. Los golpes fueron demasiados duros para un niño, tan traumáticos.

Pero difíciles de olvidar.

Las marcas del pasado quedarían en su memoria, incluso después de la muerte. Su venganza iba a ser tan oscura como la muerte que lo abrazo en su niñez y adolescencia.


En las oficinas de los altos mandos, el Mayor y su equipo comenzaron con los preparativos para una nueva misión.

Había un sector nuevo por atacar y recuperar. Tenían pruebas de la actividad de los residentes, además de una investigación bien elaborada con varias bajas en el proceso. Pero ese sacrificio logró dar con la identidad de otro nuevo experimento de segunda generación.

El laboratorio del gobierno era el punto central donde se realizaban la mayoría de los experimentos, pero existían otras sedes ocultas por Tigger que hacían lo mismo solo que con tres o cuatro individuos experimentales como máximo.

Algunos locales explotaron, llevándose a todos en el fuego. Otros lograron escapar, como la mayoría de la planta central. Estos también tuvieron descendencias, propagándose con mayor rapidez ya que el ejército no tenía conocimiento de ellos. Los de IMPERIUM sí, pero no los tomaron en cuenta ya que fueron avisados de las explosiones de los lugares.

Ahora que tenían ese pequeño dato, se dedicaron todo este tiempo a la búsqueda y recolección de la mayor cantidad posible de experimentos, así como lo hicieron con los niños en ese entonces. Ya sean de primera o segunda generación.

En la última misión realizada con éxito, lograron encontrar a una gran cantidad de experimentos de primera, pero su mayor éxito fue el experimento de segunda generación 0184BR, o también llamada Killha, quien era la niña que Flaky protegió en medio de la emboscada.

Ella se encontraba en un sector especial para los experimentos, junto a su abuelo quien era el único familiar que tenía.

Al igual que hicieron con los chicos al momento de traerlos a K-POWM, todos los sobrevivientes fueron puestos a buen recaudo y tratados por los médicos de la base. Algunos tenían heridas profundas, pero sus organismos les permitía curarse ellos solos a un tiempo ligeramente corto. Otros tenían que ser más analizados dado a un grave cuadro de desnutrición y deshidratación, sufrido en confinamiento por los de IMPERIUM. Pero en su mayoría, por no decir todos, sufrían un cuadro depresivo post traumático, originado por las diabólicas tácticas de torturas vividas a manos del enemigo.

Killha y su abuelo estaban en un consultorio, mientras que el medico de turno realizaba un chequeo completo al anciano.

En eso, una figura muy conocida caminó por el pasillo, haciendo que Killha se bajara de la camilla y corriera en dirección al personaje.

- ¡Killha espera! – dijo su abuelo, mientras se levantaba para ir tras la niña

- ¡espera! – gritó ella, haciendo que la frágil figura de Flaky girara hacia su dirección - ¡eres tú, neechan! – sin pensarlo, envolvió en un fuerte abrazo la cintura de la pelirroja.

El anciano venía a leves pasos, dándose cuenta de la situación

-señorita, nos alegra mucho volver a verla – dijo, con una sonrisa muy cálida y unos ojos húmedos por la emoción.

Ninguno sabía que Flick era quien estaba frente a ellos, pero prefirió guardárselo y seguir con la mentira piadosa.

No había necesidad de agacharse, sorprendentemente llevaban casi la misma altura.

-es bueno saber que se encuentran mejor ahora – dijo con una sonrisa a Killha, así aparentaría ser su portadora - ¿están siendo tratados correctamente? –

-así es, señorita – agregó el abuelo

-llámenme Flaky –

-yo soy Barom, el abuelo de esta preciosa niña –

-yo soy Killha – sus ojos estaban más que brillantes de la emoción. Parece que Flick tuvo una conexión inmediata con ella, ya que se parecía a Flaky cuando ésta era más pequeña.

Pequeña en edad y tamaño. Pensó. Realmente hay seres muy pequeñitos. Recordando a su portadora.

-yo me llamo Flaky, y soy uno de los miembros del equipo de rescate. Mi cargo es de capitán –

-¡wow! – dijo la pequeña, mientras la sorpresa se reflejaba perfectamente en todo su redondo rostro - ¿sabes pelear? – sujeto de la mano de la pelirroja - ¿podrías enseñarme? –

-tranquila Killha, no incomodes a la señorita Flaky – a él no le importaba, de hecho, extrañaba esa sensación de sentirse necesitado por alguien tan endeble y frágil como lo había sido su portadora hace tiempo.

-no se preocupe, no es ninguna molestia – miró a la niña – sé cómo luchar, pero no lo hago a menos que sea necesario – frotó la melena castaña de la pequeña – pero puedo enseñarte cómo defenderte cuando alguien quiera lastimarte a ti y tu abuelo –

- ¡sí! – gritó de alegría, mientras alzaba sus delgados brazos al aire - ¡voy a ser tan fuerte y ágil como tú! – volvió a tomarla de la cintura – muchas gracias neechan –

-disculpen – el doctor que los atendía antes caminó hacia ellos – aún no hemos terminado con sus exámenes y los de ella – se cruzó de brazos, muy molesto – si no lo saben, aún quedan muchos pacientes que atender y mi horario está por terminar, pero no me dejarán irme si no cumplo con mi lista – agregó con fastidio – así que tengan la consideración de regresar – señaló la habitación – ahora –

No sabía por qué, pero la forma en como ese idiota trató al anciano y a la niña, hizo que Flick reaccionara con ira y lo enfrentara. No debía exagerar, pero sentía que debía de cuidarlos, más que nada a Killha.

Dado a que ambos estaban frente a Flick, el medico no lo vio sino después cuando éste se acercó hacia él. Sus ojos destellaban el característico brillo asesino, haciéndole tragar duro al doctor.

-no vuelva a dirigirse a ellos de esa manera – la sombra que proyectaba su largo flequillo ayudaba a acentuar más el fosforescente de sus ojos – en especial a ella. No sé cuántas personas te faltan por atender y ni me importan. Es tu trabajo sanarlos del infierno del que sobrevivieron, así que enfócate en lo que haces con devoción y dedicación…a menos que desee perder algo más que su trabajo, ¿entendido? –

El doctor solo asintió, mientras una gota resbalaba frio desde su frente hasta su cuello. De los pocos datos que se tenía de la capitana Flaky, nunca se esperaba ese tipo de reacción, mucho menos, una amenaza tan fría y peligrosa como las que hacia la capitana Petunia.

-e-estaré esperando, allá – volvió a señalar la habitación – por ustedes – dicho esto se marchó sin decir más.

Temiendo el haberse pasado, y más frente a Killha y su abuelo, se giró esperando miedo en sus rostros, pero los enormes ojos celestes como el cielo de la niña lo recibieron con la mayor alegría del mundo.

- ¡eres una heroína! – se río bajo para que el medico no la escuche – le diste una patada en el trasero. Eres la mejor – alzó su pulgar en señal de aprobación.

- ¡Killha! – su abuelo la regañó, pero ella estaba mucho más alegre y feliz como para darse cuenta.

Flick también se sentía feliz por eso. No sabía por qué, pero lo estaba.

-es mejor que regresen para que puedan evaluarlos correctamente. No tendremos en su totalidad a excelentes especialistas médicos, con un trato profesional hacia los pacientes, pero nuestra tecnología podrá verificar si gozan de buena salud o si tienen algún problema en su organismo difícil de detectar –

-nos basta con estar aquí, resguardados del frio y del hambre, con un techo sobre nuestras cabezas y una cama donde dormir – Barom tomó de la mano de su nieta – ya nos vamos. No deseamos causarle más problemas, ya nos vamos – miró a la pequeña – despídete –

- ¡nos vemos pronto, neechan! – se fueron agitando sus manos

-si tienen algún inconveniente, o si necesitan de mi ayuda, no duden ni por un segundo en que estaré para servirles en lo que pueda – dijo, mientras volvía a frotar el cabello de la menor – volveré para visitarlos, lo prometo – se despidió también.

De regreso a su andar sin destino, Flick rememoraba los recuerdos que tenia de Flaky y los comparaba con la delicada imagen de Killha. Ambas podían ser la misma persona, gráciles y hermosas, vibrantes y chispeantes, llenas de vida y mil colores. Salvo que una tiene 18 y la otra 12. La mayor tiene una preciosa y abundante cabellera escarlata, al igual que sus cristalinos ojos, en cambio la menor es de un castaño suave y brillantes ojos celestes.

No sería difícil imaginarse a Killha como la versión infantil de su portadora, pero su encanto es aún mucho más joven. La luz de su preciada niña murió junto con los seres que más amaba en su vida.

El golpeteo que se producía en su cabeza lo desconcentró.

Nuevamente.

Los puños al aire, intentos de gritos, amenazas e insultos que podrían ser hechos por una niña de 5 años, retumbaban en su mente sin cesar, causándole una leve migraña. Pero él hacía todo lo posible por que su querida portadora no se liberase de la prisión momentánea y causara más problemas a su alrededor.

Más de lo que ya había hecho.

-es mejor que te comportes, señorita – el tono de voz que usaba con ella era una reprimenda suave, casi como en suplica. Odiaba enfrentarse a ella, pero no quería verla sufrir

-¡entonces ya suéltame, Flick! – gruño con mucha ira, mientras lanzaba unos conejos de peluches a la nada - ¡dejame salir de aquí! –

-no puedo hacer eso, ya que rompiste una mesa y luego la nariz a uno de esos piratas – comenzó explicando – intentaste morder la mano del grandote, luego de que intentaran amordazarte y amarrarte a la cama. Es ahí donde tuve que intervenir, más por la seguridad de ellos – Flick debía mantenerse calmado y tranquilo para no alterar el rumbo de energía que mantenía presa a su portadora. Era una labor algo rigurosa, ya que necesitaba de la mayor concentración posible, cosa que por poco la pierde al enfrentar al ridículo de Cuddles – voy a mantenerte encerrada hasta que decidas parar toda esa niñería, o al menos, dejar a alguien con un ojo morado –

- ¡no puedes hacerlo por mucho tiempo! – sus golpes hacían eco en aquella enorme habitación, plagada de peluches, juguetes, una enorme cama con dosel y luces colgantes brillantes como estrellas. Flaky miraba una vez más el escenario, cruzándose de brazos – es increíble, de todos los lugares que pudieran existir, tú solo escogiste este – dijo furiosa – no soy una niña y lo sabes – el puchero que hizo solo resaltaba su contrario parecer.

Él atinó a reírse de lo dulce que se veía, a pesar de verse poco antes como uno de esos chihuahuas muy pequeños de los que antes, ambos, le tenían mucho pavor.

-sabes que yo sé lo que te gusta, Flaky. No trates de mentirme, a mí de todos en el mundo – Flaky sabía que él tenía razón. No había manera alguna en que lograra engañar a su ente sin importar las palabras que diga o piense.

Resignada, tomó uno de los peluches y camino a la enorme cama, sentándose en la orilla y abrazando al tierno animal esponjoso.

De repente, su semblante de enojo cambió a uno realmente triste. Su energía de antes, aquella con la que luchaba para escapar de su encierro, fue remplazado por desolación y la pena.

-soy una completa inútil – dijo, con el dolor plasmado en cada palabra. Sus brazos sujetaron con mayor fuerza al animal – nada de lo que diga o haga, podrá resolver los problemas de los demás. Siempre voy a ser una carga, un peso muerto, el obstáculo de muchos…y de mí misma –

La negrura que la envolvía solo causaba dolor en Flick. Odiaba verla tan desecha, al contrario de la radiante vibra que emitía Killha.

Si, puede que ambas sean parecidas, pero ahora mismo las dividía un enorme abismo. Él deseaba que vuelva a ser aquella inocente y brillante criatura, que se alegraba por cualquier insignificante detalle de la vida, como el aleteo de una mariposa, o hasta cuando los rayos del sol la bañaban con su calidez. Aun recordaba esas noches en que se quedaba despierta, jugando con la luz de su lampara y formaba figuras con sus dedos. También cuando se esmeraba en pegar los coditos de maíz en el dibujo y pintarlos sin manchar su obra maestra. Detalles tan insignificantes en el ayer, que ahora son uno de los tesoros más importantes para él.

No quería abrumarla con sus pensamientos, sabía que ella podía sentirlo.

- ¡deja de hablar así de ti! – las veces en que se enojaba con Flaky, muy raras veces, eran cuando ella misma se lastimaba o se insultaba. No podía tolerarlo – no quiero volver a oírte decir eso. Tú no eres ni inútil, ni tonta, ni nada malo que se te ocurre en esa cabecita tuya. Es solo que…- Flick guardó silencio, ya que no quería decirlo para no empeorarlo, pero su silencio solo causo ira en la pelirroja

- ¡vamos, dilo! ¡Soy débil y eso todos lo saben! – Flaky lanzó el peluche hacia una pila enorme de almohadas – no tengo agilidad, ni fuerza, ni resistencia, ni algo que sea de utilidad. Además, como dijo Cuddles, me la paso llorando por cosas que nunca sucederán o en vano. ¡siempre ha sido así y nunca cambiare, porque no sirvo en este papel que me encomendaron para la batalla! –

Flick seguía sin decir nada, lo que frustraba más a le pelirroja

- ¡di algo, maldición! –

-no debes maldecir, es una mala palabra –

Flaky gruñó, cubriéndose con una almohada rosada y esponjosa.

-papá y mamá te castigarían si dijeses malas palabras –

Ella estaba entrando al límite de su paciencia, su alter ego lo sabía muy bien

- ¡no los uses en este momento! ¡y maldeciré todo lo que quiera! –

-si lo haces, no te dejare salir hasta que pidas perdón por tu mal actuar, señorita -

Fue lo más tolerable que pudo aguantar. Flaky se lanzó de cara a la cama y grito esta vez, opacando la bulla mediante el colchón.

De repente Flick se detuvo en su andar, reflejándose dentro de aquel lugar

-no iba a decir débil. La palabra que busco es…ingenua –

Flaky, al momento de escuchar esas palabras, dejo de estrangular una almohada que había alcanzado en su momento de arrebato

-tu corazón permite albergar palabras falsas, vacías, sin valor de aquellos que desean lastimarte, pero que lo hacen ver como si fuesen dulces encantos. Le darías la mano a quien sea, pese a que te traiga sufrimiento propio. No eres ni débil ni inútil, eres todo lo contrario – se acercó a la cama, tomando su rostro y acariciando sus mejillas – eres fuerte por soportar el dolor y la traición de otros, solo para verlos felices. Eres útil dado a que tú, y solo tú, puedes afrontar las cosas de la forma en que nadie más lo haría. Eres la responsable de escuchar y salvar esas voces perdidas en los campos – el rostro brillante de Killha vino a su mente – eres una heroína, Flaky –

-Flick – el asomo de una lagrima afloraba desde sus cristalinos escarlatas

-mantienes a tu gente unida, pese a que sean ellos quienes no acaten tus advertencias y ordenes –

-sí, es cierto – sonrió al recordar una anécdota en la que por poco fueron derrotados, ya que alguien decidió enfrentarse solo a los soldados y no esperar a que llegaran los refuerzos – Did no es bueno en esperar a la señal –

-eres la principal fuente de energía que puede favorecer tanto a otros portadores como anular el avance del enemigo –

- ¡fue un accidente! – recordar aquella vez, en que soltó ligeras descargas cerca al rastreador enemigo y dio la ubicación de su grupo, solo le causaba mucha vergüenza y enojo hacia ella misma – ellos me siguieron a donde mi equipo cuando me sentí perdida. Yo no/ -

-Flaky – el muchacho pelirrojo sostuvo con más fuerza su rostro, zarandeándola – fuiste tú, y tu necedad lo que trajo de vuelta a quien muchos lo consideraban muerto –

Esa respuesta fue una bala de hierro fundiéndose en su pequeño corazón. El dolor de saberlo perdido, luego encontrar su cuerpo tan caliente como el amor que le tiene, solo para descubrir después que quien porta la carcasa de su amado soldado, sea el ente a quien más aborrece con todas sus fuerzas.

No iba a perdonárselo, ni en esta vida ni en otra. Iba a desaparecerlo para siempre, al responsable del sufrimiento de Flippy.

Aunque eso signifique no volver a verlo jamás.

A pesar del odio y las energías negativas que sentía, le era difícil manejarlas con el corazón destrozado. Flick lo podía sentir, por ello dejo de hablar y regresar a la realidad.

-yo cuidare de ti hasta entonces. Nada ni nadie se atreverá a utilizarte más de lo que hicieron – Flaky no dijo palabra alguna, no había necesidad de hacerlo cuando él podía sentir su angustia – te lo prometo mi niña, tu dolor acabara pronto –


La plaza estaba algo movida. El motivo, lo desconocía, pero no era impedimento de completar su misión auto encomendada.

Cuando escucho los ladridos a su izquierda, logró divisar al grupo de amantes caninos. Did corrió rápidamente, siendo recibido por varias patitas y muchas lamidas. Táctica que usaron los perros para que un grupo se apoderara de la comida y corrieran en otra dirección.

- ¡hey, eso es para todos! - Did corrió detrás de ellos, mientras que los dueños de los canes reían sin parar por la cómica escena. Al parecer a él no le importaba, siempre y cuando los animales estuvieran felices y sanos.

Luego de un momento de plática con todas las personas, Splendid estuvo a punto de marcharse, cuando nota una pequeña cabecita asomarse de un escondrijo.

- ¿de quién es ese perro? – el animal era pequeño. Demasiado pequeño. Sus enormes y negros ojos lo observaban con tristeza y recelo, aguardando a que nadie se acercara mientras iba corriendo a recoger un trozo de pan en salsa.

De repente, un perro mucho más grande le arrebata el ultimo bocado, no sin antes intentar morderlo para espantarlo.

Al presenciar tal escena, el peli celeste corre en dirección del animal, pero este se esconde más profundo en el agujero.

-olvídalo muchacho, ese animal es caso perdido – dijo uno de los dueños – hemos intentado atraparlo y juntarlo con la manada, pero no se deja o no quiere. Vive ahí sin mucho más que hacer –

-pero él… - al contemplarlo bien, pese a la pequeña bola que se formó, logra percatarse que el can tenía un collar y una placa alrededor de su cuello – debe tener dueño –

-hemos intentado averiguar, pero no lo sabremos hasta atraparlo – comentó una mujer

Splendid temía por la vida del pequeño. Ninguno de los perros parecía querer incluirlo a la manada. Todos tenían un buen lazo, pero él era la excepción

-voy a atraparlo, le buscare a su dueño y lo devolveré –

-buena suerte muchacho, solo no te dejes convencer por su carita– Did lo mira confundido – ese de ahí, tiene unos dientes muy filudos –

-sea como sea, tengo que encontrar a sus dueños –

Entonces un plan se le vino a la mente. Uno que tal vez le cueste trabajo realizar, pero haría todo lo que estuviese en sus manos.


En la zona de abastecimientos, un par de individuos contemplaban el pasar de los transeúntes, camuflando sus verdaderas intenciones como un refrigerio entre amigos.

Robert leía una libreta con el trabajo que su compañero realizó. En el estaban todos los detalles importantes solicitados por su jefe. Cada minúsculo punto era esencial para formar a la perfección un plan de contingencia, si el original no daba el resultado esperado.

El peliverde en cambio, estaba más concentrado en la nada, mirando al azar a las personas, entonces Robert le llama

- ¿has dormido bien? – miró hacia él con sutileza

Fliqpy solo bufo, mientras volvía sus ojos dorados al frente

- ¿crees que he tenido tiempo para pestañear? – agregó con fastidio – hay mucho trabajo por hacer, no tenemos tiempo –

-lo sé…solo que me preocupo de mis piezas en el juego – Fliqpy lo mira de reojo – sabes que cualquier movimiento en falso y se acabó todo. No lo volveremos a contar – soltó serio

-no tienes que repetírmelo –

-sí tengo que, y lo haré hasta el cansancio – cambio de hoja, leyendo más la información – veo que te tomaste en serio eso de ser el diablo, pero no quiero que llames más la atención, o al menos hasta que lo necesitemos –

Un tic en su ojo fue notorio, pero ese no era el único detalle visible. Su papel en toda esa misión secreta correspondía a un movimiento sumamente importante. Sabía que no debía fallar, mucho menos en dudar. Cada segundo estaba justificado y si algo era cambiado, él debía devolverlo a su lugar y continuar hasta el final.

Pero la presencia de todos los allegados al soldado estaba en medio de la acción. No había forma de como moverse sin ser descubierto, más siendo él el centro de atención. Cada respirar que daba iba a ser anotado en la bitácora de la sospecha, según las palabras dichas por el Mayor y todos los presentes en la reunión de esta mañana

Flashback:

Fliqpy fue llamado, junto con Robert a la oficina de su antiguo maestro. Él estaba demasiado cansado dado a toda su investigación nocturna, sin darle un segundo para el descanso. Cuando ingresaron, fueron recibidos por punzantes miradas cargadas de rencor

-tomen asiento – dijo Rat, mientras se acercaba al lado del jefe – ante todo, buenos días –

-caballeros – dijo Robert en modo de saludo. Fliqpy se quedó en silencio – que grato saludarlos de nuevo –

-yo no quería vomitar en la mañana, pero no tenía opción o me quitarían el sueldo. Además, ya me preparé para recibirlos, ya que de camino vi un enorme popo de perro – Bud revolvía una enorme taza de café, mientras vertida de una botella un poco de licor a la bebida.

La palabra que pensó el exsoldado fue "grandioso".

-interesante hallazgo – Robert contuvo sus ganas de devolverle el golpe al anciano y prefirió restarle más importancia – bueno y ¿a qué se debe el placer? –

-lamebotas – susurró Bud, a lo que el Mayor levanto su mano e indicó que guardara silencio. Se tomo un segundo en ver al antiguo niño que crio como suyo, y luego pasó a la conversación –

-antes que nada, quiero darles una advertencia a los dos – señaló en su dirección – dado al trabajo excesivo que tuvimos mis compañeros y yo, pudimos darnos cuenta de movimientos extraños captados en las cámaras de vigilancia – sus ojos se posaron en Fliqpy – no sé qué es lo que traman ustedes dos aquí, pero les aseguro que no vamos a permitir que ningún tornillo se suelte sin que lo sepa. Así que es sugiero parar, sea lo que estén haciendo –

Una sonrisa de autosuficiencia se posó en Robert, mientras que el ente demoniaco se sorprendía de ser descubierto sin que lograse percatarse.

Iba a mejorar ese pequeño detalle.

-no sé qué le hace creer que estamos aquí para tramar algo, aparte de lo que hablamos ayer – sostuvo la mirada con el Mayor, mientras que Bud y Rat resoplaban con rabia – y tampoco es que me sienta cómodo en este lugar, sino fuera por la necesidad de estar con mi hija. Pero conociendo bien el caso, no puedo llevármela. Además – sujetando del hombro a Fliqpy – este muchacho, perdón, este hombre no puede alejarse de mí a menos que se lo indique, ya que, como bien saben, a él le…encanta hacer sus travesuras – la sonrisa que ofrecía era casi tan parecida a la de Fliqpy. Tan misteriosa y retorcida

El Mayor lo observaba, con temple, sin demostrar alguna señal de lo que pensaba. Menos Bud quien soltaba todo sin medida como siempre

-lo sabía, tu nuevo dueño ya sabe de lo que eres capaz, perro sarnoso – el peli verde solo atinó a sonreírle, provocándole más odio al senil maestro

-como sea, dado que no hay más que decir –

-aguarden un segundo – el Mayor se levantó y se sentó sobre su escritorio, frente a ellos. Su porte reforzaba la fuerza y sabiduría que ostentaba un líder verdadero. El respeto se observaba en los ojos de los espectadores, como también el odio y aberración de los enemigos. Un ejemplo en el caso del par de invitados – espero que no se tomen a la ligera lo que acabo de decirles, ya que no quiero recurrir a medidas extremas contra ustedes – sus ojos no podían apartarse de los de Fliqpy, quien trataba de sostenerle la mirada, a pesar de lo incomodo que era para el ente – así que, si no tienen más que hacer en este lugar, les sugiero que reposen sus traseros en una de las sillas del comedor, pidan un delicioso café y se mantengan al margen de lo que les compete. ¿Entendido? – a pesar de decirlo mirando solo a Fliqpy, la advertencia iba dirigida a ambos.

El peliverde sonrió más grande y altanero, mientras que Robert se levantaba y caminaba a la salida.

Flashback

Sus pasos van a ser observados desde ahora, así que no le queda más opción que mantenerse al margen hasta que logre desaparecer del radar.

Si quería acelerar las cosas, debía encontrar algo que llame por completo la atención de los superiores, así terminaría de revisar las otras zonas faltantes. Pero he ahí el problema, no se le ocurría algo increíble, haciéndole dudar de la veracidad de sus actos. Tenía que ser algo que no provocara dudas, que sea de la atención absoluta del Mayor y los ancianos, incluyendo a los otros idiotas en su totalidad.

Algo que pueda comenzar y que lo pueda terminar. Algo que sea de utilidad y que los mantenga distantes a él. Algo que tenga un gran valor en ellos, pero que sería casi imposible de obtenerlo. Algo como…

Entonces, una luz se le prendió a Fliqpy, mientras la sonrisa más macabra se abría paso entre sus labios, mostrando unos colmillos filosos y venenosos.

Tenía un delicioso plan.

Robert se percató del comportamiento de su mano derecha. No quería estar en algo de lo que no tenía conocimiento, así que le pregunto con interés genuino. Cuando algo se le metía a la cabeza al ente demoniaco, ni siquiera Dios podía detenerlo.

-esa sonrisa me dice algo – susurró, cautivado por la promesa oscura que iba a presentarse en su respuesta - ¿y bien? –

Fliqpy miraba a los transeúntes caminar en varias direcciones. Pero el rostro de aquellos seres sin valor alguno para él, fueron cambiando a la faz de los principales personajes de tan malvado juego.

Girando su rostro hacia el líder, él le respondió con una voz gutural y enfermiza

-tengo un plan~ –