El día aún no acababa, al igual que todas las labores dentro de la base.

Luego de tener esa pequeña reunión con el líder de los rebeldes, el Mayor y su equipo prosiguieron al siguiente punto de la agenda, cuál era la realización del plan para la siguiente misión de recuperación.

Como se mencionó anteriormente, se logró dar con la ubicación de otro experimento de segunda generación. Tenían todos sus movimientos registrados; desde el momento en que se despertaba hasta cuando volvía a la cama. Cada detalle estaba pulcramente detallado en los informes entregados a los miembros del consejo, a los líderes y al equipo encargado de los planos de aquel lugar.

Muchos miembros que involucraron el equipo de investigación habían perecido ante las armas de los enemigos que rondaban cerca del perímetro y la peligrosa fauna que habitaba oculta entre la vegetación, todo por conseguir la mayor información posible de su objetivo. Una vez entregada la data, los especialistas armaron un cuadro completo y detallado con toda la información del espécimen, resaltando más que nada las cualidades, defectos y fortalezas del experimento.

Uno de los tantos obstaculos se concentraba específicamente en la habilidad del experimento en cuestión.

Su habilidad de camuflaje había sido tan perfecta, que pasaron meses para que lograran dar con un primer indicio de actividad en una ciudad destruida, donde solo quedaban escombros y edificios a punto de derrumbarse. Era una ciudad conocida por su extravagante estilo de vida, donde las apuestas y la mercadería ilegal se volvía en la solvencia de muchas familias que habitaron una vez. Los callejones y pasajes eran tantos y de diferentes tamaños que era imposible no perderse. Así es como al comienzo, muchos de los miembros de búsqueda se extraviaron y murieron ya sea por las edificaciones endebles, los animales que decidieron habitar ahí, o por las trampas puestas por las pocas personas que decidieron tomar ese lugar como su refugio.

El Mayor sabía que estaban entrando a un laberinto, y que el primer movimiento en falso les haría perder no solo todo el esfuerzo impuesto en esta misión, sino a sus hombres, equipos y valioso tiempo. Tenían que acordar cada detalle al más mínimo milímetro de perfección.

-aquí, en esta zona del mapa, será la central de comunicaciones que prepararemos al llegar– Rat explicaba con ayuda de los documentos entregados a los presentes– la geografía del terreno no son tan perfectas debido a sus desniveles y su humedad, incluyendo las edificaciones que bordean el lugar haciéndola poco espaciosa. pero según nuestros especialistas, es el mejor punto donde podemos mantenerlos resguardados cerca del área y sin ser detectados por el experimento –

- ¿cómo se llevará a cabo el transporte de los equipos? – consultó uno de los presentes en la misión

– las naves no podrán desembarcar directamente o cerca de ahí, por ende el traslado será mediante los vehículos de tripulación. Pero no tomará mucho tiempo ya que emplearemos 5 vehículos para su transporte, incluyendo al equipo de comunicaciones y radio. Un equipo para cada capitán – entonces Rat recordó que Lummpy no sería partícipe de esta misión - bueno, es decir…–

– contamos con otro especialista que reemplazará las funciones de uno de los mandos, temporalmente. De momento, estamos coordinando su llegada y sus funciones –

Salvó el Mayor al general, siendo comprendido por los ahí presentes. La orden de que Lummpy fuese mandado a la otra base era de conocimiento general, más no el motivo real.

– y ¿qué sucede con los equipos grandes del área de comunicación? – levantó la mano el responsable de dicha área en las misiones - ¿no será difícil manejarlas con tan poco espacio?, temo que la recepción en los equipos sea débil y nos enfrentemos a lo desconocido si algo sucede con nuestras antenas de corto alcance –

– las modificaciones de las antenas y las radios ya están siendo manejadas por nuestros técnicos. No contaremos con mucho tiempo para dar códigos extensos, así que se preparará un nuevo listado de claves para los miembros de la misión –

En cada misión, dado que el enemigo siempre está al pendiente, se crea una lista con palabras claves para indicar el movimiento ya sea enemigo o su propio bando.

– ¿será esto acaso una misión de atrápalo y corre? – dijo otro representante – esta vez sugiero que los coordinadores se tomen su tiempo en crear un mapa de ruta con múltiples vías de escape. Hay mucho en juego –

– vamos hombre, no seas tan cobarde desde tan temprano – Bud sermoneó – además, ¿qué es un poco de adrenalina en los huesos, mientras tu alma se escapa de tu cuerpo y ves pasar tu vida a través de tus ojos? – tomó un sorbo de un café, cual ya tenía más alcohol que cafeína en la taza.

– pensé que habíamos acordado nada de bebidas en las reuniones, incluyendo las etílicas – criticó un miembro del consejo. El presidente, rojo de la ira, miró en dirección al Mayor, solicitando en silencio que actuase y reprendiera a su subordinado. Este, al contrario, dio un vago reproche a su amigo

– Bud, deja eso – dijo como quien le dice a un niño pequeño. Bud solo sonreía mientras negaba y dejaba a un lado su bebida – y sobre ese asunto, pierdan total cuidado – aludiendo al tema de las vías – nos encargamos de planificar cada punto con la debida perfección del caso – de repente su rostro reflejaba una sería preocupación – solo que…hay un problema muy grave del que preocuparnos –

– ¿de qué se trata? – habló el presidente del consejo con un leve tono de preocupación en su voz

– en las misiones que se llevaron a cabo en la bahía y en la calle 212, se presentaron de uno a dos experimentos de 3 generación como mucho, pero en esta última fueron cuatro de ellos. Temo, por Dios que lo hago, que el enemigo esté realizando algún plan estratégico donde nos lancen una bomba* y desestabilizan nuestro plan, mientras tratan de bajar nuestras fuerzas –

Aquellas palabras no fueron más que pesadez y miedo puro posándose en los hombros de todos los presentes.

Al comienzo, cuando llegaron al lugar donde se encontraban unos experimentos de primera generación, no dudaron ni por un segundo en salir corriendo al presenciar por primera vez los experimentos de tercera generación. Especímenes con las habilidades robadas y clonadas de sus capitanes. Tuvieron suerte de escapar esta vez de ahí.

Pero aquel grupo que fueron a salvar, no lo lograron.

Más adelante, junto a la información que fueron recopilando en cada misión, fueron estudiando poco a poco aquellas cosas en cada aspecto importante como no. Pero siempre había algo nuevo que descubrir, por ello se les dificulta lograr vencerlos sin el apoyo de sus camaradas.

Ahora, como mencionó el Mayor, la presencia de esas cosas era al comienzo de un solo monstruo, luego fueron dos. esta vez, sorpresivamente fueron cuatro. No tenía idea si el enemigo llegaría con otro número más o si de repente, IMPERIUM decidía lanzar todo lo que tenía contra ellos de una vez por todas.

No existiría Dios alguno que cuidase de ellos si ese apocalipsis sucediera.

Tenía que asegurarse que sus hombres, incluyendo a los capitanes, lleven una preparada doctrina de lucha y autodefensa. Cada uno de ellos están capacitados para enfrentar a los soldados de IMPERIUM o casi a los gemelos ANTS, pero el tratar de derrotar a esas cosas iba más allá de su preparación actual.

El miedo y el estrés lo iban a matar.

-Entonces, ¿qué sugiere que hagamos, Mayor? – preguntó uno de sus hombres.

Y el mayor no supo cómo responder a esa duda.

El silencio que se cierne sobre esa habitación no presagiaba nada bueno en el futuro de todos. Si aquel hombre que fue capaz de resurgir de los muertos y hacerle frente al asesino nocturno callaba ante tal pregunta, significaba que todos debían rezar por sus pobres almas y afrontar al enemigo con las esperanzas como armas.

– prepararnos, eso haremos – soltó con una resignación total, mientras sus ojos contemplaban el plano de la nueva misión.

A Bud no le parecía una respuesta que normalmente diría su mejor amigo de batallas y cervezas. Algo lo estaba atormentando profundamente, tanto que lograba sacar la desesperanza a flote y mostraba un rostro tan perdido y lúgubre, antes de siquiera enfrentar los problemas.

– Es así, ¿eh? – dijo este con un suspiro cansino – entonces no es un gran problema como yo pensaba – el Mayor alzó la vista al otro anciano – si solo es cosa de mejorar nuestras habilidades, entonces dalo por hecho. Nunca estuve más animado por mostrar un poco del amor que les tengo a esos desgraciados. Será motivo suficiente para desencadenar toda la gloria que hay en mí – lanzó unos puños al aire, dando un aire de superioridad.

Todos creían que el general no se tomaba en serio la situación, pero Rat sabía por qué actuaba de esa forma. A simple vista, el Mayor no se estaba comportando como normalmente lo hacía. Pero no es para menos, después de todo el drama que se vivió en tan pocas horas.

El Mayor sabía que su amigo solo trataba de animarlo a su manera, pero no podía evitar el enorme problema solo con chistes y mofas.

- por una vez en tu vida, tómate las cosas en serio – el cambio en su tono de voz fue imperceptible para casi todos, como si fuera una aburrida llamada de atención. Pero para sus dos compañeros, sonó como un látigo rompiendo el aire, chasqueando con la fuerza de un trueno.

Esta desgracia estaba cambiando a todos.

Bud solo lo miró, sin decir o hacer nada más, cosa que sorprendió verdaderamente a todos, ya que ni con un castigo tan severo se podría domar a tan incesable sujeto. Rat fue otro quien guardó silencio ante tan brusco actuar.

–hay muchas cosas por hacer, no podemos tomarnos el tiempo de bromear si queremos que esta misión sea un éxito – tomó los documentos frente a él y comenzó a hojearlos – tomaré la tarea de las posibles rutas de escape en caso de encontrarnos con esas cosas, además de planear uno que otro posible escenario – todos lo escuchaban atento ya que empezó a emerger la preocupación en su voz – también realizaré un plan de entrenamiento para mis capitanes y mi equipo especial. Daré los permisos para la preparación de nuevos equipos e indumentarias y estaré en los procesos de fabricación. Además, asistiré a las reuniones de los representantes con cada especialidad, coordinando los horarios entre todos por supuesto –

La enorme carga que se estaba dando él mismo, era una forma de mantener su mente concentrada y no pensar en las infinitas posibilidades de ser atrapados por IMPERIUM. Temía que todos los esfuerzos logrados hasta ahora fueran arrebatados tan fácilmente por un simple error. Nunca se perdonaría a sí mismo si algo fallaba o si alguien salía herido, o peor. Su miedo era racional, pensaba él, pero no esperaba que los demás lo entendieran, así que es mejor mantener las apariencias y mostrar seguridad en sus actos.

Cosa que ni a Bud ni a Rat logró convencer del todo.

– ¿está seguro de eso, Mayor? – el presidente del consejo lo miraba dudoso. Muchas responsabilidades podrían perjudicar su raciocinio y provocar alguna falla en el plan, pero la seguridad con la que trabaja ese hombre lograba silenciarlos a todos.

El jefe solo asintió, dando por concluida su participación en la reunión

– Entonces así será. Espero ninguna falla en esto, Mayor – pese a la presión que emitían esas palabras, el mayor no vacilará y daría todo de sí para conseguir buenos resultados, como siempre lo hacía.

Como siempre fue, como siempre lo hice.

*se refiere a un ataque sorpresa


En la central médica había largas colas de pacientes esperando sus turnos para ser atendidos. Desde emergencias y cirugías, hasta simples chequeos de rutina.

Pero en una de las áreas especializadas, las personas que aguardaban su turno eran muy pocas. Dado al tipo de servicio, muchas mujeres no requerían esperar tanto para ser atendidas por la obstetra en turno.

La única de la base.

Desde que tomó asiento en una de las sillas fuera del consultorio, Petunia no podía aguantar los nervios, lo que le provocaba unas fuertes ganas de vomitar. Ya había desaparecido tres veces en el baño, votando todo lo que había consumido esa mañana.

Se había dado una vuelta al área común para alimentarse. Pero lo único que podía soportar eran esas barras energéticas que antes odiaba, debido a su alto contenido de azúcar y preservantes. Nunca pensó que su bebé amaría esas cosas.

–ni pienses que te daré dulces cuando nazcas – dijo, frotando su vientre y limpiando las gotas de agua en su rostro lavado. Volvió a su sitio, estaba pálida pero más calmada.

El agotador proceso de vomitar nunca fue tan trabajoso en su vida.

-me pregunto si así se sienten las personas bulímicas – refiriéndose al malestar posterior.

Unas risas provenientes a su izquierda llamaron su atención. Una joven pareja estaba coqueteando entre ellos, el hombre abrazaba a su muy embarazada pareja mientras le propinaba muchos besos en todo su rostro.

Y más allá, una señora muy radiante y feliz tejía un abriguito de bebé, mientras su esposo masajeaba sus tobillos, a la par que besaba cada uno de sus dedos.

Petunia nunca se sintió tan dolida como ahora al ver tales escenas. Solo causaba que su corazón se quebrara cada vez más.

Aguantó como pudo las amargas lágrimas que amenazaban con librarse, junto a un terrible llanto. Quería atribuirlo al embarazo, pero no podía mentirse de esa manera.

Deseaba que aquella felicidad con la que vivían esas parejas se pareciera a la de ella y Handy, mientras aguardaban los días para recibir con mucho amor la bendición de sus vidas. Pero no podría ser así, aunque lo pidiera con todo su ser.

La puerta se abrió y una enfermera llamó en código el siguiente nombre de la lista.

– la doctora la está esperando –

Petunia se acomodó la gorra y se cubrió con la capucha de su polera. No deseaba que nadie se enterara de su embarazo hasta poder manejarlo por sí sola.

Cuando entró, la joven mujer con bata blanca esperaba paciente frente a su escritorio. Las arrugas de sus ojos almendrado se marcaron más ante la felicidad de recibir a Petunia, tomándola con un fuerte y cálido abrazo

– ponte cómoda – instó a que tomara asiento – nunca pensé que llegaría este día, querida Petunia – dijo la doctora con una amable sonrisa en su rostro, pero cambió de semblante al ver el aura triste y melancólica de su paciente – pero tampoco me esperaba que se dieran en estas circunstancias –

– yo tampoco – respondió la peli azul – pero aquí estamos –

– aquí estamos – concordó la médico – entonces, empecemos con esto, cariño –

– espere – antes de comenzar la consulta, Petunia se dirigió rápidamente hacia la puerta y la trabó con seguro. La doctora pudo notar el nerviosismo en sus torpes movimientos con la cerradura.

– querida, no tienes de qué preocuparte – la doctora la tomó de las manos, mientras trataba de darle un poco de calor a sus fríos dedos – te prometí que esto estaría guardado bajo llave – con un dedo, alzó el mentón de su deprimida paciente – aunque me obliguen a dar informes de ustedes por ser quienes son, mi política de médico/paciente va primero, la salud y estabilidad mental de mis pacientes va primero. Si no deseas decir nada a nadie, voy a respetar eso, así que puedes estar segura aquí conmigo –

Petunia agradecía infinitamente a la doctora Branny. Ella fue uno de los pocos médicos que fueron salvados de las garras de Tigger y se volvió parte de la organización como agradecimiento. Algunos se volvieron fríos y creídos por su posición, pero ella mantuvo su humildad y ayudó a muchas mujeres a traer a sus hijos al mundo. Petunia tuvo que asistirla cuando rescataron a otro grupo y una mujer estaba en proceso de parto dentro de la nave. Fue algo increíble y sorprendente presenciar cómo Branny actuó ante tan maravilloso evento de la vida.

Ahora las cosas se volvieron al revés y sería apoyada por esta increíble mujer.

Las preguntas comenzaron para realizar su historial secreto.

Branny tenía una idea de las cosas que habían ocurrido entre ella y su famoso novio, pero escuchar todo de la boca de la peli azul acrecentaba más la sorpresa y compartía su simpatía por ella. Luego procedió a realizarle una ecografía, para aplacar la angustia de la madre primeriza.

– Sé que sabes cómo es esto, pero es sorprendente vivirlo de primera mano – Branny le colocó un poco de gel en su vientre, asustándola debido a lo frío que estaba. Petunia estaba muy sensible a todo esto, era nueva y tenía miedo, pero la compañía de la doctora aplacaba un poco ese temor.

Si estuvieras aquí, a mi lado, me sentiría mucho mejor.

De repente un pitido se escuchó a su lado, mostrando en la pantalla un fondo negro con ligeras manchas blancas en el centro.

– Veamos… – Branny movía la sonda con mucho cuidado – relájate, cariño, lo estás haciendo bien – lo decía por la acelerada agitación de la peli azul.

La emoción estaba desbordando en ella. No sabía si eran malas o buenas, pero, aunque sabía que una vida crecía dentro suyo, el verlo con sus propios ojos era una sensación mucho más fuerte. Quería verlo, necesitaba creerlo de una vez.

Así como sus ojos le hicieron creer todas las desgracias que le causaron dolor en su vida.

De repente el nerviosismo que sentía antes, pasó a ser un doloroso malestar en su pecho.

Todos los recuerdos de su pasado que le causaron terribles pesadillas, afloraron vívidamente en su cabeza. Aquellas escenas donde sus manos se mancharon de sangre, mientras los gritos de agonía y sufrimiento coreaban a gritos su nombre, inflados de ira, de pena, de maldad, de aborrecimiento.

De muerte.

Era así.

Todo lo que ella tocaba se volvía en pura destrucción. Todas las personas que ella tocó se volvían cenizas.

Entonces comprendió algo completamente catastrófico.

Su bebé. Su pequeño pedazo de vida.

Si ella lo tomaba en brazos, podría hacerle daño. Podría destruirlo. Podría volverlo cenizas.

Tenía miedo. Mucho miedo. No quería tocar a su bebé, no quería ver a su bebé. No podría tenerlo a salvo, cuando ella misma le causaría mucho daño.

¡No quiero, no a mi bebé!

Gritaba en su interior, pero las voces de aquellos a quienes lastimó se escuchaban sobre su voz.

¡No quiero lastimar a mi bebé!

Sus puños hacían mucha presión, clavándose las uñas en la palma de sus manos. Ni siquiera ese dolor podía sacarla del trance en el que estaba

¡Mi bebé, tengo que salvar a mi bebé!

- ¡tengo…que! – sus labios se movían, emergiendo las voces de su interior. Eran un simple susurro, pero su deseo era tan fuerte que no podía controlarlo por más tiempo.

Entonces…

– ¡oh, ahí está! –

La voz cargada de emoción de la doctora fue lo único que pudo sacarla de su infierno mental. Petunia abrió enormemente los ojos, mientras las perlas de su sudor resbalaban de su frente por todo su rostro. Tanta fue la presión que estaba soportando que la sangre en la herida de su mano goteaba sin impedimento hasta el suelo, manchando de paso las sábanas de la camilla.

Pero nada de eso le importaba. Nada de lo que pudiera estar diciendo en ese momento Branny, o cualquier otro sonido, podía penetrar en su conciencia, mientras esta se cargaba de la imagen presentada en la pantalla.

No media más que dos pulgares, pero sabía que era él.

Su bebé, su hijo.

Su preciada vida.

– ¡mi bebé…! – susurró anonadada, mientras las lágrimas surgían sin parar.

Un sentimiento de felicidad pura la embargó por completo, llenándola de algo que había sentido hace mucho tiempo, pero que esta vez era más fuerte, más intenso. Más puro y cálido.

Amor

– ¡es…es mi bebé! – esta vez no pudo reprimir el llanto. Se cubrió la boca, mientras lloraba todo lo que había aguantado por miedo a conocerlo. Cada emoción negativa que sintió antes se desvaneció como arena al viento, dejando entrar una inexplicable ternura y cariño por esa diminuta criatura – ¡es hermoso, muy hermoso! –

– sí que lo es – dijo la doctora – aunque es tan pequeño aún – presiona unos botones y la máquina sacó una impresión del feto – pero crecerá y se convertirá en el bebé más hermoso del mundo –

Petunia no podía dejar de llorar, pero como pudo, recibió la ecografía y lo estrujó en su pecho, mientras el amor por su hijo crecía más en su corazón.

– lo lograras, cariño. Sé que lo harás – susurró Branny, mientras acariciaba la azulada melena de Petunia y secaba sus propias lágrimas.

A veces, algunos trabajos llegan con muchas emociones intensas.


El pitido del monitor indicaba el deceso del paciente.

– hora de muerte: 8 y 45 am – indicó el médico.

Las enfermeras comenzaron a quitarles todos los equipos que habían hecho hasta lo imposible por mantenerla con vida, pero no lo consiguieron. Empezaron con los preparativos y recogieron las cosas personales de la pobre anciana para entregárselo a sus parientes, quienes aguardaban fuera de la habitación.

Mares de llanto y lágrimas se alzaban en el pasillo, mientras eran consoladas por amigos cercanos de la familia.

La hija mayor de la difunta, Amila, no quería derrumbarse frente a sus hermanas. Tenía que volverse fuerte ya que ahora le tocaba cuidar de su familia. Pero el dolor era tan agudo que no pudo contener las lágrimas, ocultándose bajo su oscuro flequillo.

Entonces, una mano se posó sobre su hombro, haciéndola reaccionar y darse la vuelta, solo para encontrarse con la figura de aquel personaje que la ayudó con los cuidados de su madre hasta ahora.

Handy siempre estuvo ahí para la pobre mujer enferma, desde recogerle los medicamentos del centro médico, prepararle las tres comidas del día, bañarla y cambiar la ropa de su cama cuando ocurrían "esos" accidentes, hasta cuidarla y mimarla mientras las chicas iban a trabajar.

Nunca tendría como agradecerle todo lo que hizo hasta el final.

Handy fue el penúltimo en entrar en la habitación para despedirse. Todos sabían que su tiempo había llegado al final, y él no podía faltar en tan difícil momento. Tenía tantos recuerdos con tan adorable mujer. Siempre fue trabajadora, pero humilde en carácter. Daba la mano sin miramientos, ofrecía lo que tenía y hasta cuando no había. Todas las veces en que se quedaron conversando en su casa, la señora le contaba a él su vida en partes, anécdotas increíbles y sorprendentes, como situaciones tristes y difíciles.

Pero de lo que nunca recibió queja alguna, fue de la educación que le brindó a sus seis hijas, quienes eran su más grande orgullo en la vida. Y más ahora que nunca.

Pero siendo ese uno de los motivos, fue que recibió una última petición de la mujer antes de partir al cielo.

"prométeme…que cuidaras de ellas, en especial de…de Amila"

La voz en su cabeza resonaba fuerte y claro, como si ella le susurrara en el odio ahí mismo esas palabras.

No podría negarse ante tal solicitud, no después del maravilloso trato que tuvieron las chicas con todos los habitantes de la base, en especial con los miembros de construcción. Ellas siempre traían la comida caliente de la cafetería, las bebidas favoritas frías y refrescantes y sus alegres voces siempre llenaban de vida el lugar al que fuesen.

Handy siempre las vio como sus hermanitas menores. Siempre sonrientes, siempre tan alegres y llenas de colores que le era imposible decirles no en cuanto cualquier cosa les pidieran. Incluso se ponía celoso cada vez que alguien de su equipo intentaba coquetear con ellas. Su papel de hermano mayor fue tan reconocido por los demás, que la madre de ellas lo aceptó como un hijo en la familia.

Unos brazos se aferraron a él, mientras el rostro de Amila mojaba su ropa por las lágrimas. Handy quería aliviar su dolor, reconfortarla y tratar de animarla un poco.

Idiota, acaban de perder a su madre. Se dijo para sus adentros.

Sus colegas del trabajo consolaban a las otras chicas, incluso el ingeniero a cargo estuvo con ellos para darles las condolencias respectivas. Algunos miembros de la cafetería también habían llegado con un poco de bebidas calientes. Podía sentir el verdadero cariño que tenían las personas por sus pequeñas hermanas.

Handy abrazó con fuerza a la mayor de todas, mientras acariciaba su largo cabello negro y le susurraba que todo iba a estar bien.

– Estoy aquí para ustedes, Amila. Siempre lo estaré –

– me duele mucho, Handy – sus brazos se aferraban aún más en la cintura del peli naranja – mamá ya no está con nosotras –

– hey, ella siempre verá por ustedes, lo juro. Y por mí también – dijo sonriendo de lado – después de todo, soy su hijo favorito –

Aunque las lágrimas bloqueaba su visión, la morena no pudo evitar sonreír un poco por las ocurrencias dichas.

– muchas gracias por estar aquí, no sabes lo que significa para mi…para mi familia – susurró con algo de nervios, pero Handy lo percibió como un lamento. Este la tomó del mentón y acercó su rostro al de ella, plantando un casto y fraternal beso en su frente

– No tienes de qué preocuparte. Tu hermano mayor cuidará de ustedes, siempre –

Mientras tanto, en otra parte del centro médico

Después de que Branny lograse consolar y calmar a Petunia, esta le entregó una lista de todas las cosas que debería tomar y cuidados que debería hacer en estos primeros meses. Le recalcó varias veces reposo absoluto y mantenerse alejada de los conflictos que causaban sus amigos. Era bien sabido lo maternalmente castigadora que era Petunia.

Tras despedirse y guardar muy bien todos los medicamentos en su mochila, se dirigió al pasillo que conducía al exterior, pero por desgracia, no esperó cruzarse de hombros con uno de sus amigos.

– ¿Petunia? – Sniffles estaba asistiendo como enfermero en UCI (unidad de cuidados intensivos) y justamente, estaba llevando unas frazadas para un paciente salido recientemente de cirugía – ¿qué haces aquí?, no me digas que te sientes mal –

– eh, yo, bueno – miró por todas partes, pero una idea simple y sencilla llegó a su mente en el segundo exacto – es… ¡es un tema de mujeres! – se cruzó de brazos – no me he sentido bien desde que llegué de la misión, así que vine a un chequeo simple –

Al inicio Sniffles no entendió nada, pero viendo la dirección de donde venía su amiga, se puso rojo de la vergüenza y prometió no seguir con el tema. Branny era obstetra, pero también ginecóloga.

Un asunto femenino, si, eso es. Pensó el pobre peli celeste

– lo siento, olvídalo – agregó sonrojado – entonces no preguntaré más. Tengo que irme ya que debo entregarle esto a un paciente. Acaba de pasar por una complicada cirugía, pero lo está haciendo muy bien –

Petunia no pudo evitar sentirse muy feliz y orgullosa del cambio que vivió Sniffles. Pasó de ser un pequeño niño nerd al que nadie hacía caso, a ser un enfermero muy eficaz y, con mucho esfuerzo y dedicación, se convertiría en el próximo médico general de la base. Ese había sido su sueño desde que ingresaron a este lugar. Cada tiempo, el grupo de tontos contaban sus deseos y anhelos, siendo este el que consiguió volverlo realidad en tan poco tiempo.

No había duda de la habilidad e inteligencia que poseía su querido amigo.

Sin poder evitarlo, lo tomó de los hombros y lo abrazó fuertemente, mientras una sonrisa de felicidad afloraba en su cansado rostro

– Estoy tan orgullosa de ti Sniffle. Siento que moriré de felicidad por lo que has conseguido tú solo –

Aunque la sorpresa fue tal, el peli celeste no pudo evitar sentirse avergonzado pero muy feliz por las palabras de la mayor del grupo. Sentía que había conseguido la aprobación de alguien muy importante, como lo fue con sus padres al enterarse de su función en la base. Le devolvió el abrazo, pese a que las mantas colgaban peligrosamente de sus manos y estaba por caerse.

–oh, déjame ayudarte – Petunia tomó las mantas

– La habitación del paciente está aquí, a la vuelta. Después tengo tiempo libre hasta la noche, cuando toca mi nuevo turno – dijo contento – si te parece, podemos ir a la cafetería de aquí y comer esos deliciosos postres que tanto te fascinan –

Aunque la idea no sonaba mal, la simple mención de la comida provocó un revuelo en su estómago. No sabía qué más podía darle a su hijo, pero tendría que hacer el esfuerzo para evitar sospechas de Sniffle.

–claro, me encantaría – dijo, tomando rumbo hacia la dirección de la habitación.

Pero su momento de alegría se vería arruinado de la peor manera.

Al momento de dar la vuelta por el pasillo que conducía a UCI, se encontraron con un grupo de personas lamentando el fallecimiento de algún ser querido, pero lo que llamó más la atención de ambos fue una pareja abrazados fuertemente, como si sus cuerpos estuvieran unidos en uno solo. Al igual que sus rostros, cubiertos únicamente por la abundante cabellera negra de la mujer, mientras sus manos se enredaban detrás de la espalda del tipo.

Un tipo con un peculiar color de cabello, altura y proporción corporal más que conocida y las ropas de construcción identificables.

Petunia contemplaba con los ojos muy abiertos a Handy en medio del pasillo, besándose con una de esas chicas a las que defendió antes.

Por fuera estaba totalmente paralizada, pero por dentro, la oscuridad la envolvía como un manto pesado y agobiante, mientras su voz rompía en un desgarrador grito. Su corazón se estrujaba con mucho dolor. No podía creer lo que veían sus ojos. No quería creerlo.

Pero así era. La verdad siempre estaría ante su mirada.

– ¡¿Handy?! – no fue su voz la que llamó al par de irresponsables, atrapados en plena acción. Sniffles estaba tan desconcertado como ella, pero fue la incredulidad lo que lo hizo gritar.

El mencionado, junto a la mujer en sus brazos, se giraron rápidamente, siendo el obrero en darse cuenta de las malinterpretaciones que causaría el haber sido descubierto así. Pero sus ojos fueron en dirección a una pálida peli azul, cuyo rostro se tornaba de una fuerte conmoción al dolor más inimaginable que pudo ver en su vida.

– ¡Petunia, no es/! –

Pero antes de poder decir algo más, ella salió corriendo rápidamente de ahí, soltando las mantas, a la vez que los ahí presentes observaban confundidos el escándalo.

Handy reaccionó al segundo, soltando a Amila y corrió en la misma dirección.

– ¡Espera! – gritó con fuerza.

Pero Petunia no quería parar, no quería verlo, así que corrió con todas sus fuerzas, tropezando con las personas y algunos objetos en el camino.

-¡Espera por favor! – volvió a escucharlo, esta vez más cerca.

Quería escapar de ahí y mantenerse lo más lejos posible, pero las lágrimas no dejaban ver hacia donde se estaba dirigiendo. Al doblar hacia la derecha, se golpeó con una puerta de salida de emergencia mal asegurada, cayendo fuertemente al suelo y golpeándose el costado de su cadera. El dolor por poco la neutraliza, pero los pasos resonando y la súplica de Handy la obligaban a levantarse y seguir corriendo.

Logró llegar al exterior, pero sabiendo que aún la persiguen, corrió hacia unas escaleras y se ocultó debajo, entre las sombras. Con la adrenalina desvaneciéndose de su sistema, el dolor comenzó a cobrarle factura a su ya debilitado cuerpo, robándole la poca fuerza que tenía y derrumbándose en el piso. Derrotada y sin poder soportar más dolor en ella.

Ya no había duda, todo estaba acabado entre ellos. Ya nada podría ser igual que antes.

– ¡¿POR QUÉ?! – gritó desde lo más profundo de su corazón - ¡¿por qué tuvo que ser así?! – un repentino y punzante dolor de cabeza hizo que perdiera el conocimiento y se desmayara. Pero al último segundo pudo reaccionar y proteger su vientre con sus manos, golpeándose su ya adolorido costado en vez de su estómago.

Ahí, oculta entre las sombras, nadie podría encontrarla y socorrerla a tiempo.

Nadie, salvo dos personas que fueron atraídas por los gritos y el lamento.

Mientras tanto, Handy seguía buscándola, loco de la preocupación por lo que podría sucederle a ella y a su bebé.

Recorrió todas las habitaciones, metiéndose en oficinas y otros lugares, pero no daba con ella

– ¡maldición! – estaba fuera de sí, no podía controlar su rabia y angustia sino la encontraba.

Sniffles y un grupo de seguridad tuvieron que detenerlo, antes que desmantelar todo el lugar

– ¡Sujétalo! – indicó un doctor. Sniffles miraba preocupado, pero con odio al causante de todo esto. También necesitaba encontrar a su mejor amiga, antes que cometiera cualquier estupidez.

Puede que no sea de ese tipo de pensamientos suicidas, pero todo puede ocurrir cuando te desgarran el corazón de esa manera. Pensó el joven enfermero

– ¡dime dónde está! – la voz del obrero hizo que diera un respingo. Había pocas veces en que logró ver a Handy tan alterado como ahora, y ciertamente, daba mucho miedo – ¡necesito encontrarla, maldita sea! –

– ¡Sujétalo bien! – el médico en turno procedió a aplicarle un sedante, mientras los guardias trataban de mantenerlo quieto o la aguja podría provocarle algún daño en el músculo de su brazo.

Poco a poco Handy se fue calmando, el medicamento era de rápida acción y lograba derrumbar a hombres más pesados que él en pocos segundos. Pero la fuerza con la que necesitaba encontrar a su amada era tan grande que luchó una última vez, empujando a los guardias y dando unos pocos pasos hacia la salida, solamente para caer rendido y profundamente dormido a la mitad de la entrada.

El médico tomó aire luego de tan tremenda lucha.

– llévenlo a una camilla y vigilen sus signos vitales – ordenó a los encargados – enfermero, verifique que todo esté bien con él –

Sniffles asintió y procedió a llevarlo con ayuda de los otros colegas a una camilla. Unos pasos fueron escuchados a su espalda, viendo con sorpresa a un grupo de chicas dirigirse a su dirección, siendo guiadas todas por la morena que hace poco era abrazada por el miserable poco hombre que tenía que cuidar.

– ¿él está bien?, ¿qué le sucedió? – pregunto ella muy angustiada

– se volvió loco, eso pasó – dijo de mala gana, aunque no debería hablar así a ninguna persona dado a su profesión, pero ¿de qué otra forma debería sentirse cuando tenía delante a una de las causantes del sufrimiento de Petunia?

Suspiró de mala gana

– está inconsciente debido al sedante que se le aplicó, o iba a destruir todo el lugar. Por ahora solo debe descansar –

– ¿podemos quedarnos? – solicitó Amila, a lo que Sniffles no tuvo más remedio que aceptarla. Como se mencionó antes, un cuerpo médico no debe ser selectivo y tratar mal a los pacientes o parientes de estos.

Más preocupado por Petunia, de quien tampoco sabía a dónde pudo ir, prosiguió a atender sus funciones y regresar en otro momento para controlar sus signos vitales

Si no fuera enfermero, te pondría una almohada en la cara.


Un repentino golpe en el cristal de su ventana ocasionó que, de sus manos, resbalara un bello adorno hecho de caracoles y ostras, recolectadas de la playa en donde había pasado casi toda su vida.

Russell se aproximó al exterior, saliendo por el balcón de su recámara, listo para decir toda una lista de jergas piratas sin censura. Aquel adorno había sido parte de sus más hermosos momentos junto a su abuelo y tripulación.

Grande fue su sorpresa al ver de quien se trataba.

– ¡no puede ser! – murmuró encolerizado – ¡¿qué quieres ahora?! – le gritó al tipo que conoció ayer, mientras agitaba su gancho de forma amenazante – ¡déjame en paz! –

– ¡¿qué onda, viejo?! – le devolvió el saludo - ¡vine a visitar tu chosa, hermano! –

– ¡cállate! – no soportaba la intromisión de ese idiota.

Ayer, toda la maldita tarde no hubo un solo segundo en que no pudiera estar en paz, debido a las largas y estresantes charlas que tuvieron ellos dos.

Aunque fue solo Cro quien hablaba sin parar.

Cuando Russell estaba por irse, el castaño lo siguió hasta la puerta de su vivienda y siguió conversando de las playas y las olas que conocía de todo el mundo.

Un surfista con dinero. Fue su conclusión.

Dado a las altas horas de la noche y con la queja de varios de sus vecinos, Russell le pidió amablemente que se marchara, pero Cro había vuelto a olvidar donde vivía y por eso, tuvo que acompañarlo hasta la puerta de su casa.

Fue ahí que aprovechó la situación y lo invitó/obligó a entrar. Ahí siguió y siguió hablando, mientras que el aspirante a pirata trataba de todas las formas posibles de abrir o romper una ventana o la puerta y escapar sin que el surfista se diera cuenta. Al final, se quedó dormido en el sofá.

Para cuando amaneció, encontró al anfitrión de sus pesadillas tirado sobre una tabla de surf, completamente dormido. Aprovecho la oportunidad y logró escapar sin que se diera cuenta.

Pensó que tal vez ese detalle le indicaría que no deseaba verlo de nuevo, pero las cosas no se dieron así al parecer.

– ¡oye, la puerta está cerrada! – dijo Marmot

– ¡no te invite, en primer lugar! ¡Vete! –

– ¡vamos viejo, no seas así! – Russell comenzaba a desesperarse, ya tenía mechones de su cabello entre sus dedos listos para arrancar.

Se asomó nuevamente al balcón para gritarle, decirle que se fuera o le lanzaría un balde con agua.

solo el balde – pensó con malicia

Pero al mirar hacia abajo, justamente a su bronceado y refrescante rostro, su corazón palpitó con fuerza e hizo que la sangre fuera corriendo directamente a sus mejillas

Ahí estaba él, poniendo una expresión de cachorro triste, con esos brillantes ojos tan cristalinos como el mar, y de un verde grisáceo tan intensos como las hermosas algas de la costa.

Pero era la expresión, la forma en como lo hacía, que le era tan malditamente familiar. La misma expresión que hacía Lummpy cada vez que quería algo de él.

¡No, es imposible! – puede que la vida siempre le haya querido hacer bromas, pero esto era totalmente injusto – ¡él no puede ser…! – pensó confundido – ¡tú…! –

Pero antes de que sus palabras pudieran salir de sus labios, una piedrecilla golpeó directamente en su frente, mandándolo al piso y golpeándose el trasero

– ¡oh, lo siento bro! – gritó realmente apenado – ¡quería darle a la ventana! ¡sigue respirando! –

no, no puede ser él. Lummpy tiene mejor puntería que eso –

A pesar del accidente, Russell no encontraba otro motivo por el cual llamar a seguridad y pedir que lo manden de regreso a su hogar. Por ello decidió ser él mismo quien lo despache y asegurarse que no vuelva a regresar nunca más.

Bajó las escaleras poco a poco, pensando sobre qué palabras decir para lograr que se horrorice y se fuera al instante. Pero al abrir la puerta y señalar con el dedo, omitió un insignificante detalle.

Puede que Lummpy sea alto y ya esté acostumbrado a mirar hacia arriba, pero este sujeto lo era aún más, podía fácilmente golpearse la cabeza al entrar por la puerta.

– por el amor de Neptuno – dijo alzando la cabeza para enfocarse en su mirada. Su tamaño lo intimidaba un poco, pero no iba a permitirle saberlo – ¿qué haces aquí? –

– ¿no es obvio?, vine a ver a mi capitán favorito~ – saludo muy feliz y radiante. A Russell le sorprendió que lo llamase así – además, traje algo super buena onda que te va a encantar~–

Cro atravesó la sala, dejó caer su mochila de tela verde desteñida en la mesa de centro y comenzó a rebuscar dentro de su equipaje

– ¿y qué se supone que es eso? – miraba extrañado y con los brazos cruzados, temiendo que algo perturbador u obsceno saliese de las fauces de lo desconocido

easy viejo, solo es algo que vi en uno de mis viajes a la india~ – de la mochila, sacó unas velas, una caja de inciensos y un frasco con piedras de muchos colores – era un tipo muy extraño, pero me dio esto a un precio de locos ~– sacó también un frasco blanco y una bolsa con algún tipo de polvo

– ¿a qué precio? – consultó el pirata

– ¡a 8000.00 grandes, hermano! – sus ojos no podían ser más brillantes de la emoción - ¡realmente algo de locos! –

Pobre idiota.

– además, me dijo que, con hacerlo unas tres veces al día, puedo calmar mis aurias y mis chacris~ –

– auras y chakras – ahora tenía sentido el cómo logró ser engañado con tremenda estafa – no puedo creer lo ingenuo que eres –

– ¡bueno, a trabajar! – señaló en dirección al sofá – recuéstate y relájate, yo me encargaré de alinear tus shakas~ –

– ¡chakras! – gritó alterado

– ¿ves?, a eso me refería. Tu si me entiendes, bro~ – sin que se pudiera dar cuenta, Marmot empujó con fuerza al peli celeste y lo tumbó en el sofá. Esté, estupefacto, demoró en reaccionar, sino hasta que se dio cuenta que su desequilibrado invitado estaba quitándole las prendas superiores

–¡¿q-q-q-qué te pasa idiota?! – le alejó de él y se pegó a la pared lo más que pudo – ¡n-no me vue-vuelvas a tocar! – señaló en su dirección, mientras que con su brazo libre, se cubría su pálido pecho

– ¿eh?, pero no hice nada malo~ – la inocencia con la que hablaba ponía cada vez más nervioso y sonrojado a Russell, prácticamente, la piel de su cuerpo desnudo estaba a la par de su rostro encendido.

– como sea, no me rendiré hasta que te sientas como nuevo~ – tronó sus dedos, mientras lentamente se acercaba a su víctima. Russell solo podía mirarlo, mientras sus piernas temblaban como gelatina y sus ojos se humedecen por las lágrimas de miedo. Estaba seguro de que algo malo iba a sucederle.

Afuera del sector de viviendas, el grupo de piratas se dirigían a casa de Russell para comentarles de la salud del compañero que fue herido por Flaky. Al tipo no le importaba usar un parche en su ojo morado, siempre y cuando tenga una calavera como diseño en la tela.

Al momento de llegar a la puerta de la casa, escucharon algo romperse contra el piso, a la par de voces que gritaban fuertemente.

– ¡para de una vez! – fue la voz de su capitán – ¡esto no es gracioso! –

– solo voy a hacerte sentir bien~ – la forma en cómo susurraron esas palabras puso a todos en alerta máxima

– ¿con quién estará nuestro capitán ahora mismo? – preguntó el pirata más pequeño del grupo

– ¡he dicho que pares! – de repente un golpe seco, a la par de un gemido algo bajo, pero perceptible para la tripulación.

Todos pararon oreja

– ¡¿Eso…eso es?! – ahora la voz de Russell sonaba un poco más aguda, mientras el nerviosismo afloraba en las palabras – ¡¿q-qué piensas hacer con eso?!–

– haré un desastre en ti, pero te fascinará –

–¡¿tú qué?! –

– ¡te va a fascinar!...te-lo-prometo~ –

– ¡es mucho, e-es demasiado! -

– tengo que usar todo esto si quieres sentirte en el paraíso~ –

– ¡No lo hagas! ¡Me lastimaras! –

A estas alturas, todos estaban petrificados como estatuas hirvientes.

-¡ESPERA! ¡NO! –

-¡Aquí vamos~! –

-¡AGHH! –

Pese a que aquel grito/gemido sonó demasiado intenso, no podían ignorar el hecho de saber a su capitán en grave peligro. El más grande de todos, embistió con mucha fuerza y derrumbó la puerta con un solo golpe.

Todos sacaron armas que guardaban desde sus tiempos en que vivían en el puerto, así como las que se les brindó con el permiso de Lummpy, solo para mantenerse a salvo en caso de cualquier peligro.

Pero la escena que los recibió volvió a dejarlos completamente en blanco, mientras sus armas y cuchillos caían estrepitosamente al piso.

Russell deseaba que un tsunami viniera y se lo llevara hasta el fondo del mar prohibido.

¿Cómo diablos podría hacerlo?

¿En dónde podría encontrar la forma de explicarle a todos este bochornoso espectáculo?

Cuando Cro le dijo que le daría un masaje, nunca se imaginó que sería a base de cera caliente sobre toda su espalda, con un enorme cirio. Tampoco pensó que el maldito imbécil tendría que estar sentado encima de su trasero para verter el líquido caliente.

¡Por favor, mátenme aquí y ahora!


La zona residencial de los capitanes y representantes estaba normalmente en silencio a esa hora, dado que casi todos realizaban sus funciones en el horario diurno.

Pero podía haber un poco de movimiento por el personal de seguridad o de limpieza. O uno que otro residente que regresaba de hacer horas extras.

Pero en el caso de Flaky, el motivo real era por el personaje en cuestión que venía siguiéndola desde hace un buen tiempo.

No tenía miedo, pero debería.

No tenía idea quién era Robert ahora mismo. No tuvo noticias de él cuando la mandó lejos por su "seguridad". Ni una llamada, ni una carta, ni siquiera algo con lo que pudiera hacerle saber cómo se encontraba. Nada

Lo único que sabe, es que dirige al grupo de rebeldes cerca de la base y que, por cosas del macabro destino, es el jefe del maldito de Fliqpy.

– ¿Cuánto tiempo piensas ignorarnos? – preguntó su padre con melancolía.

Ella se detuvo, casi a pocos metros de su vivienda. Quería regresar y poder descansar un poco, ya que el esfuerzo que hizo Flick por contenerla lo debilitó, permitiéndole ser libre nuevamente, pero prometiéndole a su amigo que no realizaría nada estúpido.

Se giró en donde estaba, contemplando el rostro de aquel hombre al que debía llamar "padre".

Los años pasaron sobre él, pero aún portaba ese aire de autoridad y fortaleza. Robert siempre fue duro contra los enemigos, feroz a la hora de luchar contra los criminales, astuto e inteligente para encontrar a los culpables y hacerles caer en sus propios errores.

Pero cuando estaba con ella, toda esa muralla se transformaba en calidez y cariño. No había día en que no se sintiera amada y protegida. Su padre siempre la cuidó y defendió de los monstruos que habitaban bajo su cama, o le preparaba grandes postres que ella veía en televisión. Le leía cuentos y la llevaba sobre sus hombros al parque de diversiones. Siempre pensó que su padre era un superhéroe, algo de lo que sus amigos se reían, pero a ella no le importaba.

Ahora, después de todo lo vivido por años, y comprender que la vida nunca fue de rosa y fantasía, la verdad se torna turbia y amarga, demostrándole la verdadera cara del hombre a quien ella admiraba.

– padre – soltó sin emociones, solo un vacío en el significado de esas palabras

– Flaky – respondió este – ¿me permites hablar contigo?, hay mucho que decir –

– yo, ahora, solo quiero descansar un poco. Flick, diré, mi alter ego ha usado mucha energía y necesitamos reponernos – Flick era un ser muy importante para ella. Hablarlo frente a Robert le daba un mal sabor de boca, como si aquel hombre no mereciera saber nada del verdadero ser que cuido de ella.

– ya veo, así se llama – mencionó débil, tratando de ocultar su fascinación por aquel que residía dentro de su hija.

La tensión entre ambos se estaba agrandando.

– bueno, si es así, entonces no te molestaré. Descansa – se sentía nervioso, deseaba que esa enorme brecha de tiempo desapareciera de una vez por todas, pero no debía ser impaciente o solo lograría alejarla.

Al ver su expresión acongojada, Flaky sintió un poco de pena por él. Podría ser un rebelde que ayudó a destruir maquinarias importantes y herir a soldados de GENEOHT, pero también fue quien la acogió hace muchos años atrás cuando no le quedaba nadie en la vida.

Y los salvó de IMPERIUM allá afuera.

Todos se merecen una segunda oportunidad. Se dijo

Con un poco de duda y temor, decidió ofrecerle la oportunidad de contar su versión de la historia.

– aunque – dijo, cuando vio que Robert estaba marchándose – puede que con una taza de café me sea suficiente –

Robert se sintió muy feliz, pero no lo expresó por temor a que cambie de parecer. Sin duda alguna, su pequeña niña no cambió su noble corazón en todo este tiempo.

– claro, suena bien – se asomó un pequeño atisbo de su sonrisa, pero rápidamente logró ocultarlo – y si gustas, yo mismo puedo prepararlo –

El recuerdo vino de golpe en la pelirroja, cuando su padre realizaba sus labores matutinas, pero siempre acompañado de una taza de café caliente. A Flaky no le gustaba si no era acompañado por leche y chocolate. Desde entonces Robert se esmeraba en preparar esa deliciosa bebida cuantas veces lo deseara su hija

– ese choco-café lechoso, como tu antes lo decías –

Flaky no pudo evitar sonreír ante ese dulce recuerdo.

A Robert le dio un vuelco al corazón.

– se le dice mocaccino – agregó ella

–si, pero suena más dulce cuando tú lo decías así –

Algo de la tensión se había disipado, pero solo un poco. Aún no podía dejar de estar alerta a su alrededor.

– de acuerdo, entra – Robert se sentía muy nervioso, era la primera vez que podía interactuar con más tranquilidad con su hija después de todo este tiempo.

Al momento de ingresar a la pequeña sala, percibió unas fotografías pegadas con cinta en la pared. Le llamó la atención el ver a Flaky sonriente, feliz, como debería ser una jovencita de su edad.

Había varias tomas en distintos lugares, pero en casi todas estaban esos jóvenes experimentos a su lado. En un bosque, en la playa, en un parque de diversiones. Todos y cada uno de ellos, siempre sonrientes, siempre alegres. Llena de vida y luz.

– esas fotos fueron de cuando iba a la escuela a la que me mandaste – Flaky estaba parada detrás de él, mirando con cariño y ternura las imágenes – me divertí tanto en ese entonces. Mis amigos se encargaron de eso y más –

Robert volvió la mirada a su hija y de nuevo a las fotos, imaginándome esos bellos momentos hechos realidad.

En eso se percató que había una marca de cinta al costado de las fotos, como si la pintura se hubiese salido al ser arrancada con fuerza. Había una foto que no deseaba mostrar.

– ven, papá. El agua ya hirvió – Flaky lo llamó mientras se dirigía y sacaba unas tazas de la alacena

– permíteme ayudarte – Robert tomó los vasos y los colocó en la mesa, mientras Flaky sacaba los polvos para realizar el brebaje – ¿recuerdas las medidas que usaba para hacerlos? –

Quería decirle que sí, que se sabía casi todo lo que él le había enseñado en tan corto tiempo y demostrarle que había crecido sin su ayuda. Pero no podía engañarse a sí misma, y más cuando estaba en este tipo de situación.

Le había hecho mucha falta, muchas veces deseaba estar con él y volver a ser la niña de papi, pero la realidad la golpeó con fuerza y se dio cuenta que ya nada podría ser como antes

–no, de hecho – se llevó un mechón de su cabello detrás de la oreja – soy pésima haciéndolo, así que solo me dedicaba a comprarlo –

–me imagino que no sabría tan delicioso – tomó con cuidado los paquetes de polvo de la mano de su hija – pero vamos a solucionar eso desde ahora –

Desde ahora. Pensó con seriedad

–claro – dijo sin pensarlo, pero no tenía otra respuesta para esas palabras.

Sin tratar de demostrar lo eufórico que se encontraba, Robert fue y comenzó a preparar el mocaccino. Flaky lo observaba atenta, mientras memorizaba cada paso y cada porcentaje de café, chocolate y leche que utilizaba.

Recordó entonces que tenía unos bizcochos hechos por Splendid, cuando hicieron una pijamada con todos sus amigos. Giggles había imaginado que pedían una pizza para cada uno, mientras las bebidas y los chocolates eran asaltados por Nutty. Ante tal antojo, Splendid decidió actuar, como el héroe que es, y aplacar los antojos de sus amigos. El pequeño postre nunca supo tan bien en ese momento, que prefirió guardarlo hasta en otra oportunidad.

Quien diría que lo usaría para ESTE momento.

Tomando unos platos, sacó también el postre y lo colocó en medio de la mesa. Robert observó con atención cada movimiento de Flaky, notando también el aperitivo oculto entre cajas de cereales y galletas.

En efecto, tampoco perdió el gusto por los dulces.

Sintiéndose más suelto para hablar, el líder revolucionario decidió comenzar la plática con algo fácil y común en una charla

–y dime, ¿cómo te tratan tus amigos aquí? –

Flaky se detuvo al escucharle hablar.

Responder a esa pregunta le traía dolor y miedo, al recordar claramente el cómo todos ellos la trataron debido al tema de sus progenitores. Más que nada a Cuddles.

¿Qué podía decirle?

¿Sería factible responder que todos ellos se abalanzaron por haberles mentido todo este tiempo?

¿Que nadie volvería a verla de la misma forma, a sabiendas de lo inútil que resultó ser al no aclarar sobre esos códigos ocultos desde hace mucho tiempo?

¿Cómo podría hablar de ese tema sin que las lágrimas emerjan desde su dolido corazón?

Respiró un poco de aire, tratando de aflojar su garganta ante la amenaza del llanto.

– bien – fue duro decirlo – son buenos amigos –

– ya veo – Robert no se daba cuenta, pero Flaky hacía todo lo posible por resistir a llorar. La herida estaba fresca otra vez – me alegro por tus amigos, me parecen buenas personas.

¡Oh, Dios!

– sí, así es –

– y esos sujetos, el Mayor y sus compañeros – decía mientras servía la nata espesa en las tazas, pero haciendo presión en la pobre cuchara de plástico. Realmente los detestaba – ¿cómo te tratan?, ¿se portan bien contigo? –

Exhaló un poco la presión de su pecho para poder responderle a su padre

– el Mayor es una gran persona, papá – sabía que no había buenos entendidos entre ellos. Los rebeldes siempre fueron un impedimento para poder avanzar hacia Tigger – él me educó y me preparó para mejorar mis habilidades –

– tus habilidades… – llevó las tazas a la mesa y procedieron a tomar asientos, un poco distantes – rastreadora, ¿verdad? – la curiosidad era genuina en el buen sentido, pero Flaky prefería mantener al margen toda información de la base con su padre

– si – fue una respuesta cortante, pero Rober deseaba seguir conversando

– ¿de qué manera funciona tu habilidad? – rosó el borde de la taza con su dedo

– bueno, es… - se le hizo difícil decirle de alguna forma que no era asunto suyo – …es complicado, papá –

Robert captó la señal, sabía que nada de este lugar sería revelado fácilmente para ellos. Pero eso no le importaba, por ahora, solo quería centrarse en su preciosa hija.

Una linda jovencita a la que fácilmente cualquier patán podría romperle el corazón.

Después de todo lo que dijo el maldito de Bud con respecto a Flaky, veía imposible de creer que siquiera su pequeña hubiera tenido algún amiguito juguetón en la escuela, o ahora.

Puede que no lo aceptara, pero quería mantener la pura imagen de Flaky en un altar, hasta que ella cumpla los 50 años o que él se muera. Recién ahí, podría tener permiso para salir con algún novio.

– y, bueno, dime…tú – se le hacía difícil siquiera decir esa palabra - ¿tú alguna vez…? –

– yo, ¿qué? – por alguna extraña razón, sentía que lo próximo a escuchar iba a ponerla realmente muy nerviosa

– ahh…bueno – se aclaró la garganta con fuerza, mientras miraba a otro lado. Al parecer, el recipiente de caramelos se volvió lo más interesante del mundo – tú… ¿Tú tuviste un…unnnn…? – sus labios no podían soltar la palabra prohibida, así que dijo lo más parecido que se le pudo ocurrir – ¿un amigo alegre? –

Esa pregunta no se lo esperaba, porque no entendía lo que quiso decir.

– ¿amigo alegre? – si se refería a alguien feliz y sonriente, podría mencionar a unos cuantos – si, claro –

Robert se sintió morir en ese instante.

– de hecho, son varios –

Conmocionado, escuchó algo romperse desde el fondo de su pobre corazón paternal.

– ¡varios…! – algo agonizaba en Robert, su pecho dolía por las implicaciones de esas palabras – ¿cu-cuantos…para ser exactos? –

Flaky no entendía por qué se ponía tan extrañamente pálido. Pareciera que estuviera decepcionado con la respuesta.

– son cinco, de hecho – señaló con una mano abierta.

Robert no podía creerlo, una gota de sudor resbalaba por su garganta, mientras su manzana de adán se movía al tratar de tragar saliva.

Era más terrorífico de lo que pensó.

– ¿s-son…dices? – hacía el esfuerzo humano de controlar su rabia. No quería saber los nombres de esos bastardos que se atrevieron a tocar a su preciosa hija, o no podría controlarse y acabaría matándolos a todos

– si. Están Splendid – comenzó ella, mientras que, con cada nombre, Robert sentía un puñal en su pecho – está Nutty, Toothy, Sniffle, y por último, creo que Cuddles – el corazón se le estrujaba poco a poco

– ¡t-tus…tus c-colegas! – sujetaba con fuerza el asa de la taza

– pero Cuddles ha cambiado últimamente, ya que al comienzo era mucho más alegre de lo que es ahora –

¡Agh!

– la alegría para Cuddles era cosa de todos los días, a cualquier hora y en cualquier lugar –

¡AGH!

– aunque las cosas sean difíciles de soportar, él nunca dejaba esa enorme alegría de lado. Siempre por delante –

¡…!

En algún lugar de su mente, el alma de Robert estaba tendida, llorando, agonizando, mientras su cuerpo se volvía una cáscara vacía y seca.

– también tengo a mis amigas–

Aquella mención lo hizo resucitar, sólo para mirarla con unos impresionantes ojos totalmente abiertos.

– Giggles nunca para de sonreír, sea cual sea la situación nunca deja de ser risueña y feliz. Siempre nos recibe a mí y a los chicos con los brazos abiertos y nos alegramos por eso –

Si Robert había aprendido algo en estos últimos tiempos, es que la diversidad debe ser comprendida y aceptada, sea cual sea la educación, religión, preferencias, color, entre otras cosas.

Pero no esperaba tener que aprender a aceptarlo desde ahora.

Nuevamente, su alma se retorcía agonizante en el piso

– ¡mi pequeña…! – decía con una lágrima aflorando sus ojos - ¡tie-tienes amigas alegres, que bueno! –

Flaky no sabía si mencionar a Petunia, dado que ella cambió mucho en el tiempo de colegio. Puede que siempre haya sido de carácter fuerte y decidida, mostrando siempre lo preocupada que estaba por todos ellos.

De repente se le vino otras personas a la mente

– aunque también están los maestros Bud y Lummpy –

Esto último hizo que toda la sangre de su cuerpo desapareciera, congelándose en algún punto de su corazón apuñalado.

Alzó la mirada, contemplando que aquello dicho no pueda ser cierto

– ¡el…el maestro Bud…dices! – la temple con la que habló le tomó de sorpresa a Flaky, pero decidió contestar a la duda de su padre

– Así es. El maestro Bud y el maestro Lummpy han sido unas personas muy extravagantes y demasiado extrovertidos. Tanto que a veces cuesta seguirles el ritmo, pero son muy alegres. Mucho más que felices cuando realizan sus travesuras con nosotros –

Si aquella declaración de guerra que le hizo Bud fue solo para incitarlo, entonces con gusto aceptaría mandarlo a la mierda, mientras le clava un enorme tubo por donde no le entra la luz del sol y dárselo de comer a los perros.

Nadie en su asquerosa vida volvería a tocar a su inocente bebé.

– ¿te sucede algo, padre? – el ligero gruñido que emitía Robert podía fácilmente catalogarlo como un malestar o un peligroso dolor en el pecho.

No sabe lo correcto que está por suponer eso.

– ¡no, nada! – se llevó el café ya tibio a la boca, dando tragos grandes y sin medirse. Por poco logra ahogarse, pero pudo controlarlo

– ¿Qué es lo que ocurre?, ¿por qué actúas de esa forma? –

No sabía cómo explicarse sin que sonara mal.

¿Cómo podía decirle a su hija que estaba tan devastado por saber que ella "era alegre" con tantas personas, incluso con un vejestorio como el malnacido de Bud?

¡No, eso nunca!

¡Al diablo con la alianza, al diablo con los planes contra IMPERIUM!

¡Esta noche iba a cercenar testículos y cabezas!

– no es nada, no te preocupes – sin pensarlo, la tomó de los hombros con firmeza y le dijo sin titubeos – acepto todo lo que me has dicho hasta ahora, a pesar de que en mis tiempos eran diferentes y no teníamos tantos "amigos alegres" más que uno. O dos en algunas veces –

– ¿de qué estás hablando? – Flaky se ponía tensa por la proximidad, pero quería tratar de comprenderlo ya que no lo veía en buen estado de salud – papá, no creo que estemos hablando de lo mismo –

–¡Claro que sí! – esta vez se exaltó demasiado, logrando asustar enormemente a la pelirroja – ¡estamos hablando de esos malnacidos que se atrevieron a ser "muy alegres" contigo! – sus manos se volvían puños, pero por suerte había soltado a Flaky – ¡no puedo creer que todos esos sinvergüenzas se hayan aprovechado de ti y tu inocencia! ¡Incluso una mujer! –

Flaky estaba en shock, no entendía de qué diablos estaba hablando, pero ninguno de sus amigos había llegado a hacerle algo como eso.

– ¡Ah, y todavía ese pelón malnacido de Bud! ¡TOCANDO A MI HIJA! –

Fue ahí entonces que la lucecita de la comprensión brilló en la avergonzada y ruborizada pelirroja.

– ¡No, no fue así! – Flaky se lanzó hacia su padre, tratando de tomarlo del rostro y dejar que hablase cosas tan embarazosas – ¡en ningún momento me refería a ellos de esa manera! –

– ¡¿qué…?! – ahora le tocaba a Robert volverse una cabeza de manzana – ¡¿ósea…que tú nunca…?! –

– ¡NO! – chilló con fuerza, mientras se cubría el rostro con las manos. Casi todo en ella resaltaba ese tierno color, haciendo juego con su cabello – ¡ellos son mis amigos, solamente eso! –

Al darse cuenta del error, Robert ya había metido la pata tan profundamente que ahora le costaba volver a mirarla a los ojos.

¡¿cómo pude pensar eso de mi hija, de mi pequeña Flaky?! – quería morirse en ese mismo instante

– ¡Lo lamento!, ¡lo siento mucho! – saltando de su asiento, se arrodillo frente a Flaky, mientras llevaba su rostro contra el piso con todo el arrepentimiento del mundo

– ¡no, olvídalo! – ella estaba tan abochornada por la situación, que al hacer eso su padre solo empeoró las cosas. No sabía dónde meter la cabeza

– ¡No, perdóname por favor! ¡no debí pensar eso de ti! – seguía con los lamentos – no debí imaginarme cosas que no son, así que por eso te pido perdón. También por pensar mal de tus amigos, aunque no los conozca y pueda que no me agradan –

Fue el turno de Flaky para conmocionarse

– ¡y también..! – Robert sabía que no habría otra oportunidad ni momento para hacerlo, así que simplemente lo dijo – ¡lamento lo que nos ocurrió todo este tiempo! ¡lamento haberte dejado sola y no poder protegerte y estar ahí cuando más me necesitaste! – sus puños con fuerza, unas gotas de sudor en su frente, sus dientes apretando dolorosamente su mandíbula, pero todo eso era nada a comparación de las frágiles lágrimas que emergen de sus ya cansados ojos – ¡lo siento mucho, Flaky! –

Al igual que su padre, ella no podía controlar sus emociones y sus ojos, ya húmedos, observaban al hombre a quien tanto tiempo había esperado.

Pero… ¿por qué no se sentía feliz con esas palabras?

Palabras cargadas de emociones fuertes, pero que eran vacías cuando ella las escuchaba.

Ese abismo que se formó en todos estos años no podría ser llenado de la noche a la mañana tan fácilmente. Ella lo sabía, pero aun así no soportaba la idea de ver tanto dolor aguantado, tantas noches de pesadillas reprimidas, tantas lágrimas derramadas y ser reemplazadas por unas pocas palabras de perdón.

¿Cómo podía tomar este encuentro después de hace muchos años?

¿Es que acaso creía que todo sería tan fácil, solo con volver y ya?

¿Creía que, con pedir disculpas, todo este tiempo perdido se resolvería tan fácil?

Tanto Flaky como Robert lo sabían, nada podría ser igual que antes.

-por favor – suplicó nuevamente, mientras las gotas saladas mojaban el piso de la cocina. Flaky se quedó observando sin decir nada.

Un suspiro agotado emergió de ella, mientras se arrodillaba al lado de Robert y posaba una mano en su espalda.

– levántate – fueron las palabras con un tono más grave de lo que recordaba de su hija.

Al alzar sus ojos, pudo darse cuenta de que era el alter ego de Flaky; Flick, quien estaba tomando posesión en ese momento

– ¿ella…? –

– déjala descansar por ahora – tomó del brazo de Robert con cuidado y lo guió hacia la salida – espera un tiempo prudente, o no tendrás posibilidad de recuperarla –

Sin esperar a que él respondiera, cerró la puerta principal y se marchó directo a la habitación.

Robert lo sabía, por ende, hizo caso al ente y se marchó a su respectivo hogar. Por ahora debía dejarlo estar.

Mientras tanto, Flick yacía recostado en la cama de su portadora, pero usó lo poco de energía que tenía para adentrarse y ver cómo estaba Flaky.

Solo pudo presenciar este escenario una sola vez, hace ya dos años. Cuando la muerte de Flippy en ese entonces sucedió, Flaky se había perdido en ella misma, mientras gritaba y lloraba amargamente, como si todo su cuerpo estuviese en llamas.

Ahora era así, de la misma forma.

Y de esa misma manera, Flick fue a consolarla mientras la sujetaba fuertemente, tratando de soportar el dolor que también lo debilitaba.

Siempre compartirán ese lazo. Las mismas emociones. El mismo dolor.


– déjame preguntarte algo – Pool, el pirata con más edad y sabiduría del grupo, había llevado a su capitán al segundo piso para tener una conversación privada.

Obviamente, el resto de los marinos se quedó a acompañar a Cro, mientras este les proporcionaba información útil sobre cómo realizar ejercicios de meditación y tipos de ungüentos para acompañar.

¿qué nos harás el qué? – dijo el más pequeño de todos mientras que, en grupo, eran arrastrados por las diabólicas garras de Marmot

Russell y compañía lograron escapar, mientras oían los pálidos gemidos de miedo de su tripulación. Una vez cerrada la puerta, Pool lo bombardeó de preguntas muy inquietantes y vergonzosas

– ¿algo más? – cuestionó el capitán

– escucha, sé que no ha pasado casi nada de tiempo, pero ¿en serio ocuparas a ese muchacho para aliviar tu dolor? – esa pregunta lo tomó desprevenido, pero las implicaciones fueron el motivo de su repentino odio.

Pero se detuvo, respirando con fuerza.

No han pasado tantas horas desde que Lummpy se marchó para siempre, así que el dolor de la herida es fresco. Puede que aún se sienta muy susceptible a todo este cambio brusco de alejarse de la persona que más amó en su vida, pero eso no da motivo para ir y lanzarse a los brazos de cualquiera que le ofrezca un poco de consuelo, esperando encontrar la calidez y la alegría de su idiota compañero.

Excompañero.

Pero la primera impresión que recibió su tripulación de ambos fue motivo suficiente para crear ideas equivocadas en sus mentes. Por ende, es preferible dejar en claro todos los malentendidos

– ¡no pienso usarlo ni a él, ni a nadie para aliviarme del mal rato que pasé con Lummpy! –

– bueno, eso no fue lo que realmente quisiste dejar en claro ahí abajo – Pool se cruzó de brazos, alzando una ceja acusatoria

–lo sé, ¡y lo lamento! – quería destruir algo, manejar un poco la ira almacenada y que explotaba de vez en cuando – pero no, estás equivocado –

– ¿en serio? – la misma pose, el mismo gesto en su rostro. No había forma de hacerle cambiar de parecer

– date cuenta, Pool. Ese idiota apareció de la nada, hablándome de cosas sin sentido y sin saber dónde diantres se encontraba –

– ¿estaba perdido? – esta vez su rostro expresó la duda

– así es, por ello le ayudé a ubicar su residencia – un tic nervioso apareció en su celeste mirada – quién iba a saber que ese maldito es el sobrino del presidente del consejo, quien abruma con sus pesadas demandas al pobre del Mayor y los otros maestros –

Pool se levantó de su asiento, caminando cerca a la puerta. En su mirada, denotaba cierta preocupación.

– ¿crees que haya venido para espiarte? – la pregunta nuevamente tomó por sorpresa a Russell

– ¿a mí?, ¿por qué lo haría? –

– bueno, eres uno de los capitanes segundos que está más allegado a los jóvenes capitanes, quienes a su vez están muy bien relacionados con el Mayor y los otros generales – ante la suposición de su amigo, la alarma de su sexto sentido lo llevó a pensar en una y mil posibilidades

– ¿realmente crees eso? – a Russell le latía la cabeza con solo pensar en enfrentar a Cro – pero, ¿qué desea descubrir de mí?, ¿qué es lo que estaría buscando? –

– eso no lo sé, Russell, pero sé que puede llegar a ser un gran problema si ese tipo descubre secretos de los capitanes y de los mismos generales, confiados en tus manos – Pool tomó de las manos de su capitán, contemplándolas – las mismas manos que este lugar te brindaron, y te dieron una segunda oportunidad –

Una luz tintineó en el aspirante a Pirata, como una pequeña luciérnaga intentando alumbrar en un caos de tormenta. Podría ser un buen motivo.

– ¿crees que quieran ver en qué se está utilizando los recursos de la base? – miró sus manos, mientras los recuerdos de su proceso de recreación venía muy clara y precisa a su mente – si hay malversaciones, así como lo hicieron con mis extremidades –

Nunca podrá olvidar el día en que uno de los consejeros derramó un sinfín de adjetivos y calificativos denigrantes al pobre capitán, cuando este aún se encontraba en cama, reposando en una de las habitaciones del área médica. Lummpy había salido por un encargo, mientras Bud conversaba con el presidente del consejo afuera de la habitación. Solo un miembro había entrado, observando la costosa cirugía que realizaron en él.

– "no es más que un inútil, pero aun así le dieron privilegios por ser amigo de estos ineptos" – obviamente, Russell se encontraba despierto, pero con los ojos cerrados – "solo mírate, no vales tanto desperdicio tecnológico para reponer unas tontas manos. Es más que obvio que tu papel en este lugar no vale siquiera para la cocina o limpieza, pero mírate aquí, ahora mismo" –

Deseaba levantarse y darle un merecido golpe al arrogante rostro del vejestorio, pero no podía provocar ningún altercado y más con alguien como él. Sus manos no fueron creadas para provocar caos y disturbios, sino para ayudar y apoyar a quien lo necesite. Así que continuó fingiendo estar dormido.

Después de un largo discurso de parte del anciano, el Mayor y los otros, junto a Lummpy y los marineros, entraron para visitar al paciente. El maldito se marchó sin siquiera saludar a la visita. Era así de miserable.

Nunca le contó de esto a nadie, ni siquiera a Lummpy. No valía la pena comenzar una absurda pelea con ellos.

Pool lo miró extrañado, pero molesto al referirse así de sus manos.

– ¿Qué te hace pensar que lo que hicieron contigo fue una malversación? –

– piensalo, había personas más capacitadas que yo y que necesitaban ayuda con mayor urgencia – la pena lo embriagaba cada vez que lo pensaba – lo único que puedo hacer es simplemente mantener el orden en mi sector de viviendas, hacer mandados y servirle a los maestros y los chicos como un simple secretario –

– eso es lo que tu crees, Russell – Pool se giró en dirección a la salida – pero no soy yo quien debe darse cuenta de su entorno –

Eso era correcto, pero Russell temía encontrarse con los errores dejados en su camino, recordando siempre lo inútil que era en comparación a los logros de todos sus amigos. Incluyendo a Lummpy, más que nadie

– será mejor asegurarnos que ese tal Cro no lastime a los chicos. Esas poses no son para humanos –

–bajaré en un segundo –

Al quedarse solo nuevamente, las palabras de Pool solo resonaban como un eco perdido en su mente. No sabía el grado que tenía su autoestima en esos momentos, pero no había forma de hacerla subir después de todo lo que ha sucedido a través de los años.

Todo ese drama que pasó con la muerte de sus padres, la convivencia con la tripulación y su abuelo, la muerte de éste y las travesuras y aventuras que pasó junto a Lummpy, solo le hacían ver los pocos logros que había conseguido hasta ahora.

Lograr salir vivo de cada desgracia ocurrida a lo largo de su camino.

Eso es lo único que pudo hacer bien.

Nunca tuvo la fuerza de comenzar una vida el mismo, siempre sostenido por quienes lo rodean, a pesar de estar malheridos por sus propias batallas. Quiso alguna vez en su vida, ser el timón de alguien y guiarlo por un buen camino, pero fue él quien siempre necesito de un guía, de una brújula que lo ayudará a seguir navegando siempre protegido, siempre resguardado de los peligros.

Incluso ahora, si no fuera por la fuerza de sus amigos, él estaría…

– nunca tuve la fuerza necesaria para salir adelante yo mismo…soy un inútil –

Sus ojos fueron a parar en el adorno de ostras esparcidos en el suelo. Se acercó y tomó las piezas una a una, colocándolas sobre su mesita de noche.

Esa estatua amorfa era un recuerdo muy valioso de su niñez, pero que ahora no representaba nada dado a las circunstancias.

– debería tirarlo – susurró, mirando fijamente las piezas blancas y rosadas – o solo guardarlo en una bolsa. Sea como sea, no tiene arreglo alguno –

Aquella pequeña sirena mal hecha fue un obsequio de cumpleaños de parte del joven maestro. Fue la criatura marina más grotesca que pudo ver con sus ojos, según palabras de su abuelo, o que aquella cosa desmoralizaba el libido de los hombres al imaginarse así a las mujeres mitológicas, según dijo otro de los marineros.

Pero para él, fue el regalo más hermoso y valioso que pudo recibir como regalo. Estaba seguro que iba a atesorarlo por el resto de su vida, a pesar de volverse la burla de todos ahí presentes en la fiesta. Pero no le importaba nada, mucho menos a Lummpy, quien tenía arena y trozos de almejas pegadas en las manos y los brazos con pegamento super fuerte.

Una lágrima traicionera amenazaba con escaparse ante el recuerdo de aquel día. Pero no se contuvo, además estaba solo en ese momento.

Dejó que la amargura y el dolor sigan a flote su camino, desahogándose poco a poco mientras su corazón seguía doliendo como el lamento de las almas perdidas en el océano.

¿qué más importa ya si todo se acabó entre ellos?

¿Qué significado tiene seguir guardando esos momentos cuando ya no tienen valor alguno para él?

¿por qué debería sostener con cuidado aquella sirena, cuando lo único que hace es herirlo con su sola presencia?

– ¿por qué lo sigo haciendo, cuando sé qué nada será igual que antes? –

Limpiándose el rostro con su manga, recogió las piezas y aquella estatuilla y lo metió dentro de una bolsa, colocándolo arriba de su armario y entre unas cajas con polvo.

Era el mejor lugar que podía encontrar de momento.


Siendo ya medio día, las personas entraban en cambio de turnos o almorzaban en las áreas comunes. Las zonas residenciales estaban a medio llenar, ya que algunos preferían alimentarse en casa.

Splendid no fue la excepción.

Él caminaba campante en dirección a la zona residencial vip, mientras llevaba una enorme bolsa de comida caliente. Pero en vez de ir hacia el frente, giró a la derecha, donde habitaban las personas comunes que fueron rescatadas en las misiones.

Contó siete casas y dobló a la izquierda, adentrándose casi al límite del área. Ahí, en medio de dos unidades familiares de uno o dos residentes, vivía la chica de sus sueños.

Sabía que después del problema ocurrido con Cuddles, Lammy debe estar muy herida y decepcionada de él por no haberla ayudado, pero había una misión de por medio y tenía que cumplirla con tiempo.

– debo de ser valiente, solo así puedo enfrentarme a esto – aclaró con seguridad.

Marchó con algo de nerviosismo hacia la casa de Lammy y tocó tres veces, pero nadie le respondía.

– ¿estará en casa? – entonces se golpeó mentalmente el rostro. Había veces en que ella se marchaba para el almacén o al área de descarga y naves, solamente para alejarse de todos. Pero tenía que probar antes de dirigirse a otra parte.

Como si fuese un gato ninja, uno de esos personajes que leyó en un comic hace tiempo, trepó con cuidado hacia el balcón de segundo piso, mientras sujetaba las bolsas en su cinturón. Una vez llegado, intentó retirar con éxito el seguro de la puerta corrediza que conectaba a su habitación. Como se dijo antes, todas las casas estaban hechas de igual forma, así que no se le dificulto el cómo desbloquear el seguro de esa puerta.

Para cuando devolvió todo a su lugar, Did procedió a bajar con cuidado de no ser detectado, aunque a este nivel, ya debería recibir un golpe o algo.

Bajó las escaleras buscándola en la sala, cuando divisó un movimiento proveniente de la cocina. Al terminar de bajar con cautela, encontró la silueta de Lammy parada frente al fregadero, pero lo que más lo alarmó fue el cuchillo en su mano, mientras la sangre se derramaba de su mano libre, alzada a la altura de su rostro.

– ¡LAMMY! – sin siquiera pensarlo, corrió tan rápido y la tomó de la muñeca herida. Lammy lo miró conmocionada, dándose cuenta de la intromisión del azulado, pero eso no fue lo que más la sorprendió.

– ¿qué haces…? – dijo, mirando como Did se volvía un torbellino mientras trataba de buscar el botiquín de primeros auxilios, a la par de sujetar con fuerza la muñeca de su mano herida y evitar que siga sangrando

– ¡No te dejaré!¡No voy a permitir que lo hagas! – gritaba exaltado, mientras la llevaba directo a la habitación. Como se dijo antes, las casas eran iguales así que la división de objetos dados por la base deberían ser también las mismas.

Como si pesara nada, la llevó directo al baño, abriendo el cajón detrás del espejo y sacando los implementos de primeros auxilios.

-¡déjame ver! – llevó la mano herida hacia él, analizando el daño que pudo haberse hecho ella misma.

Pero no había encontrado nada más que un corte ciertamente grande en el dedo índice. verificó cuidadosamente que su mano no tuviera cortes profundos y que su muñeca no se encontrara en peligro.

Una vez percatandose del diminuto daño, pudo volver a respirar con normalidad. No se había dado cuenta que tenía retenido el aire dentro de sus pulmones mientras chequeaba su mano.

Al darse cuenta que aún le sujetaba la mano con fuerza, se limitó a tomarla del dedo lastimado y coger unas cintas para cortes y procedió a curarla, no sin antes desinfectarle.

– santos cielos Lammy, debes tener más cuidado la próxima vez – no quería mirarla a los ojos o se daría cuenta de lo estupido que se siente al actuar tan descontrolado. Pero no podía culparse al verla sangrar, y más cuando la escena y las circunstancias daban a entender que Lammy pudo haberse herido a propósito.

Ella en cambio, solo contemplaba como Splendid curaba el corte en su dedo que se hizo mientras preparaba unas botanas de zanahorias.

Estaba tan sumergida en las palabras dichas por Cuddles que no se percató del corte hasta que comenzó a dolerle.

Entonces, todo el escenario comenzó a cobrar sentido en ella.

Splendid había irrumpido en su residencia, la sujeto fuertemente de la muñeca y la llevó al baño, tratando de controlar lo que él supone, un intento de sucidio.

– ¿en serio pensaste que haría algo así? – soltó, sin ánimos de gritar o enojarse. No tenía las fuerzas para discutir en ese momento, o al menos, no con él. Siendo sinceros, Splendid es el único, hasta ahora, quien realmente se preocupa por ella. Desde antes hasta ahora.

Did finalmente pudo mirarla a los ojos, solo para reflejar un enorme sonrojo en sus mejillas. Entendía ese gesto. Ella pensaba que Did estaba más que avergonzado por su actuar y por malpensar la situación.

– es solo que, cuando te vi ahí parada, contemplando la sangre de tu mano, pensé que…– no tuvo valor para seguir hablando

– tú también piensas que soy así –

– ¿qué? –

Lammy zafó su mano del agarre de Did y se encaminó a su habitación.

– esto es humillante – soltó con decepción, mientras se abrazaba dándole la espalda a Did.

Este la siguió, pero se mantuvo al margen ya que no quiso agravar más la situación. No encontraba palabras para poder romper la tensión, entonces se acordó de la comida que dejó en el suelo de esa habitación. Con cuidado, tomó la bolsa y se lo enseñó a la peli morado

– queria saber como estabas, y también ver si querías comer conmigo –

Lammy se giró, contemplando el intento de Did por sonreír y alivianar el ambiente. La persistencia del peli celeste a veces le sacaba de sus casillas, pero esta vez se llevaba el premio grande por su osadía.

– ya estaba preparándome algo para comer, gracias – algo en Did afloró en sus ojos, mostrando un poco de dolor por el rechazo, pero se recompuso rápidamente. Lammy pudo percibirlo, pero aún se encontraba demasiado molesta con él – además, ¿no es esto un acto delincuencial? – señalando la ventana de su alcoba – ¿cómo te atreves a irrumpir en propiedad privada? –

– lo siento, yo solo queria saber como te encontrabas después de lo que te dijo Cuddles, pero cuando toqué a tu puerta no contestaste, por eso yo/–

–¿por eso irrumpiste aquí, como un delincuente, haciendo lo que te da la gana sin pensar en las opiniones de los demás? – Lammy no quería alzar la voz, pero el odio y el dolor del recuerdo de las palabras dichas por Cuddles, la hacían bombardear hirientes punzones contra el único que se atrevía a cruzarse en su camino, aunque este solo intentaba apoyarla, animarla.

– lo sé y lo siento mucho, pero no quería dejarte ir sin arreglar el problema –

– como si tú pudieras arreglarlo tan facilmente – Did sabia que ella se encontraba herida, ya que esa era la forma en como lo reflejaba, pero aún así le dolía mucho como lo estaba tratando – nada se soluciona con solo preguntar si estoy bien o no, así que déjalo ahí y vete. No quiero verte –

Splendid tomó un poco de aire y valor, tratando de no doblegarse al mal momento. No era culpa de ella, ni de él ni de nadie, salvo por el maldito de Cuddles y su cruda forma de reprender. él también podría sentirse como una basura si él le hubiese dicho sus verdades tan descaradamente, así que la comprendía en ese momento.

Por ahora su plan para que Lammy cuidara temporalmente al cachorro debía esperar. Había cosas más importantes por ahora.

Dió un paso vacilante, luego otro, hasta que se acercó a su lado y, en una mesita que había ahí, dejó la bolsa con comida. Ella no se movió salvo para voltear y no mirar su rostro, ya que si lo hacía no se contendría y le diría cosas mucho más hirientes.

– está caliente, ten cuidado con tu dedo – espero unos segundos para alguna respuesta, pero sin recibir nada a cambio decidió marcharse por donde vino. Lammy escuchó el seguro de la ventana abrirse y cerrarse, luego el golpe seco de algo caer afuera y finalmente, silencio absoluto.

Uno, dos, tres, hasta veinte segundos pasaron para que ella se girara en dirección a la comida. Se acercó a la bolsa y la abrió, notando no solo el envase del almuerzo, cubiertos y una bebida. Había un envase con manzanas peladas y en trozos, con fresas y uvas, bañadas en miel y yogurt natural. Era su postre favorito desde que lo descubrió en la base.

Sin pensarlo dos veces, agarró la bolsa y fué directo a la cocina, vertiendo el contenido en la mesa. Tomó el envase grande y lo sujeto sobre el tacho de basura, listo para ser desechado.

No lo quería. No deseaba las migajas de compasión y pena de nadie, como bien dijo Cuddles. Ella no deseaba sobras de nadie, tan solo quería volver a ser la chica amada que fue hace años.

No. No era eso.

Ella quería volver a ser amada, simple y sencillamente.

Quería volver a sentir esa calidez al compartir con alguien un momento agradable, íntimo, amistoso. Deseaba volver a tener la compañía de los que una vez fueron importantes para ella.

Pero esa realidad pasada era una ilusión actual.

Sabía que nada volvería a ser como antes, así como también sabía que todo el daño que hizo quedaría marcado en sus ex compañeros de escuela.

Nadie, ni siquiera Petunia la había perdonado realmente, solo le tenían pena por lo que estaba viviendo y lo triste que era su situación actual. No tenía criadas, no tenía choferes, no tenía a sus padres ni a su hermano, no tenía dinero ni carros, mucho menos tenía a sus "amigos" que la adoraban y la veneraban por ser la diosa de la escuela central.

Ni siquiera tenía a esos amigos a quienes torturaba con sus ponzoñosas palabras y acciones. Todos ellos se volvieron fuertes, increíbles, impresionantes héroes que luchaban día a día y sacrificaban sus vidas por mantener a todas estas personas a salvo. Ellos fueron mucho más capaces de conseguir un papel importante en esta base.

En cambio ella…ella ya no tenía nada en la vida.

Sus ojos se nublaron por las lágrimas que emergen sin impedimento alguno. La rabia, la frustración, pero más que nada, la soledad y el dolor la volverían incapaz de hacer algo con su vida. La ira burbujeaba en ella, por sentirse una completa inutil sin solución alguna.

Quería acabar con todo eso, realmente lo deseaba.

Se percató del cuchillo tirado en el suelo, junto a unas gotas de sangre de la herida de su dedo. Miró su mano, ahí donde estaba la venda que le hizo Did con mucho cuidado.

Puede que sea un solo toque de cinta, pero lo sintió como un proceso sumamente profesional y cuidadoso.

Entonces ella se preguntó, si realmente estaba sola en este peligroso mundo, si nadie jamás le perdonaría todo el daño que hizo en el pasado, si siempre caminaría en la soledad y la oscuridad, ¿por qué en todas las malas situaciones que le ocurría siempre estaba Did para salvarla?

¿Acaso se burlaba de ella por ser débil en fuerza?

¿Pensaba que ella no era lo suficientemente capaz de afrontar los retos por si misma?

¿Piensa acaso que nadie apostaría por alguien tan bajo como ella para ser su amiga, y él se sacrificaría en esa misión?

¿En serio cree que ella es tan miserable como para sentir pena y sacrificarse para no hacerla sentir sola?

Eso cree de mi. Todos creen así de mí.

Dejó el envase a un lado, acercándose al cuchillo que brillaba por la luz del sol, entrando por la ventana. Resbaló por la pared, cayendo sentada al suelo. Mirando frente a ella, al vacío, a la nada, sujetó fuertemente el mango, acercando la filosa hoja al borde de su muñeca.

Solo por un instante, muy minúsculo, recordó la sonrisa de Petunia cuando eran niñas, pero así como vino, también llegó el rostro de sufrimiento que vio en ella por todas las cosas que sucedieron.

Sin darse cuenta, el filo del acero penetró en su piel y se deslizó suavemente en horizontal.

El dolor fue inminente y ardiente, el calor abrasador recorrió todo su brazo, pero luego se sintió amortiguada por una sensación de paz.

Entonces, otro rostro apareció, uno mucho más brillante que el de la peli azul. Era él, Cuddles, un alegre y feliz conejo que sonreía sin importarle los malos tratos que recibía de ella. Después, su rostro más transformado, un Cuddles más maduro y serio, pero que ni así dejaba de sonreírle a la vida, incluso si la muerte lo acechaba a cada segundo de su existencia.

Sintió su brazo moverse, aquel se sostenía el cuchillo. El filo atravesó nuevamente la carne de su muñeca, mientras otro corte, a unos milímetros del primero, se abría y brotaba otro canal de sangre.

Podía sentir el dolor perforando más a fondo sus sentidos, pero como si una droga se tratase, la calma la embargaba nuevamente, aliviando su malestar como un abrazo de paz.

Otra imagen se presentó, pero esta vez eran varios. Su familia. Aquellas personas que nunca tuvieron cuidado alguno por ella, salvo en complacer todos sus caprichos a la par de mantenerla lejos de sus agobiantes agendas empresariales. Si ellos hubieran sido más responsables, más atentos con sus hijos, su hermano nunca se hubiera fugado de casa una noche para ir con sus amigos, solo para terminar siendo asesinado por unos psicópatas al volante.

Lo extrañaba demasiado. Él era su única familia, pero ahora no tiene a nadie.

Nuevamente otro corte, esta vez más profundo que los anteriores. Podía sentirlo atravesar la piel y los tejidos, sentir la burbujeante sangre caliente derramándose en el frío piso de la cocina. Pero no le asustaba, ya nada le importaba.

Estaba sola, así que ¿a quién le importaría lo que le ocurriese al fin y al cabo?

Su mano involuntariamente cortaba su piel con la filosa hoja, bañándose de un brillante carmesí. Una y otra, sin detenerse, sin parar. El dolor corría a la par de la sensación de calma, se sentía muy extraño para describirlo, pero podría asemejarse a cuando tocas un cable pelado y sientes correr esa energía poderosa, sacudiendo todo dentro de ti, solo para después tener tu mano flotando en un suave y calmado lago de aguas frías.

No sabe cuántos cortes hizo pero se detuvo cuando las fuerzas la abandonaron de repente.

Se sentía mareada, cansada, muy agotada física y mentalmente. Sus ojos comenzaban a cerrarse lentamente, mientras el frío la envolvía en un tortuoso abrazo, llevándola hacia el oscuro mundo del final de la historia y las pesadillas.

Si ya nadie podía creerle, si ya nadie estaría dispuesto a darle otra oportunidad, ¿para qué seguir viviendo cuando la soledad era lo único que tenía, estando viva o muerta?

Poco a poco la oscuridad devoraba su cuerpo, la luz del sol se perdia al fondo de un paisabe negro.

Todo lo que podía percibir era el lento ritmo de su respiración.

Uno.

Al final…

Exhalaba.

.

.

.

Dos.

Al final yo…

Exhalaba.

.

.

.

Tres.

termine…de esta manera…

Exhalaba.

.

.

.

Cuatro.

.

.

.

Negro.

Oscuridad.

Una fría y profunda oscuridad.

.

.

.

.

.

Pero hay algo en ese abismo negro que no la quiere dejar ir.

Una luz, una brillante y penetrante luz que rompe la negrura del lugar.

Sabia con claridad qué era esa luz y de donde provenia, no habia forma de no reconocerla, y más cuando ese persistente idiota siempre aparecia en los momentos más o menos indicados.

Podía escuchar su voz desde la lejanía, susurrando palabras de aliento, diciendo lo maravillosa que era y que era tan hermosa por tener un enorme y bello corazón.

Deseaba que esa voz sonara más fuerte para así saber donde encontrarlo, pero no fue necesario. Una mano se extendió hacia ella tratando de sostenerla e impedir que fuera a su perdición.

El rostro de Splendid se reflejaba como un halo de luz, sus ojos cielo la miraban tratando de expresarle algo que no podía comprender, pero no importaba, siempre y cuando pueda mirarlos y así guiarla fuera de la negra y tétrica muerte

Entonces su cuerpo recobró los sentidos y las sensaciones.

Un fuerte dolor explotó en su brazo izquierdo, recordando que fue ahí donde decidió actuar para acabar con su cobarde vida.

No sabia ni queria saber por qué ese idiota no la dejaba en paz ni cuando se estaba muriendo, pero si eso era una señal de que todavia no podia irse de ese mundo, de esa manera, entonces tendria que actuar rapido y salvar su patetica vida.

Una fuerte y enorme bocanada de aire le hizo doler los pulmones, mientras el dolor agudo y penetrante de su brazo lo hacía chillar de dolor. Hizo su mayor esfuerzo por levantarse del suelo, tratando de no derrumbarse o resbalarse con la sangre derramada. Pero al percatarse de la enorme cantidad de sangre que perdió, sintió un fuerte mareo y ganas de vomitar.

Debería estar muerta con toda esa cantidad perdida, pero ni así puede hacer un buen trabajo.

Se apoyó como pudo en la pared con su hombro, mientras caminaba lento pero con cuidado hacia la salida. Para su enorme sorpresa, al girar el pomo con mucha dificultad y abrir la puerta con un puntapié, vio la ancha espalda del Did, quien se encontraba sentado frente a la casa.

No se había ido como pensó. Aguardo por ella para que se calmara o algo así.

Quería llorar. Él estaba ahí para ella

Un gemido salió de sus labios, haciendo a Did consciente de su presencia. Al momento que este giró, sus ojos se abrieron enormemente, mientras su piel bronceada se tornaba blanca como el papel. Sin que ella se diera cuenta de la velocidad con la que actuó Did, éste la tomó en brazos, sujetando la muñeca herida y tomó carrera hacia el centro médico.

– ¡RESISTE! – fue lo único que le escuchó decir antes que la oscuridad la consumiera otra vez.


El pitido de la máquina la despertó poco a poco, pero más que eso, fueron los susurros de dos individuos que cuchicheaban entre ellos cerca a la paciente en la camilla.

Petunia abrió los ojos lentamente, acostumbrándose a la luz de aquella habitación. Pudo reconocerlo enseguida, era el consultorio de la doctora Branny.

Al saber que estaba en un lugar seguro, se levantó de a pocos, pero en eso las voces a su alrededor se detuvieron, llamando por completo la atención de la peli azul.

Dos pares de ojos verdes la miraban desde la esquina, mientras se encorvaban para tratar de ocultar lo que tenían entre sus manos. Ese actuar le resultó muy extraño a Petunia. Entonces, recordó todo lo sucedido anteriormente, desde lo que vio hasta donde llegó corriendo.

Quería morirse ahí mismo.

Trató como pudo de incorporarse y salir de la camilla, más en eso apareció la doctora, con unas mantas y unas almohadas en los brazos.

– ¿qué estás haciendo? – Dejó las cosas en una silla cerca a la camilla y tomó a Petunia de los hombros – ¡recuestate enseguida! –

– ¿qué hago aquí? – susurró con malestar, estaba muy agotada – ¿cómo llegué? – miró en dirección a Shifty y Lifty, quienes solo se quedaron mirándola con los ojos abiertos y la piel pálida y sudorosa

– ellos te trajeron, después de encontrarte tirada debajo de una escalera – la voz de Branny sonaba muy enojada, pero hablaba como si no lo estuviera – dime, ¿qué sucedió contigo Petunia? –

Ella miraba a la doctora y luego a los gemelas, una y otra vez. Había algo en ellos que la hacía sospechar. Ese nerviosismos no era común para un var de extrovertidos y malcriados delincuentes juveniles

– ¿Petunia?, mírame por favor – pidió la doctora. La peli azul no le quedó de otra que decir la verdad

–yo…yo ví…lo vi a él, a Handy abrazando muy apegado a esa tipa en el hospital, luego de salir de tu consultorio. Entonces me fuí antes de que pudiese decirme algo– el mal sabor de boca que se origina en ella al mencionarla siquiera, era tan desagradable como las ganas de querer vomitar. No sabía si era por su bebé o por aquella maldita perr…

Entonces recordó a su hijo y el cómo se había lastimado dos veces su cuerpo

– ¡Doctora, mi…! – pero al recordar la presencia del par de individuos, pidió en silencio de manera que solo Branny comprendiera – ¿está bien, está todo en orden? –

La cara que puso Branny no reflejaba nada bueno. Petunia sintió palidecer en segundos, mientras el sudor se tornaba frío y el aire dejaba de entrar a sus pulmones.

Branny miró atrás, al par de delincuentes, quienes a su vez, la miraron y luego a Petunia, con un semblante cada vez más frío y aterrorizados.

– la buena noticia – dijo la doctora – es que todo se encuentra muy bien. No presentas sangrado y ya te realice un examen completo de emergencia. La mala noticia – señaló a los gemelos – es que ellos rebuscaron en tu bolso y vieron la ecografía que imprimí y los suplementos prenatales. Ya saben lo que tienes –

De alguna forma, por solo un segundo, aquella mala noticia no sonaba tan mal ya que sabía que su bebé se encontraba muy bien. Pero la palidez de su preocupación desapareció, dando paso a un enrojecido y furioso rostro salvaje, sediento de sangre hacia el par de intrusos que se atrevieron a rebuscar entre sus cosas.

– ¡dense por muertos! – sentenció finalmente a ellos dos.

Lifty se lanzó a los brazos de su hermano, mientras que Shifty temblaba pegado a la pared, con los dientes cascabeleando.

– espera, tranquila querida – intervino la doctora – de no ser por ese detalle, ellos no te hubieran traído conmigo a toda velocidad – miró con cierto orgullo a los chicos – fueron muy eficaces y atentos contigo, se preocuparon a cada segundo de que tú y tu bebé se encontraran bien –

Ambos asintieron a la par que Branny hablaba. Petunia dejó de momento su rabia, porque sabía que sería injusto después de que la ayudaran.

– si es asi, entonces no me queda más que decir que…gracias a ambos – escucharle decirles eso a los hermanos, hizo que sus miedos se esfumacen con cautela y se sonrojaron por el brillante semblante que tenía Petunia en ese momento

– si es cierto lo que dicen de una mujer embarazada – dijo Lifty

– ¿a qué se refieren? – preguntó Petunia

– te ves más radiante y…hermosa, si me permites decirlo – susurró este último Shifty, mientras se acomodaba su sombrero de ala y cubría sus ojos. Petunia no sabía cómo tomarlo

– y dicen que se ponen más bonitas cuando crecen – Lifty extendió sus brazos enormemente, simulando tener un vientre abultado. Branny se enojó, al igual que su hermano quien lo golpeó

– ¡Sé más respetuoso, animal! –

– el crecimiento del vientre depende del bebé – aclaró la doctora – hay vientres pequeños como grandes, así que no sean inoportunos al comentar ese detalle a una mujer embarazada –

– pero es cierto, se ponen grandes –

– ¡callate idiota! –

– mira que no dije gordas, porque sino todos me pegan –

Mientras Shifty golpeaba a su hermano, Petunia se puso a pensar en la situación en la que se encontraba. Mientras más supieran de su estado, más difícil sería enfrentar a los generales. Aunque tarde o temprano la verdad saldría a la luz. Pero debía hacer algo con ese par de idiotas antes de pensar en algún plan, más siendo estos los alumnos de Lumpy

– muy bien, escuchen par de tarados – dijo, deteniendo a Shifty de aplicarle una llave al cuello a su gemelo – esto es lo que sucede; ustedes cerrarán sus bocas y no diran a nadie, repito, A NADIE sobre mi embarazo, en especial al estupido de Lumpy, ¿está claro? –

Teniendo en mente que ambos dirían algo estupido, no se preparó para una revelación por parte del menor

– lamento decirte esto azulita, pero ese idiota no se va a enterar de nada porque no que no esta aquí –

– ¿a qué te refieres?–

– lo que él dice, hermosa – siguió Shifty – Lumpy dejó esta base para irse a la otra, según él, por temas tecnológicos y de mantenimientos a las máquinas de allá. Aunque lo vimos demasiado tenso para ser una simple revisión de rutina –

Recordaba entonces no haberlo visto cuando Fliqpy y ese sujeto, padre de Flaky, llegaron a la base con su entrada triunfal. Tampoco lo había visto en todo el día. si lo que dice Shifty es cierto, algo muy raro y alarmante debe estar pasándole a su maestro.

Y si queria saber que diantres ocurre, debía averiguarlo con la única persona que lo conocía perfectamente; Russel

– ¿saben cuando se fue?, tengo que hablar con el capitán Russel –

– espera ahí, Petunia – Branny nuevamente la detuvo, esta vez recostandola con cuidado y colocando almohadas – debes reposar un momento, dado a tu condición – Petunia iba a reclamarle y decirle que no estaba inválida o enferma de algo terminal, pero nada podría importarle si se trataba por el bienestar de su bebé, así que decidió aceptar de mala gana

– si quieres, podemos traer al rarito ese para que hablen aca – sugirió Lifty

– no, ya les dije que nadie debe enterarse de mi estado. Prometanlo –

– por supuesto, my lady –

– como gustes, muñeca –

– muy bien, dejemos a Petunia descansar. Luego podrás irte a tu residencia – se giró en dirección a los gemelos – ¿podrían cuidar que no se mueva de aquí y haga algo peligroso? –

– estamos para servirle, señorita – confirmó el mayor, siendo seguido por su hermano con un guiño

– muy bien, regresaré pronto, tengo otras pacientes que atender y más tarde, una cesárea que realizar –

Cuando la doctora se marchó, la inquietud y curiosidad brillaron en los ojos de los gemelos. Petunia podía sentirlos posarse como moscas molestas por saber algo de ella.

Suspirando resignada, además de sentirse en deuda con ellos, les cedió el permiso de preguntar

–bueno, ¿qué quieren saber?–

El primero en lanzarse hacia delante fue Lifty, quien se veía muy emocionado e intrigado, mientras se sentaba bruscamente en la silla al costado de la camilla

– ¡no puedo creer que vas a tener un bebé! – soltó maravillado y asombrado

– algo difícil de procesar, si me lo permites – continuó Shifty

– no es nada de otro mundo. Ya saben como es el tema de los bebés –

Ambos se miraron, luego se sonrojaron. Petunia tenía miedo de haber encendido la mecha de la peligrosa curiosidad.

– y…¿cómo pasó? – Lifty fue respondido por un golpe en la cabeza por la peli azul, mientras que su hermano daba un paso atrás

– ¡es increíble que preguntes algo así! –

–¡Me refiero a que cómo se dieron las cosas! – con una lágrima en los ojos, se frotó el duro golpe en su cabeza – ¡si se como se procesan esas máquinas de vómitos y gases! –

– qué vulgar y corriente eres, hermano –

–si lo son, no niegues que se ven así –

Y mientras ambos discutían sobre las características y modelos de bebés, Petunia retoma el momento en su mente cuando encontró a Handy y a la mayor de todas las hermanas que trabajaban en la cafetería, abrazados tan unidos y melosos, mientras su corazón se partía en miles de pedazos y se volvían polvo.

Handy quiso decirle algo, pero no iba a permitirle dar ninguna explicación.

Ya no merecía esto. No valía la pena seguir atormentando por algo que nunca volverá a ser como antes.

Ella ahora tiene un compromiso de por vida con su bebé, así que debía ser fuerte y dejar atrás los malos momentos con ese imbécil. No pensaba lamentar más el haber amado a alguien así. ahora era solo ella y su bebé. Listo

–es mejor así –

Mientras tanto, en la otra ala del centro médico:

Unos suaves dedos acariciaban la frente perlada del peli naranja, con cuidado de no tocar la herida causada al caer estrepitosamente al piso luego que el sedante hiciera su trabajo.

Handy recobraba el sentido, moviendo los dedos de su mano artificial y tomando con cuidado los dedos que lo tocaban con cariño. Abrió los ojos y pudo reconocer el rostro de Amila quien, con una sonrisa tierna y cálida, le daba la bienvenida luego de un pesado sueño.

Él intento levantarse, pero los estragos del químico aún residían en su organismo, mareandole un poco.

– descansa, aún no te recuperas – susurró ella, tratando de recostarse nuevamente, pero Handy no podía quedarse ahí a perder el tiempo. Debia encontrar a Petunia, tenía que hacerlo y saber que ella y su bebé estuviesen bien.

– no puedo hacer eso Amila, no ahora – retiró con suavidad la mano de esta y se empujó fuera de la camilla, más en eso sus pies le fallaron, cayendo de rodillas no sin antes tirar una charola con implementos medicos – maldición – gruño frustrado

– por favor, no te sobre esfuerces, te sedaron demasiado y has dormido poco tiempo – en eso entra Sniffles, quien al ver al peli naranja casi en el piso, no pudo evitar sonreír de lado por la patética apariencia que tenía ese desgraciado

– seras tonto – se tomó su tiempo en ir a ayudarlo para colocarlo nuevamente en la camilla. Handy iba a protestar y empujarlo, pero un click llamó su atención, haciéndole girar la cabeza en dirección a su muñeca, cual se encontraba esposado en la barandilla de la camilla – es por seguridad –

– ¡déjate de bromas y libérate! – Sniffles era un muchacho que no le iba a las peleas, ya que con un simple empujón podía acabar herido, pero viendo que Handy no lograría librarse fácilmente, quiso tentar su suerte y comenzó a atacar como él sabía hacerlo

– antes que nada, permíteme – se acercó un poco y, en algo que parece un gesto a espantar una mosca, golpeó la palma de su mano en la mejilla de un sorprendido obrero. Aunque aquello no fuera más que una caricia…

–¿ y eso que fue? – preguntó calmado, pero no por eso, menos furioso

– por atreverte a lastimar nuevamente a Petunia – la sola mención de su amada hizo que la sangre burbujeara por sus venas, haciéndolas más visibles en su cuello y en su sien – sé que te mereces eso y más, pero no soy yo quien debe tomar venganza. ahora, sé un buen paciente y quedate tranquilo hasta que el médico en turno te dé de alta –

el peli celeste se giró listo para marcharse, cuando una voz gutural lo llamo desde atras, escarpelandole la piel y poniéndolo más pálido de lo que ya era

– Sniffles…– habló bajo Handy, pero con la potencia de un rugido de una bestia impaciente, aguardando desgarrar el cuello a su presa – libera mi muñeca. Ahora –

Un sudor frío lo tomó de sorpresa. Nunca había sentido que unas pocas palabras pudieran cargar tanta rabia contenida, y sin levantar la voz. A veces se preguntaba si Handy era humano.

Se sintió tentado a hacer lo que le pedía ese endemoniado sujeto, pero no podía permitirle seguir hiriendo a su amiga. Echó un vistazo a la muchacha que estaba con ellos, el miedo le hizo olvidarla. Su rostro estaba igual o peor que el de él, el miedo se plasmaba crudo y vivo en sus facciones. Nadie podía imaginarse que un tipo tan carismático, alegre, risueño y despreocupado como Handy lograría igualar o ser más terrorífico que Petunia.

Son tal para cual. pensó para sus adentros.

Iba a tomar las llaves de su bolsillo y liberarlo de las esposas, cuando un ajetreo en el área de emergencias lo salvó de cometer una estupidez. Él era enfermero en esa área, así que dejó atrás sus miedos y tomó acción inmediata, no sin antes escucharle gritar a Handy su nombre.

Corrió como pudo, tratando de controlar su miedo del reciente suceso y ponerse en modo profesional. Para cuando llegó a recepción, la imagen que recibió fue como un balde de agua fría.

Splendid estaba bañado en sangre, mientras sus colegas médicos se llevaban a una mujer, quien al darse cuenta del color de su cabello entendió de quien se trataba.

Rápidamente fue a abordar a Splendid con preguntas, pero él estaba demasiado ido y no respondía a razones, además que el médico lo llamó para que lo asistiera de inmediato.

– ¡Necesitamos unidades de sangre, de prisa! – Sniffles corrió rápidamente al banco de sangre, verificando el tipo que era Lammy. Para cuando regresaba a la sala quirúrgica, Did ya se encontraba sentado, con las manos sujetando su cabeza y su rostro cubierto por su flequillo. Quería hablar con él, preguntarle qué diablos sucedió, pero no podía ahora mismo ya que tenían que salvar a Lammy.

Por lo que pudo notar con la palidez de la peli morada, es que había perdido demasiada sangre por las enormes heridas en su brazo. Cuando limpiaron con gazas la zona afectada, los cortes eran largos y profundos, casi comprometiendo los tendones. El doctor y su equipo actuaron rápido, mientras le colocaban todos los implantes necesarios para mantenerla con vida.

Mientras trataban de cerrar la herida, la sangre en las bolsas se drenaron en el organismo de Lammy, pero algo falló de repente,la máquina daba pitidos de alerta.

– ¡está rechazando la sangre! – dijo una enfermera.

Sniffles no podía creerlo, se aseguró de traer la sangre correcta según su historial médico. Tal vez Lammy no sabía su tipo de sangre y por eso…

– ¡traigan otras diferentes, rápido! – Sniffles tomó carrera nuevamente, reportando una falla en el registro del paciente y solicitando todas las unidades diversas que tuvieran. Cuando estaba esperando por los encargados, volvió su mirada nuevamente a Did, entonces se percató de un detalle.

Si bien Splendid estaba bañado en sangre, aquella cantidad no podría ser solamente de Lammy. Caminó rápidamente hacia él, tomándolo de los brazos y alzando sus extremidades. Entonces lo supo, comprendió al instante.

– ¡¿Qué has hecho?! – su brazo estaba aún rojo, pero se podía ver la carne desgarrada.

Did le dió de beber su sangre a Lammy.

Lo tomó con toda la fuerza que le era posible y lo llevó a la sala donde estaba tratando de salvar a la pelimorada. Al momento en que los doctores lo vieron, fue solo un segundo de duda para comprender lo grave de la situación.

– ¡Se realiza el procedimiento de trasplante con la sangre del capitán! –ordenó el médico inmediatamente


El área A10 es una zona restringida únicamente para entrenamiento militar, ya sea por medio de maquinaria pesada o luchas cuerpo a cuerpo. Estaba implementado con las mejores herramientas y equipos de última tecnología, además de contar con un sistema de simulación avanzada creado por los técnicos e ingenieros de la base, guiados por Lumpy y Rat y probados por el general Bud y el Mayor.

Este sistema, llamado GWS (gus, geneoht warehouse system), puede simular a la perfección un escenario, lugar, personaje, o cualquier otra cosa cuyos datos estén almacenados en la plataforma informática de GENEOHT.

Un dato muy importante, es que los escenarios son sensitivos a un 100%, es decir, que actúan como si estuvieran en ese mismo lugar, dando la sensación de humedad en un bosque con niebla, temperaturas altas en un desierto, una gélida tempestad en la antártida o un refrescante día de campo de un bosque. Mientras que los personajes tienen la capacidad de actuar de forma realista con un 50%. En resumen, si alguien practica con un soldado enemigo, puede salir medio herido según la fuerza real del personaje

Este sistema es frecuentado por los capitanes y los miembros que participan en las misiones de recuperación, así como para entrenar sus cuerpos ante enemigos como los de IMPERIUM.

Una de las simulaciones más usadas por Flaky y Splendid son los soldados de IMPERIUM, luego están los gemelos ANTS usados por los capitanes Cuddles y Petunia, y finalmente, pero no por eso menos peligroso, están los experimentos de tercera generación.

Alguno que otro quiso lucirse y enfrentar a una simulación de grado S como son estos experimentos, resultando muy heridos y con posibles fracturas leves.

Por eso era sorprendente cuando los capitanes practicaban contra esta cosa, siendo todos ellos contra una simulación.

Pero, viendo el panorama que se presentaba ante los guardias del lugar, no tenían idea de qué hacer a continuación.

Sí estaban obligados a informar a las oficinas centrales sobre el intruso pero, viendo de quien se trataba, el morbo era más fuerte por saber qué haría ese sujeto enfrentando él solo a una simulación S, al 100% de su realidad.

Cabe mencionar que se puede calibrar el porcentaje de realidad en ambos campos.

– ¿llamaste a central? – preguntó un guardia sin quitarle la vista al tipo

– le dije a Spencer que lo hiciera – respondió el segundo guardia, también con la mirada abajo

Todos los ahí presentes, cerca de 30 personas entre soldados y guardias, aguardaban impacientes lo que haría esa alimaña contra ese sujeto.

– ya di el aviso, dicen que van a consultar con los mandos – habló el tal Spencer

– ¿cuanto a que él lo derrota? – dijo el segundo guardia

– ¿cuando a que esa cosa lo termina venciendo? – habló el primero con una sonrisa de lado – nadie, ni mucho menos los capitanes o los altos mandos pueden enfrentarse solos a una de esas cosas por su cuenta. Este tipo esta loco –

Desde el primer piso, donde se realizaba la simulación, Robert escuchaba los murmullos de la gente, preguntandose cuando callarían sus estúpidos comentarios sin sentido.

– bueno – dijo, mirando al frente donde se encontraba una bestia de verde melena, preparado únicamente con su preciada cuchilla – ¿listo para comenzar con el plan?–

Fliqpy sonrió de lado, mientras la simulación daba conteo regresivo para activar el experimento en su realidad total. El brillo maligno en sus ojos eran la mecha de la locura que se desatara en ese lugar

– ¡que empiece lo bueno! –


Pasaron largos minutos, volviéndose una interminable hora de agonía, pero los resultados fueron impresionantemente favorables.

El médico encargado salió del quirófano, tirando los guantes sangrantes a un tacho, mientras se preguntaba cómo diablos le haría para dar semejante reporte a la central. Estaba acabado, pero al menos cumplió con su misión.

Mientras tanto, Did estaba aguardando al lado de Lammy, quien seguía conectada a muchas máquinas que la ayudaban como soporte, aunque nada de eso sería necesario cuando su cuerpo complete la mutación y su sangre se transforme por completo al de él.

Did estaba acabado, no sabía en el problema en el que se había metido, pero lo hizo para salvarle la vida y no se arrepentía. No pensó en nada cuando sintió su último suspiro, con ella en brazos corriendo a toda marcha hacia la central médica. No pensó cuando el instinto lo abordó y se arrancó un trozo de su carne, justamente a la altura de su vena y llevar la herida a los labios de Lammy. No pensó ni un segundo de la locura que hacía, cuando vio que no entraba nada en ella y optó por sorber su propia sangre, llevándolo luego en su boca, a los labios de Lammy y hacerla tragar el maldito elixir de la vida. No pensó que con solo un poco era suficiente, y no casi el medio litro de sangre que se sacó en todo el camino para mantenerla con vida.

No lo pensó, porque el instinto le hizo hacer tremenda locura.

Ahora ella está a salvo. Frágil y pálida, pero a salvo.

Tan solo tendría que esperar a que ella despierte y decirle lo loco de la situación. Sabía que ella estallara y que lo golpearía, luego se pondría a llorar y nuevamente lo golpearia, entonces le diría que no quería volver a verlo, pero él se encargaría de hacerla cambiar de parecer y le mostraría el lado bueno de ser un experimento

–¿qué lado bueno hay en todo esto? – se cuestionó, golpeándose la cabeza con sus puños – ¡todo esto se debe a la maldición de nuestras sangres! –

Mientras se frotaba el cabello con desesperación, Sniffles lo tomó del hombro, dándole un apretón de consuelo. No iba a regañarle en ese momento, porque comprendía la situación que estaba pasando su amigo. Cuddles y Petunia hicieron lo mismo por quienes amaban, Sniffles al igual que los demás también lo haría por sus seres más queridos.

– ¿Necesitas que revisen eso? – señalando la herida de su brazo, cual desgarre ya se había rellenado dejando solo una herida de piel. Did negó, sin dejar de mirarla.

Estaba demasiado pálida, con los ojos hundidos y la piel de su frente perlada de sudor, pero lo que más le preocupaba eran las heridas que no se curaban como él pensaba. No estaban sellando correctamente, podría afirmar que en la muñeca le quedarían cicatrices, las cuales le recordaran el momento en que por poco la pierde para siempre.

– ¿qué haré contigo? – susurró casi imperceptible. Sniffles no quería ver un Did tan vulnerable y sufrido, esa no era la naturaleza de su amigo.

El médico ingresó para dar los últimos detalles antes de llevarla a UCI, cuando se percató del cierre de la herida.

– debería cerrarse por completo, no de esta forma – agregó con preocupación. Did se sintió peor al escucharlo del mismo doctor.

– ¿será trasladada ya? – intervino Sniffles – prepararé las cosas –

– si, encargate de eso, por favor. Yo iré a mi oficina – a pesar de aparentar 30 años, el médico en turno era un experimentado cirujano, pero nunca pudo comprender la naturaleza de los jóvenes experimentos. Así que debía dar aviso sobre la situación a la central, mientras dejaba que su ya reconocido enfermero estrella se encargara de la situación, debido a su conexión con los implicados y por su impecable forma de trabajar.

Sniffles movió los seguros para llevar toda la camilla, Did y otros dos enfermeros más le dieron una mano. Tanto ellos como los enfermeros estaban devastados y muy preocupados.

Cuando pasaron por una esquina y doblaron a la izquierda, Handy logró observarlos desde lejos a los dos peli celestes, pero al percibir a quien estaban llevando en la camilla, su corazón dió un vuelvo y su rostro palideció.

Amila, quien estaba dormida sobre la cama, se despertó al sentir su movimiento, pero luego volvió a dormirse ya que Handy no hizo o dijo nada más.

¡Lammy, oh Dios mío!. Pensó con preocupación sincera.

Intentó mover su muñeca y tratar de romper la esposa, pero era inutil ya que eran reforzadas para los experimentos.

– ¡maldita sea! – susurró sin lograr despertar a la morena. Un brillo a su derecha le hizo encontrar un tipo de pinza con las cabezas en punta alargadas.

Tomándolo con mucho cuidado, prosiguió a forcejear la cerradura mientras trataba de hacer el menor ruido posible. Cuando el clack del metal se escuchó, agradeció sus años de cerrajería en su mente y prosiguió a bajar lentamente por el otro lado de la camilla. Cuando escuchó a Amila murmurar algo, se giró y la contempló un momento, solo para salir en dirección en donde llevaron a Lammy.

Mientras tanto, Branny volvía de traer algunos aperitivos para aplacar el hambre de la madre primeriza. Ninguno de los gemelos se había movido de su lugar, habían completado su misión al pie de la letras. Ni siquiera dejaban que Petunia levantase un brazo o un simple dedo.

– estoy harta, quiero irme de aquí – pidió suplicante la peli azul

– Petunia, hay algo que debo decirte, pero quiero que lo tomes con toda la calma posible – esas palabras solo consiguieron poner más ansiosa y nerviosa a Petunia, mientras los gemelos se levantaban esperando la mala noticia

– ¿qué ocurre con mi bebé? – se llevó la mano al vientre – ¡algo malo le pasó, ¿verdad?! –

– ¿qué sucedió con nuestro ahijado? – suplicó Lifty, a lo que Shifty solo podía esperar la respuesta

–no es el bebé, ya te dije que se encuentra de maravilla – los tres suspiraron aliviados, pero expectantes a lo que venía – veras, cariño, mientras venia para aca con la comida, me enteré por mi colega que recibieron a una jovencita en un estado muy crítico – continuó mientras sujetaba la pierna de petunia y lo frotaba sobre la manta – la muchacha intentó… – las palabras eran difíciles de decirlas, pero Petunia le instó a hacerlo

– ¿qué hizo, y quien era? – expectante, aguardó por que las palabras salieran de una vez de la boca de la doctora, pero lo siguiente que escuchó fue un duro golpe para su corazón

– la jovencita, ella…intentó suicidarse, cortándose las venas de su brazo – algo latió dentro de ella, como si millones de espinas presionaran su corazón y lo hicieran sangrar. Dado a la forma en como ella lo decía, tenía que ser alguien muy cercano a Petunia para que le dijera tremenda noticia.

Giggles apareció en su mente. Su mejor amiga fue la última quien intentó hacerla entrar en razón, pero ella solamente la dejó a un lado, sin importarle lo hiriente que fue hasta el final.

Si era ella, si era su mejor amiga, Petunia no sabría qué hacer, cómo reaccionar…

– ¡Es…¿es Giggles?! – ante la negativa de Branny, la peliazul exhalo algo aliviada, pero eso no quitaba que había alguien muy importante para ella que había decidido acabar con su vida.

Flaky. La pequeña Flaky, esa niña a la que maltrató y condenó por saber del paradero de sus padres. Un acto tan ruin como el que hizo, pudo haberle provocado tomar esa decisión.

No quería creerlo, ella no sería capaz de hacer tal cosa, no después de que…

Fliqpy regresa para atormentar su vida nuevamente.

Miró a la doctora, esperando que dijese el nombre. Quería mencionarla, saber si era ella, pero Shifty hizo su trabajo

– ¡no puede ser Flaky, ¿o si?! –

–¡No, por favor! – Lifty se llevó una mano al pecho, aguantando las ganas de salir corriendo de aquella habitación, pero la negativa de Branny nuevamente los detuvo

Entonces, ¿quién puede ser?

¿Quién sería capaz de cometer tan terrible desgracia para…?

Un rostro, uno muy hermoso y perfecto, con una larga melena morada sobre el hombro se plasmó en la mente de Petunia.

¡No era cierto! ¡Ella no puede hacer eso!

Su nombre, cada letra de su nombre quería gritarlo, pero su garganta se trataba al intentar siquiera susurrar. más en eso, la voz de Lifty fue la señal de su huida a los brazos de su amiga

– ¡¿Lammy?! – bien dijo ese nombre, Petunia salió apresurada de la habitación, sin importarle que Branny tratase de detenerla llamándola. No quería escuchar nada o a nadie, solo deseaba ir a donde Lammy la necesitase

– ¡Por Favor, tú no! – corrió a recepción de emergencia, donde la enfermera en turno le indicó el camino a donde fue llevada. Uci, entonces Sniffles debería de saberlo.

Iba a encontrarse nuevamente con él, pero ya habría tiempo para explicaciones de su paradero, ahora solo importaba ella.

Corrió con todas sus fuerzas, pero el agotamiento estaba por detenerla. Más en eso, unas manos la tomaron de los hombros y los brazos, sujetándola con fuerza y ayudándole a continuar con su camino

– no deberías de correr así, es peligroso – Shifty quería llevarla en brazos, pero el orgullo de la peliazul iba a poder contra él, así que dejo que su hermano lo ayude y la trasladaron con cuidado a la habitación que segundos antes, escuchó decir a la enfermera.

Cuando llegaron, la escena que los recibió era tan lúgubre como un sepelio. No quería creer que su amiga estuviera muerta, pero gracias al sonido de las máquinas que iniciaban un constante bombeo del corazón, le permitió sentir el aire nuevamente en sus pulmones, sintiendo las lágrimas emerger a cambio.

Se acercó lentamente, mientras Sniffles la miraba sin decir nada. Did estaba ahí también, así que él sabría qué le ocurrió a Lammy. Cuando se acercó a su lado, tomó con delicadeza la mano sana de su amiga, aquella donde colocaron la vía y otros implementos más. Sentía su piel fría, helada como un muerto. Su piel blanca, sus ojos bordeados de ojeras, sus labios entre morado y azules.

Tan frágil a comparación de la imponente imagen que recordaba de ella

– ¿por qué? – fue lo único que pudo decir antes de tomar su mano con delicadeza y besas sus gélidos dedos.

El llanto no se hizo esperar, al igual que las lágrimas que caían sin cuidado alguno de los celestes pero pálidos ojos de Did.

Shifty se quitó el sombrero, Lifty agachó la cabeza. No reconocían que ella pudiese morir, pero lamentaban el dolor que causaba esa situación. No conocían tan a fondo a Lammy, salvo, por lo vivido en persona como su extravagante pero fastidioso comportamiento, además de siempre haberse comportado como el último rayo de sol que quedaba en el firmamento.

Pero ahora, viéndola palidecer en esa cama blanca como un féretro abierto, se daban cuenta que su perspectiva nunca estuvo más acorde de lo que decía. Ella era muy radiante como el sol, a pesar de quemar a todos con sus malignos rayos.

El menor de los gemelos se percató de alguien escondido en una esquina. Al divisar de quien se trataba, hincó con el codo a su hermano, haciendo que este viera al individuo en cuestión.

Handy les hizo una seña con el dedo en los labios, no quería que Petunia se incomodara y se fuera del lado de su amiga. Ambas se necesitaban en ese momento.

Lammy fue una de las personas que se enteró por él del embarazo de Petunia y respondió maravillada a más no poder. Agradece eso de ella, al menos contaba con su apoyo. Pero ahora que ella estan ese estado, no hay forma de poder solucionar las cosas como pensaba. Pero dejando eso de lado, también le preocupaba la salud de su, inesperadamente, amiga.

Sniffles salió lentamente de la habitación, sacó un aparato que sirve como un celular pero de circuito cerrado y llamó al único que podía ayudarlo en ese momento.

Necesitaba ayuda y un consejo, la cabeza le dolía y ya no tenía fuerzas para más.

Al segundo tono, el receptor contestó la llamada.

– tenemos un problem, Totthy –


Una parte de la reunión para coordinar los puntos de la misión había concluido, ahora toca otro tema en el cual centrarse en conjunto con los representantes de cada especialidad, incluyendo al reemplazo del general Lumpy.

El Mayor estaba inmerso en sus pensamientos, calculando números y porcentajes mientras lo plasmaba en unos documentos de estrategias. Bud había ido por un poco de agua (fue lo único que le permitieron traer a la siguiente reunión) y un poco de vodka oculto en un lapicero (...), mientras que Rat se actualizaba con los reportes que le mandaban de la prisión y del sector médico de este. Al parecer, Did no tuvo más contacto con Red desde entonces, y él no presentó más anomalías que la última ocurrida. Sentía que algo estaba sucediendo con Splendont, que un detalle insignificante estaba siendo omitido por todos, pero no sabía cómo encontrarlo.

Sin la ayuda de Did, Fliqpy o Flaky, no lograrían conseguir más información de la recogida, logrando solamente que a Red lo lleven y encierren bajo llave, sin ninguna posibilidad de volver a ver el sol en lo que le queda de vida.

Si es que lo mantienen con vida. Dijo para sus adentros.

Debido a que Lumpy estaba encargado del área A10 en su totalidad y este hacia la parte de Bud, que era el centro médico, Rat se vió en la difícil tarea de manejar el control de su sección y la de ellos (aunque no debería, ya que Bud estaba ahí, pero…), las notificaciones bombardearon su sistema de alertas, provocando que la tableta se congelara y le fuera difícil de trabajar. La tableta de Lumpy tenía contraseña y la de Bud se había perdido, así que todos los sistemas colgaban su tableta por minutos antes de volver a funcionar.

– no puede ser que nuestra tecnología no pueda solucionar esto – dijo a regañadientes, mientras le daba sacudidas al equipo. Cuando se renovó el sistema, las notificaciones de las nuevas secciones a su cuidado le lanzaron mensajes de emergencia.

Rat por poco y se va de espaldas.

– ¡Esto no puede continuar así, general Bud! – dijo indignado, señalando al vejestorio que guardaba el alcohol en un vaso si que nadie se percatara entre tanto movimiento – ¡tiene que atender su sección al menos en su computadora, que se encuentra en una costosa oficina de la cual no le da el uso debido por su constante manía de irse a todas partes, menos a trabajar! –

Todos ahí miraron entre Rat y Bud. El mayor seguía en sus asuntos.

– ¿En serio tengo una computadora ahí? – sonrió en provocación del trigueño.

Este quería arrancarse los cabellos.

Levantó la pantalla a la altura de Bud y le señaló el problema que tenía con su tableta.

– ¡por favor, atienda su trabajo como es debido o tendremos problemas! – Bud se estaba carcajeando de Rat. En tamaño, él era adorablemente más pequeño, unas cuantas manos menos que Russell, y eso que él era alto. Pero al percatarse de la notificación de emergencia del área A10, tocó la barra y extendió los mensajes pendientes.

Sus ojos no pudieron abrirse más de la sorpresa al leer el último mensaje enviado. Gritó tan fuerte que los pulmones iban a salirse de su cavidad toraxica

– ¡¿QUÉ MIERDA SIGNIFICA ESTO?! – todos nuevamente lo miraron desconcertados, esta vez siendo el Mayor en dar el alcance a la pantalla del trigueño.

Los tres generales leyeron el mensaje, palideciendo al instante.

– ¡ESE HIJO DE PERRA! – mientras Bud gritaba todo su repertorio conocidos y no de insultos que podían enrojecer hasta el mismo diablo, el Mayor tecleaba unos códigos en una pantalla, accediendo de inmediato a la cámara donde se encontraba GWS activamente.

Activó todas las cámaras para un mejor panorama, mientras activaba los micrófonos y juntaba todas las imágenes en una sola.

Todos, incluso el Mayor, quedaron perplejos y con las bocas muy abiertas, mientras miraban como ese lugar, envuelto en la más terrible escena sangrienta que pudieron ver en todos sus años en el campo de batalla, se presentaba ante ellos inmortalizando a un ser semejante al Dios de la guerra y la muerte.

La sangre era real, tanto de la simulación como la del demente en cuestion. Su dorso desnudo, empapado del líquido rojo vivo y virtual, sus brazos rasgados, al igual que sus pantalones bañados en el líquido carmesí. Brillante piel dorada por el sudor y la sangre, glorificando su porte como un guerrero victorioso, una eminencia para la destrucción.

Y, como decorativo para ofrendar a su máxima hazaña, a sus pies residen no uno, ni dos, ni tres o diez cuerpos desmembrados, triturados y pulverizados.

Bajo su oscuro y maligno poder, las vidas arrancadas de cincuenta experimentos yacían amontonadas una sobre otra, formando una montaña sanguinolenta de carne, tripas y huesos.

Y como último detalle para venerar su victoria ante los ojos de los espectadores, sean presenciales o por las cámaras, el demonio alzaba su arma brillante ante los rayos del sol que se colaban por las rendijas de aquel lúgubre matadero.

No había sonido alguno más que una respiración agitada de ese enfermo lunático, cual sonreía mostrando sus colmillos brillantes de depredador.

Robert estaba a un lado, mirando orgulloso a su querida mascota.


Una alarma sonó en los equipos de radio de cada uno de los participantes del sistema GWS, avisandoles sobre un nuevo récord registrado y con los detalles de esa pelea.

Todos, absolutamente todos se quedaron mirando sus pantallas, mientras el nombre de Fliqpy aparecía con la cantidad de victorias hechas y el tipo de contrincante que usó para tener semejante record.

Toothy había cortado la llamada al ver el aviso en su pantalla, quedando anonadado al igual que Giggles, quien se encontraba con el pequeño soldado a las afueras de la guardería, conversando de lo sucedido hace poco.

Russel dió un grito ahogado, defendiendo las extrañas posturas de sus compañeros en esa clase de "yoga" impuesta por Cro. Pool y los demás se acercaron, viendo los detalles del nuevo récord obtenido por quien menos se lo esperaban. Ni siquiera Lumpy fue capaz de acabar con uno de ellos él solo. Ahora podía ver el poder real de ese sujeto.

Se cubrió la boca con sus manos, mientras sus enrojecidos ojos no podían creer lo que se plasmaba en la pantalla. Flaky aguantaba el aire en sus pulmones, mientras que Flick solo podía emitir sonido de asombro genuino. Nunca pensó que llegado este momento, en el que tendría la oportunidad de vengarse del ente que atormentó a su amado, se volvería la misión más imposible de su vida. Pero viendo la masacre que el programa felicitaba, no había duda alguna de lo poderoso que era ese demonio verde.

Shifty quedó frío, al igual que su hermano. Petunia y Splendid no tenian cabeza para concentrarse en nadie más que en Lammy, pero fue Handy y Sniffles quienes pudieron apresiar la carniceria dada por ese lunatico a traves de las pantallas de los gemelos. La sangre de los cuatro se congeló en el momento, mientras pensban a qué ckase de monstruo tienen viviendo bajo su mismo techo.

Cuddkes en cambio, rompio la pantalla donde mostraba la victoria que ni él ni su equipo habia conseguido en todo este tiempo.

No podia ser cirrto, aquel maldito no oodia acabar con lo poco que tenian y plantarse ante los demas como un salvador a sus problemas.

Fliqpy no era a quien necesitaban, él representaba muerte y destrucción absoluta, asi que el haber hecho semejante espectáculo solo demostraba que en su vida no sería más que un miserable monstruo al cual detener antes de que cause más daño.

Cuddles lo sabia, asi que se encargaria de eso personalmente

– esta vez, todo terminara aquí


Hola a todos, feliz navidad y año nuevo atrazado.

Tuve unos inconvenietes que impidieron escribir el fic pero ya estamos aquí nuevamente.

Muchas gracias por acogerme con ese cariño de nuevo a mi fic, mi más preciado trabajo y al que le tengo tanto amor.

No se cuanto tiempo me tome prro seguire actualizando lo más pronto posible. Hasta entonces.

See you late

Bye bye.