Autocontrol.

A diferencia del alfa de su relación, Riddle tenía un mejor control de sus impulsos y nada era por algún tipo de baja pulsión, daño o cualquier cosa, simplemente era una persona muy centrada y controlada que podía, sin problemas, mantenerse inmutado ante los avances de su pareja en momentos no adecuados. Decía ser un omega disciplinado al cual las intenciones de su alfa adolescente extremadamente hormonal no podían causar gran daño.

Sin embargo y como era de esperar, a veces el control del pelirrojo llegaba a un punto en el cual mantenerse indiferente comenzaba a ser dos veces más difícil. Tan difícil como respirar en el agua para él.

Y ese día, ese maldito día, era uno de ellos.

Todo apestaba a Floyd, cada pasillo, cada salón de clases y cada uno de los baños en el castillo, aunque fuese humanamente imposible que Leech se encontrase en todas partes al mismo tiempo. Incluso el aire libre en los patios de la escuela o en el dormitorio propio olía a Floyd. Esa maldita combinación de brisa del mar con madera perfumada se había impregnado en cada una de las rosas blancas que cortaba de los árboles para intentar tener algo más en la nariz.

Y cuando eso sucedía, sabía que todo el día sería más complicado de lo deseado.

Floyd era quien caía bajo el instinto, quien tenía los impulsos y el que deseaba tanto contacto físico como fuera posible, mientras Rosehearts se caracterizaba por mantenerse recto, siguiendo a las reglas y tener incluso un calendario donde anotaba los días más complicados para hacer algo con ellos... Así que al presentar esos instantes de "sorpresa hormonal", los mismos le estresaban más de lo necesario.

La campana que daba inicio al receso entre clases de la mañana y las últimas en la tarde no tardó mucho en sonar e instantáneamente el líder tirano salió corriendo del aula, sin esperar a nadie, sin interesarle siquiera que cualquiera de los chicos de su dormitorio estuviera rompiendo reglas a su alrededor.

Corrió tan rápido como sus piernas cortas le permitían, llegando hasta el patio principal donde la fuente se encontraba y sin pensarlo mucho fue hasta la barda del recipiente de la misma, sentándose en ella y agachándose lo más que podía antes de sentirse caer, metió las manos en el agua, removió la misma y se empapó la cara en espera de que el olor salitroso y a musgo con alga asentados por meses fuese más fuerte que el otro olor que le atormentaba. Para su sorpresa y vaya que era genuina esta, aquello ayudó por un instante, el olor al alga pudriéndose al fondo de la fuente junto al salitre coexistiendo en el mismo sitio había logrado que por unos cuantos segundos el aroma escapara de sus pensamientos.

—Oii! Kingyo-chaaaan! ¿Dónde estabas? ¡Parece que te has escondido todo el día de mi! —la alegre voz del culpable de todo empezó a escucharse mucho antes de que Riddle pudiera ver desde donde venía, volteó a todos lados hasta darse cuenta que estaba saliendo de atrás de los arbustos y árboles del jardín e iba directamente hasta él.

El aroma del más alto era cada vez más intenso, conforme cada paso iba dando y cada metro de distancia se hacía menos y Riddle únicamente no encontraba escapatoria, no podía huir pues el más alto iría tras de él, tampoco podía gritarle que se detuviera ya que eso sería aún peor. Sin tiempo para pensar, reaccionar y sin ganas de sentir los efectos que el perfume de su alfa pudiese provocar en él, se dejó caer en el agua de la fuente.

slǝǝ & sǝsoɹ

—Ni una palabra de lo que acabas de ver —con un puchero decorando su rostro, el pequeño Riddle se mantenía de espalda a Floyd, quien con cariño lavaba el cabello de su exagerado omega, haciendo algunos peinados divertidos con la espuma, antes de enjuagarlo, ahora que estaban ambos metidos en la bañera del lavado de Riddle.

—Nunca te había visto caer en pánico de esa manera —soltó una risa bastante alta mientras atraía por la cintura al pelirrojo para colocarlo más cerca de él— debo decir que prefiero verte gritar maldiciones que oliendo a alga de pantano.

Los brazos de Floyd fueron a enredarse alrededor de las finas curvas del cuerpo ajeno, acercándose a besar sobre los pequeños y delicados hombros del más bajo, yendo de uno hacia el otro en una serie de besos con algunas mordidas en ellos.

—Estaba... Huyendo de mis —varios suspiros salieron del discípulo de la Reina de Corazones —impulsos~

El pelirrojo volteo hacia atrás, mirando el rostro del más alto, Floyd pudo notar como las mejillas del omega se pintaban de un tono cereza tan adorable que contrataba con su blanca piel y el rojo intenso de su cabello y solo pudo sentir como sus propias mejillas se coloreaban igual.

—¿impulsos, Pececito? Tal vez deberías hacerles más caso a veces~ —sus manos dejaron de estar entrelazadas en ellas sobre el vientre tibio del muchacho, colocándolas ahora en los pequeños y carnosos muslos de su pareja, acariciando y apretando de ellos varias veces.

Riddle se separó unos pocos centímetros de él, adelantándose en el espacio y dar vuelta, regresando a enfrentar al más alto, moviéndose con delicadeza debajo del agua hasta llegar hasta él, pegando su cuerpo al de Floyd, pasando sus brazos detrás del cuello del otro para abrazarlo, fijando su mirada en la bicolor ajena.

—Si, tal vez debería~ —se acercó a dejar algunos besos sobre el rostro del joven, viéndolo con amor y adoración siempre que volvía a fijar sus ojos en los de su amado. Lentamente fue a dejar más besos hacia una de sus orejas, mordiendo lentamente y con cariño sobre su lóbulo antes de susurrar — o quizá, ya estoy cayendo en él~

Floyd se apresuró a tomarlo de las caderas, bajo rápidamente su zurda hacia la pierna del más bajo, levantándola para acomodarlo mejor y así dejarse llevar.

Riddle se jactaba de ser quien tenía un mayor control sobre sus deseos, pero a veces, también el caía en sus propias necesidades.