Advertencia: Posible contenido sensible, sangre y algo de non-con.
Bozal
Así como existían muchas cosas que a Floyd le desagradaban, existían muchas otras que en verdad le gustaban, pero entre sus favoritas de esos instantes se encontraba mordisquear a su diminuto compañero de vida.
No se trataba de un jugueteo inocente como en un principio, donde Floyd al sentirse tan feliz y en confianza había empezado a mordisquear sobre los delgados brazos del líder de dormitorio. Sino que ahora en verdad dejaba ver las intenciones de marcarle, sin consentimiento previo e incluso, sin que éste se diera cuenta.
Pero esa última vez, había sido demasiado evidente.
No era extraño para Riddle que su pareja tomase lugar detrás de él, solía gustarle sentir como lo abrazaba y como el rostro del peliazul se acomodaba perfectamente en ese ángulo entre su hombro y el cuello donde solía quedarse, e incluso había encontrado la ternura al escucharle quedarse dormido sobre de él. Tampoco le veía nada de malo de sentir uno que otro beso siendo regalado, alguna caricia coqueta bienvenida siempre era. Siquiera los mordisqueos infantiles del alfa sobre su rostro, cuello y hombros parecían mala idea.
Al menos hasta esa ocasión.
La rutina diaria de estudio del tirano rojizo se llevaba con calma y naturalidad, esas horas en la biblioteca eran tan productivas para el más bajo, sobre todo porque no había ruido alguno que pudiera distraerle. Floyd conocía muy bien la típica rutina del chico, salir de clases, cumplir con sus horas en el club de equitación y después de ello el estudio necesario, así que, a pesar de ser algo aburrido, el de alta estatura supo perfectamente donde encontrarle, en el tercer escritorio de la cuarta estantería sobre enfermedades mágicas y remedios por el mundo.
Llegó con tranquilidad, Riddle lo observó acercarse y se levantó de la silla, en espera de que el más alto se sentase y así poder colocarse encima de él, si era sincero encontraba bastante cómodo el par de muslos de su pareja. Las cosas ocurrieron con total tranquilidad, la manera común en que Floyd le abrazaría no levantaría ninguna sospecha en la víctima, tampoco el sentir el camino de caricias que la punta de la nariz del chico marino dibujaba en su cuello, siquiera el sentir como era más insistente conforme el tiempo pasaba y la atención requerida no llegaba.
—Tu tarea es aburrida —gruñó el más alto, mientas avanzaba un poco más hacia adelante en la pequeña silla, llevando a que el cuerpo del más bajo quedase "atorado" entre la mesa y el cuerpo de su alfa — ¿por qué siempre tienes que ponerle más atención a esas cosas que a mí? —Riddle podría haber apostado que el rostro de Floyd en ese preciso momento llevaba consigo un puchero, más solo quedaba como una suposición — debería destruir esto de una buena vez.
El brazo del pelirrojo sólo se levantó en el instante en que vio como la extremidad del otro chico se alejaba del lugar donde debía estar, para ir a estruja los papeles del cuaderno del otro chico.
—Puedes esperar, en media hora terminaré —aún con la paciencia que, extrañamente, le tenía, continuó haciendo lo suyo, escuchando como aún, detrás de él, el gemelo más alto seguía quejándose y murmurando que sería todo más sencillo si su "Pececito" le hacía el caso que merecía, Riddle sólo procedía a ignorarle.
Floyd se dio por vencido luego de notar que, en efecto, su pequeño omega sólo pretendía leer los libros en la mesa en vez de prestarle atención a él, volviendo a adelantarse en la silla para hacer que la prisión a la que sometía al delicado líder, se volviera mucho más pequeña. Y por más que pareciera imposible, el sentir como la madera le apretaba más el estómago de lo imaginado, el de ojos fríos no pretendió reaccionar, ni un poco.
Leech continuó con las caricias en la demasiado corta extensión de piel del cuello ajena que aún podía ver y luego de un momento, dejó de hacerlo, comenzando a morder sobre la camisa del mismo, jalando el cuello perfectamente acomodado de aquella prenda, haciendo que entre sus dientes pudiera levantarlo y dejar el muy delgado lino que aún lo tapaba, sonriendo con satisfacción total.
Podía ver a través de la trama y el hilo de la tela el color de la piel de su novio, se daba cuenta que era tan ligera esta que podía parecerse tanto a la piel del chiquito y lo fácil que sería sencilla de arrancar si mordía.
La zurda del más alto fue a parar al pecho del jovencito pelirrojo, reteniendo cualquier intento de escapar, pegándole tanto como fuese posible a su cuerpo, sonriendo luego de sentir como el corazón de su preciado amor latía más rápido, aun cuando este pareciera aún tranquilo, ensimismado en sus pensamientos.
Floyd recorrió con la lengua sus dientes, sintiendo el filo de los mismos y sin pensarlo más, estampo con fuerza su boca contra el medio del cuello y hombro del más bajo, dispuesto a morderlo hasta volverlo suyo.
Lo primero que logró hacer Riddle fue tapar su boca en un intento de evitar soltar cualquier ruido, sus dientes se apretaron con fuerza entre ellos intentando aún censurarse y sus grisáceos orbes se llenaron de lágrimas ante el dolor. Estaba viendo como la tarea enfrente de él comenzaba a ser salpicada con algunas gotas de sangre, las cuales la camisa no fue capaz de retener y también de varias lágrimas que salían de sus ojos, arruinándola por completo.
Sin pensarlo demasiado, Rosehearts tomó uno de los libros más cercanos a él, lanzando lo hacía atrás, donde Floyd se había estacionado a morderlo y así, con el golpe, lograr que el peliazul se soltara, gruñendo ante el dolor se recibir un libro en el rostro. Aprovechando el momento, se tiró hacia atrás para hacer que ambos cayeran sobre la alfombra de la biblioteca, apurándose a levantarse, sacar su bolígrafo mágico y sin esperar nada, convocar un bozal mágico, aquel que había aprendido a colocar a todos los alfas como castigo por molestar a los omegas de su dormitorio y que ahora llevaba pegado a la boca su propia pareja.
— ¡Pero Pececito! —Floyd se paró rápidamente, aun con la nariz ensangrentada y el bozal mágico, como una jaula de metal pequeña, evitando cualquier contacto con aquella parte.
Riddle sólo lo miró de mala gana, tomó sus pertenencias y salió de la biblioteca, enojado y adolorido, directamente a la enfermería.
Pedir perdón no fue sencillo, tampoco que lo perdonarán fue tan rápido como lo creyó y el castigo del bozal estuvo en él durante un largo, muy largo tiempo. Al menos hasta las calificaciones del primer período. Pero si, había aprendido la lección.
