Celo omega

Llevaba más de media semana sintiéndose fatal, todo el cuerpo le dolía, desde la punta del dedo más pequeño de sus pies hasta el último cabello en su roja cabeza. Sentía como todas sus articulaciones punzaban, sus piernas apenas podían mantenerlo de pie y el estómago parecía tener una guerra interna para deshacerse de algo que le hubiese hecho daño aun cuando no recordaba haber comido nada, pues todo lo que entraba por su boca, salía por la misma de una manera muy incómoda.

Sin embargo, nada de eso le había hecho saltarse clases y tomar cuidados. Trey le había intentado llevar a la enfermería, pero la terquedad del tirano escarlata no había ayudado en absoluto, así que Riddle Rosehearts asistió a todas y cada una de sus clases con los indicios clásicos de la semana antes del Celo. Cosa que sólo lo hizo empeorar.

Esa mañana, después de 6 días sintiéndose horriblemente mal, el delicado líder no salió para nada de la habitación y lo único que se podía escuchar salir de atrás de la pesada puerta del dormitorio principal fueron quejidos de dolor y uno que otro de sofocación, como si algún animal estuviera agonizando ahí dentro.

A diferencia de lo que sucedía con los alfas del colegio, quienes se volvían más erráticos, violentos e incluso peligrosos, tanto que lograban alejar a todos de eso que ya habían marcado como su territorio, los omega tenían el efecto contrario, entre más llamativo fuese el olor del mismo, más alfas se agruparían muy cerca de la entrada del lugar, dispuestos a tomar ventaja cuando esa puerta de abriera y por supuesto que eso siempre era una mala idea. A pesar de que el protocolo era el mismo para todos los alumnos, el de tener que ir a la enfermería en cuanto el celo se volviera insoportable, manejar a un omega, cuyo cansancio físico fue ignorado en los primeros días y ahora había incrementado, junto a un aroma mucho más potente, era como desear que las hienas y los buitres se comieran al sujeto en cuestión.

Y vaya que había demasiados tipos de Savannaclaw agazapados en las escaleras de acceso, haciendo la guardia necesaria, uno que otro de Diasomnia y demasiados de Ignihyde. Todos los "soldados" de Riddle intentaron sacar a los jóvenes que no pertenecían al dormitorio de la Reina de Corazones, sin éxito alguno.

—Esto se está saliendo de control —murmuró Clover ya cansado de lanzar fuera a tipos tan grandes como él, feroces y dejándose llevar por sus instintos, además de que el olor era demasiado penetrante, incluso para él, un beta.

—Ningún chico ha tenido un celo tan fuerte —comentó Cater, quien incluso al compartir casta con la pobre víctima de las hormonas de ese momento, podía sentir como el aire era sofocante —Siquiera los de primer año, así que debe ser una condición extraña en el pobre Riddle-kun~✩

—O tal vez su primer celo —una tercera voz se escuchó desde atrás de los que hablaban, haciéndolos voltear y encontrando a un Ace, con cara de asco la cual solo quitaba al oler una bufanda que traía en sus manos— se dé buena fuente que los primeros celos son así de fuertes, pero ¿no el líder es demasiado anciano para tener una "presentación"?

— No lo sé, Riddle siempre se mostró como un beta —Trey estiró sus brazos hacia el frente morando como por la puerta del dormitorio desfilaban los nuevos alfas atraídos por el aroma de Rosehearts —pero era demasiado joven como para saber a ciencia cierta que era...

"Si nos dejaran entrar nosotros nos ocuparíamos de la presentación de la reinita" —uno de los tantos tipos, aquel que estaba a la mitad de la escalera, lo sacó gritando, para luego reírse con su insoportable tono de prepotencia, recargándose en la barandilla. Varios de los otros tipos secundaria la moción, dejando escuchar las horribles declaraciones que daban acerca de lo que pretendían hacer al líder del dormitorio.

—¡Trey-senpai! Creo que los de Savannaclaw están planeando como romper la puerta —uno de los estudiantes del dormitorio bajo corriendo hasta el sitio donde se encontraban los superiores, jadeando por recorrer gran parte de las escaleras a una velocidad poco común — están cuchicheando en el tope de la escalera, la magia de los de tercero puede ayudar, pero se están cansando y los de primero no podremos soportarlo por mucho tiempo.

El de cabello verde miró a Cater y este le asintió con la cabeza, esa comunicación sin palabras fue entendida correctamente por ambos chicos de tercero, antes de regresar a los otros dos jóvenes de primero que ahora tenían frente.

—No queda de otra, Ace ve por Floyd, búscalo donde sea, dile a Deuce que vaya a la enfermería y traiga todo lo que la enfermera le dé contra un celo omega muy fuerte—Ace asintió con la cabeza —Nosotros iremos a evitar que la puerta termine colapsando junto con los otros chicos y esto termine aún peor.

Luego de escuchar todo el plan Ace bajó las escaleras corriendo, tomando de la muñeca a Deuce quien, en efecto, había hecho fila junto con los demás, dándole un golpe en la cabeza y mostrándose bastante molesto por lo que fuese a hacer.

slǝǝ & sǝsoɹ

—No puedo creer que seas tan asqueroso —Ace seguía reprochándole a Deuce que se mantuviera en la marabunta de gente, mirándole de reojo — ¿esperabas que las puertas del líder se abrieran? Que asco —mientras ambos caminaban por toda la escuela, mirando dentro de los salones en búsqueda de aquella anguila que tanto necesitaban.

—¿Ah? ¡Por supuesto que no! —Deuce se apuró a decir, corriendo a la velocidad del otro chico e inspeccionando los sitios donde el pelirrojo zanahoria no lo hacía —estaba ahí para evitar que nadie más subiera, nunca podría hacer nada contra el líder —gruñó — golpearía a todos los que intentarían pasar sobre mí, era un plan que arme con varios chicos para impedir que la estampida se hiciera, además, yo solo te tengo destinado a ti, no pretendo ser como mi padre.

Ace sólo sonrió satisfecho por la aclaración, volviendo a acercarse a él, tomarlo de la mano de nuevo y hacer que corriera a la misma velocidad para continuar su búsqueda, por todos los pasillos y pisos del castillo del colegio.

— ¡Floyd-senpai! —gritó Ace a la mitad de las escaleras que conducían al segundo piso de la escuela, mientras miraba al despreocupado tipo que tanto estaban buscando y a quien poco parecía importarle nada más, Deuce se soltó y corrió escaleras abajo para la enfermería, el punto de encuentro serían los espejos para las habitaciones, así que debían apurarse.

— ¿Ah? —Floyd volteó con bastante despreocupación, con las manos en sus pantalones deportivos — Ah! Pero si es el cangrejito —mencionó con bastante poca impresión, sonriendo de medio lado luego de notarlo — ¿Qué? ¿Te perdiste al baño? No hay ninguno de esos aquí.

—No tengo tiempo para tus tonterías, senpai —Ace sólo arrugó la nariz, mientras se acercaba a él, retándolo con la mirada y notando como el otro chico también lo hacía — tampoco para explicarte lo que sucede, solo ten en cuenta que tu novio nunca tuvo su primer celo... Hasta hoy.

Floyd dejó de comportarse como un niño tonto haciendo bromas y hablando de tonterías en el momento en que escuchó la palabra novio y celo.

—¿dónde está? —la pregunta fría por parte del tipo de Octavinelle se dejó escuchar, apurando a contestar sus preguntas, mirándole de mal modo al pobre chico de primer año.

—Está a salvo, aun, te explicaré en el camino —y sin más el menor salió corriendo, siendo seguido por el alfa, mientras lo ponía al tanto de todos los pormenores que debía saber para ese momento.

Encontraron a Spade en la zona prometida, haciendo un gesto con la cabeza cuando los miró, esperando que se acercaran lo suficiente, sin mediar ninguna palabra más, los tres entraron al dormitorio de las rosas y los corazones.

Apenas puso un pie en la entrada del sitio pudo sentir el golpe del precioso aroma que su amado omega dejaba salir y se sintió asqueado por el número de personas que estaban ahí, haciendo una guardia en la espera de entrar.

Tomó entre sus manos la bolsa con el botiquín de emergencia que la enfermera le extendió a Deuce y se abrió paso entre todos los idiotas que deseaban entrar en el cuarto de su preciado pececito. Miró hacia abajo al llegar a la mitad de la escalera, solo haciendo una de sus tantas sonrisas macabras.

Veo que hay tantos interesados en mi Kingyo-chan —soltó con esa voz que retumbaba incluso contra las paredes cercanas — entonces irán directamente al fondo del océano si se atreven a intentarlo

La amenaza había funcionado para una gran parte de los tipos que estaban ahí, haciendo que salieran como los animales huyendo de un depredador, como algunos peces poco divertidos huyendo de las redes de pescar.

Continuó subiendo y repitiendo el mismo discurso/amenaza, notando como sólo algunos que no parecían disfrutar su vida se quedaban ahí, pendientes de que la puerta se abriera. Llegó hasta arriba, miró la blanca y pesada entrada del dormitorio del chico y sólo sonrió.

Si alguien desea entrar a tomar su turno —dijo bastante alegre, aun cuando la voz de mandato no estaba ahí solo por diversión — tendré que matarlo antes de que llegue a poner un pie en la habitación

Ante eso los de tercero cesaron sus intentos de mantener trancada la puerta y el cómodo chico de cabellos turquesa entró con tranquilidad, cerrando justo detrás de él luego de poner ambos pies en la habitación.

Pudo notar una pequeña masa en el centro de la cama, escondido entre las sábanas y cobijas de la cama, cubriéndose en su totalidad incluso por las almohadas y por la forma que se dibujaba sabía que se encontraba en posición fetal.

Camino hacia él, embriagándose con el delicioso aroma que desprendía su omega, si naturalmente era delicioso, ahora era simplemente perfecto.

—Nee, Kingyo-chan —llamó en voz tranquila, escuchando como había jadeos, sollozos y quejidos muy altos saliendo del diminuto líder —Sal de ahí, vas a deshidratarte por el calor —musito con su tono juguetón mientras se sentaba a su lado y comenzaba a quitar almohadas, cobijas y otras cosas, pensando que tal vez se trataba de algún tipo de nido improvisado y si era así... Suponía que algo malo podía pasar.

Dejó caer el extra de ropa de cama que encima del pelirrojo se hallaba, encontrando a un tembloroso chico recostado dando la espalda a la puerta del cuarto, viendo como su cuerpo parecía arder en fiebre y la mirada bicolor del más alto podía registrarlo, notando como de sus piernas escurría aquel líquido lubricante que tanto el mundo hablaba.

—Pececito —volvió a llamar, mientras lo tomaba y recostaba correctamente, con la espalda pegada al colchón, para que pudiera tomar aire mejor —¡Te ayudaré a bajar esa fiebre! Solo espera aquí ¿sip?

Leech se levantó y comenzó a caminar de un lado al otro, tomó la toalla de manos del baño del joven líder, la humedeció por completo, exprimido y llevó hasta allá, poniéndola sobre la frente de su pececito de colores. Pudo notar, después de unos segundos que la respiración agitada del más bajo se calmaba, aunque aún había chillidos de dolor y ese sonido de estar sufriendo la muerte más lenta de todas.

Sé apuró a rebuscar lo que había en la bolsa de la enfermería, tomando los botecitos de pastillas para la fiebre y el dolor correctamente marcadas las horas que debían tomarse por los próximos días hasta que el celo pasase, la bebida de sabor que decía algo sobre electroacústicos y una pequeña caja, bastante plana, a la cual no le presto gran atención, dejando todo a un lado, por si se necesitaba.

Espero algunos minutos, recostados a un lado del indispuesto líder, poniendo una mano sobre su pecho solo para sentir como respiraba, antes de tomar la toalla y volver a mojarla, aun se sentía bastante caliente pero ya no estaba sufriendo aquellos horribles temblores, ya solo se removida incómodo y seguía quejándose.

Una sonrisa se marcó en los labios del más alto luego de notar como, después de casi una hora de su cuidado, los ojos grises del muchacho se abrieron y lo primero que pudieron ver fue a sí, a un lado, notó como el muchacho abría la boca para decir algo, pero de ahí sólo salió un sollozo, seguido de verle retorcerse, pegar sus piernas a su pecho y regresar a la posición iniciar, de nuevo temblando y quejándose, dejando salir más sonidos de animal muriendo. Floyd se levantó rápidamente para intentar voltearlo de cuenta nueva, pues empezaba a jadear como si hubiera corrido demasiado, encontrándose con que, el delgado y diminuto omega, estaba ejerciendo presión para quedarse así.

—Aggh Kingyo-chan, solo acuéstate bien... Vas a estar más cómodo así... —puso su diestra sobre el cuello del más bajito y la zurda por los talones del muchacho, en un intento de jalar lo hacía él y hacerle recostar correctamente, más lo único que logró fue escuchar un nuevo quejido, diferente al dolor. Un suspiro del más alto se escapó de su boca y lo único que pudo hacer fue abrazarlo por la espalda, acomodarse a su forma y esperar que algo de eso tuviera algún efecto, tal vez del típico Riddle que le gritaba cuando se acercaba demasiado o algo similar.

El mantenerse así logró que el aroma, más concentrado y decorado con las feromonas del celo llegarán a la nariz del peliturquesa, haciendo que algo despertará en él y debajo de sus pantalones también. Se separó para sentarse en el filo de la cama y tomar algún tipo de bocanada de aire limpio, encontrándose con la noticia de que todo, absolutamente todo el espacio estaba lleno del delicioso aroma de su omega... Y que lentamente su propio aroma estaba saliendo, luchando con el del dueño del lugar para hacerse presente, lográndolo pues, cuando el aroma del alfa invadió el cuarto y salió por la rendija debajo de la puerta, dejando escuchar como la estampida de tipos que aún quedaban haciendo guardia fuera de la habitación se disipaba por completo.

Sin embargo, ahora había un gran inconveniente, un alfa que había entrado en calor de una manera poco convencional con su omega totalmente inconsciente por el dolor y la amargura del primer celo y estaba claro que no sabía que más hacer.

—F-Floyd... —la débil voz del pelirrojo se escuchó detrás de él, así como el crujido de la cama al tener a alguien separándose de su comodidad, seguido de los mismos jadeos y quejidos que anteriormente, en la inconsciencia, aun así.

El líder del dormitorio gateo hasta quedar pegado sobre de él, abrazándolo por la espalda, encontrando la seguridad que iba buscando en sus sueños y que nadie más le pudiese brindar, seguido de algunos besos sobre su cuello, y varias caricias.

El peliazul pudo sentir como lentamente iba calmándose, como todo el calor alrededor del lugar se disipaba y el aroma era mucho más tuene, lo que pudiera cualquiera soportar. Supo que en ese momento abrir las ventanas sería una buena idea, dejar que algo de aire fresco corriera por la habitación ayudaría, incluso aprovecharía que el más bajito se había despegado de él, el rechinar nuevamente de la cama le hacía entender que este había vuelto a su descanso... O al menos eso pensó, pues apenas se levantó de su asiento pudo notar que el aire de nuevo se llenaba del dulce aroma de Riddle y que al voltear a verle, este se encontraba ahí, a cuatro patas sobre la cama, con el trasero arriba y el pecho perfectamente pegado sobre el colchón, haciendo que Floyd solo pudiera pasar saliva pesado, antes de sentir de nuevo su cuerpo reaccionar, abalanzándose sobre su omega, el omega que movía sus caderas cautivadoramente y gemía, sin pudor alguno, que lo montase.

Y él no era quien para evitar los deseos de su adorado novio.

slǝǝ & sǝsoɹ

—Agotamiento y deshidratación —fue el parte médico que la enfermera dejó saber al vice líder de Heartslabyul y al líder de Octavinelle, cuatro días después del incidente del primer celo de Riddle Rosehearts — ¿cómo pudieron pasar encerrados cuatro días sin comer ni beber absolutamente nada?

La pregunta iba más hacia el par de chicos en camillas contiguas, donde Riddle sólo volteo a otro lado evadiendo la pregunta y Floyd fue callado de inmediato para que no revelará nada de lo sucedido.

—Será un milagro si no terminan teniendo cachorros antes de salir de la escuela —murmuró la única mujer en todo el recinto, negando con la cabeza antes de volver al par de chicos convalecientes — por ahora queda prohibido cualquier encuentro íntimo entre ambos, tú —señalando al pelirrojo— debes recuperar todo lo que te pasó y tu —yendo al de ojos diferentes —necesitas medicación para bajar tus impulsos, lo hablaremos después.

Escribió algo más en sus expedientes, los dejo al pie de la cama y salió del lugar.

Tanto Clover como Ashengrotto tenían tantas cosas que preguntar... Pero no lo harían, preferían simplemente imaginar que nada había sucedido y que, juntarlos durante las épocas de celo, no habían sido sus pésimas ideas.