Prendas con aroma

"Mi madre ha cambiado de opinión, quiere que vaya a casa por las fechas" —había sido la excusa que el pequeño pelirrojo le dijo, después de haberse enterado de los nuevos planes de su madre para la temporada.

Floyd había estado demasiado emocionado imaginando las vacaciones después de Halloween con su adorado Kingyo-chan, incluso habían logrado que la estricta señora Rosehearts concediera el permiso al pelirrojo para no volver a casa durante ese par de semanas.

Y ahora era esa misma mujer la que decidía que su lindo hijo no podía pasar las fechas al lado de su yerno... Aunque suponía que ella no sabía absolutamente nada de lo que ahora sucedía entre ellos dos.

Fuese como fuere, Floyd estaba molesto, sólo quería aplastar a la madre de su pececito o robarse al mismo para jamás volver o tal vez ambas cosas al mismo tiempo, pero no podía hacer nada, simplemente sonreír y aceptar que esa vez, como cualquier otra, había perdido ante la madre del muchacho.

—¿sigues enojado? —la tranquila voz de Riddle llegó a sus oídos, regresándolo al presente y obligándolo a sentir como los delgados dedos del más bajo pasaban por su cabeza, acariciando su cabello y lo miraba desde arriba, mientras ambos descansaban tranquilamente en la sala común de Octavinelle.

El gemelo más alto solo soltó aire en un sonido de disgusto, mientras apretaba más fuerte los ojos y giraba poquito para darle la espalda, se negaba a tocar ese tema, ahora y siempre. Riddle únicamente suspiró, negando con la cabeza, pero sin pretender dejarlo estar así.

—Mi madre es bastante volátil, tal vez se enteró que la comida de vacaciones suele ser comida chatarra y se negó rotundamente a dejarme aquí —el pelirrojo no sabía motivos, siquiera podía imaginar cuál había sido la necesidad de cancelar tan súbitamente los planes de alguien más por un simple gusto de ella.

—Pero si te vas no comerás bien de nuevo —en un tono muy bajo y que sonaba a berrinche el peliazul por primera vez había hablado, golpeando un punto sensible en el corazón del pelirrojo —prefiero que comas tanto como un pececito normal aunque sea pizza que como un pececito de acuario...

Y luego de soltar aquellas palabras, el más alto de los dos volvió a girar, ahora quedando frente al líder tirano, abrazándole por la cintura, pegando su rostro al estómago de este mismo y suspirando luego de unos segundos.

—Debes comer bien, no quiero que te malpases cuando lleves a nuestros hijos... —murmuró, sin separarse de Riddle incluso acercándose más a él.

El rostro del más bajo de los dos se tornó rosa por un gran sonrojo provocado gracias a la confesión tan sincera de su pareja, soltando una pequeña risa; él, quien parecía más un niño pequeño a veces, ahora imaginaba una vida con hijos y esa idea no le desagradaba para nada.

—Ayúdame a hacer mi maleta —se apuró a decir después de salir de la ensoñación a la cual había sido sometido, negando con la cabeza en una necesidad de dejar que su cabeza hiciera bonitos escenarios donde su adorado alfa y él pudiesen hacer una bonita familia— tal vez encuentres algún dulce que te puedas comer.

—No quiero —gruñó, apretando más al pelirrojo en un intento de no dejarlo escapar, sintiendo como se movía intentando escapar.

slǝǝ & sǝsoɹ

Tardó más de lo deseado en convencer al chico de Octavinelle para que dejara la comodidad de su berrinche y aparte, que pudiera ir con él a terminar de preparar sus maletas. Aunque, en el panorama verdadero, Floyd había tomado asiento en la silla del escritorio, usando el respaldo para recargar su pecho y sus brazos, mirando como su adorable y tiránico novio se movía de una esquina a otra de aquella inmensa habitación, haciendo que lo pomposo del uniforme de dormitorio le hiciera parecer aún más a un pez dorado.

—¿Por qué estas sacando todo tu armario? —preguntó después de notar cómo en cada ida y vuelta que daba llevaba consigo la ropa que jamás antes había visto ser usada por el más bajo y ahora descansaba en la cama — sólo te irás dos semanas, o ¿pretendes ya no volver? —la simple idea de imaginar le no volver hacía que algo dentro de él se revolviera y tuviese la necesidad de abalanzarse sobre él, marcándolo como suyo de una buena vez.

—Nada de eso —dijo con media sonrisa dibujando en sus labios, negando con la cabeza mientras terminaba de poner un pijama dentro de una de las tres maletas que había estado preparando — sólo estoy por llevar cosas a casa, aprovecharé en dejar lo que no necesito, la ropa que debo lavar y los uniformes para ser planchados, solo eso ¿En verdad crees que voy a quedarme para siempre en mi país y no terminar la escuela?

—Pues... —el más alto rodó los ojos como respuesta, bufando y volviendo a quejarse una vez más — si tu madre dice que lo hagas no habrá Pececito rudo que corta cabezas para impedirlo ¿o sí?

Luego de escuchar las palabras cargadas de irritabilidad de su pareja y chasquear la lengua como respuesta, Riddle dejó de organizar sus pertenecías, poniendo a un lado lo que fuese que tuviera en las manos, solo para acercarse a él, tomarlo de las mejillas y obligarle a mirarlo, a pesar de que su paciencia fuese mucha más que antiguamente, seguía habiendo un límite, límite al que Leech estaba a punto de llegar.

—Escúchame de una buena vez, Floyd Leech —apretando el par de mejillas entre sus manos, estrujándolas levemente mientras intentaba calmarse — deja de actuar como un niño tonto, no puedo ir en contra de las decisiones de mi madre, lo sé, pero tampoco voy a dejar que tu pretendas ponerme en contra de mi familia por un capricho — soltando lentamente su rostro, tomando aire y negando con la cabeza — se bien lo que prometí y me disculpo de no poder cumplirlo, pero solo espero que tu puedas entender que hay cosas en las que no tengo todo para controlarlo y me apoyes...

Riddle tan solo dejo salir un suspiro luego de todo el discurso, volvió a tomar aire para llenar sus pulmones y volteo rápidamente para no enfrentar la cara de su querida pareja, estaba casi seguro que ahora Floyd estaría más molesto de lo que antes hubiera estado.

Pero, al contrario, el de cabello azul sólo parpadeo un par de veces, viendo como el chico de baja estatura regresaba a la parte de donde había salido, apurándose en terminar sus maletas, se levantó de la silla y fue a sentarse entre la ropa aún no acomodada, aprovechando para tenerlo cerca, atrayendolo por la cintura hasta él y abrazarlo con fuerza.

—Quiero pasar siempre con Kingyo-chan, promete que no vas a encontrar a nadie y te vas a enamorar y se van a casar y tener hijos en estas dos semanas —aunque el capricho mencionado sonase como una tontería, por el tono de voz del gemelo menor, sabía que era muy en serio.

—Te prometo que no voy a encontrar a nadie para casarme y tener hijos en dos semanas —repitió con una risita apenas audible, pasando sus brazos detrás del otro y abrazándolo de vuelta — esta vez peleare para cumplir mi promesa

Floyd solo sonrió, apretando más fuerte a su querida pareja, le dolía dejarlo ir, aunque fuese por un corto tiempo, se sentía inseguro y con ganas de guardarse en su maleta para acompañarlo siempre o hacer de él alguien aún más chiquito para llevarlo siempre en el bolsillo, pero debía soportar, eran las primeras pruebas de la vida adulta que debía enfrentar.

Luego de unos largos minutos de abrazos, promesas y conversaciones más tranquilas, el más alto de ambos decidió ayudar, tomando la ropa que no tenía razón de ir y volviendo a guardarla en el armario del pelirrojo, tan tranquilo como siempre.

—Nee~ —llamó desde el lugar del ropero, mientras metía la ropa interior no solicitada en los cajones — Me voy a quedar estos, aunque me gustan como se te ven no hay algo que huela más a ti— levantando el par de bóxeres rojos carmín, de licra que a palabras de Leech, quedaban bastante bien al cuerpo del más bajo, los sacudió y apuro a doblarla como si fueran un pañuelo para guardarlos en su bolsillo de la camisa —me servirán para no extrañarte tanto~

Y aunque Riddle hubiese peleado por conseguir de nuevo su ropa interior, Floyd había tomado una decisión, así que no había manera de ganar.

slǝǝ & sǝsoɹ

"El salón de los espejos ya está disponible para que todos aquellos que vuelvan a sus casas lo hagan en las próximas tres horas" —fue el anuncio que el director le daba a sus alumnos, con sus maletas al lado y esa camisa tropical en él — "los alumnos que van a quedarse deben recordar que los servicios básicos se ven suspendidos hasta dentro de dos semanas, pero les irá bien"

Riddle ya se encontraba ahí, con sus dos maletas y una mochila en su espalda, mirando a todos lados, buscando a su pareja. No había mucha prisa, incluso podía esperarlo un poco más, sólo temía que una vez pasado el espejo tuviese que esperar tanto tiempo para volver a verlo.

Los minutos transcurrieron y él estaba celoso de que Ace y Deuce pudiesen salir por el espejo y quedar en el mismo lugar juntos, a diferencia de él, quien debía esperar en ese sitio, creyendo que su Anguila iba a llegar para despedirse. Más al parecer no lo haría, llevaba más de hora y media ahí, a la mitad del salón de los espejos y no había ni una sola huella de su presencia.

Tomó las maletas y decidido se acercó a la fila de los chicos que aún se amotinaban para salir, viendo cómo más y más se unían a la fila.

—¡Kingyo-chan! ¡Espera! ¡No te vayas aún! —la espigada figura del alfa de Rosehearts se dejó mirar desde el fondo del salón, acaba de llegar, con ese elegante retraso de casi dos horas, más no importó, el pelirrojo abandonó la fila para irse a encontrar con su novio, aun cuando fuese su turno para entrar al espejo.

—Pensé que no vendrías —hizo un puchero, cruzandose de brazos solo para sentir como el más alto lo abrazaba con fuerza, dejaba un beso en su cabeza y se separaba despacito de él —creí que iba a tener que soportar este tiempo sin ti-

—Si, si lo siento, es que Azul me encargo que estrujara a unos idiotas —soltó una risita, pasando la mano hacia atrás para esconder sus guantes manchados de tierra y tal vez sangre, ahora colocados en el cinturón del más alto —pero estoy aquí y... —miro a todos lados, como si tuviera terror de que alguien pudiera cacharlo en su próximo movimiento, una vez seguro el lugar se quitó la bufanda de su uniforme de dormitorio, pasándola con mucho cuidado por detrás del cuello contrario, dándole dos vueltas para asegurarla bien, sonriendo después de ello.

—Quédatela, así tendrás mi olor por las próximas 2 semanas y no me extrañará tanto —soltó con sinceridad, tomando las manitas del chico, con ternura y mucho amor todo para volver a acercarse y dejar un nuevo beso, ahora en la frente de este— no olvides mandarme mensajes todos los días y comer bien, recuerda que los pececitos comen más de lo que tú llegas a hacerlo y está bien~

Riddle asintió con la cabeza varias veces, mientras sus grandes ojos brillaban de emoción y su nariz distinguía el fuerte aroma de Floyd, ese aroma que tanto le gustaba.

El peliazul tomó una de sus manos y con la otra la maleta más pesada para regresarlo a la fila y estar seguro que cumpliera con sus deberes. Tal vez habría deseado quedarse con su pareja todo el tiempo, pero, al final de cuentas, estaría con él el resto de sus vidas.


¡Feliz navidad! ¡Y felices otras fiestas también!