Advertencia: Intento de lemon, aquí me dijeron clímax y yo entendí lemon lemon.

Nudo

Para Floyd el cuerpo de su pareja era una completa obra de arte. No necesitaba estar bajo la influencia del suave aroma que emanaba esa persona, siempre había sido así, incluso mucho antes de siquiera tener la oportunidad de ver sus manos debajo del par de guantes oscuros que llevaba siempre consigo.

Ahora que lo tenía así, yaciendo completamente desnudo debajo de él, después de una arriesgada decisión y esa placentera sesión de juegos previos, entendía perfectamente cada uno de los sentimientos más puros e impuros que pudiese tener con ese muchacho.

Riddle estaba recostado en la cama, sintiendo como mirada heterocroma del más alto recorría cada centímetro de su cuerpo y como, de haber tenido aún ropa, estaría desvistiéndolo únicamente con ella.

—el pececito dorado es demasiado hermoso —escuchó salir de la boca del más alto, mientras observaba como el mismo gateaba sobre la cama, acortando la distancia hasta donde se encontraban los pequeños pies que le pertenecían.

Todo en él era tan pequeño teniendo a su lado a Leech.

—Y a ese pececito bonito, hoy lo voy a devorar~ —aunque la voz y palabras que salían de la boca del tritón con piernas se escucharán como una canción de jardín de niños, Riddle era capaz de escuchar el tono grave y grueso que escondía entre las frases de su canción, el sonido de algún gruñido o jadeo que se atoraba aun en su garganta y no iba a permitir salir. Y eso solo provocaba en él, temor.

Era el miedo la reacción favorita del segundo gemelo para notar en su amada pareja, le encantaba asustarlo o hacerle temer pues era de esa manera que el más bajo dejaba más aroma en el ambiente y eso simplemente era adictivo para el más alto. Así que, por ello había comenzado a cantar tontamente lo primero que a su mente llegó, viendo como Rosehearts se cohibía.

Una de sus manos fue a parar hacia la pierna más cercana del chico, acariciando por fuera de ella, subiendo lentamente hasta su cadera, manteniéndose ahí, únicamente acariciando a manera de círculos en su piel, mientras continuaba tarareando esa canción improvisada. Sin pensarlo mucho hizo lo mismo con la otra pierna, solo que en esa ocasión iba de la cadera hacia abajo llegando hasta el tobillo del más bajo, sujetando con fuerza de él.

Sin esperar demasiado bajó la otra mano hasta el otro tobillo y en el acto abrió ambas piernas para mirar debajo de él.

—Woah! ¡Estás tan mojado Kingyo-chan! —soltó con fingida incredulidad, soltando ambas extremidades al mismo tiempo, acercándose aún más entre las piernas del menor, tomando su miembro para llevarlo hacia la pequeña entrada de su omega, entrando con cuidado, aun deseando tomarlo de una sola estocada —Y... Igh, eres tan... Estrecho —gruñó por lo bajo mientras continuaba entrando.

Riddle soltó un quejido alto al sentir como la punta del pene de su novio se abría paso en sus entrañas y junto a él toda la extensión del mismo haría lo mismo, se levantó un poco para alcanzar al peliazul, enredando sus brazos alrededor del cuello ajeno y atraerlo con necesidad contra de él, haciendo que cayera sobre su delgado cuerpo.

La primera reacción de Leech fue meter una de sus manos como freno sobre la cama para evitar caer de golpe sobre el pequeño y frágil omega, aunque Riddle sólo deseaba el contacto físico completo con su alfa.

Sé mantuvieron así por unos momentos, con el rostro de Riddle sobre su hombro, con su pequeña y redonda nariz sobre el cuello de Floyd, respirando con suavidad el aroma que tanto le gustaba y seguridad le daba.

"Voy a continuar" —susurró el más alto, mientras dejaba un beso fugaz sobre la sien más cercana de su adorable novio, haciendo todo para soltarse, no por rechazarlo, más bien por que deseaba continuar y con ello marcarle como propio de todas las maneras que pudiese. Volvió a dejarle sobre el colchón, poniendo una mano sobre su pecho, empujándolo encima de las sábanas evitando que se levantará de cuenta nueva, mostrándole que ahí era su lugar y era justo donde quería tenerlo.

Con calma se levantó, llevando consigo aún el cuerpo del pelirrojo, tomándolo por las caderas mientras se bajaba de la cama, dejándolo a la orilla y él de pie, haciendo más sencillo y cómo para ambos el instante. Apuró a tomar unos cuantos cojines de la cama, poniéndolos debajo de la cadera del líder de dormitorio y, asegurándose que estaba cómodo, comenzó a mover sus caderas en contra del pelirrojo.

Apenas sintió la primera embestida, sus piernas fueron directamente a rodear la cintura de su amado peliazul para tenerlo sujeto, indicándole que no podía alejarse. Una sonrisa de medio lado se posó sobre los labios de Floyd, y sin siquiera meditarlo, comenzó a embestir con mucha más fuerza, aún más rápido, únicamente guiado por los sonidos que placer que salían de la boca de Riddle.

Podía mirar como su rostro dejaba ver cada uno de las sensaciones de placer dibujadas en las delicadas y hermosas facciones del muchacho con olor a rosas y pastel, mientras arremetida en él, deseando que con cada uno de sus avances un nuevo sonido diferente al otro llenarse el ambiente.

—F-Flo~ —llamó con necesidad, en un tono fino y lastimero, muy similar al tono de su voz cuando estaba en celo, deseoso, necesitado, completamente dependiente — F-Flo, p-por fa..or...— buscó con su mano la contrario que se mantenía sobre sus caderas, sujetándolo con fuerza, subió un poco, apenas unos cuantos centímetros y apretaba sobre de él, sin dejar de gemir, sin mucha fuerza — acércate~

La voz de omega del pelirrojo, combinada con los tonos rosados que ahora se posaban en su piel, no sólo en su rostro, pasaba también a su cuello y parte de su pecho, los hombros y las pocas articulaciones visibles, habían logrado hacer estremecer al más alto, apurandose a volver sobre la cama, de rodillas y empujando al pelirrojo con la cadera para que le diera espacio y así poder acercarse danto como el más bajo lo deseaba.

Las manos pequeñas, a comparación de todo el alfa sobre de él, se posaron en las mejillas de Floyd, acariciando con ternura en ella, apretando sobre ellas por simple maldad y así poder besarlo, de una manera leve, con cariño, sin deseos de ir más allá.

El peliazul se tomó unos cuantos segundos para corresponder los deseos de su amante, continuar con los besos tranquilos desprovistos de ansiedad o deseo, haciendo que sus labios lentamente fueran bajando hasta su cuello y así dejarlos volver hasta la boca de su adorado omega.

El espacio de tranquilidad no duró demasiado tiempo, Floyd se separó, mirando lo hermoso que era su novio, sólo sonriendo, salió de él y le pidió que se volteara, que estuviera a gatas sobre el colchón. Riddle obedeció, temblando lentamente mientras avanzaba hasta el centro de la cama, deleitando la mirada Floyd, quien le veía mover aquel hermoso cuerpo, notándose tan húmedo, tan sonrosado en un movimiento gracioso que al más alto parecía hipnotizar. Riddle sintió como el peso del más alto estaba sobre la cama, detrás de él y las grandes manos del joven marino apoyándose en sus caderas, subiendo tranquilamente hacia su cintura para atraerlo, y así, al inmovilizándolo un poco, volver a penetrarlo de una sola estocada.

Riddle gimió con fuerza una vez más, intentando dar un par de pasos hacia el frente y escapar, más el peliazul lo tenía sujeto, con la suficiente fuerza para dejar algunos moretones después, evitando que huyera, aun cuando fuera únicamente una reacción y por lo tanto recorrió el único paso que podía, entrando aún más en el delgado cuerpo de su pelirrojo.

El líder de dormitorio sollozó después de sentirlo entrar aún más, su cuerpo parecía recibirlo gustoso, cerrándose alrededor de su miembro, como si deseara nunca más dejarlo ir. Floyd soltó el primer gemido alto que salía de su boca, apretando aún más sus dedos sobre la blanca piel de su novio, sonriendo de medio lado, volviendo al vaivén de las caderas, tan fuerte como ahora el espacio libre le permitía, tan profundo como las entrañas del más bajo se lo permitía y tan placenteras para ambos, entre los gemidos y sollozos que se cortaban por gruñidos y el sonido de uno que otro beso sobre los hombros, cuello y espalda del más bajo dedicados por un amoroso alfa que deseaba hacerle el amor con todas sus letras.

Leech se acercó sobre el hombro ajeno, colocando su rostro en el hombro contrario, jadeando con fuerza mientras intentaba hilar sus palabras y permitirse hablar.

—Ki-kingyo-chan... —un largo gemido salió de sus labios después de sentir como las caderas del más bajo se movían más rápido a contradirección, haciendo que su miembro fuese mucho más profundo, tanto hasta el punto de hacer que la mitad de su bulbo estuviera casi dentro — ¿p-puedo?

Las manos del peliazul dejaron la cintura, subiendo hacia su pecho solo para estrujarle y evitar que se alejara de él en ese instante. El líder de Heartslabyul asintió con la cabeza, gimiendo varios "si" de forma muy rápida, volteando para besar sobre su mejilla y volver hacia el frente.

Floyd sonrió con ligereza, dejando un par de besos sobre su cuello, desde la línea del mentón hasta el ansiado punto preciso, ese donde la cicatriz anterior de una mordida aún no se curaba del todo, lamio el camino de las marcas de sus dientes y sin más, volvió a estampar la boca sobre la piel, justo en ese mismo lugar, ni un centímetro más ni otro menos, yendo tan profundo hasta el punto de necesitar acercarse aún más, empujando sus caderas en las últimas estocadas y sin prevenir el momento su miembro anudó completamente al pelirrojo.

Rosehearts se alarmó, podía sentir como el semen de su pareja llenaba por completo su cuerpo, tan cálido y pesado como podía describirlo y a la vez de su cuello un largo camino de sangre bajaba por todo su cuerpo hasta encontrar final en las sábanas y cualquier otra pieza de ropa que pudiese estar ahí.

Lo único que pudo hacer Floyd fue empujar a su adorable pareja contra la cama, dejar que estuviera completamente acostado e ir con él, pasando sus brazos por debajo de él, abrazándolo con fuerza, cariño y deseando dar el calor de su cuerpo.

—Todo... Estará bien —murmuró, cerca de su oreja, dejando unos cuantos besos más en esa parte, apretando lo aún más —no te haré daño.

Las manos delicadas del pelirrojo terminaron por sujetar las sábanas, su cuerpo dejaba salir su ansiado orgasmo, mientras luchaba con su necesidad de oxígeno, respiraba agitado, necesitado de aire, tal vez estaba cayendo en algún tipo de shock, posiblemente la pérdida de sangre lo estaba matando o posiblemente no era un omega que pudiese soportar del todo el nudo de un alfa tan grande como lo era su pareja.

Sin esperar nada, sólo cerró los ojos, a merced de cualquier cosa que pudiera pasar en ese instante.