.

Capítulo 4

Amor a Primera Quemadura (2º Parte)

El tiempo pasó volando luego de discutir su plan una y otra vez con sus amigos. Alan llego a la entrada del instituto varios minutos antes de la hora. Estaba muy nervioso, no podía dejar de caminar en círculos. Los Pokémon que pasaban a su alrededor lo miraban raro, pero al Weavile no le importaba. En su mente solo estaba la chica de sus sueños. Eso y nada más. Fue allí cuando se dio cuenta de que tenía que calmarse, sabía que era bastante obsesivo de vez en cuando, y si no se controlaba, terminaría arruinándolo todo.

Entonces, la vio. Luxana. La Braixen caminaba con mucha calma. El viento movía levemente su pelaje. La luz del sol hacia brillar sus ojos de una manera hermosa. Ahora llevaba unos pendientes de Fennekin. Y su sonrisa brillaba con luz propia (Aunque esto era solo la imaginación de Alan). Aquella imagen hizo que el Weavile quedara completamente embobado, mirando a la Braixen fijamente hasta que esta estuvo frente a él.

—Hola, Alan —Saludo de forma amable y tierna la Braixen.

—Hola… Luxana —El Weavile correspondió el saludo lo mejor que pudo. Los nervios de Alan podían verse desde el espacio.

—Puedes llamarme Lux —Pidió la Braixen acariciando un poco la cabeza del Weavile.

Esta simple caricia hizo que el Pokémon de tipo Hielo-Siniestro quedara embobado nuevamente. Por suerte solo fue durante un momento, y Luxana no se dio cuenta, pero tenía que concentrarse todo lo posible. El Weavile recupero la compostura y miro sonriente a la Braixen.

—Bueno, Lux, ¿Qué tal si… vamos a la ciudad a pasear un rato? —Sugirió Alan de forma amable.

—No me parece mala idea —Acepto la chica con una sonrisa, a la vez que tomaba la mano de Alan y empezaba a caminar junto a este.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Alan. Estaba tomado de la mano con la chica de sus sueños. Por suerte, alcanzo a darse una cachetada con su bufanda, de lo contrario se habría desmayado allí mismo. Su plan iba bien. Salir a pasear con Luxana a solas para conocerla mejor. Posiblemente tendría que gastar el poco dinero que tenía, pero no importaba, si conseguía que Luxana se interesara al menos un poco por él, todo habría valido la pena.

No tardaron mucho en llegar a la estación, y eventualmente, a la ciudad. Alan miro la estación de la ciudad a detalle. Habia estado allí ayer, pero después de todo lo que habia ocurrido ese día y el día anterior, sentía como si hubieran pasado varios meses. Luxana sentía lo mismo, aunque en menor medida. Ambos adolescentes empezaron a caminar por la ciudad sin ninguna prisa. Caminar junto a la Pokémon de tipo fuego era como un sueño para él.

—Lux, ¿A dónde te gustaría ir?

—Bueno, no lo sé, tú deberías saberlo —Menciono con molestia la Braixen, pero al instante sonrió—. ¡Oh ya se! Hay un Árcade cerca de aquí, podemos ir allí.

Alan asintió con la cabeza, demostrando estar algo nervioso. De verdad que no entendía como era que la Braixen cambiaba de actitud tan rápido. No estaba bromeando, ni fingiendo, o por lo menos no lo parecía. Luxana guio a Alan hasta aquel Árcade que menciono. El Weavile conocía aquel sitio. Iba allí de pequeño. Al menos eso recordaba. Los dos Pokémon decidieron jugar un juego de peleas en realidad virtual.

El juego era muy simple. Habia que elegir al personaje que iban a usar, se ponían unas gafas especiales y ya podían jugar. Alan pago las fichas para dicho juego, por suerte no costaba demasiado. Ambos adolescentes eligieron sus personajes, se pusieron las gafas y estas se activaron al instante. Aquellas gafas eran mejor de lo que ambos esperaban. Teniéndolas puestas, se veían a sí mismos (Con la forma de los personajes elegidos) dentro del mundo virtual, pero para moverse tenían que usar su mente. Alan eran un Empoleon, mientras que Luxana una Suicune. Sin nada más que decir, los dos Pokémon empezaron a pelear.

.

.

.

.

.

—Me siento humillado —Comento Alan caminando cabizbajo al lado de Luxana.

—Oye, solo es un juego, no es para tanto —Le dijo la Braixen con una pequeña sonrisa.

—Aun así es humillante. Habia muchos Pokémon mirando, y no logre darte ni un solo golpe —Recordó el Weavile sin dejar de caminar.

La partida habia durado apenas tres rondas. Estaba seguro de poder ganar, pero Luxana jugo como una profesional. Lo humillo tres veces seguidas sin ninguna dificultad. El Weavile ni siquiera fue capaz de darle un solo golpe. Tampoco ayudo que estuviera tan nervioso mientras jugaba. Viendo que su acompañante estaba hundiéndose en la miseria, Luxana pensó rápidamente en alguna otra cosa que hacer.

—Bueno, supongo que podemos ir a comer —Sugirió con tristeza la Braixen, casi al borde de las lágrimas.

Alan pensó que habia hecho sentir mal a Luxana, pero repentinamente, esta volvió a estar perfectamente bien. Incluso soltó una risa alegre. Aquello ya era ridículo. Alan se detuvo, dirigiéndole una seria mirada a Luxana. Le gustaba, pero simplemente no podía seguir sin saber que era lo que le pasaba. La tipo fuego se dio cuenta de que su acompañante se habia detenido, extrañándose al ver su expresión.

—¿Pasa algo, Alan? —Pregunto la Braixen confundida.

—Sí, si pasa algo —Respondió Alan aparentando molestia, pero la realidad es que seguía estando nervioso—. Estas actuando demasiado raro. Cambias de actitud de un momento a otro. Literalmente acabas de estar a punto de llorar y nuevamente estas completamente feliz. Parece que te estuvieras burlando de mí.

Luxana se quedó en silencio durante unos segundos, soltando un suspiro bastante largo. La Braixen se acercó al Weavile, mirándolo con pena y tristeza.

—De verdad lo siento. Realmente tenía que haberte dicho la verdad antes, pero… No quería que te burlaras de mi por ser como soy —Admitió la Braixen apenada—. Vamos a un lugar más tranquilo.

Dicho y hecho, los dos adolescentes fueron a una pequeña plaza que habia cerca. Luego de encontrar un sitio en el que no habia demasiados Pokémon, Luxana se sentó debajo de un árbol. Alan se sentó frente a ella. El susodicho estaba expectante, pero no decía nada para no hacer sentir incomoda o presionada a Luxana.

—Como ya pudiste comprobar, mi actitud es bastante… cambiante —Empezó a decir la chica con tristeza—. Siempre ha sido así desde pequeña. Cualquier emoción, por muy pequeña que sea, es capaz de cambiar por completo mi estado de ánimo. Apenas soy capaz de controlarme. Mis padres me han llevado con muchos doctores, pero ninguno ha logrado descubrir que es lo que me ocurre. Los pocos amigos que tengo son solo amigos de la infancia. No me gusta hablar con gente desconocida porque… Pasa lo que ya te puedes imaginar.

Esto hizo que Alan empezara a sentirse culpable. Ahora, habia sido él quien habia malinterpretado todo. La Braixen era solamente una chica normal que no podía controlar sus emociones. Aquel descubrimiento lo hizo sentirse como un completo idiota. Ya sabiendo esto, intento pensar en alguna forma de hacer sentir mejor a Luxana. Le costó varios segundos, pero finalmente se le ocurrió algo que decir.

—Entenderé si ya no quieres hablar más conmigo. Dudo mucho que quieras juntarte con una chica rara como yo —Decía la Braixen ocultándose detrás de sus rodillas, no quería que Alan la viera sollozar.

—¿Estas bromeando? —Pregunto Alan con una sonrisa—. Claro que quiero seguir hablando contigo, no eres ninguna chica rara. De hecho, el raro aquí soy yo. O sea, solo mira esto.

Alan miro hacia arriba, viendo que el árbol en el que estaban tenía algunas manzanas frescas. El Weavile creo una pequeña cuchilla de hielo con su aliento gélido y se la lanzo a una de estas manzanas. Dicha manzana empezó a caer, yendo directamente hacia él. Luxana no entendía que estaba haciendo el chico, hasta que repentinamente su bufanda se movió a gran velocidad y atrapo la manzana como si nada.

—Lo vez, estoy seguro de que no conoces a nadie que pueda hacer eso —Aseguro Alan a la vez que limpiaba la manzana con una de sus garras y la daba un mordisco.

—Bueno, en realidad…

Los ojos de la Braixen empezaron a brillar de un momento a otro. Una manzana bajo del árbol lentamente hasta llegar a sus manos. Alan frunció el ceño al ver esto.

—Claro, poderes psíquicos —Refunfuño el Pokémon de tipo hielo-siniestro.

—Bueno, si tienes razón en algo. No conozco a nadie que tenga una bufanda mágica —Comento Luxana lanzándole la manzana a Alan. Su bufanda atrapo dicha manzana al instante.

—Bueno, algo es algo, supongo —Menciono el Weavile usando su bufanda para hacer malabarismo con las dos manzanas.

Esto hizo que Luxana se riera. Alan estaba feliz. Aun le gustaba Luxana, y lo que le habia dicho no iba a impedir que siguiera intentando convertirse en su novio. El Weavile saco su móvil para ver la hora. Era temprano, aun podían pasar tiempo juntos antes de tener que volver al instituto.

—Bueno, ¿Qué te parece si damos otra vuelta por la ciudad? —Sugirió Alan levantándose y extendiendo una de sus garras hacia Luxana.

—Me gusta esa idea —Acepto la Braixen tomando la garra del chico con una sonrisa.

Los dos adolescentes decidieron pasear por la zona de la ciudad que no habían visitado todavía. Alan ahora pasaba completamente por alto los cambios de humor de Luxana, tratándola como a una chica normal. Sobra decir que esto hacia muy feliz a la Braixen, tanto que incluso casi llora de alegría un par de veces.

Mientras caminaban, los dos pasaron por una pequeña tienda. Alan vio en dicha tienda una pulsera. Le pareció bastante bonita y no costaba mucho. El Weavile le pidió a Luxana que lo esperara un momento, entrando en la tienda, comprando la pulsera y saliendo nuevamente. Luxana tenía curiosidad por saber que habia hecho su acompañante, sorprendiéndose cuando este le mostro la pulsera.

—Ten, es para ti, Lux —El Weavile estaba muy sonrojado. SI le hubieran dicho ayer que estaría haciendo todo eso por amor, nunca lo habría creído, pero aun así, allí estaba.

Luxana tomo la pulsera y la analizo cuidadosamente. Era una pulsera negra, la cual tenía varios diseños de llamas. También tenía una pluma de un Weavile. Fue allí cuando Luxana se dio cuenta de que a Alan le faltaba una de las plumas de los lados de su cabeza. Aquello, le pareció muy bonito, pero lo que más le sorprendía es que Alan, el chico que habia conocido ese mismo día (Y que se chocó con ella un par de veces), era el quien le estaba regalando aquella bonita pulsera.

—Muchas gracias, Alan —Agradeció la Braixen muy feliz, dándole un fuerte abrazo al Weavile—. Aunque, ahora te falta una pluma y te vez muy raro…

—No te preocupes, no es la primera vez que pierdo alguna de mis plumas. Para mañana ya habrá crecido otra —Comento el Weavile con una sonrisa, pero rápidamente se dio cuenta de algo—. Estas… Ardiendo… —Susurro Alan sufriendo por el alto calor corporal de la Pokémon de tipo fuego. Ahora mismo maldecía ser tipo hielo.

—Ups. Perdón —Se disculpó Luxana muy avergonzada.

Después de esta escena, los dos adolescentes siguieron paseando por la ciudad. Sin que se dieran cuenta, los estaba siguiendo de cerca un Pokémon misterioso, el cual parecía estar observándolos a ambos en todo momento. Ni Alan ni Luxana notaron su presencia, pero aquel Pokémon parecía dispuesto a seguirlos a cualquier lugar que iban.

Cuando ya se estaba haciendo de noche, los dos amigos decidieron que era hora de volver al instituto. Aún faltaban varias horas para la media noche, pero no querían tener ningún problema por estar fuera del instituto tan tarde.

Mientras caminaban a la estación, el Pokémon que los estuvo siguiendo todo el tiempo se aproximó hacia ellos por detrás. Aquel Pokémon pasó rápidamente entre los dos jóvenes, empujándolos a ambos al pasar. Alan y Luxana miraron al extraño con molestia, pero este ni siquiera se detuvo. Entonces, Luxana noto que le faltaba algo, la pulsera que le habia regalado Alan. Estaba segura de que la tenía hace un momento, por lo que no le costó darse cuenta de lo que habia ocurrido.

—Ese Pokémon robo mi pulsera —Exclamo Luxana en voz alta. Al escuchar esto, el Pokémon misterioso empezó a correr muy rápido de un momento a otro.

Alan ni siquiera lo pensó, empezando a correr tras aquel Pokémon lo más rápido que podía. Luxana intento detenerlo, pero ni siquiera tuvo la oportunidad. Alan empezó a perseguir al ladrón lo más rápido que podía. El problema es que se notaba que aquel Pokémon era adulto y, sobretodo, era mucho más rápido que él. Si quería alcanzarlo, tenía que pensar en algo rápido.

Fue allí cuando recordó que si algo se le daba bien, era hacer Parkour. Alan salto lo más alto que pudo, sujetándose de un árbol con su bufanda y empezando a saltar en todos los lugares que podía. El ladrón seguía corriendo muy rápido, pero Alan lograba alcanzarlo aprovechando cualquier lugar para saltar. Cuando finalmente logro alcanzarlo, Alan salto encima del ladrón con sus garras cubiertas de energía helada, dándole un potente Puño Hielo en la espalda que lo hizo caerse de frente. Alan también se cayó por la velocidad a la que iba antes.

El Weavile estaba aturdido por la caída, pero se recuperó lo más rápido que pudo. Nada más levantarse, vio que el ladrón estaba tirado en el suelo, aturdido por la caída y el golpe que habia recibido. La pulsera de Luxana se habia caído de su bolsillo. Alan canalizo rápidamente su movimiento Agilidad, para acto seguido levantarse, tomar la pulsera con su bufanda y salir corriendo sin siquiera mirar atrás.

Después de que el adolescente se escapara, el ladrón se levantó, miro hacia los lados y se escondió en un callejón solitario. De un momento a otro, todo el cuerpo del ladrón brillo, transformándose en un naipe con la imagen de un ladrón misterioso. Dicho naipe cayó hasta tocar el suelo, desapareciendo al instante.

Mientras tanto, Alan volvió con Luxana. Nada más ver a la Braixen, el chico se desplomo frente a esta, respirando de forma agitada. No habia corrido tanto en mucho tiempo, pero daba igual. Consiguió recuperar la pulsera.

—Alan, eres un tonto. Eso que hiciste fue muy peligroso —Exclamo Luxana sonando muy asustada y preocupada.

—No importa. Lo que importa es que la recupere —Sin nada más que decir, Alan le entrego nuevamente la pulsera a la Braixen.

Aquello dibujo una expresión de sorpresa en el rostro de la Pokémon de tipo fuego. La susodicha no podía creerlo, el Weavile realmente habia logrado recuperar la pulsera. Luxana tardo un par de segundos en asimilarlo, para acto seguido abrazar con mucha fuerza a Alan, dándole un beso en la mejilla al susodicho.

—Muchas gracias, Alan —Agradeció con mucha felicidad la chica—. ¿Alan?

Pero Alan no respondió. Allí fue cuando la Braixen se dio cuenta de que el Pokémon de tipo hielo-siniestro tenía corazones en los ojos, además de que estaba echando humo por su cabeza. Claramente estaba bajo el efecto de atracción, pero no entendía como habia podido ocurrir.

.

.

.

.

.

En la Estación. Alan ya se habia recuperado del enamoramiento, pero estaba recibiendo un regaño de Luxana por lo que habia hecho. Aunque no le gustara estar recibiendo un regaño, sabía que la Braixen tenía razón, por lo que solo se limitaba a escuchar.

—Promete que no volverás a hacer algo tan peligroso —Exigió Luxana seriamente.

—Lo prometo —Prometió el Weavile cabizbajo y avergonzado.

Justo después de decir esto, Luxana le dio un abrazo, aunque no tan fuerte como los anteriores. Alan sonrió. Aquel abrazo lo estaba quemando, pero podía acostumbrarse. De cualquier forma, ya se era de noche y el tren estaba a punto de partir. Tenían que volver al instituto rápido para no meterse en problemas.

Una vez llegaron al instituto, Alan sabía que era momento de despedirse de Luxana por ese día.

—Bueno, fue un día bastante entretenido —Comento Alan. Quizá habia sido más entretenido de lo que habia planeado, pero no iba a quejarse. Habia pasado bastante tiempo con la Pokémon de sus sueños.

—Sí, se sintió bien pasar un rato con alguien nuevo que no me miraba raro por como soy —Respondió la Braixen con una gran sonrisa.

—Me alegro. Y gracias por no mencionar cada minuto algo acerca de mi bufanda embrujada —Agradeció el Weavile haciendo un saludo con su bufanda.

Luxana soltó una risa por esto. Antes de despedirse, ambos se fijaron en un grupo de Pokémon que pasaron cerca de ellos. Todos tenían una buena cantidad de vendas en todos sus cuerpos, y parecía que acababan de salir de la enfermería. Eso era si dudas muy extraño.

—¿Qué les habrá pasado a esos Pokémon? —Pregunto Luxana con curiosidad y algo de preocupación.

—¿Acaso no se enteraron? —Pregunto un Doublade que iba detrás de aquellos Pokémon. Alan y Luxana negaron con la cabeza—. Hace unas horas uno de los legendarios de primer año ataco a todos esos Pokémon. Fue un Marshadow muy fuerte. Los ataco a todos al mismo tiempo y no recibió ni una sola herida.

—Pero, ¿Por qué hizo eso? —Pregunto Luxana algo asustada.

—Yo creo que como es un legendario, se cree la gran cosa y quiere intentar intimidarnos. Estoy seguro —Aseguro el Pokémon de tipo acero-fantasma. De la nada, un Sawk se acercó por detrás del susodicho y le dio un golpe en lo que sería su cabeza.

—No le hagan caso a este idiota —Pidió seriamente el Pokémon de tipo lucha, mientras que el Doublade se quejaba de dolor—. Lo que realmente paso es que esos Pokémon no dejaban de acosar al Marshadow. Y por lo que sé, tiene un temperamento algo explosivo, y todo termino en una pelea cuando se cansó de ser perseguido a todos lados.

—Soy de metal, ¿Cómo es que ese golpe me dolió tanto? —Se preguntaba el Doublade adolorido de fondo.

—Bueno, supongo que mientras no lo molestemos, no nos hará lo mismo —Menciono Alan con tranquilidad. Ni siquiera habia visto a ese Marshadow, por lo que no tenía nada de qué preocuparse.

Dicho esto, Alan se despidió de Luxana y se fue de nuevo a su habitación. Allí lo estaban esperando sus amigos. Arashi jugaba con su teléfono, Light meditaba para mejorar sus poderes psíquicos y Apolo leía un libro.

—Hola, chicos —Saludo el Weavile nada más entrar. Arashi rápidamente dejo de mirar su teléfono y se aproximó hacia su amigo.

—Hasta que al fin llegas. Estaba empezando a pensar que te habías escapado con esa tipo fuego —Dijo Arashi seriamente, agarrando al Weavile con un brazo y apretándolo con fuerza.

—Ya suéltame, maldita sea —Decía Alan adolorido por lo que hacía su amigo. Arashi se rio un poco y lo soltó.

—Bueno, cuéntanos, ¿Luxana te odiara eternamente o lograste algo? —Pregunto Light con los ojos cerrados mientras seguía meditando.

—Bueno, la verdad…

Fue allí cuando el Weavile se dio cuenta. Habia pasado todo el día con Luxana, y aunque se habían hecho amigos, apenas se habían conocido. La única interacción compleja que tuvo con la Braixen fue en el parque. Alan golpeo su rostro con su garra.

—No puedo ver tu mente, pero ese golpe sonó a golpe de frustración —Menciono Light abriendo los ojos y mirando a su amigo—. ¿Salió mal, muy mal o desastroso?

—Ninguna, simplemente no salió como quería —Respondió Alan sentándose en el suelo contra una pared para descansar—. Pase todo el día con Luxana, pero apenas logre hacerme su amigo. Y probablemente ella solo me vea como eso, un amigo y nada más.

—Uff, nuestro pequeño Alan está en la Friendzone —Comento Arashi fingiendo estar triste.

—¿Acaso esperabas que se enamorara de ti en la primera cita? —Pregunto Apolo de la nada.

Todos miraron al Heliolisk al mismo tiempo. Ninguno se esperaba que el susodicho dijera ni una sola palabra. Apolo, que estaba leyendo su libro mientras les daba la espalda, continúo hablando.

—No puedes esperar que Luxana se lance a tus brazos solo por salir con ella una vez. Una relación es más compleja. Necesita tiempo y, sobretodo, dedicación —Explico Apolo tranquilamente mientras seguía leyendo.

—¿Cómo es que sabes todo eso? —Pregunto Arashi sorprendido y confundido.

—Libros —Respondió el tipo eléctrico con orgullo—. Además, conozco a Luxana desde hace años. Vas a necesitar esforzarte mucho para ser su novio. Si quieres un consejo, podrías empezar por conocerla de verdad, en lugar de seguirla en sigilo como un acosador.

Esto último dejo completamente sorprendido a Alan. El Weavile se levantó rápidamente e intento buscar alguna excusa que decir, pero con solo notar la mirada de Apolo sabía que no caería en ninguno de sus engaños.

—¿Cómo es que lo supiste? —Pregunto Alan sin poder ocultar su sorpresa.

—Tengo mis trucos.

Esto solo dejo más confundido a Alan. Apolo dejo de leer su libro y miro al Pokémon de tipo hielo-siniestro. Este se dio cuenta de que podía ver uno de los ojos del Heliolisk a través de uno de los cristales de sus lentes, pero el otro solo reflejaba la luz.

—Vaya, así que los cristales de tus gafas también son espejos de un solo lado. Muy inteligente —Comento Light al ver las gafas de su compañero.

—Sí, las fabrico mi madre, para asegurarse de que siempre pudiera ver hacia atrás mientras leía —Explico Apolo con una sonrisa.

—Pero, si tus gafas reflejan hacia atrás, ¿Cómo haces para leer? —Pregunto Arashi confundido.

Apolo se quitó sus gafas y las levanto en el aire. Todos pudieron ver como el Heliolisk le daba la vuelta al cristal que no reflejaba. Ahora los dos cristales reflejaban la luz. Alan y Arashi quedaron sorprendidos por esto. Light no tanto, ya se lo espera.

—Como sea. Si quieres gustarle a Luxana, necesitaras esforzarte mucho más —Término de decir el Heliolisk a la vez que volvía a centrar su atención en su libro.

—Bueno, yo… Creo que iré a mi habitación —Menciono Alan yéndose a su habitación sin decir nada más. Aquello dejo a los otros tres Pokémon algo desconcertados.

Estando solo, Alan se acostó en su cama y soltó un suspiro de cansancio.

—Agh... ¿Ahora qué voy a hacer? Si lo que dijo Apolo es verdad, que Luxana se enamore de mi va a ser imposible —Susurraba el Weavile de forma pesimista.

Te vas a rendir tan fácil…?... —Dijo una voz de ultratumba de la nada, pero Alan ya sabía de donde venía esa voz.

—Si… Bueno, no… No lo sé… —Respondió Alan con frustración. Aquella voz venía de su bufanda, o al menos eso creía. Solo podía escucharla cuando se sentía triste o molesto. Al principio le daba miedo que su bufanda le hablara, pero ya le daba igual. Por lo menos siempre que le hablaba era para decirle algo que necesitaba escuchar.

Tienes que intentarlo…

—Eso es verdad —Susurro Alan más animado que antes.

Su bufanda tenía razón. Tenía que esforzarse más. Luxana era la chica de sus sueños, simplemente no podía rendirse sin al menos intentarlo. Además, Apolo dijo que conocía a la Braixen desde hacía años, lo que significaba que podía pedirle ayuda, o por lo menos eso esperaba.

Mientras tanto, Light y Arashi estaban pegados a la puerta de la habitación de Alan, intentando escuchar que ocurría dentro.

—Está hablando solo, eso es nuevo —Susurro Arashi con extrañeza.

—Yo no diría lo mismo, estoy seguro que su madre una vez me dijo que algunas veces hablaba solo en su habitación —Menciono Light que también estaba intentando escuchar lo que decía Alan.

Apolo solo miraba aquella escena con extrañeza. Desde que llego, estaba seguro de que sus compañeros de dormitorio eran raros. Pero, después de todo lo que habia ocurrido ese día, estaba completamente convencido de que eran incluso más raros de lo que pensaba.

Pero nada de eso importaba. Ahora con sus ánimos renovados, Alan estaba dispuesto a seguir intentando salir con Luxana. Iba a ser complicado, probablemente tendría que esforzarse mucho e intentar muchas cosas para conseguirlo, pero no importaba que tan loca o descabellada idea se le ocurriera, iba a hacer lo que sea para cumplir con su sueño de salir con Luxana y ser su novio.

Después de todo, el Caos estaba en su sangre.