Disclaimer: todo lo que reconozcan, propiedad de J.K Rowling, lo demás, mío.
1.
Ver a su madre con demencia era posiblemente las cosas más duras que estaba viviendo Ginny actualmente.
Cuando en su familia comenzaron a notar cambios en el comportamiento de su madre, que comenzaron desde pequeños cambios de humor hasta olvidos y confusiones más severas, se dieron cuenta que algo sucedía.
Cuando la diagnosticaron, fue todavía más duro; el pronóstico no era bueno, la enfermedad no era reversible y solo progresaría hasta el punto de empeorar.
Su madre siempre había sido ese tipo de mujer que podía todo, había luchado en la guerra con ellos, se había cargado a Bellatrix Lestrange, se había siempre ocupado de todos y cada uno, era una gran abuela para sus nietos.
Y de repente, se convertía en una mujer disfuncional que no era capaz de hacer las cosas que siempre hizo, de tener las charlas que siempre tuvo ni de poder ayudarlos como siempre lo había hecho.
Su madre siempre había sido una guerrera, y luchaba contra aquella enfermedad como siempre lo hizo. Pero no era suficiente, y ésta, poco a poco, se comía cada célula nerviosa de su cerebro.
Bajó su única valija mientras cargaba su mochila encima. Había una conferencia de enfermedades neurológicas en Gran Bretaña y Ginny quería asistir. Ella estaba muy lejos de la medicina, lo suyo era y siempre sería el Quidditch, pero por lo pronto, quería ocuparse completamente de su madre y ayudarla en aquel horrible proceso lo mejor que podía.
Y la única forma era con información.
Así que allí estaba, en un lujoso hotel con un montón de medimagos especializados en enfermedades neurológicas y un montón, que, como ella, estaban allí dispuestos a informarse más sobre éstas y sobre los avances sobre este tipo de afecciones.
Se fue a servir café cuando chocó contra alguien, y mientras pedía disculpas y se arreglaba el blazer, se detuvo viéndolo totalmente sorprendida.
— ¿Weasley?
— ¿Malfoy?
— ¿O debo decirte Potter?
— Weasley, Malfoy, gracias.
— O pequeña comadreja….
— Me llamo Ginevra — dijo con tono determinante y autoritario, el muchacho rubio sonrió de aquella manera propia de él; una mueca de mal gusto que aparentaba ser una sonrisa demasiado fingida y rota. Algunas cosas no cambiaban nunca, pensó Ginny.
— ¿Qué haces aquí?
— Podría preguntar lo mismo — inquirió él, dirigiéndose a la mesa de café y sirviéndose uno, que, para sorpresa de Ginny, una que no disimuló, el primer vaso fue dirigido a ella y después él se sirvió otro. La miró esperando una respuesta y la pelirroja suspiró.
Su relación con Draco Malfoy no era especialmente mala, como tampoco lo era buena. Habían tenido sus encuentros en Hogwarts, pero fueron pocos, no llegó mucho más allá de aquel incidente después de un partido contra Slytherin y luego simplemente, indiferencia. De la más pura y absoluta.
Su mala relación residía, básicamente, en Harry y en lo que claramente Malfoy opinaba de su familia.
— Mi madre. Tiene… demencia — Malfoy asintió con cierta sorpresa amarga, apretando sus labios.
— Mi madre… Alzheimer — admitió él con lamento.
— Lo siento mucho.
— Yo también.
— ¿Esta… avanzado?
— Hace poco la diagnosticaron. Pero me he enterado de avances en cuanto su enfermedad, y cualquier tipo de experimento, lo probaré. No quiero perder a mi madre.
— Ni yo a la mía. Pero ya sabes lo que dicen ¿No? Progresivas, irreversibles…
— Lo sé, pero con toda la magia, me niego a creer que no hay nada que se pueda hacer. Pondré el dinero…
— No es cuestión de dinero, Malfoy. Y lo sabes — le dijo concisa la pelirroja.
— ¿Y a que has venido entonces? — terminó su café y tomó otro. ¿Qué quería en realidad? Vodka.
— A buscar ayuda. No sé… como ayudarla sin angustiarme – admitió, sin pudor.
Ginny era directa de una manera que solo ella sabía serlo, era frontal de un modo que a muchas personas le disgustaba y hablaba de aquello que le molestaba sin dar vueltas. Era orgullosa, terca y no le gustaba mostrarse débil o afectada, pero sabía que su fortaleza, en parte, trataba de mostrar sus dolencias.
Y allí estaba, admitiéndose angustiada ante Draco Malfoy, pero sin pestañear ni echar lágrimas.
Él asintió, y aunque no le convencieron sus palabras, no dijo nada.
Él estaba allí por otras cuestiones, hablaría con los mejores medimagos, buscaría los mejores tratamientos, encontraría la mejor alternativa. Ver a su madre deteriorarse no era una opción; su madre, aquella mujer que había aguantado todo, que había dado todo por la seguridad de su hijo, aquella que estuvo para cada momento de su vida, no moriría totalmente ida y sin recordarlo. No permitiría que vea su cara y no encuentre a su hijo. Así como él se negaba a permitir ver a su madre a los ojos y no encontrarla.
Ginny encontró grupos de apoyo emocional para la enfermedad.
Draco se adentró en cada nuevo estudio médico que presentaban diferentes médicos.
El resultado para ambos, fue el mismo.
Iba por la tercera medida y no tenía pensado detenerse, no porque hubiese estado en sus planes embriagarse, sino porque el panorama era desalentador.
Había un montón de nuevos estudios, pero también había un montón de condiciones para que su madre fuese una posible paciente para tal ensayo clínico.
No había recibido un no rotundo, pero tampoco la respuesta que deseaba y esperar más no estaba para sus ansiedades.
Ginevra era un mar de lágrimas en su habitación, el grupo de apoyo solo había sido una cruel manera de ver su futuro anticiparse.
Los días buenos había que disfrutarlos, de repente, se convertían en los mejores días, y los malos, días que debías pasar y afrontar de la mejor forma posible.
Ginny no se sentía lista. No para perder a su madre. No para perder a aquella mujer fuerte y tenaz que todo le había enseñado.
Tras haber pasado más tiempo del adecuado en la ducha, y deshincharse los ojos con un hechizo que había aprendido para, en realidad, deshincharse los hematomas luego de los partidos, Ginny bajó al bar del hotel vistiendo un atuendo negro y zapatillas.
Su pelo aún lucía mojado y espeso, de un rojo oscuro demasiado sangriento, mientras que su rostro se veía demasiado pálido para parecer saludable.
Y es que no esperaba encontrar a un Draco Malfoy próximo a la embriaguez.
— ¿Mal día? — preguntó, mientras pedía vodka.
— ¿Ahora como compartimos madres con pesares similar tenemos que ser amigos? — respondió de aquella manera tan poco educada.
— ¿Conoces alguien más aquí, Malfoy? — inquirió ella entonces, sin ganas de soportar a ese Draco Malfoy. A ese testarudo, mal hablado y poco simpático Draco Malfoy.
— Si tu pregunta es si tengo alguien más con quien pasar el jodido rato aquí, no, no tengo. Pero no vine a hacer sociales, Weasley. Vine a buscar alternativas.
— Y tú única alternativa soy yo, al parecer, porque creo que lo que viniste a buscar salió jodidamente mal ¿verdad? — asintió mientras terminaba la medida y pedía otra.
— No hay muchas esperanzas.
— Te lo dije.
— No te atrevas a usar esa frase conmigo, pequeña comadreja.
— Y tú no me digas…
— ¿Novia de Potter?
— ¡Que no lo soy!
— ¿Ya no? — preguntó arqueando sus cejas. Vaya, es que el chisme a veces venía bien.
— Estamos… temporalmente… separados — explico de forma pausada.
— ¿Y se puede saber por qué?
— Oh, de repente esta conversación te interesa, ¿Malfoy? — él rió.
— Nunca viene mal un poco de información sobre los héroes del mundo ¿sabes? Mañana vendo esta historia a Corazón de Bruja y seguramente consigo un buen trueque para que no me molesten más a mí ni a mi apellido.
— Ni se te ocurra — advirtió.
— Si me cuentas todo, te aseguro, como palabra de serpiente, que no lo haré.
— ¿Cuándo la palabra de una serpiente ha sido sincera?
— No es mi problema que hayas tenido malas experiencias, pelirroja. Pero puedes comprobar conmigo — y tras guiñarle un ojo, pidió dos tragos más.
Ginny rió con suavidad, y simplemente dio la explicación más burda y sincera.
— No funcionaba. Yo viajo demasiado, concentro demasiado y él tiene demasiado trabajo, ya sabes, atrapando a los malos.
— El que nace héroe muere héroe ¿no es cierto? Jodido complejo, Granger es igual ganando casos pro bono y defendiendo los derechos de las criaturas, el único que se alejó de esa ridícula idea de salvar el mundo es tu hermano. Él nunca encajo mucho en eso ¿no? — Ginny rió.
— Ron trabaja con mi hermano, ya sabes, en…
— Si, si, su fábrica de hacer chistes.
— Eh, que es mucho más que eso.
— Da igual, siempre fue medio bufón, aunque de mal gusto, si me permites.
— Malfoy ¿estás hablando mal de mi mejor amiga, mi hermano y mi ex novio en mi cara? No sé porque me sorprende. Ahora ¿Qué dirás de mí? — lo retó ella, cruzando sus piernas y enderezándose a su costado; él la miró detenidamente, entornando los ojos, sin vergüenza ni arrepintiéndose de ir contra los más queridos de Ginny, buscando las palabras correctas. Ginny esperó sus próximas palabras ansiosas, mientras veía con una sonrisa reprimida como Draco exageraba de manera teatral la forma en que entornaba sus ojos y como ajustaba sus labios en un excesivo rictus pensante.
— Que eres buena jugadora, Weasley. Me alegra que hayas dejado a Potter y ese proyecto de familia, sería una pena que dejes el deporte — soltó entonces, dejando atrás toda aquella farsa y simplemente admitiendo lo que pensaba, ella abrió los ojos impresionada.
— ¿Bromeas? — no pudo evitar su sorpresa.
— Noup — admitió, aunque un poco borracho – Eres buena, Weasley. Te he visto, no solo he leído columnas, que no suelo creerlas porque, vamos ¿Quién hablaría mal de ti? Nadie, nadie se atrevería de hablar mal de la mujer de Potter, así que ya sabes, pensé que exageraban, mentían y fui a verte. No es que no mire Quidditch exclusivamente femenino, pero no es el que más me interesa. Sin embargo, joder, tenía esa curiosidad ¿sabes? Así que fui, compré la jodida entrada y te vi. Y me dejaste plasmado. Con la boca abierta. Y te diré algo, Weasley, es muy difícil impresionar a un Malfoy, somos difíciles de roer — ella rió sin evitarlo, a carcajada limpia.
— Así que impresione a un Malfoy, por Merlín, denme mi premio.
— Aquí estoy ¿no me ves? Tu premio fue cruzarme en esta jodida y mala conferencia.
— Diría que el tuyo. Joder, Malfoy, estas frente a una jugadora famosa de Quidditch, y encima una muy buena ¿eh?
— ¿El egocentrismo es parte de toda la familia Weasley?
— ¿El narcisismo de la familia Malfoy? — él rió ahora, primero hacia adelante negando con la cabeza, y luego plasmando una amplia sonrisa mirando a Ginevra, quien encontró en aquella mueca una sincera y genuina, distinta a la de hoy y que la conformaba mucho más. Le agradaba bastante, de hecho.
— Te diré una cosa.
— Dime.
— Debes subir conmigo.
— Esto es una mala idea — dijo Ginevra por tercera vez, quien era más de los impulsos y las malas decisiones.
— Ambos tenemos un dolor, uno puntual, no crónico y simplemente nos ayudaremos a que este disminuya — se mordió los labios para evitar sonreír mientras negaba la cabeza. No podía acceder a su propuesta.
— ¿De verdad te crees tan bueno? Eres demasiado narcisista hasta para ti mismo, Malfoy. Mira si resultas un mal polvo ¿Qué hago? ¿Cómo me justifico?
— Nadie lo sabrá, Weasley, si resulto un mal polvo, que te aseguro que no, pues lo olvidarás mañana mismo y dirás que tienes alucinaciones por el vodka, si soy bueno, me recordarás en cada hombre con quien te acuestes y desearás que sea yo — ella volvió a reír pasmada.
— Que puedas llegar a ser un buen polvo, no quiere decir que el mejor ¿está bien? He tenido…
— No me interesa. Mira, creo que, si has dejado a Potter, luego de tantos años correteándole detrás, debe ser por algo… ¿Es el tamaño? Joder, dime que es el tamaño… siempre…
— ¡Calla! ¿Qué dices?
— Es el tamaño, lo sabía — hizo un ademán con sus manos a modo de festejo y Ginny simplemente no lo podía creer.
— Ya te he dicho que pasó.
— No te creo, Weasley, Potter te gusta desde…
— ¿Qué sabes tú?
— Sé porque veía como lo mirabas desde el primer año, Weasley.
— Vaya, entonces, tú mirabas a Harry, pero ¿a mí me gustaba él? — jugueteó ella.
— No se te ocurra ni siquiera dar como posibilidad… — Ginny comenzó a reír a carcajadas.
— Te juro que lo llegue a pensar, Malfoy, es que en serio, esa obsesión. Por Merlín, ni yo que estaba loca por él le seguía tanto los pies. De hecho, salí con chicos ¿sabes?
— Por supuesto, todos supimos de tus andanzas, Weasley. Sé que llegaste hasta Slytherin, por ejemplo.
— Maldito Blaise, sabía que no podía confiar en las palabras de un Slytherin ¿lo ves?
— Y yo te dije que no era mi culpa que hayas caído en las manos del Slytherin equivocado.
— Oh, así que siempre te referiste a él.
— Por supuesto.
— ¿Y tú con quien saliste? Además de Pansy.
— Astoria.
— Digo en la escuela, Malfoy.
— Cuando volví empecé a salir con ella. Pensé que estabas más atenta a mis pasos, pelirroja.
— No tenía por qué estarlo. Ya no eras rival para mí, Harry ya era mío — él le pegó un codazo suave y ambos rieron.
— ¿Entonces?
— Esto es una mala idea, Malfoy. Te lo digo yo, que soy la reina de las malas ideas y más aún borracha. Siempre creo que mis impulsos son maravillosos y al otro día… pues… me doy cuenta que no ¿Sabes?
— Mañana cada uno sigue su vida como si nada.
— Nos veremos todo el día.
— Y después ya no.
— Mientes. Me irás a ver jugar.
— Pero tú no me veras viéndote — le prometió, guiñándole un ojo.
— No voy a negar que en la escuela me ofendía tu belleza.
— ¿Ofendía?
— Quiero decir, eras insoportable, un niño mimado, rico, que se creía todo por un jodido apellido, el mundo podría haberte hecho feo, y, sin embargo, te encontraba muy atractivo.
— Tú y un montón de chicas más.
— Pero tenías una actitud horrible. Por eso solo Pansy te aguantaba.
— Lo admito. Era un niño horrible, por dentro, claro, por fuera siempre fui atractivo y lo sigo siendo — ella rió y se le quedo viendo un momento, mientras asentía con pesadumbre.
— Pareces esculpido, si, tienes la piel muy blanca, las mandíbulas muy marcadas, la nariz demasiado aristocrática y los ojos almendrados y grises. No está bien.
— ¿No?
— Para nada, y tus pestañas, pálidas pero largas. Eso no está bien. ¿Y tu cabello? Maldita sea, cuando usabas gomina al menos me podía reír de él, ahora, suelto… — Ginny le miraba negando con la cabeza.
— Dilo, vamos, Weasley, dilo.
— Ya, te he subido demasiado el ego.
— Me gustas borracha ¿sabes, Weasley? — ella rió.
— Borracho tampoco estas mal, Malfoy. Eres más entretenido. Ahora, lo que debes hacer es juzgarme ya sabes… anatómicamente — lo invitó.
— Estoy esperando este momento desde que te vi llegar al bar vestida de negro, Ginevra — ella se rió suavemente viendo hacia delante, negando con la cabeza y luego volteó hacia él, mirándolo.
— Dime más — él suspiró.
— Me reí de ti cuando ibas a primero. Quiero decir, te veía persiguiendo a Potter todo el tiempo y me reía muchísimo…
— Mira quien habla.
— Déjame terminar. En segundo, me seguías dando vergüenza ajena. Me dabas pena enamorada de Potter. Y luego llegó tercero. Me acuerdo que te vi llegar al baile de la mano de Longbottom, no dejaba de pensar ¿Qué le sucede a esta niña? ¿Va de mal en peor? ¿Puede tener acaso peor gusto? — Ginny abrió los ojos enormemente — Y te miré. Es decir, te mire de verdad. Tenías trece putos años y estabas buenísima, Weasley — se rió — Todos te vimos. Te diste cuenta creo, porque después de ese año ascendiste. No quiero decir que Dean Thomas me parezca un buen chico eh — aclaró y ella rió — Pero eras otra persona. El idiota de Potter seguía sin verte y fue cuando empecé a sentir pena por él. Luego fue el Quidditch y joder, deje de reírme. No podía admitir que me gustabas ¿te imaginas? — se rió — Era patético. Yo, quiero decir. Te admiraba en la guerra, lo indiscutiblemente valiente que fuiste en el colegio. También, tengo que admitir, que me parecías un poco idiota — Ginny pestañeó con una sonrisa incrédula en sus labios — A veces decía ¿Por qué simplemente no dejan de arriesgarse de esa forma? Yo vivía con miedo y tu… salías allí, con todo tu valor y tus creencias tan segura. Dejaste de ser la niña tonta, Ginny, para convenirte en la chica valiente. Y no solo eso, encima, Weasley, eres guapa — volvió a reír.
— Wow, Malfoy, de verdad no me esperaba esto. Es decir, me estabas halagando ¿cierto? El comienzo… bueno… Entiendo porque sigues soltero, quiero decir — Ginny comenzó a reír cuando él le pegó un codazo — Merlín, ni siquiera tratando de conquistar una chica puedes dejar de criticar a los demás ¿te das cuenta?
— No te creas tan importante. No te quiero conquistar, Weasley. Quiero acostarme contigo. Y soy sincero — Ginny rió.
— Lo sé. Yo también lo fui.
Se quedaron mirándose un momento, Ginny tragándose la sonrisa mordiéndose levemente los labios, Draco mirándola con demasiada sed. Están nerviosos, sería un pecado negarlo.
No tuvieron que detenerse a pensarlo mucho más, se abalanzaron mutuamente el uno sobre el otro y se comenzaron a besar desaforados.
Había hambre, sed, voracidad en ese beso. Draco le quitó la blusa negra y Ginny se quitó las zapatillas a tirones mientras se desprendía los botones del pantalón ajustado.
Draco empezó a él mismo desprenderse los botones de su camisa mientras veía el abdomen al descubierto de Ginevra, los tirantes negros y la cintura marcada.
— Joder — dijo y Ginny rió para volver a ponerse encima de él.
Comenzó a besarle suavemente, bajando de a poco, de los labios a las mandíbulas, de las mandíbulas al cuello, las clavículas y sus pezones.
Saboreó uno mientras seguía besando la línea de sus costillas, mordió cuando llegó más abajo y Draco gimió complacido.
Comenzó a bajar su mano despacio contra el vientre, dando un poco de presión, fue cuando sonrió contra el hueso de su cadera.
— No tuve que hacer mucho — bromeó la pelirroja.
— Es el alcohol.
— ¿Solo el alcohol? Me ofendes, Malfoy.
— El alcohol y tú, Ginevra, me ponen así.
— Ahora si me gusta más — dijo ella encima de él, meneándose y sonriendo, mientras se acercaba lo suficiente a su boca para tentarlo, pero no lo suficiente para besarlo. Draco sonríe con odio disfrazado y una parte de él, una ansiosa y primitiva, quiere tomarla del cuerpo, acostarla y ponerse encima, no dejarle más llevar el control y simplemente hacer con ella lo que tiene en su mente hace rato.
Pero no niega que el tener a Ginny Weasley encima de él, moviéndose lento y seductoramente es algo bastante mejor que lo sencillo que tenía en mente.
— No me hagas desearte más — gruñe con frustración, sin embargo.
— Quiero que lo hagas, Malfoy. Que me desees tanto hasta que me lo pidas — el aliento caliente lo golpea y Draco no sabe cuánto más podrá tolerarlo. Ese juego sádico pasivo.
— ¿Qué te pida qué, Weasley? — ella sonrió sobre él, una sonrisa grande y ladina. Jodida perversa.
— Lo que quieras, Malfoy.
No es lo que dice. Es la forma.
La manera embriagante en que Ginny mueve los labios, el modo en que le promete hacerle lo que quiera y el deseo en sus ojos de verlo deseándola.
La maldita Ginevra Weasley es una jodida fantasía y siempre lo ha sabido.
Aquella fiereza al andar, el pelo rojo, los ojos pardos, su puta boca, las palabras que salían de ella y los labios carnosos que te prometían lo que sea.
Era su actitud, su seguridad, su estima alta, su sonrisa pícara.
Ahora, encima de él, balanceándose sobre su cuerpo con tal soltura, mirándole con al abdomen al descubierto, el cabello suelto, mezclándose entre su cuerpo, tapando algunas pecas sensuales.
La ansiedad de él y la paciencia de ella.
Le provoca temblores entre las piernas y ella lo sabe y lo goza. Lo sabe y lo disfruta. Adora lo que genera. Y adora generárselo a él.
Es como si se calentase de aquella perversa manera; viéndole caliente al otro.
Se separa apenas de él y Draco solo piensa nonono por favor, no quiero dejar de sentir el calor de tu cuerpo, quiero que te sigas frotando encima de mí.
Se pone en cuatro sobre él y con esa sonrisa ladina y segura, mete mano bajo sus calzoncillos.
Draco se arrepiente de haber deseado que siga sobre él, porque la sensación de sus dedos sobre su miembro es el jodido paraíso y gime, Ginny tiene su rostro contra el de él, absorbe sus gemidos, sus acalorados suspiros, le besa húmedo y lánguido, disfruta que él no pueda seguirle el ritmo de su beso porque sus manos van hacia arriba y hacia abajo, acarician la punta en movimientos redondeados y los ojos se le van, con aquella sensación de escalofríos calientes recorriéndole cada poro de su piel.
— Si sigues así voy a acabar, Ginevra. Y no quiero acabar tan rápido — ella sonrió.
— Aguanta un poco. Solo un poco, Draco — el Draco le calienta de un modo que no esperaba, es que su nombre sus jodidos labios, el modo de alargarlo, de saborearlo, de hacerlo sonar diferente. El tono seductor. Joder.
Embiste en su mano pidiéndole que por favor lo libre.
Hazme acabar o déjame, pero no sigas con esta tortura por favor.
Pero la tortura sigue porque entonces siente su lengua, su lengua que está caliente y cree morirse.
Agarra con fuerza las sábanas, se muerde los labios cuando siente que Ginny se la lame entera y sus dedos, joder, abajo, más abajo.
No lo puede creer. Los ojos se le van. El calor lo evapora.
Es que es magia, magia con sus dedos y entre sus piernas.
Su cuerpo vibra.
Cuando ella se quita para seguir maniobrando con sus dedos, ella sonríe, presiona un poco, suavemente, pero en la medida justa y Draco suspira del todo, largando todo lo que se estaba aguantando.
El orgasmo es destructivo, Draco se afloja por completo con Ginny pegada a sus labios, sigue sintiendo la electricidad, los espasmos, la sangre hervida, los escalofríos por todos lados, concentrados en su nuca y en su vientre.
Entre sus piernas.
— ¿Y tú querías que me pierda esto? — apenas consigue decir, Ginny ríe sobre él — Ahora me toca a mí. Hacerte sentir lo que tú me hiciste sentir a mí.
Ella sonríe y se deja, se deja cuando Draco la toma de su cuerpo y la coloca contra la cama, se pone sobre ella y le besa, se deja cuando él le termina de quitar sus prendas.
— Te torturaré de la misma forma — promete.
— Y espero el mismo placer — pide ella.
Esa noche se deja por completo.
La mañana siguiente toman café juntos en el desayunador del hotel, entre sonrisas cómplices, cuerpos satisfechos, y piel que busca chocarse constantemente.
La electricidad es áspera, el calor se siente revolotear entre ambos y sus miradas no dejan de encontrarse todo lo que queda de ese día.
Lo absorben.
Ya no se besan, no se atreven.
La noche terminó y con ella su escapada de realidad, con ella eso que nunca jamás hubiese pasado si no se hubiesen encontrado en aquel fin de semana que lo último que prometía era encuentros sexuales.
Ginny todavía no lo cree.
Draco tampoco.
Ambos siguen saboreando la noche.
Ninguno se arrepiente.
Hola!
Bueno, es mi segundro Drinny/Dranny, completamente distinto al anterior, que era mucho más angst (tengo debilidad por esas historias, pa que mentir) Me gusta la idea de imaginar una química espontánea que se da entre ellos, ligera.
Como siempre, si alguien se pasó por aqui, espero que lo haya disfrutado y de ser así, espero también leerle por aqui abajo.
Saludos!
Besos y mucho amor.
PeaceLilith.
