Disclaimer: todo lo que reconozcan, propiedad de JK ROWLING, lo demás, mío.


Era la Gala Anual en Conmemoración a la reciente Guerra.

Ginevra había llegado junto a Luna Lovegood, el trío dorado, naturalmente, habían decidido asistir juntos.

Luna lucía un vestido maravilloso azulado, ajustado arriba dando idea de un falso corsé y abajo estampas de estrellas, lunas y planetas adornaban todo el tul.

Ella había elegido uno rojo, que se ajustaba a su cuerpo y marcaba su silueta, con la espalda al descubierto.

El trío llegó y las cámaras los bombardearon; Hermione lucía preciosa con un vestido color champagne que resaltaba su tez bronceada, y una pequeña capa dorada con flores dibujabas la acompañaba.

Harry apostó a lo clásico, al estilo muggle, un smoking negro, con camisa blanca y corbata oscura. Lucía atractivo, con su cabello negro azabache revuelto y los ojos verdes resaltando, la sonrisa tímida porque, no importaba cuanto pase, las cámaras, los flashes, las entrevistas, nunca le habían gustado y menos se había acostumbrado.

Su hermano lucía clásico, pero al estilo mágico, con una capa oscura y un conjunto de dos piezas bordo.

Los aplausos se unieron y el trío se adentro al enorme salón decorado con un cielo precioso y destellos de luces.

Se acercaron a ella y a Luna, los nervios la consumieron de repente. No veía a Harry hacia unos meses, no habían tenido la posibilidad de coincidir y verlo en aquella gala no hacía más que avivar viejos sentimientos.

— Creo que será una velada maravillosa — concedió Luna entonces, con una sonrisa iluminada.

— Yo también lo creo — concordó Ginny viendo como el trío dorado se acercaba a ellas elegantes y heroicos.


Si había creído que ver a Harry la convirtió en un manojo de nervios, cuando lo vio a él nada se asemejó.

Su cuerpo se ablando de repente, y apenas pudo sujetar con una fuerza diminuta la copa entre sus manos. Tragó con fuerza y le miró con una sonrisita que no era capaz de expresar absolutamente nada de lo que sentía. Su vientre burbujeaba.

Estaba monísimo; con aquel traje negro, con aquel pañuelo en el bolsillo de su saco largo, que estaba prendido bajo su pecho, sin corbata y los dos primeros botones de su camisa impoluta desprendidos. Lucía perfecto y elegante. Ginny no puede evitar desear arrancárselo.

Él siguió mirándola, desde la barra, con aquella sonrisa propia de una serpiente que acecha desde lejos y espera su momento oportuno.

Fue ella quien se acercó; sabía que él no se atrevería, no con toda la comunidad mágica allí, con el trío dorado frente.

— ¿Qué haces aquí?

— Supongo que tendrás que dejar de hacerme esa pregunta y simplemente acostumbrarte a encontrarte conmigo, Weasley — bromeó él. Ella sonrió.

— No esperaba… — él arqueó sus pálidas cejas. Volvió a reír negando con su cabeza antes de seguir hablando — ¿Qué puedo decir? Pero veo a varios de ustedes — y era cierto; Blaise, Pansy, las Greengrass.

— Ya sabes. La comunidad mágica busca ser una más abierta e invitarnos es una forma de decir que la guerra terminó, que los malos están presos y que los que estamos fuera tenemos el derecho. Puro marketing, digo yo — ella suspiró.

— Me parece bien. Es una buena actitud.

— Estoy segura que tu héroe tiene que ver — dijo, señalando con la vista a Harry. Ginny pudo leer las intenciones de Draco al usar la expresión "tu héroe" pero decidió ignorarlas.

— ¿Tú crees? Si es así, no tengo idea. Pero me parece lo correcto. Y es probable que se lo hayan preguntado a él.

— ¿Es probable? Es seguro y San Potty...

— Malfoy…

— ¿Qué haces hablando con Draco Malfoy? — fue Ron quien los interrumpió de aquella manera abrupta propia de él.

— Hola, Ronald.

— Comadreja, gusto en verte.

— Ginny ¿Qué…

— Nos estamos saludando — dijo ella con aparente tranquilidad.

— ¿Desde cuando te relacionas…

— Nos encontramos en el Congreso de enfermedades neurológicas ¿Te acuerdas? Ese al que te dije para asistir por mamá y no quisiste…

— No me lo contaste — fue Harry esta vez, con su ceño fruncido y su labio en una mueca incómoda.

— ¿Por qué debería haberlo hecho? — cuestionó la pelirroja con el ceño fruncido, teniendo en cuenta que, para esas épocas, venían ya un tiempo separados.

— No voy contigo y fraternizas con esta jodida serpiente rastrera y oportunista...

— Ya basta — fue Hermione la que detuvo esa pequeña disputa, gruñendo por lo bajo evitando que el resto de la velada note el escándalo que estaban montando – Esto es cena en conmemoración a la guerra que vivimos hace pocos años y tantos estragos que dejó. Lo último que tenemos que hacer es ponernos a pelear entre nosotros. Somos el ejemplo, Ronald — retó Hermione.

— Ya, Granger, gracias, pero no necesito…

— Calla, Draco — fue Ginny quien lo detuvo a él — Hermione tiene razón.

— ¿Draco? ¿Desde cuándo lo llamas Draco? — siguió Ron, como si no hubiese escuchado nada. Ginny rodó los ojos y se alejó terminando su copa, sin sentirse preparada para soportar un drama de ese tipo. Que ya no estaban en el colegio, que el mundo casi se había acabado para ellos y, sin embargo, estaban allí vivos. Que ya no eran niños y pelear como si lo fueran, ya no daba gracia. Pero sobre todo, ya no tenía sentido.


Más tarde, un pequeño baile se formó; figuras internacionales fueron invitadas, entre ellas, Viktor Krum, que ya estaba en el medio del salón bailando con Hermione. Ginny sonreía mientras los veía girar en la pista; Hermione no comentaba mucho sobre su vida amorosa, pero cada tanto, se abría a Ginny; sabía que ella era la hermana de quien fue su pareja hace años, pero la menor del clan Weasley tenía la capacidad para separar las cosas, además de entender bastante las razones de su pronta separación. Ronald podía ser su hermano, pero a veces parecía un niño malcriado que solo se dedicaba a hacer chistes y comer en abundancia. Hermione estaba claramente en otro punto de su vida y una carta de Krum (con quien en realidad nunca había dejado de escribirse) fue el empujón.

Así fue como ella viajo a Bulgaria por cuestiones del "Ministerio" – Ginny nunca se lo creyó – y él vino a Londres para algunos partidos.

Había sido invitado por su abierto apoyo en la Guerra y allí estaban.

Luna estaba más alejada con Theodore Nott, quien no bailaba, pero estaba a su lado permitiendo que Luna danzara y haga algunos giros un poco extravagantes y quizás poco convencionales, pero el muchacho sonreía así que todo parecía ir bien.

Siguió su vista al resto de la pista, mientras estaba simplemente parada alrededor de la misma bebiendo de su copa y sonriendo, fue cuando se cruzó con unos ojos verdes que parecían seguirla hace rato y el corazón le dio un pequeño vuelco.

Solo tuvo que cruzar su mirada y asentarla, para que Harry se decidiera a acercarse.

Despacio, a su modo, acomodándose los anteojos redondos que marcaban su esencia y ese modo de mover los labios que delataban su nerviosismo.

— Ey — le dijo y Ginny se rió.

— Harry.

— Ginny.

— ¿Qué sucede? — su relación había pasado por tanto desde el colegio que el hecho de que sigan un poco nerviosos le daba muchísima gracia. Para ese entonces, imaginaba Ginny de joven, serían una pareja consolidada en la que solo había demasiada confianza y seguridad.

Pero romper tantas veces, verse tras meses sin hacerlo, pasar noches sin acostarse, pelear por su cantidad de viajes, pelear por la cantidad de misiones, quererse, amarse, gritar, acostarse, provocaron aquello.

Que se vean y que no sepan que pasa.

Que se vean y duden de sus sentimientos.

Un desgaste inevitable.

¿Se quieren? Por supuesto y para siempre.

¿Seguían enamorados?

— ¿Te gustaría bailar? — ella suspiró, dejó la copa en una bandeja que pasaba por arte de magia y le dio la mano.

Un baile.

Un baile que provocó miradas, susurros, chismerío.

Flashes, demasiados.

La comunidad mágica estaba dudando hacia meses de la relación de la pareja predilecta y por mucho que Harry haya aclarado mil veces que estaba lejos de ser una figura famosa y que su vida personal era de él y no la haría pública, los periodistas lo seguían.

Ginny, como jugadora profesional, también había tenido sus problemas y líos. De alguna manera, algunas personas, creían que les debían algo por ser tan expuestos.

Mínimo, detalles de su vida.

Mínimo, sus andanzas amorosas.

Ginny danzaba como una experta y Harry le seguía en cuanto podía.

— ¿De verdad querías bailar o querías contentar un poco a los lobos? — intentó sonar bromista pero el tono sonó un poco más agresivo.

— Por supuesto que quería bailar contigo, Ginny. Esto es…

— Una consecuencia — completó ella, suspirando con cierto agobio.

— No se puede evitar — dijo él.

— Lo sé. Es que no quiero acostumbrarme ¿sabes? Mi vida no es de ellos.

— Te entiendo — sabía lo que hacía, que era cierto. Que lamentaba que su relación se haya desgastado tras numerosos titulares, columnas y comentarios de mala leche.

Intentó sonreír porque, después de todo, Ginny sabía como contentar a un par de idiotas que solo querían chisme del bueno.

Siguió sonriendo, siguiendo las sonrisas ajenas que le regalaban, hasta que se cruzó con una mirada que no le sonreía, pero tampoco la juzgaba.

Solo la miraba. Neutral.

La apreciaba, de un modo que movilizo algo dentro de ella, que la hizo olvidar que estaba entre los brazos de Harry Potter, movía sus pies por inercia, giraba porque había alguien que la guiaba, pero sus ojos estaban puestos en unos grisáceos que no la soltaban.

No le debía nada a Draco Malfoy, pero en ese instante, en ese cruce de miradas intenso en la que ninguno despegaba su mirada de la del otro, Ginny sintió culpa. Un calor inexplicable le recorre la nuca.

— ¿Ginny? — la voz de Harry sonaba de fondo, como cuando escuchas algo de un eco, alejado, pero que suena lo suficientemente fuerte para que lo escuches – Gin, me estas pisando.

La pelirroja volvió a sí, sacudió su rostro y miró a Harry.

— Lo siento — musitó, disculpándose por dos, tomando a Hermione por el brazo y uniéndole al de Harry.


El "lo siento" seguía resonando en su cabeza mientras veía a Draco perderse por un pasillo mientras ella lo seguía de atrás.

Cuando se detuvo, y ella se detuvo frente a él, lo repitió.

— Lo siento — dijo y Draco la miró ceñudo.

— ¿Por qué?

— No sé. Quiero decir, tú sabes porque… — él rió negando con la cabeza; no negaba que un poco el asunto le divertía, sobre todo, le agradaba que Ginevra haya dejado a San Potty solo en la pista de baile solo para correr tras él y pedirle disculpas. Pero ¿disculpas por qué? Draco no lo sabe y esta seguro de que Ginny tampoco, ella no le debe nada a él y él lo sabe perfectamente. Pero ambos sienten aquello; eso que revolotea entre su ambiente, la tensión electrificante que los une en ese instante.

— No me debes nada.

— Lo sé — dijo ella consternada — Y, sin embargo, … — suspiró — Lo siento ¿Esta bien? No me hagas caso.

Ginny se dio vuelta para irse completamente confundida consigo misma, sobre todo, con sus sentimientos, pero mientras avanzaba aturdida, Draco la tomó del brazo, la dio vuelta y ella solo tuvo tiempo para tomar una bocanada de aire cuando sintió los labios del rubio rodear los suyos. Porque no la podía dejar escapar así, sin más. Sin siquiera un puto roce, un estúpido beso que solo los deja con ganas de más. Con ganas de seguir, con ganas de quitarle ese vestido rojo y adentrarse en ella, o mejor; hacerlo con ese jodido vestido rojo del infierno.

No fue más que un beso corto, efusivo, un poco húmedo y con apenas de lengua. Un beso que solo la dejó con frustradas ganas de más.

Cuando él se separó, ella aspiró aire y él absorbió todo su aroma. Ginny pudo escucharlo gruñir en el fondo de su garganta y le alegraba saber que no solo ella se sentía así. Que no era solo ella la que deseaba más. Quería más encuentros con Draco Malfoy, quería más tiempo con él.

Ella, si no estuviesen en esa jodida Conmemoración, lo echaría contra la pared. Pero ambos sabían que debían ser cuidadosos, que no correspondía, que no debían.

Así que volvió a tomar aire, volvió a tomar fuerza y la miró, con la piel erizada y con ganas de seguir con aquello, con su labial corrido y los ojos mirandole con deseo.

— Tomemos un café — dijo de pronto, casi escupiéndolo en un impulso temerario, como si no lo dijera de esa manera y en ese momento, no se atrevería más. Ella le mira unos segundos dejando surgir en su rostro una sonrisita impresionada y una mirada que se mostraba confundida y sorprendida.

— ¿De verdad? ¿Draco Malfoy me invita a un café? — él sonrió mirando para abajo, se echó el cabello hacia atrás en un movimiento de mano que le dejo a Ginny con la boca seca y volvió a mirarla, con esos ojos tormentosos que Ginny empezaba a agarrarle el gusto.

— Podemos contrabandear vodka en tu cartera — sugirió en una propuesta que a Ginny la terminó de convencer.

— ¿Quién dijo que soy una chica de carteras?

— Llevo yo una petaca en mi saco ¿Te vale eso? — ella sonrió mordiéndose los labios.

— Es una buena idea, pero… ¿Sabes el escándalo que significaría beber algo en algún café?

— En el mundo muggle — Ginny le miró con sorpresa.

— ¿Draco Malfoy? ¿En el mundo muggle?

— Ya te dije que soy bueno sorprendiendo a los demás ¿Lo ves? — ella volvió a sonreír. Bueno, ya se sentía una quinceañera hormonal.

— Esta bien. Pero tendrás que mandarme una carta. Esto de aquí — dice, señalándose a ambos — No promete nada.

— ¿No crees que sea un hombre de palabra? — ella evita sonreír, pero lo termina haciendo, y con su cuerpo a medio ir por el pasillo, lo mira de soslayo.

— Solo me gustaría que lo compruebes.

Él asiente, mientras la ve ir, con ese andar que tiene, moviendo las caderas y la espalda en descubierto dando demasiadas ideas en la cabeza de Draco.

Su mente fluye en aquel pasillo, imagina que más tarde Ginevra vuelve, que él recorre su espalda con sus yemas, que acaricia su piel con su lengua, que le besa quitándole los restos de labial rojo.

Sigue fantaseando, se la imagina gimiendo su nombre, como el miedo y el nerviosismo de que los encuentren los excita tanto como los asusta, y terminan haciéndolo ferozmente contra la pared.

Draco imagina muchas cosas esa noche, se imagina escabulléndose más tarde con Ginevra y apareciéndose en la mansión.

Aun cuando esta solo y acostado en la inmensidad de su cama, cierra los ojos y la imagina a ella.

A su aroma a frambuesas, a su humor sarcástico, a su actitud directa.

Imagina su cabello fogoso esparcido por la almohada blanca.

Los ojos pardos, brillosos, viéndole.

La risa estruendosa.

Pero nada de eso pasa.

Draco simplemente vuelve solo a la mansión, no sin antes ver como Ginny habla con Potter de quien sabe qué, le hace un té a su madre que se ha despertado desconcertada, les ha gritado a las cuidadoras y por una suerte que Draco desconoce, le ha reconocido a él y se ha tranquilizado.

La acompaña hasta que se duerme, con la mano frágil y arrugada entre la suya. Su madre murmura unos "Draco" antes de dormirse, y él, con un par de lágrimas que se encarga de correr rápidamente, se va a dormir como llegó; solo.


Hola!

Volví pronto, si me dan los tiempos y los caps, me gustaría publicar un especial por las fiestas así que intentare estar seguido por aquí estas semanas.

Si alguien se pasa, me encantaría leerle abajo:)

Saludos y mucho amor!

Besos.

PeaceLilith.