4.
El próximo encuentro es en el lugar más inesperado.
O no, teniendo en cuenta sus situaciones.
Sale del consultorio abatido, pero entonces la ve, sentada en el banco de madera, con ambas palmas apoyadas en sus piernas y el rictus preocupado. Parece igual de abatido que él, y no lo ve. No hasta que él se acerca más y la llama.
— ¿Weasley? — inquiere, ella gira hacia él y los rasgos se le suavizan.
— Malfoy — su voz suena suave y sus ojos pardos se abren más cuando le ven. Tiene el impulso de levantarse, pero se queda sentada, aguantando el aire un momento.
— ¿Qué haces aquí?
— Mi madre… mi madre se ha caído por las escaleras — le dice, con la connotación que tal noticia amerita. Draco no sabe que decir y se acerca.
— ¿Está bien? — ella suspira, como liberando todo ese peso que le obstruía el pecho, Draco se sienta a su lado, no se acerca lo suficiente, pero es capaz de verle cada peca.
Es capaz de apreciar los ojos un poco húmedos.
Sus labios haciendo presión.
La arruga entre sus cejas.
La preocupación latente.
— Lo estará. Los daños físicos son lo de menos. El problema es su daño…
— … Mental — completa Draco mirándole, con pena. Ella asiente con angustia.
— Los días buenos ya no son días buenos ¿sabes? Cuando esta lúcida, está tan acelerada que quiere hacer todo lo que no ha hecho en la semana, cocinar, lavar, planchar, ordenar. Subió las escaleras con mil cosas encima, cayó, obviamente.
— ¿Solo estas tú? — ella asiente.
— Estaba yo en casa. Mi padre está dentro con ella y yo les avise a mis hermanos. Llegarán pronto… — avisa y Draco sabe lo que le quiere decir — ¿Y tu madre?
— La presión — dice — Le darán más pastillas. Cuando esta lúcida teme tanto seguir olvidando cosas que… No duerme — ella no puede evitarlo y toma la mano de Draco, pálida y fría, entre la suya, pequeña y cálida — A la noche es el peor momento. Llora desconsolada, no quiere dormir, se niega, queda despierta hasta la madrugada "¿Y si me despierto sin recordarte, hijo?" me dice — Ginny intenta evitarlo, pero una lágrima limpia recorre su mejilla y se la aparta pronto con su mano libre, mientras que, con la otra, aprieta la de Draco — Termino haciéndole un té con calmantes, y ella se duerme murmurando mi nombre. Creo que ella cree que de esa forma…
— Será lo primero en lo que piense en la mañana y así no te olvidará — él asiente — ¿Sabes? Saberlo de antemano no me ayudo en nada con el dolor. Todo brota de a momentos, nadie te prepara para ver a tu madre, a la mujer que más admiras, perdiéndose, dejando de ser ella misma, sin su esencia, sin aquello que la hacía ser ella misma. He leído, he ido a grupos y escuchar las experiencias ajenas no hace más que angustiarme, y cuando las vivo… No me siento más preparada. Todo duele igual. Como si estuviese en carne viva — ella vacila antes de que Draco diga algo — Pero al menos sé lo que le va a pasar. Para Ron es más difícil, se niega, no lo acepta.
— Al menos no lo vives sola — dice Draco, pero pronto se arrepiente porque no es culpa de Ginny que él sea hijo único y tenga que pasar por todo el proceso solo. No es culpa de Ginny ser la menor de un clan y no conocer sobre soledad.
— Lo siento… Yo no…
— No, lo sé. Fue estúpido. Es que a veces me gustaría tener a alguien con quien compartirlo. Pero a alguien de verdad, que entienda por lo que estoy pasando. No mis amigos, o las cuidadoras que, aunque entienden lo que sucede, no saben sobre mi dolor — ella se relame los labios y le aprieta la mano con más fuerza — Es agotador pasar por esto solo a veces.
— Lo sé. Lo imagino. Y lo siento, Draco.
La mira, los ojos pardos le brillan y se muere por besarla.
Quiere correr ese mechón rojizo y colocarlo tras su oreja, acercase, aspirar su aroma, tocar su piel suave, rozar sus labios contra los de ella, contra su piel.
Se escuchan pasos. Se escuchan voces.
Ambos se levantan.
Él la mira con los labios presionando y se aleja despacio. Ella llama, él siente su corazón aliviarse y cierra los ojos antes de girar devuelta a mirarla.
— ¿Malfoy?
— Weasley.
— Esperé tu carta — él ladea una sonrisa sin poder evitarlo.
— ¿De verdad? — ella asiente — ¿Quieres quedar?
— ¿Piensas que mentí esa vez? — él se encoge de hombros — Yo pensé que tú me mentiste — yo me acobardé, piensa Draco, que es distinto.
— ¿El jueves? — propone. Ella medita, es martes, es pronto, pero suena bien.
— Suena bien — termina diciendo, con aquella sonrisita plasmada en sus labios y el corazón dándole un vuelco, con aquel cosquilleo en sus palmas.
— En el callejón diagón pero en el cruce del mundo muggle, del otro lado — ella asiente — ¿A las 4?
— ¿4.3? — él asiente — Te veo allí.
— Allí estaré — promete.
El martes es un día difícil. Su madre esta dopada de tantas pastillas y pasa el día en su silla mecedora viendo los campos de la mansión Malfoy, el verde y el cielo gris al final. Draco le habla de vez de en cuando, ella no responde, solo mira, ida.
Draco se pregunta que siente su madre, que piensa en aquellos momentos donde no es ella y su mirada parece estar en otro mundo, en otro plano donde él no existe.
Se pregunta que si la sensación de perderse será tan aterradora como la imagina.
También se pregunta que será de él cuando su madre ya no sea ella misma nunca más y luego se vaya, dejándolo solo. Sin familia.
Porque Draco no tiene a nadie. Son solo su madre y él, y la idea de un mundo desolado no le trae más que miedo e incertidumbre.
El miércoles es un día ansioso. Draco no deja de pensar en el jueves.
No será un encuentro casual, no se saludarán por accidente, no será imprevisto.
No sabe si puede hacerlo, no ahora que la Weasley un poco…. Un poco, mierda, le gusta. Sí. Un poco, se asegura Draco.
No tanto.
Draco espera, impaciente, en el lado Muggle. No tiene nada contra ellos, nunca lo ha tenido, de hecho, solo le apena que no puedan hacer magia, es decir, para Draco es lo más increíble que le pasó en la vida. No imagina su vida sin ella, es parte de él, de su esencia. Esta seguro que si un día fuese desprovisto de ella moriría de tristeza.
También, sobre todo, se sentiría muy inútil.
Y allí radica cierta admiración hacia ellos; han hecho un mundo funcional a sus necesidades, y sin magia, funcionan bastante bien.
Draco no entiende muchos términos que utilizan, no comprende aquellos aparatos a los que son dependientes, pero imagina que son lo que la magia para él. Que son la varita en su mano.
Ginny no llega, pasa media hora y Draco se siente estúpido, idiota. Enfurecido.
Plantado, sobre todo.
Espera que mínimo tenga una buena excusa. No se lo deja plantado, así como así.
Y encima ilusionado.
Es entonces cuando decide echarse atrás y cruzar el maldito muro, pero es entonces, también, cuando una figura aparece corriendo, agitada, con las mejillas rojas y el cabello despeinado.
— Lo siento. Lo siento — aspira e inhala exageradamente y pone su mano en el hombro de Draco mientras sigue intentando controlar su respiración — Te dije cuatro y media porque sabía que, si decíamos a las cuatro, llegaría y media. No pensé que, si decíamos cuatro y media, llegaría a las 5. Lo siento. La próxima, dime una hora antes. Yo llegaré una hora después, tú llega también a la hora después. Pero no puedes hacerme creer que llegarás una hora después ¿entiendes? Porque entones me relajaré y llegaré todavía más tarde.
Draco se ríe un poco, aunque está cabreado. Él es indiscutiblemente puntual, siempre lo ha sido, detesta la gente que no cumple horarios, que no es capaz de respetar un acuerdo, que hace esperar al otro.
Pero verla agitada, tras correr, le da gracia.
También, de algún modo, y uno que quiere negar, le enternece. La imagina corriendo por él y el sentimiento no es por menos, meramente agradable.
— Estaba por irme.
— Merlín, llegue a tiempo — Draco hace una mueca demostrándose un poco en desacuerdo, de brazos cruzados, mientras ella sigue apoyada en su hombro.
— Bueno, eso es discutible — ella ríe por fin.
Y Draco la ve por fin.
Esta vestida al estilo muggle, jeans rotos, borcegos y una remera amarilla con flores y mangas. Esta preciosa. El color resalta su cabello, resalta sus pecas, la rojez de sus mejillas.
— ¿A dónde vamos?
— No lo sé. No estoy seguro.
— Pensé que tenías un café en mente. ¿Me dijiste el mundo muggle y nunca has venido? — lo acusa. Él ríe.
— Si que he venido, he estado en tres, cuatros cafés. He venido con mi madre. No me gusta pasearla por el mundo mágico, no me gusta que comenten, que saquen fotos, que hablen de su salud ¿sabes? Demasiado tengo con noticias de mi padre. Así que en sus buenos días la traigo a toma el té. Ella lo adora — Ginny sonríe.
— Eso es bonito.
— Lo es — afirma Draco, mientras emprenden su caminata.
Es cuando ella lo ve a él y sonríe secretamente, sintiéndose levemente enternecida por Draco Malfoy; es él, es su estilo, su modo de parecer de otra época, siempre arreglado, siempre formal, con aquella ropa de vestir y siempre, de renombre. Fiel a ese estilo clásico que tan bien le asentaba.
No evita imaginarlo tan solo con unos jeans y una camisa cualquiera, una remera vieja, con la barba un poco dejado y el cabello plateado despeinado.
Y de algún modo, curioso, espontáneo, se lo imagina recién despierto.
Y se excita. Un poco.
Carraspea y vuelve a la realidad.
Siguen su caminata por las pintorescas calles londinenses del mundo muggle; Ginny adora visitarlo y se maldice por no hacerlo más seguido una vez allí, pero le alegra que sea con Draco, de algún curioso modo que le palpita el pecho.
— ¿Cómo esta ella? — Draco vacila antes de responder.
— Mejor. Es decir, tiene que tomar pastillas que le bajen su ansiedad, no es bueno para su presión. Se está… acostumbrando a ellas. O eso espero. Me avisaron que los primeros días tendrá más sueño de lo normal y le costará un poco mantenerse activa. Estos días han pasado lentos, … ella durmiendo de más y estando despierta sin estarlo enteramente — Ginny asiente pensando en su propia madre.
— Mamá esta igual, bueno, también le dan dado medicina para su ansiedad y… Veremos cómo siguen los días. No estamos en temporada y aunque entrenamos, tengo tiempo de estar en casa y me reconforta.
"Tengo tiempo"
A Draco le hubiese gustado alegrarse de aquello, pero de algún modo un punzante sentimiento se instaló en su pecho y pensó en Potter.
Pensó que, en ese tiempo extra, podrían reconciliarse. Podían volver a lo que eran. A lo que eran y seguramente debían ser.
¿Qué hacía Ginny allí con él? Tampoco lo entendía. ¿Le gustaba? ¿Era el recreo que necesitaba? ¿La distracción que mejor le venía?
Moría por preguntárselo, deseaba con todas sus fuerzas sacar aquella conversación de modo casual "¿y que paso con Potter ese día?"
¿Volvieron juntos?
¿Se acostaron?
¿Pensaste en mí?
¿Qué haces aquí conmigo, Ginevra?
Pero Draco Malfoy tenía algo que se llamaba dignidad y todavía tenía ganas de mantenerla a flote, así que simplemente asiente y musita un suave "Me alegro" como respuesta.
— Nunca me dijiste que pasó con Astoria — dice de repente Ginny.
— ¿Qué? — Draco la mira confundida con sus manos dentro los bolsillos.
— Yo te conté que paso con Harry — él ríe y entiende a que iba la pregunta.
— No pasó nada, realmente. Supongo que no estábamos enamorados como creíamos. Ahora ella esta Francia estudiando. Creo que siempre fue su sueño.
— Una chica de clase alta — bromea. Él asiente.
— Lo es realmente. Se dedica al piano y al arte.
— ¿Y desde entonces? — él inquiere con la mirada.
— ¿Y desde entonces, que?
— Vamos, no me vas a decir que estas completamente soltero, Draco Malfoy — él ríe.
— Estoy completamente soltero, Weasley. Y disponible, si eso te preocupa — bromea, pero es un humor significativo. Se pregunta si ella se dará cuenta.
— No creo que no hayas salido con nadie en este tiempo — cuestiona, insiste. Draco se encoge de hombros y ella espera la respuesta desconfiada.
— No estuve saliendo regularmente con nadie, si eso me preguntas. ¿Y tú? — ella le miró frunciendo los ojos.
— He terminado mi anterior relación por falta de tiempo, es improbable que conozca a otra persona.
— Me estas conociendo a mi — ella se ríe.
— Has aparecido en un momento oportuno, Malfoy. No voy a negarlo.
Se miran por un instante, tragándose las sonrisas nerviosas para adentro y sintiendo el pecho de cada uno acumulando aire.
Son conscientes, ambos, de las indirectas que constantemente se dicen. Son conscientes de lo que sucede y son conscientes de lo que significa. Tan conscientes que lo dejan pasar y siguen caminando, en silencio, chocándose en las calles estrechas "sin querer", sintiendo el roce de un brazo contra el otro, bajo las ropas.
Draco saca la mano del bolsillo de su pantalón y la deja suelta, los dedos de ambos se rozan en algunas esquinas, en algunas veredas llenas de gente y ellos dejan que el calor haga lo suyo.
Caminan tanto, entre comentarios banales y opiniones indiferentes de los muggles, que se alejan del sector café y de repente están en una calle que está repleta de bares donde la gente bebe cerveza y habla. Ella le mira con ganas.
— ¿Dejamos el té y vamos por una? — sugiere.
— Vamos.
Se sientan en una mesa para dos y cada uno se pide una cerveza.
— ¿Te gusta la cerveza muggle? A mí me parece grandiosa — comenta Ginny.
— Es buena. Me agrada — ella se ríe.
— "¿Me agrada?" ¿Qué es eso, Malfoy? Estamos hablando de una cerveza, no de una persona — vacila antes de responder.
La verdad no tengo idea de cervezas muggles, Weasley — admite, con una sonrisa franca — Acabo de pedir la misma que tú porque no tenía idea lo que decían las otras – Ginny deja salir una carcajada desde el fondo de su garganta.
— Me lo hubieses dicho, tonto. Pensé que como ya viniste un par de veces, tenías idea.
— He venido con mi madre a tomar café. O té. O algún refresco, eso es todo. No iba a emborracharme con mi madre enferma, Weasley — dice esto último de un modo un poco sarcástico y Ginny sonríe.
— Tienes razón. Que tonta. Bueno, espero que te guste, es un poco dulzona… Pero sabe bien.
A Draco le hubiese gustado decirle en ese momento que lo último que le importaba era el sabor de una estúpida cerveza, y que en realidad lo único que le interesaba era que estaba con ella.
Pero eso era idiota y cursi, así que optó por simplemente reírse, decirle que confiaba en su palabra, en su criterio y en sus gustos, sobre todo, porque como no iba a confiar si ella había estado con él.
— Eres idiota.
— Ya tuvimos esta discusión ¿recuerdas? — ella asiente, bebiendo el primer sorbo de la cerveza fría.
— Y no te importó mucho — él vacila, prueba y asiente.
— Es buena — le guiña el ojo — Y no es que no me importe. Es que ya sabes, creo que de alguna manera te gusta lo idiota que soy.
— Creo de alguna manera saber por qué estas soltero — bromea.
— Y yo no te creo que estas sola desde que terminaste con Potter — aprovecha.
— ¿Ah no? — dice con una mirada pícara.
— Eres una jugadora famosa de Quidditch, te mueves en eventos de la alta sociedad donde ni siquiera permiten periodistas ¿y me quieres convencer que has estado sola todo este tiempo? No lo creo — Ginny ríe.
— Bueno, tuve ciertos encuentros con un chico rubio, ya sabes, de esos típicos de cara bonita que creen que por ello se pueden comer el mundo ¿sabes? — Draco comenzó a ladear una sonrisa — También se suele mover en ese tipo de eventos.
— Ya ¿y qué pasa con ese chico? ¿Le has visto más de una vez? — dice, simulando interés falso. Aunque de falso no tenía nada. Draco adoraba ese juego.
— Oh, sí… Uno fue en un lugar un poco… Bueno, más que lugar, un finde semana un poco desafortunado. Supongo que terminamos juntos para hacernos sentir mejor ¿sabes? — Draco asintió recordando ese fin de semana, la sensación de verla llegar con aquel atuendo ajustado negro, el pelo rojo mojado, pegado a su rostro pálido y pecoso. Y suspiró, queriendo retroceder el tiempo. O queriendo mantener este que estaba viviendo lo máximo posible — Luego de eso él se apareció después de uno de mis partidos — él sonrió — Un poco acosador ¿no crees? — Draco se rió, pidiendo dos cervezas más mientras.
— Yo creo que el chico se quería hacer notar.
— ¿Notar? ¿Eso crees?
— Ese finde semana lo pasaron bien ¿no? — Ginny se relamió los labios y asintió.
— Fue solo una noche, en realidad. Pero si… fue… Una buena noche.
— Habrá querido repetirla. ¿Tú no querías repetir? ¿O no quieres hacerlo? — Draco la miraba intensamente, y estaba llevando muy bien todo ese juego de la tercera persona. Ginny miró para abajo, cerrando los ojos un momento. ¿Estaba preguntando lo que creía que estaba preguntando?
— Creo que ambos queremos — dijo, volviendo su vista al frente, tocando con su dedo el borde del vaso de su cerveza, bordeándolo, sintiendo el nervio picarle en la punta de los dedos — Pero… No sabemos lo que significa. Ya sabes, serían varias veces ¿En dónde nos dejaría? — Draco asiente, comprendiendo, y lleva su mano a su barbilla en rictus pensante.
— Creo que es algo que pueden elegir resolver, o dejar que fluya.
— ¿Qué fluya? — repitió Ginny, ajustando sus labios y mirándole expectante.
— ¿Qué más pueden hacer? Digo, si quieren seguir… ¿acostándose? — Ginny se ríe y asiente — Lo que sea que tengan, si quieren continuarlo… Creo que deben simplemente hacerlo y ver luego donde los deja.
— Lo que sea que tenemos. Es un buen modo de llamarlo — dijo Ginny, aun haciendo esos movimientos sobre el vaso que no dejaban demostrar lo nerviosa que estaba.
— ¿Acaso hay otro? — Ginny le miró, con esos ojos pardos que hablaban por sí solos, con aquella mirada expresiva y las mejillas coloreándose, ya sea por el alcohol o por el tema de conversación.
No tenían nada y a su vez, tenían algo.
Esas ganas de verse, las conversaciones que fluían entre ellos, los roces que los calentaban y su mente vacilando en fantasías que no dejaban de ser posibles. Los días que pensaba en él estando sola, su necesidad constante de mandarle una carta y preguntarle que cómo esta, qué si necesita ayuda, que como lleva lo de su madre. El deseo repentino de verle y contarle como estaba la suya. La costumbre de cruzarlo y querer repetirlo. Querer alargar esos encuentros. Exprimirlos. Aprovecharlos.
¿Qué era todo eso? ¿De verdad tenía sentimientos por Draco Malfoy? ¿De verdad se estaba planteando gustar de él, empezar a verlo y ver qué pasa? ¿Dejar que fluya, como decía él?
Ginny era buena en eso, dejando que las cosas tomen su ritmo y dejarle al tiempo resolver sus problemas. Pero esto no era cualquiera cosa. Era Draco Malfoy.
Era el chico que odió a su ex novio por años, quien segregó a su mejor amiga, quien la discrimino a ella y a su hermano. A su familia entera.
Era el hijo del hombre que permitió que Voldemort entrará en su mente y la manipulara a la tierna edad de once años.
No estaba hablando de cualquier chico con quien tomaba una cerveza y luego veía que pasaba.
Era Draco Malfoy y le gustaba.
Mierda, si, le gustaba. Le veía ahora, la picardía de sus palabras, el gris humeante de sus ojos, los labios que ya había probado y el cuerpo desnudo que ya había visto. Que quería volver a probar y sentir. Redescubrir.
— ¿Y qué hacemos ahora, Draco Malfoy?
— Estaba esperando que me lo dijeras, Ginevra Weasley.
