Disclaimer: todo lo que reconozcan, propiedad de JKR, lo demás, mío.
6.
Ginny siempre se ha considerado a sí misma una chica decidida, determinante, que no piensa demasiado sus acciones y más bien actúa por instinto, directa y sin pelos en la lengua.
Le gusta. Le gusta ser así. Práctica
Aunque eso le ha jugado alguna que otra pasada en su carrera, donde al menos le exigen cierta actitud hacia los medios que a Ginny no le interesa fingir.
En ese momento, piensa seguir sus instintos y no ponerse a pensar realmente como saldrán las cosas, simplemente hacerlo y ya.
Eso no ha salido siempre bien, obviamente. Y tampoco lo espera del todo. Solo que no aguanta más el impulso; otra cosa que la caracteriza, es impulsiva y cuando algo se le mete en la cabeza, simplemente no puede dejarlo estar. Tiene que llevarlo a la acción.
Así que cuando se presenta fuera de la Mansión Malfoy y el elfo le dice que la disculpe, pero que el Señor Malfoy no esperaba su visita, Ginny se queda e insiste.
Insiste tanto, que el mismo Draco es quien le abre y le espera fuera de su puerta mirándole con un detenimiento amargo y molesto.
— No vine hasta aquí para que no me abras la puerta.
— Ni que aparecerse sea algo difícil para ti — Ginny suspiró.
— ¿Por qué no quieres hablar conmigo? — lo encara la pelirroja, negándose a irse con las manos vacías.
— Si es por lo que paso, les deje en claro que no hay nada entre nosotros, Weasley. No te preocupes — ella le miró con enojo.
—¿Piensas que vine hasta aquí a eso?
— ¿A qué más?
— Draco, yo…
— ¿Todo está bien, Draco? — es Astoria quien sale por la puerta, con aquella voz dulce y suave, con toda su elegancia innata, como si estuviese en su sangre lucir simplemente perfecta, como si fuese parte de la herencia Greengrass lucir jodidamente como si fuese una especie de princesa prometida.
Ginny quedo dura, estupefacta, dejó de hablar y su boca quedo semi abierta. Astoria lucía un vestido largo blanco con flores azules y celestes, joyas caras y el cabello rubio en pequeñas ondas hechas con magia, imaginó Ginny por aquella manera en que el bucle lucía perfecto. Como toda la entereza de quien lo portaba.
— Si, ya voy — responde Draco.
— Supongo que no tengo nada que hacer aquí — Draco no dice nada y la mira enarcando una ceja. Ginny espera algo, una palabra, una explicación, un gesto, pero Draco la mira vacío y resentido, vuelve a ser aquel chico que pensó que era; frío, distante y disgustado con el mundo. Asiente con tristeza y se va al darse cuenta que el silencio fue toda su respuesta.
Ginny asume la derrota, algo a lo que no está acostumbrada y por lo que siempre lucha para cambiar o evitar. No siente el impulso ni el instinto de hacer más nada, más que aceptarlo. Y alejarse, aunque algo en su pecho duela, se quiebre y se le estruje.
Aunque siente que todo lo que sucedió con él no fueron más que simples encuentros casuales, siente la vibra en su cuerpo cuando los recrea en su mente, vuelve a experimentar las sensaciones vivas y se odia a sí misma por haberse alejado por tanto tiempo.
Por haberlo hecho creer que era un jodido jugador en la banca de suplentes, haciéndolo esperar cuando era lo último que merecía.
Y lo último que quería ella.
La idea de perderlo la consume y negada a sobrellevarlo, se dedica a entrenar y beber, evitando a Harry, sus pedidos de explicación, alejándose de su hermano, quien la acusa como siempre ha hecho y resguardándose en las palabras de aliento de Hermione, quien siempre había estado ahí para darle unos buenos consejos.
Vive en automático, sin pensar. Vive sin vivir.
Recibe año nuevo con sus amigas de Quidditch, van a un pub a esperar que sean las doce, Ginny lleva unos tequilas encima y está encendida esa noche, entre copas, festejos tras el gran cierre de año y gozando aquella soltería de hace ya meses.
Cuando ve un chico alto de cabello platinado, se recuerda a sí misma que hay muchos chicos altos de cabello platinado.
Cuando ve su ropa cara, de diseño, se recuerda que hay muchos aristocráticos.
Cuando unos ojos grises la miran, se detiene y se derrite.
No, se detiene y el corazón le bombea con fiereza descomunal.
Merlín ¿es Draco? Se pregunta y le mira con aquel traje que mierdamierdamierda lo deja tan atractivo y deja que su rostro la delate.
Ella no lo sabe, pero el rubio la llevaba viendo un buen tiempo, a lo lejos, contentándose con, al menos, volver a ver la estruendosa risa de Ginny Weasley, el rostro minado de pecas, el modo tierno en como su nariz se arrugada por la risa y el colorete de sus mejillas; lucía preciosa como siempre, con un atuendo verde que la hacía brillar y vibrar aquella noche de año nuevo.
La ve, la consume con la mirada, bebe su risa y se pierde en sus movimientos graciosos. Ginevra Weasley es todo lo que él no miraría; carece de elegancia, no es fina ni le importa serlo, es directa, ruda, graciosa y divertida, es una jodida jugadora profesional de Quidditch que bate récords por partido y se gana el cariño de la gente en la cancha, es quien grita cuando mete un gol y quien se sube encima de su compañera cuando atrapa la snitch, es efusiva, cariñosa y expresiva, no tiene miedo y siempre hace lo que tiene en mente.
No controla sus impulsivos, no tiene una mente analítica, es una jodida leona terca, es Gryffindor hasta la médula y él una serpiente sectaria y metódica, que no da pasos sin estar seguro.
Pero lo hace. Sin más.
Porque la medida lo impulsa y Ginny está demasiado cerca sin verlo.
— No son las doce y ¿estás borracha, Weasley? — casi le escupe, como si nada. Ginny queda espabilada; le está hablando, Merlín ¿le habla de verdad? ¿eso que sucede es cierto? Lo palpa para asegurarse, le aprieta el brazo y cuando él se lo quita quejándose, le mira sin comprender, ceñudo.
— ¿Draco? — dice entonces Ginny, viéndole con los ojos pardos derretidos. Draco sonríe ladeado y Ginny lo llevaría tras una pared para estamparse contra él.
— Efectivamente. Un gusto verte, Weasley — dicho aquello se va, pero Ginny no puede dejar pasar así una oportunidad de ese nivel. Lo sigue con poca dignidad, es que, que va, esta borracha, no piensa, es Draco quien le hablo primero, luce atractivo y solo supo desde el instante en que lo vio y sintió su jodido aroma a menta, que lo extrañaba.
— Nos debemos una charla — él gira al darse cuenta que ella está detrás de él.
— No lo creo, Weasley.
— Draco, desaparecí y…
— Yo también lo hice ¿no? — ella traga y siente que un poco lo alcoholizada se le va con tal balde de agua fría que le echa encima. Se relame e intenta pensar en sus próximas palabras, pero todo el mundo grita, salta y baila a su alrededor, y entonces ve al grupo de Slytherin bailando entre ellos, está Astoria luciendo perfectamente impecable mientras que ella está borracha y se odia. Se detesta con todo su ser y la sensación es extraña para ella, a quien nunca le ha causado envidia ni resentimiento ninguna otra mujer a no ser por Cho Chang hace ya demasiados años, cuando apenas era una niña tonta. Mira la mano de Draco, busca algo, un anillo, mira su cuello, está vacío. No hay anillo, no hay compromiso al menos, se dice.
— ¿Estás con Astoria? — no soporta más la curiosidad, no hay ningún portal que hable de ellos y Ginny necesita saber.
— ¿Estás con Potter? — repregunta él y ella pone cara de sorpresa y niega enseguida.
— ¿Qué? No. Hace… hace tiempo, Draco — Draco se restriega la frente.
— Pues, eres una idiota — dicho aquello se va y Ginny le toma del brazo.
—No me respondiste.
— Es… difícil.
— Draco, necesito saber. Si me dices… si me respondes.
— ¿Qué? — Ginny le mira un momento en silencio, solo dos veces ha dudado y las dos veces han sido con él. No deja de arrepentirse de la primera y esta vez no puede haber un segundo arrepentimiento. No se lo puede permitir — ¿Si te respondo que, Weasley? — le insiste con cierta ansiedad. Draco también huele un poco a alcohol, pero no es como ella, él mantiene la entereza, como el chico de clase alta que es.
— Quiero estar contigo ¿está bien? Lo he estado pensando y… mira, Son las 12 en… cinco minutos y quiero besarte la jodida boca y comenzar así mi nuevo año. Entre tus labios — Draco queda estupefacto mirando a Ginny, la honestidad de su corazón siempre le había parecido demasiado para alguien como él, frío, cobarde e inseguro, alejándose de los sentimientos por miedo, alejándose de todo lo que quiere antes de ser dejado. Por miedo. Ginny no les tenía miedo a los sentimientos, al afecto, al contacto, al cariño. Era espontanea, sincera e impulsiva, y le gustaba tanto como le asustaba. Le aterraba no seguirle el ritmo, no ser suficiente, desilusionarla, defraudarla.
Empieza la cuenta atrás y Draco se inunda de un sentimiento de vértigo que lo paraliza, no sabe si aceptar la caída o correr espantado, seguir defendiendo a su corazón del miedo a sentir o dejarse llevar por lo que realmente quiere hacer sin importarle contra que estrellarse.
Ginny lo mira expectante, con aquellos ojos pardos iluminados donde tanto le gusta verse y tiene miedo, joder. Le aterra desilusionarla, le aterra que se dé cuenta quien es él, que se dé cuenta que no es tan solo ese chico sarcástico tras el cual se esconde para encararla, para seducirla y coquetearle. Le aterra que se cuenta que, en realidad, es temeroso, inseguro, oscuro y que tiene días realmente malos, donde vivir le parece un suplicio y el día se le hace eterno, donde no le encuentra sentido a su existencia y que desde que ella se alejó no tuvo más alegrías.
Que desde que su madre falleció no encuentra motivo por quien levantarse, ni por que luchar.
Draco, por merlín bendito, falta un jodido minuto y en cuanto no me respondas, no hay vuelta atrás. Dime por favor si…
No hay tiempo.
No hay respuesta.
El mundo a su alrededor grita, se abraza, se besan y levantan sus copas. Ginny mira exaltada la escena, rodea el lugar con su mirada y cuando vuelve a tener los grisáceos y tormentosos ojos de Draco Malfoy sobre ella, se da cuenta que son las doce y que Draco no ha respondido. Le mira y cuando hace un paso hacia atrás, Draco le toma del cuello y le besa, con toda la sed acumulada, toda el hambre voraz recorriéndole y todo el sentimiento a flor de piel consumiéndole. Con toda esa ansiedad explotándose entre ambas bocas.
Ginny le responde al instante y se ríe cuando se separa. Ríe exaltada y feliz y vuelve a pegar los labios sobre los de él.
Solo separa sus labios, porque uno de sus brazos le recorre la nuca.
— Pensé… — se ríe contra sus labios — Que me ibas a dejar plantada. Por una fracción de segundo, te imagine alejándote de mí y yendo a besar a Astoria en mis narices — se ríe devuelta.
— No estoy con Astoria — Ginny sonríe sin poder evitarlo — Ha estado… acompañándome. Solo eso. Por eso estaba esa vez en mi casa — Ginny le mira a los ojos, sus narices se rozan y solo quiere volver a besarlo.
— Idiota. Me dejaste pensarlo.
— Me dejaste pensar que estabas con Potter — ella se muerde los labios.
— Creo que si pensamos estar juntos vamos a tener cambiar nuestra mala manera de comunicarnos — Draco se ríe flojito.
— Creo que sí.
— Feliz año nuevo, Draco.
— Feliz año nuevo, Ginevra.
El grupo de Slytherin los ve a los lejos, levantan las copas, ríen y cuchichean, Astoria le asiente con una sonrisa y su equipo de Quidditch gritan como si hubiesen ganado el mundial.
Ginny ríe contra el pecho de Draco y la risa de ella es una invitación, a la que él siempre esta curiosamente dispuesto.
Es una fría mañana la del primero enero, nieva tras las ventanas y Ginny esta sobre él cuando una lechuza hace presencia.
Preparan café y beben en la cama mientras leen los titulares, Ginny viste su camisa que le queda grande y unas medias que le quedan por la mitad de la pierna, bebe café caliente y niega con la cabeza, mientras Draco espera expectante sus palabras.
No son muy distintos a los titulares que ellos mismos pensaron aquella segunda vez que se vieron.
— "Año nuevo, vida nueva", empieza — lee Ginevra — En la noche de año nuevo, en una fiesta donde acuden los personajes más reconocidos del mundo mágico londinense, una reconocida heroína de guerra, actual jugadora de Quidditch que lo está arrasando todo, es vista con — Ginny ríe antes de seguir, mirando a Draco, quien la escucha desde la cama — ¡Draco Malfoy! Si, magos y brujas — Ginny no deja de tentarse intentando de leer lo que dice el diario con tono exagerado — El reconocido ex Mortifago que dejó entrar… — Ginny deja de leer esa parte y niega con la cabeza — Lo siento.
— Sabíamos que esto pasaría.
— "… al parecer, estas historias de amor de las que tanto les gusta escribir en las novelas, son llevadas a la realidad. ¿Esto es una confirmación de que nuestro salvador del mundo mágico esta soltero? ¿Ya la podemos llamar ex de Harry Potter? ¿Cómo tomará nuestro héroe que su ex chica esté con su mayor enemigo? — Ginny pone los ojos en blanco con hastío — ¿Lo sabrá? Esperamos poder pronto, contentarlos con esta información, queridos seguidores de esta sección de El profeta" Luego, más adelante, sigue con una, obviamente, foto nuestra del beso: "…así es como vemos a nuestra querida jugadora de Quiddicth, ex de El elegido, recibir el nuevo año entrante, en labios de nada más ni nada menos que el único y último heredero Malfoy" "La ex heroína y el Mortifago enemigo del trío dorado han recibido el año nuevo juntos y nuestra pregunta es ¿Son intentos de darle celos a Harry Potter? ¿Su manera de llamar la atención? – Ginny suspira y toma "Corazón de Bruja" y lee — "Última hora: fotos recientes revelan ¿un nuevo romance?" — Ginny le mira — Es pregunta — le aclara, levantando sus cejas — "El romance prohibido entre una heroína de guerra y un ex Mortifago ¿hace cuánto se está cosechando?" — Ginny entonces pasa una página ansiosa.
Hay fotos de ellos, en distintos encuentros y aunque ninguno deja de reírse del asunto, la pelirroja se pregunta hace cuando es que alguien sabía de lo suyo y estaban esperando que explote todo para hacerlo público.
— Los diarios no dejan de poner en duda, en jaque, la decisión de la chica del momento — así la llaman — se preguntan cómo y porque razones dejaría al héroe del mundo mágico por un Malfoy arruinado.
Vuelven a poner en portada la imagen del día del cementerio, cuando Ginny le abraza y él queda tieso sin rodearla.
El portal promete, como todos, seguir esta nueva e interesante historia de amor que ha dejado con la boca abierta a medio mundo mágico.
No dejan de llegar cartas que vociferan palabras mal sonantes por parte de Ronald.
Chistes de sus hermanos.
Preguntas curiosas de otros.
"¿Estas bajo el imperius?" pregunta Charly.
Ginny es capaz de ver la mirada insegura de Draco, como espera que ella se arrepiente, se aleje, se vista y se vaya, desaparezca como ya lo hizo sin explicaciones.
Pero Ginny no está arrepentida y no le tiene miedo a un par de periodistas que vuelven a intentar hacerla flaquear.
Draco no tiene miedo a sus sentimientos, ya no teme adorar con locura a Ginevra Weasley, pero le teme al futuro.
Como siempre lo ha hecho.
Los primeros meses las cámaras la persiguen, fotografían a Draco en sus partidos, los persiguen en sus citas y hasta los encuentran en el mundo Muggle.
Draco adora y admira al mismo tiempo como Ginny sabe manejar las cámaras, como sabe sonreírles y mandarlos al demonio, como le besa sin miedo ni prisa entre los flashes y como no teme dedicarle el partido ganado a él.
Los filman cuando ella tras un gol, hace una pirueta que forma un cursi corazón y Draco ríe negando con la cabeza.
Elegirse no ha sido fácil para ninguno, la vida de Ginevra siempre estaría entre las cámaras y aunque Draco deseaba alejarse de ellas, en su mano no le era tan difícil soportarlas.
Con el tiempo, el mundo mágico comienza a acostumbrarse a ellos y ya no los acosan, aunque si los fotografían en la primera gala en conmemoración de la guerra a la que van juntos. Ginny posa con unos bucles que se ha hecho, con aquel vestido floreado que Draco no deja de desear arrancárselo ella noche y bailan y beben porque son jóvenes, son atractivos y se merecen vivir.
Saben que nunca será fácil, lo saben cuándo al día siguiente, en la fría mañana del primero de enero, son interrumpidos por una lechuza que trae los últimos titulares.
Son noticia en más de una página, hay fotografías de ellos besándose en la noche de año nuevo y fotografías de ellos dos que ninguno de los dos sabe cuándo se las han sacado ni quien las ha proporcionado.
Saben que no será fácil cuando ponen en duda el criterio de Ginevra Weasley, jugadora de Quidditch en auge, al elegir al Mortifago que dejo entrar a Hogwarts a otros Mortífagos la noche de la muerte de Albus Dumbledore, ponen en duda los motivos del mismo Draco al querer estar con una heroína de guerra, de pura sangre, después de todo, porque se va a ensuciar por un bien común, pero tampoco del todo.
Hablan de historias de amor prohibidas antes que la de ellos, hacen malas analogías y comparaciones, sacan a la luz viejos trapos del pasado de Draco con el trío dorado, con el libro maldito y Ginny Weasley poseída.
Los medios son crueles y solo unos pocos son los que romantizan el asunto, los que aplauden el amor prohibido, diciendo que ellos son la imagen de un futuro más unido entre la comunidad mágica, con menos prejuicios y más armonía.
Saben que no será fácil aún después, cuando se muestran en público, cuando Draco la va a ver a los partidos y grita y festeja sus goles.
Los fotografían cuando Ginny le dedica sus hazañas, y cuando lo besa fugazmente delante de todo el público.
Saben que no será fácil aún un tiempo después, cuando asisten juntos a la gala de conmemoración a la guerra, mientras los fotografían con Ginny y Draco no deja de desear que todo aquel evento marketinero termine y puedan por fin irse juntos.
Saben que no será fácil cuando, contra todo pronóstico, siguen juntos y los medios se muestran asombrados.
Draco sabe que aún no es fácil cuando el tiempo pasa y él sigue sin ser bienvenido en la familia de Ginny, cuando siguen hablando en cuchicheos cuando él camina por los callejones mágicos, como si la gente no creyera justo que alguien como él, que hizo tanto mal, estuviese libre y enamorado de nada más ni nada menos que la ex de Harry Potter.
Sabe que nunca será fácil, no importa lo que pase.
Pero Ginny sale de ducharse, tira la toalla al suelo y se sacude el sangriento cabello rojo, se acerca, le sonríe, le besa y sabe que, joder, todo aquello vale toda la maldita pena del mundo.
No quería que termine el año sin dejar el último capítulo que va como piña a la fecha.
Espero que si alguien se pasa por aqui, haya disfrutado de esta pequeña historia tanto como yo y sobre todo este cap que adoré escribirlo, sentí que fue el cierre que quería para estos dos.
Sin más, espero que reciban el 2022 maravillosamente!
Saludos y mucho amor,
PeaceLilith.
