Well... maybe I don't have the same time like before but I still have some stories to share with you so... here you go :) A very funny story written by the great author Hoodfabulous. Enjoy it!

Bueno... tal vez no tenga el mismo tiempo que antes, pero todavía tengo algunas historias que compartir con ustedes, así que... aquí tienen :) Una historia muy divertida escrita por la gran autora Hoodfabulous. ¡Disfrútenla!

Como ya saben nada de esto me pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer y la autora de esta graciosa historia es la autora Hoodfabulous, yo solo traduzco ;)

Y como siempre me acompaña mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda :*


Prólogo: ¿Error épico?

Si hay algo en esta tierra que no puedo soportar, es a Edward Anthony Cullen.

Desafortunadamente, nuestros padres han estado saliendo durante los últimos meses. Entonces, un día hacia el final del verano pasado, se les ocurrió la brillante idea de mudarse juntos.

Lo siguiente que supe, fue que pasé de ser hija única a vivir con alguien más de dieciocho años que deja el cartón vacío de leche en el refrigerador y tira su ropa sucia por todo el piso del baño.

Edward también convierte el atormentarme en su pasatiempo favorito. Lo que lo empeora es que sucede que él es la persona más sexy que he conocido en mi vida.

Lo odio.

"¡EDWARD!" Grito, golpeando la puerta de la cocina que conduce al garaje.

Edward no me escucha por sobre el ruido de la música. Atravieso la cocina y la sala dando pisotones, saliendo a la puerta del garaje. La ruidosa música punk-metal sale por debajo del garaje anexo a nuestra casa. Mi puño golpea contra la puerta en vano.

Me inclino, con el trasero en el aire, ignorando el sonido del hijo de trece años del vecino estrellando su bicicleta en los arbustos cercanos. Mis dedos agarran la manija de metal de la puerta del garaje, y utilizo todos mis cincuenta y seis kilos para tirar de la manija de metal hacia arriba. No se mueve.

El sonido de la música se intensifica, chocando y chillando contra los golpes de mi puño. El bajo de Emmett McCarty satura el aire. Las baquetas de Jasper Whitlock se estrellan en la batería, y luego en los platillos, saturando el aire con el ritmo de adolescentes enojados y oprimidos.

Prácticamente me estoy arrancando el pelo de raíz cuando la canción finalmente cierra. El único sonido ahora es el jaleo de chicos un poco drogados.

"¡EDWARD!" Grito, pateando la puerta molesta.

Edward suelta una bochornosa maldición en voz baja al escuchar mi voz. Mariposas revolotean y se estremecen en mi vientre, burlándose de mí por la forma en que mi cuerpo reacciona a este chico engreído y egocéntrico.

Tomando una respiración profunda, me recuerdo por enésima vez que lo odio. Trago secamente, pongo mi cara de perra, y planto una mano en mi cadera.

La puerta del garaje hace un ruido de chasquido al subir lentamente. Maldigo a Cooch (1) en silencio, porque ya está palpitando en mis bragas al ver los viejos tenis andrajosos de Edward. Lo siguiente que queda a la vista son sus pantalones negros ceñidos, enfatizando lo tenso de sus fuertes músculos contra la tela suave y desgastada. Puedo ver los contornos de su impresionante polla justo debajo de esos jeans, y mierda, no lleva puesta una camiseta. La marcada V de su abdomen es lo siguiente en aparecer a medida que se eleva la puerta.

Hay una delgada línea de vello color broncíneo bajando de su ombligo a tierra santa. El tatuaje de un micrófono se asoma desde la cintura de sus jeans, cerca de su entrepierna, reapareciendo en la orilla de su cadera izquierda. Un tatuaje de una pistola se asoma del otro lado, arrastrándose hacia la derecha.

Los pectorales de su esculpido pecho están sudorosos por bailar y empujar su guitarra al aire. Lo sé porque lo observo en secreto de vez en cuando por la ventana en la puerta de la cocina que conduce al garaje.

Tatuajes coloridos de letras de canciones y citas danzan a lo largo de sus brazos. La puerta está completamente elevada, y todas las ideas de maldecirlo por tocar tan fuerte vuelan con cobardía de mi mente al mirar fijamente todo el metal en su rostro.

Malditos viper bites.

"Traidora," susurro, mirando a la costura de mis jeans cortos donde Cooch agacha su metafórica cabeza en vergüenza.

Edward eleva una ceja perforada y me mira confundido e irritado. No es secreto que le parezco extraña y molesta. Obviamente, lo que dije en un susurro lo tiene confundido. Despejo mis pensamientos, rogando que no note la tirantez de mi camiseta por mis pezones.

"¿Podrías por favor bajar el volumen?" Bufo, fulminándolo con la mirada por la forma en que hace reaccionar a mi cuerpo. "Estoy tratando de estudiar y no puedo concentrarme. Tu música es totalmente molesta."

"¿En serio?" Sonríe con suficiencia, cruzando sus brazos tatuados sobre su pecho. "¿Es tan molesta como tu mierda de música country con la que lloras todas las noches?"

"Oye, cuida tu sucia boca," susurro horrorizada. "George Jones (2) es una leyenda."

"Preferiría que alguien metiera estacas de madera debajo de mis uñas por el resto de la eternidad que escuchar diariamente esa mierda," resopla, dando un paso al frente.

"¡Sí, bueno, preferiría que alguien me dispare repetidamente en la cabeza con una pistola de clavos que escuchar esa mierda que tocas todos los días!" Escupo en respuesta, dando también un paso al frente.

"¿Ah, sí? ¡Bueno, preferiría que alguien me golpeé en las bolas con un bate de béisbol que escuchar a Merle Haggard (2)!" Dice furioso, avanzando y tomando fuertes respiraciones entrecortadas.

"¡Preferiría que me picaran un millón de abejorros y tomar un baño en alcohol que escuchar tu mierda todo el día!" Grito, fulminando con la mirada su figura alta y desgarbada.

"¡Preferiría cortarme las muñecas con una hoja de afeitar oxidada y saltar a una piscina con cloro que escuchar a Loretta Lynn (2)!" Grita en respuesta.

Nos separan unos centímetros. Estoy tan cerca que podría abofetearlo, golpearlo, o arrojarlo al suelo y montarlo al estilo vaquerita en reversa. Sus pálidas mejillas tienen un delicioso tono de rosa e imagino que las abofeteo.

¡ZAS!

"¿QUÉ DEMONIOS?" Grita, presionando sus dedos largos y delgados contra su mejilla enrojecida.

"¡Te odio!" Miento en un acalorado susurro.

"¡También te odio!" Me dice con desdén.

Mis ojos salen disparados de sus mejillas a sus duros pezones perforados. El frío anillo de metal en su pezón izquierdo me suplica que tire de él y lo retuerza.

Lo retuerzo.

Con fuerza.

"¡PERRA!" Grita, mientras me tropiezo y me tambaleo hacia atrás.

Corro como murciélago escapando del infierno, cortando camino a través del exuberante y radiante césped que su padre, Carlisle, poda regularmente. No llego muy lejos antes que sus manos envuelvan mi delgada blusa, tirándome hacia atrás contra su tonificado cuerpo.

Un chillido frenético se escapa de mis labios cuando los dos perdemos el equilibrio y caemos en el césped uno encima del otro. Lo siguiente que sé, es que Edward tiene mis tetas en sus manos, retorciendo mis pezones en retribución. Jasper y Emmett están cerca aullando de la risa.

"Si no te conociera, juraría que te gusta esto," sonríe engreído, pellizcando mis traidores pezones con fuerza.

Cooch asiente de acuerdo.

"¡Quítate de mí!" Me quejo/gimo, cuando sus dedos pasan de retorcer con fuerza a suaves pellizcos.

"¿Qué dijiste?" Pregunta, sonriendo al ver mi rostro furioso. "¿Quieres que me corra en ti? No lo creo, Hoyuelos."

"¡Deja de llamarme 'Hoyuelos'!" Me quejo, cuando sus dedos finalmente dejan mis pezones.

Edward me dio el nombre 'Hoyuelos' la primera vez que nuestros padres nos forzaron a ir a nadar juntos, afirmando que era un tipo de experiencia para 'crear vínculos afectivos' entre todos nosotros. Cuando Edward vio los dos hoyuelos situados sobre cada una de mis nalgas, de inmediato me puso 'Hoyuelos' y me ha llamado así desde entonces.

Edward me sonríe, cerniéndose sobre mi cuerpo. El oscuro cabello bronce en su cabeza es un sexy desorden, brillando bajo sol, que pocas veces se hace presente en el lluvioso Washington. Hay una áspera e insipiente barba bajando por sus mandíbulas, suplicando ser tocada. Sus labios son carnosos, rosados y perversos, rogando ser besados.

Es hermoso, perfilado por el sol detrás de él. Siento la molestia dejar mi cuerpo al mirarlo. La arrogancia decae en su rostro al devolverme la mirada, y una expresión casi tierna cruza por sus rasgos antes de ser remplazada por un ceño fruncido. Aleja su cuerpo del mío, pero no antes que… la sienta.

Juro que siento su polla dura moverse contra mi muslo.

"¿Nos harían un favor?" Su amigo, Emmett se ríe. "¿Podrían por favor follarse y terminar con esto de una vez?"

"No la follaría ni con tu polla," murmura Edward, mirando furioso a donde estoy tumbada sobre mi espalda.

"Puedes usar la mía," Habla Jasper, dándome una sonrisa malvada, con el sol destellando en la argolla de plata en la comisura de su labio inferior. "Estoy listo, dispuesto y capaz. Cuando quieras, Bella. Solo digo."

"Gracias, Jasper," murmuro, tomando la mano que me ofrece.

Jasper me levanta del suelo con tanta fuerza que choco con su pecho. No soy la persona más grácil, así que me tambaleó un poco. Jasper coloca sus manos en mi cintura para ayudarme a estabilizarme. Le doy una sonrisa tímida.

"Si ustedes dos terminaron de coquetear, me gustaría volver a practicar," gruñe Edward, fulminando a su amigo con la mirada, que inmediatamente deja caer sus manos de mi cintura.

Jasper le da una sonrisa avergonzada, viéndose como un niño de cinco años que acaba de robar del tarro de galletas en vez de un chico adolescente tatuado con metal en su rostro y cabello rubio rebelde. Edward se marcha furioso con Jasper detrás, dejándonos a Emmett y a mí solos en el patio viéndolos alejarse.

"Sabes que ese chico está enamorado de ti, ¿verdad?" Emmett pregunta, levantando una ceja perforada, cruzando los brazos sobre su fuerte y musculoso pecho.

"¿Quién, Jasper?" Pregunto, mirando a su rostro sonriente. "Eh, en realidad no es mi tipo."

"Tú y yo sabemos que no estoy hablando de Jazz," Em se ríe entre dientes, provocando que mis cejas se disparen hacia mi frente.

"¿Te refieres a Edward?" Jadeo, horrorizada. "¡Puaj! Edward no puede soportarme, y yo no puedo soportarlo."

Emmett resopla, rodando sus grandes ojos azul intenso. Empieza a pasarme, caminado hacia el garaje, solo para hacer una pausa y darme una fuerte nalgada que me hace aullar por el dolor.

"Sigue diciéndote eso, Hoyuelos," se ríe, dándome un guiño perverso paseándose tranquilamente al volver al garaje.

Edward presenció el despliegue de Emmett, por supuesto. Está parado en el garaje lanzando dagas con sus ojos a Emmett y a mí. Su rostro furioso es lo último que veo antes que vuelva a bajar la puerta. En cuestión de segundos, la iracunda música rítmica retumba desde el garaje con el doble de intensidad a lo que lo hacía antes.

Cooch empieza a balancearse con un encendedor metafórico en su mano.

¿Qué es lo que hago? Hago lo único que tiene sentido. Llevo mi rojo y lastimado trasero arriba, pongo seguro a la puerta de mi recámara, y caigo en la cama.

Cooch empieza a gritar en protesta, por lo que cedo y finalmente le doy la atención que ha estado demandando durante todo el día. Todo el tiempo pienso en el rostro furioso de Edward cerniéndose sobre mí.

~c00ch~

Esa tarde nuestros padres salen para una noche en la ciudad, dejándonos solos. Edward me ha evitado desde nuestro encuentro de antes, lo que está bien para mí. Solo pensar en su rostro me hace sentir enferma… de lujuria. Jugué con Cooch toda la tarde sin ningún resultado. Juro que la perra está en huelga, y la maldigo todos los días por ello.

Me paseo por mi recámara, preparando mi ropa para mi primer día de clases mañana. Es mi último año, y a decir verdad, estoy súper nerviosa.

Mi primer año de escuela en el Instituto de Forks fue extraño, por decir lo menos. Los chicos babeaban por mí como si fuera el primer pedazo de culo que han visto en su vida. ¿Y las chicas? La mayoría me odia. Me miran como si fuera algún tipo de alienígena o algo así. No encajo muy bien con mis botas vaqueras y jeans desteñidos. Las chicas en mi clase visten como una horda de putillas. Simplemente, así no soy yo. Mi estilo es más sencillo y sureño, igual que yo.

Mamá y yo nos mudamos a Forks, Washington hace doce meses, desde California del Sur. Mudarme a Washington fue como mudarme a otro jodido país. Tan pronto como abrí mi boca para hablar, la gente se me quedaba mirando como si estuviera hablando en Swahili. La única amiga que tengo es Angela, que se había transferido desde Nueva Jersey. Tiene el mejor acento conocido por el hombre. Puedo escucharla todo el día.

Después de elegir mi atuendo para el siguiente día, voy en busca de mi diario. Sí, lo sé. Soy un poco mayor para un diario. Demándame. Tiene todos mis sucios y vengativos pensamientos de Edward ocultos dentro. Estoy demasiado avergonzada para confesarle a Angie mi atracción secreta por él, y no hay nadie más con quién hablar por aquí. Mi madre moriría si supiera sobre mi amor/odio y el capricho de Cooch por el hijo de su novio. Probablemente me enviaría a alguna escuela alternativa o algo así.

Quito mi edredón púrpura y busco en los confines debajo de la cama y el colchón en vano. Maldiciendo, batallo para levantar el estúpido colchón y asomarme por debajo. Nada. Cayendo al piso, mis ojos se mueven desesperados debajo de la cama, sin encontrar nada más que un par de calcetines sucios y pelusas de polvo que me hacen estornudar.

"¿Dónde, por todos los cielos, puede estar?" Me pregunto, sentándome y pegando mis rodillas a mi pecho, frunciendo el ceño.

Entonces me golpea como un rayo.

Edward.

Terror puro se apodera de mi pecho. ¡Mierda! Él oculta constantemente mis pertenencias por la casa. Le gusta quedarse sentado con una sonrisa en el rostro, viendo como destrozo frenéticamente la casa, solo para verme volver a reacomodarla. ¡Si encuentra ese diario, estaré realmente jodida! ¡Tiene cada pequeña fantasía obscena que lo involucra!

Me pongo de pie, dando traspiés por la alfombra color crema, y abriendo la puerta de mi recámara. La estúpida conexión para iPod de Edward toca a todo volumen su ridícula música desde su recámara al otro lado del pasillo. Agarrando el pomo en mi mano, lo giro y entro a la habitación, sin siquiera tomarme el tiempo para tocar.

Edward está sentado en el balcón fumándose un cigarrillo a escondidas sin nada más que uno bóxer negro. Me congelo por un momento, admirando sus caderas y muslos tonificados bajo la luz de la luna. Cooch despierta, pero le digo a la perra que retroceda. Edward no me ve desde donde está sentado afuera en la silla de metal, no hasta que levanto su colchón en el aire.

"¿Qué estás haciendo?" Espeta con voz nerviosa, entrando disparado del balcón y cruzando la habitación.

"¿Dónde lo pusiste?" Demando, ignorando su pregunta mientras meto mi mano bajo el colchón, buscando desesperadamente mi pequeño diario verde.

"¿Poner qué?" Pregunta, agarrándome por la cintura y tirando de mí hacia atrás.

"¡Mi diario!" Bufo, muy consciente de la forma en que mi trasero está ahora pegado a su pelvis, provocando que me tambalee un poco.

"¡No tengo tu estúpido diario!" Gruñe, mientras entierro mis uñas en la orilla de su colchón.

Está tirando de mí y jaloneándome. Mi trasero se azota con su entrepierna una y otra vez. Es como si simuláramos tener sexo, y casi sería cómico de no ser que me aterra que me esté mintiendo sobre mi estúpido diario.

Mi mano está de nuevo bajo el colchón. Mis dedos rozan contra algo que se siente como un libro. Apenas lo agarró con mis dedos cuando Edward le da a mis caderas un último y fuerte tirón. Los dos caemos redondos al suelo y sostengo mi premio en lo alto por sobre mi cabeza.

"¡Ja!" Grito triunfante, esperando encontrar mi diario en mi mano.

Excepto que no es un diario el que está en mi mano. Es una revista… pero no es solo una revista. Es la revista Bootylicious; la revista más destacada mundialmente para los amantes de traseros. Al menos, eso es lo que dice en la portada, justo bajo la foto de un trasero grande y redondo.

Qué. Demonios.

"¿Qué demonios?" Susurro horrorizada.

"¡Dame eso!" Gime, forcejeando conmigo por la revista.

"¡No, creo que deberíamos hablar de esto!" Me rio, de algún modo arreglándomelas para salir arrastrándome por debajo de él.

Logro llegar al pasillo y correr a la planta baja, soltando risitas con Edward pisándome los talones. Él está maldiciendo y escupiendo, saltando alrededor en un débil intento por arrebatarme la lustrosa revista de mis manos extendidas. Un trasero bronceado y ligeramente aceitado resplandece en la superficie de la revista con material para hacerse pajas. Cooch la mira con desdén con evidentes celos.

Me tropiezo con la orilla de la alfombra Persa y caigo en el sofá de la sala. Edward salta sobre mí como un mono araña.

Retorciéndome, ahora estoy frente a él inmovilizada entre sus piernas. Jugamos al tira y afloja con la revista hasta que finalmente la arrebata de mis dedos, lanzándola al otro lado de la habitación.

Me estoy meneando debajo de él, empujando su pecho, tratando de alejarlo. Agarra mis muñecas, sosteniéndolas por encima de mi cabeza y contra el reposabrazos del sillón, mirándome de forma furiosa y amenazadora.

"No le digas a nadie sobre esto," sisea, con ojos oscuros y brillantes.

"¿Sobre qué? ¿El hecho que eres un hombre al que le gustan los traseros?" Pregunto, teniendo problemas para mantener mi rostro serio mientras simultáneamente mantengo a raya a Cooch.

"Te detesto," gruñe, inclinándose peligrosamente cerca de mi rostro.

"Te odio," respondo en un susurro, mirando de sus rosados labios carnosos a sus ojos verdes jade.

Ambos jadeamos. Otro centímetro y nos estaríamos besando. La idea me hace mojar los labios en anticipación. Los ojos de Edward se disparan a mi boca. Ver mi lengua pasando por mis labios provoca que él de un gruñido del tipo predador.

Sus ojos verde jade se tornan negros cuando su rostro se acerca más. Estoy por cerrar mis ojos cuando un destello de los faros del coche de Carlisle entra por la ventana de la sala.

Los dos dejamos escapar una maldición mutua en un murmullo y nos desenredamos frenéticamente del otro. Nos caemos del sofá, y un dolor agudo se me clava en la parte de atrás de mi cabeza cuando me golpeo contra la mesita de café.

"¿Estás bien?" Pregunta con un tono preocupado poco familiar.

"Sí," murmuro, chillando cuando me pone de pie.

Edward me carga, al estilo nupcial, y sube corriendo las escaleras. Mi cabeza está nadando; mareada por la caída y la sensación de ser sostenida por este chico. Me lleva a mi recámara y me recuesta con delicadeza en la cama. Froto el chichón y miro a su rostro preocupado.

"Estoy bien," le aseguro, alejando una extraña sensación en mi pecho. "Ve por tu revista antes que mi mamá y Carlisle la encuentren."

Los ojos de Edward se agrandan con horror. Asiente antes de salir de la habitación. Me dejo caer en el colchón y gimo, con un cosquilleo en otros lugares además del chichón en mi cabeza.

~c00ch~

"Bella, mándale un mensaje a Edward y dile que el desayuno está listo," mi madre demanda, la mañana siguiente temprano.

Refunfuño en protesta. Mis dedos siguen acalambrados por el amor-a-tón en honor a Edward que duró desde tarde por la noche hasta muy temprano por la mañana. Sin importar lo mucho que le rinda homenaje a Cooch, ella nunca devuelve el favor. Levanta la cabeza indignada, incluso ahora. Juro que estoy a punto de morir por frustración sexual.

"Perra egoísta," le murmuro a mi traicionera vagina.

"¿Disculpa?" Mi mamá jadea.

"No tú, mamá," suspiro, agarrando mi teléfono de la mesa de la cocina y mandando un breve mensaje a Edward. "¿No sabe Edward que vamos a desayunar? ¿Por qué tengo que mandarle un mensaje?"

"Porque es un adolescente y nunca está lejos de su teléfono," mi madre responde, sus suaves ojos verdes danzando mientras alborota mi largo cabello castaño. "Igual que tú."

Odio mandar mensajes de texto. Soy torpe, tan torpe que mis dedos algunas veces se resbalan y deslizan por la pantalla, causando que más de un error al escribir mensajes con mi iPhone en mi vida.

Dando un gran suspiro, le mando a Edward un mensaje y dejo caer mi teléfono. Le entro a mis Trix con gusto porque, ey, es Trix; el cereal para el desayuno más fantástico conocido por el hombre.

Carlisle, el padre de Edward, está sentado frente a mí leyendo el periódico y viéndose como un vendedor de coches, probablemente porque es uno. Tiene todo eso del 'peinado hacia atrás y la sonrisa maligna'. En realidad, es un tipo bastante bueno.

Carlisle se toma un descanso de leer de vez en cuando para mordisquear una tostada que mi mamá preparó para él. Está untada con jalea de manzana, creada por las diestras manos de mi madre.

Técnicamente, Esme no es mi madre. Ella era compañera de cuarto y mejor amiga de mi madre biológica, Renee. Cuando Renee se embarazó de mí durante su último año en la universidad, le pidió a Esme que fuera mi madrina. Mi madre murió dos años después de mi nacimiento en un extraño accidente y Esme ha cuidado de mí desde entonces. En cuanto a la identidad de mi padre, ese es un secreto que mi mamá se llevó consigo a la tumba.

Puede escucharse el delator sonido de los pies de Edward retumbando contra las escaleras. Cooch inicia un pogo (3) de una sola mujer en jeans ajustados. De pronto mi cereal es fascinante de estudiar, mientras recuerdos del 'casi beso' cruzan por mi mente.

Me embebo con los pedacitos procesados mecánicamente de crujiente exquisitez y del color del arcoíris, cuando se deja caer tranquilamente en la silla junto a mí. El aroma de una deliciosa colonia juvenil emana de su cuerpo recién duchado. Me remuevo en mi silla, mirando al tazón frente a mí. Un dolor agudo en mi pie me saca de mi falsa fijación.

"¡Mierda!" Grito, dejando caer mi cuchara.

"Ups," Edward suelta una risita, alejando su pie del mío. "¿Acabo de pisar tus dedos? Perdón."

"Lo hiciste a propósito, bastardo," digo con una mueca de desdén, volviéndome para mirarlo.

"No, no fue a propósito, perra," sonríe, bajando la mirada al tazón de exquisitez frutal producida en masa que está frente a mí. "Bella tontita… ¿no sabes que Trix es para niños?"

La mirada de Edward se desliza de mi rostro, bajando por mi cuello y terminando en mi pecho. La forma en que sus ojos recorren mi cuerpo cosquillea en mi piel. Siento que mis pezones empiezan a endurecerse. Maldigo, fulminándolo con la mirada y cruzando los brazos sobre mis pechos como si estuviera frustrada, y no excitada.

Edward sonríe con suficiencia, sin dejarse engañar ni un poco mientras humedece sus labios. Ver su lengua húmeda y rosada deslizándose por su labio inferior, la punta trazando los relucientes viper bites que sobresalen debajo, como una serpiente letal, me convierte en un gran charco de baba.

Mi boca se abre y me le quedo mirando como una idiota, olvidando momentáneamente que acaba de llamarme perra y me dio un pisotón. Edward levanta una ceja al encontrar mi mirada. El sonido de Carlisle aclarándose la garganta atrae abruptamente nuestra atención.

"Pórtense bien, niños," demanda Carlisle, sus ojos azules examinándonos con ojo crítico por sobre su periódico.

"Siempre me porto bien, papá," responde Edward sin problemas, mirándome de soslayo con una sonrisa malvada.

Mi respuesta al comentario de Carlisle es la de una adolescente madura. Empiezo a tararear una antigua melodía favorita bajo mi aliento, disfrutando de la forma en que la sonrisa engreída de Edward desaparece de su rostro. Su piel palidece y sus ojos se mueven nerviosos en todas direcciones.

"¿Cuál es esa canción que estás tarareando, Bella?" Carlisle inquiere, notando la expresión de Edward mientras recojo mi plato.

"Es una canción de Beyoncé," respondo, empujando mi silla hacia atrás al ponerme de pie. "¿Nunca la has escuchado? Me sorprende. Es la canción favorita de Edward."

"¿Cómo se llama?" Pregunta mi mamá, uniéndose a Edward y a Carlisle en la mesa.

Suelto una risita, sonriendo al ver los ojos entrecerrados de Edward.

"Bootylicious."

Una cuchara pasa volando a mi lado, golpeando el piso de mármol con un clang. Suelto una risita, sacudiendo mi trasero de camino al fregadero.

Cooch me sacude su cabeza con evidente decepción.

~c00ch~

La escuela apesta, aunque no estoy segura por qué después de doce años de tortura esto continúa sorprendiéndome. Solo hay dos detalles positivos en mi día.

El primero es cuando Lauren Mallory, la zorra de la clase, tiene una pelea de gatas con Tanya Denali, la segunda al mando de las zorras. El resultado es una muy impresionante pelea con puños. Todo es juego y diversión hasta que Lauren le da un puñetazo a su grande y falsa teta izquierda provocando que explote la silicona.

El segundo detalle positivo viene en la forma de la pequeña chica nueva de nombre Alice. Angie y yo estamos sentadas afuera en una mesa de picnic durante el almuerzo, mirándola con ojo crítico mientras comemos nuestras manzanas. La chica de cabello negro está sentada en la colina cubierta de hierba con una falda campesina y botas vaqueras puestas, soplando en una armónica. Está horriblemente desafinada, crispando los nervios de todos, y obviamente no le importa. Me agrada al instante.

"Hay otras entre nosotros," le susurro a Angie en tono cómplice, mientras inclino mi cabeza hacia Alice.

Angie asiente de acuerdo, con sus ojos muy pintados brillando. Su cabello tiene un gigantesco puff de Jersey y trae puesta una resplandeciente camiseta anaranjada que hace que parezca una señal intermitente de precaución.

"Deberíamos reclamarla como nuestra," conspiro, levantándome y caminando por la hierba.

Los ojos de Alice están cerrados con fuerza mientras está absorta en su horrible música. Hago una mueca cuando llega al crescendo y finalmente termina con un breve pitido. La chica suspira dramáticamente, con una pequeña sonrisa nostálgica jugando en sus labios. Abre sus claros ojos verdes y me mira con curiosidad.

"Tu talento con la armónica es estupendo," le digo, empujando una de sus botas con la punta de la mía. "¿Quieres venir a sentarte con nosotros?"

Sus ojos brillan al escuchar el conocido acento en mi voz y al ver mis botas. Asiente con entusiasmo y me sigue a la mesa de picnic. Las tres hacemos amistad con nuestras tres W favoritas: Willie Nelson (2), whiskey y weed (4).

"¿Quién es ese chico mirándote, Bella?" Alice pregunta con asombro, pasando sus dedos por la brillosa superficie de su armónica, como si fuera un tipo muy diferente de instrumento.

Sigo la dirección de su mirada y encuentro a Edward fulminándome con la mirada dos mesas más allá. Está flanqueado por su horda de idiotas, Emmett, Jasper y Mike Newton. Los tres se susurran el uno al otro, echando miradas ocasionales a donde estamos sentadas. Le muestro a Edward mi dedo medio y me vuelvo hacia Alice.

"Es Edward, el hijo del novio de mi madre," le digo, rodando mis ojos y hundiendo mis dientes en mi olvidada manzana.

"¿Es el rubio? ¿Es el rubio con el cabello revuelto?" Pregunta Alice, prácticamente embelesada mientras abusa sexualmente de su pobre armónica.

"Oh, um, no. Ese es Jasper," respondo, atónita de que una chica ponga ojos soñadores por Jasper Whitlock por encima de Edward Cullen.

"Es tan lindo," Alice suspira, prácticamente babeando.

"Deberías averiguar si Edward y los chicos van a ir a la fiesta en la piscina en casa de Newton esta noche por el regreso a la escuela," Angie susurra, con brillantes ojos pícaros. "¡Definitivamente podríamos ligar a Alice con Whitlock!"

Considero la sugerencia de Angie por aproximadamente un nanosegundo antes de asentir en aprobación. Si Edward va a la fiesta, sé que Jasper también se presentará. Al ligar a Jasper con Alice me lo quitaría de encima, literal y figurativamente. El persistente coqueteo de Jasper me está convenciendo, y sé que solo me coqueteaba por su ligera obsesión por las chicas de provincia.

Saco mi teléfono, mandándole a Edward un veloz mensaje. Lo provoco diciéndole que voy a ponerme un traje de baño que odia para la fiesta en la piscina. La primera vez que me lo puse, gimió con disgusto y entró corriendo a la casa gritando que me patearía el trasero si me volvía a poner ese traje de baño.

Anduve por ahí con el ego herido por aproximadamente una semana después de eso antes de decidir que no me importaba si encontraba mi cuerpo desagradable, insuficiente o lo que sea. Todavía me pongo ese traje de baño y me pavoneo por la casa de vez en cuando, deleitándome en las expresiones de horror que provoca en él.

Cuando termino de enviar el mensaje, levanto la vista y encuentro su intensa mirada. La forma vengativa en la que me mira algunas veces me hace que me retuerza. Desvía la mirada de mí y la fija en su teléfono cuando vibra en su mano. Su rostro se torna pálido al leer mi mensaje. Arrugo mi frente en confusión. Cuando levanta la mirada, juro que es lujuria lo que hay en sus rasgos.

Edward inclina su cabeza hacia un lado, levantado una ceja en pregunta. No estoy precisamente segura por qué su mirada me cuestiona. ¿Me pregunta en silencio si realmente voy a ir a la fiesta de Newton?

Asiento titubeante y me da una pícara sonrisa ladeada que hace que Cooch grite de deseo. Me retuerzo incómoda sobre la mesa de picnic y me sobresalto al sentir la vibración de mi teléfono frente a mí.

Maldición, ya era hora. He estado esperando el día en que des tu brazo a torcer y me dejes tocarte. No puedo esperar a lamer cada curva de ese dulce trasero en forma de manzana—Edward

"¡Arggghhh!" Grito, dejando caer el teléfono como una patata caliente, causando que Angie y Alice se sobresalten por el susto.

Echo un vistazo hacia donde Edward está sentado, pero ya no está. Puedo distinguir la espalda de su camiseta negra y su desordenado cabello provocativo justo cuando desaparecen dentro de la escuela.

"¿Qué pasa?" Angie pregunta, agarrando el teléfono de la mesa.

Me está dando un ataque al corazón, demasiado conmocionada para protestar cuando agarra mi teléfono. Angie lo mira por un largo rato antes de jadear, para luego estallar en carcajadas.

"Oh Dios mío. Ni siquiera te diste cuenta de lo que le enviaste. ¿Verdad, Bella?" Resopla, dándome mi teléfono.

Sostengo el teléfono como una rata enferma, mirando las pequeñas palabras. A primera vista, no veo nada malo. Al verlo una segunda vez, casi muero.

Ve a la fiesta en casa de Newton esta noche. Ahí estaré con ese diminuto bikini azul que te ENCANTA. Sé que quieres lamer mi trasero cada vez que me lo pongo. Ven a la fiesta y puedes lamerlo toda la noche—Bella

"Quise escribir 'patear mi trasero', no 'lamer mi trasero'," gimo, golpeando con mi mano un lado de mi cabeza.

"¡Le dijiste a Edward Cullen que lamiera tu trasero… y él aceptó!" Angie se carcajea, con lágrimas en sus ojos con purpurina incrustada.

"¡Bella… tu hermano quiere lamer tu trasero!" Alice exclama, un poco demasiado alto para mi gusto.

Varias personas se vuelven para mirarnos, pero cuando ven a Angie lanzarles una mirada letal, en seguida agachan la cabeza.

"No es mi hermano, hermanastro o cualquier otro parentesco," le recuerdo a mi pequeña nueva amiga, mirando a su extraño mensaje una vez más.

"Me pregunto qué parte de tu trasero quiere lamer," Angie reflexiona, con sus ojos brillando maliciosamente. "¿Solo quiere lamer la curva de tu trasero… o tal vez la raja? ¿Crees que quiera lamer cada recoveco?"

"Mi raja es una zona de no lamer, amiga mía," declaro, arrojando el centro de la manzana a un bote de basura cercano cuando nos ponemos de pie. "Además, solo me está tomando el pelo. Edward Cullen no quiere su lengua cerca de mi trasero."

"¿Y si quiere?" Alice pregunta, sonriendo de manera sádica. "¿Lo dejarías?"

"¡Ni en sueños!" Declaro, abriendo las puertas del Instituto.

Estoy mintiendo. Alice lo sabe, Angie lo sabe, y Cooch… esa perra hipócrita se está poniendo su traje de baño mientras hablamos.

~c00ch~

Soy un manojo de nervios el resto del día. Cada vez que veo a Edward paseándose por el pasillo rodeado por cualquiera de las chicas fanáticas de la banda, me meto a un salón vacío. Lo evito deliberadamente y cualquier comentario más que involucre lamer el trasero. Mis palmas están sudorosas y mis bragas están empapadas. Cooch ha festejado durante todo el día y realmente me estoy hartando y cansando de esa perra traicionera.

Cuando llego a casa, miro detenidamente a la chica en el espejo. Tiene largo cabello castaño claro y ojos grandes y asustados color moca con el cuerpo de un niño de doce años. De acuerdo, mi cuerpo no está tan mal… pero tampoco es tan genial. No es posible que Edward Cullen hablara en serio en ese mensaje. ¿Qué pudiera ver en mí? No soy nadie… solo soy una transferencia con acento de provincia a quien le encanta torturar todos los días.

Entonces caigo en cuenta, Edward me está poniendo una trampa. Iba a tomar mi error en el iPhone y lo usaría contra mí. Probablemente piensa que realmente quiero que lama mi trasero. Apuesto a que Edward, Jasper, y Emmett se rieron a mis expensas. Probablemente estén en la fiesta en este momento contándole a todo el mundo lo perdedora que soy porque le pedí a Edward Cullen que… lamiera mi trasero.

Me pongo mi traje de baño, un vestido blanco de tirantes y mis botas favoritas decidiendo que no voy a permitir que el chico que ama los traseros arruine la primera fiesta de mi último año. Subo a mi pedazo de chatarra de camioneta pickup y recojo a Angie y a Alice. Las tres nos dirigimos a la casa de Newton charlando emocionadas sobres las posibilidades de esta noche.

La fiesta está en pleno apogeo cuando llegamos. Nos quedamos en nuestros trajes de baño y nos dirigimos adentro. Los padres de Newton están escondidos en alguna parte, ignorando el hecho que chicos menores de edad están ebrios destrozando su casa. Newton es uno de esos chicos ricos de los que estoy celosa, pero simultáneamente siento compasión por ellos. Sus padres permiten que pase de todo, en nombre de la popularidad de su hijo, entre sus compañeros. Sin embargo, es algo triste, tener unos padres que prefieren que su hijo disfrute de la gloria de otros, a que en realidad les importe una mierda la destrucción que conlleva.

Angie me abandona por un chico de nombre Ben, que es miembro del Club Beta con ella. Alice se desvía a la escalera que conduce al segundo piso. Saca su armónica del pequeña parte superior del bikini que trae puesto y empieza a tocar junto con Ke$ha, cuya voz está retumbando en los altavoces.

La fiesta continúa y paso la mayoría de mi tiempo pretendiendo que no estoy buscando a Edward. Estoy cabreada cuando después de dos horas, todavía no está aquí. Comparto un porro con una chica de cabello oscuro de nombre Leah, con la que vagamente recuerdo trabajar con el personal del anuario. Fumamos blueberry yum yum (5) y nos drogamos terriblemente.

"¿Has escuchado la nueva canción de Brad Paisley (2)?" Pregunta, soplando humo en mi rostro.

La gente asume que porque soy de provincia me encantan todas las cosas country. Ruedo los ojos y agarro el porro de su mano, deambulando desde el área de la piscina y rodeando hacia el patio delantero. Los chicos se me quedan mirando mientras fumo descaradamente del porro, pero honestamente no me importa. Probablemente Edward les contó a todos que estoy obsesionada con que lama mi trasero. Estoy segura que todos se están riendo de mí a mis espaldas.

Hay una botella de un buen Jim Beam guardada entre los asientos de mi camioneta oxidada suplicando por ser bebida. Mi camioneta esta hasta el otro extremo de la entrada, prácticamente en la cuneta. Zigzagueo por entre los vehículos abandonados y abro la puerta que rechina del lado del pasajero. Maldigo la oscuridad de mi luz interior averiada cuando siento un par de manos calientes recorrer mis caderas. Me congelo, con el porro colgando de mis labios y lentamente me doy la vuelta.

"Compartir es bueno," Edward ronronea, tomando el porro de mi estupefacta boca.

Está sin camisa, con tatuajes salpicando su piel pálida. Un bañador colgando de la parte baja de sus caderas, y la infame V gritando mi nombre. Cooch despierta y empieza a hacer el Dougie (6) en la parte inferior de mi bikini, sacudiéndose y estremeciéndose. Trago secamente y jadeo cuando se inclina hacia adelante.

"¿Shotgun (7)?" Pregunta, levantando una ceja inquisitiva.

Asiento estúpidamente y me da una sonrisa de lado. Envuelve esos bonitos labios rosados alrededor del porro, le da una profunda calada, y se inclina más hacia adelante.

Lo encuentro a medio camino, rozando mis labios contra los suyos. Con nuestras narices acariciándose suavemente una a la otra mientras nuestros labios se abren. Edward sopla perezosamente el humo de su boca y yo inhalo profundamente. Ninguno de nosotros se mueve, ni siquiera después de soltar el humo de mi propia boca.

Mi sorpresa y nerviosismo finalmente desaparecen. Estoy aturdida. La hierba y la cercanía de este chico me deja tonta. Cuando susurra seductoramente, "¿Estás lista para que lama tu trasero?" Estallo en carcajadas.

"Edward," suelto una risita, cubriendo mi risa histérica con una mano. "Cuando te envié el mensaje se supone que dijera 'patear mi trasero' no 'lamer mi trasero'. ¡Sabes cómo me equivoco al enviar mensajes!"

"Mierda," murmura furioso, la palabra sucia saliendo de sus labios pecaminosamente dulces al alejarse de mí.

"Oh, vamos," frunzo el ceño, tomando el porro de sus manos y terminándomelo. "De todos modos, ¿esto no es algún tipo de trampa? ¿Dónde está Emmett y Jasper? ¿Ocultos en los arbustos, esperando ver que me humillas? Déjame adivinar… ¿tienen sus teléfonos listos para grabarlo y subirlo a Facebook para que lo vean todos nuestros amigos? Por favor. No es como si me encontraras ligeramente atractiva. Ya te divertiste. Vete ya."

Agito mi mano de manera despectiva al ver su rostro pensativo, arrojando lo que queda del porro en la hierba. Me doy la vuelta, hurgando entre mis asientos mientras continúo buscando el Jim Beam. Dejo escapar un chillido agudo cuando Edward agarra bruscamente mis caderas, estrellando su pelvis contra mi trasero.

"¿Sientes que esté atraído por ti?" Sisea en mi oído, restregando su larga dureza entre mis nalgas.

"¡Sí… sí!" Gimo, agarrando los asientos de cuero entre mis dedos.

Cooch despierta de su inquieto letargo. Pone algo de Marvin Gay y empieza a balancearse. Prácticamente puedo escuchar 'Let's Get It On' tocando de fondo.

"¿Me vas a dejar hacer lo que he estado soñando todo el verano?" Pregunta Edward, su voz llena de lujuria y veneno.

"¡Sí!" Gorjeo, porque maldición, soy débil y Cooch está a punto de explotar.

"Eso es lo que pensé," se ríe de forma sombría.

Edward deja de restregarse y agarra los lados de la parte baja de mi bikini. Sus dedos rozan mi piel, quedándose debajo de la superficie de la tela. Grito cuando jala el bikini por la parte de atrás, tirando bruscamente de la tela entre mis piernas, dándole a Cooch una buena e intensa provocación. Esa zorra también lo agradece. Está prácticamente llorando de la emoción.

Edward tira y tira de la tela por un rato, riendo con picardía al escuchar los gemidos de ramera escapando de mis labios cuando el bikini se restriega bruscamente contra mí. Cuando se cansa de eso, tira de los cordones y me quita el bikini totalmente. A estas alturas, estoy bocabajo contra los asientos de cuero roto de mi Chevy con mi trasero expuesto a la vista de todos.

"Me encantan estos hoyuelos," murmura, presionando sus pulgares en las pequeñas hendiduras de mi espalda baja, extendiendo sus otros dedos en mi piel enfebrecida.

El cabello rebelde de Edward y su aliento caliente rozan mi trasero. Siento su lengua, caliente y húmeda empezar en la curva de mi nalga derecha. Gime y gruñe, abriéndose paso en cada lado de mi trasero. La vibración de sus gruñidos provoca un cosquilleo de proporciones masivas. Presiono mi trasero contra su lengua y siento sus dientes mordisquearme al mismo tiempo que sonríe.

"¿Qué quieres, Bella?" Ronronea, alejándose de mi piel.

No puedo formar una oración coherente, no que importe. Sabe lo que quiero. Sus largos dedos se deslizan entre mis piernas y le da a Cooch un buen y firme apretón. Gruño, sonando como una perra en celo presionando a Cooch desesperadamente contra él.

"No sabes hace cuánto he deseado tocarte," gime, su admisión provocando que me ponga increíblemente mojada.

Edward me tienta por un momento, frotando círculos lentos, pellizcando y tirando, retorciendo y jalando. Introduce uno y luego dos dedos muy dentro de mí. Entran y salen tortuosamente lento, y empiezo a gemir como una prostituta.

"Shhh… tienes que estar callada," susurra, mojándose y sumergiéndose, envolviendo mi cabello en su mano libre y tirando de mí suavemente hacia él. "¿Estás lista para correrte, Bella?"

"Sí," gimo, con los dientes apretados y jadeando cuando penetra más profundo.

Mi cuerpo golpea haciendo ruidos húmedos contra sus dedos. Él los extiende y los curvea, cada vez llegando a ese lugar feliz muy dentro de mí. Pierdo el control, ciñéndome en torno a sus dedos, con maldiciones saliendo de mis labios. Sus movimientos se detienen al sacar sus dedos de mi cuerpo y suelta mi cabello. Caigo en el asiento de la camioneta, agotada y exhausta.

Cooch enciende un cigarrillo, se recuesta y se relaja por primera vez en meses.

"Gracias a Dios por los errores de iPhones," se ríe, dándome una nalgada haciéndome gritar.

Me vuelvo para fulminarlo con la mirada, sobando mi trasero adolorido. Edward suelta una risita, se agacha y agarra mi bikini. Lo arroja a mi pecho y lo atrapo fácilmente. Tengo problemas para volverlo atar, y mis ojos miran de un lado al otro de la entrada abandonada por si de casualidad alguien nos vio. Afortunadamente, parece estar desierta salvo por nosotros dos.

Edward me da una última sonrisa y empieza a caminar por la entrada hacia la fiesta, ajustando su gran longitud dentro de sus pantalones cortos. No hay besos de despedida, ni proclamaciones de afecto, no que en realidad esperara alguna, pero aun así sería agradable.

"¿Eso es todo lo que vas a decir?" Digo furiosa, sintiéndome un poco vulgar y usada. "¿Gracias a Dios por los errores en iPhones?"

Edward se detiene, se vuelve e inclina su cabeza hacia un lado.

"Por supuesto que no," se ríe, dándome su característica sonrisa burlona. "Continuaremos con esta… conversación más tarde. Te veré en casa… hermanita."

Mi boca se abre por el shock y Cooch… suspira, soplando besos, arrojando rosas y prácticamente se desmaya mientras Edward se aleja tranquilamente hacia la noche.


(1) Como tal vez ya se lo habían imaginado, Cooch es el nombre que Bella le da a su vagina (coño), en vez de darle otro nombre en español preferí dejarla en inglés ;)

(2) Todos nombres de cantantes de música country

(3) Estilo de baile relacionado con el punk, el metal y el ska

(4) Para que coincidiera dejé la palabra en inglés, pero 'weed' se refiere a la marihuana

(5) Una variedad específica de marihuana

(6) El Dougie es un baile hip-hop que generalmente se realiza moviendo el cuerpo con un estilo vibrante y pasando una mano a través o cerca del cabello.

(7) Soplar el humo del porro en la boca de alguien más mientras ella lo inhala. Casi como un beso, aunque en realidad no lo es ;)


Y aquí la tienen, una nueva traducción por la misma autora de 'Breakaway Bella', espero que les guste y se diviertan con ella. Un Edward y una Bella que aparentan odiarse pero la atracción entre ellos es evidente para todos, menos para ellos. Y para colmo, terminan viviendo en la misma casa como 'hermanos' jejeje, ¿se imaginan eso? Pero, primero veremos cómo empezó todo en el siguiente capítulo. Gracias por leer, de antemano, gracias por sus follows y favoritos y los 'me gusta' en Facebook, pero sobre todo, gracias por tomarse unos minutos de su tiempo en cada capítulo y agradecer el tiempo dedicado, que la verdad no es mucho últimamente. Pero además de que esto es un hobby que me ayuda a relajarme, recibir y leer sus reviews siempre alegra mis días, así que, como siempre, esperaré ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y poder leer el siguiente capítulo ;)