Los personajes no me pertenecen pero los haré madurar a la fuerza
La navidad había sido maravillosa, tantas sensaciones cálidas y hermosas, no podía parar de sentir intensamente. A pesar de enfermar de una infección bastante fuerte, tuve a mi sempai cuidándome afanosamente y luego ésa tierna confesión tan espontánea de él … que corrigió por lo penoso que es él, pero que yo estaba seguro de que se refería a sus emociones por mí. Jamás perdía la esperanza de que hubiera reciprocidad a mi afecto y la sinceridad de sus palabras revoloteaban todavía en mi estómago como si fuera un jovencito enamorado. Yo imaginé que todo saldría bien, incluso creí que él querría quedarse en el apartamento con la excusa de vigilarme y si lo hubiera hecho, tal vez hubiéramos cenado algo más sencillo, pero estaríamos juntos para ver el amanecer del año nuevo, sin embargo los visitantes de América, Tomoe el hermano de sempai y sus amigos, habían decidido quedarse para celebrar el año nuevo también, ya que en su país les daban esas fechas como festivas y podían pasar el tiempo en donde mejor les pareciera. Justo ahí comenzó el infierno que maldeciría, para poder llegar a ese momento que consideraría vergonzoso yo mismo, en que las luces daban en nuestra cara, mientras un beso entre ambos se volvió tan público…
Pero para llegar ahí hay que comenzar desde el inicio de esa semana. El viernes sería año nuevo, así que faltaban varios días para eso. Mi enfermedad del estómago parecía mejorar, pero todavía no podía comer bien, mi intestino estaba inflamado, igual que mi estómago que me daba náuseas y no me curaba obviamente por no cuidarme. Intentaba comer cosas adecuadas, pero olvidaba los medicamentos que debía usar, no dormía bien y trabajaba horas extras ayudando a sempai, pues él salía temprano a casa de su tía Matsuda, con tal de estar ahí por su hermano Tomoe, a razón de que él odiaba tener de cuñado a Kurokawa en vez de una cuñada mujer. Por supuesto lo que más me molestaba era el mejor amigo de Kurokawa ese tal Isogai, su insistencia en molestar a mi amado me hacía pensar quería robármelo. Realmente empezaba a cansarme y fastidiarme de ese asunto, no quería verme como un tóxico celoso hasta del aire que respira.
El primer día me colé a su casa diciendo que necesitaba darle un informe de los resultados, sempai dijo que no tenía que darle nada, pero obviamente me quedé a dormir. La amable señora mayor me invitó a quedarme en el lugar. Temprano desayunamos en familia y no se hicieron esperar los comentarios de Souichi de mantener a salvo a su pequeño hermano. De ahí a casa para cambiarnos y ducharnos, luego al trabajo. Mis vacaciones parecían irse esos días en más trabajo...que ya no era mío propiamente, pero era por ayudarle a sempai. El problema no era estar a su lado, sino que se iba temprano para estar con su familia y sentirme excluido no era nada agradable. Esa sensación tan rara de inconformidad… un vacío en el pecho que no me gustaba tener, ese que percibí cada vez que él me rechazaba de forma tajante. Más que nada, estar ahí en esa casa era pesado, puesto que sólo eran pleitos y más pleitos.
No me molestaba su papel de papá cuervo para con Tomoe, sempai ama mucho a su familia, pero a veces me pregunto si tanta efusividad no le cansará a su hermano menor, digo él ya está casado con Kurokawa, hasta donde se ve lo cuida bien y la relación funciona, creo que en cierta forma debería alegrarse porque es feliz…no quiero decir que sea un entrometido, aunque ya ha pasado mucho tiempo desde la última vez que convivió con Tomoe como para estar molestando a su pareja. Su hermano es buena persona pero dudo que tenga la paciencia de un santo, temo que algún día si sigue así, Souichi termine por socavar la templanza de Tomoe y se fracture su relación de hermanos.
Esa tarde nuevamente me dejó ahí en el laboratorio, a terminar algunas cosas importantes y cuando vi que dejaba la libreta con los cálculos para la mezcla que estaba intentando reproducir, pensé usarla para ir más tarde, pero justo antes de irse dijo:
— Más te vale no ir a entregarme nada. Puedes llamarme si hay alguna emergencia o si funciona nuestra fórmula.
No pude decir nada por la mirada tan fiera que me lanzó, hasta yo entiendo cuando peligra mi pellejo en lo que a Souichi se refiere. Esa frase determinante obviamente era para evitar que yo pudiera ir a buscarlo y estar al pendiente de él. Mi primer pensamiento fue para maldecir a Isogai… debe ser en parte también el motivo de su enojo. Me molestaba que ése conchudo se aprovechara de él, pues aún en mi cabeza, Souichi era tan inocente y lindo en su proceder que temía que de alguna manera Isogai lo estuviera seduciendo…y allá van otra vez mis celos infundados.
Por otra parte, y aunque me doliera, debía reconocer que era cruel sempai conmigo luego de la convivencia de éstos años, sé que aborrece las festividades, pero después de todo tampoco es tan fácil para mí desplazarme desde tan lejos para poder pasar tiempo con él y me ponga cara de pocos amigos… ya ni decir de mantenerme alejado, pensé mil maneras de ser invitado, debía tener un motivo para eso, no era como que podía aparecerme sin un motivo y que las damas me abrieran las puertas. Así que escribí a la pequeña Kanako:
«Kana-chan tengo una receta que me gustaría probar hacer juntos, una receta navideña para todos incluyendo tus invitados. ¿Crees que podría ir más tarde?»
Su respuesta no se hizo esperar, un enorme "si" con sonrisas y corazones dibujados en mi celular. Entonces, aunque sempai me pidió medir algunas cosas extras, yo dejé todo cerca de las ocho de la noche. Habían sido demasiadas horas trabajando y estaba agotado, con suerte apenas pude comer una manzana y una banana en todo el día, no tanto porque no tuviera tiempo, sino que no tenía mucha hambre todavía. Compré las cosas y al llegar a su casa, la cara de sempai era de enfado.
— ¡qué rayos crees que haces aquí idiota!
Pero para mi salvación, la pequeña Kanako corrió a darme un abrazo y tomó la bolsa con comestibles.
— Yo lo invité hermano, habíamos quedado que haríamos un postre, pero no tenía que traer nada, yo tenía de todo.
Me dijo la joven con una sonrisa adorable, mientras que sempai me dirigió ese par de ojos enfadosos que daban miedo. Estaba cansado, aunque mis celos eran más grandes que eso, no quería ver a sempai cerca de ese tal Isogai. Tantos años a su lado y él parecía llevarse con él y ponerse nervioso. Eso miré cuando entré a la habitación y lo tenía acorralado en una pared. No pude evitarlo y jalé a sempai lejos de ese. Lo llevé a aparte y lo besé, claro que lo besé, luego me di la vuelta sintiendo un tirón a mi mano bastante molesto:
— ¿Qué demonios crees que haces al traerme al baño, sabes lo que pensarán de ambos? Te estás volviendo loco Morinaga.
Aunque lo primero que dije con un suspiro pesado sin mirarlo:
— Isogai esto, Isogai aquello…maldito Isogai ¡Isogai, Isogai, Isogai! Sólo sabes de hablar de él ¿Tu y ese son algo verdad? ¡Lo detesto!
Su respuesta fue un golpe a mi cabeza y escapó de mí no sin decir:
— ¡Estás completamente loco!
Claro que me quedaría, era tarde y las damas parecían pensar que, si había ya tres chicos, cuatro no serían un problema. No fue grata la noche, todos vigilándonos mutuamente. Menos lo fue la siguiente noche y la tercera para mi fue el colmo, las compras con todos ellos, para luego ir a esa pequeña casa a escuchar lo malo que era que su hermano pequeño estuviera con ese tipo. Cada día más agotado, hasta que me quedé dormido en casa al ir a cambiarme luego del laboratorio.
Me despertó nuevamente sempai con un grito.
— Morinaga… oye que demonios…
Me levanté apesadumbrado, realmente sin nada en el estómago. Me ardía tanto que fui a la nevera y bebí leche para calmar el ardor mientras le respondí:
—Lo siento… ¿ellas preguntaron por mí? Olvidé que tenía que ir.
Un sempai algo gruñón me recriminó sobre el par de mujeres que casi lo acribillan con preguntas por mí y mi salud.
— Dijeron que si hoy puedes estás invitado a casa. Porque dicen que te estoy tratando como un tirano.
Tal vez era la enfermedad o que me sentí algo deprimido, pero no tenía ganas de ir. Suspiré pesadamente, en realidad me sentía tan agotado mental y físicamente que mis celos se veían opacados en comparación con mi molestia. Me reí internamente porque me sentía incapaz de sentirme más envidioso de la atención que recibía Isogai. El asunto fue que lo vi arreglarse, se puso un traje y peinó sus cabellos. Sin duda ese era un síntoma de que algo andaba mal, demasiado mal. Sin duda mis celos me tenían más controlado que mi infección.
Afortunadamente esa noche no había nevada como en navidad y cuando llegamos ahí estaba algo asombroso, había flores por toda la casa, además Tomoe estaba feliz, tenía esa sonrisa que jamás vi en nadie. Un rostro enamorado y discretamente le pregunté a Kanako si todas esas cosas las había hecho Kurokawa, algo que la pequeña afirmó.
No había felicidad en el rostro de sempai, al contrario, parecía una mamá cuervo, cuidando sus polluelos. Tuve miedo de acercarme a él, hasta que escuché en la calle la voz del idiota Isogai y los acordes de un shakuhachi, una flauta de bambú tradicional que sonaba maravillosamente y no podía negar que sentí un poco de celos, ya que nadie jamás me había traído música a ninguna parte y Tomoe corrió a la entrada de inmediato.
— ¡Kurokawa!
La voz de Tomoe emocionado llamó nuestra atención y todos salimos incluyendo sempai. Ahí estaban Kurokawa e Isogai justo afuera de la casa, la pareja de Tomoe usaba un elegante y sobrio kimono negro de dos piezas, en su saco tenía bordados dos pequeños símbolos romboidales y calzaba tabis blancos que resaltaban las sandalias de madera. Honestamente se había lucido porque se veía muy apuesto con el atuendo tradicional japonés. Isogai era más mundano y vestía un traje azul oscuro, pero me sorprendió que fuera tan entonado al cantar, casi ni lo reconocía… para mi molestia. En cambio sempai estaba que echaba chispas al ver el rostro de ensoñación en Tomoe. Se notaba tan avergonzado y furioso que gritando arrebató la flauta a Kurokawa. Eso era el acabose, lo detuve, se la quité antes de que la rompiera contra el suelo. Había llegado mi límite, puesto que no era justo que arruinara ese regalo que Kurokawa hacía.
— ¡Basta sempai! No los ves que son felices… Yo quisiera tener alguien así
Cuando dije eso recibí un golpe en la cabeza y esa mirada enfadosa que ya conocía:
— Morinaga eres un idiota. ¡Todos entren ahora!
Como era el jefe de aquella familia, todos obedecimos entrando y luego de que azotó la puerta yo suspiré. No esperaba nada, ni consuelo, la pequeña Kanako, su hermana pequeña, realmente no entendía muchas cosas sutiles que los adultos teníamos, o mejor dicho ella no entendía ese juego entre sempai y yo, ese mismo de estira y afloja que ahora me resultaba odioso y absurdo. De pronto sentí una mano grande y cálida en mi hombro, no esperé imaginar quién podría ser, hasta que volteé para agradecer silenciosamente a… ¡ISOGAI!
— Tranquilo… ¿todavía sigues enfermo verdad, el tirano no te ha dejado descansar?
Las palabras de apoyo de Isogai no me confortaban. De todas formas, no es como que yo necesitara apoyo de alguien así.
— No es nada…
Apenas murmuré intentando no hacer una escena. Me aparté caminando a la cocina escuchando los gritos de los demás. Había ido ahí como un invitado de esas lindas mujeres, era mi deber ayudarles. Cuando tuvimos todo listo y la carne estaba en el horno, volví a la sala agotado, ahí estaba Kurokawa con Tomoe a su lado, se veían tan felices que casi me sonrojo al contagiarme de su alegría. Aunque en realidad yo sólo estaba bastante fastidiado por mi infección del estómago y ya empezaba a agotarme Souichi por su actitud al respecto. Realmente yo sobraba en ese sitio. Entonces de nuevo esa voz odiosa a mi lado.
— Deberías dormir un poco, tienes ojeras y además no es común en ti ese gesto.
¿Isogai de verdad me estaba intentando ayudarme? ¡Debo estar alucinando por mi malestar, porque en serio no podía creerlo! Era tan raro y a la vez él tenía razón, yo tenía que estar en cama descansando en vez de estar ahí viendo ese espectáculo vergonzoso. A pesar de eso, no quise demostrar mi debilidad, ese hombre seguro que quería deshacerse de mi para quedarse a mi sempai a solas... y ya no supe que más pensar de todo eso.
Lo que suponía debía ser una tranquila velada familiar, se estaba convirtiendo en una pesadilla. A decir verdad, sólo quería que todo terminara pronto para poder ir a la cama y morirme en paz.
— ¿No tienes un amigo que defender? ¿Otra persona que molestar?
Le respondí hastiado a Isogai, aunque lo que quería era salir de allí para llorar hasta desahogarme. Quería seguir disfrutando de una deliciosa cena que tal vez ni podría degustar por lo mal que me sentía, además compartir la alegría de los invitados y pensar que el siguiente año va a ser el mejor de todos, en serio creo que no podré sostenerme por más tiempo con tantas discusiones por las majaderías de sempai, no únicamente para mí sino a todos. Suspiré con pesadez de pensar que Souichi no podía soportar la tranquilidad de los demás y todo tenía que ser bajo sus términos.
Si por él fuera cenaríamos ramen instantáneo y se desvelaría metido en las anotaciones del proyecto que parece que nunca va a terminar.
En la sala, sempai estaba ahorcando a Kurokawa, pero Isogai no hizo nada, el que hizo algo fue Tomoe… para sorpresa de todos. Desde el sofá vimos cómo se enfrentó a su propio hermano con gesto decisivo:
— Es mi esposo hermano, debes aceptarlo, papá lo aceptó y mamá querría que tú lo hicieras. Si no lo sueltas jamás volveré a visitarte y no serás bienvenido en mi casa ¡Nunca!
Sempai estaba atónito por la actitud de su hermanito, sin sentirlo soltó a Kurokawa y refunfuñó con molestia sin dejar de mirarlos a ambos:
— Está bien… pero si se atreven a hacer cosas pervertidas en mi presencia yo mismo los echaré.
Lo que no iba a suceder para no echar a perder la víspera de año nuevo con rencores, aunque en el fondo me alegré por Tomoe al mostrarse tan maduro para manejar la situación, ya se lo había advertido a sempai pero me dio gusto que por fin su hermano haya sentado un precedente. Me derrumbé agotado en el sillón de la sala, no era propio de Isogai dejarlos a merced de la ira de sempai, pero al parecer algo tenía que ver con la súbita rebeldía Tomoe, lo que me hizo alegrarme por ellos.
El entrometido se portaba extraño, pero no me era molesto ya. Se recargó en el sofá diciendo:
— Son demasiados días de estar a la ofensiva, estoy cansado de eso, no entiendo como Souichi no se cansa.
Solté una risa burlona y resoplé negando, sin dejar de mirar al frente, realmente no quise verlo, no comprendía porque yo estaba siendo su compañía:
— Tampoco entiendo, a veces hacemos cosas sin entenderlas porque las queremos, más bien porque amamos a personas que no lo entienden.
— Tampoco te entiendo a ti, los entiendo a ellos porque siempre he convivido con ése par, ellos se quisieron desde que se conocieron. Pero y tu… no recibes nada… quizá muy poco.
Eso dolió…y mucho, Isogai no me entendía, nadie me entendía sobre sempai. Lo sentí en sus palabras, celos de que uno pudiera enamorarse de un imposible… incluso hasta Hiroto me lo dijo alguna vez, que estaba mal enamorarse de una idea que tal vez era imaginaria, aunque era real cuando le tenía en mis brazos sin resistirse. No importaba lo que los demás pudieran pensar, porque yo sabía lo que tenía. Sólo debía ser paciente, lo veía en sus ojos, a veces veía ese afecto tan delicioso que me envolvía para tomarle y recargar mi afecto con su ternura.
Mientras charlaba con Isogai en el cómodo sofá de la sala, nos trajo un poco de ponche caliente la tía Matsuda y empezamos a beberlo juntos viendo la escena familiar en la mesa, tan pacientes y felices escuchando historias de cuando eran niños. Por una parte, yo quería marcharme al volver a sentir el vacío y frustración en mi pecho, por la otra, un fragmento de mi ser quería desesperadamente encajar en ese cuadro.
Sin embargo, ahí estaba "ése pero" recordándome mi lugar en la vida de la persona que yo amaba, siempre como el "amigo de la familia", más nunca como lo que tenían Kurokawa y Tomoe. Básicamente Isogai y yo estábamos en la misma posición ahora aunque me molestara, era cierto pues ambos somos solo un par de invitados queridos por la familia.
Me voy a escuchar muy mezquino, pero cómo envidio a Kurokawa y Tomoe, su relación es recíproca y siempre hablaran de frente con sinceridad de todo lo que les aqueje o les de alegría. No tendrán que asumir o adivinar lo que el otro piensa porque siempre lo dialogaran…no todo lo es el lenguaje corporal. Algunas veces quisiera hacer eso con sempai, tal vez escuche mis peroratas, pero casi nunca comenta nada al respecto y me lo deja a mi criterio, no comparte más que de sus problemas en el laboratorio con los proyectos y tampoco es muy empático con quienes colaboran con él, nunca me comparte sus inquietudes en lo que se refiere a su familia cuando se queda con tía Matsuda y Kanako o si se comunica con su padre.
Volví a suspirar con pesadez, entonces Isogai dijo en tono quedo:
— No somos parte de ellos.
Dijo esas palabras con un aire lleno de nostalgia y solitud, después de todo Isogai también parecía tener esa misma necesidad de afecto, al vivir siempre trabajando y viajando. No me había puesto a reflexionar sobre lo triste que se escuchaba eso…más en éstas fechas, de alguna forma sentí una extraña cercanía o tal vez conexión con él y contra todo lo establecido suspiré para comenzar a hablar sobre mi hogar, de mi madre y padre que me echaron de casa. No supe porque hablaba de eso, para luego escuchar sobre su madre también. Pero los Tatsumi eran buenas personas, la tía recibía a Kurokawa como su hijo, sólo por ser el esposo de Tomoe. De pronto y tras un breve silencio, Isogai estaba contando chistes, se nos acercó Kurokawa algo cansado y le hizo segunda a su amigo con sus ocurrencias. Por primera vez en toda la noche me sentí relajado y hasta contento… era como si embonara entre ése par, ya que no pude evitar unírmeles en sus anécdotas para seguir riéndonos, era tan agradable ambiente. Pero entonces noté de inmediato esa mirada asesina, el par de ojos tras las gafas y el frío aire que daba esa aterradora mirada a cualquiera que se la dirigiera.
Interrumpió ese ambiente la señora Matsuda que anunció que la cena estaba lista. Me levanté a servir, quería ser de utilidad, pues sólo era un invitado. La mirada de Souichi era pesada y filosa como una daga lo que me hizo tragar saliva de los nervios, cuando ponía los platos no me senté a su lado por prudencia, ya que todavía me dolía el coscorrón de hace rato. Me senté frente a él pues tal vez así podría verlo pero en sus ojos se develaba la ira creciente… lo que me dio aún más mala espina y después ya no me dirigió una sola mirada. De todas formas, ya me estaba dando igual, yo estaba enfermo y no quería comer mucho pues apenas piqué la carne, recordando que no había tomado la medicina y ya no tenía más. La cena hizo el tiempo pasar y el brindis del año nuevo estaba en pie, las copas y los buenos deseos, entonces llegaron los abrazos junto con las felicitaciones. No pudo negarse al mío sin embargo se sintió muy tirante y hasta incómodo, pero apenas su hermano Tomoe abrazó a su esposo Kurokawa y se miraron de esa forma tan dulce, él saltó a separarlos y finalmente estallé:
— ¡Ya basta sempai! No ve que ellos se aman, déjelos en paz por una vez en toda la velada.
¡Oh…oh! No debí decir eso, no debía meterme en lo que no me importaba, menos por esas palabras crueles que recibí luego de mi exabrupto:
— Tú no eres nadie para decirme qué hacer, sólo estás aquí porque me obligaron a invitarte. Ni siquiera quería que vinieras, igual que ese estorbo.
Dijo señalando a Isogai el cual se señaló a sí mismo fingiendo sorpresa. En ese momento no pude más y sentí ese horrible dolor en el pecho, una sensación tan triste y lánguida se asentó de tal forma como si oprimieran mi corazón. Me levanté para disculparme, si no salía de ahí terminaría llorando, tras de mi sentí la presencia de Isogai junto con la tía Matsuda quien tenía un gesto de preocupación, un horrible mareo me asaltó de seguro por todo el estrés acumulado y no comer bien. Me sujeté del sofá con una mano para sostenerme ¡Por todos los cielos no ahora! Quería sentarme temiendo desmayarme como hace una semana pero no lo hice, una parte de mí no quería darle el gusto a él de verme caído por sus mordaces palabras llenas de mezquindad. Respiré hondo tratando de aclarar mí nublada vista y titubeé un poco al decir:
— Disculpen las molestias pero debo irme, muchas gracias por su gentileza Matsuda-san ha sido una semana muy pesada y necesito descansar, además se me terminó la medicina y cerca de aquí hay una farmacia de veinticuatro horas para surtir la receta. Gracias por invitarme.
Todos estaban pasmados incluyendo Isogai y eso era lo más incómodo. No había celos o mala voluntad de mi parte, no sentí molestia con él y me percaté que si hubiera tenido una amistad así en el pasado, quizás otra cosa habría sido mi existencia, tal vez tendría otra vida.
La mano de Isogai que puso en mi hombro, me brindó una extraña sensación de calma, quería enojarme con él pero no pude porque su apoyo incondicional pese a saber lo mal que me cae es lo único que me sostuvo.
— Yo te llevo en el auto que renté, creo que ellos necesitan un tiempo familiar. Gracias por su hospitalidad señora Matsuda y disculpe por mi abrupta salida.
Dijo él mientras Kanako se acercó a mi preocupada por mi leve tambaleo.
— ¡Morinaga aún no se repone! Casi ni comiste y te ves pálido.
Ésa niña es muy perceptiva y tan adorable, pero no quiero que se preocupe más al menos por mí, quizás y con mi ausencia mi sempai se tranquilice para que pasen el resto de la velada en paz, así respondí con una sonrisa breve:
— Si estoy bien, sólo necesito dormir, creo que aprovecharé el aventón y me iré al departamento, no es su culpa, ni de él, tiene razón en parte...no debo meterme en asuntos ajenos.
La pobre tía Matsuda estaba muy apenada por la escena al grado de no saber ni como disculparse, yo le tomé de las manos e hice una reverencia tratando de sonreír para que se calmara un poco, luego salí de ahí con mi chaqueta porque hacía frío y me subí a ese auto. Era mejor regresar al departamento, aunque no era mío, que quedarme ahí donde él me hacía sentir tan mal.
En el auto, Isogai trataba de amenizar el trayecto…desafortunadamente ni siquiera estaba de humor para reírme o pelearme con él. Nada de lo que dijera me parecía divertido, a pesar de que un rato antes, yo mismo le hice comparsa, no podía culparlo aunque quisiera, porque realmente sempai ha estado insoportable desde antes que llegaran de América, no es su fuerte las festividades navideñas y de año nuevo creo que hasta sacan lo peor de él. Por más que me caiga mal Isogai debo admitir que él fastidia a sempai para cobrarle los malos ratos y molestias que le hace a Kurokawa su amigo, podría decirse que en parte se lo tiene merecido por seguir negando el hecho que Tomoe ya es mayor de edad y tomó su decisión.
— Souichi tiene muy mala bebida y más cuando se pone en la necia, no sé cómo es que lo soportas así Morinaga… ahorita ha de estar saqueando la casa de su tía para buscar todo el licor, si no se fija es capaz de tomarse una botella de aguarrás.
Lo miré con molestia pues soltó una risa fuerte… ese tipo realmente no sabía cuándo podía reírse y cuando no, pero entonces un viejo recuerdo me asaltó sobre cierta botella de licor adulterado con afrodisíaco que tuve a mal de aceptar y lo peor esconder en la casa. Tragué grueso y fingí demencia por el acertado comentario.
— ¿Sabes que estaba celoso? —Soltó de pronto Isogai — Souichi se enfadó más cuando te sentaste en la mesa a mi lado, creí que en cualquier momento brincaría sobre mí si volvía a pedirte la salsa.
— ¿Por eso me pediste como veinte veces la salsa? —Exclamé sorprendido al darme cuenta de detalles que se me pasaron en la cena por sentirme miserable — Ya se me hacía extraño tu gusto por ponerle salsa a todo ¿Y te divertiste?
— Pues no lo voy a negar, solo porque no podía tomarle una foto — Respondió socarronamente mi acompañante—Cuando estábamos en la sala tú y yo antes que llegara Kurokawa, Souichi estaba furioso… debías haber visto su cara roja de coraje cuando empezamos a reírnos.
No dije nada a sus palabras, no me había fijado en eso, tal vez era verdad pero yo no quería más peleas, ni discutir por cosas que ni al caso… solo quería un trayecto tranquilo y pese a que no era molesta la charla, me estaba dejando con algunas interrogantes Isogai.
— En realidad eres un sujeto agradable Morinaga, siempre he dicho que debes ser la tolerancia personificada… No es broma, también tienes un buen sentido del humor y según he visto eres una persona muy amable además de responsable, eso sin nombrar atractivo y buen cocinero por lo que me han dicho.
¿Acaba de adularme Isogai? Creo que debo estar recayendo en la infección porque dice todas ésas cosas tan gentiles, Él seguía conduciendo por las calles tranquilas de la ciudad, sin quitar su sonrisa pícara pero que por alguna razón me daba confianza.
— Vas a hacerme sonrojar si sigues así—Respondí un tanto siguiéndole la corriente, él pareció adivinarlo y dijo:
— Morinaga tú siempre te has hecho una extraña idea errónea sobre Souichi y yo, pero realmente nada qué ver — Isogai da la vuelta en una esquina y se detiene frente a una farmacia, mientras apagaba el motor del coche comentó mirándome de frente:
— Estimo mucho a Kurokawa y me fastidia que a éstas alturas del partido todavía no asimile la relación con Tomoe.
— Bueno él ha pasado por muchas cosas muy pesadas… traumáticas—Isogai levantó la ceja derecha y me respondió con tono serio:
— Si fue traumático para eso se busca ayuda profesional, necesitas soluciones… no con quien desquitarte, de nada sirve ir por la vida culpando a otros de todo lo malo que te haya pasado, solo harás sufrir a tus seres queridos y nunca podrás estar en paz, por no decir que seguirás solo rumiando tu miseria lo que es más triste.
Me quedé de una pieza con la respuesta tan directa, ni siquiera supe qué contestar.
— Morinaga… sé que quieres defender a tu amado sempai, pero no a costillas de que lastime intencionalmente a los demás. Intuyo que debe tener sus razones para ser así de amargoso, pero tampoco es que se le deba justificar el daño que le hace a su hermano solo por no aceptar a Kurokawa… o a ti por sus razones extrañas—Era como si no quisiera ahondar mucho para no parecer imprudente— Siempre has estado a su lado en las buenas y en las malas para apoyarlo, ya no decir que tú y él ya deberían formalizar más la relación que tienen...pero ambos sabemos quién es el que no da su brazo a torcer luego de éstos años…y me extraña porque ya eres un hombre independiente que no tendría que aguantar el maltrato de nadie, otros ya se hubieran replanteado lo que de verdad quieren en ésta vida.
Era cruel pero no dejaba de tener razón, quisiera poder decir más cosas pero Isogai no es del tipo de persona que se inmiscuya en asuntos personales…menos hablarlos en momentos poco propicios como ahora que me sentía tan indispuesto, quizás debería tomar el consejo, luego de cómo se ha comportado conmigo sempai.
— Dame la receta, está helando y no creo que te vaya a beneficiar si sales así como estás. De hecho has sido muy arriesgado el andar de un lado a otro convaleciente, también compraré algo para la fiebre por si las dudas.
— ¡Espera! No tienes que…— Isogai agarró la receta y me miró con una seriedad casi paternal, para luego responderme con tono autoritario:
— No estás en posición de discutir ya que desde el momento en que subiste a mi coche soy responsable de ti y tu integridad, mi coche mis reglas… abrígate que ahora salgo.
Y pues me tuve que quedar en el coche con la boca abierta por el regaño, luego que regresara le indiqué donde estaba el departamento.
Después de unos diez minutos llegamos al edificio y como dijo mi acompañante inusitado hacía un frío espantoso pese a que no estaba nevando. El ambiente se tornó muy raro luego de aquélla charla y el resto del camino solo puso el radio para tararear mientras me acurrucaba en el asiento como niño castigado. Cuando llegamos no pude evitar estremecerme por el frío e insistió acompañarme a la puerta del apartamento para evitar algún accidente. A estas alturas con la infección y tantas emociones encontradas ya no pude objetar nada, solo quería llegar a dormir.
— ¿Puedo pasar la noche en tu sofá? — Suplicó Isogai con las palmas de las manos unidas sobre su cabeza en el marco de la puerta. Era simpático ése gesto aunque me pese reconocerlo y no pude evitar medio sonreír — Recuerda que no soy bienvenido allá y menos porque ahora Souichi va a culparme de que Tomoe le plante cara.
— En parte es cierto — Isogai me mira con su habitual sonrisa conchuda y murmura en un gracioso tono infantil.
— ¿Por favor? — Suspiré bastante cansado mientras agregaba con un guiño — Mañana nos vamos, así que creo que es mejor estar lejos de ellos, tú sabes… darles espacio y que resarcen un poco las cosas.
Entendía su postura muy bien y mucho más el que estuviera lejos de sempai, así no habría mayores problemas entre ellos después de todo lo ocurrido hoy. Por lo que decidí de inmediato:
— Si está bien, tendrás que conformarte con el sofá de él, yo ya no vivo aquí, pero me estoy quedando en mis vacaciones.
Entonces esa risa burlona nuevamente y yo aclaré la garganta:
— ¿Así que el tirano te deja quedarse en su habitación?
Era obvio que si, aunque en todas las vacaciones no habíamos tenido intimidad, sólo dormir como tal.
— Ya quisiera, no es lo que crees… es tan agotador el trabajo últimamente que apenas he podido descansar, pero no me incomoda dormir en el futón.
Intenté explicarme mientras lo dejaba entrar y yo buscaba las cosas para ir a dormir, ya que no es como que yo quisiera trabajar o como que no lo deseara, pero realmente estas vacaciones habían estado lejos de ser lo que había imaginado. Ese tipo entendió con mis palabras mientras le di unas frazadas y una almohada que tomé de la cama y las llevé a él en la sala.
— Estoy tan harto de cargar con tantas presiones ajenas, ni en mi trabajo tengo tanto estrés como en éstas dos semanas pasadas.
— Y luego enfermo…
Cuando dijo eso sentí esa punzada en el pecho triste. Le dejé una taza de té antes de irme a la habitación. La mía fue para pasar la medicina. Entonces me despedí para ir a dormir a la habitación de sempai. Normalmente dormiría en un futón pero ahora que él no estaba, podría descansar tranquilamente en su cama.
Cuando entré a la habitación daba vueltas en mi cabeza demasiadas cosas. El problema fue que mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz de mi invitado. Tenía muy alto el volumen del celular y para colmo en altavoz, no pude evitar escuchar el escándalo, era como si estuviera en medio de una discusión:
— ¡Hola Kurokawa! Tetsuhiro y yo llegamos bien… En serio Kurokawa, Morinaga está bien aquí en el departamento y si Kanako no cree pásamela.
En la habitación sólo podía pensar… Quien sabe…quizás debería tomar la palabra a Isogai, como dice él soy un hombre totalmente independiente, sobre todo ahora que tengo un buen empleo. Tal vez hago demasiado por una persona que no lo valora y que encima se molesta cuando el que hace todo un circo para viajar desde tan lejos soy yo.
El sueño poco a poco se adueñó de mis sentidos, abracé la almohada y al fin dejé de escuchar ruidos.
Cuando desperté me sentí mucho mejor, ese hombre había preparado algo para mi sensible estómago, había arroz hervido con un aroma levemente a vainilla y azucarado un poco. Me senté a la mesa y comí en silencio degustando el sabor y agradeciendo las atenciones de Isogai…quizás debería hornear algunas galletas después y contactarlo para dárselas en retribución. Tenía horas sin revisar el móvil y no tenía ganas de leer los regaños de sempai, así que no lo hice. Isogai no estaba a la vista pues se bañó mientras yo desayunaba y quería agradecerle nuevamente que me hubiera ayudado a salir de ahí sin desmayarme en la calle. Pero cuando salió, empezó a sonar su celular y yo no le dije nada, sólo me metí a la regadera y salí en una toalla viendo que tenía una videollamada con Kurokawa. No quería pero cuando salí fui casi acorralado en la salida de la ducha.
— ¿Sucede algo Iso… — Ni siquiera me dio tiempo a reaccionar, Isogai volteó y cuando me vio avanzó rápido hasta mí, rodeándome con su brazo derecho levantó el celular y dijo con aire alegre:
— ¡Sonríe Mori! — Un flashazo nos iluminó y recordé que solo traía la toalla puesta en la cintura, pero fue tarde, ya que inmediatamente Isogai se apartó para teclear el celular y mandar la foto.
— ¡Isogai! ¿Qué demo…
— Las damas necesitan pruebas de que aún no nos hemos matado tu relájate —El sonido del celular de recibido se dejó escuchar, lo único que pude atinar a hacer es prácticamente correr a vestirme a la habitación.
— Eres un idiota Isogai debiste esperar a que me cambiara.
El muy fresco quitó el altavoz y lo pegó a su oído gesticulando una frase entre risas ahogadas:
«Souichi está gritando… me traje su celular»
Me relajé porque relativamente todo parecía en orden así que en elegí mis ropas y me vestí para esperar que terminara su llamada. Me sentí un poco cansado y me tardé, cuando terminé ya no escuchaba el celular ni su voz. Así que fui a la sala para agradecerle el desayuno y sus atenciones, pero me lo topé en la entrada del departamento tomando su chaqueta.
— Espera Isogai ...Muchas gracias por traerme y por el desayuno.
Éste volteó a mirarme con la misma sonrisa conchuda y picarona, una parte de mí resintió con tristeza su pronta salida ahora que habíamos limado asperezas.
Se veía un poco nervioso, tan raro cuando se calzaba a prisa, aunque no me importaban sus asuntos. Todo fue demasiado a prisa en cuanto escuché la llave en la puerta y mi reacción fue de extrañeza, sin embargo era posible que Tatsumi ya hubiera regresado de la casa de Tía Matsuda, listo para regañarme por meterme donde no me llaman.
Sin embargo no esperé que Isogai se levantara tan rápido para caminar justo frente a mí al grado de parecer intimidante. No podía creerlo y menos después de haberme mostrado su lado gentil, quizás era mi debilidad ya que no pude moverme cuando sus ojos grises se clavaron en los míos y solo me quedé ahí viéndolo como conejo asustado. Mi espalda chocó contra la pared haciéndome sentir arrinconado por su súbito cambio. Su cuerpo era casi tan grande como el mío, también era muy fuerte, porque estamos hablando de un sujeto que practica artes marciales y no tiene ninguna dificultad en parar en seco a un oponente…si fácilmente somete a mi sempai que golpea duro, yo no tenía oportunidad, menos estando debilitado por mi infección.
Isogai me puso contra la pared con firmeza pero sin ser tosco, sus manos grandes me sujetaron de los hombros y entonces el pánico se apoderó de mis sentidos porque me quedé paralizado. No quería creer que mi invitado hubiera urdido tal teatro solo para desquitarse de sempai por molestar a su amigo, no ahora que ya tenía otra opinión de él y que incluso me agradaba mucho ¡No lo creía capaz de…
— Mori en serio me simpatizas —Me dijo con tono firme y gesto determinante. Luego se asomó una media sonrisa y por un instante la mirada en sus ojos se suavizó—Por lo mismo no me odies.
Agrandé los ojos desmesuradamente por la sorpresa y me abrazó con fuerza evitando que luchara o me moviera, mis músculos no me respondían porque no entendía lo que pasaba y la confusión me envolvió, la puerta al fin se abrió.
Un susurro en mi oreja me hizo estremecer…
— Vas a tener que disculparme Mori.
Los labios de Isogai se posaron con rapidez en mi mejilla izquierda en un beso pequeño y fugaz, yo solo pude parpadear abrumado por no poder procesar nada de lo que pasaba. El gran y enorme problema lo vi como si fuera en cámara lenta, pues una sombra densa se asomaba en el marco de la puerta.
Esa aura maligna que estaba frente a ambos no era otro más que Souichi hecho una furia, jamás en la vida lo miré así tan aterrador, despeinado con los puños crispados y todo su cuerpo tenso listo para atacar, pero lo peor era destello de fuego en sus ojos pues era terrible como sacado de los mismos infiernos.
Ahora la mirada de enfado iba sobre mí.
De pronto un puño voló directamente hacia nosotros pero Isogai que aún me tenía abrazado contra él y me hizo a un lado. Apenas pude sostenerme por la rapidez del movimiento, mi protector seguía sosteniéndome del hombro derecho contra su costado haciéndola de escudo entre Souichi y yo… cada vez entendía menos.
— ¡Eres un cabrón Isogai! Suelta a Morinaga, porque voy a matarte.
— ¡Sempai! ¿Qué pasa aquí?
Atiné a gritar confundido y alterado por todo el escándalo, Souichi me fulminó con la mirada respondiendo:
— No te hagas el inocente, vi la foto que mandó éste maldito desde mí celular que se llevó para no llamarte directamente.
Estaba confundido y cuando voltee a la puerta, isogai se había ido dejando abierto de par en par. Menos entendí porque la selfie que nos tomamos no era para tan… ¡Un momento!
— Dijo que tú y él se habían acostado. Realmente hiciste… Sabes qué… maldita sea olvida que pregunté. ¡Sólo largo de mi casa!
Celos… esos si que eran celos, nunca en la vida lo miré de esa forma. Me sentí feliz, aunque me había corrido de su casa.
— No sempai, te juro que jamás, no tocaría a nadie que no seas tú, ni dejaría que nadie me tocara.
Pero no había tranquilidad en su rostro, iba a tomar su mano cuando de nueva cuenta me empujó contra la pared. Levantó el puño contra mi rostro y cerré los ojos.
— Él te besó, yo lo vi.
Dijo en ese tono que era extraño en su voz. No sabía porque esperaba a golpearme, sólo escuchaba mi corazón agitado aguardando por una paliza. Entonces me apresó en la pared, sus manos sostuvieron las mías. Sus jadeos erizaron mi piel puesto que no sabía qué esperar en medio de aquélla vorágine de sentimientos encontrados, sin nombrar el hecho que mi cuerpo no respondía aún por mi convalecencia… a éste paso seguro iba a recaer nuevamente y ésta al hospital.
Bueno…eso pensaba hasta que sin previo aviso me besó en los labios de forma ruda y apasionada, el calor de su cuerpo me envolvió mientras mi corazón se aceleraba de emoción, el fuego parecía fundirnos en uno solo y el mundo por un instante se ralentizo. Su suave lengua repasó mi boca y acarició mi lengua ávidamente.
No me moví, no hice nada por quitarlo de encima de mí. Cada momento que pasaba todo se volvía más raro aún. Si primero no me esperaba esas cosas de isogai, después fue sempai en ese arrebato que había amado, pero sin duda lo que menos esperé fueron las risas y la luz de la cámara varias veces. Ahí estaban Tomoe, Kanako y hasta la señora Matsuda. Me soltó y su rostro completamente rojo, yo seguía asombrado, así que no podía ni hablar.
— ¡No es lo que creen! Morinaga, explícales.
No podía decir nada, sólo sonreí como idiota, cuando Tomoe dijo dando una palmada a mi hombro:
— Bienvenido a la familia.
Resulta que sempai no se había fijado que al irse, Isogai había dejado abierto, claro que yo tampoco me percaté de eso, pues parecía que iba a asesinarme. Ahí atrás de todos, estaba ese hombre que había solucionado mi problema. Su voz dijo suavemente.
— Morinaga sólo me dejó dormir en el sillón.
Pero sempai estaba petrificado, balbuceaba apenas audible:
— No soy gay… él y yo no somos… Morinaga es especial.
Su vergüenza había sido tal que salió de la habitación al balcón del pequeño departamento a fumar. Todo era extraño en ese momento pues su familia no se fue y todos se quedaron para compartir la cena de año nuevo que habían traído para departir juntos. La señora mayor fue a la cocina trayendo platos y le ayudé a ponerlos en la pequeña mesa. Nos tendríamos que sentar en la sala con algunas sillas para que todos alcanzaran asiento y mientras ella repartía la comida, Kurokawa y Tomoe nos explicaron que al irnos Isogai y yo, mi sempai se puso a beber como si no hubiera mañana. Tía Matsuda había hablado con él para llamarle la atención por su comportamiento durante las festividades, sin nombrar de ser un ingrato, pues en vez de enojarse por invitarme a pasar las festividades él debió exhortarme a ello.
Al parecer la reprimenda de la dulce mujer sí había llegado al corazón de sempai, porque le hizo ver que si seguía así terminaría completamente solo. Sus hermanos y ella terminarían por alejarlo de sus vidas, para que no siga interfiriendo todo por su egoísmo desmedido. Agregando, la Tía Matsuda lo quería demasiado para verlo llegar a ése punto sabiendo del orgullo y soberbia que le impediría reconocer su gran error. Lo peor era que toda la familia sufriría por la fractura…eso sin nombrar el señalarle que por mucho que yo siempre le apoyara, llegaría un momento en que me cansaría o alguien vendría a abrirme los ojos y también lo dejaría atrás.
Habría sido épico, sempai se portó tan raro la noche anterior, al menos eso me dijeron, que luego de quedarse pensativo fumando solo en el patio como por una hora, fue a disculparse con Kurokawa por echar a perder el regalo de Tomoe…pero se puso a beber licor y se quedó dormido en la sala. Súbitamente se despertó Souichi caminando por todo el lugar y diciendo en voz alta cosas como:
"¡Ese tonto de Morinaga se fue enojado! ¿Cómo se atreve a largarse así nada más con el bruto de Isogai? ¡Claro luego de que se hicieron amiguitos riéndose como idiotas!"
Comentó Kurokawa tratando de imitar el tono ronco de sempai y hasta sus ademanes.
— ¡Eres un idiota Kurokawa! ¡Yo no hablo así! — Gritó sempai volviendo luego de shock de que todos supieran lo nuestro.
Nos quedamos en silencio ante tal confesión y más nos sorprendimos cuando Tomoe agregó:
— Porque Isogai lo cuidó mucho mejor en una noche que tú en una semana.
— ¡Tomoe! ¿De parte de quién estás? ¡Soy tu hermano mayor!
Retobó sempai incrédulo que su hermano menor también estuviera de parte nuestra. Isogai se levantó retador dejando su comida de forma que sempai se sintiera intimidado y no pudiera hacer nada. Entonces le dijo:
— ¡Por favor Souichi hermano! Estás fuera de ti y tenemos que aclarar todo éste zafarrancho. Prosigue Tomoe… él no hará nada ¿verdad Souichi?
La verdad todo se había hecho un circo, antes de que pudiera decir yo algo, el hermano menor de Souichi dijo:
— Y lo siguiente que escuchamos nos hizo temer lo peor.
— ¡NO TE ATREVAS TOMOE!
Sempai amenazó, no tanto molesto, sino más bien parecía sumamente avergonzado. La tía estaba en silencio observando la escena con una sonrisa.
— Él dijo… ¿Y si Morinaga de verdad ya se hartó? ¿Qué pasaría si el idiota de Isogai termina por seducirlo solo por molestarme? Pero ese idiota kohai nunca está tan alegre en las reuniones y estaba encantado con ése imbécil. No podría ser, aunque el mismo Morinaga admitió haber tenido un pasado oscuro por despecho… ¿Qué pasaría si ése cretino termina por conquistarlo?
— Tienes una mente muy volátil Souichi ¡Mira que pensar ésas cosas de nosotros y más por un inocente beso en la mejilla! Yo que creí que el celoso de la relación era Mori.
Me cubrí los ojos con la mano derecha lleno de vergüenza por todo el ridículo desatado, no sabía en dónde meter la cabeza, de solo pensar en qué momento se le ocurrió a sempai recordar ésa parte de mi vida. Entonces el detuvo mis pensamientos con un gritó haciendo un gesto desesperado:
— ¡No le digas Mori!... ¡Demonios!... Él se veía tan feliz. Conmigo no muestra ésa sonrisa.
No pude evitar sonreír y acercarme a él sin abrazarlo:
— Por favor sempai… tranquilícese…
Pero no esperaba más, nuevamente me sorprendió y me abrazó. Parecía angustiado, alguien que había perdido a sus personas preciadas. Mientras mi corazón latía con fuerza en mi pecho, me sentí tan feliz.
Ese extraño silencio, tal vez era porque no había más que ocultar, su familia nos había visto besarnos, mejor dicho a él besarme. Todos nos quedamos en silencio un momento ante tal confesión y más nos sorprendimos cuando agregó:
— Feliz año nuevo Morinaga… No quise decir esas cosas. Eres parte de la familia.
Todos sabían que él no lo diría directamente, pero la fotografía era la prueba de que él me amaba, de que disfrutaba nuestra relación. No sólo gané reconocimiento, sino que ahora tenía una familia y un lugar donde siempre ser bien recibido. En cada evento ya no era un extraño, ni amigo de la familia, era la pareja de ese hombre que no le daría cuentas a nadie de su vida privada, pero que en la intimidad se notaba más tranquilo y efusivo… no precisamente cariñoso, pero me dejaba serlo con él. Yo lo amaría hasta el final de mis días….
FIN
Agradecimientos a Gaby por la colaboración. El presente cuento ha sido un mérito compartido, idea de Gaby y además por la ilustración que nos ha regalado. Al fin sempai fue descubierto. Ya era hora! Bueno eso quisiera yo ver. Lo que más me gusta de ellos es la profundidad de sus personajes. Me gusta que maduren que sean mejores y que aprendan. Gracias por leer y seguiré actualizando. Promesa … sé que nadie me cree pero ahí voy!
