Como ya saben nada de esto me pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer y la autora de esta graciosa historia es la autora Hoodfabulous, yo solo traduzco ;)

Y como siempre me acompaña mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda :*


Capítulo Ocho: Paja y Solitario

Intento dormir después de que Cullen se va esa noche, pero lo encuentro imposible. Mi cuerpo es un cable de alta tensión, echando chispas y ardiendo, listo para un infierno embravecido bajo la suavidad como la mantequilla de las sábanas de mi cama. Mis ojos deambulan por la habitación oscura y se posan el espejo del tocador de vez en cuando, y mi piel cosquillea con el recuerdo de verlo desnudarse justo frente a mí, bueno, técnicamente detrás de mí, pero ustedes entienden lo que digo.

Son aproximadamente las diez en punto cuando escucho el familiar estruendo de 'La Bestia' como la llama mi madre. Me siento de golpe en la cama, para luego contonearme debajo de las mantas. Las sábanas atrapan mis tobillos, el delgado algodón luchando contra mis insistentes piernas justo cuando el destello de los faros se filtra por la ventana. Salgo a trompicones de la cama, zafándome de mis restricciones de algodón.

Soy sorprendentemente sigilosa una vez que llego a la ventana. Me oculto detrás de las cortinas, mi corazón brincando en mi pecho cuando las luces de mi camioneta se apagan. Cullen sale de la camioneta, y luego cierra la puerta con fuerza detrás de él. Otro destello de faros se acerca y el cabello rubio de Jasper queda a la vista. Jasper estaciona una camioneta pickup azul poco familiar en la acera y se une a él a un lado de mi camioneta. Observo confundida como Cullen abre el capó, al parecer echándole otro vistazo a todo bajo la monstruosidad de metal oxidado. Le dice algo a Jasper que camina hacia la camioneta azul, hurga en una caja de herramientas en la parte de atrás, y regresa con algunas herramientas que están muy lejos para que las identifique.

No es que supiera lo que eran de todos modos.

Observo a los chicos por lo que parecen horas. La lluvia hace mucho paró, pero aun así la camiseta de Cullen se aferra a su cuerpo. Mis incisivos se incrustan en mi labio inferior una vez que Cullen retira esa sudorosa camiseta de su cuerpo, limpia su frente con ella, y luego la arroja sobre uno de sus hombros. La luz de la luna se derrama sobre su espalda, e incluso desde esta altura, puedo ver el contraste en su piel, la luz y la oscuridad, la tinta que se desliza por sobre sus omóplatos y baja por sus brazos.

Mi mano se abre paso dentro de mis bragas unos diez segundos después que se van. Lucho con Cooch por horas hasta que mi muñeca queda adolorida, luego entumecida. Me hago el solitario aún mucho después que mis articulaciones duelen, protestando por el dolor inducido por la lujuria. Siento que mi clítoris está a punto de explotar, pero sin importar lo mucho que acaricie, y mesa mis caderas, o pellizque mis pezones, mi orgasmo me elude.

"Te odio, Cooch. Solo dame una sola buena O. Por favor."

Cooch está en silencio, salvo por la testaruda palpitación de mi clítoris. La maldigo a las ardientes profundidades del infierno de las coochs de dónde viene. Incluso la amenazo con hacerme ese piercing que Cullen aseguró se me vería bien. Definitivamente busqué esa mierda en Google a los cinco minutos de que se fue, ver ese piercing en mi laptop excitó una parte morbosa de mí, pero mi parte cobarde nunca podría hacer algo así. Ese piercing se ve doloroso, pero Cooch no siente dolor.

La puta es una masoquista.

Finalmente me quedo dormida, con mi mano dentro de mi ropa interior, ni más ni menos. Pero mi sueño es inquieto. Mis sueños están llenos de una espalda, un pecho y brazos tatuados. Están llenos de una sobresaliente polla y un aliento caliente en mi cuello.

En otras palabras, es la primera noche que sueño con Edward Cullen.

Desafortunadamente, no es la última. Durante las siguientes semanas, sueño con él todas las noches y cada noche los sueños se hacen más explícitos. Se convierten en fantasías, realmente. Fantasías de la noche que lo vi desnudo en mi recámara. En la fantasía, me levanto de donde estoy sentada en la orilla de la cama. Me acerco a él y le digo exactamente lo que necesito.

Y él me lo da.

Una y otra, y otra vez.

Despierto cada mañana con el cuerpo sobrecalentado, y mi piel cubierta con una delgada capa de sudor. Por más caliente que esté, me encuentro estremeciéndome. ¿Y Cooch? Esa perra está babeando, palpitando y suplicando por fricción, lo que le doy. Pero aun así, no me da ninguna O.

En otras palabras, me siento miserable.

Las cosas solo empeoran con el paso de los días. Ahora me siento nerviosa a su alrededor, y no ayuda el hecho de que seguimos compartiendo el casillero. Cada vez que lo veo, mi cuerpo arde en llamas con el recuerdo de mis fantasías nocturnas. ¿Y Cullen? Es como si tuviera Percepción Extrasensorial o algo así. Como si pudiera percibirlo.

Tal vez estoy siendo paranoica, pero desde la noche que trabajó en mi camioneta las cosas se han vuelto… extrañas. Las burlas no son tan brutales, y los insultos se han detenido por completo. Algunas veces roza contra mí, muy inocentemente, pero casi podría jurar que la mirada ardiente en sus ojos es todo menos inocente.

~c00ch~

"Mi mamá y yo vamos a ir a la concesionaria de tu papá hoy, después de la escuela."

Estamos parados junto a su casillero, bueno, nuestro casillero. El disco del candado hace clic en su mano, y me muevo en mi lugar esperando a que responda.

"Tal vez te veré allí," murmura, su voz impregnada con miel hace que mi corazón chisporrotee y dé un vuelco. "Ayudo en el taller… cambiando aceite y esa mierda."

Una imagen mental aparece frente a mí, provocándome y tentándome.

Un Cullen sin camisa.

Un Cullen sin camisa, tatuado y jodidamente ardiente… manchado de grasa.

Antes que pueda formular una respuesta medio inteligente, veo a Lauren Mallory acercándose a la distancia. Mis labios se aprietan en una dura línea y mi nariz se arruga con desagrado, y todas las fantasías del cuerpo delgado y manchado de grasa de Cullen se desvanecen frente a mis ojos.

No puedo soportar a Lauren Mallory.

No solo es la forma en que se degrada a sí misma colgándose de Cullen en los pasillos, es su actitud en general. Hay un aire de indiferencia hacia otros que no están en el grupo que la rodea, su grupo que consiste en otros perdedores descerebrados como Jessica Stanley. Todos ellos desprecian a cualquiera que no esté en su círculo, como si ellos fueran los superiores paseándose por los pasillos con su ropa de diseñador, mientras todos los demás son solo… donnadies.

Hoy hay una expresión severa de determinación tomando el control de su lindo rostro. El maquillaje que usa está aplicado a la perfección: ojos seductores, delineador grueso, y labios pálidos. El peinado normalmente lacio que usa todos los días, ahora tiene ondas interminables. Sus hombros están cuadrados bajo un costoso y ajustado suéter, que se asoma por debajo de una gabardina de moda. Ella es hermosa.

Bueno, sería hermosa si no fuera una persona tan horrible por dentro.

"Aquí viene tu novia." Le pico las costillas a Cullen, odiándome por encontrar cualquier excusa para tocarlo, sobre todo con una excusa tan patética como Lauren. "Estoy segura que odia este clima de octubre. Tener que cubrir toda esa piel con capas de ropa extra."

Cullen refunfuña y se da la vuelta. Ese cabello rebelde suyo se alborota entre sus dedos cuando ve a Lauren acelerar el paso, sus botas con tacones repiqueteando ruidosamente. El sonido rebota en las paredes del pasillo casi vacío.

"Cree que voy a llevarla al baile de bienvenida."

Mi corazón se sobresalta, para luego acelerarse fuera de control. Una amenazadora nube de miedo se cierne sobre mi cabeza con esas palabras. Cullen se vuelve para mirarme, pero pretendo estar ocupada con mi teléfono, negándome a levantar la vista.

"¿Vas a llevarla?" Pregunto casualmente.

"Meh. Tal vez. Es mejor que quedarme en casa haciéndome la paja toda la noche."

Las palabras de Cullen me atraviesan, y de pronto me siento muy estúpida. Aquí estoy yo, soñando con sus caricias noche tras noche, haciendo solitarios hasta que mi mano se acalambra y se entumece, para luego prácticamente caerse. Y él probablemente ha estado haciendo lo mismo.

Él se hace la paja. Yo hago el solitario.

Aunque estoy segura que él no se está haciendo la paja con imágenes mentales de mí… o alguien más en particular, en realidad. Él solo necesita un cuerpo caliente y dispuesto a satisfacer sus ansias.

Soy una ridícula.

Siento su mirada mientras sus ojos vagan por mi rostro, buscando una reacción a sus palabras, pero nunca levanto la vista. En vez de eso, me alejo justo antes que Lauren plante su putillo trasero junto a nuestro casillero. Hago a un lado mis celos y salgo del edificio. El aire frío de octubre me abofetea en el rostro y con suerte me hace entrar en razón. Subo a mi camioneta, recordándome por millonésima vez que él no es mío.

Nunca lo ha sido, y nunca lo será.

~c00ch~

Edward Cullen no se parece en nada a su padre.

El cabello de Carlisle es tan rubio que casi es blanco, y peinado hacia atrás, no un caos desordenado como el de su hijo. El cabello de Cullen es del color del bronce… o de los cálidos atardeceres de verano, o tal vez del caramelo derretido.

Definitivamente del caramelo derretido.

Los ojos de Cullen son del verde más intenso, tan verde como los árboles y los helechos húmedos que nos rodean en nuestro viaje a Seattle. Los ojos de Carlisle son de un azul brillante, con finas líneas en las esquinas, provocadas por años de carcajadas y exuberantes sonrisas, estoy segura. No ha hecho nada más que sonreírnos a mi mamá y a mí desde que llegamos a su concesionaria.

Y no creo que tenga que ver con la posible venta de un coche.

Lo que le falta al dúo padre e hijo en parecido físico, lo compensan muy bien en apariencia y arrogancia. Cullen llama la atención con su sonrisa coqueta y miradas ardientes. Carlisle la atrae con su amable consideración.

Carlisle toca ligeramente el brazo de mi madre de vez cuando mientras paseamos tranquilamente por el estacionamiento lleno de charcos. Mi madre se convirtió en una niña de trece años, soltando risitas y esa mierda. Su acento sureño se ha vuelto más marcado durante nuestra visita, y juro que vi una vez a la perra hacer una reverencia por el rabillo de mi ojo. Se pavonea a su lado al pasar por hilera tras hilera de brillantes coches nuevos.

Caminamos hasta que mis pies casi se caen, pero no me centro en el dolor. No puedo, no cuando veo a Cullen de vez en cuando por el taller donde cambian el aceite y los neumáticos. Sus jeans ajustados cuelgan de sus caderas, y la camiseta blanca de tirantes que lleva puesta se pega a su cuerpo, justo como lo hizo la noche que trabajó en mi camioneta. Tiene manchas de grasa en sus brazos, y un poco embarrada en sus pómulos altos. Un trapo rojo sucio cuelga de su bolsillo trasero, quedando a la vista junto con la banda de su bóxer cuando se agacha y revisa la presión del neumático de alguna persona con suerte.

Lo miro tan fijamente que me tropiezo con mis propios pies y casi caigo de boca, pero una mano cálida me salva justo a tiempo.

"Así que, Bella," dice Carlisle, asegurándose que esté bien parada antes de soltar mi brazo. "¿Ya viste algo que te guste?"

"Oh, sí," murmuro bajo mi aliento y Carlisle me da una mirada extraña. Me aclaro la garganta y desecho, por millonésima vez, el recuerdo de su hijo adolescente desnudo. "Um, quiero decir, no en realidad. Estoy algo encariñada con mi camioneta, ¿sabe?"

"Comprendo." Asiente conscientemente y me da una suave sonrisa. La calidez en sus ojos me dice que es honesto en su sinceridad y que no solo está tratando de conseguir un polvo… con mi madre.

¡Puaj!

"Tal vez podamos hacer que Bella cambie de opinión y volver a echar otro vistazo, Carlisle."

Mamá le guiña un ojo. Le guiña un puñetero ojo, como si fuera alguna estrella porno de los ochenta o algo así. Los dejo y atravieso el resbaloso estacionamiento. Siento sus ojos, los ojos de Cullen, siguiéndome al subir a mi vehículo. Me siento dentro de mi camioneta, envuelta en un silencio sepulcral mientras espero a mamá, y pienso.

Pensando en él.

En él y Lauren.

Estoy tan perdida en mis propios pensamientos atormentados que grito cuando mi teléfono me envía una alerta de mensaje de texto. Presiono mi mano contra el revoloteo de mi corazón y tomo una respiración profunda y tranquilizadora. Saco mi teléfono del bolsillo de mi impermeable, y mis ojos se desorbitan cuando leo las palabras que aparecen en la pantalla.

¿Vas al baile de bienvenida conmigo? – Jasper

"Wow. Te sacas un cero por originalidad," refunfuño.

Debería decirle que no. No me gusta Jasper… no de esa forma. No de la forma en que él o Cullen quieren que me guste…

Las palabras 'no gracias' ya están escritas en la pantalla, pero mis pulgares hacen una pausa antes de que pueda presionar enviar. El destello de un coche deportivo plateado pasa a mi lado, un muy familiar coche plateado. El coche se detiene chirriando llantas cerca de la esquina del taller donde Cullen está parado, al parecer fumándose un cigarrillo a escondidas de su padre.

Dios, amo su trasero cabrón.

Mi cerebro me dice que desvíe la mirada, pero no lo hago. En vez de eso, sigo siendo la masoquista que soy, observando cómo esa zorra Lauren sale de su coche y se dirige a Cullen. Mi estómago se siente revuelto y aún más revuelto cuando él lanza su cigarrillo a un lado y la toma en sus brazos. Mi cuerpo finalmente toma el consejo de mi cerebro, y bajo la vista nuevamente a mi regazo.

Mamá abre la puerta del pasajero, dejando entrar una ráfaga de viento. Guardo el teléfono en mi bolsillo, para encender el motor. La camioneta enciende en seguida. No solo enciende ahora sin problema, sino que ya no tiene ese ruidoso zumbido mientras conduzco por las calles húmedas.

Gracias a los dedos mágicos de Cullen… que estoy segura Lauren puede apreciar.

"Bella, Edward está caminando hacia nosotras. Creo que quiere—"

Salgo huyendo del estacionamiento antes de que ella pueda terminar su oración. Mamá deja escapar un jadeo de sorpresa, pero nunca miro en su dirección. Estoy muy concentrada agarrando el volante, rogando no estarlo arrancando del tablero.

Mejor el volante que el delgaducho cuello de putilla de Lauren.

"¡Bella, eso fue grosero! ¿Qué se te ha metido?" Pregunta mamá.

"Más bien es qué no se me ha metido," refunfuño, lo bastante bajo para que no pueda escucharme.

Cooch mira a mi madre con el ceño fruncido y asiente de acuerdo conmigo.

"De acuerdo. Bien, como sea. No creerás lo que me dio Carlisle." Mamá chilla un poquito, y luego rebota en el asiento destrozado junto a mí.

La miro de soslayo, notando una tarjeta de negocios blanca en su mano.

"¿Te dio su tarjeta para poder ganar dinero contigo por los próximos cinco años?" Pregunto, con ironía.

"Ugh. ¡No! ¡Me dio su número de móvil… y el número de su casa! Quiere invitarme a cenar fuera dentro de poco."

"Eso es genial, mamá," digo, sin el entusiasmo.

"Trata de contener el entusiasmo en tu voz," murmura. Parece darse cuenta de algo cuando sus ojos se amplían. "Oh, ya veo. Dios, soy tan tonta. No puedo salir con Carlisle. No cuando Edward y tú…"

La voz de mi mamá se apaga. La verdad es que me incomoda pensar en que salga con el padre de Edward. ¿Por qué? Porque algunas veces salir con alguien lleva al amor, lo que lleva al matrimonio, lo que lleva a…

¿Cullen como mi hermanastro? ¡Qué asco! ¡Ni siquiera quiero pensarlo!

Me guardo mis pensamientos egoístas, por más ridículos que sean. De ningún modo existe una oportunidad de que yo esté con Edward. No cuando él ha dejado más que claro quién ocupa su mente.

Lauren Mallory.

Perra.

La cabina de la camioneta se queda en silencio mientras me muevo por las calles de Seattle. Tengo problemas para recordar la dirección de la que vinimos. Es difícil cuando mi mente está tan confundida. Mamá se sorbe un poco la nariz junto a mí, llamando mi atención. Mi corazón cae lentamente a mis pies junto con una lágrima que se formó en la esquina de su ojo. El pánico aumenta en mi pecho, pensando que tal vez está sintiendo algún tipo de dolor o algo.

"Mamá, ¿qué pasa? ¿Necesito detenerme?"

"No, no. Solo estoy siendo ridícula. Eso es todo. Es solo que…"

"¿Qué?"

"Carlisle es el primer hombre en invitarme a salir en cinco años," ella suelta, sus mejillas sonrojándose con esa admisión. "Olvídalo, cariño. Solo olvídalo."

Mamá descansa su cabeza contra el asiento y mira a través de la ventanilla. Limpia las lágrimas de sus ojos y mira al remolino de edificios y coches que pasamos.

Siento que se cierra mi garganta, gruesa por la tristeza… su tristeza. Sé que mi mamá se siente sola. Las horas extras de trabajo, cantidades interminables de yoga, y la forma infantil en que actúa en ocasiones, sigue sin llenar el vacío que algunas veces percibo que la rodea. Yo he hecho que se pierda de tantas cosas la mayor parte de su vida, por simplemente existir: Terminar la universidad a tiempo con sus compañeros de clase, salir con amigos, ser joven y desenfrenada.

Encontrar a un buen hombre.

Nunca lo ha admitido, pero sé que es cierto. Recuerdo las pocas citas que tuvo con hombres cuando era más pequeña. Un vistazo a mí y desaparecían. Ahora ha conocido a un hombre que, no solo sabe de mí, sino que realmente me conoce. Un hombre con amabilidad en sus ojos. E incluso si no funciona, ¿por qué debería interponerme en su camino para encontrar la verdadera felicidad? ¿Por qué debería permitir que un tonto enamoramiento mal correspondido interfiera entre ella y este hombre guapo y encantador?

Además… no es como si le hubiera pedido que se casara con él, Bella. Solo es una cita.

"Mamá, ¿puedes buscar algunas boutiques de vestidos por aquí en tu teléfono?"

Mamá me da una mirada desconcertada, pero saca el teléfono de su bolsillo.

"¿Por qué estoy buscando una boutique de vestidos en Seattle?"

Tomo una decisión en ese momento, la decisión de olvidarme de Cullen de la mejor forma que conozco. La decisión de tomar las riendas de Cooch, de la maldita puta niega orgasmos.

"Porque voy a ir al baile de bienvenida con Jasper Whitlock."


Oh, oh, esto huele a problemas, ¿no creen? Aunque la culpa también es de Cullen, le hace creer que quiere que salga con Jasper y acepta los coqueteos de Lauren, obviamente Bella cree que no está interesado en ella y por eso, decide ir al baile con Jasper. Cree que es la solución para olvidarse de Cullen y no interponerse entre su mamá y Carlisle. Bueno, tal parece que todo se está encaminando al final que todos conocemos jejeje. ¿Pero qué dramas habrá mientras tanto? Ya lo veremos. Espero que hayan disfrutado del capi y por supuesto, estaré esperando ansiosa por sus reviews para saber qué les pareció y poder leer pronto el siguiente ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo de hoy: GZarandon, Kriss21, Freedom2604, miop, SharOn, bealnum, Manligrez, Vianey Cullen, Shikara65, Isis Janet, PRISOL, bbluelilas, ClaryFlynn98, somas, glow0718, Lady Grigori, Ali-Lu Kuran Hale, mrs puff, NaNYs SANZ, AnnieOR, MajoRed, Car Cullen Stewart Pattinson, Liz Vidal, Lizdayanna, Marme, NarMaVeg, Mio1973, Mapi, tulgarita, Mafer, Sully YM, Tata XOXO, saraipineda44, Dani, EriCastelo, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente capítulo, que espero sea más pronto ;)