Como ya saben nada de esto me pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer y la autora de esta graciosa historia es la autora Hoodfabulous, yo solo traduzco ;)

Y como siempre me acompaña mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda *


Capítulo Once: Los colores de Cullen

Con lágrimas en mis ojos, me abro camino con los codos a través de la multitud de chicos bailando, buscando a Angie entre el gentío, pero no está por ningún lado. En su lugar, encuentro a Cullen parado cerca de la puerta trasera. El chaleco de esmoquin de cuero marrón que lleva puesto, está ahora desabotonado. Los faldones de su camisa a cuadros cuelgan por debajo, ocultando el cinturón de cuero marrón que Cooch ha imaginado retirarlo con sus dientes durante toda la noche. Lo miro a los ojos, pero él desvía la mirada enseguida, de hecho, me da la espalda y desaparece por la puerta.

Qué grosero.

Mi chal descansa exactamente donde lo dejé temprano en la noche, abandonado en las gradas. Lo pongo alrededor de mis hombros y me dirijo hacia la puerta trasera. El viento frío pica mi piel una vez que estoy afuera, y me estremezco en la oscuridad.

El estacionamiento trasero está abandonado en su mayor parte. Hay unos pocos coches meciéndose suavemente hacia adelante y hacia atrás, sus ventanillas empañadas por dentro por las pesadas respiraciones calientes. Desde donde estoy parada en la acera de concreto, hecho un vistazo al estacionamiento buscando a Jasper ya que la puerta trasera fue el último lugar donde lo vi. No lo veo por ningún lado, y a nadie más. Aparte de los coches meciéndose, el estacionamiento está libre de delincuentes destrozando coches, o temerarios chicos rubios irritados y listos para una aburrida golpiza de chicos de los suburbios.

El chasquido de un encendedor en las sombras que envuelven el gimnasio atrae mi atención. Largos dedos cubren la oscilante llama. El tenue resplandor amarillo del encendedor baña su rostro con una luz suave y brillante. Mis pies se mueven sin permiso, guiados por Cooch y su eterno enamoramiento con bonito pene perforado. La chispa de la llama desaparece cuando estoy a solo unos centímetros de distancia, dejando el ardiente color cereza a su paso. Cullen da una calada entre sus labios fruncidos, chupando sus mejillas y enfatizando así los marcados contornos de su rostro. Con su cabeza hacia atrás, suelta el humo en el viento frío de octubre. Muerdo mi labio, inhalando el aroma familiar a marihuana pero de algún modo diferente.

"¿Qué estás fumando?"

El cigarrillo de Cullen dibuja el aliento de sus labios. Con la cabeza inclinada hacia un lado, me da una sonrisa divertida pero incrédula realzada por la luz de la luna.

"Quiero decir," le digo, rodando los ojos por tener que explicarme. "¿Qué tipo de hierba estás fumando? Huele… diferente, más terrosa o algo así."

"Bella, sabes que hay probablemente mil diferentes tipos de marihuana, ¿cierto?"

Cullen me sonríe engreído, y me encabrona. Eso, y su tono condescendiente. Levanto mi barbilla y coloco la mano en mi cadera.

"Sé dos cosas sobre la marihuana," respondo con un tono arrogante. "Cómo enrollarla, y cómo fumarla."

"¿Sí? Muéstrame cómo la fumas, Fender."

"Deja de llamarme Fender."

Gimo, alejando el porro con el que me está tentando, mis ojos moviéndose rápidamente alrededor buscando a un maestro o padre que pueda aparecer en cualquier momento. Mi boca literalmente se hace agua por la necesidad de la hierba. En casa era algo así como una experta en María Juana. En ocasiones, Paul yo conducíamos a la granja de su padre, nos recostábamos en la parte trasera de su camioneta bajo las estrellas y fumábamos. En ese entonces creí que era romántico, hacer el amor bajo las estrellas, pero el sexo siempre fue insatisfactorio por mi evasivo orgasmo y todo eso.

A Cooch le importa una mierda las estrellas.

"Oye… ¿qué pasa?"

"¿Qué?" Pregunto, saliendo de mi recuerdo. Los ojos de Cullen se ven engañosamente dulces con el resplandor del porro.

"¿A dónde acabas de irte ahora? Te veías jodidamente triste o algo así. Esa mierda no está permitida cuando fumas hierba."

"No estoy fumando hierba." Le señalo con una ceja levantada. "Y tú tampoco deberías hacerlo. Qué pasa si sale un maestro, definitivamente te atraparía."

"A ti también. Estás parada junto a mí."

"Bueno, mierda. Vámonos de aquí."

Cullen se estremece cuando le agarro la mano, pero ignoro su reacción. Lo llevo a la vuelta del edificio, resistiendo las ganas de echarle un vistazo por encima de mi hombro. Ni siquiera me doy cuenta que su mano sigue en la mía hasta que estamos cerca de la orilla del bosque.

La dejo caer de inmediato, arrugando mi frente por lo fría y vacía y… desnuda que se siente mi mano sin el calor de sus dedos entrelazados con los míos. Ciño aún más el chal alrededor de mis hombros, ignorando el escalofrío que amenaza con sacudir mi cuerpo.

"¿Me llevas al bosque para aprovecharte de mí?" Pregunta, su tono bromista vacilando un poco al final.

"Quisieras," murmuro, pero no puedo contener la sonrisa que le escondo.

Quisiera yo.

Pasamos la línea de los árboles, y él ya no está detrás de mí. Cullen camina junto a mí quitando de vez en cuando una rama del camino. Es jodidamente difícil caminar por el bosque en tacones, pero de algún modo consigo hacerlo. Ni siquiera me importa si se arruinan, siempre y cuando pueda fumar esta noche. Mis nervios están alterados, y toda la culpa es del chico restregándose detrás de mí en la pista de baile.

"Cullen, ¿tú… tú viste quién estaba bailando conmigo en el gimnasio?"

Cullen no responde en seguida. El silencio lo llena el sonido de un arroyo cercano y el ocasional ulular de un búho. Los helechos crujen debajo de sus botas cuando se dirige hacia una enorme roca que sobresale de la tierra húmeda. La enorme piedra es de un color blanco pálido bajo la luz de la luna. La superficie es áspera en algunos lugares, suave en otros. Arrastro mis dedos sobre la roca que llega hasta mi cintura, jadeando cuando Cullen me levanta fácilmente y me coloca en la cima. El porro está en la esquina de su boca, colgando de sus labios, la parte cereza se consumió.

"Sí, vi a un chico bailando contigo."

Mi corazón da un vuelco, amenazando con salirse de mi pecho y revolotear en el viento. Muerdo mi labio, esperando en silencio que continúe. Cullen se toma su tiempo encendiendo el porro y dándole una calada. Él es la imagen de la calma y la indiferencia al inhalar el humo en sus pulmones, retira el porro de sus labios y me lo ofrece a mí. La punta resplandece donde anteriormente estuvieron sus labios, y la zorra en mi interior está ansiosa por colocarlo entre mis labios. Le doy una pequeña calada, sin conocer la potencia de la variedad de hierba que estoy fumando. Lo último que quiero hacer es toser un pulmón frente a Cullen. Nunca me dejaría olvidarlo.

"¿Y bien? ¿Quién era?" Pregunto, demasiado impaciente para esperar más tiempo, demasiado ansiosa por experimentar una vez más la magia entre mis piernas.

En algún lugar en el fondo, me siento un poco decepcionada de que el chico misterioso no sea el mismísimo Cullen, pero sé que es solo Cooch tratando de controlar mi cerebro. No me agrada el chico, al menos eso es lo que me digo.

Cullen toma el porro de mi mano extendida. Nuestros dedos se rozan, y esta vez no puedo contener el escalofrío que atraviesa mi cuerpo. Mi respiración se atora en mi garganta cuando sus dedos se quedan tocando los míos. La presión de mis pezones prácticamente hace que atraviesen la tela de mi vestido. Los ojos de Cullen se mueven velozmente hacia mi pecho por un segundo, pero desvía de prisa la mirada, y retira el porro de mi mano.

Aun cuando me odia, sigue siendo solo un chico.

"Solo un tipo que no mereces," responde, encogiéndose de hombros y colocando el porro entre sus labios.

Entrecierro mis ojos, sus palabras y la insinuación detrás de ellas atraviesan mi cuerpo recién enardecido.

"Oh, no soy lo suficientemente buena para él, ¿eh? Gracias, pendejo."

Empiezo a bajar de donde estoy sobre la roca, pero él me detiene rápidamente. Me quedo inmóvil cuando se sitúa directamente entre mis piernas abiertas. Sus ojos perezosos y entornados por la hierba me miran. Una última calada y me da el porro para terminarlo. Lo tomo de entre su pulgar y dedo medio.

"Lo que quiero decir es que… él es solo un perdedor que no te merece a ti."

Gah. Él debería fumar las veinticuatro horas del día lo vuelve así de dulce.

Lo observo en silencio, terminándome el resto del porro y reteniendo el humo en mi interior tanto como puedo. La hierba se filtra en mi organismo, aflojando mis extremidades y haciéndome sentir relajada. Cullen humedece sus dedos y agarra lo que queda del porro, para luego meterlo con cuidado dentro de un paquete arrugado y casi vacío de cigarrillos.

Me recuesto en la roca, inclino mi cabeza hacia atrás y cierro mis ojos. Sus palabras nadan dentro de mi cabeza, desafiándome a responder, pero no sé cómo. Seguramente lo había entendido mal… y la fragilidad en su voz. Este chico nunca tiene nada amable que decirme, a menos que sea para elogiar mis tetas y trasero la única vez que de casualidad me vio desnuda, pero eso es algo que haría un chico.

No significa una mierda.

Tal vez es la hierba, o la dulzura en su voz, pero me siento malditamente vulnerable en este momento. El calor de su cuerpo quema el interior de mis muslos, y sigue ahí, colocado entre mis piernas y por alguna razón, sus ojos están sobre mí. No que los vea.

No, todavía estoy recostada sobre mis codos con mis propios ojos cerrados detrás de párpados pintados de un color ahumado, pero puedo sentir el ardor de su mirada. Y es uno lento, subiendo poco a poco desde mis tobillos hacia el interior de mis muslos. El ardor provoca a Cooch, que me está pateando el trasero por no rodear a Cullen con mis piernas y follarlo como un conejillo dopado con crack. El calor se extiende por mi vientre y sube lentamente por mi pecho. Se abre camino por mi cuello y termina en mis mejillas. Caigo hacia atrás, descansando todo mi cuerpo en la roca, y la hierba me está alejando de todo y todos salvo este chico hermoso con su cálido cuerpo demasiado cerca.

Mi piel cosquillea sobre mi rodilla, y creo que tal vez esa hierba estaba mezclada con un poco de crack o algo parecido, porque juro por Dios que siento la mano de Cullen descansando en la parte superior de mi muslo. Imagino sus dedos tocando mi piel ardiente, empujando la orilla de mi vestido cada vez más arriba… y arriba.

Se siente muy real.

El sonido molesto de un timbre de teléfono satura el aire nocturno, haciendo eco entre los árboles y haciendo añicos la ilusión que mi mente impregnada de hierba ha conjurado. Una maldición en voz baja deja la boca de Cullen, y el calor de su cuerpo desaparece. Estoy demasiado absorta en flotar sobre la tierra para importarme mucho. Incluso ni lo atractivo del testarudo pendejo de pie cerca puede bajarme de donde floto entre las nubes oscuras, mi cuerpo vibrando con un suave zumbido de energía. Me siento ligera, despreocupada y feliz. Hay una sonrisa permanente en mi rostro, extendiéndose y agrietando mi piel.

"Maldición, nos dejaste en ese estúpido baile, hombre. ¿Dónde demonios estás?"

"Ella está conmigo, joder, no que te importe. ¿Sabes la putada que es que dejes a tu cita en el baile?"

"Me importan una mierda los chicos de La Push… tal vez si te hubieses quedado en el baile habrías visto a Jacob cabrón Black tratando de ligar con tu chica."

"Edward, deja de estar enojado todo el tiempo," me quejo. ¿Creo que me quejo? No estoy segura. En realidad, no. Estoy muy ocupada riendo y flotando sobre su cabeza.

"¿Una fiesta?"

"¡Una fiesta!" Chillo, abriendo mis párpados pesados y sentándome muy rápido.

Los árboles girando y las gigantescas rocas dan vueltas a mi alrededor. La mano de Cullen es lo único que me estabiliza. Mirándome con las cejas levantadas con una ligeramente distraída diversión, las puntas de sus dedos se entierran en mi cintura y se siente jodidamente maravilloso.

"No, demonios no. No te preocupes por recogernos. Conseguiremos un aventón con Em. Sí. Hasta luego," refunfuña, terminando la llamada y deslizando su teléfono en el bolsillo trasero de sus jeans.

"¡Una fiesta!" Chillo otra vez, provocando que Cooch me fulmine molesta con la mirada. Pierdo el equilibrio, incluso con los dedos de Cullen enterrados en mi piel sobre el hueso de mi cadera. La roca se entierra en la parte de atrás de mis piernas y en mi trasero al bajar deslizándome, mi cuerpo rozándose involuntariamente contra el suyo. Pelvis con pelvis, cintura con cintura, luego pecho con pecho hasta que estoy parada sobre mis dos pies tambaleantes. Cullen gime por mi ridiculez, suspira, para luego alejarse de mí.

"Haces las cosas realmente… difíciles, ¿lo sabías?"

"Oh, lo sé. Odias tener que cuidar a la cita de tu amigo. Bla, bla, bla." Resoplo al final, al pasar rozando junto a él.

Cullen está a mi lado en un segundo, callado y sacudiendo la cabeza. Me tambaleo por entre los helechos con mis ridículos tacones, deteniéndome solo el tiempo suficiente para quitármelos y dejarlos ahí. Las ramitas y hojas se entierran en las plantas de mis pies, pero los ignoro, entusiasmada con la idea de una fiesta.

Y tal vez restregarme un poco más.

Definitivamente, restregarme un poco más.

"¿Cómo demonios caminas descalza sobre todas esas rocas, raíces y esa mierda?" Cullen pregunta, tratando de darme mis tacones, fulminándome con la mirada cuando los alejo con mi mano.

"Soy de la provincia. Puedo caminar descalza sobre vidrios rotos y sin pestañear. Es un talento."

Me pavoneo por el bosque con mi contoneo de chica provinciana, sacando mi pecho mientras Cullen me observa con una mirada incrédula. Eso, hasta que me tropiezo con una raíz y casi beso el suelo. Mis manos se agitan frente a mí, preparándome para amortiguar la inminente caída, pero el contacto nunca ocurre. Los brazos fuertes y sólidos de Cullen rodean mi cintura, salvándome de una potencial nariz o labio roto.

"Oh, Dios. Lo siento."

"Tienes que ser más cuidadosa, Fender. Un día no estaré cerca para salvarte."

Mi espalda está pegada a su pecho con tanta fuerza que puedo sentir el veloz latido de su corazón. El agarre de su brazo debajo de la curva de mis pechos se ciñe un poco antes de soltarme. Estoy congelada en mi lugar, sin moverme, cuando él pasa junto a mí, con mis tacones todavía colgando de un dedo. Cullen mete la mano libre en su bolsillo, y sacude su cabeza murmurando algo bajo su aliento.

~c00ch~

La parte de atrás del estacionamiento del gimnasio está completamente desierta cuando emergemos del bosque. Cullen camina por delante de mí, al parecer molesto por algo… probablemente por mí.

Puedo ser un poco irritante cuando paso tiempo con María Juana.

Cullen se recarga en el edificio, con una bota plantada firmemente en el suelo y una descansando en el ladrillo detrás de él. Le pido prestado su teléfono el tiempo suficiente para hacer una llamada frenética a Angie, la zorra, que consiguió un aventón a casa con un tipo llamado Ben. Al terminar la llamada, noto que la pantalla del teléfono de Cullen se ilumina con un nuevo mensaje de texto.

¿Dónde estás? ¡Te extraño! – Lauren

"Tu novia te envió un mensaje."

Cullen levanta una ceja y agarra el teléfono de mi mano. Sus ojos examinan el aparato luminoso en su mano, y un gemido satura el aire nocturno. Mi viaje se detiene poco a poco, y de pronto ya no tengo ganas de festejar. Mordiendo la esquina de mi labio inferior, desvío la mirada, preguntándome distraídamente qué tipo de vehículo conduce el amigo musculoso y callado de Cullen.

"Te dije que ella no es mi puñetera novia."

"Sí, bueno, podrías haberme engañado… por la forma en que la abrazabas el otro día en la concesionaria."

Cullen se queda callado por tanto tiempo que lo miro tímidamente por el rabillo de mi ojo. Su rostro está arrugado pensativo, sus manos metidas en sus jeans de corte bajo. La línea entre sus cejas fruncidas se desvanece cuando una expresión de reconocimiento toma su lugar.

"¿El día que tu mamá y tú fueron a buscar un coche?" Cullen se ríe al ver mi ceño fruncido por la confusión. "Jesús. Ella hablaba sin parar sobre alguna mierda… la agarré para hacerla entrar en razón. No la estaba abrazando."

"Oh," susurro, mi voz débil y pequeña.

La culpa se apodera de mi cuerpo con el recuerdo de ese día y Cullen cruzando el estacionamiento de la concesionaria hacia donde estaba sentada en mi camioneta. Yo arranqué, dejándolo en una nube de polvo, sin saber o preocuparme ese día en por qué se estaba acercando a mí. Había asumido que solo planeaba ser amable frente a mi mamá, ya que él había sido el que le pidió que pasara y echara un vistazo.

"Oye, es fácil confundirse. No hay problema." Me asegura con su voz inusualmente tierna y un relajado encogimiento de hombros.

Cullen se empuja del costado del edificio y se acerca. Lo miro titubeante, relajándome bajo la repentina ansiedad jugando en sus rasgos angulares.

"Bella, necesito decirte—"

El rugido de un motor interrumpe sus palabras. Faros brillantes se abren paso a través de la oscuridad del estacionamiento, destellando sobre nosotros. Un coche se detiene junto a nosotros, tan bajo que está cerca de suelo, el estilo de carrocería no es más que ángulos definidos combinados con curvas peligrosas. Color azul medianoche y resplandeciendo bajo los rayos de la luz de la luna, creí por error que era un viejo Trans Am, pero no veo un distintivo al frente del coche cuando se detiene abruptamente frente a nosotros. El rostro con hoyuelos de Em y sus suaves rizos color rubio oscuro quedan a la vista cuando las puertas literalmente se elevan en el aire.

" Wow, ¿qué tipo de carro es este?"

"Un Bradley GT2," responde Emmett, acariciando el volante con orgullo.

"Em, construyó el coche él mismo," dice Cullen, y el orgullo en sus ojos por su amigo es jodidamente adorable. "Compró un kit en eBay y lo armó."

"Ciento cincuenta horas bajo este capó," Emmett alardea. "No dejes que Edward te engañe. Más de cien de esas horas las pasé con él a mi lado, ayudando."

Cullen agacha la cabeza antes de que pueda leer su rostro. No me pasa desapercibido que su amigo lo llama Edward en vez de Cullen. Cullen sube al asiento trasero, dejando que me siente al frente, lo que es algo muy caballeroso de su parte. Subo junto a Emmett, reflexionando en la complejidad de la amistad entre Cullen, Emmett y Jasper. Mientras Emmett atraviesa el estacionamiento, lo evalúo en silencio. Él siempre está a un lado de los otros dos chicos: callado y sonriendo, con sus ojos sonrientes e infantiles hoyuelos. Jasper es más coqueto y provocativo, y Em es más sobrio y silencioso, pero lleva consigo un aura tranquila y afectuosa. El hecho que comprara un coche y lo armara él mismo me dice mucho del tipo de persona que es.

"¿Así que, Jasper te dejó en el baile?" Em pregunta, sus palabras ligeras, pero sus labios tiemblan al decirlas. "Qué bueno que Edward estuviera ahí para cuidarte, ¿eh?"

"Em," Cullen murmura. La palabra sale sonando muy parecida a una advertencia.

"Solo digo. Ese chico debe tener serios problemas con La Push… dejar a un bombón como Bella."

Hay mofa en su declaración: ligera, despreocupada y divertida sin intenciones ocultas. Me encuentro volviéndome en mi asiento para mirarlo. Con lo poco que conozco a Emmett, sé que hay potencial para una verdadera amistad entre nosotros.

"Sí, ¿qué pasa con eso?" Pregunto, solo ligeramente molesta con la idea de Jasper dejándome.

No es como si estuviera desesperada por salir con él, de todos modos.

Estaba más ansiosa por ver a mi enemigo mortal esta noche.

Además, Cooch consiguió montar la pierna de un tipo cualquiera. Las dos nos beneficiamos. Tal vez la perra me deje en paz por un tiempo.

"Llegamos."

La voz ronca de Cullen y su rostro endurecido interrumpe a Em antes que pueda decir otra palabra. Hay una historia ahí, y tal vez tiene algo que ver con lo que la señora Cope me confesó respecto a Cullen siendo expulsado de la escuela el año pasado. Almaceno la información al fondo de mi mente para una futura referencia, guardándola a salvo en los oscuros recovecos de mi mente.

Em estaciona el coche a un lado del camino detrás de una larga fila de coches. Cullen me da mis zapatos lodosos, y me los pongo, dándole una pequeña sonrisa que él ignora flagrantemente. El aroma salado del océano en la distancia satura mis pulmones cuando salimos del coche. Me alineo detrás de los chicos, sintiéndome un poco fuera de lugar en un entorno desconocido.

Los chicos ya están ebrios, riendo y tambaleándose alrededor del enorme y húmedo patio delantero de la casa estilo colonial de dos plantas. Vasos rojos desechables ensucian el patio delantero. Las vibraciones del bajo retumban por la puerta abierta, y trago, de pronto recelosa a entrar en la casa. Em y Cullen están enfrascados en conversación, con sus cabezas juntas.

Apenas si queda hierba en mi organismo, e inesperadamente desearía solo pedirle a Em que me pase a dejar a mi casa. No hay señales de Jasper por ninguna parte. El Camaro rojo no está estacionado entre la gran cantidad de vehículos bordeando cada lado de la carretera, no que debería sorprenderme. O sea, el chico me dejó después de todo.

La casa está tan llena de gente que apenas puedo moverme. Los chicos están de pie y bailando hombro con hombro, cadera con cadera. Hay un barril cerca esperándome. Suspiro en alivio, tomando un vaso que me ofrecen y agradeciéndole a un chico de unos quince años demasiado entusiasmado.

Nunca he sido una bebedora. Se sabe que Rose y yo tomamos algo del gabinete de licores de sus padres, pero la resaca posterior de la fiesta el siguiente día fue suficiente para impedir que me emborrachara de nuevo.

La bebida es roja, afrutada y golpea como si te diera directamente en el estómago. Mi garganta arde al tragarlo, pero después de unos sorbos, no sabe tan mal. Y después del segundo y el tercer vaso, sabe malditamente increíble. Empiezo a balancearme al ritmo del bajo retumbando desde los altavoces, cerrando mis ojos, y deseando que el chico misterioso estuviera aquí para restregarse contra mí una última vez.

Alcanzo a ver la mala cara de Cullen fulminándome con la mirada de vez en cuando, desde donde está recargado en la pared opuesta. Algo cambió entre el momento en que fumamos en el bosque y el viaje a la fiesta, e incluso entre mi felicidad inducida por el alcohol, no puedo evitar sentirme desconcertada por su naturaleza temperamental.

"Mira quién es, Jess," rechina una voz irritante, "esa pequeña putilla, Bella Platt."

"¿Bella Platt? ¿Te refieres a… la Chupapollas de Mierda?" Jessica pregunta, sus ojos azul pálido abriéndose en falsa inocencia. "O tal vez… ¿Tarada?"

"¿Monta Pollas?" Lauren sugiere, sus ojos brillando maliciosamente.

Los insultos infantiles de Lauren junto con el escandaloso volumen de escote asomándose de su vestido, hace que el alcohol se revuelva en las profundidades de mi estómago.

"Cierra la boca, Adolfo Tetler," me burlo, intentando apuntar a sus enormes tetas. "Guarda esas tetas torpedo antes que le saques un ojo a alguien, niña."

El líquido rojo salpica de la orilla de mi vaso, derramándose y cayendo en su pecho mejorado quirúrgicamente. Unas rayas rojas caen entre sus tetas apretujadas y empapan el frente de su vestido de prostituta. Un grito salvaje sale de la garganta de Lauren, y el sonido me hace gemir y cubrir mis oídos. Salpica más líquido, pero esta vez caes sobre mí, la pegajosa sustancia cubre mis brazos y baja por mi vestido. Casi espero que Lauren y Jess me ataquen de la forma en que lo intentaron en el baile, pero me sorprenden gratamente las lágrimas que se acumulan en los ojos de Lauren.

"No es mi culpa que el doctor Gerandy jodiera mi aumento de pecho."

Jessica me lanza una última mirada furiosa antes de seguir a su amiga sollozando a un baño cercano.

"Se ven sus extensiones," les grito a las figuras que se alejan, sonriendo con suficiencia cuando las dos tocan frenéticamente sus sintéticas mechas rubias.

En vez de sentirme satisfecha con mis respuestas rápidas, me siento una mierda por hacer llorar a la perra. El perfil de Cullen está en mi vista periférica, cruzando tranquilamente la masa de cuerpos bailando, los cuales en su mayoría están ajenos a la confrontación entre las gemelas tetonas y yo. El aire se vuelve más denso, el humo y la transpiración se arremolinan a mi alrededor, ahogándome. Me tambaleo hacia atrás a la puerta principal, abriéndome paso entre los chicos hasta que estoy parada en el patio delantero.

Inhalando una respiración profunda y refrescante, me quitó los tacones. Ruego en silencio que Emmett dejara su coche abierto; porque definitivamente voy a desmayarme en el asiento trasero. El mundo se inclina y gira sobre su eje. Camino de lado… como una jefa, e inclinándome como una gánster, una auténtica. Mis dientes se entierran en mi labio inferior al tratar de enfocarme en el coche color azul medianoche que está a solo unos chorrocientos kilómetros de distancia.

"Fender, ¿qué demonios estás haciendo?"

"Aléjate de mí, tú, aspirante a Rpatz."

"¿Rpatz? ¿Quién demonios es Rpatz?"

"Robert Pattinson," murmuro, presionando la palma de mi mano contra mi estómago revuelto.

"No tengo idea de lo que estás hablando, Fender."

"¡Rpatz! El actor de Crepúsculo, tonto—con pómulos pronunciados, mandíbula cincelada, y ojos entornados. Unos bonitos labios rosados. Aléjate de mí, cabrón. Estoy ebria y Cooch está a punto de lastimar tu jodido trasero sexy."

"¿Quién demonios es Cooch?"

"¿Quién demonios es Fender?" Le grito, arrojando mis manos al aire en exasperación.

Creo que ahora tal vez estoy caminando hacia atrás, porque el coche de Em está aún más lejos. Deseando poder solo estirar la mano y agarrarlo, agito mis manos frente a mí, riéndome como un bufón.

"Jesús, estás más ebria que una cuba. Déjame ayudarte."

Los dedos cálidos de sus manos que tocan la guitarra, envuelven mis antebrazos, sus dedos tan delgados y deliciosamente largos que rodean por completo mis bíceps.

"No me toques, Cullen. Estoy ebria, y Cooch está fuera de control."

"Bella, lo que dices no tiene ningún sentido."

"¿Creí que era Fender?"

Cullen se ríe, el sonido alivia mi estómago revuelto. Suelta mi brazo cuando el suyo se abre paso alrededor de mi cintura. Me tambaleo a su lado, apoyándome a regañadientes en su costado. Él huele bien esta noche… a tierra y acre. Le doy una buena olida y creo que se da cuenta, si la forma en que me sonríe, con esa sonrisa torcida, es alguna indicación de ello.

"Necesito recostarme," admito, una vez que llegamos al coche de Emmett.

Cullen me suelta el tiempo suficiente para abrir la puerta. La superficie del coche se siente fría contra mi espalda, relajándome. Con sus dedos entrelazados con los míos, Cullen me mete al asiento trasero detrás de él, dejando la puerta completamente abierta y permitiendo que el fresco aire nocturno se filtre en el vehículo.

"¿Qué te dijeron Lauren y Jessica?"

La voz curiosa de Cullen rompe el silencio. Cierro los ojos y descanso mi cabeza contra el asiento acojinado.

"Me dijeron unos cuantos insultos… no tiene importancia," miento.

Tiene importancia, porque aunque odio a esa chicas, odio la mera idea de ellas, en el fondo anhelo alguna clase de aceptación. Tal vez ni siquiera aceptación… preferiría que me ignoraran por completo, pretendiendo que no existo.

"Solo están celosas de ti, ¿lo sabías?"

"¿Por qué alguien estaría celoso de mí?" Murmuro, teniendo problemas para prestar atención a sus palabras, las palabras que olvidaré por mi embriaguez una vez que la luz de día se pose sobre mí.

"Porque ven algo en ti que no ves."

Levantando mis cejas por la sorpresa, abro los ojos y lo miro. También está descansando su cabeza contra el asiento, mirando al techo del coche con aire reflexivo.

"Hablando de ver cosas…yo te veo, ¿sabes?"

Cullen levanta la cabeza de donde descansa para lanzarme una mirada cautelosa. Me atrae su labio inferior, metido entre sus dientes, su lengua humedeciendo sus viper bites. Mis sueños están saturados de esa imagen, la forma en que su lengua rosada pasa sobre su piel, la forma en que lo muerde con sus dientes cuando parece nervioso.

"¿Y qué es lo que ves, Fender?"

Siento mis párpados más pesados, cansada por las emociones de la noche. Ahogo un bostezo con mi palma abierta, perdiendo la guerra contra mis párpados. La manga de algodón de su camisa es suave bajo mis dedos inquietos. Empujo la tela hacia arriba entre mis dedos, y el vello suave y delgado de su brazo se levanta cuando rozo la superficie de su tatuaje con las puntas de mis dedos.

"Veo a un chico que trata de ocultar sus verdaderos colores bajo una actitud indiferente y una sonrisa seductora. Veo a alguien que le aterra bajar la guardia… tal vez porque tiene miedo a que lo lastimen. Pero algunas veces… en ocasiones deja caer la máscara tras la que tan desesperadamente trata de ocultarse, y cuando eso ocurre… veo a Edward, no a Cullen. Me agrada Edward mucho más."

El sueño me seduce, llevándome a la oscuridad. Los ruidos de la noche también me tientan: los grillos y las ranas cantando, y una respiración constante junto a mí . Mi mano cae a mi lado. Incluso los huesos en mis extremidades están exhaustos.

"Edward, ¿por qué me llamas Fender?" Murmuro, mis palabras balbuceadas y distantes.

"¿De verdad quieres saber por qué?" Pregunta, y algo le hace cosquillas a mi oreja.

"Sí, de verdad quiero saberlo."

El cuero rechina cuando se mueve junto a mí. Su aliento caliente baña mi oreja, bajando por mi cuello y reactivando mi piel. Cooch sacude violentamente mi cuerpo ebrio y adormilado, suplicándome permanecer despierta.

"Te llamo Fender porque si fueras un coche… definitivamente serías el fender."

Pasa un minuto, tal vez dos, el suficiente para que mi intoxicado cerebro asimile sus palabras.

"Edward… ¿estás hablando de nuevo de mi trasero?"

No hay respuesta de él, además de una risita sombría. Eso, y la suave caricia de alguien metiendo mi cabello detrás de una oreja es lo último que escucho y siento antes de caer en un tranquilo sueño.


Creo que el nombre de este capi fue muy apropiado porque Bella pudo conocer más a Cullen, y nosotros también, por supuesto, conocer los colores de Cullen. La pregunta es, ¿lo recordará Bella al día siguiente? Porque estaba ebria y dopada jajaja. Pero que bien cuidó Cullen de ella *suspiros* Y según Cullem, el que bailó con Bella no la merecía, mmm. ¿Quién será? Creo que ya se lo imaginan ;) En fin, espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y leer pronto el siguiente.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Cinti77, Aidee Bells, angryc, paupau1, bbluelilas, AnnieOR, PRISOL, somas, Vianey Cullen, LuluuPattinson, Paola Lightwood, JessMel4, piligm, miop, AriGoonz, Isis Janet, Manligrez, rjnavajas, Brenda Cullenn, Car Cullen Stewart Pattinson, NaNYs SANZ, Jade HSos, Sully YM, glow0718, Monse FP, Ali-Lu Kuran Hale, kaja0507, Yani, Marme, ClaryFlynn98, NarMaVeg, MajoRed, Lizdayanna, Mafer, saraipineda44, Lady Grigori, Lectora de Fics, Tata XOXO, EriCastelo, Lauguill, tulgarita, LadyRedScarlett, Liz Vidal, Mio1973, mrs puff, Dani, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo que espero sea más pronto. DEPENDE DE USTEDES, no lo olviden por favor ;)