Como ya saben nada de esto me pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer y la autora de esta graciosa historia es la autora Hoodfabulous, yo solo traduzco ;)
Y como siempre me acompaña mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda :*
Capítulo Trece: Rellena mi pavo con tu polla
Hoy es el último día de escuela antes de las vacaciones de Navidad, y joder, está lloviendo otra vez. Cuando me mudé aquí, estaba bajo la retorcida noción que el vivir más hacia el norte también significaría presenciar una buena tormenta de nieve, algo que es poco frecuente en el sur, pero hasta ahora, todo lo que he visto es lluvia, lluvia y más lluvia.
La llovizna que se arremolina a mi alrededor se adhiere a mi cuerpo cuando salgo de mi oxidada camioneta. El clima deprimente coincide con mi estado de ánimo, e inmediatamente recuerdo esos primeros días después de mudarme a Forks—cómo lo odiaba y no deseaba nada más que volver al único hogar que había conocido.
Desperté de un humor bastante bueno esta mañana. Abriendo las cortinas de mi recámara, viendo el cielo pintado de gris, pero no había señales de lluvia. Mi ondulada melena de cabello castaño estuvo sorprendentemente complaciente con mi plancha. El olor a tocino y huevos me atrajo a la planta baja, y los devoré, demasiado hambrienta para preguntarme por qué mi madre había cocinado, algo que normalmente no hace. No me malentiendan, no es una novata cocinando, pero ha estado flojeado en la cocina desde que nos mudamos. Ordenando solo comida para llevar, culpa de su falta de tiempo a su nuevo trabajo demandante. El resto de su tiempo libre lo pasa con Carlisle, al que junto con Edward, casi empiezo a acostumbrarme. Pensándolo bien, esta mañana debí haber sospechado que algo tramaba Esme Platt. Me enteré de lo que era una vez que mi mano sujetó con fuerza el pomo de la puerta.
"Carlisle y Edward van a pasar la Navidad con nosotros," balbuceó ella, rebosando de emoción. "Voy a cocinarnos una gran comida familiar, nena. Esta será la mejor Navidad de todas."
Mamá prácticamente se fue dando saltitos a su coche, llevándose mi buen humor con ella. En vez de que su emoción fuera contagiosa, no sentí nada más que una punzada de celos en el centro de mi pecho.
¿Esta Navidad será la mejor? ¿Qué hay de las pasadas diecisiete Navidades, no significaron nada para ella?
El lodo cubre mis botas, y mi cabello es un desastre húmedo y despeinado. De algún modo, la llovizna se abre paso entre la capucha de mi impermeable, saturando mi cabello y dejándolo pegado a mi cráneo. Paso mis dedos por el caos desordenado y enredado y atravieso el grupo de estudiantes deambulando por el pasillo. Edward no está en ninguna parte cerca de nuestro casillero, dejándome simultáneamente feliz y decepcionada.
El chico sigue siendo un enigma para mí. Desde que nos conocimos, prometió hacer de mi vida un infierno, y lo ha hecho. La ha convertido en un infierno por las cosas no tan sutiles que dice y hace, sus palabras melosas, sus coquetas insinuaciones, y la forma amable en que cuidó de mí después del baile de bienvenida. Desperdicio frustrantes horas tras horas analizando cada palabra que me ha dicho. El comentario de Candyland fue la mejor… y la peor línea que jamás haya dicho. La mejor por la ridícula forma en que su voz que goteaba miel fluyó sobre mi cuerpo, y me convirtió en un chisporroteante cable de alta tensión. Y la peor porque no creo una sola palabra de lo que dice.
¿Olvidé mencionar que una vez amenazó con hacer de mi vida un infierno?
Hacer mi vida miserable es su misión, y la ha cumplido concienzudamente. Al pasar noche tras noche en mi recámara con la mano entre mis piernas y el recuerdo de él parado en mi habitación con su polla perforada a la vista. La imagen mental de cada glorioso centímetro está marcada para siempre, dentro de mi mente. Tal vez esa era su intención desde el principio; provocar que mi cuerpo anhele, arda y desee, hasta el día en que Cooch tenga una combustión espontánea.
La relación entre nuestros padres se ha convertido en un tema popular en la escuela, uno por el que Lauren, Jessica y todas las otras chicas que siguen manoseándolo, están agradecidas. Al parecer, yo 'estoy fuera del mercado para Cullen', de acuerdo a Tanya Denali, a la que escuché sin que se diera cuenta chismorreando con Lauren en el baño de chicas. Me quedé sentada en el inodoro escuchándolas desprestigiar mi nombre por tanto tiempo, que sentía mi trasero adolorido y estaba segura que tenía un círculo rojo alrededor de mis nalgas.
Los chicos en la escuela no están mucho mejor. Por alguna razón, ahora me siguen por todas partes como una manada de perros hambrientos, lo que aumenta la intensidad de las miradas frías y murmullos hostiles de las chicas de la escuela. Hay una pequeña parte de mí, y es pequeña, que desea nunca haber conocido a Edward Cullen, y hay muchas razones para sentirme así. La número uno es que él es el dueño de la evasiva O de Cooch. Sé, sin la más mínima duda, que él es el único chico que puede llevarme más allá del límite del placer.
Y es in-puto-cable.
"Bella, ¿podemos hablar?"
La voz de Jasper me saca de mis sombríos pensamientos. Exhalando un profundo suspiro, cierro con fuerza la puerta del casillero, revelando totalmente el rostro suplicante de Jasper. Apoyado contra las hileras de casilleros, sus ojos azules me imploran, rogándome ser escuchado.
Desafortunadamente, hemos estado haciendo este numerito durante las últimas semanas. El único descanso que tuve de sus constantes disculpas fue durante la semana de vacaciones de Acción de Gracias, que estuvieron maravillosas, por cierto. Holgazanear en la casa con mis pantalones de chándal y atracándome de tarta de nuez con helado encima fue como estar en el cielo.
"Jasper, ya discutimos esto. Me abandonaste en nuestra primera cita. ¿Eso no te dice algo? Como, ¿qué tal vez no… funcionamos juntos? Si yo te gustara de verdad, no me habrías dejado en el baile."
"Creí que los tipos de La Push estaban jodiendo los coches de la gente durante el baile. Tú no entiendes la rivalidad entre Forks y La Push, Bella. Dame una segunda oportunidad."
"Entiendo la rivalidad entre institutos." Pongo los ojos en blanco y me recargo en los casilleros junto a él. "Esa no es una excusa para dejar a tu cita."
Casi siento lástima por él, con sus ojos de cachorrito y su sonrisa triste. Mis dedos se mueven nerviosos, y el deseo de palmear su cabeza como si fuera un golden retriever es casi absolutamente abrumador. Mi resolución se desmorona poco a poco, y no me agrada.
"Déjame compensarte. Salgamos… como amigos. Te explicaré todo."
Veo a Angie en la distancia detrás de él. La camiseta de un vivo color rosa que lleva puesta hace imposible ignorarla. Su rostro se ilumina, y una sonrisa engreída tira de las esquinas de sus labios. De repente, quiero que Jasper se vaya, porque sé que Angie me va a dar mierda si lo escucha disculpándose otra vez.
"Bien. Saldremos. Como amigos," digo apresurada. Algo parecido a la culpa se retuerce en mi estómago. La sensación es ridícula, porque no tengo nada de lo que sentirme culpable.
Jasper deja escapar un suspiro de alivio y sonríe. "Gracias, Bella."
"¿Qué fue todo eso?" Angie pregunta, una vez que Jasper se ha alejado, pero no antes de lanzarme una sonrisa afloja bragas. Esa sonrisa que probablemente funciona con otras chicas, pero conmigo, no mucho. No, prefiero sonrisas torcidas y ojos traviesos.
"Acabo de acceder a darle a Jasper una segunda oportunidad." Me encojo de hombros y sus ojos se agrandan. Una extraña sensación se arrastra por mi cuerpo y se arraiga en mis huesos. Echando un vistazo alrededor del pasillo, no veo nada fuera de lo ordinario, pero el hecho no mitiga la extraña sensación.
"Oh, Cullen va a ponerse furioso," murmura, siguiéndome por el pasillo hacia nuestra primera clase que compartimos. Mis cejas se elevan y se fruncen en confusión. Le doy una mirada preocupada.
"¿Qué? ¿Por qué se pondría furioso?"
"Gah, Bella. ¡Deja de pretender! ¿Puedes sacar la cabeza de tu trasero por un segundo? Cuántas veces tengo que decirte—"
"No le gusto," le digo rotundamente, deteniéndome justo afuera de la puerta del salón de clases. "Él está tratando de meterse en mi cabeza, confundirme y hacerme miserable."
"Bella—"
"Y lo está consiguiendo," murmuro. Escabulléndome a clase, intento dejar ahí a mi desconcertada amiga, pero ella envuelve sus delgados dedos en torno a mi muñeca, guiándome de regreso a la puerta.
"Gánale en su propio juego."
"¿Eh?" Pregunto, arrugando mi rostro en confusión.
Angie suspira y arroja su cabello largo por encima de su hombro. "Si él quiere jugar… juega. Realmente crees que no le gustas, ¿cierto?"
"Cierto." Asiento.
"¿Y crees que las insinuaciones sexuales que lanza constantemente son solo su forma de hacerte completamente miserable? ¿Crees que si respondes a sus insinuaciones te rechazaría… humillándote, por su anterior declaración de que haría de tu vida un infierno?"
"Por supuesto."
"Entonces, responde a sus coqueteos." Angie se ríe al ver mi expresión horrorizada. "Jode con su mente. Eres una mujer. Contario a la opinión popular, somos el sexo dominante. ¿Siquiera sabes cómo coquetear, Bella?"
"Claro que sé cómo coquetear." Me burlo de mi amiga, mi vientre se calienta y mis palmas sudan al pensar en coquetear con Edward.
"Él está ganando este juego. Tú eres miserable, y aunque no lo admitirás, creo que las dos sabemos la verdadera razón por la que te sientes incómoda siempre que él está cerca."
~c00ch~
La escuela termina por las fiestas, pero el descanso de las clases no son vacaciones para mi mente. Día tras día, la sugerencia de Angie de coquetear con Edward consume mis pensamientos. Estar en presencia de chicos nunca me ha hecho sentir incómoda. Aunque soy un poco inadaptada socialmente, coquetear con un chico nunca ha sido difícil para mí.
Hasta que conocí a Edward.
Intento entretenerme de mis propias preocupaciones al ayudar a mamá a poner los últimos toques en la casa para Navidad. En lo personal, creo que el árbol en la sala y las luces colgando de los arbustos secos y enclenques eran suficiente, pero mamá tiene otra idea.
"¿Qué carajos es eso?" Pregunto.
Mamá balancea su pequeño cuerpo en una silla, estirándose por sobre su cabeza y colgando alguna clase de follaje sobre la entrada. Gimo y ruedo los ojos al ver la forma eufórica en que me sonríe, mirando por encima de su hombro por un momento.
"Muérdago."
"Ese no es muérdago."
"De acuerdo, es de plástico… y técnicamente es acebo. No me mires así, es todo lo que pude encontrar." Cuando el acebo está en su lugar, ella baja de la silla y me da una mirada de preocupación. "Se ve ridículo, ¿no es así? Lo quitaré. Quiero que hoy sea perfecto…"
"Se ve bien. Es festivo," le dije, tragándome la autocompasión por el día que me espera. El imaginarme cenando frente a Edward me ha puesto de mal humor, pero esa no es razón para desquitarme con mi madre. "Lamento mi extraña actitud. He estado bajo mucho estrés."
"No pasa nada," me dice mi madre, su tono de voz indiferente. Sopla para quitar el cabello de sus ojos, sin quitar nunca su mirada apreciativa del acebo colgando sobre la puerta.
Molesta por su indiferencia, me voy y paso el resto de la mañana en la cocina. Mamá holgazanea por la casa, viniendo a ayudarme a cocinar de vez en cuando, pero su mente está a millones de kilómetros de distancia. La irritación y los celos se apoderan de mi cuerpo, y antes de darme cuenta, estoy azotando ollas y sartenes por todos lados, y refunfuñando bajo mi aliento.
Estoy sola.
La silenciosa comprensión del abandono me golpea con fuerza, y de pronto me siento triste. No podría estar más triste, incluso si estuviera escuchando 'Say Something' en repetición.
El cuchillo que estoy usando para rebanar una zanahoria en la tabla de cortar se resbala de mis manos, la hoja corta superficialmente mi pulgar. Los restos de zanahoria de un vivo color naranja y sangre cubren el cuchillo y me siento mareada al verlo. Tambaleándome, mis ojos parpadean rápidamente mientras lucho por recuperar el control de mi cuerpo.
Una maldición en voz baja atraviesa el sofocante aire y la calidez se extiende por mi espalda. Alguien guía mi débil cuerpo al fregadero de la cocina y abre la llave. El agua fría salpica sobre la herida, llevándose la sangre.
Un aliento caliente y mentolado baña mi mejilla. Él está tan cerca que puedo oler su delicioso aroma mientras habla. "Hiciste que me cagara del susto."
"Lo siento," murmuro.
"¿Por qué te disculpas? ¿Por un accidente?" Envuelve mi mano con una pequeña toalla de cocina. Sujetándola con mi mano libre, y presionándola contra mi pecho, me vuelvo y recargo en el fregadero. Edward también se apoya en el fregadero, y cruza los brazos sobre su pecho.
"Me disculpo por ser torpe, supongo. Pero, en mi defensa, solo pasa siempre que tú estás cerca."
Dándome la vuelta, abro el gabinete bajo el fregadero de la cocina. Mamá tiene ahí un kit de primeros auxilios, y en todos los baños de la casa. Agachándome junto a él, no puedo evitar notar que no se mueve de donde descansa contra la encimera. Veo discretamente la forma en que los esbeltos músculos de sus muslos presionan contra los jeans ajustados que trae puestos.
Sacando el kit de debajo del gabinete, tomo una profunda respiración temblorosa y me concentro en poner una bandita en mi herida. Desafortunadamente, Edward tiene algo más en mente. Aparta mis manos del kit y busca dentro, quitando fácilmente las tiras delgadas que separan la bandita del papel con sus hábiles dedos.
"¿Por qué estás aquí tan temprano?" Pregunto.
"Idea de mi papá," murmura, terminando de poner la bandita. "Pensó que sería bueno para nosotros pasar algo de 'tiempo de calidad' juntos."
Me rio al escuchar el desdén goteando de sus palabras. El dolor en mi dedo palpita con fuerza con cada risita. Haciendo una mueca, sostengo mi mano en mi pecho e ignoro su mirada preocupada. Una brillante mancha roja baja por la manga de su camisa gris Henley.
"Mierda, lo siento. Manché de sangre tu camisa."
Edward frunce el ceño. Baja la vista, se encoge de hombros y mete las manos en sus jeans.
"Solo es sangre, Bella. No hay problema."
Ignorando el dolor que se dispara en el interior de mi dedo, busco en el kit de primeros auxilios, muy consciente de la forma en que está parado a mi lado, observando todos mis movimientos con curiosidad. Al fin, encuentro la familiar botella marrón de peróxido al fondo del kit.
"Quítate la camisa, Edward."
Edward levanta sus cejas, con una sonrisa lenta curveándose en su rostro.
"¿Tratando de desnudarme? ¿Otra vez?"
"Por favor." Me burlo y hago un gesto hacia su camisa.
Edward saca sus manos de sus bolsillos y retira fácilmente la Henley de la parte superior de su cuerpo. La camiseta blanca que lleva debajo se aferra a la tela como una segunda piel y también deja su cuerpo. Un destello de algo brilloso llama mi atención. Una barra atraviesa cada uno de sus pezones perforados, con una bolita plateada a cada lado. El impulso apenas contenido de estirar mi mano y tocar el frío acero me consume, y mis dedos se siguen moviendo nerviosos una vez que me da su camisa.
"Me has visto antes sin camisa, Bella."
Edward literalmente estira su mano y presiona con su pulgar debajo de mi barbilla, cerrando mi boca. Se echa a reír al ver mi mirada furiosa, y se vuelve a poner la camiseta blanca sin mangas, ocultando el metal y el delicioso color rosado que rodea sus pezones perforados. El verlos me recuerda un tipo diferente de perforación que tiene… situada en la parte más baja de su cuerpo.
Otra perforación que me encantaría tocar… o probar… chupar.
Cooch ha estado callada, pero ahora me sonríe a mí y a mis pensamientos pervertidos con suficiencia. La ignoro, concentrándome en dar unos toquecitos con una bola de algodón empapada con peróxido sobre los pequeños puntos de sangre. Edward me observa, y su aroma cálido y especiado me envuelve en el pequeño espacio que él deja entre nosotros.
"Peróxido, ¿eh? ¿Cómo aprendiste eso?"
"Estoy llena de información inútil." La sangre se disuelve bajo nuestra mirada. Casi me rio al ver la expresión de asombro en su rostro. "Mi mamá trabaja en atención médica. Aprendió una cosa o dos a través de los años. ¿Cómo te deshaces de manchas como esta?"
"No lo hago. Solo habría botado la camisa si no le hubieras limpiado la sangre."
"Perdedor," murmuro, burlándome mientras enjuago la tela bajo la llave. "Ser rico no es una excusa para desperdiciar dinero de esa forma."
Retuerzo la Henley en mis manos, exprimiendo el exceso de líquido. El agua clara gotea de la manga y baja por el resumidero.
"Voy a poner esto en el escurridor en la lavandería. Yo, ugh, necesito empezar la cena cuando vuelva."
La presencia de Edward me distrae totalmente, pero en el fondo aún espero que esté parado en la cocina después que regrese de la lavandería. Coloco la camisa en el escurridor, y limpio mis manos en la parte trasera de mis jeans. Mi corazón da un vuelco al verlo apoyado en la encimera de la cocina, con la receta de mi abuela del turducken (1)en sus manos.
"¿Qué demonios es un turducken?" Pregunta, echándome un vistazo por encima de la orilla desgastada de la página.
"Es un pollo metido dentro de un pato metido dentro de un pavo. ¿Tú… quieres ayudarme a cocinarlo?"
Edward deja caer la receta escrita a mano sobre la encimera junto a él. Cruzando los brazos sobre su pecho, me lanza una sonrisa pícara.
"Bella, ¿me estás pidiendo que meta mi polla dentro de tu pavo?"
La pregunta está dirigida a mí, pero Cooch es la que asiente. Mis palmas empiezan a sudar, mis manos calientes solo se enfrían una vez que he abierto el refrigerador para sacar los ingredientes. Mordisqueando mi labio inferior, saco primero el pollo, entonces borro el nerviosismo de mi rostro. La sugerencia de Angie cruza por mi mente. Coloco el pollo en la encimera junto a él y le doy una sonrisa inocente.
"Sí, Edward. Quiero que metas tu polla en mi pavo." Lamo mi labio inferior bajo su mirada de asombro, y añado dos últimas palabras.
"Muy adentro."
~c00ch~
¿Quién diría que preparar un turducken podría ser una experiencia tan… pornográfica?
Anoche dejé las aves en salmuera, y sus pequeños cuerpos regordetes brillan por el aceite y los condimentos. Las manos de Edward se resbalan y deslizan debajo de las mías cuando le miento totalmente sobre 'masajear' el ave. Lo estoy usando como una excusa para frotar mis manos grasosas sobre las suyas, o como Angie lo llama 'coquetear'. No estoy segura que ella tuviera en mente un atentado al pudor de un pavo cuando me sugirió que coqueteara con Edward, pero oye, es el único plan que se me ha ocurrido hasta ahora.
"Tienes que ser delicado. Acaricia el ave suavemente. Presiona las puntas de tus dedos en la superficie y masajéalo con cada pasada de tus dedos," le digo. "Así. ¿Sabes? Eres muy bueno con tus manos. ¿Estás listo para meter tu polla dentro de mi pavo?"
Edward se mueve incómodo, chupando sus viper bites entre sus dientes. Nuestros dedos están prácticamente entrelazados sobre la reluciente ave. Tal vez sea la hiperactiva imaginación de mi cerebro inducida por Cooch, pero juro que hay un abultamiento en sus jeans que él trata de ocultar al pegarse más a la encimera.
Mamá y Carlisle vienen a vernos de vez en cuando. Obviamente, no he pasado tanto tiempo con Carlisle como mamá. Y porque apenas lo conozco, es difícil para mí interpretar su lenguaje corporal, pero cualquiera puede reconocer el conflicto en sus ojos cada vez que nos ve con nuestras manos aceitosas muy unidas.
"Siempre estoy listo para meter mi polla en ti—en tu pavo," susurra Edward, casi, pero no del todo, sacándome de mi juego. Me siento un poco mareada, y le ruego a los dioses de Cooch que no me desmaye encima del pavo. Esa sería una historia para contar en Navidad en los años por venir: 'Bella se desmayó mientras le daba a Cullen una guía manual de cómo engrasar apropiadamente un pavo antes de meter su gorda polla.'
Hacer un turducken requiere de mucha destreza con el cuchillo, y Cullen se ve nervioso y curioso a partes iguales, observándome cortar la carne y montar las aves. Supongo que le preocupa que me ampute un dedo, pero estoy en total control. Verlo retorcerse con cada insinuación elegida cuidadosamente, ha incrementado mi confianza.
Me echo a reír y sacudo mi cabeza cuando confiesa que de verdad pensó que metería el pollo dentro del pavo. En vez de eso, me ayuda a colocar las aves deshuesadas una dentro de la otra y a unirlas.
"Pero en serio estaba deseando meterla," me susurra al oído. "A ti también te habría gustado… verme… meterla muy adentro."
"¿Sí?" Pregunto, porque simplemente no hay palabras inteligentes. Mis entrañas se estremecen, y mi cerebro se ha convertido en papilla. Mis bragas se han convertido en una resbaladilla y Cooch se está deslizando por la superficie de la tela mojada con una margarita en sus manos.
Carlisle carraspea desde la entrada a la cocina, el sonido interrumpiendo el pavoneo de Cooch. Sintiéndome culpable, meto el turducken al horno, y me dirijo al fregadero a lavarme las manos.
"Bella, tu mamá me envió para ver cómo estaban. Han estado en esto por un rato. ¿Necesitan alguna ayuda?"
Sacudo mi cabeza. "Gracias, Carlisle, pero acabábamos de terminar con las aves. En cinco agonizantes horas, nos estaremos dando un festín de turducken."
Carlisle sonríe, asiente y se apoya sobre sus talones. "¿De qué han estado hablando aquí, chicos? Parece muy intenso."
La voz de Carlisle es casual, pero tiene un extraño tono implícito de suspenso que hace que ardan mis mejillas. Secando mis manos en la toalla de la cocina, le echo un vistazo a Edward, preguntándome si notó la extraña emoción filtrándose de las palabras de Carlisle. El rostro de Edward está tranquilo y sin emoción, devolviéndole la mirada a su padre con una expresión vacía. Entre más tiempo mira a su padre, el ambiente se vuelve más tenso. Un escalofrío involuntario recorre mi cuerpo, pero lo cubro al pretender estirar y masajear mi cuello.
"De pollas," responde Edward, levantando una ceja al ver la mirada boquiabierta de su padre. "Estábamos hablando de que yo metiera mi polla en… el pavo de Bella."
La boca de Carlise se abre y se cierra varias veces antes que sea capaz de formar una oración coherente. "Muy gracioso, Edward. ¿Necesitamos continuar con nuestra conversación de esta mañana?"
Los planos angulosos del rostro de Edward se retuercen en algo amenazador. Me siento muy fuera de lugar, parada en mi propia cocina mientras los dos hombres hablan de una conversación de la que no sé nada. Pasando los dedos por mi cabello, me vuelvo y me ocupo devolviendo todas las especias a su estante.
"No, esta mañana dejaste muy claro tu pensar con relación a mi… dilema," responde Edward, prácticamente escupiendo las palabras.
Carlisle suspira. "No hay ningún dilema, hijo. Estoy librando a todos de la pena inevitable—"
Las palabras de Carlisle se van apagando con cada movimiento de Edward cuando sale furioso de la habitación. Carlisle sigue a su hijo, y el alivio me consume. La confusión de no saber de qué demonios estaban hablando, hizo extremadamente incómoda la situación en la cocina. Sin duda, no deseo quedarme a solas con Carlisle para hablar de algo que evidentemente encabrona a Edward. Además, no conozco al hombre, a parte de un par de obligadas comidas pseudo familiares por las que nos hicieron pasar nuestros padres. Solo la idea de tener un momento Full House (2) con Carlisle, hace que quiera vomitar.
Dos horas después, estoy bien metida jugando Halo Reach. Sentada en el suelo frente al sofá, maldigo bajo mi aliento, callándome solo cuando él se sienta junto a mí. Distraída por su presencia, experimento una feroz muerte a manos de un jabalí, y le lanzo una mirada asesina cuando se ríe entre dientes. Toma el control remoto de mis manos y procede a patear traseros durante las siguientes horas. El tiempo pasa, pero la chica en mi interior vitorea cada muerte, y se complace en silencio por la sonrisa engreída en su rostro.
"¿Eres bueno en todo lo que haces?" Pregunto, viendo cómo lleva a su equipo a la victoria una vez más. Me siento inquieta, porque normalmente soy yo la que patea traseros cuando juega este juego.
Edward se ríe. "No soy bueno en todo."
"¿En qué no eres bueno, si se puede saber?"
Los ojos de Edward pierden su brillo, y se queda callado por un momento. La sonrisa engreída desaparece de su rostro, y arroja el control al sofá detrás de nosotros. Escucho la tintineante risa de mi mamá y las copas de vino que chocan desde el comedor.
"Te compré algo," responde, ignorando mi pregunta y mis ojos curiosos. "Para Navidad—Carlisle dijo que haríamos intercambio de regalos." Con sus mejillas rosadas y sus cejas fruncidas. Sacude su cabeza, y una risa nerviosa se atora en su garganta. "¿Quieres hacerlo? ¿Intercambiar regalos?"
"Claro."
Para ser honesta, me siento malditamente aliviada por su sugerencia de abrir los regalos lejos de la atenta mirada de nuestros padres. El presente que le compré no era nada vergonzoso, pero es algo personal. Ni siquiera me di cuenta del sentimiento involuntario detrás, hasta que estaba comprado y pagado. Ahora me siento tonta, gateando hacia el árbol y tirando del delgado paquete debajo de las ramas verdes iluminadas. Se lo doy, conteniendo el aliento mientras él le quita cuidadosamente el lustroso papel. Arroja a un lado la envoltura y se le queda mirando al objeto en sus manos, su rostro tan inexpresivo como estuvo antes cuando Carlisle lo confrontó en la cocina.
Mis mejillas arden a medida que pasan los segundos. La necesidad de justificarme me consume. "Siempre cargas por todos lados esa libreta. Creí… lo siento. Sé que no es mucho."
"Es perfecta, Bella. Gracias."
Edward mira la libreta Moleskine, trazando con su dedo el nombre gravado en dorado en la esquina inferior derecha. La abre, y sus dedos pausan cerca de las primeras páginas de la libreta.
"Anoté la letra de un par de mis canciones favoritas," murmuro con timidez. "Es estúpido."
"No es estúpido." Edward voltea cada página, leyendo las letras hasta que finalmente terminan. Titubeo bajo su mirada cuando cierra la libreta. "Te lo dije, es perfecta."
Edward desplaza su peso hacia un lado y mete la mano en su bolsillo trasero. Saca un sobre blanco arrugado e intenta alisar el papel en sus manos, fallando.
Casi con timidez, me da el sobre y yo lo recibo con mis manos temblorosas. Deslizo un dedo bajo la pestaña, abriendo el sobre. Un sencillo boleto de avión impreso está dentro, las palabras en blanco y negro me llegan directamente al corazón.
"Creí que tal vez te gustaría volver, visitar a tus amigos y a tu familia." Edward se encoge de hombros, eludiendo mis ojos acuosos. Cogiendo la libreta a su lado, fija su mirada en el encuadernado negro. "Quizás no te sentirás tan sola después de un viaje de regreso al sur de California."
Sola.
Este complicado chico me conoce mejor que mi propia madre.
"Esto es extremadamente considerado… y costoso. ¿Estás tratando de deshacerte de mí, Edward?" Pregunto con una sonrisa, limpiando una lágrima que se me escapa por debajo de mi ojo. Edward vuelve a mirarme cuando mi mano temblorosa limpia las ridículas lágrimas.
"Es un boleto de ida y vuelta, Bells. No me hagas ir a buscarte y traerte de vuelta a Forks."
"Porque la vida sería muy aburrida sin mí cerca, ¿eh?"
Edward baja la vista a la libreta, la abre y le echa un vistazo a las letras. Recargándose pesadamente en el sofá, deja escapar un profundo suspiro. La calidez se propaga al instante por mi cuerpo bajo su intensa mirada.
"Realmente no tienes idea," susurra.
(1) Dejé el nombre original de la receta a sugerencia de Eri, pero como vieron es la mezcla de las tres aves juntas, 'tur' por turkey o pavo, 'duck' por pato y 'cken' usando también ck es por pollo.
(2) Full House (Padres forzosos en España y Tres por tres en Hispanoamérica) es una serie de televisión estadounidense, ambientada en San Francisco, California. Muestra las crónicas de un padre viudo; Danny Tanner, quien, después de la muerte de su esposa Pam, reúne a su mejor amigo Joey Gladstone y su cuñado Jesse Katsopolis para ayudar a criar a sus tres niñas
¿Y qué les pareció el turducken? Jajajaja, al menos Bella pudo emparejar el marcador gracias a la sugerencia de Angie. Una muy inteligente amiga, ¿no creen? Esas insinuaciones estuvieron calientes, hasta el pobre Carlisle se quedó con la boca abierta. Hablando de Carlisle, ¿de qué creen que se haya tratado esa conversación entre padre e hijo? Eri tiene sus sospechas, ¿y ustedes? En fin, volvemos a ver el lado tierno de Cullen al pensar en regalarle a Bella la oportunidad de ir a ver a su familia y amigos, como lo dijo Bella, tal parece que el chico está muy al tanto de cómo se siente Bella, contrario a su madre, al parecer. Pues espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y leer pronto el siguiente. No olviden que sus reviews es el único pago que recibimos por hacer esto para su diversión, y no les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo, escribir un gracias, una carita feliz o lo que les pareció el capítulo en el cuadrito al final del capítulo y enviar, ni siquiera tiene que estar registrados en FF.
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: mariluiq, pattyfer3107, JessMel4, Marie Sellory, jupy, Jess Amador, kaja0507, tulgarita, Kriss21, Tata XOXO, Jade HSos, ClaryFlynn98, Paola Lightwood, NaNYs SANZ, somas, Manligrez, paupau1, Aislinn Massi, miop, bbluelilas, Cinti77, Car Cullen Stewart Pattinson, Cassandra Cantu, Vianey Cullen, PRISOL, Isis Janet, AnnieOR, Lizdayanna, glow0718, bealnum, Brenda Cullenn, Ali-Lu Kuran Hale, NarMaVeg, Mio1973, Lady Grigori, Mafer, dana masen cullen, gesykag, saraipineda44, Liz Vidal, EriCastelo, rjnavajas, Sully YM, Lectora de Fics, Dani, angryc, Lauguilln, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, espero que muy pronto, DEPENDE DE USTEDES.
