Como ya saben nada de esto me pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer y la autora de esta graciosa historia es la autora Hoodfabulous, yo solo traduzco ;)

Y como siempre me acompaña mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda :*


Capítulo Catorce: Estúpido Cupido

"¿Vas a ir al baile del Día de San Valentín?"

Le lanzo a mi supuesta amiga una mirada crítica. Bueno, le lanzo eso y una almohada de mi cama. Riendo, la esquiva muy fácilmente desde donde está sentada estilo indio sobre la catástrofe tamaño queen de algodón blanco, barandillas de hierro y resortes de cama que rechinan. La cama era sin duda algo demasiado infantil para una adolescente como yo, con sus mariposas al vuelo danzando a lo largo de los barandales blancos de metal. Sus cuerpos pintados estaban descarapelados y doblados de algunos sitios, probablemente por las diferentes ocasiones en que había despertado con el cabello enredado en sus putas alas abiertas y antenas.

"No más bailes," respondo, rodando los ojos. "¿Tengo que recordarte lo que ocurrió en el último?"

Angie sonríe, levantando la vista de su laptop descansando en su regazo. Ha estado en una videollamada por aproximadamente una hora ya, obsesionada con un chico de nombre Ben, que es lindo de forma 'Soy un nerd de las matemáticas'.

"No tienes que recordármelo." Angie asiente hacia mi tocador donde yo, vergonzosamente, tenía una foto metida entre la madera y el espejo de Edward y yo, la misma foto que ella tomó de Edward cargándome por sus escaleras. "Montaste el regazo de ese tipo misterioso y de algún modo terminaste en los brazos de Cullen. Tengo fotos, ¿recuerdas? Y parece que tú todavía tienes la que te di."

Refunfuñando bajo mi aliento, desdoblo mis piernas de debajo de mí y me levanto de la cama. Tomando la foto del tocador, rápidamente saco mi diario, er, libreta de donde está oculta debajo de mi colchón. Metiéndola dentro de la libreta, ignoro a Angie, que aún me da su famosa sonrisa boba.

"¿Qué?" No es mi intención hablarle con brusquedad, pero me sale así.

"Es que te ves tan linda, ocultando tu foto de Edward dentro de tu diario. ¿Escribes 'Bella ama a Edward' en las páginas? Apuesto a que lo haces, ¿verdad?"

No, pero tengo el boleto de avión que él me dio metido entre las páginas.

"No, por supuesto que no. Y, es una libreta, no un diario." Suspiro, sacudiendo mi cabeza en vergüenza. "Tienes razón. Soy patética."

"No, no lo eres. Estás enamorada." Angie canturrea la última palabra, haciendo que se revuelva mi estómago.

¿Amor?

No.

¿Lujuria?

Por supuesto.

"Mi coño es el que está enamorado de Edward Cullen. No yo."

"¿Tu coño? ¡Ja! Sí, bueno, mi vagina está enamorada de Ben Cheney. ¿No se ve ardiente con esas gafas Buddy Holly que lleva puestas?"

Angie gira su laptop y me da una buena vista de su propio flechazo Cooch. Está posando frente a una casa con la que parece ser su mamá y su hermanita. Tenía una melena de cabello color ébano y una sonrisa amable. Pero su piel está libre de tatuajes y perforaciones, y ahora eso era lo mío.

Ben Cheney parece tan aburrido como mi vida sexual. Tal vez incluso más aburrido.

Muerdo mi labio, considerando cómo puedo desilusionarla con delicadeza. "Ahora me gusta más el tipo del chico malo, ¿sabes a lo que me refiero?"

"Oh, sé exactamente a lo que te refieres." Angie asiente, con una sonrisa cómplice extendiéndose por su rostro. "Un chico malo como Edward Cullen."

Así era como la gente de la escuela llamaba a Edward: un chico malo. Es el título con el que ha sido catalogado, uno que moja las bragas de las chicas y la razón por la que los chicos, salvo por sus amigos más cercanos, huyen.

Rodando los ojos, me dejo caer en la cama junto a ella, provocando que mi flacucha amiga rebote. "¿Qué tiene de malo Edward Cullen, Ang? O sea, fue un pendejo conmigo cuando nos conocimos. ¿Pero qué ha hecho en realidad que lo haga tan malo? Lo conozco desde agosto, y no ha hecho nada que lo califique como un supuesto chico malo."

"Quizás son los tatuajes y el metal," me dice encogiéndose de hombros. "O todos los problemas en los que se metió el año pasado. Oye, ¿siquiera te enteraste por qué lo expulsaron de la escuela el año pasado?"

"No."

"¿No quieres saberlo?" Pregunta, arqueando una ceja.

"Nop."

Mentira.

Angie me lo dice en la cara. "Mentirosa. Bella Platt, eres una maldita mentirosa."

"No me importa. Lo juro. Es Cooch." Señalo mi coño cubierto por mis jeans. "Esa jodida zorra nunca desiste."

Angie sube sus gafas por su nariz, mirándome con los ojos entrecerrados. "Eres muy extraña, Bella. Entonces, si no vas a ir al baile el viernes por la noche, ¿qué vas a hacer? ¿Quedarte en casa? Podemos ir al cine o algo, si quieres. Ya sabes, algo así como un, vete a la mierda, al Día de San Valentín."

"No puedo," suspiro. "Voy a salir con Jasper esa noche."

La mirada de Angie nunca deja la mía. Cierra la laptop con un chasquido, mirándome con tal intensidad y por tanto tiempo que me retuerzo en mi lugar.

Cansada de su mirada cínica, lanzo mis manos al aire y bufo. "¿Qué? Vamos a salir como amigos. Le prometí una segunda oportunidad. Se lo prometí antes de las vacaciones de Navidad, ¿recuerdas?"

"Bella," dice. Su tono de voz es dulce y un poquito condescendiente, como si hablara con una tonta. "Un chico no invita a una chica a salir como amigos el Día de San Valentín. Él te lo pidió, ¿cierto? ¿En esa fecha en particular? No fue tu idea salir el Día de San Valentín, ¿o sí?"

"Él me lo pidió," respondo. La comprensión se apodera velozmente de mi cuerpo. "Me recordó mi promesa y me sugirió ir al cine el viernes por la noche. Ni siquiera se me ocurrió que era el Día de San Valentín."

"Por supuesto que no se te ocurrió, Bella. Eres muy distraída para todo. Siempre ajena a lo que está justo frente a ti."

Bajando de la cama, empiezo a pasearme de un lado al otro, retorciendo mis manos con preocupación. "Oh, Dios mío, Ang. ¿Qué hago?"

Angie me da una sonrisa condescendiente, estira su mano y palmea la mía temblorosa. "No te preocupes, mi tonta amiga. Tengo el plan perfecto."

~c00ch~

Angie nunca me explica su plan. No hasta que llega finalmente el viernes. Me entero que invitó a un grupo de chicos a que nos acompañen al cine. Desafortunadamente, dos de las chicas que invitó, Bree y Jane, cancelaron de último minuto, alegando un tipo de virus estomacal como excusa. Su cancelación de último minuto no disuade a mi astuta amiga, que se presenta en mi puerta como a las cinco en punto, con unos jeans ajustados, unas botas a juego y una blusa negra, rematando con una chaqueta corta negra. Su extenso cabello oscuro que normalmente sujeta por detrás de su cabeza con un puff en la parte de arriba, está retorcido en un impresionante moño cerca de su nuca.

"¿Vas a ir a una doble cita conmigo o a una convención de republicanos?" Pregunto, recibiendo una mirada con el ceño fruncido.

"Quiero verme inteligente." Las mejillas de Angie se encienden, y prácticamente me empuja a un lado al entrar al recibidor. "Porque Ben es inteligente. No eres quién para juzgar. ¿Por qué traes puesto ese suéter suelto y esos jeans sin forma?"

"No quiero darle a Jasper la impresión de que me arreglé para él."

"Bueno, felicitaciones. Objetivo alcanzado. Ahora, lleva tu trasero arriba antes de que yo te dé a ti la impresión de que no voy a patearte el trasero por vestirte como una vagabunda. De ninguna jodida manera voy a salir contigo en público luciendo así."

Es una hora y tres atuendos después, cuando llega finalmente Jasper. Mamá le habla con cariño como si fuera un cachorrito y él hace bien su papel, dándole una media sonrisa e intercambiando charla ligera con mi madre. Rodando los ojos, me pongo mi chaqueta de cuero color caramelo y hago que atraviese la puerta de prisa en compañía de Angie.

"¿Qué está, uh, qué está haciendo Angie aquí?" Jasper susurra, conteniendo lo que parece es un ceño fruncido. Bendito sea. Está totalmente confundido.

"Una cita doble, amigo mío," respondo. "Vamos a encontrarnos con Ben Cheney en el cine. Solo un grupo de cuatro amigos saliendo juntos y viendo una película no romántica en una cita que de casualidad cayó en el día festivo más ridículo de todos los tiempos. ¿No concuerdas, Jasper? ¿Con mi apreciación del Día de San Valentín? O sea, es ridículo."

"Perra, no puedo correr con tacones," Angie dice detrás de nosotros.

"Mueve tu trasero. Tenemos que terminar con esto. Bueno…" Jasper me está mirando, con su rostro inexpresivo y su mano sosteniendo la puerta abierta. "Quise decir, que estoy muy emocionada de ver esa estupenda película, y no quiero perderme ni un solo minuto. Escuché que tiene un montón de sangre y entrañas. Nada de romance. Ninguno en absoluto. Porque el romance es para cobardes, ¿verdad, Jasper?"

"¿Creí que primero íbamos a ir a comer?" Murmura, sacudiendo su cabeza en confusión.

"Nah, no hay tiempo para sentarnos a comer algo aburrido cuando vamos a ver violencia y derramamiento de sangre," lanzo mi puño al aire con entusiasmo.

Jasper murmura algo bajo su aliento, rodea su coche deportivo y se sienta en el asiento del conductor. Angie me fulmina con una mirada que dice 'estás llevando esto muy lejos' antes de subir en la parte trasera. La maldigo en silencio, deseando nada más que señalar que supone que ella se 'marea en el coche' al viajar en la parte de atrás, pero no digo nada. Si Jasper recuerda eso de la última vez que todos viajamos juntos, no lo dice.

No hay mucho que hacer de camino al cine además de ver el paisaje, lo que hago, hasta que eso también se vuelve aburrido. Por algún motivo, mis ojos se desvían hacia Jasper, que sujeta el volante con tanta fuerza que sus nudillos se están tornando blancos. Hay tensión en su rostro, como si estuviera totalmente concentrado en el camino. Se ve bien, con una camisa a rayas en blanco y negro, acompañada de una chaqueta de cuero negra. También huele bien, por lo que se ve. Es una lástima que el chico no me atrae para nada. Me atrapa viéndolo y levanta una ceja, consiguiendo que se sonrojen mis mejillas.

Sutil, Platt, muy sutil. Ahora va a pensar que le estabas echando un vistazo deliberadamente, en vez de solo mirarlo por aburrimiento.

El calor dentro del coche se filtra por todos lados a través de la ventilación, calentando mi cuerpo junto con el sonrojo. Me ocupo quitándome la chaqueta y subiendo mis mangas, y eludiendo la ahora curiosa mirada de Jasper. Tal vez solo piensa que estoy ardiendo.

En el sentido literal de la palabra.

Desafortunadamente, Angie eligió una blusa ajustada que destaca mis inexistentes tetas. Están a plena vista una vez que saco mis brazos. La mirada de Jasper se dispara de mi pecho, a la carretera y de vuelta, antes que le levante una ceja y le dé una mirada significativa.

Jasper se aclara la garganta. "Te ves bien esta noche, Bells."

Maldita sea.

"Tú también," respondo, sintiendo en calor de la mirada de Angie en mi nuca. "Amigo."

Jasper se hunde pesadamente en su asiento, apretando sus labios con fuerza. Escucho una risita amortiguada detrás de mí. No deseo nada más que darme la vuelta y fulminar con la mirada a mi amiga, pero permanezco rígida, sin desviar nunca la mirada del parabrisas, con temor de mirar en dirección a Jasper y volver a darle una idea equivocada. Jasper le sube el volumen a la radio, gracias a Dios, saturando el ambiente con una canción que nunca antes había escuchado.

Emotivo y melancólico, el intérprete canta la letra de un amor perdido, su voz llena de enojo y determinación. Pero no el amor de un hombre y una mujer; sino el amor de un hijo por su madre; una madre a quien ya no puede ver. Me encuentro inclinada hacia adelante, escuchando cada palabra.

La canción termina con el triste tañido de una guitarra, y me sorprendo cuando lágrimas pican en las esquinas de mis ojos. El cálido aire esta ahora caliente—demasiado caliente para respirar. Abro un poco la ventanilla e inhalo el aire frío de febrero.

Varios segundos después, consigo hablar. "¿Qué banda es esa? Esa canción estuvo… increíble."

Jasper me da la primera sonrisa real desde que me recogió para nuestra cita 'amistosa'. El destello de la luna se refleja en el piercing en la esquina de sus labios, y luego en sus dientes, que se asoman por debajo de su sonrisa engreída.

"Ese soy yo en las percusiones. ¿Te gusta?"

"Sí, estuviste genial. ¿Quién cantaba?" Pregunto, sabiendo ya la respuesta.

¿Por qué estoy susurrando, y mis palabras suenan impresionadas?

Oh. Porque lo estoy. Estoy impresionada, y me ahogo. Me ahogo en la tristeza de su voz, en la melancolía de su letra.

"Ese era Cullen."

"¿Qué canción estaba interpretando? Nunca antes la había escuchado."

"Y no lo harás." Jasper se encoge de hombros, entrando al estacionamiento del cine local. El frente está iluminado como el Cuatro de Julio. Las luces destellantes y la risa de los niños al frente, no hacen ni la mitad de ruido que mi palpitante corazón. "Es una canción original de Cullen. Escribe su propia letra, pero no la toca en vivo. Solo tocamos covers. Él dice que la letra es demasiado personal, ¿sabes?"

Jasper apaga el motor y todo queda en silencio, salvo por esos niños riéndose afuera del cine. Aún con problemas para respirar, abro la puerta, llevándome la chaqueta conmigo. La cuelgo en un brazo y oculto mi rostro de Angie, que ya no me fulmina con la mirada o me sonríe de forma burlona. Se ve preocupada por mí, su frente toda arrugada con líneas preocupadas. Le doy una sonrisa tensa, pero no parece convencida de que estoy bien o de que no escuché algo que acaba de romper mi corazón.

No debería estar convencida.

Ni siquiera yo misma me siento convencida.

"Oye, uh, no le digas a Cullen que te dejé escuchar eso, ¿está bien? Probablemente se cagaría dos veces y moriría." Jasper tiene la osadía de verse nervioso. Este tipo no me conoce lo suficientemente bien para estar conmigo, mucho menos llevarme a una cita.

"No diré nada."

Es una promesa.

Una promesa que no debería tener que hacer porque quiero decirle algo a Edward. Quiero decirle que su voz es hermosa, que su canción es lo más increíble que he escuchado y que su letra me conmovió como ninguna otra.

Pero, no diré nada. Porque Edward es como las aguas quietas que ocultan algo mucho más profundo, pero en Edward no es solo una simple corriente. Él es un océano, esperando tranquilamente a que un huracán se abra paso, un mar embravecido cuando se alteran sus emociones. Más que nada, no puedo soportar volver a ver el dolor en sus ojos, esa misma expresión que tenía el día que me llevó a casa después que se descompuso mi camioneta, el día que me contó que su madre había muerto.

Cooch me está mirando, dándome esa sonrisa cómplice que me encanta odiar. Sabe, al igual que yo, que hay mucho más que solo lujuria involucrada cuando pienso en Edward. También hay una conexión, y quizás es solo porque ambos compartimos el dolor de tener una madre que arranquen de nuestra vida, aunque no puedo imaginar que mi dolor se compare al suyo.

Al menos él conoció a su madre.

"Ahí está Ben."

La voz emocionada de Angie me saca de mis nefastos pensamientos. Ben Cheney está parado bajo el resplandor de las grandes luces amarillas; las que rodean la cartelera que anuncia el gran total de tres películas que se presentan en el pequeño cine. Vistiendo un suéter y unos pantalones de vestir color canela, luce como todo un geek, salvo que más lindo, con su tez naturalmente aceitunada y su cabello negro sedoso. Con las manos metidas en sus bolsillos, se vuelve y nos ve a los tres caminando hacia él. Con sus ojos solo en mi amiga, sonríe y sube aún más sus gafas por el puente de su nariz.

Mi humor es voluble. Estoy toda perturbada en mi interior, atrapada en el recuerdo de la canción de Edward, y la constante lujuria que siento noche tras noche. Han pasado dos meses desde Navidad, y no ha cambiado mucho. Las insinuaciones de ida y vuelta continúan, pero él nunca, ni una vez, ha intentado verdaderamente algo, lo que me hace creer que es todo charla y nada de acción. No soy mojigata, ni lo que normalmente llamarías 'tímida'. Sé que podría tomar las riendas, por así decirlo, y ser la primera en cruzar la línea invisible del puente de tensión sexual que nos separa. Pero, por primera vez en mi vida, estoy nerviosa. Con mucho temor al rechazo, y no estoy precisamente segura por qué es eso.

Tal vez porque él realmente me importa.

Desechando ese pensamiento, hago fila junto a Jasper, pero no muy cerca de él. Cuando lo veo sacar dinero de su cartera para dos boletos, abro mi bolso, lista para rechazar la idea de que él pague. Pero el ardor de sus ojos mientras me observa buscar mi dinero dentro, hace que me detenga. Saco un tubo de bálsamo labial, dándole una sonrisa inocente mientras unto la mezcla en mi labio inferior.

Maldición. ¿Por qué tengo que ser amable?

Una vez que estamos dentro, Jasper se ofrece a comprarnos un cubo de palomitas de maíz y dos bebidas, gracias a Dios. Siento como si mi estómago se comiera mi columna vertebral, probablemente por mi prisa a terminar la noche de una vez por todas al prescindir de la cena. Estamos parados en la fila, Jasper, Angie, Ben y yo, cuando vislumbro al frente un desordenado cabello rojizo. Mi estómago vacío cae al suelo, y mis rodillas se doblan. Angie hace una mueca, apartando mi sudorosa mano de su brazo.

"¿Qué demonios? Qué asco, Bella." El rostro de Angie se retuerce al fruncir el ceño en mi visión periférica, pero en seguida desaparece cuando observa mi rostro pálido. "¿Qué pasa? ¿Estás bien?"

No, por supuesto que no estoy bien, quiero decirle. Estoy mortificada. Y no tiene nada que ver con el hecho de que Edward está parado a unos metros de distancia de nosotros, o la forma en que se ve con esos jeans que trae puestos, su cuerpo delgado y desgarbado definido bajo la mezclilla desgastada. No, lo que me horroriza es la chica parada a su izquierda, la chica que es tan bonita que me mata, arrancándome el corazón del pecho y arrojándolo al frío exterior del cine.

La chica no solo es hermosa. Es preciosa; el tipo de chica que ves dentro de una revista, pero juras que en realidad no existe. El Photoshop no se compara con esta chica. Alta igual que Edward, ella es delgada, con curvas en todos los lugares indicados. Curvas que no existen en una persona como yo. Su piel es del color del café oscuro, tersa, sin una imperfección a la vista. Cabello largo del color del ébano cae por su espalda, con unos pendientes de argolla tan grandes como el pomo de una puerta colgando de sus delicados lóbulos. Edward inclina su cabeza hacia un lado, susurrando algo que la hace reír. Echando su cabeza hacia atrás, veo su rostro por primera vez. Ojos color chocolate con la forma como los de un gato, y labios grandes y carnosos, hacen que la odie aún más. Irracional, lo sé, pero nunca he visto a Edward sonreírle a alguien de la forma en que le está sonriendo a esta chica en este momento.

La chica hace que Tyra Banks luzca como Madea.

"Un poco fuera de temporada para jeans blancos desgastados, ¿no crees?" Murmuro bajo mi aliento. Miro fijamente la forma en que esos jeans desgastados le sientan perfectamente al trasero de la chica, haciendo reír a Angie.

"Ella no está vistiendo esa ropa, Bella. Esa ropa la viste a ella. Además, no parece el tipo de chica que le importe una mierda usar blanco después del Día del Trabajo."

"Esas argollas son horribles," respondo, entrecerrando mis ojos. "Son más grandes que mi cabeza."

Jasper se mueve en la fila junto a mí, pero su mirada está centrada en el menú sobre el puesto de golosinas. No se da cuenta de la incomodidad que sale a oleadas de mí, y todavía no ha visto a su amigo.

Por favor, Dios. No dejes que vea a su amigo.

"Me gustan sus argollas. Creo que son modernas," mi traicionera y perra amiga comenta, riéndose. De verdad, está disfrutando frotando sal en la herida, haciendo que me vuelva loca de los celos.

"Sí, bueno. Ya sabes lo que dicen, entre más grande la argolla, más grande la zorra ."

Mi voz es un poco más alta de lo que quiero, comprobado por la forma en que la chica se vuelve y me mira abiertamente. De inmediato me pongo roja y desvío la mirada, avergonzada conmigo misma por la forma en que me estoy comportando. Esta chica es una extraña para mí, no obstante, la juzgo, todo por la repentina falta de autoestima de Cooch.

"¿Zafrina?" Dice Jasper, con la sorpresa tiñendo su voz. "¿Zafrina y Cullen? ¿Qué están haciendo ustedes aquí?"

¿Zafrina? Incluso su nombre es exótico.

Mi esmalte para uñas despostillado es endemoniadamente interesante. Decido examinarlo cuando Edward se vuelve y posa su mirada en nuestro grupo. Edward, Jasper y Ben comparten eso, lo que demonios sea que hacen los chicos estrechando manos y chocando puños. Zafrina se queda a un lado, el peso de su mirada aún es intenso, aunque todavía no he levantado la vista.

"Frina, conoces a Jasper. Y él es Ben, Angie y… Bella."

Edward titubea antes de presentarme, su pausa atrae mi mirada de mis uñas a su rostro contraído. La forma en que sus labios pronuncian mi nombre me hace sentir enferma, casi como si le asqueara el decirlo. Me golpea con fuerza, y no comprendo por qué mira a todas partes menos a mí.

"Bella," Frina repite, levantando sus cejas. Incluso su voz es perfecta… como miel y melaza, espesa y dulce con el dejo de un acento extranjero. Nunca me he sentido tan simple en mi vida. Abro mi boca para saludarla, pero su atención ya no está enfocada en mí. Le entrecierra sus ojos al chico a mi izquierda. Jasper.

"Ha pasado un tiempo, Jasper. Pero veo que algunas cosas nunca cambian."

Jasper se mueve en su lugar y pasa los dedos por su melena desordenada de rizos rubios. "Oh, vamos, Frina. Estoy casi tan alto como tú ahora. Me di un estirón o dos desde la última vez que te vi." Jasper se ríe entre dientes, pero es un sonido nervioso.

Zafrina sacude su cabeza. "Sabes que no es de eso de lo que estoy hablando, Jasper. Hablo de lo increíblemente egoísta que eres."

La chica mira de Jasper a mí, y ahora soy yo la que se mueve en su lugar. Hay tensión fluyendo en el fondo entre los dos, una que no comprendo. La sala llena de cinéfilos riendo y charlando parece desaparecer a nuestro alrededor entre más tiempo se miran los dos. Edward coloca una mano en el hombro de Zafrina, y la acción provoca que se apriete mi estómago.

Estúpido capricho de Cooch. Él puede tocar a quién quiera.

Me sorprende que la perra haya permanecido en silencio. O sea, Cooch. Normalmente está despierta y gruñendo ante la primera señal de competencia coochie, pero la zorra lampiña está callada esta noche.

"Zafrina, sinceramente no tengo idea de lo que estás hablando." La voz de Jasper, y el intenso azul de sus ojos brillan con sinceridad.

"Solo recojamos nuestras palomitas y vámonos, Frina." La voz de Edward es baja. Dulce. Desearía que fuera a mí a la que le susurrara. Cada vez que habla, creo que es la voz cantando en los altavoces de Jasper…

"No, creo que deberíamos dejar todo al descubierto." La voz enojada de Zafrina me devuelve abruptamente a la realidad. Se sacude la mano de él de su brazo y apunta con un dedo perfectamente pintado al rostro de Jasper. "¿Quién te crees que eres yendo tras la única persona, por la que por primera vez Edward realmente siente—?"

"¡Frina! Él no lo sabe. Déjalo, ¿de acuerdo?"

El sonido de la voz furiosa de Edward hace que me sobresalte y de un paso hacia atrás. Los abrasadores ojos de Edward dejan a su cita y se posan en los míos, pero estoy retrocediendo. Murmurando bajo mi aliento, me disculpo para ir al tocador de damas. Manteniendo mi vista fija en el suelo, abro la puerta y me recargo pesadamente contra ella, cuando está cerrada. Después de unas cuantas respiraciones profundas, abro la puerta y echo un vistazo afuera. Edward y Zafrina ya no están, dejando al pequeño grupo de amigos con los que llegué. Jasper y Ben sostienen un bote de palomitas cada uno, viéndose jodidamente incómodos. Nadie está hablando, y el grupo permanece en silencio una vez que regreso.

"¿Podemos solo… ver la película e irnos a casa? No me siento bien."

No estoy mintiendo. En realidad no, aunque estoy exagerando un poco agarrando mi estómago. Las náuseas que me invaden son reales, provocadas por la ansiedad de la velada. Todavía no estoy segura de lo que acaba de pasar, pero la tensión en la sala crepita en torno a nosotros, la que dejó Edward y su cita.

Estoy segura que la costosa película es interesante, no que esté prestando atención. La parte de atrás de la cabeza de Edward dos filas más abajo hace difícil concentrarse en la pantalla. Sobre todo cuando tengo que sentarme y ver a los dos tortolitos susurrándose el uno al otro. La película va a la mitad cuando finalmente decido que ya no puedo soportarlo.

Necesito respuestas.

"¿Cuál es el problema de esa chica?" Le susurro a Jasper, que sigue bajando la vista a mis manos que descansan en mi regazo.

Ni en sueños voy a meter la mano en ese bote de palomitas, amigo.

"¿Zafrina? Ella, uh, ella me odia."

Resoplo. "Dah, eso es obvio. ¿Por qué te odia? Y no me des una mierda de respuesta. Dime la verdad."

La lengua de Jasper sale disparada y humedece su labio inferior. "Bueno, había una chica…"

Por supuesto que había una chica. ¿No siempre hay una chica?

"Su nombre era Maria. Se mudó aquí de Texas hace un par de años, solo el tiempo suficiente para joder nuestro mundo." Jasper se ríe, pero el sonido es forzado. "Ella nos seguía a Em, a Cullen y a mí a todas partes que íbamos. Como una especie de animadora, ¿sabes? Como sea, la mayor parte de su atención estaba enfocada en Cullen, pero cuando él no estaba…"

"Cuando él no estaba, ¿ella iba tras de ti?"

"Exactamente." Jasper dejó escapar una respiración temblorosa. "Nunca había tenido eso, ¿sabes? Una chica que me siguiera todo el tiempo—una bonita, además. De estatura baja y bronceada, con piernas letales y siempre con esas pequeñas botas vaqueras puestas. Supongo que la atención me hizo arrogante. Un día la invité a salir, y aceptó, pero me dijo que su papá era extremadamente religioso y no le permitía salir con chicos. Así que, nos veíamos a escondidas. Me hizo prometerle no decirle a nadie."

"¿Incluyendo a Cullen?"

Jasper asintió solemnemente. "Incluyendo a Cullen. Cullen y yo… éramos cercanos. Somos cercanos. Siempre lo hemos sido y siempre lo seremos. Hemos atravesado el infierno y regresado, lado a lado, estuve ahí para él cuando su mamá murió. Él siempre está ahí cuando necesito hablar de mis problemas en casa. Maria fue el primero y último secreto que le oculté a Cullen."

"Entonces, espera. Estoy confundida. ¿Ustedes, qué, se pelearon porque no le contaste sobre una chica con la que estabas saliendo?"

Jasper hace una mueca. "No solo es por el secreto. Yo, uh, una noche me aparecí en su casa para una práctica de la banda. Maria estaba ahí, lo que no era inusual. El aire olía a hierba, y había botellas vacías por todas partes. Pude darme cuenta que era una de esas noches… una de esas noches malas para él. El tipo de noches que tiene cuando echa de menos a su mamá. Cullen estaba inconsciente en el sofá, y entré justo cuando Maria trepó a horcajadas sobre él."

"¿Estaba él…?" Trago el nudo en mi garganta, tratando de sacar las palabras, pero la imagen de una zorra cualquiera trepando sobre Cullen no desaparece. "¿Estaba él consciente de lo que estaba pasando? ¿Habían estado liándose?"

"No," Jasper suspira. "No, resulta que él supo todo el tiempo sobre Maria y yo. Pero la confianza que siempre le había tenido a mi amigo, en ese momento desapareció. Todo lo que vi fueron las manos de ella en su rostro, sus labios, los mismos labios que besé ese día más temprano, presionándose contra los de Cullen. Le quité a Maria de encima, despertándolo. A ella la llamé una puta. Le dije a mi amigo que era peor que un traidor. Lo acusé de verse a escondidas con Maria. Hubo otras cosas. Malditas cosas desagradables que dije, cosas que nunca voy a repetir. Para cuando dejé la casa de Cullen, no quería nada. No quería nada con Maria y no quería nada con mi amigo.

Simplemente… estaba harto.

Mierda, sentí como si me hubieran apuñalado por la espalda, Bella. Apuñalado por una chica a la que creí que le importaba, y apuñalado en la espalda por mi amigo más cercano."

"¿Qué pasó después?"

Una actriz en la pantalla grita, la estridencia hace que se erice la piel de mis brazos. Jasper ni siquiera se inmuta, sus ojos fijos en los míos. "El día siguiente Cullen entra a la escuela y me noquea en frente de todo el cuerpo estudiantil. Él ya caminaba por una fina línea, faltando a la escuela y todo por su mamá. Ella había muerto varios años antes que eso, pero siempre ha cargado este… peso con él; el peso de la muerte de su madre. En fin, él fue expulsado por golpearme. Yo fui con el director unos días después. Le dije que fue mi culpa, pero el director Banner estaba más preocupado por el comportamiento violento de Cullen. Me dijo que Cullen estaba siguiendo el mismo patrón que todos 'ese tipo de chicos' tienden a seguir. Al menos, así fue como se lo expliqué a Carlisle antes de que fuera a abogar por su hijo. Un par de reuniones y unas cuantas donaciones después, se le permitió a Cullen regresar al instituto de Forks."

"Wow. ¿Cómo pudieron ustedes dos superar eso?"

Una sonrisa tímida finalmente tira de los labios de Jasper. "Ideamos una regla."

"¿Una regla?"

"Sí." Se ríe bajito, sacudiendo su cabeza. "Suena tonto, pero funciona. Cuando conocemos a una chica y queremos algo con ella, la pedimos. De esa forma, somos honestos con nuestras intenciones y automáticamente, la chica queda fuera del alcance de cualquier otro de los chicos en nuestro grupo. Y cualquier otro, si saben lo que les conviene."

La voz de Cullen se repite en mi memoria. Prácticamente puedo verlo, parado cerca de la ventana de mi recámara, viéndose pensativo. Viéndose dividido mientras hablaba sobre Jasper.

La primera vez que te vio… en la cafetería, te pidió para él. Dijo que iba a hacerte su chica.

"Te pedí para mí cuando te vi por primera vez, Bella. La noche que derramaste la malteada sobre Cullen. Supongo que fue pura suerte que yo hablara primero, porque si no lo hubiera hecho…"

"Si no lo hubieras hecho… ¿qué?"

"Si no lo hubiera hecho, esa serías sentada ahí junto a Cullen."

Quiero reclamarle por su estúpida regla, que es sin duda, la cosa más ridícula que había escuchado en mi vida. Me refiero a que, soy una chica; no una propiedad. Él no tiene derecho a pedirme para él, incluso si solo es un estúpido adolescente, pero su última declaración me deja aturdida.

"¿Edward y yo? Por favor." Dejo escapar un resoplido poco femenino. "Él es tan… Edward, y yo solo soy Bella."

"No eres 'solo Bella' para mí." Jasper quita un mechón de pelo de mi frente. Sus dedos huelen a palomitas de maíz con mantequilla y están igual de amarillos.

Y esa es mi señal para irme.

"Necesito ir al baño." De forma irritante sacudo mi vaso lleno de hielo y Mountain Dew rebajado, o como lo llamo 'El regalo de los Dioses' en su rostro. Pequeñas gotas de condensación se escurren por sus mejillas y su nariz. "Vuelvo en un rato."

Agarrando el barandal en mi mano, bajo las escaleras, manteniendo la cabeza gacha, ocultándome detrás de mi cabello, pero no lo suficiente. Edward inclina su cabeza hacia un lado, el calor de su mirada aún danza en la piel de mi cuello mucho después que mis pies pisan el suelo plano y sólido. La oscuridad pantanosa del cine desaparece detrás de mí mientras busco los baños en el pasillo iluminado. Encuentro uno, uso los servicios, lavo mis manos y procedo a que me dé un ataque al corazón cuando me paro afuera. Edward está recargado en una máquina expendedora cercana, con el teléfono en su mano, y sus ojos fijos en mí.

"No puedes solo acercarte a alguien así." Jadeo, agarrando mi pecho. Mi estruendoso corazón late a un ritmo constante, amenazando con salir de un salto de mi pecho y lanzarse por sí solo en su dirección.

"¿Disfrutas de tu cita?" Edward mete el teléfono en su bolsillo y me mira de frente a los ojos. Frota la parte de atrás de su cuello, esperando mi respuesta. La mirada acusatoria en su rostro malhumorado me encabrona.

Cruzo los brazos sobre mi pecho y lo fulmino con la mirada. "Muchísimo. ¿Tú disfrutas la tuya?"

"Siempre me divierto con Zafrina."

Quitando ese obstinado mechón de cabello de mi rostro, prácticamente escupo las siguientes palabras. "Apuesto a que sí."

Girándome sobre mis talones, me preparo a alejarme dando pisotones, pero Edward es rápido. Se pone a mi lado, con sus manos apretadas a sus costados, dando pasos tan grandes como los míos.

"Bella, espera."

"Déjame en paz, Cullen. No me siento bien."

Edward se queda rezagado; sus pies clavados al suelo a una corta distancia por detrás. Me doy cuenta de mi torpeza verbal casi de inmediato. Con el pecho oprimido, me vuelvo para mirarlo, sintiéndome al instante como una mierda por volver a recurrir a llamarlo Cullen. Con el rostro decaído y las cejas fruncidas, él mira dentro de la sala contigua, evitando mi mirada.

"Lo siento." Mi disculpa es sincera. Me disculparía un millón de veces si tengo que hacerlo. Cualquier cosa para borrar esa expresión de su rostro. "Lo siento, Edward."

Edward asiente levemente, pero aún no mira en mi dirección. "Estoy seguro que Jasper es mejor conversador que yo."

Me burlo, ya que el recuerdo de mi conversación con Jasper está fresca en mi mente. "Hablando de conversaciones con Jasper, me contó sobre Maria, y su estúpido sistema de pedir a la chica."

"Maria." Edward suelta una risa amarga, metiendo las manos en los bolsillos de sus jeans. "Ese es un nombre que podría vivir sin volverlo a escuchar en toda mi vida."

Mirándome finalmente a los ojos, asiente en dirección a la sala hacia donde ha estado mirando. Lo sigo a regañadientes al interior de la sala de juegos, que está llena de antiguas máquinas pinball, una máquina de hockey de mesa, y un par de esas máquinas jodidamente molestas de agarra-un-premio; del tipo que nunca agarras un puñetero premio, sin importar la cantidad de dinero que le metas.

Mis ojos no han dejado el hockey de mesa desde que entramos en la sala. "Oye, Edward, en vez de todo eso de hablar, ¿por qué no me muestras algo de acción? ¿Crees que puedes ganarme al hockey de mesa?"

"No tienes oportunidad, Platt." Se echa a reír, buscando cambio en su bolsillo. Soy más rápida, deslizando ya la moneda plateada dentro de la máquina antes de que él siquiera abra su cartera. La mesa empieza a silbar, y procedo a patearle el trasero.

Tres veces.

"Jesús," refunfuña, metiendo la mano en su bolsillo por más cambio.

No puedo evitar reírme al ver la expresión herida en su rostro. Mostrándole mi palma, lo detengo justo antes que meta más dinero en la ranura.

"Es evidente que no estás familiarizado con el concepto de perder. Detente antes de que te avergüences a ti mismo." Sonreí con suficiencia, y mi sonrisa se hace cada vez más grande con la intensidad de su ceño fruncido. "Además, tu novia probablemente aparecerá en cualquier momento y pateará mi trasero por robarle su tiempo contigo. Y lo haría. Patearía mi trasero, quiero decir. Porque es enorme. Alta, quise decir." Gracias a Dios, él interrumpe mis divagaciones.

"Bella, como siempre, no tengo la más mínima idea de qué estás hablando. ¿Qué novia?"

"Zafrina."

"¿Zafrina?" Arquea una ceja. "¿Crees que Zafrina es mi novia?"

En vez de responder, me acerco a la máquina de Pick and Grab, y alcanzo mi cartera. Edward me empuja un poco haciéndome a un lado, sus ojos siguen mi mirada hacia donde está un suave cachorro de felpa agarrando un corazón rojo. Las palabras "Te amo" están bordadas en blanco en la tela carmesí. Mis mejillas arden, cuando caigo en cuenta de lo infantil de la situación. Pero si nota él mi vergüenza, por primera vez, no lo menciona.

Mete dólar tras dólar en la máquina. Las cejas de Edward se fruncen en concentración mientras guía las garras de metal dentro de la máquina sobre los diferentes animales de felpa. En vez de mirar ansiosa la garra, lo observo a él, atrapada por su mandíbula definida, cubierta por una ligera barba rojiza, fascinada por el contraste de los coloridos tatuajes asomándose por sobre su cuello contra su piel pálida.

Una sonrisa lenta curvea sus labios.

De repente, me está mirando, y su sonrisa flaquea una vez que nota mi intensa mirada. Su manzana de Adán sube y baja cuando traga, sacándome de mi trance. Parpadeando, doy un paso hacia atrás, avergonzada por ser atrapada comiéndomelo con los ojos.

Edward se inclina y mete la mano en la máquina, sacando el animal de felpa. Me da el premio, y lo tomo de sus manos con cierta vacilación. La suavidad del pelaje del animal es relajante para mis dedos enfebrecidos.

"Gracias, Edward."

Edward se encoge de hombros, desviando la mirada, pero veo la sonrisa de satisfacción en su rostro. "Gané un perro de felpa para ti, Bella. No es gran cosa."

"Sí, bueno. Voy a pretender que es un regalo de San Valentín. El primero que me da alguien." Puede o no que haya apretado al cachorro a mi pecho al decir eso.

Edward inclina su cabeza hacia un lado y frunce el ceño. "¿Jasper no te compró nada? ¿Qué tipo de hombre sale con una chica el Día de San Valentín y no le compra un regalo?"

"Estamos aquí como amigos." Pongo los ojos en blanco, exhausta de repetir esas palabras durante todo el día. "No tengo ningún interés en Jasper. No es mi novio. ¿Qué le compraste a tu cita, Casanova?"

Edward se ríe. "Nada. Comprarle a la esposa de tu primo chocolates, flores y joyería probablemente no sea lo más sensato, Platt."

"¿La esposa de tu primo? ¿Zafrina es la esposa de tu primo?"

"Sí, ¿Jasper no te lo dijo?"

Frunciendo el ceño, sacudo mi cabeza. "No, no lo hizo."

Me pregunto por qué Jasper no me dijo que Zafrina es la esposa del primo de Edward.

"Mi primo, Anthony, está fuera de la ciudad en una convención de tatuajes. Él es el que me tatúa." Edward enrolla su manga, dándome una visual de la delicia en tinta. "Zafrina ha estado manejando la tienda mientras él no está. Él se sintió culpable por dejarla sola el Día de San Valentín, así que me pidió que la invitara esta noche y la distrajera de pensar en que él está fuera de la ciudad."

Nos quedamos callados por un rato, permitiéndonos asimilar nuestras palabras mutuas. Acariciando el suave pelaje del animal de felpa, me recargo en la máquina, notando a un grupo de personas saliendo de la sala más cercana. La melena de rizos rubios de Jasper puede verse zigzagueando entre la multitud, sus ojos azules buscando y finalmente posándose en los míos.

"Entre tú y yo… ¿te gustaba esa chica Maria?"

Edward sacude su cabeza, recargándose en la máquina junto a mí. Su brazo roza contra el mío, enviando un escalofrío por mi cuerpo.

"Na. Solo ha habido una chica que verdaderamente me ha gustado." Edward se ríe entre dientes, agachando su cabeza y pasando los dedos por su cabello. "Tal vez más que gustarme."

"¿Se lo dijiste?"

"No." Los ojos de Edward miran al suelo, y la sonrisa desaparece de su rostro.

"¿Por qué no?"

Edward examina la alfombra barata por unos segundos y por un momento, creo que tal vez no va a responderme. Al menos, no antes que Jasper nos alcance. Pero lo hace. Levanta la vista y me deja atónita con la intensidad insuperable de sus ojos.

"¿Sabes cómo se siente poner los sentimientos de todos los demás por encima de los tuyos?"

"Sí," admito, suspirando pesadamente. El rostro de mamá se reproduce en mi mente, particularmente el día en que conoció a Carlisle. "Pero me estoy cansando. No creo que pueda seguir siendo abnegada para siempre."

Los hombros rígidos de Edward se relajan con mis palabras. Asiente y habla, sus ominosas palabras apenas audibles.

"Yo tampoco."


Bueno, ¿y qué piensan ahora de Jasper? Yo al igual que Eri, soy team Zafrina. Tal parece que la chica está muy al tanto de lo ocurrido con la tal Maria y como no es justo la forma de actuar de Jasper, ¿no creen? Aunque Edward dijo que no sabía lo que él siente por Bella, siendo su mejor amigo, ¿será que realmente no se ha dado cuenta? Mmmm… algo qué pensar. Creerían que después de esto desistiría de buscar a Bella, pero qué creen…En fin, al menos parece que Bella ya sabe a qué atenerse con él viendo que la engañó con la supuesta salida como amigos, ajá. Menos mal que Angie volvió a salir al rescate, y al final, Bella terminó con quién debería estar, Edward. Y con esa parte final, parece que empiezan a darse cuenta que no pueden seguir haciendo a un lado lo que siente, ¿pero será tan fácil rendirse? Ya lo veremos. Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y poder leer pronto el siguiente. No les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo, escribir un gracias, una carita feliz o qué les pareció el capítulo en el cuadrito al final del capítulo y enviar. Ni siquiera tienen que registrarse en FF.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Kriss21, LuluuPattinson, may jhonson D, ximena black, PRISOL, somas, Car Cullen Stewart Pattinson, Tata XOXO, miop, Lizdayanna, bbluelilas, NaNYs SANZ, Paola Lightwood, Carla Brunelli, kaja0507, Mio1973, tulgarita, saraipineda44, Jade HSos, ClaryFlynn98, AnnieOR, Vianey Cullen, NarMaVeg, Cinti77, Manligrez, MajoRed, Aislinn Massi, Brenda Cullen, Lauguilln, GZarandon, LadyRedScarlet, Sully YM, bealnum, Isis Janet, glow0718, rjnavajas, angryc, Ali-Lu Kuran Hale, Jess Amador, Liz Vidal, Lectora de Fics, Mafer, Dani, mrs puff, EriCastelo, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.