Como ya saben nada de esto me pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer y la autora de esta graciosa historia es la autora Hoodfabulous, yo solo traduzco ;)
Y como siempre me acompaña mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda :*
Capítulo Quince: Cooch en el paraíso
Parte Uno
"No puedo creer que estarás aquí en solo un par de días," dice Rose, con su voz distorsionada y amortiguada por el teléfono.
Encontrando mis pantalones cortos y camisetas sin tirantes, soy incapaz de contener la alegría que me consume. La sensación sube lentamente desde mis dedos y hormiguea al abrirse paso a la cima de mi cabeza. Mi móvil está metido en la curva de mi cuello, amenazando con deslizarse de mi oído, pero no podría importarme menos. Ya he dejado caer el teléfono dos veces, para desprecio de Rose.
"Lo sé, ¿cierto? Toda una semana pasando tiempo con mis viejos amigos, sin hacer nada más que nadar y tendernos al sol. Por favor, dime que está lo bastante caliente para nadar y tomar el sol."
Rose suelta una risita. "Bella, los últimos dos meses han sido los más calientes de lo que se tiene registro. Ayer estaba a jodidos veintidós grados, pero el agua todavía está fría. Tú decides si quieres congelar tu trasero."
Congelar mi trasero parece algo perfectamente aceptable, considerando que estoy desesperada por dejar el clima frío y húmedo que parece ser la norma en Forks, Washington. Abue, mi abuela, me ha llamado todos los días durante una semana solo 'para ver cómo estoy'. Mi abuela no es alguien que muestre sus emociones más sensibles, pero el aumento de llamadas telefónicas me dice que me extraña tanto como yo los extraño a ella y a mi abuelo.
"Sí, bueno, ayer estaba a once grados y lloviendo a cántaros aquí en Forks. Myrtle Beach es un paraíso tropical en comparación," murmuro. "¿Y vamos a vernos después que aterrice?"
"Claro," dice Rose, su voz distraída. "Oye, Bella, tengo que dejarte. Te hablo después."
Abro mi boca para responder, pero la línea se queda en silencio. Atónita, sostengo mi móvil lejos de mi rostro, frunciendo el ceño al darme cuenta que mi mejor amiga me colgó.
El que Rose me dejara así me perturba, y paso el resto de la mañana refunfuñando bajo mi aliento y metiendo ropa en mi sobrecargada maleta. La idea de sol, arena y familia finalmente me saca de mi estado melancólico provocado por la despedida tan simple de Rose. Sonriendo, dejo caer mi trasero sobre la maleta en un débil intento por aplastar mi ropa.
Una semana—toda una semana lejos de Forks, lejos del persistente trasero de Jasper, lejos de las miradas acarameladas de mamá y Carlisle.
Lejos de Edward.
Mi garganta se cierra al pensarlo y mi cuerpo se tensa sobre la maleta. Es extraño cómo me he acostumbrado a ese chico que alguna vez odié, un chico que creía que también me odiaba.
Un chico que sigo sin poder entender.
Algunas veces creo en las cosas que siento por él, creo que tal vez él siente lo mismo por mí, sobre todo cuando lo sorprendo observándome.
Cuando él me atrapa a mí observándolo a él.
Estar cerca de Edward me hace sentir como un volcán amenazando con hacer erupción en cualquier momento. La tensión se acumula dentro de mí, día tras día, noche tras noche. Un día voy a explotar, y va a ser tremendamente embarazoso cuando lo haga. Imagino que me arrojaré a él, montando su pierna como una perra en celo.
"Bella."
La voz de mamá llamándome desde la planta baja me distrae de la imagen de Cooch montando el muslo de Edward. Sacudiendo mi cabeza, abandono mi maleta sobre la cama y bajo las escaleras con pesadez. La encuentro en la cocina, casualmente, pero no tan casual, recargada en la barra. Los golpecitos de sus uñas en la encimera me dice que está nerviosa. Bueno, eso y la pequeña arruguita entre sus cejas.
"¿Qué pasa?" Pregunto, sentándome en el banco con cierta vacilación. No la había visto así de preocupada desde la vez que me mostró cómo poner un condón en un pepino extremadamente grande.
Imaginen mi decepción cuando Paul me mostró por primera vez su pepino, que era más parecido a una pequeña banana. Bueno, más parecido a esas mini bananas que en ocasiones veo en el supermercado.
Linda, pero completamente insatisfactoria.
"Bella, necesitamos hablar sobre las vacaciones de primavera."
"¿Pasa algo? ¿Algo está mal con la abuela y el abuelo?" Pregunto preocupada. De inmediato recuerdo las numerosas veces que la abuela me llamó durante los últimos días. La inquietud me invade, mi mente ahora alarmada de que tal vez las llamadas telefónicas no fueron por la anticipación de mi regreso a Carolina del Sur, sino porque ella o el abuelo tenían problemas de salud.
"No, no. Ellos están bien." Mamá ya no está recargada en la encimera o golpeándola con sus uñas. Está parada rígida, alisando las arrugas de su falda. "Carlisle y yo hemos estado hablando…" Su voz se apaga, y alzo las cejas expectante. Abre la boca pero en seguida es interrumpida por el timbre de la puerta.
"Yo abriré," digo, pero ella me hace un gesto con su mano negándose y se apresura pasando junto a mí, todavía alisando esas arrugas de su ropa. Pongo los ojos en blanco, al saber quién exactamente está justo del otro lado de la puerta.
Bajo del banco y camino tranquilamente hacia el recibidor. Recargándome en la pared, cruzo los brazos sobre mi pecho cuando Carlisle entra en la casa, con una sonrisa nerviosa en su rostro. Mi radar de Edward, alias, Cooch, empieza a palpitar, alertándome de su presencia en alguna parte cerca. Él entra detrás de Carlisle, con una mano frotando la parte de atrás de su cuello antes de encontrar su hogar en sus mechas desordenadas. Caen sobre su frente, regresando finalmente al estado desordenado en el que estaban originalmente. No puedo interpretar bien su expresión por el veloz cambio de emociones jugando en sus rasgos. Un segundo sus cejas están fruncidas en confusión, el siguiente sus ojos están entrecerrados por la irritación.
Intercambiamos miradas y las emociones conflictivas desaparecen, remplazadas con algo más; una oscuridad en sus ojos tan intensa que un escalofrío atraviesa mi cuerpo. Él nota mi reacción y esa conocida sonrisa lenta, la que provoca que mis bragas exploten al instante, llega a su rostro.
Al parecer, no soy la única que alcanza a ver esa sonrisa engreída. Carlisle aclara su garganta, rompiendo el testarudo trance en el que me tiene Edward. Prestando atención de inmediato, los dos miramos a Carlisle, que le da a Edward una mirada deliberadamente molesta.
Mamá se aclara la garganta. "¿Por qué no vamos a sentarnos a la sala y hablamos?"
Mis pies pesan como si estuvieran llenos de arena húmeda de esa playa de California del Sur que anhelo. Pero no están llenos de arena, están llenos del miedo que siento al seguir a mi madre y Carlisle a la sala. Edward está a solo un respiro, tan cerca de mi espalda que puedo sentir el calor irradiando de su cuerpo. La lluvia altera su aroma juvenil, haciéndolo mucho más potente. Inhalo, memorizándolo, al saber que lo extrañaré durante los próximos días que esté lejos.
O tal vez no le extrañaré en lo absoluto.
Apenas hemos tenido tiempo para sentarnos cuando mamá habla. "Chicos, creemos que podría ser una gran experiencia para unir a nuestras dos familias el pasar juntos las vacaciones de primavera. Conociéndonos…"
Edward está sentado junto a mí, algo de lo que estoy típicamente híper-consciente. Siento que su brazo roza contra el mío. Escucho cada inhalación dentro de sus pulmones. Pero no puedo prestar atención a nada de eso. Ahora no. Me le quedo mirando a mi madre con la boca parcialmente abierta por probablemente unos treinta segundos… pero lo siento como unos treinta años.
"¿Tú, Carlisle, Edward y… yo?" Pregunto, tragando el que siento es el mismo nudo en mi garganta de temprano por la mañana.
"Esas son las personas que componen nuestras dos familias," dice, riéndose con ironía como si no acabara de arrojarme una gran bomba.
Hay algo en su nerviosismo, en su ansiedad al 'darme las noticias' que impacta muy dentro de mí. Este no es un viaje casual, sino una ocasión monumental; un punto de partida en la dirección que tomará su relación. No me pasan desapercibidos los ojitos de corderito que intercambian mamá y Carlisle.
"¿Dónde vamos a quedarnos todos, exactamente?" Pregunto.
Mis planes eran quedarme con mis abuelos durante el tiempo de mis vacaciones y durante mi tiempo libre, pasar tiempo con Rose en la Playa Myrtle, a solo unos cuarenta y ocho kilómetros de distancia. Pero no puedo imaginar que los cuatro nos quedemos con la abuela y el abuelo en su pequeña casa.
"De hecho, Carlisle nos rentó una casa en la playa," dice mamá, su voz llena de falsa indiferencia.
Levanto mis cejas. "¿La abuela sabe sobre esto?"
Mi abuela es una persona extraña. No excesivamente religiosa, pero demasiado preocupada por lo que 'lo vecinos puedan pensar', así que no puedo imaginar que esté muy entusiasmada con la idea de que mi madre soltera, incluso a su edad, duerma bajo el mismo techo con un hombre con el que no está casada. La frase favorita de la abuela siempre ha sido 'puede que no estés haciendo nada malo, pero simplemente no se ve bien.'
"Está al tanto," dice mamá, su voz relajada. "No está feliz, pero es algo a lo que tendrá que acostumbrarse."
Edward me da un codazo disimuladamente cuando la voz de mi mamá toma un tono amenazador al final. Lo miro de soslayo, frunciendo el ceño cuando menea sus cejas sugestivamente.
Algo a lo que tendrá que acostumbrarse… ¿por qué tendría que acostumbrarse a la idea de Carlisle pasando la noche con mi madre bajo el mis—?
"Mierda," murmuro.
Mi boca olvida cerrarse después de la última palabra que dice. Carlisle no se inmuta, pero mamá me da una mirada de desaprobación. Edward resopla, sin siquiera intentar cubrir el sonido, y se relaja en el sofá. Los cojines hundiéndose detrás de mí me atraen, provocando que me acerque a su costado. Mi piel cosquillea por la sensación de su cálido cuerpo cerca del mío, despertando el hormigueo que se abre paso de mi cabeza bajando hasta los dedos de mis pies.
¿Están ellos… planeando mudarse juntos dentro de poco? No, es demasiado pronto. Ni pensarlo. ¡No puedo vivir con Edward!
"Desafortunadamente, no pudimos conseguir boletos en el mismo vuelo que tú, Bella," dice mamá. "Así que, llegarás un día antes que nosotros."
"¿Entonces solo voy a pasar un día sola en la casa de la playa?" Pregunto, transformándome en una adolescente por solo cinco segundos. La seriedad de la conversación y las insinuaciones de mi madre, se desvanecen momentáneamente. Pensamientos sobre Rose y yo sin supervisión… divirtiéndonos de lo lindo en una fiesta en una casa en la playa danzan por mi mente.
Mamá sopla un cabello de su frente y rueda los ojos. "No lo creo, señorita."
Bueno, eso técnicamente no es un 'no'.
Mamá inclina su cabeza hacia un lado e inspecciona mi rostro, como si fuera un jodido detective mental. "Y con 'no lo creo' quise decir que 'no'.
Jodidamente perceptiva madre, grrrr.
"Entonces, ¿por qué ustedes dos se ven todos preocupados y todo eso?" Pregunto, regresando al tema en cuestión. Justo en ese momento, Edward se inclina hacia adelante junto a mí, descansando sus codos en sus rodillas. Sus ojos se mueven rápidamente entre los rostros de nuestros padres, igual que lo hacen los míos. "¿Por qué la tensión en la habitación? Ustedes dos están más tensos que dos vírgenes en su luna de miel."
"Espera, ¿no lo sabes?" Edward pregunta, sin quitar la mirada del rostro de su padre. "Tu madre y mi padre están usando estás vacaciones como un experimento… un ensayo."
"¿Un ensayo para qué?" Pregunto, ya sabiendo la respuesta.
Edward sonríe con suficiencia, todavía sosteniendo la mirada persistente de su padre. Él se acerca a mi rostro, su sonrisa haciéndose más grande y los ojos de Carlisle se entrecierran. De hecho, su rostro está tan cerca del mío que puedo oler un poco la menta y la hierba adherida a su sudadera. "Un ensayo para nosotros, para ver cómo nos llevamos viviendo juntos bajo un mismo techo… hermanita."
~c00ch~
La casa de la abuela y el abuelo es justo como la recuerdo.
De un color azul claro con nítidos adornos blancos, la encantadora casita descansa al final de una calzada de grava blanca en un camino prácticamente desierto. Un perfecto cielo sin nubes y unos brillantes árboles verdes que se balancean con la brisa del sur sirven de fondo. El abuelo se detiene en la entrada después de recogerme en el aeropuerto. Los principios de una sonrisa se abren paso a una esquina de su boca mientras me observa. Abro la ventanilla, respirando el aroma a campo, un olor que no puedo explicar. Es fresco y terroso, lleno de vida y simplicidad, como el campo en sí. Un vestigio a agua salada atraviesa el aire, pero se desvanece casi tan rápido como aparece, quedándose el tiempo suficiente para el deleite de mis sentidos, tentándome con olas rompiendo, arena resplandeciente y chicos en bañadores.
Bueno, solo imagino a un chico en particular paseándose por la arena, sin camisa, sin llevar nada más que bañadores…
"¿Bella?"
Pensar en Edward ha provocado que mi visión se ponga borrosa y mi mente se torne confusa. Aparto los ojos de la ventanilla por la que estoy mirando a nada en particular. El abuelo me observa en silencio por detrás del volante, con sus espesas cejas grises ligeramente inclinadas.
"¿Dijiste algo, abuelo?"
El abuelo se aclara la garganta y se mueve en su asiento. Un color rosado tiñe sus mejillas debajo de la barba cubriendo su rostro. Acaricia su barbilla, bajando la vista a la columna de dirección. "Pregunté si estabas disfrutando de Washington."
Una suave sonrisa emerge en mi rostro, mi corazón se llena de amor al ver su tierna vergüenza. Mi abuelo siempre ha sido un hombre de pocas palabras, callado y calmado, el polo apuesto de mi abuela, que tiene una opinión con relación a todos y a todo. Cuando el abuelo habla, la gente escucha, captando con gran entusiasmo sus palabras rara vez expresadas. Imagino a la gente reaccionando en silencio de la misma forma que yo cuando mi abuela habla: sonriendo y apretando los dientes, haciendo una mueca con cada palabra directa, de las que la mayoría son tan impactantes que te cortan como un cuchillo, pero que se perdonan fácilmente con un 'bendito seas' dicho con delicadeza al final.
"Washington es… diferente, abuelo. La gente es diferente." Me encojo de hombros, volviendo mi mirada nuevamente hacia la casita azul. "No es malo, solo diferente."
El abuelo no comenta, eligiendo en vez de eso llenar el silencio con la manija de su puerta moviéndose. La puerta rechina abriéndose y él titubea, mirándome una vez más.
"Tu abuela te extraña," dice con voz ronca.
Te extraño.
El abuelo no lo dice, pero lo escucho en su voz. Las lágrimas pican en las esquinas de mis ojos y mi garganta se cierra con el sentimiento no expresado. Su vieja Chevy se mueve cuando sale de la camioneta y cierra la puerta de golpe detrás de él. Lo sigo, moviendo torpemente mi propia manija, pero no soy lo bastante rápida. Con los ojos fijos en el suelo, él camina pesadamente por el patio cargando una maleta en cada mano. Desaparece en la casa antes de que pueda decir una sola palabra.
La nostalgia me agobia una vez que entro a la casa de mis abuelos. No ha cambiado mucho desde que he estado lejos. Las fotografías de mamá en diferentes fases embarazosas de estilo de peinado cubren las paredes. Mi sonrisa con ventanita me devuelve la sonrisa desde un retrato cercano, y hago una mueca al verla y los cortos mechones colgando sobre mis ojos.
Desviando la mirada, sigo el rastro en la alfombra desgastada, producido por las pisadas de muchos a través de los años. La alfombra desaparece, cambiando abruptamente a los pisos de madera que conforman la cocina y el comedor. Ahí es donde encuentro a mi abuela, removiendo del horno una cacerola de pan de maíz. El olor a jamón y guisantes asalta mis sentidos, dejando mi boca haciéndose agua y a mi cuerpo ansiando la comida con la que crecí, comida que no había consumido en mucho tiempo. La abuela es alertada de mi presencia por el gemido de las tablas de madera bajo mis pies. Coloca la cacerola sobre la estufa y se da la vuelta, sin decir nada mientras me mira de la cabeza a los pies por sobre el borde de sus gafas.
La abuela es muy parecida al hogar donde vive: inalterable e igual a como la recuerdo. Lleva puesto el delantal de su madre atado con firmeza alrededor de su regordeta cintura, enfatizando las curvas y contornos de su cuerpo, un resultado de mucho jamón y pan de maíz a través de los años, supongo. Tiene una permanente recién hecha en su cabello encanecido, los apretados rizos sin moverse cuando frunce el ceño y coloca sus manos sobre sus rollizas caderas. No hay discusiones sobre escalas o desfases de horario, ni proclamaciones de amor eterno, aunque eso es lo último que esperaba.
"¿Qué, por todos los cielos, te da de comer Esme? ¡Estás tan flaca como un riel!"
Sonriendo, sacudo mi cabeza y me dirijo hacia la mesa de la cocina. Sentándome en una silla, me echo hacia atrás sobre dos patas, mi sonrisa se hace más grande cuando sus ojos se entrecierran al ver el movimiento.
No hay nada que disfrute más que volver loca a mi abuela.
"También te extrañé, abuela."
"No te recargues en esa silla. Señor, Dios. ¿Dónde están tus modales? ¿Los dejaste aquí cuando te mudaste? Y no cambies el tema, jovencita. ¿Tienes una solitaria? No podría golpearte ni con un puñado de mazorcas. Párate de lado para poder verte desaparecer."
"Abuela, ¿si dejé mis modales aquí después de mudarme, no deberían tenerlos de vuelta ahora que regresé?" Inquiero, considerando en serio la idea.
La boca de la abuela se abre, e inclina su cabeza hacia un lado. "¿Te estás burlando de mí, niña?"
"No señora," digo, porque mamá no crio una tonta. Las patas de enfrente de la silla golpean el suelo, y me enderezo en mi asiento.
"No lo creo." La abuela se acerca al gabinete y saca tres platos. El repiqueteo de platos cubre el sonido de las noticias en la habitación contigua. Imagino a mi abuelo sentado en el sillón reclinable viejo y desgastado murmurando bajito sobre cómo el mundo se ha 'ido al infierno' y los 'demócratas' y cómo las 'cosas no eran como solían ser'.
"Esme muda a mi pequeña a otro estado," la abuela refunfuña, agarrando unos tenedores de un cajón. Los cubiertos se sacuden y traquetean cuando lo cierra de golpe detrás de ella. "¡Ahora está perdiendo peso… y sus malditos modales, también! Y Esme vive en pecado con un hombre…"
"Abuela, mamá no está viviendo en pecado con un hombre. Solo somos nosotras dos, como siempre ha sido."
La abuela se vuelve y me apunta con un cuchillo de mantequilla, posiblemente provocando que me orine un poco. "Eso es lo que quieren que yo crea, pero yo lo sé. Lo sé."
Sorprendentemente, deja caer los cubiertos sobre la pila de platos el tiempo suficiente para apuntar de sus ojos a los míos con los dedos en V. Trago en seco e intento desechar el miedo, pero es difícil.
"Puede que no vivan en pecado ahora, pero llegará. Llegará." La abuela retira un cuchillo del juego de cuchillos y rebana con cuidado el pan de maíz. "Esme se mudó lejos de casa y olvida su crianza."
"¿Dices que mamá olvidó su panza? Mamá no tiene panza. Estoy muy segura que está delgada."
"¡Crianza! ¡Cri-an-za!" La abuela se da la vuelta elegantemente y prácticamente me gruñe. La risa burbujea en mi garganta, pero la cubro tosiendo.
"Crianza," digo, teniendo problemas para pronunciar la palabra sin un acento sureño. "Abuela, apenas puedo entenderte ahora." Estoy mintiendo porque su cara roja y sus ojos saltones son totalmente divertidos. Dios, la echaba de menos y a sus perjuicios.
"Hablando en serio," digo, dándole una sonrisa genuina. "Carlisle parece un buen hombre, y hace feliz a mamá, lo que es realmente importante."
"¿Y él es bueno contigo?"
"Claro." Me encojo de hombros. "No he llegado a conocerlo bien, pero siempre ha sido amable conmigo."
"¿Y el muchacho? Esme dijo que tiene un hijo de aproximadamente tu edad."
Los ojos perspicaces de la abuela se centran en mí cuando mi sonrisa se vuelve un poco forzada. Estoy poniendo mi cara de póker, rogando en silencio que no vea a través de lo que siento como si fuera una fachada poco disimulada. Al final, decido decirle la verdad, ahorrándome la pena.
Bueno, parte de la verdad. Definitivamente, dejo a Cooch fuera de la conversación.
"Edward y yo no nos llevamos bien al principio, pero le estoy agarrando cariño."
Esos ojos azul pálido suyos y afilados como una navaja se entrecierran en pequeñas rendijas, recorriendo mi rostro, buscando un punto débil en mi armadura.
"Será mejor que esperes en Dios que ustedes dos puedan llevarse bien." La abuela saca tres vasos del gabinete, permitiéndome respirar ahora que su penetrante mirada no está centrada en mí. "Considerando que Esme va a casarse con ese chico Carl."
"Su nombre es Carlisle," susurro, con el miedo cosquilleando en los dedos de mis manos y pies, filtrándose en mis venas. "Y no es un chico, abuela. Es un hombre adulto."
La abuela continúa murmurando, pero mi atención se desvía. Ella no ha dicho nada que yo no haya pensado ya, pero sus palabras expresadas con franqueza solo confirman lo que Edward dijo en Forks. La tensión en el aire cuando mencionó el 'ensayo' aumentó considerablemente. Ni Carlisle ni mi madre confirmaron o negaron sus palabras. Los dos intercambiaron una mirada y cambiaron rápidamente de tema a tarifas de aerolíneas y comparando primera clase con clase económica. Me había comido las uñas casi hasta los nudillos, sentada y observándolos charlar nerviosos y trastabillando con sus palabras. Y Edward… Edward simplemente volvió a recargarse en el sofá, volviendo a atraer mi peso a su costado con un movimiento rápido.
Nunca me aparté.
~c00ch~
Mi estómago hace cosas extrañas el día que mamá, Carlisle y Edward llegan a Carolina del Sur.
Revoloteando y dando vueltas, la boca de mi estómago me cosquillea con cada minuto que pasa, hasta que llegan del aeropuerto en el coche rentado. Mamá es la primera en entrar a la casa de sus padres, seguida por Carlisle, que porta una agradable sonrisa. El revoloteo y las vueltas se convierten en náuseas cuando no veo de inmediato a Edward, pero finalmente entra a la sala, sus ojos de algún modo clavándose en los míos. Le doy una alentadora sonrisa, notando la forma vacilante en que se detiene cuando mi abuela se acerca al grupo. Él le ofrece su mano extendida a la abuela, que se para en seco. Al principio, creo que se detiene por la sorpresa del educado gesto, pero empiezo a sentir pánico cuando me doy cuenta que está viendo los tatuajes que atraviesan su piel, la tinta la deja sin palabras por posiblemente la primera vez en su vida.
"Es un gusto conocerla, señora."
Al parecer Edward se transformó en sureño en algún momento durante el vuelo de Washington a Carolina del Sur. Un ligero acento adorna su voz, el sonido escuchándose extraño viniendo del chico que le ofrece su mano a mi abuela. Tal vez es su encantador intento de caerle bien a mi abuela, o su electrizante sonrisa que grita sinceridad extendiéndose en su rostro. Sea lo que sea, algo atrae a mi remilgada abuela, y casi pierdo la cabeza cuando le devuelve la sonrisa y toma su mano en la suya.
"Vaya, eres un jovencito guapo… y colorido."
La abuela tira de la mano de Edward, prácticamente arrastrándolo a la cocina. El abuelo le pone mala cara desde su sillón antes de unirse a todos en el comedor para la cena. La abuela prácticamente obliga a comer a Edward en los siguientes minutos, fulminándolo con la mirada cuando rechaza el postre. Él finalmente cede, llenándose de tarta y helado hasta que se pone pálido y empieza a sudar.
"Creo que ya ha tenido suficiente del postre, abuela," digo, mirando preocupada a mi algunas veces amigo, otras veces enemigo, y muy posiblemente, mi futuro hermanastro.
¿Hermanastro?
Esa palabra, esa simple palabra, desentierra esas extrañas sensaciones en mi vientre. La conversación en torno a mí se disuelve en un débil susurro cuando mi mente divaga. Imágenes de vivir bajo el mismo techo que Edward se abren paso en mi mente.
Chocando accidentalmente con él en el baño después que ha tomado una ducha… empapado y con solo una toalla en la parte baja de sus caderas…
Tener un vistazo de él sentado en su recámara tocando su guitarra, chupando sus viper bites…
Ver una película juntos en la oscuridad, con una manta sobre nuestras piernas al sentarnos uno junto al otro, la delgada tela ocultando nuestros cuerpos de los ojos curiosos de nuestros padres…
Escabulléndome a su recámara de noche, subiendo a su cama y suplicándole que le dé a Cooch lo que ha estado deseando…
La voz preocupada de mamá me trae de vuelta a la realidad. "Bella, ¿estás bien?"
"¿Eh? Oh, sí. Quiero decir, sí, señora. Estoy bien." Aclaro mi garganta. ¿Me estaba meciendo en mi silla? Todos me están mirando, y Cooch está en llamas.
"Carlisle va a ir por tus maletas y nos vamos a ir a la casa de la playa."
Asiento, apartando mis ojos de los de ella y deseando que mi cuerpo deje de arder. Mamá y la abuela se levantan y empiezan a recoger los platos, y yo también voy a levantarme para ayudar, pero me detengo cuando Edward empuja un tazón de helado frente a mí.
"Parece que necesitas refrescarte, hermanita," me murmura al oído, jugueteando con la cuchara en el tazón.
Estremeciéndome por el calor de su aliento y su cercanía, empujo el tazón unos cuantos centímetros a mi derecha, directamente frente a él. "No quiero helado de crema. Y por todos los cielos, deja de llamarme hermanita."
Edward se ríe entre dientes, un sonido bajo y gutural que hace llorar a Cooch. "Me gusta llamarte hermanita. Toma, come un poco de helado de crema. Sé que te gusta… dulce, húmedo y pegajoso."
Ese helado no es lo único dulce, húmedo y pegajoso, amigo.
Cooch controla mi mente, suplicándole a Edward en silencio que lama su crema. Y no está pensando en la crema que viene en un cono.
Bufo, deseando en secreto poder ahogar el traicionero trasero de la Cooch en la dulce mezcla. "No tengo hambre. Cómetelo tú."
"¿Quieres que me lo coma?" Pregunta con falsa inocencia, llevando la cuchara a su boca.
Mi boca se abre contra mi voluntad. La lengua de Edward salé disparada para probar la azucarada sustancia derretida. El líquido blanco cubre la punta de su lengua, rosa contra blanco, antes de meterla a su boca y murmurar por el sabor. Vuelve a sumergir la cuchara en el helado, agarra una cucharada y la lleva a mis labios. Inconscientemente aturdida, solo pensando en crema y Cooch y la lengua de Edward, abro mi boca, permitiendo que me dé la cucharada de helado. Sus ojos se oscurecen, observándome tomarla con mi boca y casi juro que hay un destello de deseo en sus ojos… pero no puedo estar segura.
"¿Te supo bien eso?" Pregunta, volviendo a sumergir la cuchara en el tazón.
Asiento, sintiéndome como una marioneta con cuerdas. "Sí, me supo bien."
Edward se ríe entre dientes, con una sonrisa secreta formándose en sus labios. "Se me ocurre algo que sabe mejor."
Puede que hasta haya sudado frío deseando que simplemente diga a lo que se refiere.
Di lo que quieres decir.
"Sí, ¿y qué es eso? ¿Qué sabe mejor?"
Muero un poco por dentro, observándolo llevar la cuchara goteando de helado derretido a sus labios. Da una gran lamida, su lengua resbalándose y deslizándose sobre la pegajosa humedad adherida a la cuchara. Con sus ojos fijos en los míos, la limpia por completo antes de responder.
"¿Qué sabe mejor? Lo averiguarás muy pronto, hermanita."
…
¿Qué será lo que sabe mejor? Mmm… Estos dos y sus insinuaciones jejeje. Ya veremos cómo les va con ese "ensayo" viviendo juntos en la casa de la playa, es obvio que Carlisle y Esme están listos para dar el siguiente paso y quieren ver si Bella y Edward podrán llevarse bien. Más que bien diría yo jajaja. Y por supuesto, es obvio que a Edward le tocará conocer a los amigos de Bella y su ex, ¿qué pasará entonces? Ya lo veremos. Espero que les haya gustado el capítulo y por supuesto, estaré esperando sus reviews para saber qué les pareció y poder leer el siguiente. No lo olviden, sus reviews es el único pago que recibimos por hacer esto para su diversión, y en realidad, no les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo, escribir un gracias, un saludo, una carita feliz o su opinión del capítulo en el recuadro al final del capítulo y enviar, ni siquiera tienen que registrarse en FF, y si nos alientan a seguir compartiendo historias como estas con ustedes ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: GZarandon, Aidee Bells, somas, Yani, LuluuPattinson, jupy, dana masen cullen, PRISOL, Car Cullen Stewart Pattinson, Paola Lightwood, Jess Amador, Jade HSos, JessMel, Vianey Cullen, bealnum, Cinti77, tulgarita, bbluelilas, ClaryFlynn98, Lizdayanna, miop, krisr0405, Cassandra Cantu, Tata XOXO, Isis Janet, Marie Sellory, MajoRed, angryc, Mapi, Mafer, Manligrez, NarMaVeg, glow0718, Aislinn Massi, saraipineda44, Mary de cullen, Liz Vidal, rjnavajas, Lauguilln, Lectora de Fics, NaNYs SANZ, Lady Grigori, Mio1973, Ali-Lu Kuran Hale, Sully YM, E-Chan Cullen, EriCastelo, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, que espero que sea pronto. DEPENDE DE USTEDES.
