Como ya saben nada de esto me pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer y la autora de esta graciosa historia es la autora Hoodfabulous, yo solo traduzco ;)
Y como siempre me acompaña mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda *
Capítulo Dieciséis: Cooch en el paraíso
Parte Dos
Nuestra 'vacación familiar' no empieza realmente hasta que llegamos a la casa de la playa que mamá y Carlisle están rentando.
Ignorando a Edward, que comparte conmigo el espacio del asiento cubierto de cuero del costoso coche de Carlisle, me asomo por los vidrios tintados y miro boquiabierta la casa de playa frente a nosotros.
La casa es preciosa: de dos plantas, color amarillo pálido y lo bastante espaciosa para alojar cómodamente a tres familias. Abundante césped color verde esmeralda se expande frente a ella, creando una barrera entre la casa y la playa arenosa. Un brillante azul centellea entre los árboles y mi estómago da un vuelco en anticipación por una piscina climatizada. Un malecón empieza donde termina el césped, finalizando donde inicia la playa arenosa. De inmediato me doy cuenta que mi madre no había tenido nada que ver con rentar esta casa.
Fulmino con la mirada la parte trasera del resplandeciente del cabello rubio de Carlisle, entrecerrándole mis ojos críticos. Al parecer, Carlisle trata de impresionar a mi mamá con su inagotable flujo de efectivo. Pero no comprende que el dinero no es lo que impresiona a mi mamá. Si este tipo piensa que los billetes verdes equivalen a felicidad, está totalmente equivocado en lo que respecta a mi madre.
"La casa de la playa es hermosa," digo, justo cuando se detiene en la entrada. "Es muy grande…"
"Mucho espacio," murmura Carlisle, mirando de soslayo a mi mamá. "Ustedes chicos, pueden elegir cualquier habitación que quieran. Ni siquiera tienen que dormir, er, alojarse en el mismo piso."
"¿Tratas de separarnos a Bells y a mí, papá?" Edward pregunta, en un tono que sugiere que ya sabe la respuesta. Sonríe con suficiencia al ver mi frente arrugada y rueda los ojos.
"Nosotros, uh, es solo que sé cómo pueden ser los adolescentes." Mamá dice con voz chillona, recibiendo mi mirada confundida. La frustración aumenta en su rostro enrojecido. Se echa a reír nerviosa y abre un poco la ventana, agitando una mano cerca de su frente, abanicando sus encendidas mejillas. "Lo quiero decir es, que sabemos cómo hacen alboroto y pelean los adolescentes. Son amigos un minuto, enemigos el siguiente. Todas esas hormonas…"
Hormonas… definitivamente deberías preocuparte por mis hormonas.
Carlisle estaciona el coche y él y mamá se pasean de la mano por el camino de entrada. Carlisle saca un juego de llaves de su bolsillo y abre la puerta. La risueña pareja desaparece en la casa, dejándonos a Edward y a mí en la entrada.
"Tu papá está tratando de ganarse a mi madre con su dinero," digo, cruzando los brazos sobre mi pecho y viendo a Edward abrir el maletero del coche. "Eso no va a funcionar."
"¿Sí? Porque la expresión en su rostro prueba lo contrario."
Edward sonríe con suficiencia y empieza a sacar nuestro equipaje del maletero. Nuestras manos se rozan cuando trato de quitarle mi maleta.
"Yo me encargo," refunfuño, pero él es fuerte, alejando la maleta de mí. Tambaleándome sobre mis pies, caigo en su pecho, y mis manos rozan accidentalmente contra el metal debajo de su camiseta.
Jesús, no hemos estado aquí diez minutos, y ya estoy acariciando sus pezones.
"¿Estás bien?" Pregunta, dejando caer la maleta nuevamente dentro del maletero.
Sus manos rozan mis hombros desnudos, y mi cuerpo reacciona, estremeciéndome bajo su toque. De forma incómoda, empujo su pecho duro, jodidamente ardiente y digno de babear y agarro mi maleta.
"Estoy bien. Perdón por molestar tus pezones."
"No te disculpes; tal vez me gustó que molestaras mis pezones." La voz de Edward baja y menea sus cejas sugestivamente.
Estoy atrapada entre su cuerpo demasiado caliente y el maletero del coche. Ignorándolo, rebusco dentro del maletero y encuentro mi estuche de maquillaje. Mi cuerpo se pone rígido al sentir el peso de sus manos descansando en mis caderas. Me enderezo, y mi espalda choca con su pecho. Sus labios rozan contra mi oreja y mi corazón chisporrotea.
"¿Por qué estás tan nerviosa?" Pregunta, su nariz haciendo cosquillas en mi oreja.
"¿Nerviosa? No estoy nerviosa."
"Estás muy nerviosa. Tiemblas cada vez que te toco," susurra.
Dios, su voz es sexo, hablando bajo con su aliento caliente en mi cuello. Tan caliente que mi cuerpo se siente como si se derritiera en un montón de baba de Bella a sus pies.
"No podemos seguir haciendo esto, Edward," murmuro.
Dándome la vuelta, incapaz de mirar a sus ojos errantes. Pero los siento. Los sientos por todas partes en mi piel, deambulando por debajo de la orilla de mis pantalones cortos hacia mis piernas desnudas, posándose en la franja expuesta de mi abdomen donde se ha subido mi camiseta sin mangas, y finalmente llegan a mi rostro, vagando entre mis ojos y mi boca.
"¿Haciendo qué?" Pregunta, su voz inocente pero su sonrisa engreída dice todo lo contrario.
"Sabes qué," susurro.
Edward frunce sus labios, asintiendo. Dejando caer sus manos de la puerta del maletero, da un paso hacia atrás. El calor entre nuestros cuerpos se disipa un poco, pero no se va por completo. Se arremolina alrededor de nosotros, mezclándose con el calor del sur, un lugar que he echado muchísimo de menos, casi tanto como echo de menos la cercanía de su cuerpo cerca del mío.
"¿Quieres que te ignore, Platt? ¿Eso es lo que quieres?"
Que Edward me ignore es lo último que quiero, pero no puedo imaginar vivir con él y soportar la interminable tensión sexual, sobre todo cerca de nuestros padres.
"Sí, ignórame." Por favor, no me ignores.
"Bien."
Hay un breve destello de ira que cruza por sus rasgos, pero desaparece tan rápido como apareció. La sonrisa engreída que portaba regresa, retorciéndose en una sonrisa malvada.
Jadeo cuando se vuelve a acercar, pero esta vez su cuerpo se mueve hacia un lado de mí al mismo tiempo que Edward saca un par de maletas del maletero. Se da la vuelta y me deja parada sola en la entrada sin mirar atrás. Una extraña sensación de rechazo llena mi pecho. Sin aliento, con el corazón en mi garganta y las maletas a mis pies, lo veo alejarse.
~c00ch~
Las habitaciones de la casa de la playa están cubiertas de colores neutrales y relajantes. Fotografías ampliadas de conchas marinas y playas bañadas de sol adornan las paredes. Las risitas de Carlisle y mamá hacen eco por el pasillo, el sonido danzando desde una habitación que supongo están por compartir. Mi garganta se cierra, la incomodidad de la situación me golpea con fuerza. Nunca antes he visto a mi mamá tan seria con un hombre, tan seria que comparte abiertamente una cama con él bajo el mismo techo que su única hija. La realidad de su relación me golpea con fuerza y de repente. Subo las escaleras al segundo piso, ansiosa por escapar de la incomodidad que me rodea.
No estoy mejor en el segundo piso. Paso por varias entradas de recámaras, y mi corazón da un vuelco con cada habitación vacía. Y no es hasta que veo el familiar equipaje negro apilado al pie de una cama que me doy cuenta lo que he estado haciendo inconscientemente: buscarlo.
Olvidando momentáneamente que yo fui la que sugirió que nos ignoráramos, elijo la habitación directamente frente a la suya. Cerrando la puerta detrás de mí, paso los siguientes minutos desempacando mis maletas y guardando mi ropa en los cajones de la cómoda. Le mando un mensaje de texto a Rose, de la que todavía no he tenido noticias, y reviso Facebook
No encuentro nada excitante en mi newsfeed, además de una fiesta en la playa que tendrá lugar mañana por la noche. Mi estómago se retuerce cuando leo el hilo en que Rose, Paul y algunos otros han comentado. La tristeza me invade.
Se han olvidado de mí.
Alguien golpea la puerta de mi recámara, el inesperado sonido emite un chillido asustado de mi garganta.
"Bella." La voz amortiguada y exasperada de Edward me llama por detrás de la madera pintada de blanco. "Ponte tu traje. Papá y Esme quieren que todos vayamos a nadar para poder pasar tiempo juntos."
Oh, sin duda quiero que pasemos tiempo juntos. Quiero que tu pene pase tiempo con mi vagina.
"Bajaré en un segundo," respondo. Mi voz se quiebra con nerviosismo como la de un chico de trece años.
Edward murmura algo en voz baja, y el sonido envía un cosquilleo entre mis piernas. Me aseguro que la puerta esté cerrada con llave, para luego quitarle silenciosamente el seguro, abofeteando mentalmente a esa perra de Cooch, que está de rodillas rogando que Edward entre a mi recámara.
Los pantalones cortos y la camiseta sin mangas que llevo puestos caen en una bola de algodón cerca de mis pies, y pateo la ropa a un lado. El bikini que saco de mi cajón es dos tallas más pequeño, pero de algún modo me las arreglo para mantener todas mis cositas dentro. Un vistazo al espejo sobre la cómoda blanca de mimbre me dice que no me veo tan mal. Mis tetas y mi trasero casi se salen de los confines de la tela de nylon azul, pero aun así, no tan mal.
Bajo saltando descalza las escaleras, casi chocando con Carlisle cuando sale del pasillo oscuro. Risa y gritos entran por las puertas del patio abiertas, y veo un destello de bronce y caramelo, luciendo una sonrisa cuando Edward arroja fácilmente a mi madre a la piscina con forma de riñón.
"Me preocupaba traer a otra mujer a nuestras vidas," dice Carlisle, sus palabras desviando mi atención de la feliz escena afuera. "He salido con un par de mujeres a través de los años; nada serio, nada como tu madre. A Edward no le agradaba la idea de que tuviera algo formal con alguien más que no fuera su madre. Entonces conocí a Esme y las cosas son diferentes."
"Mi mamá es una persona agradable." Sonrío y me encojo de hombros. "Pero supongo que eso es obvio, o no estarías con ella."
"Ella es más que agradable, Bella." Carlisle me devuelve la mirada, sus ojos ven más allá de mí y hacia la piscina. "Es bondadosa, considerada, hermosa, y tiene una energía ingenua que me atrae. Ella quiere lo mejor para ti, justo lo que yo quiero para Edward."
Tan pronto como su padre dice su nombre, lo busco, mis ojos recorriendo la piscina. De repente, emerge de la parte más profunda, sacando su cuerpo fácilmente del agua y hacia un costado de la piscina. Gotas de agua se deslizan por su pecho desnudo, metiéndose en la cintura de su bañador. Sacude el agua de su cabello, girando su cabeza de un lado al otro y pasando sus dedos por sus desordenados mechones.
"Te agrada, ¿no es así, Bella?"
Mi cuerpo se estremece involuntariamente al escuchar la insinuación detrás de las palabras de Carlisle. No puedo mirarlo, pero no puedo mirar a Edward. Estoy segura que son mis ojos errantes los que me delataron con su padre. Así que miro de forma ausente hacia la playa en la distancia, eligiendo muy palabras cuidadosamente.
"Tenemos una relación amor-odio." Me encojo de hombros, mordisqueando la esquina de mi labio inferior. "Pero él no es el chico que todo el mundo ve, así que, sí, me agrada, supongo."
"Sabes que no es eso a lo que me refiero, Bella."
Carlisle rodea mi cuerpo rígido y camina hacia la cocina. El refrigerador hace un pegajoso ruido de un chasquido cuando abre la puerta. Mayonesa, mostaza, y embutidos son depositados en la barra; y una barra de pan que sacó de la alacena con sus ágiles dedos. Mi piel hormiguea, y la siento como si estuviera sentada bajo el calor de una lámpara, interrogada por un investigador.
"No estoy segura de saber de lo que hablas, Carlisle."
Carlisle sonríe y saca un cuchillo de mantequilla de un cajón. Armando un sándwich, solo pausa el tiempo suficiente para hacerme otra pregunta.
"¿Tú y mi hijo tienen una relación sexual entre ustedes?"
Mi boca se abre por la conmoción, la sensación remplazada poco a poco por la ira y luego la indignación.
"Cómo te atreves. Eso no es de tu incumbencia."
"El estilo de vida de mi hijo de diecisiete años es cien por ciento de mi incumbencia."
Carlisle pone la pieza de pan de encima en el sándwich y lo empuja por la barra en mi dirección. Cruzando los brazos sobre mi pecho, lo fulmino con la mirada y sacudo mi cabeza. Él se encoge de hombros y arrastra el plato desechable de vuelta en su dirección.
"Tu madre y yo, queremos lo mejor para ustedes, chicos." Carlisle titubea, sacudiendo su cabeza antes de continuar. "Estoy enamorado de tu madre, y me gustaría creer que ella siente lo mismo por mí. No hay nada que me gustaría más que unir a nuestras familias algún día… unirlas en una."
"¿Amas a mi mamá?" Susurro, mi ira ya olvidada. Ella también lo ama, lo sé. Las lágrimas pican en la comisura de mis ojos.
"Muchísimo." Carlisle sonríe con ternura. "Pero me preocupa que tú y Edward vivan bajo el mismo techo. Alguna vez fui un chico de diecisiete años, Bella. Sé lo que pasa por sus mentes. A Esme y a mí, no nos preocupa que se sientan atraídos el uno por el otro."
"¿No?" Estoy estupefacta, mirándolo en shock y con incredulidad.
"No." Carlisle se ríe. "Dos chicos enloquecidos por las hormonas deseándose el uno al otro es de esperarse. Son las repercusiones de la situación lo que me preocupa."
"¿Repercusiones?"
Carlisle arranca las orillas de la corteza del pan, arrojándolas a un lado del sándwich. Sacudiendo las migajas de sus dedos, me da una mirada pensativa.
"¿Qué sucede si no funciona? ¿Lo tuyo con Edward?" Pregunta, estudiando mi rostro. "¿Y si se pone complicado? ¿Tomo el lado de mi hijo o el lado de la hija de mi novia? ¿Eso empezará una guerra entre nuestras dos familias? Bella, no soy tu enemigo. Nunca te diré que te mantengas alejada de mi hijo, justo como nunca le diría a él que se mantenga alejado de ti. Pero ambos deben estar conscientes de las complicaciones que podrían presentarse."
"¿Tú has… hablado de esto con Edward?" Pregunto, algo aterrada por la idea.
"Sí, por supuesto."
"¿Y qué dijo él?" Pregunto, mis ojos volviendo al área de la piscina, encontrándolo. Mi respiración se atora en mi garganta cuando lo veo mirándome, sus ojos recorriendo mi cuerpo, desde la punta de mis dedos hasta mis ojos.
"Me dijo que no ocurre nada entre ustedes dos," dice Carlisle, escuchándose como si escogiera sus palabras con cuidado. "Esme y yo, solo queremos estar preparados, Bella."
Miro a Carlisle, de algún modo apartando la mirada de su hijo. "No tienes nada de qué preocuparte, Carlisle. No ocurre nada entre Edward y yo. Nada en lo absoluto."
~c00ch~
Quemada por el sol y llena de tensión, me mantengo a flote en la piscina, hiperconsciente de los ojos del que algún día será mi hermanastro vagando por mi piel. Mi mente está dividida, una parte de mí cree que él me desea tanto como yo a él, la otra mitad de mi cerebro lucha contra la razón, insistiendo en que él simplemente trata de hacer mi vida miserable.
O sea, vamos, negó que hubiera algo entre nosotros.
¿Verdad?
El desconsuelo sigue hundiéndome, mi cuerpo no desea nada más que hundirse en lo profundo de esta piscina, pero su voz y sus provocativas palabras me mantienen a flote. Bueno, eso y la vista de su tatuado y perforado cuerpo besado por el sol, que constantemente demanda mi atención.
Agarrando mi tobillo, me lleva bajo la superficie. Mi grito estrangulado se ahoga bajo el agua clorada. Pequeñas burbujas de aire suben, escapando de mis labios cuando entierra sus dedos en mis costillas, y mi risa pulula en el agua clara. Metal raspa contra la desnudez de mi espalda y sus pulgares se hunden en los hoyuelos sobre mis nalgas. Salimos a la superficie y jadeo por aire, mi espalda uniéndose a su pecho.
"Hoyuelos," susurra, al mismo tiempo que sus otros cuatro dedos se meten debajo del cordón de mi bikini, increíblemente cerca de la tierra prometida. "Así es como voy a llamarte de ahora en adelante. Hoyuelos."
"Siempre tienes un nuevo apodo para mí," digo, y cada vez que desliza sus dedos me despierta de formas en las que solo él puede.
Cerrando mis ojos, me pregunto cuándo y si pasará: si él llevará las cosas demasiado lejos. Nuestros padres se fueron esta noche. Mi madre se reunió con algunos viejos amigos de la ciudad. Nos dijeron que no los esperáramos despiertos, pero dudo que esta noche yo duerma. No cuando Edward me está tocando en ese cielo acuoso.
"Podría pensar en unos cuantos más," dice. "Apodos, quiero decir."
"¿Qué pasó con ignorarme?" Pregunto. "Tu aliento huele como a whiskey. Has estado sacando licor a escondidas del mini bar."
"¿Crees que tengo sabor a whiskey?" Pregunta, con una sonrisa de suficiencia en su voz, sus manos bajando aún más. "¿No quieres averiguarlo?"
"No." Sí.
"No mientas. Sé que lo deseas, Hoyuelos. Apuesto a que sueñas eso por la noche… cómo sería el besarme."
"Sí, claro." Me burlo.
Los dedos de Edward se entierran en mi piel casi hasta el punto del dolor. Me sumerjo por un momento bajo la superficie cuando mi pataleo falla por las candentes oleadas de ira que irradia su cuerpo. Separándose, Edward golpea el agua con sus largos brazos y piernas, y el pataleo de sus pies salpica agua en mi rostro cuando se aleja nadando.
~c00ch~
Vivir con Edward es todo lo que creía que sería.
Algunas veces nos topamos en el pasillo, en ocasiones, llevo puesto mi bikini que él jura que odia—y le creo. Cada vez que me ve usándolo, rehúye cualquier habitación en la que estemos. Desaparece dentro de su recámara, cerrando la puerta de golpe detrás de él y no sale, algunas veces durante horas. Cuando regresa de su habitación, es con el cabello empapado de sudor y sus extremidades como la gelatina. Sin mirarme nunca a los ojos, se dirige a la playa, desapareciendo por la costa. Solo puedo imaginar que fue el whiskey lo que lo puso juguetón la noche que estuvimos solos en la piscina.
Desearía que nunca hubiera sacado licor del gabinete esa noche. De no haberlo hecho, no me habría dejado con el recuerdo de sus dedos presionando debajo de mis caderas, deslizándose muy abajo, muy abajo.
Cerrando mis ojos durante la noche, toco el lugar donde sus dedos quemaron mi cuerpo, finalmente arrastrado mis dedos al lugar oculto donde lo deseo más. Mi recuerdo de él tocándome en la piscina me da suficiente material para tocarme, y me deja empapada, pero nunca es suficiente para hacer explotar mi mundo.
Solo él puede hacer eso.
El sábado llega, y finalmente tengo noticias de Rose vía mensaje de texto, aunque las palabras son de naturaleza críptica.
¿Quieres pasar el rato? ¿Cómo a las ocho? Sal de tu casa de playa, dobla a la izquierda. Sigue caminando hasta que nos veas. Ponte tu traje de baño. – Rose
No hay respuesta al mensaje que le envío, el que pregunta quienes son 'nos', y qué tienen planeado. La luz del día poco a poco se desvanece, remplazada con la penumbra del anochecer. La noche no ha caído por completo, pero está lo bastante oscuro para ver las estrellas brillando en el cielo. Las veo a través de las ventanas en la sala, donde mamá, Carlisle y Edward están reunidos viendo una película de horror.
"¿Puedo ir a pasar tiempo con Rose esta noche?" Le pregunto a mamá, acomodando mis tetas en la parte superior de mi bikini.
"¿Rose? ¿Finalmente tuviste noticias de Rose?" Pregunta, volviendo toda su atención hacia mí.
Me muevo incómoda sobre mis pies, sintiéndome extraña al verla descansando en el sofá; con su cuerpo tumbado sobre el de Carlisle. Él pasa los dedos por el cabello de ella, abriéndose paso delicadamente a través de los mechones y masajeando su cuero cabelludo.
"Sí, creo que tal vez haya una fiesta en la playa esta noche," digo, recordando el hilo en Facebook.
"Oh, eso suena divertido," Mamá sonríe. "Deberías llevar a Edward y presentarlo con Rose y tus otros amigos."
La voz de mamá es inocente, y su sugerencia parece hecha por amabilidad en vez de intenciones crueles. Sin embargo, no puedo negar la oleada de celos agitándose en mi interior, nublando mi mente. La idea de Edward posando sus ojos en mi despampanante amiga rubia provoca que la inseguridad atraviese mis venas.
"Claro," digo, mi voz llena de falso entusiasmo. "¿Por qué no?"
~c00ch~
"No puedo creer que lleves puesto ese bikini."
Incluso las olas rompiendo en la costa no pueden ahogar las palabras malhumoradas de Edward. Ha estado actuando como un cretino desde que accedió a acompañarme a la fiesta de la playa, desde que dejamos la casa.
"Lamento que encuentres mi cuerpo tan desagradable," murmuro, pateando el agua espumosa lamiendo mis pies. El cielo se está oscureciendo de prisa, haciendo difícil encontrar las conchas que he estado buscando.
"¿Quién dijo que tu cuerpo es desagradable?"
"Sales corriendo de la habitación cada vez que me pongo este traje," digo, lanzando mis manos al aire.
"Bella." Se echa a reír, sacudiendo su cabeza y frotando su frente en frustración. "¿Qué crees que estoy haciendo en mi habitación después de ver que traes puesto—?"
Edward no tiene tiempo de terminar su oración. Algo caliente y blandito queda debajo de mi pie descalzo antes que un dolor agudo me apuñale la planta del pie. Grito, mis rodillas doblándose por la intensidad del dolor. Caigo en sus brazos y él me saca del agua hasta el tobillo hacia la arena seca. Incluso con la poca luz de la puesta de sol veo la preocupación en sus ojos al cuestionarme.
"Una medusa," jadeo, con lágrimas cayendo por mis mejillas. "Oh, mierda. Me duele."
"¿Qué hago?" Edward se sienta en la arena, cruzando las piernas debajo de él. Acuna mi pie con ternura en sus manos, con sus dedos apenas rozando la piel que no me duele. "¿Debería cargarte a casa?"
"No, no. No puedo llegar tarde a la fiesta."
"Bella, ¿y si la medusa era venenosa? Tal vez debería llamar al 911…"
"No, no seas ridículo, Edward. Las de aquí normalmente no son venenosas. Estaré bien. El dolor ya está disminuyendo."
Estoy mintiendo totalmente. La picadura me duele como una hija de perra, pero ni en sueños me voy a perder la fiesta de la playa.
"¿Estás segura?" Pregunta, su voz para nada segura. Cooch tiembla mientras él mira mi pie y se lame los labios. "Tal vez debería tratarla como una mordedura de serpiente."
Abro mi boca, pero lo único que sale es un intenso gemido estrangulado. Edward coloca sus labios en mi piel hinchada, dándole una pequeña lamida y luego succiona despacio. No voy a mentir, él está empeorando el dolor, pero es una agonía bien recibida. Incluso cuando escupe en el suelo junto a nosotros, me excita.
"Sabes bien," dice, su voz baja. "Como caramelo salado."
"Maldita sea," lloriqueo.
Gracias a Dios, que su solución fue succionar en mi pie. Y no orinar en mí.
No que fuera a molestarme que sacara su polla por mí, pero las lluvias doradas no eran lo mío.
"Voy a cargarte de vuelta a casa," dice, y el cabrón me carga como si fuera una muñeca de trapo. Mi bikini apenas visible se mueve y desaparece en lugares que no debería. Sus manos son castas, pero no quiero que lo sean.
"Espera, ¿ves eso?" Pregunto, la oscuridad de la noche provoca que una fogata arda brillantemente en la distancia. "Esa es la fiesta de la playa. Ahí es donde está Rose. Por favor, Edward. Extraño a mi mejor amiga."
Edward me mira con aprensión, chupando sus viper bites. Había deseado besarlo tantas veces, tal vez las mismas que he deseado que me bese, pero no más que en este momento. Mi mano roza los músculos que abarcan la parte superior de su espalda. Rasco suavemente la superficie, y juro que escucho un gemido bajo brotar del fondo de su garganta.
"Bien, pero no nos quedaremos mucho tiempo," dice, mandón.
"Tengo que llevarte a casa, vendar tu pie y meterte a la cama. ¿Está bien?"
¿Meterme en la cama? ¿Que si está bien? Si solo supieras…
~c00ch~
"Entonces, ¿ese es tu hermanastro?" Rose pregunta, mirando descaradamente boquiabierta a Edward que está parado a solo unos metros de distancia. "Se ve aún mejor en persona."
"No es mi hermanastro." Suspiro. "Todavía."
Al parecer, Rose no es la única chica que nota su atractivo. Observo con seriedad como las chicas lo rodean, riendo y arrojando su cabello. A algunas de las chicas las reconozco, a otras no, lo que me hace sentir extraña, como si fuera una observadora casual en un grupo de gente que alguna vez consideré mis amigos.
Las cosas han cambiado, y no sé cómo manejar esta verdad. Afortunadamente, el dolor sordo en mi pie demanda mi atención. Acomodo el trapo bañado en vinagre en mi planta hinchada, agradecida que Rose encontró algo para tratar la picadura.
La fogata era una fiesta sorpresa para mí, una que organizó Rose y otros amigos. La fiesta fue la razón de sus evasivas, me explicó, suspirando descontenta cuando le dije que supe de la fiesta por Facebook.
"Oh, demonios. Ahí está Paul," murmura contra el borde de su vaso desechable. "Le dije que no mostrara su cara."
Sigo su mirada y veo la piel bronceada de mi ex, quedando a la vista. Tiene un vaso en sus manos, caminando torpemente por la arena. Las chispas rojas, naranjas, púrpuras y azules de la madera flotante ardiendo resplandecen contra su piel. Sus ojos oscuros capturan los míos y no sé qué reacción debo tener, pero el extraño nerviosismo que se asienta en mis huesos no es una de ellas.
"¿Vas a hablar con Paul? ¿Decir cosas que tienen que decirse?" Rose pregunta. Asiento, y aprieta mi mano antes de dirigirse de vuelta al grupo rodeando una hielera más grande.
El tronco en el que estoy sentada se mueve con su peso. Paul ve el trapo en mis manos y mi pie apoyado en mi rodilla.
"Bella, ¿estás herida?" Pregunta.
Paul deja su vaso en la arena y quita el trapo de mi pie adolorido. Toca y pica la piel hinchada provocando que haga una mueca.
¿Por qué la gente hace eso? ¿Tocar algo cuando saben que duele?
"Estoy bien." Alejo sus manos. Las limpia en su bañador y descansa los codos en sus rodillas. "¿Dónde está tu novia?"
Mi pregunta no se escucha resentida; solo es curiosidad. Le echo un vistazo al pequeño grupo buscando a la chica más joven que vi en su foto de Facebook, pero no veo a nadie más que a Edward, que se toma de golpe todo el contenido de su vaso.
"Rompimos," dice, encogiéndose de hombros. "Ella no era lo que estaba buscando."
"Sí, ¿por qué no?" Pregunto, robando su vaso y tomando un trago. Arrugo mi nariz al probar algo dulce, pero mucho más amargo. La amargura es horrible; nada parecido al ponche que bebí en la fiesta en Washington.
Nada parecido a Washington.
Me lo termino de todos modos, sin decir nada cuando él se para y me deja, volviendo minutos después con dos bebidas más. Bebo esa cosa amarga, conteniendo el aliento. El alcohol me calma un poco, y por un segundo me relajo junto a mi antiguo novio.
"¿Qué estabas buscando?" Repito, sintiéndome cada vez más frustrada con su silencio.
Paul empuja la arena con sus dedos. Incluso sus pies son del color del pan de jengibre, salvo por las marcas delatoras de las líneas de bronceado de las sandalias que usó en los días soleados. La piel ahí es dos tonos más clara, pero aún oscura y sensual, algo que alguna vez encontré atractivo en este chico.
Ahora estoy obsesionada con la palidez, los únicos rastros de color de toques de tinta decorando un cuerpo tonificado.
"Te estaba buscando a ti, Bella. Reaccioné de forma exagerada cuando ese tipo hizo esos comentarios en tu publicación de Facebook. Pensé, supongo que pensé que me estabas engañando."
"Ni siquiera me diste una oportunidad de explicarte," digo, sintiendo una mirada intensa y ardiente posarse en mí.
"Lo siento."
Paul termina su bebida y arroja el vaso al suelo. Se vuelve para encararme, lamiendo lo amargo de sus labios. Mi estómago da un vuelco y mi cuerpo se estremece, porque conozco esa mirada. He conocido a Paul por años, conozco cada curva de su cuerpo, conozco todos sus tics, y sobre todo conozco las miradas que me dio a través de los años.
Está a punto de besarme.
Levanto una mano en protesta, pero me ignora y se abalanza tomando mi cabeza con fuerza entre sus grandes manos, y presionando sus labios contra los míos. El sabor es justo como lo imaginé—salado y dulce, con una pizca de esa espantosa bebida en su boca. Aprieto mis labios con fuerza, rechazando su lengua, que él intenta deslizar entre mis labios por la fuerza. La fuerza no es uno de mis puntos fuertes, por lo que él gana la batalla y yo doy una arcada cuando su lengua casi se abre camino por mi garganta.
Un rugido, y luego el sonido de hueso aplastando hueso atraviesa el aire nocturno.
Las chicas gritan y los chicos murmuran.
¿Y Paul? La lengua de Paul ya no está en mi boca.
~c00ch~
La caminata de treinta minutos a la fiesta nos lleva sesenta minutos al regresar a la casa de la playa.
Somos tal para cual, Edward con sus nudillos lastimados y por si fuera poco, ebrio, yo, con solo un pie para andar. Nunca había visto a Edward tan ebrio como una cuba, y a menudo me he preguntado qué tipo de ebrio sería: enojado o feliz. Solo puedo describirlo como valiente, defendiéndome al moler a golpes al tipo que casi violó mi boca con su lengua, para luego intentar cargarme de vuelta a casa en sus brazos.
Nos caemos en la arena media docena de veces entre la fiesta y la casa de la playa. Quiero estar molesta con él, con las caídas constantes y la forma en la que podrían haber golpeado su trasero en la fiesta. Rose fue su salvación.
Una vez que los chicos vieron a su amigo tendido en el suelo se lanzaron, pero Rose se plantó entre ellos y Edward, explicándoles que ella había visto todo. Incluso ahora, a cientos de yardas de la fiesta, todavía podía sentir sus ojos fulminando el cuerpo de Edward alejándose.
Edward nunca me suelta, incluso después de golpear mi cabeza en el marco de la puerta de mi recámara. Chillo, y él suelta una risita como un niño, riéndose histéricamente al ver la mirada fulminante que envío en su dirección. Masajeo mi cabeza por el dolor y la frustración, y él me deja caer en la cama. Mi cuerpo rebota y él pierde el equilibrio, cayendo en la cama conmigo.
Edward se cierne sobre mí por un largo tiempo, y la provocadora sonrisa desaparece de su rostro. Trago el nudo seco en mi garganta y cierro mis ojos cuando coloca una mano extendida en mi abdomen.
"Estás ebrio," susurro, disculpándolo por lo que sea que quiera hacer. Tal vez es como yo. Tal vez no recordará esto por la mañana.
"Lo sé."
En vez de viajar hacia el sur, su mano deambula hacia el norte. Obligando a mis ojos a abrirse, veo cómo descansa una mano con vacilación sobre mi teta izquierda y la da un suave apretón.
Un calor líquido se acumula en la boca de mi estómago y gimo por la sensación de eso fluyendo entre mis piernas. Levantando mi mano, entrelazo mis dedos en su cabello y tiro de él hacia mi pecho, siseando al sentir el calor de su aliento sobre mi pezón cubierto por el bikini.
Esto debe de ser un sueño. Bebí demasiado de ese desagradable ponche.
Esa es la única explicación que tengo para lo que ocurre a continuación.
La lengua de Edward sale disparada, sus ojos en los míos mientras la punta endurecida de su lengua se arremolina en torno a mi tenso pezón, humedeciendo la tela de mi bikini. Lo mordisquea ligeramente, para luego tomarlo en su boca, chupando superficialmente.
Algo duro se clava en mi pierna, y querido Señor, es su polla. Larga, gruesa y sólida, él la restriega contra mi muslo y recuerdo. Recuerdo cómo se ve sin la cubierta de su tieso bañador por el agua salada ocultándolo. La humedad se filtra cerca de la punta, el líquido preseminal mancha la tela y deja un rastro pegajoso en mi piel. El metal se arrastra contra mi muslo desnudo por debajo de sus pantalones cortos, y quiero su polla perforada dentro de mí ahora.
A la mierda los arrepentimientos.
Incapaz de soportarlo más, aparto su rostro, notando el agravio y la confusión en sus ojos. La expresión no dura por mucho tiempo. Desato el cordón detrás de mi cuello, y el peso de mis tetas se libera. Lentamente, con reverencia, él agarra la tela en sus manos y la baja, dejando expuesto mi pecho desnudo.
Mis pezones se arrugan, endureciéndose aún más cuando la punta de su dedo traza círculos alrededor de un pico rosado. Observa con gran fascinación mi pezón endurecerse con su toque, y con cada círculo a mi pezón, mi cuerpo se tensa aún más, tanto que creo que voy a explotar en cualquier momento. Tomo su mano libre y la coloco entre mis piernas, descaradamente, tan descaradamente que eleva sus ojos vidriosos hacia los míos en shock.
Sosteniendo mi mirada, su lengua sale y humedece mi pezón, moviéndola rápidamente contra él. Mis caderas se elevan y mis piernas se abren aún más, provocadas por la caricia como la de una pluma de su dedo medio trazando la húmeda hendidura sobre la parte baja de mi bikini. Grito cuando su dedo presiona decididamente la protuberancia endurecida de mi clítoris, y ya casi estoy ahí.
Por favor, haz que me corra.
"Oh, Dios," gime Edward de pronto, pero no es un gemido de placer.
Todavía está sobre mí, abandonando mi lascivo pezón. Un hilo de saliva viaja entre mi pezón y sus labios. Bajo la luz de la luna que se filtra a través de la ventana cercana, veo una mueca en su perfecto rostro.
"Al baño," le susurro, horrorizada por la idea de él vomitando sobre mi cuerpo casi desnudo. "Ahora."
Edward asiente y se levanta, meciéndose sobre sus pies. Sale tambaleándose de la habitación, y agarro los cordones de mi bikini, teniendo problemas para atarlos detrás de mi cuello. Abro más la puerta de la recámara, esperando seguirlo y cuidar de él de la misma forma en que él cuidó de mí toda la noche.
Pero me paro en seco.
Carlisle está parado en el pasillo entre nuestras dos recámaras.
Mirándome deliberadamente…
¡Oh oh, los cacharon! Lo dicho, estos dos van a caer, y más viviendo juntos. Bueno, al menos sabemos que Carlisle y Esme no están del todo en contra de que se gusten, les preocupa lo que pase después, y con razón si es que viven juntos. ¿Y qué les pareció Paul? Ahora resulta que quiere a Bella, mmm… algo que obviamente no le agradó a Edward. Y Cooch estuvo a punto de conseguir lo que quería, lástima que el alcohol no ayudó jejeje, ¿se imaginan si Edward le hubiera vomitado? La pregunta es, ¿recordará Edward lo que pasó? ¿O lo olvidará como Bella? Ya lo veremos, y también cuál será la reacción de Carlisle. Espero que hayan disfrutado del capítulo y por supuesto, esperaré ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y así poder leer el siguiente, recuerden por favor que no les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo y el deseo de ser agradecidos. Usen el cuadrito de abajo, pueden escribir un gracias, un saludo o hasta una carita feliz y enviar, así sabremos que están disfrutando de trabajo que realizamos :)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Yani, Sully YM, Jess Amador, JessMel4, angryc, Aislinn Massi, Aidee Bells, AnnieOR, Mapi13, bbluelilas, somas, Jade HSos, NaNYs SANZ, Paola Lightwood, Kell Masen, Car Cullen Stewart Pattinson, kaja0507, Isis Janet, Cinti77, Marie Sellory, ClaryFlynn98, PRISOL, Vianey Cullen, Lauguilln, miop, GZarandon, Lizdayanna, Mio1973, bealnum, Lectora de Fics, Mafer, Liz Vidal, MajoRed, tulgarita, krisr0405, glow0718, NarMaVeg, Tata XOXO, E-Chan Cullen, EriCastelo, Lady Grigori, saraipineda44, belen2011yani, Ali-Lu Kuran Hale, rjnavajas, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que pronto, DEPENDE DE USTEDES.
